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XV Chip Solidario, San Silvestre 2021

XV Chip Solidario, San Silvestre 2021

Hoy, jueves 10 de marzo, a las 19:30, en el Restaurante Tapas de Gonzalo, al que agradecemos el patrocinio del acto, el C. D. “Padre Basabe” ha entregado el “XV Chip Solidario”...

Microrrelatos presentados al IX Concurso "San Silvestre Salmantina"

 

# 304 ysabel jesus Acha de la cruz

 

La fuerza Inca

Juan Trujillo se preparaba para la carrera ‚ÄúLa San Silvestre Salmantina‚ÄĚ2021. El un atleta con todas las cualidades y las fuerzas de sus piernas. Apoyado en una buena alimentaci√≥n. Su origen inca, es de Cerro de Pasco. Viv√≠a en el barrio pizarrales de Salamanca. Llegaba su casa cuando observo que a una se√Īorita estaba siendo asaltada por desalmados, la golpeaban. El la defendi√≥ a pu√Īo limpio, cuando uno de los degenerados, lo atropello con una moto. Juanito estaba en el suelo sangrando. Llego al hospital. Perdi√≥ una pierna. Operaciones van y vienen en la vida de Juan. Ese a√Īo la directiva de San Silvestre aprob√≥ que pod√≠an participar personas minusv√°lidas. Juanito no lo pens√≥ y se inscribi√≥. Su tenacidad interior, le hecho ganas. Se dijo:‚ÄĚ ganare esa carrera‚ÄĚ. Gano primer puesto. Cay√≥ al suelo con una gran sonrisa. Pero la muerte se lo llevo para seguir corriendo en el cielo.

# 303 Inmaculada Bosch Racero

 

La vida

El pistoletazo de salida me asusta y casi me hace caer al suelo. Con equilibrio de borracho, me recompongo y doy mi primer paso hacia papá, que me espera acuclillado a unos metros. Torpemente, enlazo una zancada con la siguiente, mientras noto cómo el dedo gordo del pie está apretado contra la punta. Sigo corriendo. De pronto, mis piernas se vuelven largas y gano varios centímetros de altura. El sudor me recorre la mejilla y se concentra en mi primera barba. Mi primer amor me adelanta por la derecha; oigo su respiración entrecortada. Jaime, mi primer hijo, se me sube a los hombros y me despeina el pelo mojado. Mi jefe va justo detrás de mí, reconozco el golpeteo de sus zapatillas caras. Entre una marea de dorsales, visualizo la meta. Una lágrima se desliza entre mi arrugada cara y pido a la vida una San Silvestre más.

# 302 María Calle

 

ETC√ČTERA

26 de diciembre... Mmmm. Le echo un vistazo al listado de prop√≥sitos que no he cumplido este a√Īo‚Ķ Por aquello del riesgo que supone preservar mi imagen de audaz atleta, eg√≥latra deportista, afamado corredor, perspicaz retransmisor de todo aquello cuando ejecuto‚Ķ Y, que, entre muchos de ellos, algunos son de todos conocidos; como cuidar mi ropa de sport √ļltimo grito en redes con todo lujo de accesorios y, por supuesto, habituarme al recorrido salmantino de San Silvestre que no pienso perderme un a√Īo m√°s‚Ķ (¬°Claro que no!). Ambas acciones, podr√≠an convertirse en aficiones que tal vez pudieran colmar de salud mis a√Īos previos a la senectud... ¬ŅAcaso hay algo m√°s saludable que un buen chocolate con churros viendo el tr√°nsito de los participantes con mi ropa de deporte reci√©n estrenada‚Ķ? ¬°Qu√© momentos! No, no lo hay‚Ķ Y si lo hubiere, para el a√Īo que viene‚Ķ

# 301 DEDICACION PEREZ DE QUISPE

 

LA SERPIENTE DE ASFALTO

A lo mejor, el competidor delantero de vez en cuando resiste mi ímpetu furioso, equiparando distancia o cercanía, pero después la pista es mía. La senda cuando está sola es cuando muestra su verdadera naturaleza. Cuando está sola la calzada sin competidores es cuando su alma toca nuestra alma y nos comunica un algo que solo los esforzados pueden percibirlo a estas horas cuando solo la adrenalina vibra con toda su fuerza. Llego. Llego, de pronto, a la Meta; y esa serpiente que veía a lo lejos cuando corría, se me muestra hoy a mi frente, como las fauces de un extenso reptil del que -no sé porque- sentía que a fuerza de piernas todo su interior yo había recorrido. Y que, entonces, yo había escapado triunfante de su boca de asfalto vivo.

# 300 ENCARNA RUIZ RODRIGUEZ

 

PROMESA CUMPLIDA

Hac√≠a ya 10 a√Īos del ‚Äúaccidente‚ÄĚ. Despu√©s vino la larga estancia en el hospital, la rehabilitaci√≥n y, lo m√°s duro, la sanaci√≥n mental y la recuperaci√≥n energ√©tica. Hasta que renaci√≥ del todo. Siempre quiso correr la San Silvestre en su ciudad, Salamanca. Pero, durante a√Īos, √©l se lo hab√≠a impedido, ri√©ndose de ella, ridiculiz√°ndola. Al principio ella insist√≠a, pero los √ļltimos a√Īos desisti√≥. Fue precisamente despu√©s de la carrera, cuando entr√≥ en casa como un energ√ļmeno porque ella no estaba entre el p√ļblico para aplaudirle. Ella le explic√≥ que se encontraba mal. No sirvi√≥ de nada. O quiz√° s√≠, porque fue el principio para acabar con aquel infierno. Solo le faltaba por cumplir aquella promesa a s√≠ misma. Por eso, se hab√≠a preparado cuidadosamente, con entrenamiento y dieta. Nadie le iba a impedir hacerlo. Se sent√≠a libre. Despu√©s lanzar√≠a el dorsal sobre su tumba.

# 299 Oriana Palacios

 

Del estrés al Bienestar

El escritor se dispuso a escribir un microrelato para participar en el concurso de San Silvestre Salmantina. Su personaje se encuentra ahogada en el silencio, ahogada en el olvido. El miedo y el aislamiento le hacen compa√Ī√≠a los 365 d√≠as del a√Īo. El escritor est√° preocupado, la pandemia caus√≥ ansiedad en su personaje estrella, la soluci√≥n es darle un giro positivo a esta historia. En unos meses ser√° el marat√≥n de San Silvestre Salmantina, la idea es que ella participe. Los tenis la halagan, su mirada se llena de muchos colores. Su vida inicia desde cero , el aprendizaje toca su coraz√≥n. A ella no le importa ganar el primer lugar, su premio es conectar con su esencia.

# 298 Manuel Barranco Macias

 

Solo corre

No pienses, solo corre. Inspira, expira, solo t√ļ y un instante de libertad. Somos uno, somos la San Silvestre Salmantina. No hay edades, no hay ma√Īana ni pasado, solo corre. Un d√≠a m√°s, pero no otro cualquiera. Respira, vive, inhala, exhala. Corre y no pienses, respira y vive la San Silvestre Salmantina. Eres un ni√Īo en plena libertad, eres tu esencia, t√ļ mismo en la mejor versi√≥n que siempre has tenido. No es una carrera m√°s, eres t√ļ y la San Silvestre.

# 297 Manuel Barranco Macias

 

Solo corre

No pienses, solo corre. Inspira, expira, solo t√ļ y un instante de libertad. Somos uno, somos la San Silvestre Salmantina. No hay edades, no hay ma√Īana ni pasado, solo corre. Un d√≠a m√°s, pero no otro cualquiera. Respira, vive, inhala, exhala. Corre y no pienses, respira y vive la San Silvestre Salmantina. Eres un ni√Īo en plena libertad, eres tu esencia, t√ļ mismo en la mejor versi√≥n que siempre has tenido. No es una carrera m√°s, eres t√ļ y la San Silvestre, la Salmantina.

# 296 Ra√ļl Clavero Bl√°zquez

 

Perspectiva

Me asom√© a la ventana. En la calle cientos de personas disputaban la San Silvestre. Desde mi altura parec√≠an hormigas. Extend√≠ el pulgar frente a mi ojo derecho y simul√© aplastarlas. Una a una. Como cuando exterminaba de peque√Īo las moscas en el patio de mi abuela. Despu√©s todo se precipit√≥. Primero escuch√© gritos desesperados, a continuaci√≥n, sonido de ambulancias, finalmente a la polic√≠a llamando a mi puerta. Durante el juicio supe que s√≥lo hab√≠a sobrevivido un australiano, agazap√°ndose bajo mi u√Īa. Intent√© explicar que fue un accidente, que nunca quise herir a nadie, pero el tribunal no tuvo piedad de m√≠. Me trataron igual que a un insecto, y con su condena acab√© convertido en una vulgar cucaracha. Ahora vivo entre alcantarillas y contenedores, esquivando pisadas a diario. Hoy, adem√°s, es de nuevo la San Silvestre. Imagino decenas de pies corriendo sobre mi cabeza, y me echo a temblar.

# 295 Francisco Javier Yuste Córdoba

 

Zancadas de esperanza

Tras un rosario de a√Īos participando, poco antes de empezar la carrera a√ļn dudaba, lastrada por sus cuitas personales; no pudo evitar compartir sus angustias con el corredor de al lado. ‚ÄĒYa s√© que √ļltimamente sube todo menos la salud, el sueldo y el √°nimo. ¬°Como para tener ganas de trotar! ‚ÄĒla consol√≥‚ÄĒ. Pero yo siempre participo, ya llueve, truene o nieve. ¬°√Ānimo, que estamos en tu ciudad de Salamanca! Disfrutemos de la carrera superando de la mejor forma los obst√°culos: ignor√°ndolos. En todo momento, sinti√≥ su apoyo silencioso. Sent√≠a con cada zancada pisotear sus problemas, disolver los obst√°culos, acercarse un poco m√°s al cielo. Al cruzar la meta, descubri√≥ con may√ļscula sorpresa que hab√≠a ganado la carrera y le busc√≥ para compartir aquel ensue√Īo, pero hab√≠a desaparecido. Pregunt√≥ por todas partes, m√°s nadie recordaba haberle visto ni tampoco figuraba un tal Silvestre en la lista de participantes.

# 294 Omar Iglesias S√°nchez

 

Listo para correr

Estaba listo para correr. La San Silvestre hab√≠a comenzado hace apenas dos o tres minutos, por lo que la salida estaba pr√°cticamente desierta. Y ah√≠ estaba yo, un fracaso del atletismo amateur, dec√≠an. Pero no hoy, hoy desde luego que no. Habr√© empezado tarde, ser√© lento corriendo, pero puedo asegurarle a cualquiera que estoy m√°s que listo. Listo para correr. Espero que nadie se percate de la operaci√≥n experimental a la que me he sometido para poder correr hoy. No creo que nadie sepa que llevo un motor V8 metido en el pecho, y unas piernas hidr√°ulicas que van a todo trapo. Nadie se dar√° cuenta de que voy a casi 80 kil√≥metros por hora, derrapando en las curvas y dejando una humareda detr√°s que flipas. Nada de eso importa hoy, tras a√Īos de lesiones, de fracasos, de l√°grimas, sudor y sangre... Hoy estoy corriendo.

# 293 Diego Villa L√°zaro

 

El remedio para la enfermedad

Corría el viento. Dentro todo permanecía quieto. Llevaba igual unos diez meses. No salía de su habitación por miedo a lo que el mundanal ruido pudiera ocasionar en su cerebro adolescente. Sus padres temían su situación, pero poco podían hacer. Fuera corría el viento, y trajo consigo una multitud. Y como corría el viento, corría también la multitud. Entre dorsales y deportivas, se escuchaba el jadeo de los que llevaban la delantera. Tanto se escuchaba, que se colaron por la ventana como el mundanal ruido que eran. Y trató de escapar de sus garras, y agarró la puerta por banda y salió para que no le alcanzara. Se expandía tan rápido que tuvo que echar a correr, y corrió tan lejos como pudo, escapando de los sonidos que llegaban tras de sí. Fue aquel, y sólo aquel día cuando la agorafobia fue vencida por la maratón.

# 292 Margarita del Brezo

 

INDEFENSI√ďN SIEMPRE PRESENTE

Este a√Īo lo consigo, seguro. Ni siquiera he tenido que entrenar. Con tantas carreras al dentista, llevar a los ni√Īos a extraescolares, ‚ÄĒuno a ingl√©s, otra a f√ļtbol y el peque√Īo a ballet‚ÄĒ, las prisas en la oficina, la comida r√°pida, la limpieza expr√©s, el programa corto de la lavadora para que me d√© tiempo a poner dos, y atender las redes sociales, ver una serie, leer y escuchar las noticias, todo al mismo tiempo, estoy m√°s que preparada. Me sit√ļo en la l√≠nea de salida. El clamor ensordecedor de la gente me lleva en volandas en cuanto dan la se√Īal. Corro y corro con todas mis ganas. Poco a poco los dejo a todos atr√°s. Atravieso la meta, el Puente Romano y diez kil√≥metros m√°s adelante me detengo exhausta convencida de que esta vez s√≠. Pero no, siempre ocurre igual: cuando llego, el futuro se acaba de marchar.

# 291 Guillermo Jaime Bensusan

 

Porque corro

¬° Uf ! ¬† jadeo detr√°s de las zancadas kilom√©tricas de mi predecesor. Estoy haciendo un triste papel ante mi familia que me alienta en la San Ferm√≠n. Ten√≠a ilusi√≥n en participar,¬†entren√© para un papel decoroso. Y ahora... los trancos poderosos de los otros me arrumban en las lentas olas que pasan tras los raudos adalides.¬†- ¬° Papi !, que parecido a vos el que viene atr√°s tuyo en la foto¬† - exclama luego mi hija de siete a√Īitos,¬† para seguir luego con su tarea escolar.¬†Me quedo solo con la tablet y ampl√≠o hasta donde dan los pixeles. Asombrado constato que otro "yo" viene detr√°s m√≠o. Mi reloj pulsera con su¬† rotura inconfundible lo confirma.¬†Comprendo entonces que en realidad corremos para superarnos;¬† no contra los dem√°s , sino contra nosotros mismos, para dejar atr√°s nuestras debilidades. Elimino la m√°gica foto de esa dimensi√≥n; no la necesito, ya s√© porque corro.¬†

# 290 Sergio Capit√°n Herraiz

 

El rosco

Quedan ocho segundos y una √ļnica letra para completar el rosco entero sin fallos. En juego el bote de casi un mill√≥n de euros. - Contiene la zeta, nombre del ganador de la edici√≥n de 2021 de la San Silvestre Salmantina‚Ķ Ezequiel alza las cejas y titubea delante del presentador. El programa se est√° grabando a finales de noviembre y piensa que hay truco en la pregunta. Seis segundos. Ha visualizado tantas veces la estampa en la que alza los brazos llegando a meta en el Paseo San Antonio. Cuatro segundos. Saluda a todo el p√ļblico y lanza besos aqu√≠ y all√°. Dos segundos. Se√Īala el escudo de su club en la camiseta. En ese momento, su madre abre la puerta del sal√≥n. -¬°Apaga la tele ya! Si no estudias y vuelves a sacar otro rosco en matem√°ticas, te pasas las navidades castigado y te quitamos de atletismo.

# 289 Alberto Bravo S√°nchez

 

Estamos de vuelta

Cambias muy r√°pido de c√©lula a c√©lula, de persona a persona, no tienes fronteras, te gusta el fr√≠o invernal, eres muy r√°pido, PERO... Nosotros somos m√°s listos, nosotros damos zancadas para hacer nuestro cuerpo, nuestro sistema inmunitario m√°s fuerte, m√°s poderoso y superarte. Y es que la actividad es salud, salud f√≠sica y mental. En 2020 no nos dejaste, este a√Īo no ser√° as√≠, en el Puente Romano ya te habremos dejado atr√°s, en el Alto del Rollo no nos acordaremos y en el colegio San Estanislao ser√°s historia. ¬°Adi√≥s, corona, la San Silvestre ha vuelto!

# 288 Sandra Alegre

 

FINAL DE RECORRIDO

Empec√© a entrenar hace 9 a√Īos, exactamente. Desde mi funeral. Fue dur√≠simo. ¬ŅLlegar√≠a? ¬ŅY por qu√© no? Siempre me han obsesionado los objetivos con resultados inciertos. Me dol√≠a la rodilla antes de empezar; pero estaba feliz de volver. Atr√°s quedaban los campos azucareros y las minas de carb√≥n; ahora estaba en el Paseo San Antonio. Quer√≠a saludar a viejos conocidos, pero no reconoc√≠ a nadie. ¬°Extra√Īaba a mi amigo Paco! 11.50 hs. Largada. Tiro vapor por la boca para calentarme las manos. ¬ŅSabes cu√°l es el principal problema que tengo? Parece que vieran un fantasma. Como si no me recordaran. ¬°Justo a m√≠, salmantino de pura cepa, nacido all√≠ el 8 de junio de 1901! Necesitaban habituarse a verme m√°s seguido, porque estaba de regreso. Buscar√≠a nuevos amigos ocasionales para compartir el pr√≥ximo tramo. Despu√©s de todo, si la vida es una experiencia poco explicable, la muerte lo es m√°s

# 287 Juan Felipe Coy Gómez

 

Por ellos

Fuera hace un fr√≠o de esos que se te mete en los huesos. Las nubes recelosas dejan entrever algunos claros. Pero hoy toca salir a correr. Este a√Īo Nico se vendr√° conmigo, ser√° su primera vez, al igual que yo me lanc√© a la carrera con mi padre en cuanto la edad me lo permiti√≥. A√ļn me cuesta, a ratos me falta el aire, el aliento se me va. De verdad que lo intento, aunque a veces no es suficiente con intentarlo. No ten√≠a pensado participar este a√Īo, pero mi madre cree que le har√≠a ilusi√≥n, que de haber estado aqu√≠ √©l habr√≠a corrido conmigo, a mi lado, sujet√°ndome la mano, como siempre lo hizo. As√≠ que va por ti pap√°, por todos los que ya no pod√©is correr este a√Īo. Porque este bicho nos ha quitado tanto, pero jam√°s nos quitar√° las ganas de vivir.

# 286 Juan José Sánchez Benito

 

EL CORREDOR DE LA SOTANA

Par√≠s bien vale una misa dijo Enrique IV. Pues eso pens√≥ el joven arribe√Īo Juanito: La San Silvestre Salmantina bien vale una reprimenda aunque nunca pens√≥ que tan severa. Se repon√≠a de una operaci√≥n en casa de unos t√≠os salmantinos y el d√≠a de la San Silvestre sent√≠an dejarlo solo pero era ya tradici√≥n y se fueron todos a correr. Cuaj√≥ en √©l aquel entusiasmo de los familiares y le entraron unas ganas locas de participar en las siguientes. Empez√≥ a estudiar en el Seminario y pidi√≥ permiso pero no le dejaron. Se escap√≥ y se quit√≥ la sotana. Al regresar todo euf√≥rico lo echaron. Se march√≥ a otra ciudad y se orden√≥ sacerdote. Regenta una casa de j√≥venes descarriados y durante todo el a√Īo los entrena para participar en tan admirada carrera pues piensa que es una buena terapia. El corre junto a ellos pero con la sotana arremangada.

# 285 Dame Luz

 

De allí

Aqu√≠ hay de todo. Todo lo que no necesito. Ruido disponible veinticuatro horas. Miles de calles que no llevan a ning√ļn hogar. Metros que no acercan nada. Locales de moda cada quince minutos. Si cierro los ojos, me lo he perdido. Pero si los dejo cerrados, veo la catedral rascando el cielo. No hay m√°s trasbordos y vuelvo caminando a casa sobre un puente romano. Me curo el fr√≠o resguardada bajo los soportales de la plaza mayor, en bares de siempre con los de siempre. Calma, respiro, sin correr. Que all√≠ solo se corre un d√≠a y es por San Silvestre. Si, de aqu√≠ al cielo y de all√≠ a todo lo que quiero.

# 284 Javier López Vaquero

 

Las nuevas.

Hoy me aflige recordar nuestra primera San Silvestre. La ilusi√≥n, el asfalto, la ciudad, los v√≠tores. Luego fuimos a celebrarlo con la familia. Cuantos entrenamientos a la orilla del r√≠o. A t√≠ te gustaba el verano, yo preferir√≠a los d√≠as de lluvia, pisar los charcos y rejuvenecer con cada zancada. Me encantaban las tardes en las pistas. Parec√≠a que el tart√°n nos catapulta a las estrellas. M√°s tarde vinieron ellas porque ten√≠as una pisada supinadora. Nos cost√≥ adaptarnos, pero al final terminamos formando un gran equipo. Todo pasa, nada permanece me digo cuando llegaron las nuevas con sus vivos colores, su c√°mara de aire, su ligereza. Arrobado permanencias las horas muertas contemplandolas. Al menos no me env√≠as al vertedero, me relegas al armario de la ropa vieja, la sentimental. Ah√≠ esperar√© a que vuelvas alg√ļn rato y juntos rememoremos viejos tiempos.

# 283 MAR√ćA TERESA BERRUETA SANTOS

 

INEXORABLE

El primer a√Īo empuj√© su silla. El segundo la dichosa bronquiolitis nos oblig√≥ a quedarnos en casa. El tercer a√Īo corr√≠ con ella de la mano despu√©s de unas primeras recomendaciones: hay que calentar, tienes que dosificar... ¬Ņ"dosifi" qu√©? El cuarto un virus inesperado cambi√≥ nuestras vidas, nuestras rutinas y tradiciones y este a√Īo... ¬°Este a√Īo corro yo sola como Pablo! ¬ŅYa sola?, ¬Ņsu hermano no era mayor cuando corri√≥ solo por primera vez? ¬ŅY si se cae? ¬ŅY si no nos encuentra cuando termine? ¬ŅY si...? Hago de tripas coraz√≥n. Claro cari√Īo, ya eres mayor. Cambian las recomendaciones: esp√©ranos en el patio, tienes los tel√©fonos de mam√° y pap√° anotados en el dorsal... El pulso se acelera aunque ahora soy solo una espectadora. Hasta dentro de una hora no comienza mi carrera. ¬°M√≠rala!, ¬°ah√≠ va! Parece que fue ayer cuando empujaba su sillita.

# 282 Daniela Restrepo

 

Aliados

Cuando piensas que ya no puedes m√°s y que tus piernas est√°n a punto de darse por vencidas, recuerdas por que est√°s aqu√≠. Recapitulas y te das cuenta que es por √©l y por ella, pero sobretodo, por ti. Oyes a tu familia gritando a puro pulm√≥n des de los laterales. Dici√©ndote una y otra vez que t√ļ puedes, que vas a lograrlo. Y escuchas a los corredores de tu alrededor, que quiz√° est√°n igual o peor que t√ļ, que no te rindas que queda poco, que todo valdr√° la pena. Entonces a pesar de sentir hormigas subi√©ndote por todas tus piernas, no pierdes el ritmo. Y con esa sonrisa en los labios sientes como √©stas personas que empezaron como simples desconocidos se han ido convertido en aliados. Sabiendo exactamente como te sientes o que pasa por tu mente. Pero todos con un mismo objetivo, terminar la carrera.

# 281 José Bolea Jover

 

Prisas

Durante el primer tramo fue volando. En el segundo comenzaron los cálculos. Con el tercero llegaron los nervios. Pero en el cuarto, dejó de mirar el tiempo.

# 280 Eneritz Alberdi Irastorza

 

Lo mejor de correr es parar

Lo mejor de correr es parar. Sentir el latido del corazón, estirar el cuello, mirar arriba, respirar hacia arriba con la boca abierta como si salieras del agua a la superficie, y cerrar los ojos. Sentir. Lo he hecho. Ves a la gente llegar a la meta, correr unos pasos más y sonríes. Están a tu lado. Ellos miran arriba y decides mirar abajo. Toca acurrucarse en uno mismo, respirar al suelo y a algunos, escupir. Echas fuera lo malo como una metáfora. Por fin, los órganos que han trotado contigo, todos, se duchan con agua fresca. Se pausan, paso a paso. Trago a trago. Cierras la boca y sigues adelante.

# 279 Leyre Z√°rate √Ālvarez

 

PURO PLACER

En aquella primera San Silvestre perdí la noción del tiempo y del espacio. Borracha de kilómetros, corriendo a buen ritmo y feliz a la vez que cansada, fui adentrándome poco a poco en una espiral de esfuerzo que, llegando a la meta, se convirtió en una total embriaguez de los sentidos, experimentando lo más parecido a un orgasmo. Volviendo a casa, fui consciente de la suerte que tenía de poder disfrutar de esas sensaciones que te da el deporte. Placer no solo para el cuerpo, sino también para el alma.

# 278 Sergio de Dios Gonz√°lez

 

Un final, un principio y un recuerdo

Ana lleva la cara pintada. Juan lleva el rostro tapado. Ambos llevan zapatillas naranjas y un trozo de papel en el pecho. Ella quiere salir corriendo, √©l acaba de descubrir que quiere acompa√Īarla. Ana mira su reloj, √©l su sonrisa. Son sus ojos, curiosos e inquietos, a los que les mide el pulso. Se escuchan gritos y risas que conforman un silencio particular; con la tensi√≥n, el fr√≠o parece verano. Su cabeza se pregunta qu√© hacer para encender la primera conversaci√≥n. Comienzan a correr y con zancada es un p√©talo el que cae. La margarita tiene muchos, pero vuelan r√°pido. Al llegar a meta, Juan sabe que ha llegado el momento de coger la cabeza del grupo si quiere tener, al menos, una oportunidad. Algunos a√Īos despu√©s, ella sonreir√°, mientras √©l la mira y hace una nueva edici√≥n, en voz alta, de la carrera en la que enamoraron.

# 277 Natalia Mandi√°

 

CONVERSACIONES CON PAP√Ā

-Venga, lev√°ntate, no vayas a llegar tarde a la salida. -Uf, pap√°, ¬Ņhas visto qu√© fr√≠o hace? Adem√°s, cada vez estoy menos en forma. Luego me duelen las rodillas. - ¬°Anda! Dame esa alegr√≠a, que me gusta verte correr la San Silvestre con tu hermano y las primas. √öltimamente vais poco a Salamanca. -Vale‚Ķ como no eres t√ļ el que va a pasar fr√≠o‚Ķ por cierto, hac√≠a algunos d√≠as que no habl√°bamos, ¬Ņc√≥mo est√°s? -Bueno, aqu√≠ los d√≠as son muy parecidos, pero disfruto vi√©ndoos. Os extra√Īo. -Ya‚Ķ yo tambi√©n te extra√Īo. Tengo ganas de contarte cosas, sobre todo, que tengo ganas de que seas abuelo. A ver si puedo darte buenas noticias pronto. Bueno, te dejo, luego te sigo contando, que van a dar la salida y no quiero tropezar, que hay mucha gente. Ma√Īana voy al cementerio a cambiarte las flores y seguimos hablando.

# 276 Juan Ignacio Piedra N√ļ√Īez

 

Nuestra línea de meta

Esperaba aquel momento desde hace mucho tiempo y quer√≠a disfrutarlo plenamente. No me importaban nada m√°s que mis sensaciones y el alentador griter√≠o de las gentes que se congregaban al paso de los corredores. Fue en ese preciso instante cuando desapareci√≥ cualquier atisbo de cansancio y fatiga. Me sobrepuse a los esfuerzos y levant√© la cabeza para deleitarme con la imponente imagen de una Plaza Mayor abarrotada. Disfrut√© de los aplausos del p√ļblico en una imagen que se dispon√≠a ante mis ojos a c√°mara lenta. Una visi√≥n que erizaba la piel y emocionaba el alma. Entonces la vi all√≠, con los ojos vidriosos y una sonrisa excepcional. Aplaudiendo a rabiar al que ella consideraba el mejor de todos los corredores, aunque no hubiese argumentos que lo demostrasen. Ah√≠ supe que el calvario de mam√° hab√≠a terminado. Tras muchos d√≠as de hospital nuestra carrera hab√≠a terminado. √Čramos los ganadores.

# 275 M√łdes Lobato Marcos

 

ETERNA CONDENA

La pluma bes√≥ al papel y, en ese preciso instante, dio comienzo la carrera. Y aunque ella hab√≠a entrenado duramente, muy pronto se vio superada por los r√°pidos art√≠culos, las ligeras preposiciones y las explosivas interjecciones. M√°s tarde fue adelantada por los sustantivos y los verbos, pero no se desanim√≥. Y tampoco lo hizo cuando la rebasaron los adverbios y adjetivos. Poco a poco fue perdiendo posiciones y, casi sin fuerzas, incluso fue m√°s lenta que las gruesas sobresdr√ļjulas. Y as√≠, tambi√©n en ese relato, la √ļltima en llegar a la meta fue la palabra "Fin".

# 274 Carmen Prieto

 

Como Abebe Bikila

‚ÄĒ¬°Con esas, seguro que ganar√≠a! ‚ÄĒdice el ni√Īo. Los ojos de la mujer van de las zapatillas del escaparate a las playeras viejas y agujereadas de su hijo. Siente rabia y verg√ľenza. Desde marzo su vida es una carrera de obst√°culos. Primero la Covid. Despu√©s el ERTE y las ayudas que no llegan. Los precios por las nubes. En casa no encienden la luz. Por la noche usan velas y si hace fr√≠o se ponen varias prendas encima. Hablan de que no van a dejar a nadie atr√°s, pero su familia lleva m√°s de un a√Īo y medio rezagada. Como para comprarle unas playeras, piensa. Y se echa a llorar. ‚ÄĒ¬°No te preocupes! Puedo correr descalzo y ganar‚Ķ como Abebe Bikila, mami.

# 273 Claudia calvente

 

Ardor en la carrera

Resuenan los pasos contra el asfalto. El esfuerzo se empieza a notar y los corazones se aceleran. Pero San Antonio nos aguarda e, igual que presenci√≥ el estallido inicial entre ilusiones y esperanza, nos recibir√° cuando nuestros cuerpos ya se est√©n resintiendo y nos pidan detenernos. Es el faro al final del camino que nos anima a avanzar. Buscamos fuerza de entre las flaquezas, nos viene a la mente el a√Īo tan largo que hemos vivido. Los paseos que no hemos podido dar, las actividades que tanto han estado restringidas. Pero ahora nuestras piernas corren veloces, libres. No hay nada que pueda detener a estos leones salmantinos que tanto han estado contenidos. Somos fuerza, somos potencia. Somos una masa de atletas que todos a una transitan por la San Silvestre 2021. Estos corazones ardientes ya no se pueden refrenar y corren hacia la meta con orgullo y una sonrisa c√≥mplice.

# 272 Francisco S√°nchez Egea

 

Oculto

Se mantenía a una distancia prudente, lo justo para poder observarla sin que ella lo reconociese. Aunque fuese difícil con aquel disfraz, cualquier gesto podía delatarlo y no debía correr riesgos. Estaba tan radiante como siempre. Su gracia y elegancia naturales se mantenían mientras corría. En Salamanca no parecía haber cambiado nada y, sin embargo, todo era distinto. Ella lo había superado. Lo notó a la altura del Parque Picasso, por el que paseaban los domingos, y en sus zancadas seguras frente al Campo de San Francisco, donde se besaron por primera vez. Había rehecho su vida. Era feliz de nuevo. Y, a pesar de todo, como cada San Silvestre, tuvo que contenerse para no acercarse y decirle que él estaba ahí, que seguía vivo, que aquella bala no lo había matado. Se conformó con verla cruzar la meta mirando al cielo, dedicándole la carrera.

# 271 Isidoro Bravo Rom√°n

 

SANSILVESTRE SUSTANTIVA

Salida, ilusi√≥n e impaciencia (sensaci√≥n de incontinencia). Km. 1, precipitaci√≥n y zozobra (roces y tropezones). Km. 2, celeridad y disfrute (cuesta abajo y Plaza Mayor). Km. 3, adaptaci√≥n y cadencia (foto en el puente). Km. 4, mantenimiento y prevenci√≥n (ritmo adecuado antes de la exigencia). Km. 5, esfuerzo y temple (‚Äúrompepiernas‚ÄĚ). Km. 6, incertidumbre y desconfianza (Cuesta de Moneo). Km. 7, desahogo y optimismo (tramo descendente y animaci√≥n p√ļblica). Km. 8, resistencia y fatiga (√°cido l√°ctico). Km. 9, agon√≠a y resiliencia (un pu√Īal clavado en el pecho). Meta, euforia y goce (plenitud de endorfinas).

# 270 María Dolores Blasco Royo

 

CONSEJOS DOY...

Aqu√≠ estoy yo, en calidad de ‚Äúveterana‚ÄĚ de la carrera, aconsejando a mis ‚Äúprimerizos‚ÄĚ sobrinos: Hasta la puerta de Zamora, evitad la ansiedad e ignorad al resto de corredores. No os aceler√©is por la calle Zamora, Plaza Mayor y San Pablo. Lucid vuestra mejor sonrisa para la foto del Puente Romano. Por la traves√≠a entre puentes, ce√Ī√≠os a vuestro propio ritmo, porque el callejeo desde la Cuesta de Oviedo hasta la Cuesta de Moneo es un verdadero ‚Äúquebrantapiernas‚ÄĚ y, cuando llegu√©is al trazado traicionero de la Avenida Portugal hasta Alamedilla, ya llevar√©is mucha distancia recorrida. No mir√©is la pendiente de la Avenida Comuneros para evitar la agon√≠a y fijad exclusivamente la vista en la l√≠nea de meta del paseo del Rollo para empoderaros en el √ļltimo tramo. ¬°Eso es todo! Os prometo que es una experiencia inolvidable. Mientras se acercan al punto de salida‚Ķ, yo retrocedo‚Ķ, a√Īoro‚Ķ y lloro.

# 269 Juan Manuel Martínez Albert

 

PINK ESTILO

Raquel sali√≥ satisfecha de aquella tienda. Hab√≠a encontrado la cinta que buscaba para su frente del mismo color que su equipaje deportivo. De color rosa, intensamente rosa anacarado. Estaba feliz. Ahora ya no le importar√≠a salir en las fotos con su pelo recogido sin gre√Īas molestas que interfirieran en su cuidada imagen deportiva. Pensaba probarla unos d√≠as antes, despu√©s lavarla y por √ļltimo guardarla hasta el d√≠a de la carrera. Todo planeado, como el pertinaz m√©todo con que hab√≠a entrenado en los √ļltimos meses. Nunca dejaba nada a la aventura de la improvisaci√≥n. La noche anterior a la carrera, dispuso toda la ropa sobre una silla. Un cuidadoso mont√≥n coronado por su cinta, su diadema rosa de n√°car que tanto apreciaba. Durmi√≥ diez horas. Un zumbido suave y persistente le anunciaba que hab√≠a llegado el momento. Se sent√≠a feliz. Poco le importaba el puesto de llegada. Ya ten√≠a su premio.

# 268 JULIO C√ČSAR PORTEIRO DOBAL

 

XXXIX SANSIL SALMANTINA - SOLIDARIA E INCLUSIVA

Transcurr√≠a el √ļltimo domingo del a√Īo, con festejos Navide√Īos. Arrodillada ante el Pesebre de Bel√©n, emocionada y con sus ojos ba√Īados en l√°grimas, Mar√≠a daba gracias a Dios y se aprestaba a compartir su gran noticia en redes sociales. ‚ÄúMi hijo Ignacio, ex alumno jesuita, triunf√≥ hoy en la XXXIX Edici√≥n de la SANSIL SALMANTINA. Fue el ganador del Recorrido E, reservado para personas habilitadas a competir en atletismo paral√≠mpico. El a√Īo 2022 marca la primera oportunidad en que esta modalidad se disputa en la hist√≥rica Carrera y cont√≥ con la presencia de numerosos atletas. Hoy, m√°s que nunca, cobra validez la versi√≥n que algunos atribuyen a Don Miguel de Unamuno corrigiendo el enunciado tradicional de la frase c√©lebre: Lo que natura NON da Salamanca NOS presta. Un Ayuntamiento solidario puede otorgar a sus ciudadanos lo que la naturaleza les ha negado.‚ÄĚ

# 267 ENRIQUE BENITO PE√ĎALVA

 

CUENTA PENDIENTE

Hac√≠a meses que apenas sal√≠a a correr una o dos veces por semana, sin pensar en participar en carreras, y hac√≠a tiempo que ni miraba los calendarios de las principales webs del Running. Pero un buen d√≠a, en un caj√≥n de su escritorio encontr√≥ un viejo papel, en el que ten√≠a anotada una larga lista de carreras pendientes que alg√ļn d√≠a querr√≠a correr, y en ella, junto a las maratones de Nueva York y Tokyo, estaba la San Silvestre Salmantina, pues sent√≠a mucho cari√Īo por la ciudad del Tormes, donde pas√≥ su etapa universitaria. Se qued√≥ pensando en Salamanca, donde hac√≠a a√Īos que no volv√≠a, y contempl√≥ la posibilidad de correr su San Silvestre, una cuenta pendiente, para la que faltar√≠an dos meses. Mir√≥ la web de la carrera, y vio que se celebrar√≠a el domingo 26 de Diciembre; Se apunt√≥ acto seguido, y recuper√≥ la ilusi√≥n hibernante.

# 266 David Martin cobos

 

¬°Corre!

Francisco tuvo una vida penosa hasta que empez√≥ a correr. No fue f√°cil salir de la locura en que estaba inmerso. Sus d√≠as transcurr√≠an entre tremendas borracheras y resacas monumentales, acompa√Īadas de depresiones y f√ļtiles intentos de realizaci√≥n personal y profesional que acababan en nada. Soy un muerto, pensaba √©l constantemente. Una tarde de verano, desquiciado y sucio, despu√©s de cinco d√≠as bebiendo sin parar, empez√≥ a tirar los muebles por la ventana. Vino la ambulancia y se lo llev√≥. Despu√©s de una breve estancia en el pabell√≥n psiqui√°trico del hospital, sali√≥. El futuro le parec√≠a terrible pero busc√≥ ayuda. Empez√≥ a correr, y cada vez que corr√≠a, sent√≠a que estaba vivo. Respiraba, y segu√≠a corriendo un d√≠a tras otro, cada d√≠a pisaba con m√°s fuerza las piedras del Puente Romano, no le importaba el fr√≠o y la lluvia, continuaba corriendo, lo disfrutaba, lo viv√≠a, amaba la vida.

# 265 JUAN CARLOS

 

UN SUE√ĎO CUMPLIDO

De ni√Īo, tomado de la mano de su padre, asisti√≥ como espectador a varias ediciones de la San Silvestre Salmantina, abrigado y con su gorro de lana calado hasta las cejas. So√Īaba con participar en la competici√≥n cuando ve√≠a cruzar la meta a los atletas, √©l imagin√°ndose ser el campe√≥n. El esfuerzo y el sacrificio de los entrenamientos no superaban la ilusi√≥n por participar en la principal prueba de atletismo de su ciudad natal. Ahora siente el aliento del p√ļblico; lo jalea por las calles por donde discurre la prueba, su padre sigui√©ndolo desde la acera, sin quitarle ojo de encima. Unos metros antes del final se siente desfallecer, pero los aplausos lo empujan para que siga adelante. A unos cent√≠metros de la l√≠nea de meta, detiene la marcha. Tiende la mano a su padre. Cruza a pie la l√≠nea de meta, dejando a su espalda la silla de ruedas.

# 264 OSCAR DE JES√öS

 

REENCARNACI√ďN

REENCARNACI√ďN. Me acost√© cansad√≠simo luego de una larga jornada, empezando a roncar sin deshacerme de mis mugrientas ropas. Tuve el sue√Īo m√°s largo de mi vida, pues estuve participando en la gran carrera de San Silvestre por varios per√≠odos y obteniendo cuatro t√≠tulos para mi patria colombiana. Sud√©, casi una d√©cada, lo que jam√°s haya sudado llevando una vida sedentaria y pocos trotes dada mi extrema obesidad. Mi primer triunfo all√≠ me apareci√≥ en 1972 para repetirlo al a√Īo siguiente (1973), luego en 1975 y finiquitando mis ronquidos sudorosos en 1981. Aqu√≠ fue cuando despert√© ba√Īado en sudor; mi esposa asustad√≠sima me llev√≥ a la ducha dici√©ndome ‚Äúeh, ave mar√≠a mijito, cu√©ntame tu pesadilla‚ÄĚ; le refer√≠ detalle tras detalle, haci√©ndole √©nfasis en la segunda victoria, ganada de punta a punta; llam√≥ por tel√©fono a toda la familia, o√≠ que les dec√≠a: ‚Äúmi marido se reencarn√≥ en V√≠ctor Manuel Mora‚ÄĚ.

# 263 José Agustín Blanco Redondo

 

La escarcha y la mirada

Un fr√≠o de escarcha sella los p√°rpados de Antonia, entumece sus labios, arrastra el rubor de la sangre hacia sus mejillas. La emoci√≥n de la carrera busca reposo en esa mirada suya que se desliza sobre la cuesta del Palacio de Congresos, s√≠, t√ļ puedes lograrlo. Una mirada esclava del compromiso por el que ha iniciado la carrera. No ha sido por solidaridad, ni por divertirse, tampoco por cobijar la gloria de la victoria en los adentros del pecho. La Plaza Mayor aguanta el fr√≠o con la hermosura inerte de sus soportales. La bajada de san Pablo y el Puente Romano se enreda con los vientos primerizos del invierno. Y tras tantos resuellos apretados llega el descanso, esa tregua satisfecha que concede el fin de tanto esfuerzo. Un esfuerzo deseado, lenitivo, ofrecido a su abuela Carmen, que acaba de regresar a casa despu√©s de tres meses en el hospital.

# 262 OMAR ENRIQUE GAMBOA MORILLO

 

ESTAMOS AQU√ć

Estamos aqu√≠. Hemos trabajado duro. Este suelo lleva grabada las pisadas de cientos de pies que llevaban: un sue√Īo, una promesa, un objetivo por cumplir. Este aire a√ļn carga el aliento de d√≠as y noches de preparaci√≥n, esfuerzo, dolor, sacrificio: aliento de personas de todas partes. El viento a√ļn nos susurra sus gritos de felicidad, esperanzas, y sollozos que dejaron‚Ķ Aqu√≠ ha quedado de cada uno de mis hermanos: sus l√°grimas, tristezas, luchas,superaci√≥n, tenacidad, esp√≠ritu, historias. Estamos aqu√≠ y no podemos menos que sentirnos honrados. Estamos aqu√≠ para correr por los que no pueden;por los que, aun pudiendo, no lo hacen; y a la memoria de los que ya no lo har√°n Jam√°s. Esta terreno es sagrado a nuestros pies. M√°s all√° de la meta, el prestigio, los palcos, dinero y aplausos;estamos porque hallamos un pedazo de felicidad corriendo en el terreno.¬°Aqu√≠ estamos, Silvestre Salmantina!

# 261 MARIA JOSE RODRIGUEZ CONS

 

LA COPA

La copa, conquista del primer marat√≥n que gan√≥ su padre, se hab√≠a ca√≠do de la vitrina rompi√©ndose en mil pedazos. Era de cristal y, en su base, ten√≠a un r√≥tulo dorado con las letras en relieve que dec√≠a ‚ÄúSan Silvestre Salmantina 1984‚ÄĚ. Primer premio. Ese d√≠a hab√≠a conocido a su madre. Ella era enfermera, acudi√≥ en su ayuda cuando, al atravesar la l√≠nea de llegada, √©l resbal√≥ y cay√≥ al suelo. Se acerc√≥ para auxiliarlo y, cuando cruzaron sus ojos, supieron que jam√°s se separar√≠an. Pap√° ya no es el atleta de anta√Īo. Los achaques hab√≠an aumentado a√Īo tras a√Īo. Hoy no puede caminar ni siquiera con bast√≥n. Est√° hura√Īo, triste y, a veces, hasta malhumorado. Todo ha cambiado a peor, cuando vio su querido trofeo de la ‚ÄúSansil‚ÄĚ destrozado en el suelo. Desde ese d√≠a, ya no habla con nadie, ni con la responsable del desastre, su nieta.

# 260 CRISTIAN DEL CASTILLO GONZALEZ

 

La Inmortalidad del Alma

Solo sentía aquellas gotitas de agua golpearme la cara, el sonido atronador del corazón había abandonado mis oídos, una dulce sensación de placer me embargaba avanzando audaz por entre las calles de la Salamanca profunda. Las gentes animaban a los aguerridos veteranos que cruzábamos el umbral del tiempo para retomar tan ansiada afición. No recordaba las veces, muchas sin duda, que mis pies habían golpeado con ímpetu los caminos de mi bien aventurada Helmántica. Era tal el éxtasis enfundado, que mi objetivo no era el portalón de meta, sino el goce que me provocaba este momento de beatitud, de incorpóreo y esplendoroso sosiego. Ya en mi destino, sin sentir cansancio ninguno, giro la cabeza y veo edificios desconocidos alrededor, un corredor que llegaba a la meta se abalanza sobre mí y sin atisbo de cambiar de dirección, me atraviesa, como el ingenioso halcón que se pierde entre las nubes.

# 259 Dolores Asenjo Gil

 

Etapas

Corr√≠a con el bocadillo en la mano para que no me pillaran o para pillar yo, seg√ļn tocase. Recorr√≠amos calles y plazas sin mesura hasta que desde los balcones nos llamaban para cenar. M√°s tarde me especialic√© en esprintar para no perder el √ļltimo bus con destino a casa. Corr√≠a con los tacones en la mano y el regusto de los √ļltimos besos. Despu√©s, sin propon√©rmelo, me adentr√© en el mundo de los maratones. Correr para llegar al colegio, al trabajo, al pediatra, a las clases de nataci√≥n, al cuento de antes de dormir... Fue mi ex el que me inscribi√≥ en las carreras por la supervivencia. Todas en horas intempestivas y precedidas de gritos y golpes. La √ļltima estuve a un tris de perderla. Ahora corro para sentirme viva. Para escuchar mi coraz√≥n y sentir el peso de mis piernas. Para llegar a meta inundada de endorfinas.

# 258 OLIVIA SARA IGLESIAS PINTO

 

SIMPLE Y PROFUNDO

La fuerza del destino me empujo desde mi infancia a correr entre las calles de mi amada salamanca. Es cierto que en muchas ocasiones, cuando me enfrentaba en la carrera sent√≠ miedo, ansiedad, cansancio y superaci√≥n, pero al llegar a la meta, todo el esfuerzo se esfumaba sin dejar rastro, invadi√©ndome en una satisfacci√≥n, imposible de describir, no pens√© en el lugar de llegada, sino en que una vez m√°s disfrutaba de ello. En mi interior me dec√≠a otro a√Īo m√°s has podido correr y llegar a la meta, porque el tiempo y la salud, me han acompa√Īado en esta traves√≠a, y en esos momentos, me paro a pensar en los que no est√°n, llevados de forma inesperada y temprana, por tantas causas de nuestra avanzada civilizaci√≥n. Sin olvidar en lo m√°s profundo los tropiezos y vivencias que nos depara, nuestro destino, me invade una profunda satisfacci√≥n.

# 257 Laura Natalia Elevoff

 

Encuentro de Emociones

‚ÄúJala de las pasaderas del cord√≥n para que la zapatilla quede ajustada‚Ķ‚ÄĚ Mientras voy corriendo, fluye en mi mente im√°genes de mi abuela ense√Ī√°ndome a ajustar mis zapatillas. El invierno me acoge c√°lidamente. Salamanca, he vuelto. ‚Äú‚ĶPasa el cord√≥n por debajo del dedo dejando una orejita de conejo‚Ķ ¬°Muy bien!‚ÄĚ Millones de pasos retumban en el Paseo de Canalejas al comp√°s del bombeo de mi coraz√≥n. Alrededor se aprecian los cambios progresistas del tiempo. Para m√≠ todo sigue intacto. ‚Äú‚Ķ Saca la otra orejita de conejo y tira fuerte‚Ķ‚ÄĚ Sonr√≠o en medio del gent√≠o galopante multicolor. El Puente Romano se aproxima, La adrenalina comienza a fluir. ‚Äú¬°Listo! Zapatillas bien sujetas. Ahora as√≥mate conmigo a mirar la carrera‚Ķ‚ÄĚ Voy pasando frente al lugar donde hace a√Īos nos asom√°bamos a saludar y alentar a la multitud. Levanto la mano alto y saludo en√©rgicamente a esa entra√Īable ventana, ahora con rostros desconocidos.

# 256 Ignacio Sarría Santamera

 

MI MEDIA NARANJA

No fue f√°cil convencer a Marina para participar en la carrera, pero lo consegu√≠. Yo era habitual del evento, sin embargo para mi esposa iba a ser su primera San Silvestre. Hab√≠amos entrenado a fondo y, bien podr√≠a decirse, que la carrera ser√≠a su puesta de largo.¬†¬†Era el momento de enfrentarse a conocidos, vecinos, amigos y, al fin y al cabo, a toda una ciudad. Esa ma√Īana estaba preciosa. Estrenaba ropa deportiva ajustada que dejaba visible unas cuerpo atl√©tico y definido. Marina se coloc√≥ el dorsal con el n√ļmero 476, dej√°ndolo perfectamente adherido a su reci√©n estrenado pecho.¬† Nadie hubiera imaginado en la pasada edici√≥n que podr√≠amos llegar a compartir esta carrera, cuando por aquel entonces Marina era Ram√≥n, quien es y ser√° siempre mi media naranja.

# 255 Luis Toirac

 

G√°rgolas

Sobre las cornisas más altas de la catedral, el gótico arquitecto colocó gárgolas cada dos metros. En aquellas que miran hacia occidente, requirió a los escultores mantener sus ojos entrecerrados, para protegerlos de los rayos del amanecer. A aquellas que miran hacia el norte las concibió con ojos muy abiertos y las que lo hacen hacia el sur con un amago de sonrisa. Las gárgolas que enfrentan el poniente, tienen rostros con ojos cerrados; los párpados apretados con fuerza, casi haciendo una mueca que la piedra no ha podido borrar. El arquitecto no era fanático de los atardeceres: temía a las sombras de la noche.

# 253 Luis Segundo

 

Colon y Cortez. Amelia y Yo.

Pareja de mediana edad, docentes de Argentina, que se entusiasma por la carrera y su ciudad.

# 252 JAVIER RUBIO CLARAMONTE

 

LA SALIDA

Son las 11:40, me palpita el coraz√≥n, miro a mi alrededor, estoy rodeado de un arco√≠ris de camisetas y un carnaval de disfraces, Mar√≠a me sonr√≠e, siente lo mismo que yo. Escucho por megafon√≠a ‚Äú√ļltimos 5 minutos para dar comienzo a la carrera‚ÄĚ, entonces se me acelera el pulso. A lo lejos veo a David y a Miguel, les saludo con la mano, me sonr√≠en y me devuelven el saludo. Empieza a sonar una m√ļsica por la megafon√≠a, Mar√≠a me da un fuerte abrazo. Por fin suena el inicio de la carrera, a mi alrededor estamos nerviosos, a√ļn no podemos avanzar, poco a poco los corredores que hay delante comienzan a sus primeros pasos, lleg√≥ el momento, ahora s√≠, miro a Mar√≠a, me sonr√≠e, me siento genial y comienzo a correr‚Ķ El sonido de los aplausos y la algarab√≠a de gente lo inunda todo‚Ķme siento feliz‚Ķ

# 251 CARLOS BUIS√ĀN GIL

 

LLAMADME L√ĀZARO

Dentro de la lavadora encontramos un par de camisetas ‚ÄĒuna de tirantes, la otra el√°stica‚ÄĒ y un short abierto en los costados. No era la indumentaria que cab√≠a esperar en alguien reputado como hura√Īo y f√≥sil viviente, pero supongo que cada uno decide c√≥mo vestirse en su casa. Lo que acab√≥ por desorientarnos fue descubrir unas deportivas desgastadas en la caja fuerte de la v√≠ctima. Hab√≠a tambi√©n treinta mil euros y un DNI con su foto pero distinta identidad. A alguien de la central le sonaba ese nombre, as√≠ que lo investigamos. Result√≥ ser una especie de mito viviente del atletismo urbano; hab√≠a participado en maratones y sansilvestres de todo el pa√≠s. Hasta nos hicimos con un peri√≥dico donde aparec√≠a llegando a la meta. Era √©l, no cab√≠a duda. Tuvimos que volver a la escena del crimen para traernos tambi√©n la silla de ruedas.

# 250 Alberto Rom√°n Carpio

 

"SANSIL" AL PUNTO. RECETA

Ingredientes: Corredores, organizaci√≥n, voluntarios, espectadores y una ciudad (Salamanca). Elaboraci√≥n: Calienta los corredores en el patio grande del San Estanislao. Pica gramos de alegr√≠a y a√Ī√°delos a la salida. Pela y pica los corredores por daditos y categor√≠as, y ponlos a rehogar a fuego suave por las calles de Salamanca con cucharadas de ilusi√≥n. Corta el resto de las categor√≠as en peque√Īos trozos e incorp√≥ralos a la carrera. A√Īade tambi√©n el esfuerzo de la organizaci√≥n, y saz√≥nalo con cientos de voluntarios. Cuando la carrera haya absorbido toda la participaci√≥n, vierte poco a poco unos cuantos corredores disfrazados. Incorpora parte de la familia: abuelos con nietos, padres e hijos y d√©jalos correr sin dejar de remover. Coge unas porciones de amigos y remueve hasta que queden integrados en la carrera. Decorar con optimismo en polvo y a disfrutar. Un aperitivo ideal para esta navidad.

# 249 Jos√© Luis Ba√Īos Vegas

 

DESPERTAR

Y cuando Aaqila, una joven afgana que vino a estudiar castellano a Salamanca, despertó de nuevo en su país, comprendió que ya nunca más podría volver a hacer algo tan simple como participar con sus amigas en la San Silvestre ni en ninguna otra carrera.

# 248 Leticia Díaz Verde

 

Nada dura para siempre, todo tiene un final.

¬°Que nervios! Como cada a√Īo estoy en la meta esperando a que den la salida de la carrera. Nunca ocupo tiempo para pensar en el resumen del a√Īo, pero esta carrera me da esa oportunidad y mientras corro hacia la meta aprovecho para pensar en todo lo que he hecho durante el a√Īo y en todo lo que har√© para el pr√≥ximo. La carrera de San Silvestre, para mi es el mejor plan para el √ļltimo d√≠a del a√Īo. Me encanta ver c√≥mo la gente corre disfrutando y despidi√©ndose de un a√Īo m√°s. Un a√Īo que ha podido ser dif√≠cil o maravilloso pero que ya termina. Trote a trote recorro toda mi ciudad acompa√Īada de todos los que se han unido para participar en esta carrera. Cruzando esa meta vuelvo a recordar que todo tiene un final y nada dura eternamente.

# 247 JHONIER ALBERTO AGUDELO GRANADOS

 

HIJO DEL VIENTO

Aquel carrera marco un hito en la historia de la San Silvestre Salmantina los medios de comunicaci√≥n titulaban: ‚ÄúUN HIJO DEL VIENTO LE GANA A LOS GRANDES‚ÄĚ. Hermes un inmigrante ind√≠gena Colombiano record√≥ aquel d√≠a lo que su abuelo le dijo cuando era muy peque√Īo: ‚ÄúAlg√ļn d√≠a ser√°s noticia por tus haza√Īas atl√©ticas pero recuerda que el orgullo no se apodere de ti, solo eres un elegido de los Dioses no eres tu quien realmente corre, eres tan solo un instrumento, eres el ejemplo de las maravillosas cosas que los Dioses pueden manifestar, eres un hijo del viento, solo los que tienen el conocimiento espiritual entender√°n estas palabras". Aqu√©l d√≠a muchos no pod√≠an entender como aquel viento poderoso que amainaba a los atletas y que se extendi√≥ por toda la carrera no lograba hacer efecto en Hermes al contrario parec√≠a que le hacia dar mas fuerza y velocidad.

# 246 Jonathan Jair Osornio Calderón

 

Seguimos

Como si bordada el alba, todo el viento la cubriera, descubro el Sol que todav√≠a medra y agiganta los edificios de Salamanca como tumbas en el pavimiento. S√≥lo sombras son, relata el tiempo. El mismo que entra√Īa en mis zapatillas la distancia y hunde, calle por calle, √°rbol por √°rbol, el horizonte celeste, m√°s abajo desde entonces. Desde aqu√≠, mientras corro, con suspiros, abrazo tu aliento en mi pecho. Falta el aire, pero seguimos. Correr es lo m√°s semejante a escribir, a extra√Īar. Uno arranca, y aunque prona o supina, no adivina la esperanza que sostendr√° la carrera, el mediod√≠a extendido sobre las ciudades y el Tormes. Todos, ahora, somos una nube sobre el Puente Romano; sin saberlo, el viento compartimos. ‚Äė‚Äė¬ŅCu√°nto ox√≠geno hubiera alcanzado para salvarte?‚Äô‚Äô, pregunt√© mirando la Iglesia de San Marcos. Resistir: hasta que la Pandemia acabe, hasta San Ignacio, hasta que vuelva a verte.

# 245 JUAN MANUEL ARCE GIL

 

INTENTO FALLIDO

Los atletas universitarios salieron disparados, inici√°ndose la marat√≥n. Despu√©s de veinte minutos, iba √ļltimo. Una camioneta oficial se puso a mi costado. Al bajar el vidrio, asom√≥ mi compa√Īero de equipo, invit√°ndome a subir, lo que hice sin dudarlo. En el volante, el encargado de recoger a los rezagados- sin dejar de re√≠rse- aceler√≥ rumbo a la meta. Tres kil√≥metros antes, bajamos, escondi√©ndonos detr√°s de unas dunas. Vimos pasar al primer grupo, salimos y retomamos la carrera. Llegamos a la meta sin una gota de sudor en la frente. A los atletas clasificados los invad√≠a la emoci√≥n, hab√≠an dejado en el caliente asfalto la vida. Su dedicaci√≥n, disciplina y entrega daba sus frutos. En el cuarto del hotel, un silencio nos acompa√Ī√≥ aquella noche, un sentimiento de culpa asaltaba nuestra mente. Aquel episodio vivido nos sacudi√≥ a los 16 a√Īos. Reci√©n entendimos que, al final todo esfuerzo tiene su m√©rito.

# 244 Rubén Navajas Bonafaux

 

JUAN√ćN

Como cada a√Īo, Juan√≠n ha sido el primero en llegar a la meta y ser√° el √ļltimo en marcharse. Sus piernas, cortas y arqueadas, no le dejan ser el m√°s r√°pido, y por eso no participa en la San Silvestre. Pero sus ganas de ayudar y colaborar en la √ļltima carrera del a√Īo le han hecho ganarse a los miembros del club local. Juan√≠n padece un S√≠ndrome de Down leve, que le permite vivir con cierta independencia. De hecho, desde que muri√≥ su madre no comparte el piso con nadie. Por eso hoy, al acabar la carrera, termina de recoger algunos dorsales que han quedado sobre el asfalto, se despide de los polic√≠as que han regulado el tr√°fico y se dirige con pasos bamboleantes hacia su casa. Est√° contento. Mientras calienta en el microondas un plato precocinado, sonr√≠e para adentro. Un a√Īo m√°s, siente que ha ganado la San Silvestre.

# 243 Sara Aguilera Molina

 

Un a√Īo m√°s

El suelo ya no parece estar a kil√≥metros de tu tembloroso pie. Tu coraz√≥n bombea de m√°s hacia las extremidades inferiores. Ahora corres. Tus m√ļsculos se tensan, tu pecho sube y baja. S√© que no es la primera vez que te retas en la San Silvestre Salmantina, pero presupuse que no habr√≠a m√°s. Enti√©ndeme, pap√°. Necesitabas que te devolvieran la vida a las piernas, y mi mano para mantenerte firme. Hoy fatigas tu cuerpo hasta el Paseo de San Antonio, y siento el contraste. Me recuerdo, sin aliento, persigui√©ndote al atravesar el Puente Romano. Est√°s sofocado y, aun as√≠, articulas: ‚ÄĒYa no puedes aguantar mi ritmo, ¬Ņeh? Sonr√≠o y miro tu dorsal: 2734. Pens√© que no habr√≠a otro n√ļmero tras el 04, tu compartimiento en la UCI. Y aqu√≠ est√°s, bromeando, inflando y desinflando t√ļ mismo los pulmones y tendi√©ndome la mano para que aguante tu ritmo un a√Īo m√°s.

# 242 Guillermo Méndez Gonzalez

 

Vuelta

Hace tiempo que no hab√≠a vuelto por la ciudad en la que pas√© las primeras etapas de mi vida.. He visto, tom√°ndome un caf√© en el Casino, una revista en la que anunciaban una carrera de fin de a√Īo. Yo ya no estoy en situaci√≥n de apuntarme a la misma aunque veo que hay circuitos espec√≠ficos para los de mi ‚Äúpromoci√≥n‚ÄĚ, Me apuntar√≠a al ‚ÄúD‚ÄĚ, me parece el mas completo. Sigo la ruta me lleno de recuerdos. La Alamedilla el jard√≠n de mi infancia, la Avda de Mirat convertida en un bulevar , la calle Zamora hasta la Plaza Mayor, cuantas vueltas dar√≠amos para encontrarnos con la chica que nos gustaba, la zona de las Catedrales y de la Universidad ,la Plaza de fray Luis de Leon lugar de cigarrillos entre clases y pasar sobre el, Tormes que se ‚Äúcandaba‚ÄĚ en los inviernos, por un puente romano. MI ‚ÄúAlma mater‚ÄĚ

# 241 Ricardo Alfonso Cornejo Campo Garrido

 

Voluntad indomable

Un amanecer radiante ilumin√≥ su frente. Estiramientos y una profunda fe en s√≠ mismo eran imprescindibles para llegar a la meta y romper su propia limitaci√≥n. Termin√≥ de ajustar los cordones del calzado deportivo, cuyo color fosforescente lo distingu√≠a de los dem√°s. Estaba decidido a correr como gacela la San Silvestre Salmantina. El disparo de salida le hizo palpitar a mil por hora su impaciente coraz√≥n. El hombro de su compa√Īera era la referencia que le permit√≠a ‚Äúver‚ÄĚ la ruta durante el trayecto. Emocionado, tom√≥ su ritmo; peque√Īas se√Īales verbales modulaban la velocidad y ritmo de esta nueva versi√≥n del Lazarillo de Tormes. Culminando los veintis√©is arcos que sostienen al Puente Romano de Salamanca, supo que lo lograr√≠a y que ning√ļn ej√©rcito tuvo tanto poder como su alma al cruzarlo. La cinta en su cuerpo indic√≥, inequ√≠vocamente, que su coraz√≥n y voluntad son m√°s grandes de lo que imagin√≥.

# 240 Antonio Garrido

 

Padre.

Despunta el sol tras un a√Īo de espera. Duermo intranquilo. Algo que permanec√≠a oculto hoy me acompa√Īa el vestirme. Me digo en el espejo que este a√Īo s√≠. Este a√Īo correremos por aquellos que hoy, no pueden. Escucho mi coraz√≥n palpitar mientras despido a mi madre con un beso. Es buena madre. Hoy correr√© duro. El olor de estas calles me tira al pasado. Mis suelas quieren rasgar el asfalto como anta√Īo hicieron. Anta√Īo mi padre corr√≠a conmigo. √Čl no podr√° correr este a√Īo. √Čl ya no est√°. √Čl sabe que esta va por √©l. Veo a mi madre llorar a lo lejos. Clavo mi dorsal a mi pecho. Froto mis manos buscando el fragor de la batalla. Cojo la mano de mi padre. Suena el silvato. Miles de almas embriagan esta fresca ma√Īana las calles de Salamanca. Todas gritan. Nadie salvo yo puede escuchar. Vuelo como el viento.

# 239 José Mª Jiménez Andrés

 

No seas un invitado de piedra

Corre como yo lo hac√≠a libre y salvaje en la vasta dehesa. Del√©itate del recorrido interior que hace el fr√≠o aire invernal hasta henchir tus c√°lidos pulmones. Enam√≥rate del resplandeciente y tibio sol visto a trav√©s del vaho de tu boca en cada zancada. Quiz√°, como yo, un d√≠a tengas una boca de la que no salga vaho. Admira el refulgente brillo dorado de la arenisca de Villamayor al reflejar el aura de los participantes. Mis ojos, ahora perdidos, hace mucho que no ven. Escucha c√≥mo la respiraci√≥n de los corredores se acompasa paulatinamente, para amplificarse, hecha una, como si fuera un gran grito de j√ļbilo, al cruzar la Plaza Mayor. A m√≠ ni siquiera me quedan orejas. Disfruta, por los que, como yo, ya no pueden. Aunque sea por haberse quedado de piedra al percibir tanta belleza. Firmado: El Verraco del Puente.

# 238 EMIL ALEGRE PIQUER

 

SAN SILSAM

Las palpitaciones de su coraz√≥n marcan un recorrido, que pis√°ndolo por en√©sima vez, le llevan a unas pisadas constantes. Siente como unas lib√©lulas encendidas cubren su cuerpo embravecido por el toro que le persigue en su huida legendaria. Le atrae y le teme. Aligera asustado y su coraz√≥n se ensancha desmesurado. Es un sue√Īo c√≠clico en su mente. Va veloz como no imagin√≥ poder hacerlo. Ir o venir, eterna duda, pero nunca pararse. La huida oscila entre el esfuerzo y el gozo de llegar. Sin prisas,va disfrutando el camino, listo para volar. -¬°Que no me pille el toro! Recupera la velocidad que le permite escapar del pasado, que siempre revuelve. -¬ŅC√≥mo he llegado aqu√≠? Los aplausos son una sorpresa que resuenan como un campanario en fiesta y los recibe alegre. No quiere despertar de este regodeo de mimos y mil veces trazado sue√Īo de llegar a su destino:¬°Salvado!

# 237 Maria Josefina Chaine

 

El mas hermoso San Silvestre

Cuando nos encontramos ya ten√≠a su remera roja de la suerte, esa que hab√≠a comprado cuando se anim√≥ a su primera San Silvestre. En todo momento mantuvo su sonrisa de oreja a oreja, como si con cada paso no le doliera todo su achacado cuerpo. Nunca nos import√≥ tardar casi el doble que el a√Īo anterior llegar a la meta, lo valioso fue cruzarla juntas, de la mano. Al hacerlo, ten√≠amos los ojos vidriosos por tantos sentimientos gest√°ndose en nuestro interior. Las risas, los gorros navide√Īos, la adrenalina, los disfraces, los vitoreos, la alegr√≠a; todo era contagioso, s√≠, incluso a pesar de lo que est√°bamos viviendo. Nos abrazamos, y las l√°grimas cayeron sobre nuestras sonrisas. ‚ÄďAgradezco cada a√Īo que compart√≠ contigo este hermoso momento. Te amo, hija m√≠a. Tal como el medico nos adelant√≥, ese fue el √ļltimo a√Īo que pudimos correr juntas, pero tambi√©n el m√°s hermoso de todos.

# 236 Sheila Raquel Quiles Pérez

 

La pasión.

Hace unos a√Īos conoc√≠ a una chica cuya pasi√≥n es participar en carreras populares. Para ella todo esto es un reto, una meta y un camino eternamente largo que todav√≠a le queda por recorrer. Nos conocimos en la carrera popular de San Silvestre Salmantina, me ayud√≥, me anim√≥ y me ense√Ī√≥ muchas cosas. Me ense√Ī√≥ que lo importante no era asegurarse un primer puesto en la meta, me dijo: "ser el primero te asegura una medalla y qui√©n sabe si la fama mundial, pero no necesitas ser el primero en la meta para haber superado un reto personal." Me anim√≥ puesto que no ten√≠a claro si participar o no en la carrera e incluso durante el camino me iba diciendo: "T√ļ puedes". Me ayud√≥ controlando la respiraci√≥n durante el trayecto cuando no pod√≠a conmigo misma. Ella s√≠ que merece la fama mundial.

# 235 Yolanda Nava Miguélez

 

EL CANGREJO

El Cangrejo ha olvidado su nombre. Todos se dirigen a √©l por el alias que se gan√≥ siendo muy ni√Īo. Si en el cole le ofrec√≠an sentarse en la primera fila, √©l retroced√≠a hacia la √ļltima. Ya adulto, acomodado a su trabajo en la ventanilla de un banco, rechaz√≥ ascensos que otros codiciaban. Pero algo parece haberle hecho reaccionar y ha tomado una decisi√≥n que no parece suya: se ha apuntado a la San Silvestre salmantina. Ha salido a primera hora hacia el circuito y para cuando dan la salida, El Cangrejo enfila el paseo San Antonio, contin√ļa por plaza Cuatro Caminos.. avanza hacia Veracruz‚Ķ en la Plaza de la Merced lo arrolla el grueso de la carrera y retrocede sobre sus pasos, no se siente mal al hacerlo, ¬Ņacaso se sinti√≥ mal el escorpi√≥n de la f√°bula al acabar con la rana? Era su condici√≥n.

# 234 Roberto Amador Ballesteros

 

La garza y el corredor

No hay avispas en diciembre, y sin embargo, la √ļnica, la m√°s tozuda, la m√°s negra y amarilla quiso dejarle su aguij√≥n en un gemelo. Pedro reaccion√≥ como la garza real que, sincronizada con su gesto, se posaba en la orilla diestra del Tormes. Ave y hombre levantaron la extremidad manteniendo el equilibrio hasta dejarla recogida en el pecho. Sobre aquel r√≠o humano, la garza pudo alzar el vuelo; Pedro, gota en la corriente, se qued√≥ clavado en el suelo. Hab√≠a entrenado una marca, el fr√≠o castellano mejor√≥ su pulm√≥n y su zancada, pero ahora crey√≥ que todo el esfuerzo volaba y desaparec√≠a con la garza. Pronto supo que se equivocaba, que nuevos aguijones en forma de palmada y palabra humana lo acompa√Īaban. ¬°√Ānimo! ¬°Vamos! ¬°A√ļpa! Aquel domingo de diciembre, Pedro no logr√≥ su mejor marca, conquist√≥ algo m√°s importante: el calor invernal de toda la gente.

# 233 Emilio Jes√ļs D√≠az Torrente

 

Condición de condiciones.

‚ÄĒ¬°Ah√≠ est√° Amparo como cada a√Īo! ‚Äú√Čeeeehi‚Ä̂Ķ Valenciana, ¬°¬°¬°cara l√°piz!!! ‚ÄĒChe Salmantina‚Ķ, ¬°¬°¬°‚Äúcaaaara‚ÄĚ cart√≥n!!! En el abrazo la emoci√≥n de los recuerdos, y las vivencias compartidas se reinician en nuestros corazones cual apps. Once San Silvestres, cientos de abrazos. ‚ÄĒ¬ŅAmparo vienes por aquella vieja promesa de la ‚ÄúUni‚ÄĚ? ‚ÄĒMaria Teresa por eso, y porque siento que en la carrera m√≠ interior se llena de chispa y dura un a√Īo, o casi. Es un talism√°n, mi ‚Äútake profit‚ÄĚ. ‚ÄĒOye maja, ¬ŅTe acompa√Īan tus finanzas? ‚ÄĒ¬°S√≠ charra, y a ti tus pacientes! ¬ŅA ver, y t√ļ por qu√© vienes? ‚ÄĒNo me canso. En cada zancada rejuvenezco. Por mis piernas heredo vida. El aire que respiro es viento, es esp√≠ritu fresco. Y me dura un a√Īo, o casi. ‚ÄĒPoetisa, marchamos hacia San Antonio. ‚ÄĒS√≠... ‚Äúpeeero‚ÄĚ, Amparo ¬Ņes cierto que te casas con la condici√≥n firmada de participar todos los a√Īos en este encuentro?

# 232 Rafael Ramón Arroyo Nadales

 

EL DEPORTE ES VOLUNTAD

Todo el verano entrenando. √Čl corriendo, ella cronometrando. ‚Äú√Ānimo, otra vuelta m√°s, hay que bajar otros quince segundos‚ÄĚ ‚Äú¬°Cuidado con la piedra!‚ÄĚ ‚Äú¬ŅVes? Te lo dije. Y Ahora qu√©. ‚ÄúEsto no es nada. Estar√© bien en dos semanas. ‚ÄúPero criatura, as√≠ c√≥mo vas a correr‚ÄĚ ‚ÄúTodo es cuesti√≥n de voluntad. Ya ver√°s como corro. Aunque no gane, yo correr√©.‚ÄĚ Lleg√≥ el √ļltimo domingo de Diciembre. No seas loco, as√≠ no puedes correr. Mira. Todos se r√≠en de ti. Se r√≠en porque me temen. Correr√©. Esp√©rame en la meta. Corri√≥ y no lleg√≥ el √ļltimo porque otro de los atletas se cay√≥ en la √ļltima curva. Ya te lo dec√≠a, no se puede correr esta prueba con muletas y una pierna escayolada. Dale gracias a Dios por no haberte dejado los pi√Īos en un bordillo.

# 231 √Ālvaro Rodr√≠guez

 

Sensaciones y l√°grimas

Las l√°grimas se perd√≠an por el desag√ľe de la ducha integradas en el caudal de agua y champ√ļ que descend√≠a desde su cabello. Tras muchos sacrificios, mucha preparaci√≥n y mucho entrenamiento aquel d√≠a de diciembre se hab√≠a quedado sin cruzar la l√≠nea de meta. Durante muchas semanas se hab√≠a estado preparando para afrontar la posibilidad de no llegar al final. Sin embargo, no hab√≠a previsto c√≥mo digerir la emoci√≥n de correr por aquellas calles, la sensaci√≥n de ver la ciudad volcada a su paso, la ilusi√≥n de formar parte de un gran equipo y la satisfacci√≥n de dar lo mejor de si mismo. Aquellas l√°grimas eran la respuesta a tanta emoci√≥n, a tanta sensaci√≥n, a tanta ilusi√≥n y a tanta satisfacci√≥n.

# 230 Héctor Elías Pineda Salazar

 

Pie de Atleta

El clima se ha deteriorado, apenas termina el √ļltimo d√≠a de octubre. El sol espl√©ndido del verano alargado, desaparece sumergiendo el universo en una bruma triste de p√°ramo con lluvias eternas. A veces, es un chis, chis de alfileres de hielo y, otras, durante horas desesperantes, los chubascos de diluvios encienden las alarmas de los organismos dom√©sticos e internacionales de atenci√≥n de desastres. El tart√°n de la pista, reblandecido, salta en astillas esponjosas al contacto con los clavos de las zapatillas de alta velocidad. La humedad de las aguas corroe el cuero, humedeciendo los pies, que adquieren una coronilla blancuzca de vejez prematura. En la carne nacen unos hongos verdosos y florecen las Buganvillas rosadas, enredadas en las u√Īas de los dedos cabezones. En la noche del a√Īo nuevo, cuando el pistoletazo anuncia la largada de San Silvestre, le amputan las extremidades, carcomidas por el pie de atleta severo.

# 229 Ana Isabel Guerrero Romo

 

Revancha entre Dios y el diablo

Dios disuadi√≥ al diablo de que se jugaran el destino de la humanidad en la carrera de San Silvestre Salmantina.Se hicieron invisibles ante los mortales para competir en la categor√≠a de lo divino.El recorrido del diablo se torn√≥ en una pista de espejo de fuego,reflejaba un cielo fr√≠o sobre calles desoladas y desalentadoras. El recorrido de dios,se volvi√≥ de nube y ol√≠a a los misterios m√°s hermosos de Espa√Īa.Almas de antiguos atletas como Ambrosio Aznar,lo saludaron y aclamaron por su victoria. Cuando dios estaba a punto de llegar a la meta,apareci√≥ el alma del Papa San Silvestre y le pidi√≥ su bendici√≥n para el a√Īo nuevo,a unos segundos de llegar.El diablo aprovech√≥ la distracci√≥n y se adelant√≥,pero dios consigui√≥ empatar.Ambos se fueron a entrenar,el pr√≥ximo a√Īo les esperaba una nueva revancha.

# 228 JOSE LUIS CRESPO FAJARDO

 

Esa muchacha que corre

Esa chavala que corre fue mi verdadero amor. He sufrido y verla hoy vapulea mis sentimientos. Sali√≥ apresuradamente de mi vida en pos de libertad y sue√Īos fugitivos, buscando en alg√ļn conf√≠n cualquier meta. Aunque trat√© de retenerla, ella estaba llena de interrogantes que acrecentaban su naturaleza huidiza. ‚Äú¬ŅPero ad√≥nde vas Elaine?‚ÄĚ, interrogaba yo a la brisa de su pelo. ‚ÄúAntes pase√°bamos lentamente sin importar ad√≥nde‚ÄĚ. En aquel momento trat√≥ de explicarse, pero fue tan r√°pido‚Ķ Se despidi√≥ y con la huella de un beso en la mejilla me pidi√≥ que no la siguiera. A√ļn recuerdo despegar sus deportivas plateadas y su cuerpo de espaldas rompiendo la niebla. No dej√≥ un resquicio entreabierto a la reconciliaci√≥n. Continu√≥ corriendo y corriendo. Venci√≥ la marat√≥n de San Trist√≥n, esa que se disputa entre las ruinas de mi alma, y ahora est√° all√≠, en la televisi√≥n en vivo, peleando por la Sansilvestre Salmantina.

# 227 Patricia √Āvila Diego

 

Una fuerza celestial.

El dorsal 113 reposa en el asiento del copiloto mientras conduzco en direcci√≥n a Salamanca. Una nueva edici√≥n de la San Silvestre me espera, y c√≥mo es la tradici√≥n de cada a√Īo, me acoger√° con los brazos abiertos. Siento que esta ser√° una carrera especial, de muchas emociones a flor de piel, en la que cada metro que avance sentir√© su presencia, siempre estar√° presente √©l, mi abuelo Juan Jos√©, que desde las estrellas me animar√°, como constantemente hizo en vida cu√°ndo junto a m√≠ corr√≠a. Era un fan√°tico del atletismo y √©sta era su carrera favorita, por todo lo que le inspiraba. Este a√Īo por desgracia ser√°n muchos los asiduos que faltar√°n, pero estoy segura que desde el cielo sonrientes y entusiasmados, como siempre, nos acompa√Īaran empuj√°ndonos con la fuerza celestial de su ilusi√≥n, y entonces ¬®volaremos¬® por Salamanca juntos de nuevo.

# 226 Diego Andrade Mora

 

Distancias

Despierta Fil√≠pides, has venido al mundo; un lugar hostil, cruel e incomprensible, pero tambi√©n hermoso, enigm√°tico y sutil, y vale la pena recorrerlo. Empieza, gatea un poco. ¬°As√≠! Perfecto, ve d√°ndole confianza a tus m√ļsculos y tendones. Eso ¬°Camina!, fortalece tus piernas y tu cuerpo entero. Pocos saben que destino les espera, pero t√ļ, tu que tienes la elegante agilidad de las gacelas, la rapidez de los grandes f√©lidos, el estrepitoso br√≠o y voluntad de los grandes b√ļfalos, tienes el benepl√°cito de los dioses para correr. ¬°Corre! No dejes de hacerlo joven Fil√≠pides. Puedo verlo en tus ojos, no te conviene la quietud de lo terrenal, sino la libertad de los caminos celestes, la amplitud de las v√≠as estelares, aquellas que conducen al infinito, a aquellos horizontes eternos a los que el sabio destino, dulcemente te ha destinado a transitar.

# 225 Pablo Cavero García

 

Flato

Soy un atleta competitivo pero tengo trabajos complementarios. Ayer estando en uno de ellos apareci√≥ mi amigo con su hijo. El ni√Īo me ley√≥ las peticiones de su carta. Me sorprendi√≥ el deseo de que su padre este a√Īo ganase la San Silvestre, porque los dos anteriores qued√≥ segundo. Le asegur√© que los Reyes Magos consegu√≠amos casi todo y se march√≥ ilusionado. Hoy he amanecido con los nervios por conseguir mi tercera victoria consecutiva en Salamanca. En la salida charlo con mi amigo y m√°ximo rival. Nos deseamos suerte y arrancamos. Vamos descolgando corredores del grupo de cabeza, a falta de un kil√≥metro somos tres. Al entrar en los √ļltimos trescientos metros hago un cambio de ritmo y s√≥lo mi compa√Īero sigue mi zancada. Enseguida mi mano al costado, el flato frena mi ritmo, pongo cara de dolor y un cr√≠o ve ganar a su padre.

# 224 Susana Beatriz Rodriguez

 

ANHELO

Anhelo Se acab√≥ mi tiempo. ‚ÄúLo siento‚ÄĚ, es lo que le dir√© a Dios cuando lo tenga enfrente. Soy protagonista por primera vez, aunque considerando las circunstancias, preferir√≠a ser espectador como es mi costumbre. Siempre hice lo que otros quer√≠an: soy abogado como mi padre, sigo en un matrimonio sin amor, defiendo a los culpables, cumplo con los caprichos de mis hijos sin preguntar y con mis nietos s√≥lo jugamos al domin√≥ porque as√≠ lo deciden. ‚ÄĒSe nos va ‚ÄĒgrit√≥ una voz. ‚ÄĒUno, dos, tres ‚ÄĒdijo una mujer mientras pon√≠a algo en mi pecho. ‚ÄĒNo reacciona. Otra vez. ‚ÄĒInyecci√≥n de Nitroglicerina directamente al coraz√≥n. ¬ŅQu√© har√≠a si pudiera salir al sol? ‚ÄúCorrer la carrera de San Silvestre Salmantina‚ÄĚ. Me sorprendi√≥ la respuesta que surgi√≥ de mi coraz√≥n que a√ļn no se daba por vencido. ‚ÄĒEst√° saliendo ‚ÄĒdijo alguien. ‚ÄĒAbri√≥ los ojos. ‚ÄĒ¬ŅNos escucha, se√Īor? ‚ÄĒS√≠ ‚ÄĒcontest√© mientras cruzaba la meta.

# 223 Patricia Collazo Gonz√°lez

 

Toda una vida

El pistoletazo de salida inicia la carrera. Al girar en Comuneros tengo siete a√Īos y mi padre me compra mis primeras deportivas. Son azules con tres rayas blancas. En la curva de Villamayor Ramiro me da el primer beso, y al llegar a Carmelitas corremos de la mano hasta un coche para abandonar nuestro banquete de bodas. Aminoramos el paso y nos bebemos mutuamente. Cuando nos queremos dar cuenta, dos ni√Īos corretean a nuestro lado y otro nos pide que lo carguemos en brazos. Llega el momento de atravesar la Plaza Mayor y all√≠ tiramos del resto de fuerzas. Los ni√Īos ya corren muy por delante. Ramiro empieza a ayudarse de un bast√≥n, yo lo imito. En Canalejas se deja caer en un bordillo y me anima a seguir hasta el final. Yo lo hago, se lo he prometido. Pero al llegar a la meta, prefiero no cruzarla sin √©l.

# 222 Claudia Alejandra Morales

 

CORRE, MAGDA, CORRE

Las zapatillas, el dorsal, las ganas. El cabello recogido en una coleta alta, el orgullo intacto, el rimmel. Con una sonrisa que se me sale de la cara, me miro al espejo y me dijo: ‚ÄúMagda por fin hoy correr√° su primera San Silvestre‚ÄĚ. Y lo repito tres veces, como para cre√©rmelo. Aquel ni√Īo muerto de verg√ľenza, muerto de miedo, muerto de muerte absurda por la incomprensi√≥n de los dem√°s, hoy siente que por fin, puede ganar. Corre, Magda, corre. Que est√°s viva y el mundo es tuyo.

# 221 Ainhoa Rivero Martin

 

Gotas en el camino

Despejada empiezas la ma√Īana, limpias tu frente y peinas tu pelo , est√°s preparada. El fr√≠o golpea tu frente, entras en calor, ya no tiemblas. Empiezas a notarlo, resbala por tu sien , form√°ndose y creciendo, cada vez m√°s r√°pido, lo cubre todo , como una lluvia fina y calurosa. Sigues tu camino cada vez con m√°s prisa, quieres llegar y sientes esas gotas que caen , golpean las piedras del camino dejando parte de ti en tu ciudad. Llegas a meta , secas tu frente y peinas tu pelo , estas preparada.

# 220 Maritza Moreno Cortes

 

Fernando y Noelia

Fernando empez√≥ a correr en la carrera, casi desde sus inicios, Noelia y sus peque√Īos observaban la audacia de su padre. Con el paso de los a√Īos, se convirti√≥ en el evento sagrado de la familia. Solo para el a√Īo triste de la pandemia, Fernando por su trabajo en el hospital falto a su anhelado compromiso. Para el siguiente a√Īo, Noelia, animada por la recuperaci√≥n de Fernando, empez√≥ toda una campa√Īa de entrenamiento, pues sab√≠a que esto lo animar√≠a, ambos retomaron paso a paso el recorrido, sintiendo que todo lo sucedido, solo los hab√≠a fortalecido, era la carrera de San Silvestre Salmantina, aquella de esp√≠ritu, solidario y generoso cuyo mensaje ‚Äúhaci√©ndolo juntos, todo era posible‚ÄĚ, les trasmit√≠a toda su fuerza. Fue entonces cuando Fernando supo, que correr√≠a junto a su amada Noelia

# 219 Elena

 

Siempre ganador

El coraz√≥n baila al ritmo de mis acelerados pasos. Es un comp√°s que se convierte en melod√≠a al un√≠sono con mi respiraci√≥n. Queda poco para terminar la San Silvestre Salmantina. Nunca he sido deportista y llevaba algunos a√Īos manteniendo un estilo de vida insano, en donde el humo del tabaco consum√≠a mi energ√≠a y contaminaba mis pulmones. Un d√≠a decid√≠ cambiar el patr√≥n de mi vida y comenc√© a practicar deporte, mientras consegu√≠a que cada vez fueran menos los cigarros que me besaban la boca. Al principio era muy duro, sent√≠a que hac√≠a el rid√≠culo corriendo sofocantemente y pensaba a menudo en rendirme. Sin embargo, continu√© esforz√°ndome para demostrarme que soy capaz de lograr aquello que me importa. Nunca pens√© que aguardara en m√≠ tanta fuerza de voluntad. Dejo atr√°s la l√≠nea de meta. La gente me sonr√≠e y aplaude. No he quedado primero, ni siquiera quinto, pero he ganado.

# 218 Juan F. Andrés Prats

 

El peor registro

Aquella fr√≠a y soleada ma√Īana salmantina, Ra√ļl cruz√≥ la meta del paseo de San Antonio mirando el crono y esbozando una leve sonrisa. Intent√≥ alzar los pu√Īos al aire pero no tuvo fuerzas, era su peor registro, una marca horrorosa, sin embargo su gente le animaba y aplaud√≠a como nunca. Entr√≥ exhausto, tembloroso y apenas pod√≠a coger aire, tumbado en el suelo comenz√≥ un llanto desconsolado que emocion√≥ al p√ļblico, familiares y amigos. Era la primera marca del nuevo Ra√ļl, victorioso sobreviviente de una dura contienda contra su cuerpo que le hab√≠a tenido postrado durante meses, sin poder disfrutar de la vida, sin poder correr, sin golpear el asfalto y sentir esa sensaci√≥n indescriptible que te trastorna fuertemente y te atrapa de por vida. Como pudo, Ra√ļl se levant√≥ y pis√≥ de nuevo la meta, quer√≠a saborear aquel final que era su l√≠nea de salida.

# 217 Gonzalo S√°nchez

 

27 de diciembre de 4552

Esta ma√Īana se ha celebrado la MMDLXVIII edici√≥n de la San Silvestre Salmantina. El ganador ha sido, nuevamente, Rodep, de la vecina galaxia de El Drag√≥n y perteneciente a la especie de semihumanoide dracaris. La carrera ha comenzado, como es habitual en los √ļltimo 500 a√Īos, en la estaci√≥n de despegue interestelar de Nuestra Se√Īora de la Soledad, ha continuado por la v√≠a de la antigua Zamora para posteriormente atravesar las ruinas de la Plaza Mayor, destruida en la IV guerra nuclear por la colonizaci√≥n de Urano en el a√Īo 3024. A continuaci√≥n, los participantes han llegado al puente de luz romano pasando junto a los criaderos de robots, para posteriormente girar de nuevo y ver la √ļltima torre de la catedral en pie. A partir de ah√≠, la carrera se ha resuelto en un spint de casi 3km a trav√©s del cr√°ter Aralu. La Sansil, sigue uniendo galaxias.

# 215 Julio CASTA√ĎO POMBO

 

DECEPCI√ďN

DECEPCI√ďN Despert√≥ con ojos llorosos y m√°s encogido que la redondez del erizo. Salt√≥ de la cama, descorri√≥ el visillo, vio la calle con bullicio y mojada la calzada. Se prepar√≥ para la carrera de San Silvestre, la dieta la hab√≠a llevado a rajatabla y todo presum√≠a que har√≠a una excelente carrera dada su concienzuda preparaci√≥n. La ma√Īana hab√≠a ido empeorando, fr√≠a, muy ventosa, con lluvia. No importaba. Erra avezado en estas preparaciones Se consideraba una Alcides. Pero he aqu√≠ que cuando va a abrir la puerta, los ataires de la puerta se le vienen encima de la pierna ocasionado por el fort√≠simo viento con resultados desastrosos. Vendaje al momento, masaje, analg√©sicos pero todo era en vano. La preparaci√≥n que tiempo atr√°s hab√≠a hecho qued√≥ anulada por el desprendimiento de las molduras que, curiosamente, la noche anterior, hab√≠a colocado en una de ellas la siguiente frase: ‚Äú¬°A las circunstancias las venzo!‚ÄĚ

# 214 Laura Pilato Rodríguez

 

No me vengas con cuentos

Como cada a√Īo, ten√≠amos una cita para correr la San Silvestre. No pod√≠a dejar sola a la abuela, as√≠ que le ped√≠ al lobo que le echara un ojo. En la l√≠nea de salida me esperaba Blancanieves, luciendo el dorsal n√ļmero siete en homenaje a los enanos. Rapunzel llam√≥ diciendo que no pod√≠a venir porque estaba en la peluquer√≠a, y a la Bella Durmiente se le pegaron las s√°banas.Cenicienta lleg√≥ cuando la carrera estaba a punto de comenzar y se excus√≥ diciendo que por el camino hab√≠a perdido un zapato. Y Mul√°n, que estaba harta de tanta mamarrachada, le dijo: -¬°Ponte estas zapatillas, y a correr! Que ya es hora de cambiar el cuento.

# 213 Aitor León González

 

Un arco de luz

No era un corredor de fondo, aunque lo pareciese. Alto, delgado y fibroso, impon√≠a respeto su porte alegre de campe√≥n all√° donde lo llevase su amor por el deporte. Desde hac√≠a unos a√Īos le encantaba participar en cualquier carrera de medio fondo, en las San Silvestres especialmente, dec√≠a que le hac√≠an olvidar todo aquello del accidente, que el horizonte de un nuevo a√Īo le animaba a continuar un d√≠a m√°s. √Čl en realidad era un saltador; una breve carrera a toda velocidad y caminar sobre el aire y alzarse en el cielo. Volar era lo que deseaba. Tomar impulso y volar. Lejos, a un futuro mejor. En su √ļltima carrera lo logr√≥. Cerr√≥ los ojos e impuls√≥ su silla; m√°s y m√°s veloz, como un meteoro, se elev√≥ sobre el asfalto y desapareci√≥. Fugaz como flor de invierno, su sonrisa iluminando el camino al este.

# 212 Marianela Blanco Werner

 

DESPECHO

Despert√≥ con la √ļltima campanada de la torre de la iglesia m√°s cercana; mir√≥ hacia la ventana que dejaba entrever la tenue luz del amanecer. Rebobin√≥ lo sucedido la tarde pasada, cuando le anunciaron la cancelaci√≥n de la carrera, debido a la pandemia. No pod√≠a creerlo, hab√≠a practicado todo el a√Īo‚Ķ sin embargo, se levant√≥, se visti√≥ con la camiseta que hab√≠a comprado para la carrera: esa con las letras en azul y dorado, la que le gustaba mucho, porque simbolizaba lo m√°s alto del cielo y la mejor de las medallas. Bebi√≥ a peque√Īos sorbos el chocolate caliente, mientras ajustaba el cord√≥n de las zapatillas. Despu√©s, sali√≥ a la calle, aspir√≥ profundamente el oxigeno del aire y comenz√≥ a correr por las v√≠as atestadas de coches, hasta que un polic√≠a lo detuvo, lo mir√≥ a los ojos con iron√≠a, lo cogi√≥ del brazo y se lo llev√≥ ‚Ķ

# 211 Mario Bosquet Marco

 

Las calles de Salamanca

Las calles de Salamanca tienen impresas las huellas de miles de generaciones en su asfalto. Si hici√©semos una radiograf√≠a de sus aceras encontrar√≠amos suelas vacceas, vetonas, romanas, musulmanas y castellanas. Es abrumador pensar en la inmensurable cantidad de pasos que han escuchado. Para no volverse locas, se han tenido que acostumbrar al ruido de zancadas de universitarios que llegan tarde, a paseos de turistas que no deciden que monumento visitar y a carreras que despiertan la ciudad cada 31 de diciembre. Tantos milenios estas calles aguantaron ese barullo que se volvi√≥ su silencio. Es inimaginable la sorpresa que se debieron llevar cuando 2020 les demostr√≥ lo terror√≠fico que pod√≠a llegar a ser el verdadero silencio. ¬ŅLlegar√≠an a pensar que no habr√≠a m√°s universitarios, turistas o carreras? Ahora toca demostrarles que seguimos aqu√≠. Ahora toca espantar al miedo pisando fuerte. Ahora toca gritar a las calles que la ciudad sigue viva.

# 210 Verónica Martínez Amat

 

Un beso de nieve

A trescientos metros de la gloria, del triunfo, de sobrevivir en un pa√≠s extra√Īo. A su lado, el √ļnico atleta que ha podido seguirlo. Los otros han quedado atr√°s. Ya vislumbra la meta. Suya ser√° la San Silvestre Salmantina, suya porque, sin trabajo, no tiene otro modo de subsistir. Entonces, ve caer a su rival. Un tropiezo le abre el camino hacia la victoria. Sin embargo, por encima del crujir de sus zapatillas, escucha las palabras de despedida de su padre: ‚ÄúHijo m√≠o, vayas donde vayas, ten presente que el honor es la virtud m√°s noble del hombre‚ÄĚ. Frena su carrera y vuelve atr√°s. Tiende su mano al contrincante ca√≠do ayud√°ndolo a levantarse. Sabe que ha perdido. Llegan cogidos de la mano hasta la meta y siente en su frente el primer copo de nieve que cae en la ciudad. El √ļltimo beso de su padre desde el cielo.

# 209 Andrea Francisco Amat

 

El a√Īo que corr√≠ una marat√≥n

Recuerdo la voz de la doctora al otro lado del tel√©fono. ‚ÄúTu madre‚ÄĚ. ‚ÄúD√≠as, tal vez semanas‚ÄĚ. Y un definitivo ‚Äúsi puedes, ven‚ÄĚ. Hice las maletas pregunt√°ndome qu√© se necesita para un viaje como aquel. Encontr√© las zapatillas entre el calzado desterrado, las cog√≠ casi como un √ļltimo homenaje. Hac√≠a siglos que no sal√≠a a hacer kil√≥metros, ni con ella ni sola, pero al llegar a Salamanca comprend√≠ que esa era la √ļnica opci√≥n. Voy a correr una marat√≥n, le anunci√©. Ella me mir√≥ con el gozo de saber que algo permanecer√≠a. A la salida del hospital, todav√≠a vestida de calle, me lanc√© furiosa a una carrera hasta mi antigua casa. ‚ÄúQuien trota su mal espanta‚ÄĚ, sol√≠a decirme. Cuando llegu√© a la puerta, una peque√Īa sonrisa asomaba en la comisura de mis labios. Est√°bamos en diciembre, la San Silvestre ser√≠a mi primera parada.

# 208 JOS√Č GUADALAJARA

 

PIES... Y T√ö

Tengo dos zapatillas: una negra y otra blanca. Tambi√©n tengo dos pies, como cualquiera. Dicen que soy un tipo extra√Īo, pero es que a m√≠ me gusta dar la nota. Por eso corro esta San Silvestre Salmantina con dos pies y dos zapatillas de diferente color. ¬°Con dos zapatillas y dos pies! Mientras avanzo por el Puente Romano a toda mecha, a mis dos ojos les gusta contemplar el efecto blanco y negro de mis dos pies absorbiendo kil√≥metros, en sincron√≠a perfecta el uno con el otro. Sin embargo, al aproximarse a la l√≠nea de meta, ambos se miran con suspicacia y azuzan el ritmo, en lucha tenaz con el rojo y celoso coraz√≥n para ver qui√©n de los tres la cruza primero.

# 207 GRACIELA GAL√ĀN ESPINILLA

 

LA FORTALEZA DEL CORREDOR

Uno, dos, tres, respirar, inspirar, respirar y repetir; coger el ritmo constante y adaptar el cuerpo al medio. Quedan los √ļltimos 2 km para finalizar la carrera con la que despedimos el a√Īo y suspiramos por el que vendr√° y en ese momento de fatiga, una legi√≥n de sensaciones combinadas se pasean por su mente mezclando: sudor con constancia, euforia con alegr√≠a y esfuerzo con dolor. En el l√≠mite de sus fuerzas y tras un fuerte pinchazo en el abductor derecho, se obliga a pensar en el famoso ‚Äúsubid√≥n del corredor‚ÄĚ que sabe le aguarda en la meta, cuando por fin cruce la l√≠nea y se encuentre recibi√©ndole a su padre, ex corredor, ahora en silla de ruedas y a su hijo, tras haber corrido la San Silvestre Infantil con su peluca de colores chillones. Y lleg√≥, respir√≥, sufri√≥, so√Ī√≥, rio y demostr√≥ una vez m√°s la fortaleza del corredor.

# 206 Guillermo Jaime Bensusan

 

Para qué corro

entonces

# 205 Rubén Gozalo Ledesma

 

SANSILDEMIA

‚ÄĒComo mucho vendr√°n uno o dos corredores ‚ÄĒafirm√≥ ante los medios el organizador de la primera edici√≥n de la San Silvestre. Al d√≠a siguiente las calles de Salamanca estaban llenas. Ni√Īos, padres, madres, abuelos‚Ķ Nadie quer√≠a perderse la carrera. Correr la prueba se convirti√≥ en una afici√≥n muy contagiosa. En cuanto una persona se colocaba un dorsal, al a√Īo siguiente repet√≠a. El comit√© de expertos decidi√≥ poner restricciones: limitaci√≥n de aforo y distanciamiento entre los participantes. Pero fue en vano, porque los corredores de otras partes del mundo no dejaban de llegar y abarrotar las calles a√Īo tras a√Īo. En los √ļltimos meses han tratado de confinar a los atletas sin √©xito. Seg√ļn un informe de la Direcci√≥n de Alertas Deportivas, el virus de la San Silvestre Salmantina amenaza con extenderse por todos los rincones del planeta. Al parecer, el pr√≥ximo 26 de diciembre todos terminaremos contagiados.

# 202 José Ramón Alonso Belaustegui

 

Zancadas de valentía

El recuerdo del recorrido de la carrera del d√≠a anterior cercena su fatigado cuerpo que musita indulgencia. Llora afligido. Sus ojos son escaparates que se pierden en un pi√©lago infinito intentando maquillar su propia derrota. Siente que ha llegado al l√≠mite. Extiende el dorsal de la San Silvestre Salmantina y visualiza la meta en el Paseo de San Antonio. Duele el cansancio. Solo desea olvidar la derrota. Se palpa los acentuados surcos de sus venosas piernas y se consuela al comprobar la magnitud del trabajo de los entrenamientos pasados. iba bien colocado, hab√≠a cambiado de ritmo, se sent√≠a bien antes de llegar a la √ļltima curva y hundirse en la recta final. Sin fuerza moral, mira el calendario de competici√≥n y se le ilumina el rostro. El treinta y uno de diciembre del pr√≥ximo a√Īo habr√° otra competici√≥n.. Todo sea por la grandeza de volver a intentarlo.

# 201 Ana Rojas y Pablo Escribano

 

El hombre que nunca corría

No corr√≠a ni para coger el bus. Pensar en moverse r√°pido, sentir su respiraci√≥n galopando y el sudor estallando como un volc√°n le pon√≠a enfermo, as√≠ que, cuando su novia le apunt√≥ a la San Silvestre, no le hizo gracia. - Joder, Atalanta, que no me gusta correr. - Da igual. A la San Silvestre se va a pasarlo bien. 10 de la ma√Īana. Un fr√≠o de a√ļpa. "No pienso correr, ir√© andando". Pistoletazo. Corr√≠a para que no le arrollaran. Atalanta se re√≠a, hablaba con todos. Mientras, √©l se quedaba atr√°s. "¬ŅDe qu√© va? Me l√≠a para venir y luego ni caso". Aceler√≥. Enseguida en casa. Empez√≥ a correr, a sentirse ligero y ya no par√≥. Cuando Atalanta lleg√≥, no pod√≠a creer que el hombre que nunca corr√≠a estuviera a hombros de un desconocido brindando por la San Silvestre, las carreras y los amigos que se hacen el √ļltimo d√≠a del a√Īo.

# 200 Mar De Andrés Alvarez

 

microrelato

EL DEPORTE ME CAMBIA LA VIDA Llamo deporte a cualquier actividad f√≠sica que mueva los circuitos corporales. Pongo la atenci√≥n en los m√ļsculos que se van haciendo m√°s fuertes. Entro en calor. Tengo m√°s energ√≠a. Y me divierto. Qu√© m√°s puedo pedir a algo que puedo hacer en el momento que quiera. Libertad es la palabra que mejor lo define. Siento que participo en el movimiento del mundo. Cuando me muevo lo dem√°s se ralentiza. Puedo observar a mi alrededor y ver pasar la vida como una brisa fresca en mi rostro. Sin querer me hace sonre√≠r. Se que llegar√° el momento en que desee parar y agachar la cabeza. Y ese momento llega. Cuando levanto la cabeza est√°s tu sonriendo diciendo hay que seguir, pero esta vez lo haremos juntos. Y yo correr√© a tu lado libre para sonre√≠r.

# 199 CRIST√ďBAL MART√ćNEZ HARO

 

EL SUE√ĎO DE LA LUCHA

Correr, luchar, superar l√≠mites y barreras. Gritar por dentro que nada puede pararte, ni siquiera sujetar o retenerte. Sentir el fr√≠o viento rebotar en tu coraz√≥n a trav√©s del caliente pecho, mandando bandadas de p√°jaros a unas piernas que flotan sobre terciopelo de asfalto. Llegar, someter la cobard√≠a, crecer de orgullo por el dolor y la fatiga. Sufrir mordiendo y maldiciendo a un dolor que pide arrogante audiencia. O√≠r tu coraz√≥n rugir bien afinado como un pura sangre enamorado de todas las ma√Īanas de tu vida. Huir lejos de la tristeza maniatada por la mediocridad. Zancadas perpetuas que se persiguen en busca de una infancia que se resiste a marcharse. Un poco m√°s lejos, un mucho m√°s de todo. Llegar sin preguntar a los ausentes donde est√° el final de la carrera, porque no existe ese final. En cuanto salga de este maldito c√°ncer har√© la San Silvestre sin falta.

# 198 Ernesto Proa√Īo Vinueza

 

Desde las estrellas

Se desliz√≥ por el tejado y cay√≥ en el balc√≥n de Alina Fuertes. La ni√Īa sinti√≥ el golpe y asom√≥ su rostro con temor, a√ļn no amanec√≠a. Era un ser informe, de m√ļltiples tent√°culos oscuros, dos ojos color malva se abr√≠an y cerraban en su cabeza. Alina se estremeci√≥ pero no grit√≥, hab√≠a visto muchas pel√≠culas de ciencia ficci√≥n y decidi√≥ lo mejor era saludarlo. ¬ŅQui√©n eres? Sinti√≥ un cosquilleo en su cerebro, una palabra destell√≥: ¬ęKo¬Ľ, seguida por la imagen de una nave encallada en el tejado de su casa. Vaya, tel√©pata, dijo Alina. El ser asinti√≥. ¬ŅQu√© buscas? Esta vez aparecieron en su mente im√°genes de la San Silvestre Salmantina del a√Īo pasado. Alina no pudo evitar re√≠r. ¬ŅVas a competir? Los tent√°culos de Ko se movieron con rapidez y una oleada de confianza eman√≥ del deportista venido de las estrellas hacia la ni√Īa: ¬ęVoy a ganar¬Ľ.

# 197 Nelson Mauricio Quintero Cardona

 

El hoyo en el sombrero

Tortuga finalmente, contrariando a recia perseverancia los resultados de las estad√≠sticas, cruz√≥ la meta y caus√≥ el agravio en los apostadores. Liebre emple√≥ tanto empe√Īo en alcanzar a Tortuga, que aunque no logr√≥ su objetivo, si lleg√≥ a velocidades jam√°s vistas; tanto, que al cruzar la meta tras Tortuga, Liebre se fragment√≥ sobrenaturalmente en incontables mol√©culas luminosas, desapareciendo en un instante de la vista de animadores y curiosos, como por arte de magia. - ¬°San Silvestre! - Exclamaron maravillados los presentes. Sin darse cuenta c√≥mo, Liebre se encontr√≥ cayendo en un oscuro abismo y alucin√≥ su muerte, hasta que toc√≥ un fondo blando y afelpado. Luego, el mago meti√≥ sus manos en el hoyo del sombrero y tomando a Liebre por las orejas, lo sac√≥ del negro pozo para que el asombrado p√ļblico, aplaudiera.

# 196 Ra√ļl D√≠az Barrios

 

El secreto

No me la perder√≠a por nada. Llueva o nieve. Haga fr√≠o o luzca un tibio sol de invierno. Una vez m√°s, ya estoy preparado. El a√Īo pasado ech√© de menos los gritos y los aplausos. No fue lo mismo. Me gusta tanto verlos a todos juntos. Disfrutando, sudando, hablando, corriendo‚Ķ As√≠ que no se lo dig√°is a los corredores, es un secreto. Pero cuando pasen por encima de mis veintis√©is arcos y mis dos mil a√Īos de historia, sentir√© sus gastadas zapatillas y les dar√© fuerzas para el resto del camino. Ellos sonreir√°n y mirar√°n hacia la Catedral. La gloria les espera. Firmado: El Puente Romano

# 195 Fernando Di Rocco

 

Sudor extra√Īo

Una inusitada preparaci√≥n f√≠sica me ubic√≥ entre los primeros de la competencia. La meta estaba muy cerca y muy lejos tambi√©n. A poco del final me situaba s√≥lo en la punta. Pero esa soledad empez√≥ a sentirse acompa√Īada de fuertes mareos, piernas que empezaban a flaquear y un pecho a punto de explotar. El desvanecimiento fue inevitable. Minutos despu√©s, entre gritos de aliento, me encontr√© atravesando la meta. Sin fuerzas, empapado de sudor y apenas l√ļcido, me descubr√≠ m√°s piernas y m√°s brazos. Pero eran de otros competidores, los que me ayudaron desinteresadamente a llegar a destino. Fue en ese instante cuando comprend√≠ que la competencia no hab√≠a sido tal, y que los competidores tampoco existieron. Hab√≠a asistido a un evento √ļnico, donde el esp√≠ritu navide√Īo se transpiraba.

# 194 José Lorenzo Blanco

 

Victoria

No me importa que el fr√≠o, como navaja afilada, se me clave en el pecho, ni que las l√°grimas me quemen la comisura de los p√°rpados. Cuando alcanzo a ver la pancarta final me olvido de que el dolor en la rodilla es casi insoportable y que la cadera amenaza con descoyuntarse en cada zancada. Ahora los gritos de √°nimo de la gente parecen llevarme en volandas. Ya veo la sonrisa orgullosa de pap√°. Mam√° est√° abrazando a Paula, manos de oro, y a Ra√ļl, mi tenaz apoyo en el gimnasio. Alzo los brazos para celebrar nuestra tremenda victoria. ¬°Qu√© m√°s da que centenares de corredores hayan llegado antes a la meta! Festejo el triunfo sobre aquel m√©dico y su funesto augurio. Solo ocho meses atr√°s sentenci√≥: ¬ęEn adelante todas las carreras las har√°s en silla de ruedas¬Ľ.

# 193 Kevin Estévez Villalba

 

Un zumo cuando se llega a la meta

26 de diciembre de 2021 ‚ÄĒ¬ŅLe importar√≠a contestar un par de preguntas? ‚ÄĒpregunta, en√©rgico, el periodista. ‚ÄĒEst√°‚Ķ est√° bien.‚ÄĒresponde, jadeante, el atleta. ‚ÄĒ¬ŅC√≥mo se ha desarrollado la carrera? ‚ÄĒMucha... ilusi√≥n ‚ÄĒ¬ŅC√≥mo ‚Äėmucha ilusi√≥n‚Äô? ‚ÄĒse extra√Īa el reportero. ‚ÄĒSalamanca... con sus calles y su puente, todo precioso... compa√Īerismo... endorfinas para el cerebro‚Ķ calor√≠as quemadas‚Ķ Es que me ahogo. ‚ÄĒ¬ŅY qu√© considera que ha sido lo mejor del d√≠a de hoy? ‚ÄĒEl zumo cuando se llega a la meta‚Ķ un aut√©ntico tesoro. El periodista suelta una ligera carcajada. ‚ÄĒ¬ŅQu√© opina del microrrelato que se ha escrito sobre la carrera? ‚ÄĒ¬ŅMicrorrelato? Quien lo lea no sabe lo que aqu√≠ se siente. ¬°Mejor que se apunte! Valorar√° algo tan simple como un vaso de zumo. Venga... la √ļltima pregunta... que veo que, a este ritmo, no llego ni a las uvas de fin de a√Īo.

# 192 Mia sophia Traveza√Īo Ortiz

 

Luz

Sara ten√≠a ya a√Īos con su nueva pr√≥tesis de su pierna derecha, luego de que un accidente de auto le cause ese da√Īo, cuando eso pas√≥ qued√≥ devastada, ya que llevaba siendo una corredora de San Silvestre Salmantina, no ten√≠a ella pensando participar ya que cre√≠a que solo ser√≠a un adi√≥s a su derrota, aunque llevaba a√Īos sin ir a la carrera, la segu√≠a viendo, cada a√Īo sent√≠a sus ganas de ir, pero sus sentimientos de derrota se hac√≠an mas fuertes, hasta que un d√≠a vio una entrevista de una corredora con pr√≥tesis de a√Īos atr√°s y dijo palabras que levantaron a Sara: -Mis pr√≥tesis son para mi un escudo de mi vida- La voz con la que lo dec√≠a era de determinaci√≥n, una luz que Sara parec√≠a necesitar, a√ļn ten√≠a tiempo de inscribirse, agarro su tel√©fono y marc√≥ a sus amigas para decir: -Este a√Īo, si correr√© chicas.

# 191 ALDO CRISTIAN M√ČNDEZ CASTILLO

 

Slow Motion

Si cierro los ojos puedo visualizar la meta, veo mi objetivo tan claro que casi puedo tocarlo, y siento que todo se detiene, mi mente escapa de mi cuerpo y puedo ver a la gente celebrando, coreando varios nombres con alegría mientras el sol me da nueva energía. En esta ciudad mi padre ganó su primer palmarés y por él ganaré también, tan sólo disfrutaré este instante otra vez antes de abrir los ojos y ganar esta competencia; quiero sentir la libertad de explorar los paisajes urbanos y hacerme uno con el viento. Abro mis ojos y puedo verla, la línea que definirá mi primer triunfo, alzo mis manos queriendo volar otra vez y finalmente...

# 190 Alberto Jes√ļs Vargas

 

Olvidarla

Ella prefiri√≥ marcharse sin dejarme m√°s opci√≥n que el olvido. Convencido de que la necesidad de arranc√°rmela de la memoria iba a ser mi mejor impulso, me apunt√© a la San Silvestre Salmantina sin otro √°nimo que el de competir contra m√≠ mismo. Cuando tom√© la salida ten√≠a tanta hambre de distancia que fui dejando atr√°s a los dem√°s corredores. Ni siquiera la meta fue capaz de detenerme y deseoso de calmar mi zozobra, segu√≠ corriendo sin descanso. Pasado un a√Īo me vieron reaparecer exhausto por el Paseo de San Antonio dando alcance a los participantes de la siguiente edici√≥n. A pesar de mi barba de n√°ufrago y de estar casi en los huesos, conservaba indeleble, tatuado muy cerca del coraz√≥n, el nombre de la mujer de cuyo recuerdo a√ļn no hab√≠a conseguido desprenderme.

# 189 Nuria Rodríguez Fernández

 

Con amor, no hay barreras.

Nos conocimos en la San Silvestre Salmantina de hace 30 a√Īos. Ya cruzando el Puente Romano, un tir√≥n me obligo a parar. Agobiada y dolorida, hice el amago de abandonar, pero all√≠ estaba √©l. Se par√≥ junto a mi y masajeo mi gemelo hasta que pude continuar. Terminamos la carrera juntos y cogi√≥ mi mano, ya nunca me la solt√≥. Este a√Īo, a pesar de lo dif√≠cil del camino, volveremos a correrla juntos. Nuestros hijos y yo, empujaremos su silla de ruedas, porque ninguna enfermedad nos parar√° y como anteriormente hizo √©l, nosotros tampoco le soltaremos.

# 188 MANUEL DOMINGUEZ MARIN

 

A CINCO EUROS DE LA GLORIA

A CINCO EUROS DE LA GLORIA El coraz√≥n palpitaba deprisa, estrangul√°ndose sus latidos en la boca del est√≥mago. Las lorzas vibraban nerviosas, deformando la simetr√≠a de la camiseta abombada hacia afuera. La respiraci√≥n exhalaba el deseo y el miedo cuando dieron la salida. Los gemelos se tensaron y el drag√≥n multicolor se puso en marcha batiendo los brazos r√≠tmicamente. Cada uno peleaba su batalla, la de los tiempos, la de participaciones, la de su enfermedad, la de su homenaje‚Ķ Mi gordura corr√≠a, simplemente, por el placer de correr. Ya no era el joven deportista, fibroso y atl√©tico de otros tiempos. Mi app me mostraba una tortuga cada vez que sal√≠a a entrenar, aquel d√≠a no iba a ser diferente. Tard√© poco en quedar atr√°s, la ambulancia segu√≠a mis pasos, como siempre. Sonre√≠, era otro a√Īo m√°s, por cinco euros, la gloria, otra San Silvestre Salmantina.

# 187 Miguel√°ngel Flores

 

Campeones

Aqu√©l a√Īo, despu√©s de los confinamientos, se inscribi√≥ m√°s gente que nunca para correr la San Silvestre. Incluso, salmantinos que siempre hab√≠an sido solo espectadores. El primer corredor que atraves√≥ la meta, casi sin celebrarlo, se limit√≥ a esperar al segundo para felicitarle. Luego ambos hicieron lo mismo con el tercero, y los tres con el cuarto. Y as√≠, hasta el √ļltimo, fueron esperando uno a uno, a cada participante para recibirlo. Entonces, una se√Īora de entre el p√ļblico, tambi√©n desbordante aquel d√≠a, se aproxim√≥ discretamente a dar la enhorabuena a un participante, que ni tan siquiera hab√≠a sido de los primeros. Tras ella, el resto de espectadores se fue animando. Tambi√©n los organizadores, los jurados, la prensa y se√Īores que pasaban por all√≠ se sumaron. Y todo el mundo busc√≥ lo mismo. Pues volver a abrazar fue el verdadero anhelo de aquella edici√≥n en la que todos, todos ganaron.

# 186 Ricardo Carlos Martínez Fischer

 

Ma√Īana corro por t√≠

Todo el el mundo cuenta historias pasadas. Yo te contar√© lo que suceder√° ma√Īana. Aunque ma√Īana a√ļn no exista, me levantar√© de los temblores del invierno, de los sue√Īos de goma en el asfalto, esperando no hacer algo que desbarate el d√≠a y, encorvado, me pondr√© el pantaloncito, la camiseta t√©cnica, los calcetines fosforitos, seguramente todo al rev√©s y tomar√© el caf√© mirando a un punto fijo. La ma√Īana tendr√° un color suave, un color parecido a tu sonrisa. En la cuesta de Oviedo ya ir√© de los √ļltimos, cosas de la edad, pero t√ļ estar√°s m√°s cerca. Har√© as√≠ con los hombros cuando, despu√©s de la meta, aparezcas por fin ante mi, sentada en la silla que ya te es eterna. Pero habr√© corrido por ti, como siempre, hasta que no pueda sostenerme en pie.

# 185 Lesbia Guillén Escalona

 

El So√Īar de una Media Marat√≥n a la Salmantina

Correr en una media marat√≥n es adrenalina pura y m√°s a√ļn si se llega entre los primeros y hasta la meta, culminarla debe ser una satisfacci√≥n del ser, es un reto, es un triunfo participar sea quien sea, leer experiencias de como se preparan y esperan esta extraordinaria actividad con esas ans√≠as de decir presente, de correr como por una tradici√≥n familiar, de hacerlo por salud, por amistad, por ser Salamantino y mantener viva est√° media marat√≥n tan espectacular. A mis cinco d√©cadas de vida en mi pa√≠s que va en declive en su mayor√≠a de sus estamentos no se volvi√≥ a escuchar, ni realizar algo semejante a un marat√≥n, a√ļn recuerdo cuando llegue en un segundo lugar en mi bachillerato fue una grandeza lo que sent√≠, a√Īoro y sue√Īo en tomar la iniciativa de resurgir la media marat√≥n a la Salmantina en mi Venezuela amada

# 184 Ruth R. Pizarro

 

Amor por Salmantina

Hace un par de a√Īos el atletismo no me llamaba la atenci√≥n, llegue a asociarlo con personas vac√≠as y preocupadas en su apariencia, fue as√≠ hasta que sent√≠ la calidez de Salmantina, es as√≠ como la llamo, ver a todas esas personas con un esp√≠ritu deportivo en com√ļn, de alg√ļn modo lo asocie con una calidad fraternal, y ahora estoy aqu√≠, esperando ganar.

# 183 Paula Igarotze Vivar Gabriel

 

¬ŅRecuerdas?

Once de la ma√Īana del gran d√≠a. No hab√≠amos podido dormir en toda la noche; el nudo que sent√≠amos en el est√≥mago nos lo hab√≠a impedido. Sin embargo, lejos de paralizarnos cuando son√≥ la se√Īal de salida todos esos sentimientos se disiparon y solo pudimos sentir felicidad. El viento acariciaba nuestras mejillas enrojecidas por el esfuerzo, los aplausos resonaban como una melod√≠a constante en mis o√≠dos, pero yo solo pod√≠a pensar en mirarte al ver que est√°bamos a unos metros de cumplir nuestro gran sue√Īo, ganar la ‚ÄúSan Silvestre‚ÄĚ. ¬ŅDe verdad, no recuerdas esa satisfacci√≥n al atravesar juntos la l√≠nea de meta? -¬ŅPerdone, pero qui√©n es usted?, pregunt√≥ mi padre dej√°ndome completamente desolada. Justo en ese instante, comprend√≠ que el alzh√©imer me hab√≠a borrado completamente de su mente y ya no hab√≠a forma de volver a esos momentos tan felices‚Ķ. Ni siquiera en un recuerdo.

# 182 Zuri√Īe Vivar Gabriel

 

"Un beso al cielo"

Hola yayo, ¬°Hoy es el gran d√≠a! ¬ŅRecuerdas con la ilusi√≥n con la que hablabas hace unas semanas de la ‚ÄúSan Silvestre‚ÄĚ? Dec√≠as que tu rodilla mala no te frenar√≠a para llegar a la meta, y que siempre hab√≠as esperado a que fuese un poco m√°s mayor para que pudi√©semos correr juntos. Me contabas que quer√≠as participar conmigo antes de irte, y yo siempre asent√≠a con l√°grimas en los ojos. Hoy por fin vamos a cumplir ese sue√Īo al que dedicamos tantas noches sin dormir, entre risas, imaginando c√≥mo ser√≠a el momento en el que cruz√°ramos la l√≠nea de meta y pos√°ramos para las mil fotos que har√≠a mam√°. Siempre pens√°bamos en este d√≠a con la ilusi√≥n propia de un ni√Īo peque√Īo, y lo aguard√°bamos con ansia. Por eso, quiero que tengas por seguro que el beso que lance al cielo mientras est√© cruzando la meta...es para ti.

# 181 MAT√ćAS GISBERT VIV√ď

 

EL √öLTIMO GANA

- ¬°Sara!, ¬Ņest√°s preparada para la carrera de ma√Īana? - No voy a correr pap√°. ‚Äď le responde con voz entrecortada mientras aparta la mirada del televisor. - ¬ŅC√≥mo es eso? - le pregunta su padre sorprendido por la respuesta de su hija. - Siempre quedo la √ļltima. - Pero si lo que m√°s te gusta es correr. - ¬°Y qu√© m√°s da! - exclama con el ce√Īo fruncido. - No pasa nada por quedar la √ļltima, recuerda que lo importante es participar, pasarlo bien, compartir la experiencia con los compa√Īeros y la familia. - Claro, como tu sueles ganar- le replica Sara cruzando los brazos. Mientras iba por la mitad de la San Silvestre Salmantina en primera posici√≥n divis√© a mi mujer con mi hija d√°ndome √°nimos. En ese instante no pude evitar recordar la conversaci√≥n con Sara la tarde anterior‚Ķ - Has quedado el √ļltimo Pap√°‚Ķ ¬°como yo!

# 180 Sebastian Alejandro Venancio Garfunkel Ruades

 

La Voz de Mam√°

Corr√≠a a no poder m√°s, sent√≠a que mis piernas se quebraban y mi coraz√≥n explotaba. Con mi vista borrosa vi el puente Romano acercarse y las catedrales alentarme, pero tambi√©n not√© a este desconocido competidor esforz√°ndose al m√°ximo por hacer suya mi gloria, y rec√©, ped√≠ a Dios como nunca lo hice, a pesar de que tuve en mi vida momentos m√°s propicios para rogarle. Y fue entonces que record√© las palabras de mi difunta madre susurrarme al o√≠do: ‚Äúcuando ya no puedas correr, entonces vuela‚ÄĚ. Me lo dijo cuando ten√≠a siete a√Īos, al preguntarle c√≥mo har√≠a para jugar a las pilladitas si mi fractura en el tobillo no sanaba. Estremecido vi la anhelada cinta, y en ella una curva en mi desdichada vida, y no pude m√°s que volar‚Ķ Fue mi primer y √ļltimo trofeo, pero lo m√°s valioso fue o√≠rla de nuevo, algo que jam√°s olvidar√©.

# 179 Carlos Miguel Herrera Molpeceres

 

San Silvestre Salmantina

Ha resurgido de sus cenizas y volver√° a disputarse por las calles de Salamanca, el pr√≥ximo veintis√©is de Diciembre. Una maldita pandemia nos ha golpeado pero no ha podido con nosotros a pesar del caos sembrado. El a√Īo pasado no pudo correrse pero este a√Īo lo har√° con m√°s fuerza que nunca. ¬° Viva la San Silvestre de Salamanca por muchos a√Īos m√°s !. ¬° No han podido con nosotros !.

# 178 Héctor Bayón Campos

 

Noblesse oblige (√Āyax y Aquiles)

Ah√≠ estaba √©l, de inc√≥gnito, con su camiseta del Ajax de √Āmsterdam, socorriendo al participante ca√≠do. No le import√≥ perder comba: su rival, el de los pies ligeros, necesitaba auxilio. Le ayud√≥ a levantarse. Quiz√° esta vez no terminar√≠a entre los veinte primeros, pero hab√≠a ganado un amigo.

# 177 MAR√ćA ADELA CASTA√ĎO VALIENTE

 

AIRE PURO

AIRE PURO Cuando pienso en las promesas para el nuevo a√Īo, la San Silvestre me da el pistoletazo de salida. Y me emociona su est√≠mulo para secundar a tanta gente. Llevo a√Īos deseando participar. Me gusta caminar, al paso, pero cambiar al trote me frena, me agobio. No quiero reconocerlo pero s√© que es por fumar; no es cierto que no me haya planteado dejarlo. Qu√© rid√≠cula me siento otra carrera m√°s sin ser capaz de luchar por este objetivo en el que solo veo obst√°culos y falta de voluntad. Quedan siete semanas. La San Silvestre Salmantina me entrega el testigo. Lo agarro fuerte, no se equivoca mi mano, la aparto de la nicotina. Arranco al paso, aligero‚Ķmi garganta no se seca, estoy respirando aire puro‚Ķ Llego al colegio Arzobispo Fonseca al trote‚Ķ Al galope a la San Silvestre 2022 ¬°Sana Ilusi√≥n salmantina!

# 176 Alejandro García Martínez

 

VIDA

VIDA Cuando comienzas no eres del todo consciente de las vicisitudes que √©ste te depara, pero asumes las consecuencias, tiras hacia adelante, poniendo un pie seguido del otro y cuando te das cuenta ya has recorrido mucho m√°s camino del que pensabas. Porque la cabeza manda, pero el coraz√≥n nos gu√≠a. Cada gota de sudor es la antesala del bienestar, es el pago por una satisfacci√≥n incalculable y permanente. He aqu√≠ porqu√© vale la pena dar ese primer paso, el que entra√Īa una mayor dificultad, porque es el que hace posible la gesta, porque no nos confundamos, lo mejor no es haber ganado sino ser consciente de d√≥nde has partido.

# 175 ELENA OLIVELLA

 

SUE√ĎO CUMPLIDO

Mart√≠n siempre quiso correr la San Silvestre Salmantina. Era una tradici√≥n familiar. Este a√Īo ser√≠a su debut. Estaba ilusionado. Pero una tarde de esas que deber√≠an acabar antes de que empezaran, una moto le arroll√≥. Su vida se apag√≥, pero no del todo, porque su coraz√≥n sigui√≥ latiendo en el cuerpo de Sergio. Unos a√Īos despu√©s del trasplante, Sergio sinti√≥ unas inexplicables ganas de correr. Nunca antes le hab√≠a atra√≠do el deporte. Se inscribi√≥ para correr la San Silvestre. Y lleg√≥ el d√≠a. Sergio corr√≠a como si alguien le estuviera prestando su fuerza. Por unos instantes, sin saberlo, el padre de Mart√≠n estuvo corriendo al lado del coraz√≥n de su hijo. Cuando Sergio lleg√≥ a la meta, se sent√≠a en paz. Mir√≥ al cielo y vio una nube que le record√≥ a un rostro sonriendo. De alguna manera, Sergio hizo posible que Mart√≠n cumpliera su sue√Īo: correr la San Silvestre.

# 174 JAVIER AMADO

 

"SUE√ĎO DE NAVIDAD"

Se lo pidi√≥ a Papa Noel. ¬° Lo deseaba tanto!, ¬°lo hab√≠a so√Īado tanto! Quer√≠a correr. Era, por abreviar, su √ļltima voluntad. Pero Noel, agotado, exhausto, ya no escuchaba m√°s. - Me hago viejo ‚Äď se dec√≠a- tengo que parar-. En la plaza de los Milagros se sent√≥ a descansar. Se quit√≥ las botas m√°gicas. Se durmi√≥ en un plis-plas. Logr√≥ escabullirse. La vigilancia no es tan severa en Navidad. Dej√≥ atr√°s el recinto; baj√≥ por San Vicente; entr√≥ en la plaza sin ninguna novedad. Ni un alma en las calles; s√≥lo un hombre disfrazado, resacoso quiz√°, dorm√≠a descalzo junto a la estatua central. Se acerc√≥; se prob√≥ sus botas: suaves, c√°lidas, veloces. Su oportunidad. Cuando, a√ļn en el p√≥dium, los aplausos cesaron y la sirena de la ambulancia se hizo notar, vio subir despacito al hombre descalzo del disfraz. ‚Äď V√°monos ya - le dijo ‚Äď el cielo no puede esperar-.

# 173 JUAN ANTONIO FONT D√ćAZ

 

Sentimientos en com√ļn

Sent√≠a mis piernas guiarme hasta el parque de los Jesuitas. Perd√≠ la noci√≥n del tiempo con cada pisada. Mi coraz√≥n lat√≠a como nunca antes. La adrenalina me llev√≥ hasta el puente romano. Una l√°grima por la superaci√≥n cay√≥ a las aguas heladas del r√≠o Tormes. Hab√≠a logrado volar, levitar, so√Īar. Mi mente se despejaba cuando corr√≠a. Llegu√© hasta el campo de San Francisco, apodado: el grande. Quer√≠a hacer historia como lo es este parque para la ciudad. Necesitaba valorarme mejor, saber que no estoy solo. Arranc√≥ la carrera con miles de participantes. Todos ten√≠amos un pasado y un futuro, pero el presente es la uni√≥n de nuestras zancadas. No somos rivales, somos remos que nos impulsan a acabar la carrera. Miradas de apoyo. Sonrisas que reaniman. Un mismo esp√≠ritu de liberaci√≥n y paz. La San Silvestre Salmantina es abrazar la felicidad, es compa√Īerismo, es amistad.

# 172 Ra√ļl Oscar Ifr√°n

 

Soledad virtual.

Rosendo apret√≥ la marcha. Ven√≠a bastante bien. A ambos lados los corredores del pelot√≥n de avanzada se manten√≠an firmes. No consegu√≠a dejarlos atr√°s. A pesar del fr√≠o un hilo de sudor bajaba por su frente. El pectoral con el n√ļmero 13 se balanceaba a cada paso. Una tras otra desfilaban las calles con sus edificios, los √°rboles familiares, el cielo de Salamanca. El p√ļblico alentaba siempre. Algunos le tend√≠an la mano al pasar. Otros trataban de alcanzarle una botella de agua mineral que nunca consegu√≠a asir. Por fin, la recta final y la llegada en medio del jolgorio callejero. Rosendo se quit√≥ el Visor de Realidad Virtual y la ciudad desapareci√≥ en las sombras como por arte de magia. Salt√≥ de la cinta. El contador marcaba los inexorables diez kil√≥metros. La aplicaci√≥n, en el celular, le dio los tiempos. Menos mal que no med√≠a la soledad y los silencios.

# 171 Grecia Camila Pérez Cárdenas

 

La carrera personal

trae la gloria a casa- grito - no puedes volver y tampoco puedes irte sin ella- que tus pies corran r√°pido, que tu coraz√≥n lata con fuerza y deja todos tus miedos atr√°s, no puedes esperar a algo que t√ļ tienes que alcanzar. corre por m√≠, por tu familia, amigos y m√°s importante corre por ti, que el viento te refresque y que le sudor te ba√Īe en gloria; no ser√° el oro el que te de declare como un ganador si no el esfuerzo y las barreras autoimpuestas que rompiste para llegar hasta el final de la carrera. Cuando llegues al final un vaso de agua cual copa de vino saciara tu sed y entre gritos y porras te levantaremos para celebrar, una vez que toda la euforia halla acabado, un ba√Īo y una cena caliente te estar√°n esperando pero hasta entonces un paso a la vez.

# 170 Roberto Crespo Ramos

 

Gra-foot-logía atlética. Dícese de la disciplina que interpreta el trazado dejado por un corredor después de una nevada con sus zancadas y sus huellas.

Cuenta una antigua leyenda que si la nieve cubre con su leve caricia Salamanca el d√≠a de la Sansil, cada corredor deja tras de s√≠ una melod√≠a irrepetible. Sus pisadas son corcheas y silencios en los pendientes pentagramas. Desde lo alto de la catedral las golondrinas las interpretan. Los cient√≠ficos de la Universidad han querido descubrir si hab√≠a alguna traza de verdad escondida en esas sinuosas trayectorias. Usando GPS de microm√©trica precisi√≥n han tentado la suerte y armados de drones y mantas han registrado y estudiado a fondo casi 8000 ‚Äúgraf(oot)-√≠as atl√©ticas‚ÄĚ. Usando el futurista software de grafootlog√≠a atl√©tica ‚ÄúDreamrunner‚ÄĚ, todos los trazados han dado un veredicto inamovible: los corredores ‚Äúdedicaron su carrera‚ÄĚ a un ser querido, consiguieron, corriendo la Sansil, librarse de los peores lastres del coraz√≥n de las desgracias del pasado a√Īo y dibujaron sue√Īos en el horizonte de la meta del a√Īo siguiente. Allegro nevicante!

# 169 Diana Alexandra Lozano Violeta

 

Mi peque√Īa verdad

‚ÄúMam√° siempre dec√≠a que no debo molestar a los adultos y pap√° solo sonre√≠a mientras me abrazaba cari√Īosamente en silencio, pero para m√≠‚Ķ ellos eran personas que merec√≠an la muerte.‚ÄĚ, susurraba aquel ni√Īo a los polic√≠as, hab√≠a perdido a sus padres, solo sonre√≠a mientras miraba aquel desastre que √©l mismo provoco, ‚ÄúAunque es peque√Īo, que desagradable, como puede sonre√≠r as√≠, ellos eran sus padres ¬Ņno?‚ÄĚ, dec√≠an las personas a su alrededor, ‚ÄúA veces es sorprende como la agente puede hablar sin pensar‚ÄĚ, dec√≠a el peque√Īo, llorando mientras de su entrepierna ca√≠a la sangre de los abusos que sufri√≥ durante a√Īos fingiendo tener una familia feliz. Para muchas personas algunas acciones son crueles, pero a veces tiene una raz√≥n dolorosa, y no por decir que lo olvidemos, lo haremos, apoyar es la clave, aprender a sentir empat√≠a es lo que nos falta para hacernos llamar humanos.

# 168 Francisco Javier Rodenas Micó

 

El regreso

¬ŅPor qu√© no acabar en el fondo del Tormes? No hab√≠a nada que se lo impidiera. Estaba seguro de que la depresi√≥n que lo ten√≠a sometido no se decidir√≠a a zambullirse con √©l en las g√©lidas aguas del r√≠o que discurr√≠a a sus pies. Solo un salto, unos cent√≠metros que sus pies reduc√≠an con la calma precisa. Fue entonces cuando oy√≥ un jadeo apagado. Poco despu√©s, el atleta apareci√≥ entre la bruma. Fibroso, decidido. Luego, vinieron muchos m√°s y la intimidad del suicidio se convirti√≥ en un desconcierto c√≥modo. Instintivamente, sus piernas iniciaron la marcha y √©l se dej√≥ llevar. Se uni√≥ al grupo como si fuera uno m√°s y recorri√≥ el escaso par de kil√≥metros que quedaban para la meta. Y cuando lleg√≥ al final, continu√≥. Ahora ya no hab√≠a meta. Solo un nuevo comienzo, un regreso hacia el que esperaba seguir corriendo el resto de su vida.

# 167 Christian Jiménez Kanahuaty

 

Profesional

Viendo las noticias en la televisi√≥n, pretend√≠a estar tranquila, pero se sent√≠a como un tren de alta velocidad a punto de descarrilarse. Tras su divorcio los d√≠as no hab√≠an resultado f√°ciles. Se levant√≥ y camin√≥ hasta el ba√Īo. Mir√≥ su rostro reflejado en el espejo y se sinti√≥ bella por vez primera. El traje de atletismo con colores estridentes lo ten√≠a listo desde la primera hora de la ma√Īana. Colgaba de un gancho en la puerta de lo que antes fue su escritorio. Deseaba dormir. Ma√Īana ser√≠a el gran d√≠a. Retir√≥ la colcha. Record√≥ a sus padres y las fantas√≠as escolares. Im√°genes mezcladas en el √ļltimo fogonazo de lucidez. La noche fue compacta y ning√ļn sonido la interrumpi√≥. En el despertador la hora era exacta. Ya vestida sali√≥ de casa. Al cruzar la calle vio que, en su restaurante favorito, su ex marido desayunaba mientras le√≠a un libro japon√©s.

# 166 Juana Mar√≠a Igarreta Eg√ļzquiza

 

Victoria sobre el miedo

Victoria siempre sal√≠a de casa de su abuela con nuevas monedas en el bolsillo y las mismas advertencias en los o√≠dos; y conforme aumentaban sus ahorros, tambi√©n lo hac√≠an sus miedos. Muerta la abuela, una madrugada, enfrent√°ndose decidida a las sombras que preceden al d√≠a, la joven se acerc√≥ a la ciudad. Un cartel con nombre de santo llam√≥ su atenci√≥n. Cerca del r√≠o Tormes, entr√≥ en una zapater√≠a y compr√≥ unas flamantes deportivas rojas. Movi√©ndose veloz sobre sus zapatillas y rodeada de gente que compart√≠a la misma afici√≥n, en poco tiempo se sinti√≥ renovada, logrando dosis inesperadas de confianza y seguridad en s√≠ misma. Cada a√Īo participa en la San Silvestre Salmantina y dedica la carrera a su abuela. Lo que m√°s siente es no poder contarle que gracias a sus monedas se anim√≥ a correr. Y que en sus deportivas ya no hay sitio para el miedo.

# 165 MARIA NIEVES SORIA SOMOLINOS

 

FECHAS

Vuelve a mirar el d√≠a y la anotaci√≥n en el calendario ¬ę26 de diciembre carrera de San Silvestre¬Ľ ¬°tambi√©n es casualidad hoy precisamente! Meses entrenando con todo preparado: la mente, el cuerpo, el equipo, las zapatillas, el dorsal‚Ķ pero habr√° que esperar a la convocatoria del pr√≥ximo a√Īo. Hoy la vida llama urgente, tiene prisa por llegar, se ha adelantado m√°s de quince d√≠as. √Čl quiere y tiene que estar ah√≠ acompa√Īando a su mujer. Viviendo y apoyando la carrera por nacer de su hijo; extendiendo sus manos para recibirlo en la meta del mundo con toda la ilusi√≥n, con todo el amor. No, √©l no va a correr hoy, pero tampoco olvidar√° nunca esta fecha: el d√≠a de la llegada de un nuevo campe√≥n a la familia.

# 164 Axel Lira

 

Un paso

Todos nos ponemos en marcha, comenzando con el primer paso. Paso a paso, avanzamos, como hicieron muchos por aquel puente anciano. A veces damos grandes pasos, como aquellos astronautas del pasado. Quiz√°s demos alg√ļn peque√Īo salto, como una rana en su charco. Y a pesar de intentar evitar el √ļltimo paso, sin darnos cuenta lo esperamos emocionados. As√≠ es como la vida nos quiere mostrar, la belleza de este ciclo circular.

# 163 Jennifer J√°tiva Lorente

 

Imposible

La lluvia tambi√©n quer√≠a ganar. Quer√≠a participar en la carrera, saber qu√© se sent√≠a con una medalla al pecho. Y comenz√≥ poni√©ndole a la ma√Īana un techo gris, y luego chispeando discretamente, para acabar anegando campos, piedras, recorridos, almas y sendas. Quer√≠a llegar a la meta la primera, la lluvia. Lo deseaba de coraz√≥n. Y ca√≠a con todo el √≠mpetu de que se ve√≠a capaz, ca√≠a vertical como una espada sobre las calles salmantinas, m√ļltiple como un diluvio. Pero era un imposible, no avanzaba, no llegaba: la lluvia no hab√≠a aprendido ‚Äďa√ļn‚Äď el milagro de la horizontalidad.

# 162 Celino Gracia S√°ez

 

Volver

No iba a terminar la carrera. Tanto campo recorrido, tanta ruta ensayada, tanto pe√Īascal partido en dos a golpe de pulm√≥n. Pero no iba a terminar. Tantas tardes de lluvia, barrizal y entreno, tantos fr√≠os en el cuerpo, tanto ah√≠nco en los pies. Tanta soledad dibujada sobre los perfiles de Salamanca, y tanta velocidad en la sangre, en los ojos, en los pliegues de la cara. Era viejo ya. No sab√≠a si podr√≠a volver. Pero no iba a terminar. Y eso que a√ļn ten√≠a fuerzas en las piernas, que la ruta estaba clara, que ya ve√≠a la meta. Pero no, no iba a terminar la carrera. Hab√≠a aprendido, a su edad, que un prop√≥sito cumplido era un sue√Īo abandonado. Y √©l quer√≠a, al a√Īo siguiente, seguir so√Īando.

# 161 Rocío Serrano

 

Ya ganamos, negra.

Casi no veo la meta. Las l√°grimas me nublan la vista y s√≥lo puedo guiarme por los manchones borrosos y las voces de los presentes. ¬ŅC√≥mo termin√© ac√°? Ni una sola vez me imagin√© participando, ni una sola; y, sin embargo, ac√° estoy, a mis 60 a√Īos rompiendo todos mis esquemas. El tramo final se me hace eterno; me falta el aire y siento que no llego. Cierro los ojos y pienso en tu sonrisa, en las ganas que le pon√≠as a entrenar un poquito cada d√≠a, en la emoci√≥n que te desbordaba cuando corr√≠as. Porque eras la imagen m√°s bonita con el pelo revuelto y la postura firme. Porque a√ļn no caigo en que ya no est√°s. Porque hoy no podemos celebrar juntas, pero corro en tu lugar, y gano aunque llegue √ļltima. Porque te siento aunque no te veo. Por todo esto la victoria es nuestra.

# 160 David Gonz√°lez Lago

 

Un tipo duro

Me gusta escuchar m√ļsica durante las carreras importantes. Cuando localizo a alguien corriendo tambi√©n con auriculares, juego a adivinar qu√© banda sonora llevar√°. Es dif√≠cil deducirlo por la est√©tica; los runners parecemos todos iguales, con nuestras zapatillas Asics o Salomon y nuestra ropa fosforita. Sin embargo, aquel chico con pinta de hipster (esas barbas no deben ser nada aerodin√°micas) seguro que va escuchando m√ļsica indie. Apostar√≠a por un grupo como Le√≥n Benavente. ¬ŅY aquella chica rubia? No s√© por qu√©, pero le veo aires de reggaetonera. ¬ŅMaluma? ¬ŅKarol G.? Me planteo qu√© pensar√°n los dem√°s corredores sobre m√≠. Probablemente piensen, al verme tan tatuado, que voy escuchando rock duro o heavy metal. Pobres. Ninguno adivinar√≠a que son los villancicos navide√Īos de Michael Bubl√© los que marcan mi ritmo. Soy un tipo duro, s√≠, pero la San Silvestre Salmantina es una cita especial. Hay que saber adaptarse a cada situaci√≥n.

# 159 Sonia Villero Luque

 

Cig√ľe√Īa, cangrejo, toro y lince

Este a√Īo lo conseguir√≠an. Llevaban entrenando desde verano, domingo tras domingo, al abrigo de la madrugada, tr√°nsfugos de c√°maras y curiosos. Hab√≠an ganado en salud. No hab√≠a m√°s que verlos. Estaban menos r√≠gidos y transpiraban much√≠simo mejor (que el ejercicio no hace milagros, claro). Estaban m√°s lozanos y lustrosos. Bueno, no todos. Liebre no se hab√≠a librado del manoseo ni de su lamentable estado, no en vano no hab√≠a sido invitada al entrenamiento. Su martirio era fruto de su fama. Aunque para ser honestos, todos luc√≠an con cierto orgullo sus heridas de guerra: el toro mutilado, el lince sin cigarro, y el cangrejo sin su pinza izquierda. Y los que no las ten√≠an, como cig√ľe√Īa, mostraban t√≠midos las huellas del paso del tiempo y los residuos de p√°jaros. Esta iba a ser la carrera de los marginados, de los olvidados, de los que no aparecen en las gu√≠as tur√≠sticas internacionales.

# 158 Miguel Alfredo Quispe Perez

 

A POR ELLA, ESTE A√ĎO

Recuerdo que su rostro cuando se encontraba a unos pasos de m√≠, era tan hermoso como el arrullo de un suave viento de verano la primera vez que la vi. Recuerdo que esa vez cuando la vi al mirarme ella con complicidad en el trayecto sus pies no tocaban el suelo, sino que cuando pasaba unas flores y rosas sal√≠an del sendero. Un espect√°culo angelical que solo mis ojos la pod√≠an contemplar tan √°vidos de su belleza porque, aunque ella siempre estaba por en medio de los corredores, solo yo pod√≠a ver lo linda que era. Por eso, tratando de buscar con mis ojos prendados participo todos los a√Īos como hoy en el ‚ÄúSanS√≠l‚ÄĚ anual a la mujer que solo veo cuando estoy en competencia, pero que nunca logro alcanzar.

# 157 Wibo Sefeld

 

Entre el p√ļblico, tu sonrisa

Hoy, como cada noche, vuelvo a so√Īar el recorrido. Cada piedra me es familiar en un trazado urbano que solo Salamanca puede ofrecer. La gente con sus caras llenas de √°nimo y entusiasmo nos lleva en volandas. Dispuesto a cruzar la meta me despierto, como cada noche, con una pena indescriptible por no poder correr juntos nunca m√°s. As√≠ que vuelvo a cerrar los ojos para tomar de nuevo la salida. Quiero retroceder a toda costa. All√≠ veo de nuevo las calles, la gente y observo impotente como me adelantas con una gran sonrisa. S√© que en esta edici√≥n tambi√©n me acompa√Īas. Estar√°s all√≠, entre el p√ļblico, regal√°ndome una gran sonrisa desde tu silla de ruedas. La misma sonrisa que sue√Īo cada noche mientras me adelantas.

# 156 JOS√Č LUIS BARROS JUSTO

 

Prioridades

Alterio siempre fue el bravuc√≥n de la clase, el rey del guateque y el empresario de √©xito. Hoy, en la residencia, se autoconsidera el representante oficioso de todos los internos. Ayer intent√≥ provocarme: - ¬ŅA qu√© no tienes bemoles para anotarte a la San Silvestre? Lo que no esperaba fue mi contundente respuesta: - Si t√ļ participas yo estar√© ense√Ī√°ndote mi dorsal durante todo el camino. La carrera transcurr√≠a con normalidad. Alterio marchando unos metros por delante. De repente tropez√≥, y fue a dar con sus huesos a una cuneta repleta de helechos. Al pasar a su lado pude observar que el da√Īo era m√≠nimo, as√≠ que continu√© mi marcha. √Čl tambi√©n se reincorpor√≥ a la carrera. Poco antes del final, fing√≠ un vah√≠do y ca√≠ al asfalto. Alterio pas√≥ sin inmutarse y lleg√≥ primero a la meta. ¬°No est√°n los tiempos para perder al √ļnico amigo que me queda!

# 155 ELIA GARC√ćA SAURA

 

La Sansil del m√°s all√°

Dos despertadores, por si acaso. S√© que t√ļ no los necesitabas, pero ante mi primera vez, tem√≠a dormirme. Me coloco el dorsal con tu n√ļmero de siempre. Los organizadores de la carrera me lo reservaron al saberlo. Mis ri√Īones me permiten moverme r√≠tmicamente; lo he comprobado estos √ļltimos meses, no sin asombro. Sabes que yo de atleta no ten√≠a ni un pelo. ¬ŅTe acuerdas cuando brome√°bamos sobre c√≥mo la carga gen√©tica deportista se hab√≠a quedado en tus entra√Īas? Mi trote m√°ximo estaba en 60 pasos por minuto. Y t√ļ, c√≥mo re√≠as... Hasta que la nefropat√≠a cr√≥nica se revel√≥. Tus a√Īos de corredor de la San Silvestre Salmantina se truncaron por una miocarditis a finales de febrero. Eras mi donante programado, y yo sin saberlo. Desde hace tres meses no paro de correr, me parezco a ti; estar√≠as orgulloso, pap√°. Tu alma inmortal se agitar√° hoy sudorosa de nuevo. Gracias.

# 154 CANDELA AREVALILLO D√ćAZ

 

EL √öLTIMO KIL√ďMETRO

EL √öLTIMO KIL√ďMETRO ¬°Hasta San Silvestre hab√≠a cruzado ya la l√≠nea de meta!, pero √©l, que llevaba much√≠simos a√Īos sin participar en una carrera, enfilaba a√ļn los √ļltimos metros. Sent√≠a las voces de √°nimo y los aplausos admirables mientras sus piernas flojeaban y el aliento se le cuajaba en los pulmones. Se acord√≥ otra vez de Julia, que habr√≠a terminado hac√≠a m√°s de media hora. La buscaba entre el p√ļblico clamoroso, tratando de no perder el paso y seguir adelante. Ahora no era como entonces, cuando de joven hab√≠a competido con buenas marcas en cientos de carreras. Entrenaba a diario y se dejaba la piel en los caminos y en las pistas de atletismo: cuestas, series, kil√≥metros y kil√≥metros a la vista. ‚ĒĬ°Vamos, abuelo! Se le erizaron los poros, y sus ochenta a√Īos se convirtieron en veinte al distinguir, ya enmarcada en el ch√°ndal, la cara emocionada y alegre de su nieta.

# 153 SONIA MARTIN PEREZ

 

ZAPATOS DE TAC√ďN

Unos zapatos de tac√≥n son los culpables de que est√© aqu√≠. Concretamente unos de charol negro y altura considerable. Tras una tediosa jornada de trabajo encaramada a esos instrumentos de tortura, fui consciente de que en alg√ļn momento de mi vida me hab√≠a perdido. O como m√≠nimo desviado del camino. La vivaracha cr√≠a que pasaba el tiempo echando carreras no casaba con la imagen de se√Īora estirada que me devolv√≠a el espejo. Dispuesta a solucionarlo al llegar a casa rescat√© mis viejas deportivas. Ellas se pusieron pronto al d√≠a. A m√≠ me cost√≥ un poco m√°s. Pero cada paso que daba me acercaba a la ni√Īa que hab√≠a sido y, sobre todo, a la mujer que quer√≠a ser. Hoy, en mi Salamanca natal, siento que vuelvo m√°s que nunca a mis or√≠genes y a la vez avanzo hacia la meta que siempre desee y que en alg√ļn momento hab√≠a olvidado

# 152 Alejandro Dario Restuccia

 

ILUSION

ILUSION En el kil√≥metro dos ,su estilizada figura se perdi√≥ en la multitud an√≥nima . Comenc√© a correr con energ√≠a inusitada y sobrepoblado de alv√©olos , sent√≠ una vitalidad sin l√≠mites. Uno a uno ,de a diez y de a veinte, fui rebasando atletas . Un simp√°tico alimoche miraba azorado . No hab√≠a sudor, ni hab√≠a fatiga ; todo mi ser era vitalidad extrema. A√ļn el gent√≠o encubr√≠a su anatom√≠a , pero bien sab√≠a yo , que aquella sudadera que hab√≠a encumbrado sus ojos en el momento de la inscripci√≥n , estar√≠a camuflada en un aro iris de infinitas indumentarias multicolores. Segu√≠ , a pesar de una creciente taquicardia amenazante ,cuando el raudo keniata debi√≥ hacerse a un lado en la instancia final. Abruptamente, alguien abri√≥ los postigos y un contundente haz de sol ceg√≥ mis ojos, cuando mi madre trajo el desayuno, antes de la competencia .

# 151 Juan Manuel Herrero Escribano

 

Es la de mi ciudad

La tarde anterior siempre, y ya es tradici√≥n, la paso muy nervioso, y me encuentro fatal. Lo s√©, es s√≥lo una carrera m√°s, ¬°¬°pero esque es la San Silvestre Salmantina!! ¬°¬°es la de mi ciudad!!. Es pensarlo y la presi√≥n cada vez crece m√°s, y m√°s, y no es por ganar, ¬°¬°, ojal√° fuera!!. Es porque siento una emoci√≥n especial al pasar por esos lugares tan emblem√°ticos, que atesoran tantos recuerdos de mi ni√Īez, y hacerlo corriendo con mis propias piernas, y mis propios pies, siendo uno m√°s entre la multitud, sinti√©ndome otro normal, sin m√°s, valorando y disfrutando mi buena salud actual, dejando ya muy atr√°s cuando s√≥lo pod√≠a recorrerlos en aquella silla de ruedas por culpa de una maldita enfermedad, que afortunadamente ya es pasado, aunque siempre la tenga tan presente.

# 150 B√°rbara S√°ez Vidal

 

empiezo orgulloso a correr

Finales de octubre. Se anuncia. Me inscribo. Este a√Īo s√≠. Cuando me amenaz√≥ la COVID lament√© mis excusas anteriores. Esta vez no ser√© un simple espectador del orgullo ajeno. Participar√©. Correr o andar a igual. Acabar. Aunque no tengo zapatillas. Bueno, tengo, pero noto casa piedrecilla. Necesito una nuevas, y buenas. No tengo rodillas para menos. Pierdo la primera tarde en internet. Tardan cuatro d√≠as, dos con recargo. Las pido y salgo a correr. No me tratan mal mis viejas zapatillas, pero mis piernas y pulmones se vengan de mi eterna pereza. Ducha y cabezazo en la almohada. Ronco. Segundo d√≠a no es mejor. El tercero llegan mis zapatillas. Preciosas. Brillan. Corro sobre almohadillas, aunque me llagan. Tiritas. Crema. Ronquidos. Mucho de todo cada d√≠a hasta la Sansil. Nervios. Colas. N√ļmero. Mucha gente. No me concentro. Nervios. Me preparo y miro mis zapatillas. Est√°n sucias y descoloridas. Sonr√≠o y‚Ķ

# 149 Francisco Javier Igarreta Eguzquiza

 

La liebre.

Aquel a√Īo no estaba muy animado a disputar la "Sansil". Pero a primeros de diciembre tuvo que desplazarse a Salamanca, y tomando caf√© en la Plaza Mayor, entabl√≥ conversaci√≥n con un joven somal√≠. Por unos euros le cont√≥ su vida y pudo ver sus pies, tallados en una constante hu√≠da. "Yo siempre correr", dec√≠a, rematando la frase con una risa cantarina. Aqu√©llo le anim√≥ a participar. Iba bastante rezagado cuando coloc√°ndose tras la risa que le pas√≥ por la derecha fue adelantando posiciones. Extenuado entre los aplausos tard√≥ en percatarse de que hab√≠a ganado la San Silvestre Salmantina.

# 148 Julio CASTA√ĎO POMBO

 

DECEPCI√ďN

DECEPCI√ďN Despert√≥ con ojos llorosos y m√°s encogido que la redondez del erizo. Salt√≥ de la cama, descorri√≥ el visillo, vio la calle con bullicio y mojada la calzada. Se prepar√≥ para la carrera de San Silvestre, la dieta la hab√≠a llevado a rajatabla y todo presum√≠a que har√≠a una excelente carrera dada su concienzuda preparaci√≥n. La ma√Īana hab√≠a ido empeorando, fr√≠a, muy ventosa, con lluvia. No importaba. Erra avezado en estas preparaciones Se consideraba una Alcides. Pero he aqu√≠ que cuando va a abrir la puerta, los ataires de la puerta se le vienen encima de la pierna ocasionado por el fort√≠simo viento con resultados desastrosos. Vendaje al momento, masaje, analg√©sicos pero todo era en vano. La preparaci√≥n que tiempo atr√°s hab√≠a hecho qued√≥ anulada por el desprendimiento de las molduras que, curiosamente, la noche anterior, hab√≠a colocado en una de ellas la siguiente frase: ‚Äú¬°A las circunstancias las venzo!‚ÄĚ

# 147 Francisco Javier Igarreta Eguzquiza

 

La liebre.

Aquel a√Īo no estaba muy animado a disputar la "Sansil". Pero a primeros de diciembre tuvo que desplazarse a Salamanca, y tomando caf√© en la Plaza Mayor, entabl√≥ conversaci√≥n con un joven somal√≠. Por unos euros le cont√≥ su vida y pudo ver sus pies, tallados en una constante hu√≠da. "Yo siempre correr", dec√≠a, rematando la frase con una risa cantarina. Aqu√©llo le anim√≥ a participar. Iba bastante rezagado cuando coloc√°ndose tras la risa que le pas√≥ por la derecha fue adelantando posiciones. Extenuado entre los aplausos tard√≥ en percatarse de que hab√≠a ganado la San Silvestre Salmantina.

# 146 Maximiliano Abel Gonz√°lez

 

LA CARRERA

Se inscribi√≥ siendo un ni√Īo, pero al empezar a correr empez√≥ a cambiar. Lleg√≥ al puente romano y ya era un adulto. Desde all√≠ pudo ver el paisaje con m√°s calma y decidi√≥ ir m√°s despacio. Al finalizar en la meta sus nietos lo esperaban felices. Satisfecho de pasos y a√Īos, decidi√≥ que esa ser√≠a su √ļltima carrera.

# 145 Ana María Abad García

 

HE VUELTO

Hace fr√≠o, soy consciente de la punzada en mis pulmones a cada bocanada de aire que aspiro en la g√©lida noche salmantina. Hace fr√≠o y, sin embargo, sudo. Siempre me gust√≥ correr, me sentaba bien, me limpiaba por dentro, me hac√≠a ver las cosas m√°s claras. Tras el accidente pens√© que no volver√≠a a hacer deporte pero aqu√≠ estoy, en medio de esta apretada multitud, sintiendo de nuevo la velocidad rugir en mis venas, sonriendo a los espectadores de la San Silvestre que, fieles a su cita anual, animan a los corredores en cada avenida, en cada esquina, en cada plaza. Por fin enfilo el Paseo de San Antonio, tres a√Īos despu√©s de la √ļltima vez, y alzo los brazos al cielo, los dedos entumecidos, el alma vibrante, dejando que la silla de ruedas se deslice suavemente hasta cruzar la l√≠nea de meta.

# 144 Ludmila Dafne Trezza

 

Mucho mas que un hobbie

Correr te cambia la vida, me dijeron. Yo estaba un poco escéptica, claro. Pero la realidad es que tan lejos de la verdad no estaban. Al principio el calor abrumador parece ser una excusa aceptable para no ir a entrenar, así como también los días de frio o de lluvia. Hasta que salís de la zona de confort y correr se vuelve parte de tu rutina: de a poco vas mejorando tus tiempos, te vas equipando con mejores zapatillas, te unís a grupos en las redes donde runners de todo el mundo comparten memes, información sobre competencias, consejos… Un día estas en la cama pensando si salir o no salir a entrenar… y un día estas corriendo en las calles de Salamanca, pareciéndote mentira lo lejos que llegaste y lo mucho que creciste, -no solo como runner- sino como persona.

# 143 Yony Saavedra López

 

Corriendo por un corazón

Ella tan diosa y yo un simple mortal. ¬ŅMi pecado? Haberme enamorado perdidamente de su belleza sin par. Un nefasto d√≠a terminamos y, no le bast√≥ con irse, me abri√≥ el pecho y se rob√≥ mi coraz√≥n, dej√°ndome completamente vac√≠o. Llevo semanas busc√°ndolo en pa√≠ses, planetas y galaxias enteras; hasta que me cuentan que lo han visto en Espa√Īa. Una emoci√≥n indescriptible me embarga, mientras mis pies alados surcan raudamente las calles de Salamanca. Un mar de atletas ‚Äúvuela‚ÄĚ a mi alrededor. ¬ŅQu√© sucede? Alguien grita que se trata de la marat√≥n ‚ÄúLa San Silvestre Salmantina‚ÄĚ. Tantos a√Īos de espera y, por fin, presente en una prueba marcada a fuego; pero a m√≠ solo me importa recuperar algo que me pertenece y que se encuentra levitando en la mism√≠sima meta. No obstante, al verlo de cerca, retrocedo horrorizado. Ya no es un coraz√≥n que irradia puro amor, sino uno podrido.

# 142 Cristina Filardo Llamas

 

Latido a Latido

Los primeros pasos fueron dif√≠ciles. Comenc√© caminando. Poco a poco. Paso a paso. Latido a latido. Sentir movimiento en mis piernas, el coraz√≥n acelerando y los pulmones llen√°ndose de ox√≠geno. Ha pasado m√°s de un a√Īo. D√≠as de miedos e incertidumbres. Batas blancas, mascarillas, bolsas de basura y voces alrededor. La soledad de estar boca abajo en salas desconocidas. La ausencia de una mano querida que sostenga los dolores. La presencia irremediable de un virus peligroso y la inseguridad de no saberse un claro vencedor. En mitad de la batalla, un recuerdo, muchas emociones. Sentir el aire en la cara, el bullicio, la alegr√≠a, escuchar voces de √°nimo y disfrutar de los disfraces asistentes. Aquel recuerdo me salv√≥, me aferr√© como naufrago en mitad de la tormenta. Gracias a √©l, soy feliz en una carrera. Gracias a √©l, hoy me siento vivo en mitad de la San Silvestre Salmantina.

# 141 José Luis Sánchez Martín

 

OTRO A√ĎO SER√Ā

Este a√Īo me he preparado a conciencia, para llegar al 26 de diciembre, por lo menos, en pie. Una enfermedad que causa v√©rtigo, ubicada en la zona interior del o√≠do derecho, me deja en el banquillo de animador. No faltar√©. Despu√©s de 35 a√Īos participando, solo me queda la esperanza de estar entre el p√ļblico. En la vuelta popular del 28 de diciembre de 1986, " III Sansil ", no hab√≠a grandes pretensiones, pero si ilusi√≥n. J√≥venes ingenuos, con caracteres deportivos, muy aficionados al atletismo, nos hab√≠amos criado corriendo en el barrio del Rollo. Ese d√≠a empez√≥ con algo de niebla, fr√≠o l√≥gico y poco viento. All√≠ est√°bamos, a las doce horas en el Paseo de San Antonio, un pelot√≥n de camisetas de mangas largas, pantalones cortos y guantes de lana. Vestimenta en nada comparable con la actual, por no hablar del calzado. De salida aceleramos a tope...

# 140 Sofia Cruz Lozano

 

Caer

Ca√≠. El suelo rompi√≥ mis rodillas cansadas. Hac√≠a a√Īos que no sent√≠a la sangre en mis piernas. Me record√≥ a la ni√Īez. Mir√© hacia arriba, la meta estaba all√≠ mismo, fuera de mi alcance. Hasta que alguien me levant√≥ y me llev√≥ hasta ella. Cada m√≠sero y doloroso paso. Me dej√≥ con una enfermera en cuanto cruzamos el arco, me sonri√≥, y nunca m√°s volv√≠ a verle.

# 139 Alfredo Amado Duran

 

" Una San Silvestre Virtual"

- Perd√≥n profesor, ¬Ņqu√© es un metaverso? - Puf‚Ķ Vamos a ver, c√≥mo te dir√≠a yo‚Ķ. a ti te gusta mucho el Cine, ¬Ņverdad? - - S√≠. Mucho. - Pues el metaverso es Matrix elevado a su m√°xima potencia. - ¬ŅUn mundo virtual? - Un mundo virtual y m√°s. Un mundo virtual en el que podr√°s interactuar, modificar, sentir como real. - ¬ŅComo un avatar en Avatar? - Eso es. Entras con el avatar que elijes y construyes con √©l tu propia realidad. - ¬ŅAs√≠ de f√°cil? Todo el mundo querr√° cambiar la skin. - Bueno, habr√° que pagar. Siempre hay que pagar‚Ķ Pero dime: ¬ŅEn qu√© metaverso te gustar√≠a vivir esta navidad? - Pues‚Ķcorrer√© la San Silvestre. Ganarla tiene que flipar. Aunque‚Ķ ¬Ņc√≥mo se har√° de forma virtual? - Ay amigo m√≠o! Creo que esto no cambiar√°: real o virtual, si quieres ganar, tendr√°s que sudar, sudar y sudar.

# 138 JAVIER AMADO

 

"SUE√ĎO DE NAVIDAD"

Se lo pidi√≥ a Papa Noel. ¬° Lo deseaba tanto!, ¬°lo hab√≠a so√Īado tanto! Quer√≠a correr. Era, por abreviar, su √ļltima voluntad. Pero Noel, agotado, exhausto, ya no escuchaba m√°s. - Me hago viejo ‚Äď se dec√≠a- tengo que parar-. En la plaza de los Milagros se sent√≥ a descansar. Se quit√≥ las botas m√°gicas. Se durmi√≥ en un plis-plas. Logr√≥ escabullirse. La vigilancia no es tan severa en Navidad. Dej√≥ atr√°s el recinto; baj√≥ por San Vicente; entr√≥ en la plaza sin ninguna novedad. Ni un alma en las calles; s√≥lo un hombre disfrazado, resacoso quiz√°, dorm√≠a descalzo junto a la estatua central. Se acerc√≥; se prob√≥ sus botas: suaves, c√°lidas, veloces. Su oportunidad. Cuando, a√ļn en el p√≥dium, los aplausos cesaron y la sirena de la ambulancia se hizo notar, vio subir despacito al hombre descalzo del disfraz. ‚Äď V√°monos ya - le dijo ‚Äď el cielo no puede esperar-.

# 137 María Teresa Arrioja Guerrero

 

Lo importante es competir no ganar

Al gatear una t√≠a me apodo Terremotito, me comenta era por la velocidad con que le hac√≠a. Mi mamacita la r√°pida mal hecha, ya que todo a velocidad terminada y sin esmero. En el trabajo Bip Bip, Correcaminos, Speedy Gonz√°les y La Novicia Voladora. Gustaba caminar a velocidad. En sexto de primaria realizaron competencia atl√©tica de 100 metros, ganando medalla de primer lugar. Deseaba ser corredora y fue hasta los 19 a√Īos que logr√© mi prop√≥sito, era de las mayores del equipo y debido a mi edad compet√≠a en categor√≠a abierta d√≥nde compet√≠an las clasificadas, por lo que mi desempe√Īo fue mediocre, solamente lograba premiaci√≥n al no ser de alto nivel. Disfrut√© tanto esa √©poca de m√≠ vida, el cansarme y sudar me relajaba. Ahora a mis 72 a√Īos asisto al paseo ciclista dominguero pedaleando 2 horas y no utilizo el auto de poder hacer el recorrido a pie.

# 136 María Rosa Cadena Vargas

 

Dar cuerda a tus piernas, en tiempos de pandemia

Recuerda esto: cuando corres a primeras horas de la madrugada, te regalas un pedazo de cielo, una r√°faga de aire, un arco iris de colores imposible de imitar. Y con el amanecer, empieza a hacerte compa√Ī√≠a las voces de la gente, el ruido de la puertas. El atletismo, para mi, es un respiro de alegr√≠a, un ritmo card√≠aco regular y una sonrisa que dura todo el d√≠a. Es un tiempo en el que te regalas -tu debes saberlo-, una confesi√≥n de fuerza de voluntad, un segundo de confianza, una experiencia de fortaleza. Correr en tiempos de pandemia, es la certeza de volar, aunque sea solo por dos horas.

# 135 Yara Alejandra Taboada Cabrera

 

¬ŅPor qu√© hago esto?

¬ŅPor qu√© estoy haciendo esto? ¬ŅPor qu√© me arriesgo a perder esta carrera? Tal vez sea la esperanza que mis padres han puesto en m√≠; tal vez sea por los gritos de mi entrenador; pero, ¬Ņyo por qu√© hago esto? Escucho el silencio asesino de los √ļltimos segundos que me quedan antes de dar el primer paso a un futuro incierto. Pasan por m√≠ mente las im√°genes de mi madre apagando la televisi√≥n, apresur√°ndome para llegar al entrenamiento cuando ten√≠a 8 a√Īos. A√ļn huelo el smog que inund√≥ mis sentidos cuando bajaba del bus, hace apenas 2 semanas cuando iba con retraso a la pista. Todav√≠a puedo recordar a los hombres que me segu√≠an cuando sal√≠a de entrenar‚Ķ Y entonces recuerdo por qu√© hago esto. Ahora solo debo hacer exactamente lo mismo que hice en aquellos momentos: Correr.

# 134 Sara Solla Refojo

 

Siendo conscientes

Calentamiento, trotes, apretar coleta, sorbo de agua y sonrisa oculta tras la mascarilla, todo preparado para escuchar el pum de la pistola retumbando por el paseo de San Antonio. La San Silvestre Salmantina ha calentado sus motores tras la impaciencia generada tras su √ļltima suspensi√≥n, y esta arranca en 3, 2, 1, ‚Ķ Atletas profesionales y corredores populares vuelven a estar unidos por, el no reconocido, octavo arte: el deporte. Este a√Īo no importa el dolor, no sentir las piernas o que el fr√≠o cale los huesos, este a√Īo lo que importa es que la sensaci√≥n de felicidad invada tu cuerpo necesitando gritar y llorar por poder estar ah√≠, vivo y notando como se eriza la piel con el solo hecho de escuchar los aplausos y √°nimos del p√ļblico. - ¬°Sara! ¬°Despierta! ¬ŅCon qu√© so√Īabas? ‚Äď So√Īaba con la libertad y el sue√Īo de muchas personas, cari√Īo m√≠o.

# 133 Yolanda Reig Otero

 

Os siento

He soportado el paso de peregrinos, resistido injustas guerras y dolorosas derrotas. He llorado equivocados juicios, sentido el traqueteo de carruajes y desafiado al caudaloso Tormes. He notado vuestras caricias, cuidados y mimos y el suave masaje de vuestras pisadas sobre mi sensible calzada. Soy de piedra robusta agrietada por el paso del tiempo, arrugada por el fr√≠o cierzo y el bochornoso serrano. Pero hace un a√Īo os ech√© de menos‚Ķ Fueron meses sin vuestro ajetreado ir y venir. Fueron d√≠as solitarios: el tajado verraco, el furioso Tormes y yo, solos, escuchando el silencio de la noche. Ahora os siento antes de que el sol se atreva a aparecer, os escucho jadear a cada paso de vuestra carrera al anochecer, noto c√≥mo vuestro sudor salado me golpea y penetra por mis poros. Me reconforta‚Ķ ahora s√© que nuestra Sansil multicolor masajear√° otra vez mi envejecida f√©lsica piel.

# 132 Ana Belen Diego Lopez

 

LA FIGURA DE DON MIGUEL

No se porque planea por mi mente la figura de Don Miguel ¬Ņser√° porque es 31 de diciembre? ¬Ņser√° porque hay niebla?, que h√ļmeda, se mete por la piel y por los m√ļsculos hasta instalarse en la ca√Īa de los huesos,, penetrando sigilosa como la fina hoja de un cuchillo. Hace fr√≠o en el Paseo de San Antonio. Es invierno y termina el a√Īo, otro m√°s, y la guinda a ese final es volver a correr, es de nuevo participar, por en√©sima vez, ¬°¬° es la gran San Silvestre Salmantina, de un prestigio total!! Y experimentar la sensaci√≥n de libertad siendo uno m√°s en esa gran marabunta multicolor que avanza alentada desde las aceras por fervorosas gargantas. Lo de menos es ganar, lo m√°s es disfrutar, recorriendo con un dorsal los m√°s bellos lugares de mi ciudad.

# 131 Javier Rodríguez Calero

 

Carrera Lograda

Su paso lento y firme hizo que cruzara la meta de la carrera cual buque rompehielos. Aquel d√≠a de calor ensordecedor, se hab√≠a jurado pintar el suelo de todo el trayecto con inmensas gotas de sudor. Tanto aire conquistado por una respiraci√≥n cortante, reseca, infinita, ahora daba paso a la calma. Mientras desanduvo los √ļltimos metros de la recta final sus sentidos se comprimieron en una argamasa de percepciones fugaces y densas; solamente atinaba a dejarse guiar por la inercia de sus piernas. Ni gritos, ni gestos, ni confeti volando en el cielo, nada lo distrajo de la profunda batalla sicol√≥gica que hab√≠a comenzado a librar desde el kil√≥metro cero. De repente silencio‚Ķ ¬°lo logr√≥! Ahora otras gotas emanadas de sus ojos inundaban el universo circundante, o acaso su universo interior. Aquel se convertir√≠a en uno de sus d√≠as m√°s felices. Nunca record√≥ en qu√© puesto hab√≠a acabado, nunca import√≥.

# 130 Tomás García Merino

 

EL REFUGIADO

Suena el disparo y arranco a correr. No miro hacia atrás. Amplío la zancada, sorteo los cuerpos, avanzo rápido, mi respiración se acelera, mis fuertes piernas me hacen volar. Ya no siento el peso del kalashnikov a mi espalda, metro a metro va disminuyendo la carga de las muertes en mi conciencia. Veo muchos rostros, me atrevo a mirarlos a los ojos, no veo miedo, ni odio, solo entusiasmo, alegría. Un rumor creciente llega a mis oídos: son aplausos, gritos de ánimo. Alguien pronuncia mi nombre a voces, otros le imitan. Cada vez la meta está más cerca, no sé si ganaré esta carrera, pero no me importa. Solo quiero correr en libertad por las calles de esta ciudad que me ha brindado una segunda oportunidad. Esta carrera me ha devuelto a la vida.

# 129 Ana Isabel Rodríguez Vázquez

 

Fenómenos naturales

Correr la San Silvestre es de las pocas cosas que todav√≠a seguimos compartiendo. El d√≠a amaneci√≥ tan fr√≠o como muestras √ļltimas conversaciones, con nubes negras que amenazaban con desatar su furia sobre nuestras cabezas. Al comienzo de la carrera avanzaste como un tornado, y te perd√≠ de vista entre la multitud. Mantuve el ritmo, y unos kil√≥metros m√°s tarde, te alcanc√©. El cielo se hab√≠a despejado, tus pasos se acompasaron a los m√≠os y llegamos juntos a la meta. Yo con un temblor de magnitud siete, a punto de derrumbarme, y t√ļ con los ojos inundados, derramando sobre el dorsal √°vidos r√≠os de agua salada. -No te preocupes, dijiste al abrazarme, solo son cuatro gotas.

# 128 María de la Paz Valero Uceda

 

Reencontrandome

Y como cada a√Īo volv√≠a‚Ķ Ya llevaba a√Īos fuera de Salamanca, pero nunca faltaba a la San Silvestre, all√≠ volv√≠a con los m√≠os, con mi gente, con mis amigos de ni√Īa y mi familia, a la cual por motivos de trabajo muy poco pod√≠a ver, pero si algo sab√≠an que en esa fecha volver√≠a. Era mucho m√°s que una carrera, era sentirme libre, alejada de aquel estr√©s que ten√≠a lejos de all√≠, entre sus calles me sent√≠a feliz. Sin embargo un d√≠a todo cambi√≥... El silencio se impuso, un maldito virus nos confinaba en casa, quit√°ndome la oportunidad de hacer lo que desde ni√Īa hab√≠a hecho, en esos meses de soledad encerrada en mi apartamento comprend√≠ que era mucho m√°s que una carrera, la San Silvestre era mi nexo de uni√≥n con lo que en verdad nunca deb√≠ de dejar de ser‚Ķ YO MISMA.

# 127 Fabiola Moreno C

 

Aleph: El sue√Īo de la carrera

Al dar la vuelta en el carril interior de su pista convencionalmente mereci√≥ los 400 metros, lo que equivaldr√≠a a menos de 8 pies a un cuarto de milla. A medida que la distancia de la carrera se estandarizo internacionalmente, la pista de 440 yardas (cuarto de milla), que era el est√°ndar en su Espa√Īa del alma, hasta d√©cadas recientes, fue eliminada. Cuatro vueltas de una pista al aire libre fue equivalente a 1600 metros; esto es 9.3 metros, o poco m√°s de 30 pies, menos de una milla. La fuerza equivaldr√≠a a un lugar de la masa por la aceleraci√≥n, todo estaba ya calculado, cuando de arranque se trate solo ser√≠a calcular la velocidad, y pasa cada pierna en un vector midiendo cada paso el desplazamiento sobre cada tiempo. Ritmos de contracciones y la relajaci√≥n de sus quinientas formas de manifestar el querer ser una carrera al tiempo.

# 126 Ana Esther Méndez Romón

 

No somos nadie

Este a√Īo, por fin, vamos a debutar. Durante mucho tiempo hemos sido pioneras en traspasar la imaginaria frontera de partida que separa la quietud de la agilidad. Las primeras en galopar sobre rutilantes adoquines y en deslizarse a lo largo del terso y contundente asfalto. ¬°Ah! ¬°Qu√© placer proporciona el chasquido de la goma percutiendo sobre el empedrado, delineando hipot√©ticas v√≠rgulas que se entremezclan con las sombras. Y de pronto, una √ļltima exhalaci√≥n, un postrero impulso, el final de una epopeya. Atravesamos la meta, la gesta est√° cumplida. Cantar√°n loas que proclamen nuestro vigor, las cr√≥nicas ensalzar√°n nuestra generosa entrega. Presentimos que el momento est√° pr√≥ximo. Ferm√≠n abre la puerta, se acerca descalzo con su atav√≠o, toma su dorsal de la San Silvestre Salmantina y... Escoge a otras, unas playeras m√°s tiernas que nosotras, de color tentador y con bandas de rodadura inc√≥lumes. Nuestro lance ha concluido. No somos nadie.

# 125 Iara Schusman Nadler

 

Alma deportista

Gris, aburrida, triste. Tres palabras sencillas que defin√≠an con precisi√≥n la vida de Juan en el amargo a√Īo 2021. A sus 78 a√Īos de edad, su rutina diaria se hab√≠a vuelto tan mon√≥tona que su propia existencia le resultaba abrumadora. Una gris tarde de diciembre, se encontraba caminando por la calle cabizbajo. De pronto, visualiz√≥ un cartel pegado en el tronco de un √°rbol. Intrigado, se arrim√≥ a la carta y, con delicadeza, la despeg√≥ de su sitio. Con los ojos entrecerrados, se dispuso a leer: "Carrera San Silvestre Salmantina- edici√≥n 2021- este mes. Inscripciones abiertas". Al haber finalizado de analizar la noticia, Juan esboz√≥ una sonrisa esperanzada. Tal vez esa era la oportunidad que hab√≠a estado esperando tan fervientemente‚Ķ Felicidad, energ√≠a, dicha. Al participar en la carrera, Juan experiment√≥ sensaciones que no percib√≠a desde hace mucho tiempo. Se sent√≠a bien, se sent√≠a vivo. Su alma deportista volv√≠a a resplandecer.

# 124 ANTONIA M√ĀRQUEZ ANGUITA

 

A√ĎO NUEVO Y SAN SILVESTRE

A√ĎO NUEVO Y SAN SILVESTRE No soy de Salamanca. La he visitado en varias ocasiones. Una ciudad alegre provocada por los j√≥venes universitarios que se re√ļnen en la Plaza Mayor y donde cada a√Īo celebran el a√Īo nuevo a mediados de diciembre. El prop√≥sito: festejarla juntos. No ser√≠a posible hacerlo en otra fecha. La fiesta no ser√≠a masiva. La fecha que marca el calendario, centenares de j√≥venes dejan la ciudad para reunirse con sus familias de origen. En Salamanca dejan la otra familia, esa a la que se unen cuando llegan a universidad. Estoy muy orgullosa de mi tierra, Extremadura, pero siento envidia sana de Salamanca donde a la carrera de San Silvestre y a ‚Äúla llegada del a√Īo nuevo‚ÄĚ le ponen el coraz√≥n cada a√Īo. M√°s de treinta a√Īos corriendo por esa ciudad, con m√°s fuerza e ilusi√≥n desde que la pandemia impidi√≥ hacerlo hace un par de a√Īos.

# 123 Jes√ļs Franc√©s Due√Īas

 

Como un astronauta en una catedral

Cari√Īo, tenemos que hablar. S√≠, justo la v√≠spera de la San Silvestre, no puedo esperar m√°s. No eres t√ļ, soy yo, pero √ļltimamente te siento desdibujado, borrado y borroso, como algunos medallones de la Plaza Mayor. Absurdo, desafiante, siniestro y fr√≠o, como un drag√≥n comi√©ndose un helado de cucurucho. Te observo esquivo y desubicado, como una rana en una calavera. Te noto enigm√°tico, fuera de lugar y anacr√≥nico, como un astronauta en una catedral. Al d√≠a siguiente corr√≠ con todas mis fuerzas, pensando en tu portazo definitivo de anoche. Notaba una tuna desbocada rondando mi coraz√≥n y alas en los pies, pero solo era el cord√≥n desatado de mi zapatilla izquierda. Al llegar a meta iba en cabeza pero ocurri√≥ lo inevitable. Tropec√© entre el keniata y el et√≠ope y en la foto finish sal√≠ con el rostro movido, desdibujado, borroso y el dorsal ilegible .

# 122 M. Salvador Mu√Īoz

 

POLIZ√ďN

Anta√Īo el invierno presagiaba un d√≠a aciago para la colonia. Esta era esquilmada tras el paso de la estampida. En nuestro trayecto para hacer acopio de alimento cruz√°bamos a lo ancho el puente romano, era all√≠ donde cientos de humanos masacraban a mi especie. Nosotras corr√≠amos para sobrevivir, ellos por placer. Pero hemos sabido adaptarnos: cuando sentimos el terremoto, nos alineamos a lo largo del puente, hemos pasado de v√≠ctimas a espectadores. He nacido para ser reina. Necesito crear mi colonia lejos de aqu√≠. Me quedo quieta en medio de la calzada, espero a la zapatilla que acabar√° con mi vida o ser√° el transporte hacia mi destino. Mi suerte depende del tipo de suela, a m√°s surcos mis posibilidades aumentan, pues es ah√≠ donde debo aferrarme para no ser aplastada. Es la hora, tenso mis m√ļsculos. La deportiva nubla ya el cielo, es una Nike Pegasus n√ļmero 44.

# 121 Ismael López Martín

 

Sensibilidad en la sombra

Cualquier d√≠a es propicio para ir a Salamanca por primera vez; y si lo haces para correr su popular San Silvestre la ocasi√≥n se convierte en m√°gica. Tal cual. Ese encantamiento ya se aprecia en la salida, donde el aire huele a la emoci√≥n de todos los participantes. Desde el inicio me situ√© en el grupo de cabeza y sent√≠a que mis pies apenas rozaban el asfalto. Flotaba por sus calles llenas de historia como si mi cuerpo estuviera hecho de semillas de diente de le√≥n. Cuando llegamos a La Clerec√≠a, mi sombra, extasiada por la luz de ese momento se despeg√≥ de m√≠; y dijo que consideraba un sacrilegio no detenerse a admirar la apabullante belleza de esa calle. Me convenci√≥. Y as√≠ fue como perd√≠ una carrera, pero alcanc√© una meta fascinante; embelesarme en la mejor Compa√Ī√≠a.

# 120 Miguel √Āngel Moreno Ca√Īizares

 

Ellas

Encontrarlas se convirti√≥ en una obsesi√≥n. Lo hab√≠an vuelto a hacer. Al principio supuse que estar√≠an en alg√ļn lugar rec√≥ndito de la casa, en los armarios o en el trastero, pero no fue as√≠. Dediqu√© horas a rebuscar entre las bolsas de ropa usada dispuestas para el Punto Limpio. Mir√© en los muebles de la cocina, por si se hubieran mezclado con alguna compra. Desesperada, me afan√© en vaciar los cajones repetidas veces, desconfiando de m√≠ misma. As√≠ reaparecieron objetos olvidados. Hab√≠a pasado su √©poca, pero me emocion√≥ verlos. Era diciembre cuando di con ellas. Estaban en el jard√≠n, enraizadas entre los rosales y medio ocultas. ¬°Mis deportivas favoritas! Me llev√© una alegr√≠a que dur√≥ nada. Fui a por una azada, pero al regreso ya no estaban. De nuevo por la San Silvestre. Ellas corriendo por Salamanca, sin m√≠. ¬ŅC√≥mo se comportar√≠an? S√≥lo dese√© que arrancaran con buen pie.

# 119 Lydia Descals Samper

 

Por fin

En tu piedra y en tu entra√Īa, Salamanca, mis √ļltimos pasos son los primeros. Cuando el tiempo va muriendo y el futuro es incierto, t√ļ sigues fuerte y real. Me enraizo en tus calles, y cada pisada es una caricia de un ni√Īo a su madre. Recibo el dulce dolor de los tendones desgastados y las fibras inflamadas y me siento, por fin, a salvo. En tu historia y en tu silencio, Salamanca, cada zancada me acerca a la muerte. Dejo marchar el pasado, me entrego al olvido. El m√°rmol de tus cielos de esponja es un b√°lsamo para las heridas, y en la soledad del corredor me siento, por fin, en paz. En tu sangre y en tu calor, Salamanca, la senda es de ceniza y de ella resurjo. Alzo el vuelo, los pies alados, el alma libre. La meta al alcance, y me siento, por fin, en casa.

# 118 Juan Carlos Ramos Pérez

 

Ganadores

No siempre hay un gemelo bueno y uno malo como nos han ense√Īado las pel√≠culas. Carlos y Luis eran dos hermanos excepcionales. De ni√Īos llenaban sus estanter√≠as de trofeos y medallas y, de adultos, su excelencia deportiva les otorg√≥ una beca para estudiar en una de las mejores universidades del extranjero. Ese a√Īo, como cada Navidad, volv√≠an a casa y el recorrido por el patrimonio salmantino era toda una tradici√≥n. En la l√≠nea de salida, los m√°s competitivos se desalentaban al contemplar la musculatura atl√©tica de los hermanos y se consolaban los unos a los otros: ‚Äúlo importante es participar‚ÄĚ. Ambos lideraron toda la carrera pero en la √ļltima vuelta, Luis tropez√≥. Sin dudarlo, su hermano se fren√≥ para ayudarlo. Como siempre, cruzaron la meta juntos y, aunque esta vez ninguno de los dos subi√≥ al podio, sus padres nunca hab√≠an estado m√°s orgullosos.

# 117 NIEVES CASTA√ĎO POMBO

 

¬° A TRANCAS Y BARRANCAS !

Todo lo que necesito para echarme a correr lo tengo :ilusi√≥n, ganas, tiempo y zapatillas con cordones, bien anudadas, para dar sujeci√≥n al pie. Todo a punto para el "preparados, listos", ahora vislumbrando la meta y dejo el "ya" para el final. Una zancada tras otra y todo el cuerpo dispuesto para el tropiezo, el dolor, el latir cada vez m√°s acelerado del coraz√≥n, el salpicar de los charcos, el sentir h√ļmedo de la neblina, el ir viendo a diestro y siniestro, a quienes conozco y a quienes no, sin importarme que en este transcurrir me voy quedando rezagada, formando parte de las √ļltimas del pelot√≥n. Sigo avanzando, ahora una recta, despu√©s una curva, de repente una cuesta arriba ¬°uf! ya tocar√° bajar. Vislumbro la meta, otras cuantas zancadas m√°s y ¬°ya!

# 116 Josep Castellano Masdeu

 

Antonio "el piernas"

Antonio ‚Äúel piernas‚ÄĚ. Ya no era el que fue, el tiempo pasa, las ganas no, y ‚Äúel piernas‚ÄĚ, como le conoc√≠an todos, se apunt√≥ una vez m√°s a la San Silvestre salmantina, antes hab√≠a corrido infinidad de carreras de todo tipo y condici√≥n, primero casi con alpargatas, a principio de los a√Īos setenta, cuando era joven, en las fiestas patronales de los pueblos, en esa √©poca ten√≠a fuerza y empuje y en algunas de ellas puso en m√°s de un aprieto a corredores que luego ser√≠an estrellas nacionales. Pero ahora Antonio, apenas pod√≠a con su alma, mucho menos con un par de piernas medio torcidas, por la fatiga de tantas y tantas zancadas, desde su magisterio hab√≠a ayudado a tantos. Hoy empez√≥ desde atr√°s, esperando llegar aunque fuera el √ļltimo, pero para su sorpresa, todos se fueron parando y le dejaron llegar el primero, y es que este deporte es as√≠.

# 115 Paulina Griselda Puebla de Dohmen

 

"DORSAL"

"77 FEBREROS" A veces se necesita un motivo...el m√≠o lo encontr√© en el 83', desde entonces comenc√© a correr. Tal vez era la tonta excusa de no ser un deportista profesional, mi edad etc. Siempre encontraba m√°s contra que pros. Hasta que me anim√©, me motiv√©. Desde entonces me presento a cada San Silvestre Salamantina, se imaginan antes era veterano "B", ahora soy "H", ya sumo 77 febreros!! Corro lento pero corro, me canso pero no desisto, y siempre llegu√© a la meta, a mi ritmo, pero he llegado. ¬ŅCu√°l es el truco? Antes de colocarme el dorsal arrojo las excusas por el balc√≥n! ¬ŅY cuando no pueda m√°s? Me pondr√© un dorsal solidario y desde mi balc√≥n, sonreir√© al ver a las excusas volar por los aires y aplaudir√© a los motivos correr a la meta.

# 114 √Ālvaro A. Y.

 

La huida

Entr√© en la tienda de deportes y el dependiente al ver mi estado f√≠sico me pregunta incr√©dulo: ‚Äú¬ŅPero usted corre?‚ÄĚ Que si corro... ¬°Llevo toda la vida corriendo! Cuando era ni√Īa hac√≠a los 100 metros lisos sobre pasillo para escaparme de la zapatilla voladora de mi madre cuando descubr√≠a alguna de mis travesuras. En el colegio, s√≥lo poniendo los pies en polvorosa consegu√≠a deshacerme de los abusones que me pegaban por ser diferente. En varias ocasiones he tenido que salir pitando de una discoteca para evitar al baboso de turno. Incluso me fui corriendo de una iglesia abarrotada de gente porque me arrepent√≠ de mi decisi√≥n el mismo d√≠a de mi boda. Ahora en Salamanca, tantos a√Īos despu√©s, por primera vez, corro sin huir.

# 113 Luis Gispert Maci√°n

 

Me da alas.

La Sansil. Me da alas. Soy como un ave volando por las calles de Salamanca. Con que ilusi√≥n me levanto cada ma√Īana cuando a√ļn el silencio sigue acostado sobre los pavimentos y las ra√≠ces de los √°rboles. Y salgo a correr. A entrenarme. Con el pulso latiendo entre la sangre. Con el roc√≠o perlando las hojas de los jardines. Corro como nuestro r√≠o, como el viento que hostiga la piedra de nuestras catedrales. Como el sol, que alonga las sombras y se pegan en cada pierna de nosotros, corredores que izamos al aire nuestra aventura sublime.

# 112 Miguel Nombela Bl√°zquez

 

El canto del p√°jaro loco

De camino al Caj√≥n 3, bajando por Honduras, fantaseaba, decidido a no limitar sus retos, sino a retar sus l√≠mites. A la altura de Poeta Iglesias, superado por el grueso de los corredores, resist√≠a, persuadido de que la esperanza es el sue√Īo del hombre despierto. En la R√ļa Antigua, sinti√©ndose lastrado por el peso de las piernas, se aferraba a la idea de una fuerza m√°s poderosa que el vapor, la electricidad o la energ√≠a at√≥mica: la propia voluntad. Llegando al Paseo Carmelitas, un ligero mareo le obligaba a buscar auxilio de nuevo: dejar de intentar algo es estar m√°s cerca del fracaso que del √©xito. Enfilando, sin aliento, el Paseo de San Antonio, asomaba a su coraz√≥n un titubeo, y dud√≥ sobre la conveniencia de disfrutar del camino y no de la meta. Termin√≥ el pen√ļltimo. Al d√≠a siguiente cerr√≥ su cuenta de Twitter, y comenz√≥ a entrenar.

# 111 Aldrin Manuel Hidalgo Hern√°ndez

 

Compromiso

COMPROMISO "¬ŅPor qu√© no estuviste en la carrera?" Los ojos de Juan se humedecieron con la pregunta. No fue una renuncia f√°cil despu√©s de tanto entrenamiento. Aquel imprevisto le trunc√≥ su m√°s anhelado sue√Īo para el fin de a√Īo. "En las buenas y en las malas". Recordar la frase pronunciada en el altar lo ayud√≥ a detener la l√°grima a punto de brotar. "¬ŅPrometes amarla...?" Sonri√≥. La competencia era muy importante, pero la cirug√≠a urgente de su esposa y su compromiso no lo dejaron dudar en la decisi√≥n. El matrimonio era la carrera que asumi√≥ para toda la vida, cuando la escogi√≥ desde la adolescencia. El pr√≥ximo a√Īo quiz√°s pueda participar. La felicidad de ella al despertar y verlo a su lado se reflej√≥ en su memoria. Entonces pudo contestar la pregunta con toda seguridad. "Falt√© por el √ļnico motivo que podr√≠a hacerme renunciar: el amor."

# 110 Sandra García Rodríguez

 

Vuelo libre

Con el pie colocado en la l√≠nea de salida y con los ojos cerrados, si me reduzco al absurdo consigo incluso olvidarme de m√≠ misma. De mi cuerpo, de por qu√© me encuentro aqu√≠. Si trato de evadirme, de contemplarme de forma extracorporal...consigo incluso cuestionarme por qu√© la persona a la que observo no es capaz de desplegar unas alas y volar. Ese pie h√°bilmente colocado contrasta con esos p√°rpados posados y esa respiraci√≥n tranquila. Qu√© potencia y qu√© paz. De pronto, un est√≠mulo, una se√Īal. Vuelvo en m√≠. Salgo. Salimos. Y vuelo. S√≠ que vuelo. Estoy reuniendo dentro de mi cuerpo toda esa energ√≠a que se hab√≠a extraviado y que cuestionaba mis capacidades. Ese esp√≠ritu (m√≠o, propio) que se preguntaba si desarrollar√≠a la capacidad de volar... Y corro. Corro libre. Vuela mi energ√≠a y mi ser dentro de m√≠. Lo canalizo. Corro, corro, corro. Vuelo.

# 109 ISABEL SANTOS GONZ√ĀLEZ

 

EN EL LUGAR DE SIEMPRE

La ma√Īana amaneci√≥ fr√≠a, con esa neblina que te congela las manos y humedece los adoquines. Estoy acostumbrado. Pronto disfrutaremos de algunos rayos de sol que har√°n m√°s agradable la espera. Lentamente van situ√°ndose cerca de m√≠ personas protegidas por guantes y gorros. Un abuelo acompa√Īado de dos ni√Īos coloca al menor a mi lado. √Čl me mira sorprendido y yo quiero devolverle una sonrisa. Una joven de colorida bufanda y gran mochila se agacha en varios puntos y va probando encuadres. El murmullo crece a medida que se completan los sitios que permitir√°n ver de cerca a los corredores. Comienzan a intuirse las primeras zancadas. El estruendo de palmas y v√≠tores me emociona un a√Īo m√°s. Y ocurri√≥‚Ķ Mi figura aparece en una de las fotograf√≠as ganadoras compartiendo pedestal con el peque√Īo que agita sus bracitos. Un corredor que apenas roza el suelo me se√Īala c√≥mplice de nuestra resistencia.

# 108 √Ālex Holgado Fern√°ndez

 

Por todos

Corre el reflejo de torres y cimborrios, la piedra de sol atardecido discurre bajo los puentes. Corre sobre sus losas de agua el cantar√≠n sonido de palabras viniendo de muy adentro de la Historia. Y tras la bazabrera de los siglos, nuevos empujes generosos delinean las calles por una causa, la San Silvestre. ‚ÄúTengo mi nombre escrito en el pecho para decirte que cuentes conmigo‚ÄĚ, dice Helman, encarnaci√≥n de un antiguo dios en centenares de salmantinos que corren y multiplican el mensaje. Cuenta la leyenda nueva que ya no son armas ni cobres lo que trafican, sino un alarde: sitiar el miedo y corriendo vencer al enemigo invisible que asola la tierra celt√≠bera. ‚ÄúNinguna de las numerosas tribus que se impusieron a espada pudo sofocar mi alma‚ÄĚ, sentencia Helman y, desde el teso donde arde viva la llama de Salamanca, baja un Tormes de corazones que corren por todos.

# 107 Omaira Vivas.

 

"EL MILAGRO DE SAN SILVESTRE"

EL MILAGRO DE SAN SILVESTRE. Desde ni√Īa hab√≠a inclinado mis preferencias por el atletismo, mientras otras ni√Īas jugaban a las mu√Īecas yo me entrenaba sola, colocaba marcas para ir aumentando la meta en cada carrera que me propon√≠a‚Ķ Mi padre cre√≠a que era juego de ni√Īos. Pero cuando mi instructora de deportes le habl√≥ de mi condici√≥n para la competencia en carreras, todo cambio. Uno de mis sue√Īos era competir en La San Silvestre Salmantina, la cual es es una carrera popular organizada en Salamanca por el Club Deportivo "Padre Basabe", esta competencia se lleva a cabo en Salamanca el √ļltimo domingo del a√Īo. Ya no tan ni√Īa pido a San Silvestre, me conceda ganar este evento, cuando se ama el deporte las limitantes las ponemos los competidores... El bullicio no me dejaba escuchar, anunciaban los ganadores, yo con la peque√Īa imagen de San Silvestre entre mis manos esperaba su milagro‚Ķ ¬°Ganar¬° ‚Ķ

# 106 JOS√Č ALFREDO BOJAC√Ā ZAMBRANO

 

¬°ALIENTO DE VIDA!

No supe en qu√© momento me estrell√© contra el muro. Quiz√°s pis√© alguna piedra, quiz√°s mis pulmones quedaron paralizados sin llevar el precioso ox√≠geno a mi coraz√≥n, quiz√°s me hicieron zancadilla‚Ķ ¬°Perd√≠ el equilibrio! Me levant√© con la cabeza hecha estrellitas. He estado entrenando desde al a√Īo anterior y cruzado esta ruta m√°s de 360 veces. ¬°Se me han formado callos en las extremidades y hasta en el alma! Los m√ļsculos, las venas, las arterias, los tendones, los nervios, mejor dicho, todo mi cuerpo est√° excelentemente entrenado, as√≠ que no puedo perder la SAN SILVESTRE SALMANTINA. ¬°Este fue mi prop√≥sito y este ser√° mi destino! Me impulso de nuevo. Debo demostrarme a m√≠ mismo que no hay imposibles por m√°s largas y lejanas que se vean las metas‚Ķ ¬°Oh! ¬°Milagro! Con el √ļltimo aliento de vida he recobrado el conocimiento: ¬°Estoy en el podio recibiendo la medalla del primer puesto!

# 105 MARGAR√ĀN (ANTONIO MART√ćN GARC√ćA)

 

MIEDO

Llev√°bamos unos d√≠as revueltos, demasiadas amenazas, demasiado peligro, parec√≠a que el mundo se estaba volviendo loco. Ech√© un r√°pido vistazo a la calle, mucho alboroto, la calle herv√≠a de gente, seguro que algo pasaba, no era normal tanta algarab√≠a. Mientras me empezaba a poner nervioso o√≠ el disparo. El coraz√≥n me dio un vuelco, mi intuici√≥n parec√≠a no equivocarse, algo pasaba, algo grave. Me acerqu√© de nuevo a la ventana con sigilo, todo el mundo corr√≠a, presa del p√°nico supuse, junto a la acera, un hombre empu√Īando un revolver a√ļn humeante. Me agach√© agitado, con miedo, no quer√≠a que me alcanzara alguna bala perdida. Mi hermano apareci√≥ por el dintel de la puerta de mi cuarto, mir√°ndome extra√Īado de verme en el suelo me dijo: me voy a trabajar que ya se puede circular por la calle, han dado la salida de la San silvestre.

# 104 Silvana de F√°tima Santacruz Burbano

 

moscas de m√°s

La luz llega como un rel√°mpago a los ojos. El tictac natural de su palpitaci√≥n marca el ritmo de su carrera. No hay nadie que lo apoye en la larga calle. Revisa exhaustivamente su cuerpo, busca alg√ļn rastro de vitalidad. Pero no encuentro nada, solamente siente su labio levemente mordido de un lado. Todo es normal, excepto las moscas de m√°s que revolotean alrededor de su cuerpo.

# 103 Jhon Felipe Benavides Narv√°ez

 

Espectral

El √ļltimo atleta cruza lentamente la calle. Algunos entienden que su insistencia, es una manifestaci√≥n de coraje. Las voces al alentarlo hacen m√°s n√≠tido su cansancio. Antiguas sombras forman el cuerpo del abatimiento. Se santigua y cree entender que el mejor aliento es el menosprecio. Pero cuando la valent√≠a dada por las palpitaciones subyuga su alma, el abrazo de un extra√Īo detiene su comp√°s. Un quejido largo e inhumano se deja escuchar. Lo que parece el crujir de su t√≥rax es la √ļnica certeza de vida en la retaguardia de la carrera.

# 102 Amaya Moral Ortega

 

Juntas

Veo sus rizos ondeando en el aire mientras corre. Sus largas piernas movi√©ndose arm√≥nicamente. Lleva una mochila roja en la que guarda dos botellas de agua con trozos de naranja. Aunque voy abrigada, noto el fr√≠o en la cara. Es mi primera carrera, pero me esfuerzo y la sigo. Me sigue. Veo sus peque√Īos pies moverse al ritmo de los m√≠os. Su rostro concentrado. Me imita y sonr√≠o. Hemos entrenado durante meses y a√ļn as√≠ no recorreremos m√°s de dos o tres kil√≥metros por las calles salmantinas. S√© que har√© mi peor tiempo, pero no importa, hacer el recorrido con mi hija va a convertirla en la mejor San Silvestre de mi vida.

# 101 Jorge Gómez Rodríguez

 

Una vez m√°s

La l√≠nea de salida queda lejos de qui√©nes se presentan por primera vez. De hecho, ni siquiera la puedo ver. A la altura de mis ojos solo hay muchas cabezas y dorsales por todas partes. Me empiezo a encontrar mal... Me agobia la multitud... Hace fr√≠o... No se que hago aqu√≠, ni siquiera la podr√© terminar... y hay tanta gente... Saltar√© por el museo, pasar√© el puente de las v√≠as y volver√© por la Alamedilla hac√≠a casa... S√≠, quiero irme. -¬°Eh! ¬ŅA d√≥nde vas? Es hac√≠a el otro lado... De repente un calor indescriptible me envolvi√≥. Su mano en mi hombro tuvo parte de culpa, su sonrisa entre risas tambi√©n, pero la protagonista era su mirada. Ese d√≠a corr√≠ como nunca. Fue la primera vez que fui. Tambi√©n fue su √ļltima. Desde entonces vuelvo cada a√Īo y revivo su mirada, para que puede hacer su carrera una vez m√°s.

# 100 Víctor González López

 

Por ti, por mí y por nosotros.

Subo la persiana y los cristales est√°n empa√Īados, hace fr√≠o, -2 grados dice el term√≥metro de la farmacia que tengo enfrente. Me asomo y respiro el aire fresco de la ma√Īana. Miro al cielo y parece que hoy va ser un d√≠a soleado para que puedas verme. Te promet√≠ hace mucho, en una cena de navidad cuando brind√°bamos por un a√Īo m√°s, o por un a√Īo menos, que un d√≠a correr√≠a a tu lado. A veces las promesas no se cumplen, o no cuando se deber√≠a. Hoy correr√© solo; por ti, por m√≠ y por nosotros. Sentir√© cada metro como el primero, o como si fuera el √ļltimo, sentir√© cada aliento, cada surco en el asfalto, cada gota de sudor, como si fuera t√ļ. Hoy yo corro por ti y cada persona que me acompa√Īa en este pelot√≥n correr√° tambi√©n por alguien. Hoy corremos todos.

# 99 Isabel Chiquinquirá Díaz Matos

 

Obsesión

Esper√© la San Silvestre Salmantina durante meses y aunque me dijeron que no era buena para correr, me inscrib√≠. All√≠ pude verla, difusa, como siempre. No tuvimos contacto, pero no me import√≥. Estuve tan cerca. S√© que alg√ļn d√≠a podr√© besarla, s√© que alg√ļn d√≠a llegar√© a la meta.

# 98 Silvia Oller Jurado

 

Me deshice del reloj

Cuando toda contenta coment√© a mis hijos que iba a correr nuestra San Silvestre Salmantina, me dijeron que a mi edad era excesivo. Que ya era bastante que saliera a correr por el parque y que me dejara de tonter√≠as, y que habr√≠a mucha gente. Les dije que iba s√≠ o s√≠. Pero hoy d√≠a de la carrera, me han acompa√Īado al punto de salida y me han colocado un reloj que me controlar√° los niveles, y ellos a su vez a m√≠ en remoto. Van a supervisar mi coraz√≥n, respiraci√≥n, zancadas,‚Ķ Mis niveles de todo. Corro para huir del control, para sentirme libre, y sin embargo voy a estar controlada. ¬°Pero que he entrenado y me siento viva para correr! Ya me pondr√© yo el l√≠mite cuando me flaqueen las fuerzas. Que soy vieja, no imb√©cil. ¬ŅTanto cuesta comprender que correr es querer sentir en solitario la libertad?

# 97 MARIA MARS PEREZ

 

LA VIDA MISMA

Kil√≥metro 2; tic- tac, tic- tac. Adrenalina. Cada paso cuenta y cada grito de √°nimo te motiva para seguir avanzado. Te encuentras en la San Silvestre Salmantina. Te sientes feliz. Kil√≥metro 4; observas a corredores de todas las edades y aun estando rodeada de gente no puedes evitar sentirte sola. ‚ÄúEsto depende de t√≠‚ÄĚ. Te alejas de tus compa√Īeros sabiendo que el camino os volver√° a juntar. ¬ŅConf√≠as? Kil√≥metro 6;en una carrera, como en la vida, hay momentos de debilidad y flojera. Queda casi la mitad. No vas a poder- piensas. Sin embargo, sabes que tu cabeza debe ser tu aliada. Kil√≥metro 8; esto es un relato corto y esta es la palabra 122; ya no queda nada. ¬°Ya casi est√°! Te invade un chute emocional por lo que decides dar lo m√°ximio de t√≠. Kil√≥metro 10; lo has conseguido. No puedes evitar llorar de emoci√≥n.

# 96 FRANCISCO JAVIER DIEGO L√ďPEZ

 

Una San Silvestre m√°s

Llegar puntual. Saludar a la gente. Conversar animoso de todo y de nada. Calentar, concentrarse, correr. Sentir la brisa en la cara. Apreciar la libertad. Notar el jolgorio de la gente, llenando calles, plazas, esquinas, y rincones, rompiéndose las palmas con entusiasta algarabía. Ir cubriendo terreno, ir ganando puestos. Pasar junto a mi catedral, con su torre del reloj acariciando el cielo. Atravesar mi puente romano, de piedra milenaria. Transitar mi plaza mayor, la más bonita del mundo. Disfrutar de mi ciudad, y traspasar la línea de meta orgulloso de haber completado una San Silvestre más, y ya no sé ni cuántas van.

# 95 Margarita Delgado Hern√°ndez

 

Volver

Las zapatillas, relucientes y de vivos colores, velaban armas. La derecha armaba color verde, la izquierda lo hac√≠a en color naranja ¬°¬°Promesas de gratitud!! Era su primera San Silvestre despu√©s de cinco largos a√Īos en los que una Insuficiencia Renal Cr√≥nica trunc√≥ su presente, y le apart√≥ de las carreras, de ese mundillo tan especial que conforma el atletismo popular. Ma√Īana era el gran d√≠a, el de volver a sentirse vivo otra vez. El de volver a percibir los aplausos y el aliento del p√ļblico abarrotando las calles salmantinas, su ciudad. El de volver a cruzar la l√≠nea de meta, esta vez sin importar ni el tiempo ni el puesto, s√≥lo terminar, mirando al cielo y dando gracias a aquel an√≥nimo donante que un dia le regal√≥ un √≥rgano y le devolvi√≥ la VIDA.

# 94 Ana Sanz Cillero

 

Patrimonio de la Humanidad

Cuanto ha dado de qu√© hablar y lo que nos hemos re√≠do los salmantinos con el cambio en el reglamento de premios de la pasada San Silvestre: ¬ęSe conceder√° trofeo a los tres √ļltimos clasificados de cada categor√≠a¬Ľ. Excepto por los "puristas" de las carreras, que compitieron de la manera tradicional, la prueba fue lo m√°s parecido a una enorme carrera de caracoles. Muy divertida al principio, hasta que claro, empez√≥ el reguero de abandonos: pap√°s y mam√°s fueron los primeros por las obligaciones obvias, siguieron los impacientes, los que les daba verg√ľenza, los que ten√≠an que trabajar, los que de manera urgent√≠sima necesitaban ir al ba√Īo... A d√≠a de hoy, diez meses y medio despu√©s, a√ļn quedan veintisiete corredores repartidos por las calles de la ciudad. Ya est√°n incluso catalogados como patrimonio cultural de Salamanca. Esta misma ma√Īana, Xu Hongfei les ha dado una mano de esmalte dorado.

# 93 Mª Paz Plaza Santamaría

 

CORRER, VOLAR

CORRER, VOLAR Los días antes de la celebración estaba tan nervioso como ilusionado, preparándome con mis entrenamientos para participar en la San Silvestre. Recorrer las calles de mi ciudad, Salamanca, pasando por los itinerarios programados, me transportaba al mismo momento de la carrera, me hacía muy feliz. Escogía los momentos en los que la ciudad estaba más silenciosa, lejos de todo bullicio, como dormida, me dejaba llevar. Al llegar a casa plasmaba en mi diario mis emociones, lo que había sentido. Día a día repetía el recorrido, era un auténtico placer volver a recrearme en la belleza de los sitios por donde pasaba, oler su olor, pisar sus piedras. Iba corriendo como volando, era como si el cuerpo no me pesara, tal era la sensación. De repente la pandemia lo paró todo y con ella llegó la tristeza. Pronto pasará todo, por fin volveremos a volar por mi querida Salamanca.

# 91 Ana Isabel Velasco Ortiz

 

ALMAS HERIDAS

Participar en la San Silvestre Salmantina era la ilusi√≥n perseguida desde hac√≠a tiempo y‚Ķ ah√≠ estaba. Sent√≠a una especie de emoci√≥n en el pecho que se le antojaba pura felicidad. Record√≥ los momentos de esfuerzo, tes√≥n, incertidumbre, querer rendirse, tomar aire y regresar la confianza empe√Īada en sus posibilidades. Sin previo aviso, alguien acompas√≥ el paso a su ritmo. Aquel rostro le resultaba familiar. El extra√Īo dibuj√≥ una t√≠mida sonrisa y √©l, supo qui√©n era. Evoc√≥ la noche de fiesta, velocidad excesiva, el veh√≠culo precipit√°ndose al vac√≠o. Luego, el profundo rencor hac√≠a el amigo que conduc√≠a. El duro entrenamiento se llev√≥ la amargura que ¬°tanto le hab√≠a consumido! Ahora, la pierna bi√≥nica le permit√≠a realizar lo que imagin√≥ imposible. Le devolvi√≥ la sonrisa y siguieron corriendo. Uno al lado del otro, alcanzaron la meta Se abrazaron euf√≥ricos y tuvieron la certeza de haber cerrado las heridas del coraz√≥n.

# 90 Angel Saiz Mora

 

CUENTO DE NAVIDAD, M√ĀS O MENOS

CUENTO DE NAVIDAD, M√ĀS O MENOS La joven observ√≥ el pavimento del Paseo de San Antonio. Sus pies, dos islas en medio de un bosque de zapatillas de colores, contrastaban con su √°nimo sombr√≠o. Todas sus amistades, emparejadas o en ciernes, ten√≠an otros compromisos el √ļltimo domingo del a√Īo. Esa noche regresar√≠a a casa temprano, sola. √Čl, por primera vez, decidi√≥ bajar a pie de calle para contemplar de cerca esa nueva edici√≥n de la San Silvestre Salmantina, al fin presencial tras la pandemia. Si ella, absorta en su pesadumbre, no hubiese mirado al suelo, habr√≠an tropezado. Sinti√≥ el impulso de besarlo. La magia hizo el resto. Sorprendi√≥ a su madre con un invitado para cenar, apuesto como un pr√≠ncipe. Turistas y lugare√Īos nunca se explicaron c√≥mo pudo desaparecer. La fachada plateresca de las Escuelas Mayores de la Universidad amaneci√≥ sin su c√©lebre rana, en realidad, sapo.

# 89 Humberto Montero Estrella

 

Mi papi lleva el 22

Querido San Silvestrito Te escribo para pedirte por mi papi. Para-que-le-hagas-ganar-la-carrera. Conc√©deme esa gracia de verle a mi papi feliz en ese d√≠a; y luego y siempre‚Ķ Y te escribo tambi√©n para que lo lleves de tu mano (la de la derecha, porfis‚Ķ, la-de-la-derecha, porque mi papi es zurdo, y si le tomas de la izquierda, seguro que se aturde y pierde el paso, y entonces se tropieza y cae, y seguro que as√≠ no gana la carrera). Papi llevar√° el 22. Le dicen el Lepra. T√ļ debes de conocerlo porque ya corri√≥ antes de que lo metieran en la c√°rcel. Pero ahora que sali√≥, me ha prometido que si gana la carrera no volver√° a pegarle ni a mi mami ni a m√≠ ni a Barrab√°s, que es mi perrita‚Ķ Ya le pido a mami para que te mande prontito este WhatsApp.

# 88 Sonia Sánchez Rodríguez

 

AL FINAL DE LA META

Casi dos a√Īos han tenido que pasar, para poder volver a correr la San Silvestre Salmantina. Me encuentro en la zona de salida, la carrera est√° a punto de empezar, estoy nervioso, me tiemblan las piernas, volver√© a verla, como cada a√Īo anterior a la pandemia, llena de vitalidad quedando a pocos metros de ser la ganadora. Voy busc√°ndola entre la gente y creo verla, pero no es ella, necesito encontrarla, saber su nombre y ser lo suficientemente valiente para pedirle su n√ļmero. No logro distinguirla, la carrera ha terminado, ¬Ņd√≥nde se abra metido?. Alzo la mirada para ver al ganador y descubro en su camiseta el rostro de ella. Una sonrisa se dibuja en mi cara, a la vez que mi pecho se oprime cuando logro leer: ‚ÄúResponsable, joven y fuerte y, a√ļn as√≠, consigui√≥ llevarte. Esta carrera es por ti, mi ganadora, en tu memoria, Rebeca‚ÄĚ.

# 87 Juana Algaba Jiménez

 

Una noche m√°s

Todas las noches, desde hace cinco meses, me escapo de mi cuarto para reunirme con ella. Me hace un hueco en su cama, y en silencio y cogidos de la mano, hablamos en susurros, hasta quedarnos dormidos. En esas conversaciones nos hemos ido conociendo y queriendo. Hemos descubierto todo un pasado en com√ļn, como las San Silvestres en las que tuvimos el gran placer de participar, y en las que el destino, decidi√≥ que ten√≠amos que esperar para conocernos. Esa carrera, la mejor del mundo para nosotros, nos dej√≥ muchos y buenos recuerdos de los que podemos hablar durante horas. Por la madrugada, haciendo el menor ruido posible, vuelvo a mi vac√≠a habitaci√≥n, todo lo r√°pido que me permite mi viejo y cansado cuerpo, a esperar el traj√≠n de la residencia, Y sue√Īo despierto con poder disfrutar de esos momentos una noche m√°s. S√≥lo una m√°s.

# 86 Iv√°n Parro Fern√°ndez

 

¬°Por pap√°!

-Ya sabes lo que te dijo el m√©dico, mam√°: 30 minutos al d√≠a de ejercicio. Sin apenas fuerzas, con visibles secuelas provocadas por el maldito virus, Vega s√≥lo quer√≠a sentarse en su sill√≥n y disfrutar de su concurso favorito. - En cuanto est√©s mejor vamos a pasear juntas por la Alamedilla. Ya ver√°s. De aqu√≠ a fin de a√Īo corremos juntos la San Silvestre como hace veinte a√Īos, ¬Ņte acuerdas? A√ļn me viene la imagen de pap√° aplaudi√©ndonos emocionado. ¬°Cu√°nto le echo de menos! Este a√Īo dec√≠a que ser√≠a su √ļltima carrera (bueno, lo llevaba diciendo diez a√Īos), y ya ves, el pu√Īetero virus tambi√©n le arrebat√≥ su grandioso final. Nina alentaba emocionada por el pasillo a aquella mujer valiente y decidida: - Vamos, mam√°, que nos queda muy poco. ¬°De aqu√≠ a la Sansil por pap√°! ¬°Nada ni nadie va a poder ya con nosotros!

# 85 David López Cepero

 

Un milagro inadvertido

Cada d√≠a observo un rosario de personas mirando hacia arriba, busc√°ndome con rostros asombrados, perplejos, paseando una sarta de rutinas a la que llaman vida. Pero hoy todos pasan de largo, acelerados, algunos a ritmo fren√©tico. Una multitud multicolor hace vibrar los adoquines; sus pisadas huelen a conquista, a heroico sentir de gesta, a esfuerzo, ilusi√≥n, esperanza, familia‚Ķ ¬°Huele a Salamanca! Tiene su aliciente no ser la protagonista alguna vez, poderme camuflar entre esa multitud que aplaude mientras se celebra una lucha pac√≠fica, donde no se permiten m√°s armas que el blandir de las piernas. Varios siglos de existencia dan para mucho, pero estos √ļltimos a√Īos, casi cuarenta, han sido diferentes. Mi coraz√≥n de piedra vuelve a latir cuando se celebra la San Silvestre. ¬ŅQui√©n le iba a decir a una rana de piedra como yo que el calor humano podr√≠a provocar en m√≠ semejante milagro?

# 84 Manuel de la Pe√Īa Garrido

 

QUOD NATURA

A cien metros de la meta, O¬īHare, la maratoniana liebre, yac√≠a m√°s inconsciente que nunca. Buscando poses extremas para pavonearse en Instagram de su inminente y en√©sima victoria, sus contorsiones la hab√≠an desequilibrado. Tuvo tan mala suerte que su hueca cabecita impact√≥ contra un vengativo bordillo. La atend√≠an algunos sanitarios. El resto del mundo -periodistas, organizadores, patrocinadores, aficionados congregados en el Paseo de San Antonio- solo ten√≠a ojos para su eterna rival, Vega, la tortuga del Tormes, quien avanzaba ag√≥nicamente, balanceando el dorsal pegado a su caparaz√≥n. "¬°Vaaamos, Vegaaa!", animaban entusiastas. "Nuestra tortuga‚Ķ no se arruga", coreaban euf√≥ricos. Entonces los dem√°s corredores alcanzaron un un√°nime pacto telep√°tico: nadie se aprovechar√≠a de la lesi√≥n leporina ni nadie cruzar√≠a la raya antes que la criatura testud√≠nea. Mucho despu√©s, Vega abat√≠a la cinta con un testarazo (Flashes. Confetis. Sirenas). - Quod natura‚Ķ dat, Salmantica multiplicat ‚Äďsentenci√≥ categ√≥rica cual catedr√°tica charra.

# 83 Luis A. Alburquerque

 

Inercia

Algunos creen que la tierra sigue girando sobre su eje por inercia, porque se creó y creció girando, los pobres. El planeta sigue girando por la gente que se mueve, los que se mueven rápido, los que se levantan cuando caen, los que son capaces de no cesar en el intento, los que confían, los que miran hacia adelante y se secan el sudor. Lo que es cierto es que el final llega si el planeta se nos para. Así que no lo dudes, sigue pisando fuerte, apoya la suela de tu zapatilla, engancha con los dedos, empuja y haz fuerza y repite. Sentirás el movimiento. Eso hará que no pare el ritmo. Siéntete energía, transformable, finita, y no pares de correr, por ti, por todos, por futuro, no sé. Pero corre por lo que más quieras, corre, hasta al menos, dar el relevo.

# 82 JOS√Č REINALDO POL GARC√ćA

 

PERDEDOR TOTAL DE LA SAN SILVESTRE SALMANTINA

No se inscribió a la carrera porque se creía que era invencible y ganador de esta y todas las pruebas. Se metió entre los corredores. Venía codo con codo conmigo, quería empujarme a la muerte, que cayera inerme antes de la meta. Era dura la competición. Amarré bien las zapatillas y sin miedo corrí; pues sabía que no aguantaría el circuito. Los otros atletas decían: " No llegará a la meta, pues le vencerá él" Hubo momentos que estuve a punto de claudicar, pero mi fuerza de voluntad me hizo llegar a la meta. No obtuve podio, pero muy pocos supieron que fui un as. Vencí al que me quería eliminar de la carrera de la vida para que nunca más participara en este salmantino evento. Pero,!Te derrotéee!

# 81 Nacho Tapia Vicente

 

El Cantante Irlandés

Despu√©s de haber escalado las monta√Īas m√°s altas, corrido a trav√©s de los campos, gateado, subido los muros de diversas ciudades; besado dulces labios de miel, hablado con la lengua de los √°ngeles y estrechado la mano del diablo; el cantante irland√©s, tras franquear el Puente Romano en el kil√≥metro tres de la San Silvestre Salmantina, mir√≥ a la derecha y supo que al fin hab√≠a encontrado aquello que siempre hab√≠a estado buscando.

# 80 CANO D'ANGELO FRANCISCA ESPERANZA

 

"UNA HUELLA IMBORRABLE"

Ya han pasado cinco a√Īos desde aquel fat√≠dico d√≠a y todav√≠a no he conseguido superarlo. Es cierto que el tiempo ha ido mitigando el dolor y la rabia que me ro√≠an las entra√Īas. Sin embargo, jam√°s habr√° nada, ni nadie que pueda llenar el vac√≠o que me dej√≥ su partida. Hay algo que ha calado muy dentro de m√≠ y me ha dejado una huella imborrable, su amor por el deporte. Quiero seguir su pasos, dedicarme al atletismo, llevo a√Īos prepar√°ndome con ah√≠nco para lograrlo. Creo que ha llegado el momento de empezar a competir. Como buen salmantino que era, nunca se perd√≠a la San Silvestre y yo no voy a ser menos y, aunque el a√Īo pasado no se pudo celebrar la carrera por razones obvias, este a√Īo estar√© como un clavo en el Paseo de San Antonio para disfrutar de este evento del que estamos tan orgullosos.

# 79 Frnacisco Jose Munililla Lenguas

 

NO CONTABAN CON √ČL

Su presencia en la carrera desbarat√≥ los planes de la organizaci√≥n. Un a√Īo m√°s, acudi√≥ a la cita para correr la San Silvestre Salmantina. Disfrut√≥ como nunca del circuito. Pas√≥ por su barrio saludando a sus vecinos y una l√°grima se le escap√≥ cuando pas√≥ frente a la escuela d√≥nde fue de ni√Īo. Logr√≥ acompasar su respiraci√≥n al suave ritmo que impuso a sus piernas. El dolor de su lesi√≥n incurable se difumin√≥ entre el m√°gico ambiente que reinaba en esa prueba tan especial para √©l. Entre los aplausos enfervorizados de su p√ļblico, atraves√≥ la l√≠nea de meta como un triunfador. Lleg√≥ en √ļltima posici√≥n. El alcalde, no pudo entregarle la placa que le iban a entregar por su retirada del atletismo. -Al pr√≥ximo a√Īo por si acaso, preparen otra medalla m√°s. A veces ocurre: los √ļltimos ser√°n los primeros. Ahora‚Ķ ¬Ņqu√© hacemos?-dijo el alcalde.

# 78 Maria Valeria López

 

Corre hacia el sol

Corre. Te lagrimean los ojos. El coraz√≥n late como si fuese la primera vez. La velocidad no puede detener la emoci√≥n. Eres uno pero en tus pisadas avanzan miles. Mira. El mundo dej√≥ de girar y retom√≥ su marcha. All√≠ est√° la multitud otra vez. La solidaridad sigue viva. Aumenta con cada vuelta. Es tu bandera. La fe de las catedrales te acompa√Īa. Las piedras te sostienen. La universidad te ve y suma una nueva p√°gina a su larga historia. La plaza te acoge. El puente te conecta otra vez al camino. Las puertas se abren. Se rompi√≥ el maleficio. Corre ¬ŅLo sientes? Es como empezar a caminar. Desaparece el tiempo. La ilusi√≥n marcha contigo. La libertad est√° all√≠, en las gotas que caen del cielo como bendici√≥n ¬ŅSon reales? Respira hondo. El horizonte se inclina a tus pies. All√≠ est√° la meta. Corre hacia el sol.

# 77 Mika Excusi (seudonimo) Mayka García Hípola (oficial)

 

Corre, corre

Corre, corre. Corre, corre que empieza la carrera. Corre, corre que hace un frio que pela. Corre, corre que nos da el aire del Tormes, como al Lazarillo le gustaría. Corre, corre que desde aquí se ve la torre de la Catedral Vieja. Corre, corre que se refleja del sol en la cristalera de la Casa de Lis. Corre, corre que en nada estamos tomándonos una jeta. Corre, corre que ya vamos y vemos la rana en la fachada de la universidad. Corre, corre que hemos llegado tras un recorrido monumental.

# 76 CARMEN RUIZ RUIZ

 

LA PEN√öLTIMA AVENTURA DE UN CABALLERO ANDANTE

Dorsal a la espalda, aquel corredor ‚Äúde complexi√≥n recia, seco de carnes y enjuto de rostro‚ÄĚ, m√°s que participar en la Sansil, parec√≠a sacado ‚Äúexprofeso‚ÄĚ de alguna novela antigua. Mientras los participantes realizaban sus calentamientos, emit√≠a sentencias que nadie comprend√≠a. Un galgo lo observaba atentamente. Por megafon√≠a anunciaron que las mascotas no estaban permitidas. El extra√Īo corredor maldijo a aquel ‚Äúbachiller‚ÄĚ vociferante, que pretend√≠a separarlo de su chucho. La salida le pill√≥ desprevenido. Logr√≥ recomponerse, y encabezando la carrera, extrajo de alg√ļn lugar de su extra√Īa indumentaria una lanza, con la que retaba a gigantes y hechiceros. Un tropez√≥n fatal acab√≥ derrib√°ndolo contra el asfalto, siendo pisoteado por una avalancha de corredores, que no pudieron sortearlo a tiempo. Finalizada la prueba, un rechoncho asistente ayud√≥ al maltrecho corredor a levantarse. ‚Äē ¬°Me retiro, fiel amigo! ‚Äē ‚ÄúTranquilo, mi se√Īor, hasta la muerte, todo es vida‚ÄĚ, sentenci√≥ completamente convencido.

# 75 MARIA PIEDAD GONZ√ĀLEZ JUANES

 

DIN DAN DON

¬°¬°Puff!! Disparo de salida, el ritmo de la carrera es vertiginoso, toda la marabunta al mismo son, hace un frio helador esta San Silvestre, pero ten√≠a ganas de correr. Salimos del Paseo San Antonio hacia Canalejas, cogimos Rector Esperabe con direcci√≥n al Hospital Nuevo, despu√©s hacia Fonseca para ir por las calles m√°s antiguas y fascinantes de nuestra ciudad salmantina, conmigo tambi√©n sali√≥ mi amiga Lia, que es toda una profesional corriendo, pero lo que m√°s me llena, es que hab√≠a conseguido salir en esta carrera. En la meta mi marido e hija peque√Īa, me esperaban; para la ni√Īa soy su mayor hero√≠na, todav√≠a me observa con una mirada inocente, me ha visto todo el a√Īo entrenando en la cinta de casa y saliendo a correr los fines de semana. ¬°Din dan don! Suena el despertador y con el pie dolorido, me saca de la ilusi√≥n, ayer di un tropez√≥n.

# 74 Bego√Īa Cas√°√Īez Clemente

 

LA FUGA

Has venido. Sab√≠a que pod√≠a confiar en ti. Son muchos a√Īos deslizando tus dedos como lib√©lulas azules sobre mi cuerpo cada tarde. Tantos silencios compartidos crearon un lenguaje y nos convirtieron en c√≥mplices de este deseo leg√≠timo. Tantas miradas de s√ļplica y negaci√≥n...y al fin... no sufrir√°s m√°s por mi. Ahora soy feliz. Abres las ventanas. El bullicio de la San Silvestre invade del cuarto. Este calor a destiempo es inaudito en Salamanca. Los corredores hormiguean las calles. Ac√©rcate ahora. M√≠rame. Solo quiero tus ojos en este momento m√°gico. Ti√©ndeme ese puente que me desconecta de la vida. Estas profundidades son demasiado oscuras y asfixiantes. El sol ya se duerme en el mar hasta la nueva aurora. La luz del respirador deja de latir. Te vas. Me miras desde el dintel de la puerta y tus dedos, como lib√©lulas azules, impredecibles y hermosas sobre el agua, me dicen adi√≥s.

# 73 SUSANA GARCIA MICOL

 

La Salmantina después de...

Me encanta esta sensaci√≥n de libertad, me encanta ver a mi vecino Manuel adelantarme, aunque tenga treinta a√Īos m√°s que yo; y ver a Luc√≠a su peque√Īa nieta, al lado suyo. Me gusta que me haya acompa√Īado Ikram, que se ha convertido en mi amiga del alma, aunque solo lleve unos meses en esta ciudad . Sin mascarillas, sin toques de queda, sin acordarnos de nada por un rato. Aqu√≠ todos somos Salmantinos y todos disfrutamos de nuestra San Silvestre

# 72 Juan Manuel Padilla Gonz√°lez

 

Persecución

Blas, llevaba algo de mucho valor y su perseguidor pretendía arrebatárselo. Corrió sin salirse de la calle intentando zafarse de un hombre de complexión más atlética. El sonido de las cuatro pies y el jadeo de las dos bocas se acompasaron.El perseguidor al fin le dio alcance, y después...le adelantó. Para él fue el primer puesto y para Blas el segundo, en la San Silvestre Salmantina.

# 71 Luis San José López

 

MALA SOMBRA

He visto c√≥mo acariciabas mis viejas zapatillas a escondidas. Te he visto refugiarte en la caja de las fotos, tragarte la nostalgia con silencio resignado. Te he visto detenerte en aquella instant√°nea de la San Silvestre Salmantina, con el crono detenido en‚Ķ ¬°qu√© nos importa la marca! Te he sorprendido mir√°ndome luego con tus ojos negros, sin reproches, sin lamentos, so√Īando con una libertad que no puedo concederte. Y tuve que esconder los m√≠os detr√°s de los p√°rpados para sujetar las l√°grimas. Y tuve, yo tambi√©n, que sumergirme en ese silencio mordiente que todo lo consume. No volveremos a correr. No volver√°s a saltar como una ni√Īa peque√Īa. Regatear, quebrar, esquivar, encogerte y estirarte a capricho, con esa elegancia que tanto me gustaba. La Soledad nos estaba esperando a la vuelta de una fat√≠dica curva con su olor sangre y alquitr√°n, nos estaba esperando con una silla de ruedas.

# 70 Ezquerra Escudero Luis

 

Corre, corre...

El viento traslada a su cara el aire como si estuviese vivo, y su hermano empujando la silla con sus ruedas, su medio cuerpo vivo y sus piernas muertas. Pero al viento ¬Ņqu√© le importa?, si es libre, cruel villano. Y su hermano lo empuja como si quisiera sanarle por dentro, intentando que el c√©firo y el celeste curen por dentro, s√≠, por dentro, ofuscado como si las fl√°cidas piernas fuesen suyas. Y el viento galopa con pies por el asfalto, tantos rostros y tantas caras. Y el celeste luce como si lo imperfecto debiera ignorarse. Que tanto le da que tenga piernas o brazos; y resbala, desliza la brisa por su tez y percibe el esfuerzo, el sudor que recorre a su hermano, y sabe, lo sabe, que est√° carrera es por rabia. Y entre todos corre el asfalto al viento.

# 69 FRANCISCO JAVIER AGUIRRE GONZ√ĀLEZ

 

CON LA IZQUIERDA

He ido mejorando mis marcas cada a√Īo en la San Silvestre Salmantina. He competido en las ocho ediciones anteriores. Desde que comienza el oto√Īo, no dejo de entrenar ni un solo d√≠a. El a√Īo pasado confiaba en ganar, pero alguien que no hab√≠a participado nunca se alz√≥ con el triunfo. Cuando termin√≥ la prueba y finalizaron las celebraciones, me acerqu√© a √©l, le felicit√© caballerosamente y le ped√≠ que me explicara la t√©cnica que hab√≠a utilizado. ‚ÄúMuy sencillo ‚Äďme dijo‚Äď. Entrenaba con la f√≥rmula del cangrejo, es decir, corriendo hacia atr√°s y mejorando mis marcas en esa direcci√≥n. Hoy solo he tenido que cambiar el chip mental y utilizar la descompresi√≥n, el retroceso, puedes llamarlo efecto muelle o efecto rebote, como quieras‚ÄĚ. Me he vuelto de espaldas y le he estrechado la mano con la izquierda.

# 68 Víctor Andrés Sánchez

 

Espíritu de superación

Estaba agotado. Divisaba la meta al fondo, pero de forma borrosa. Sent√≠a que las fuerzas flaqueaban. Incluso empezaban a pitarle los o√≠dos. Su estado de √°nimo se llenaba de negatividad. A√ļn as√≠, hizo el √ļltimo esfuerzo: record√≥ cada entrenamiento que hizo, cada momento bueno del a√Īo, su canci√≥n favorita y, por encima de todo, el apoyo de su familia; sus hijos, sus amigos, esper√°ndole en la pl√°cida meta. Todo ello le hizo reunir las pocas fuerzas que a√ļn guardaba, exhalar el √ļltimo aliento de esperanza para dar el √ļltimo empuj√≥n. Lleg√≥ con l√°grimas en los ojos. Lo hab√≠a logrado, hab√≠a llegado a su meta: la felicidad.

# 67 Lakshmi Dominguez Quintana

 

Que no te alcance la pereza. ¬°Corre como el viento!

Adrenalina, √©xtasis y euforia, cual cargado y conglomerado c√≥ctel de intensas emociones recorr√≠an mis venas. Los bramidos y vocer√≠os de la multitud exaltaban mis sentidos. En ese instante, solo ten√≠a que centrarme en un objetivo: el correr como si no existiera un ma√Īana. Seis meses atr√°s, mis anal√≠ticas de sangre comenzaron a reflejar altos niveles de colesterol. Desde entonces, mi mujer Matilde, ha insistido en que lleve una vida mas activa, anim√°ndome a levantarme del sofa y a hacer ejercicio. Empec√© a hacer footing ma√Īanero, y animado por un vecino, que era atleta, me impuls√© a participar en la m√≠tica San Silvestre Salmantina. Mi esposa me hizo prometerle que entrenar√≠a duro para ello y la completar√≠a. As√≠ que aqu√≠ estoy, a paso firme, sin pausa pero sin prisa, corriendo; no para alejarme, no para huir, si no para acercarme. Acercarme a una vida sana, a una versi√≥n mejorada de m√≠.

# 66 Rebeca Due√Īas Gonz√°lez

 

Carrera de supervivencia

El pasado domingo comenzaron los juegos de atletismo en la Isla. Palmira se proclam√≥ ayer campeona en velocidad y hoy encabeza la carrera de fondo. Su hermana Magma se alz√≥ con el oro en campo a trav√©s y todo apunta que lograr√° el t√≠tulo en salto de vallas. Mar√≠a, en cambio, ya ha abandonado la isla, se la ha escapado todo, responde a los periodistas con l√°grimas en los ojos. Su compa√Īero Jos√© la anima, √©l tambi√©n est√° asombrado de c√≥mo transcurren las disciplinas, en lanzamiento de martillo han llegado hasta el mar. Los titulares de los peri√≥dicos eran un√°nimes: ‚ÄúEl volc√°n habla‚ÄĚ.

# 65 Isidro Catela Marcos

 

LAZARILLOS

Llev√°bamos los dos la lengua fuera cuando, al cruzar el Puente Romano, nos pareci√≥ escuchar una voz ronca que embaucaba a un muchacho. Bast√≥ la se√Īal que suelo hacerte en estos casos para que ahuyentaras al hombre. El cr√≠o te dio las gracias, aliviado, como si supiera que le hab√≠as librado de un coscorr√≥n, y se escabull√≥ veloz entre los corredores. Al llegar a la meta, te aplaudieron a rabiar. Normal. Fuiste el primer perro-gu√≠a que conclu√≠a la San Silvestre. salmantina. F√≠jate, en todas las fotos de aquel d√≠a tienes la mirada p√≠cara, como si supieras que hab√≠as hecho historia.

# 64 Samanta Ramos Gracia

 

Vuelta a la vida

‚ÄĒEl deporte es una cuerda que puede sacarte del pozo ‚ÄĒle espole√≥ su psic√≥loga mostr√°ndole el colorido cartel de la San Silvestre. Decidida a afrontar los huracanes que vapuleaban su mente, se dirigi√≥ a buscar su dorsal para la popular carrera. ¬ęA esto se le llama llevar la iron√≠a por bandera¬Ľ, pens√≥ cuando le dieron el 2020. Ese a√Īo hab√≠a sido especialmente duro para ella. Perdi√≥ a su marido y la depresi√≥n fue su √ļnica compa√Īera de piso durante el confinamiento. Pero el 26 de diciembre de 2021 conoci√≥ el atletismo y, desde entonces, se hicieron inseparables. Ese deporte no solo le permiti√≥ dejar atr√°s la ansiedad, apat√≠a y agitaci√≥n interior sino que tambi√©n le aport√≥ endorfinas, cobijo y confianza. Ese d√≠a aprendi√≥ a correr por su vida y, cuando alcanz√≥ la meta, entendi√≥ que hay vidas nuevas que pueden empezar justo antes de las campanadas.

# 63 Pedro Ran Pérez

 

Protegiendo desde la distancia

Todo preparado para el gran d√≠a. Salamanca se viste de fiesta, pero tambi√©n con ropa deportiva. Se respira el inigualable aroma de la felicidad. Este adquiere su punto √°lgido entre un numeroso grupo de corredores que muestran en sus rostros se√Īales de felicidad, aunque tambi√©n de nerviosismo. En breve, va a empezar la San Silvestre. Todos los participantes esperan ansiosos el pistoletazo de salida para empezar a deslizar sus cuerpos por el asfalto de esta grandiosa ciudad. Yo, mientras tanto, lamentando enormemente el no poder correr con ellos, lleno mi bol de palomitas, y me preparo para disfrutar del acontecimiento tan especial que celebran en mi nombre. Lo hago desde mi hogar, este en el que resido desde el a√Īo 335.

# 62 Juan Manuel Morales Bellido

 

UNA CARRERA QUE ME LLEVA A TI

Pistoletazo de salida: soy el beb√© con el que juegas en la cuna. Arriba en la tabla. Primeros quinientos metros: soy el ni√Īo al que consuelas. Me rezago. Piso los adoquines: soy el joven al que ayudas a abrirse camino. Muy fuerte, adelanto puestos. Sobre el puente: soy el adulto al que le toca cuidarte. Mitad de la tabla. Veo la meta: no s√© lo que soy, solo que debo mimarte en tu vejez. √öltimos puestos. Nos sacan ventajas. Espero a unos ancianos que, ejemplo de esfuerzo, luchan por continuar. Me quedo con ellos. Soy su ‚Äúliebre‚ÄĚ, su muleta, su energ√≠a. Llegamos los √ļltimos y nos abrazamos. Somos unos campeones, algunos incluso lloran. Yo miro al cielo sin soltarlos: -Pap√°, ellos son t√ļ. Debo devolverte lo que en vida no supe ver.

# 61 Dolores Mateos Salvador

 

Correr es de valientes

Si pudieran preguntar a cada persona del mundo qu√© ech√≥ m√°s de menos durante el periodo de confinamiento, estoy convencida que la gran mayor√≠a de las respuestas se podr√≠an resumir en una √ļnica palabra: Libertad. ¬ŅQu√© mueve a miles de personas a correr 10kms una ma√Īana de diciembre por Salamanca? La respuesta es id√©ntica a la anterior. Lo sabes en la l√≠nea de salida, d√©cimas antes de iniciar tu cron√≥metro. En ese preciso instante eres m√°s libre que nunca. Da lo mismo a qu√© te dediques, tu expediente acad√©mico, cu√°nto dinero tienes en tu cuenta corriente o cuantos seguidores tienes en tus redes. Eres un n√ļmero de dorsal que en ese momento es tan preciado como un boleto de loter√≠a. Est√°s convocado, coge tus zapatillas, tus ganas y despu√©s, velocidad. No existe el miedo. El miedo paraliza. El miedo bloquea. Porque correr no es huir, correr nos hace libres.

# 60 Mónica Rodríguez Rodríguez

 

La carrera de Cele

El frío caló hondo en sus huesos. Se ató las zapatillas haciendo doble lazada, asegurándose de que estaban bien sujetas. Cogió la dorsal y empezó a calentar, el día estaba fresco; había estado muchos meses entrenando, tenía un objetivo claro: conseguir el primer puesto en la carrera. Había leído mucho sobre la ciudad del Tormes pero no había tenido ocasión de visitarla. San Silvestre le ofrecía la oportunidad perfecta para recorrer unas calles llenas de Historia. Todo empezó a la hora prevista, comenzó a correr a su ritmo, iba como en una nube, contemplando una ciudad en la que la piedra era la gran protagonista, no quería parar de correr para seguir descubriendo sus calles, sus rincones más recónditos. El corazón se acelera, parece que se va a salir del pecho. Ya diviso la meta, unos metros más y la habré alcanzado, no puedo creerlo, lo he conseguido…

# 59 Sofía Corral Alonso

 

La persona que llegó a la meta antes de terminar de escuchar el eco del pistoletazo de salida

Corres y no puedes parar, especialmente cuando el fr√≠o del √ļltimo domingo de Diciembre se instala en tus huesos. Millones de ideas te azotan hasta sentir v√©rtigo. Si corres a la velocidad de la luz ves el pasado. Mientras marcho por las calles de Salamanca veo a mis compa√Īeros quedarse atr√°s, les veo desaparecer en tiempo y espacio; dejan de existir, y de repente veo la ciudad con un aire renovado. Esa casa abandonada vuelve a adquirir vida. Corro sin mirar atr√°s, pero de alguna forma miro atr√°s. C√≥mo ha cambiado todo, cu√°ntos edificios desaparecen ante mis ojos. Nacen nuevas tiendas de aspecto pret√©rito y negocios que en mi presente pausado dejaron de existir. Alcanzo la velocidad de la luz, veo la punta de ese rayo de sol, √ļnico adversario. Veo revoluciones. Veo muertes. Veo paz. Llego a la meta: el resto no ha reaccionado ante el pistoletazo de salida.

# 58 Cristina Cruz Ortiz

 

Cómete el mundo

Me tragué las cortinas. Me tragué la lámpara, el frigorífico, la cama. Me tragué los cuadros, los muebles, las plantas. Me tragué la pared. El techo. Me tragué la casa entera. Tragué hasta que no pude tragar más porque nada quedaba ya a mi alrededor. Entonces me levanté y, sin obstáculo a la vista, simplemente comencé a correr.

# 57 JUAN LORENZO COLLADO GOMEZ

 

EL √öLTIMO

Me apunt√≥ a la carrera un amigo y no se me ocurri√≥ preguntarle a qu√© hora comenzaba, pero sab√≠a que era la √ļltima del a√Īo y supuse que deb√≠a terminar antes de las doce de la noche. Me prepar√© para correr la prueba y camin√© en direcci√≥n a la salida cuando todos se preparaban para dar la bienvenida al a√Īo nuevo. Cuando llegu√© al Paseo de San Antonio solo estaba ella con un gorrito rojo y una botella de cava esperando a alguien que no hab√≠a llegado. No hubo otro avituallamiento salvo ese espumoso, ni un trofeo mejor que su beso al √ļltimo clasificado.

# 56 Carmen de Silva Martínez

 

M√°s que nunca

M√°s que nunca 15 de octubre. A√ļn no s√© nada, ¬Ņser√° posible?, a ver si no se va a hacer, pero como no se haga me muero. Llevo 650 kil√≥metros corridos en c√≠rculo en la azotea de casa, pero no es lo mismo, ni siquiera parecido. Ah√≠, en todo lo alto, no siento la alegr√≠a ni el rumor del viento, ni esa sensaci√≥n de aqu√≠ somos todos iguales que tanto me gusta. ¬°Silvestre!, ven ya por Dios, que este a√Īo te necesito m√°s que nunca. 25 de octubre. ¬°S√≠, s√≠ y s√≠! Por fin lo han anunciado y s√≠ se hace, menos mal. ¬°Qu√© ganas, Dios m√≠o! El 31 me visto de corto... y a correr.

# 55 Boris Luis Cabrera Acosta

 

La promesa

Cuando sent√≠ que las piernas me flaqueaban invoqu√© por primera vez al mism√≠simo San Silvestre Salmantina. Mi cuerpo era una hoguera que se avivaba en cada trote, en medio de esa soledad salvaje que se hab√≠a desparramado por las calles de esa hermosa ciudad. Justo cuando uno de esos malditos calambres amenazaba con lanzarme al pavimento y pensaba que los milagros hab√≠an volado como palomas asustadas, la vi a ella. Ah√≠ estaba ondeando con orgullo su pa√Īuelo de colores en medio de una multitud que le fue encendiendo poco a poco los sonidos a la tarde, mientras me acercaba, por inercia y por principios, a la ansiada meta.

# 54 Silvia Car√ļs

 

La corrida

Siendo hija de madre viuda encontr√≥ un modo de ayudar en casa participando en la carrera de San Silvestre Salmantina. Corr√≠a con determinaci√≥n sobre el asfalto, acortando la curva total del marat√≥n a cada pasada, inmersa en el clima festivo y contagiante que envolv√≠a la ciudad de Salamanca en aquel √ļltimo d√≠a del a√Īo. Conforme se aproximaba a la l√≠nea de llegada, un remolino de emociones que hasta entonces estuvo controlado comenz√≥ a ser liberado. L√°grimas se mezclaban con el sudor cuando su cintura choc√≥ contra la banda. Sus pasos fueron disminuyendo de velocidad poco a poco, hasta detenerse completamente para caer de rodillas en el suelo. Una multitud la rodeo. Numerosas personas se aproximaron, haci√©ndole preguntas que no consigui√≥ distinguir. En cuanto periodistas y fot√≥grafos, registraban el momento en que era ovalada por el p√ļblico. Objetivo conseguido, ahora pod√≠a ver su sue√Īo cumplido de ir a los Juegos Ol√≠mpicos.

# 53 Sarai Ruiz Soto

 

San Silvestre Salmantina quiero salir, quiero correr

Sangre, 180 pulsaciones, bom,bom,bom. Mi corazón late por las calles, quiere salir, quiere correr. Sudor, busco su mirada, necesito su presencia. Mi piel suda por Salamanca, quiere salir, quiere correr. Lágrimas, el frío invierno las hace sucumbir. Quieren salir, quieren correr. San Silvestre Salmantina, quiero salir, quiero correr.

# 52 Diego Gaspar Rodríguez

 

Mi carrera

Inspiro. Mi coraz√≥n bombea incesante. Llevo esperando mucho tiempo este momento. Mi momento. Espiro. Los gemelos se contraen al impactar contra el suelo. Cada paso me acerca un poco m√°s a mi destino. No contaba con llegar este a√Īo. Desde el principio, todo se hab√≠a puesto en contra. Los ni√Īos, la mudanza, el maldito covid‚Ķ Para terminar de complicarlo, me tocaba trabajar el 26. Por suerte, un compa√Īero hab√≠a cambiado su turno a √ļltima hora y all√≠ estaba, un a√Īo m√°s, en mi carrera. Aumento el ritmo. Los gritos de la gente me advierten de que estoy cerca. Adoro esta sensaci√≥n. Puedo ver la meta. Solo un √ļltimo sprint‚Ķ ¬°Llegue! Emocionado, aplaudo al pelot√≥n mientras pasa frente a mis ojos. Justo a tiempo. Respiro. Otro a√Īo igual, vivo a dos calles y casi no llego a la maldita carrera. El a√Īo que viene a ver si me animo y participo.

# 51 HELENA GARCIA ARNAU

 

FOTOGRAFIA

Me situ√≥ con mi c√°mara fotogr√°fica en la l√≠nea de meta de la San Silvestre Salmantina. En la espera por ver llegar a los deportistas, me pregunto cu√°les son sus pensamientos durante la carrera. Barajo algunos verbos: participar, llegar, ganar, terminar. Percibo que va a entrar el primer corredor. Rompe la cinta y levanta los brazos en se√Īal de victoria. Su rostro refleja la emoci√≥n del ganador. Plasmo el instante en mi c√°mara. Momentos despu√©s, entra el segundo atleta. Una chica del p√ļblico se aproxima a √©l y lo abraza. Capto la escena. Levanto la vista. A buen ritmo, est√° llegando la primera mujer. De repente, gira la cabeza para mirar atr√°s: otra mujer le pisa los talones. Respira hondo, aminora la velocidad y alarga el brazo para cogerla de la mano. Entran juntas. Ella ha decidido compartir el podio con una compa√Īera. Esta es la fotograf√≠a que quiero hacer.

# 49 Gloria Fern√°ndez S√°nchez

 

Beatriz y Luisa

Beatriz Galindo y Luisa de Medrano se disponen a correr la San Silvestre, ante el asombro de Miguel de Unamuno y fray Luis de León, quienes acaban admitiendo que las jóvenes han llegado por fin a un siglo que es el suyo.

# 48 Marisol García Romero

 

La trocha

La trocha Mariela se hab√≠a cansado del pa√≠s, de la gente, de la desesperanza, de una pensi√≥n que no alcanzaba ni para volverse viciosa. Con los pocos d√≥lares guardados entre los genitales, lo suficiente para vivir dos semanas, esperaba al trochero que la pasar√≠a al otro lado. Se subi√≥ r√°pidamente; la decisi√≥n estaba tomada, lo abandonaba todo. Nerviosa esperaba que ning√ļn guardia o paramilitar los detuviera y los robara o matara. Salir de aquel pa√≠s era como huir de una prisi√≥n. Cuando lleg√≥ a Colombia, sinti√≥ miedo: ¬Ņahora qu√© har√≠a, vivir√≠a en un hotel, hablar√≠a con otro acento, trabajar√≠a de limpiadora? ¬ŅQu√© har√≠a con esa libertad infinita que se abr√≠a ante su mirada? Hab√≠a logrado lo que tantos venezolanos quer√≠an: migrar, sin embargo, una especie de angustia la posey√≥. Era vieja, sola y con una libertad demasiado grande para cualquier migrante pobre en el mundo.

# 47 Samy Reyes García

 

El √ļltimo vag√≥n del Metro

El metro estaba repleto a las 6 de la ma√Īana. Como siempre hab√≠a mujeres maquill√°ndose, ni√Īos adormilados y estudiantes perdidos en sus celulares. Sinti√≥ un ambiente extra√Īo en ese √ļltimo vag√≥n. Un joven lo observaba lascivamente. El intercambio de miradas lo puso nervioso; nunca hab√≠a experimentado el deseo de acariciar a un hombre. Pero era un muchacho guapo, delgado y aunque como cualquier otro, con una belleza encantadora. El muchacho sonr√≠o y le hizo una especie de mueca que no entendi√≥. ¬ŅQuer√≠a que se acercara? Pero sus piernas no se lo permit√≠an; estaba paralizado y excitado. No pod√≠a hacerle eso a Daniela que no le iba a perdonar otra infidelidad, ¬°mucho menos con un hombre! Baj√≥ la mirada y entre sus pensamientos dubitativos las estaciones pasaron. Cuando por fin se hab√≠a dispuesto a acercarse busc√≥ nuevamente los ojos del joven, pero ya no estaba.

# 46 ADELA ORELLANA DUR√ĀN

 

EL RITUAL DE LA SAN SILVESTRE SALMANTINA

Doce nietos, equipados con ropa deportiva para correr la carrera de La San Silvestre Salmantina 2021, se levantan al un√≠sono. ¬°Ha llegado el abuelo, comienza el ritual! Plet√≥ricos, removiendo el m√°gico elixir, ante la mirada complaciente del abuelo, alzan las copas hacia la foto de la bisabuela, toman un sorbo del preciado brebaje y esperan en completo silencio. ¬°El abuelo pronuncia su discurso! ¬¨‚ÄúUn a√Īo m√°s, me embarga la emoci√≥n. Os llev√°is, prendidos en vuestros paladares, la esencia y el esp√≠ritu innovador de vuestra bisabuela. Llevadlo con orgullo por las calles de nuestra Salamanca. Este elixir de hierbas lo invent√≥ ella para las generaciones venideras. Su objetivo sigue vivo y as√≠ seguir√° para siempre: ¬°Bebed! Ahora, vuestros cuerpos, vuestros esp√≠ritus, est√°n preparados para correr nuestra m√°s preciada carrera salmantina. ¬°Que as√≠ sea! ‚ÄĚ

# 45 MARIA ANGELES ALBA REDONDO

 

DISFRUTANDO EL MOMENTO

El amarillo fluorescente de los cordones iluminaban el asfalto, el corredor casi parec√≠a no tocar el suelo, cada zancada era como una ligera caricia. Un a√Īo llevaban las zapatillas guardadas en el armario, esperando la recompensa a su paciencia, a su optimismo, todos esos d√≠as de encierro, de calles solitarias, de silencio aterrador. La San Silvestre Salmantina este a√Īo era la mejor carrera de su vida, sin pretensiones, con el viento acariciando su cara, las voces de la gente en el trayecto le parec√≠a la mejor de las melod√≠as. Esa sensaci√≥n de sentirse libre, agradecido de estar all√≠ y en el recuerdo los que ya no estar√≠an.

# 44 Javier

 

Herencia

Una adolescente corre por las calles adoquinadas con unas deportivas compradas para la gran ocasi√≥n. El abuelo paterno de la muchacha va primero. Las zapatillas del a√Īo pasado impulsan esos huesos veteranos por las calles de asfalto. Los fantasmas que erigieron el puente y la iglesia principal los saludan a ambos con j√ļbilo. El abuelo casi llega a la meta cuando un m√ļsculo le falla. Va a entrar cojeando. Le jode, porque ha entrenado y aprendido mucho para este a√Īo ser el primero. Otro competidor se acerca. La gente aplaude. La prensa est√° expectante porque no saben a qui√©n entrevistar√°n como el ganador. Pero en esta carrera no hay perdedores ni ganadores, no hay viejos ni j√≥venes, solo amantes y herederos de la belleza. Adictos al aire lleno de arte que emanan la arquitectura y el paisaje. El abuelo y la adolescente llegan juntos a la meta.

# 43 TERESA MARTINEZ MORATALLA VALCARCEL

 

CORRIENDO CONE L TIEMPO

O√≠ la se√Īal y sal√≠ corriendo, corr√≠a huyendo de situaciones, de pensamientos recurrentes, de preocupaciones, de conflictos que me hab√≠an acompa√Īado durante el a√Īo que estaba a punto de finalizar, corr√≠a sin mirar atr√°s para que no me persiguiesen, para dejarlos soterrados en ese a√Īo. Corr√≠ con esperanza, poniendo mi vista en el futuro, visualizando todas las posibilidades que encerraban estos 365 d√≠as que esperaban ser escritos por mi pu√Īo y letra, proyectaba tanta ilusi√≥n tantos planes, tantos sue√Īos, tanta fe y confianza en este a√Īo por estrenar, que esprint√©. Fui consciente del presente, sudando, jadeando, levantado el peso de mis piernas en cada zancada por los empedrados de Salamanca, impulsado por la energ√≠a del grupo, me sent√≠ arropado, acompa√Īado y protegido por gente que no conoc√≠a, gente con sus propios sue√Īos y proyecciones, todos corriendo juntos en el tiempo, alej√°ndonos del caduco pasado y ansiando un futuro todav√≠a incierto.

# 42 Silvia Asensio García

 

¬°Por San Silvestre!

Lleva un tiempo con muchos dolores en los ri√Īones y cansado. Se lo ha ocultado a ella, no quiere que le llame quejica. Pero ya no aguantaba m√°s y se ha hecho unas pruebas. Acude en solitario a por los resultados. El m√©dico insiste en que se siente. La gravedad de su expresi√≥n le preocupa. ‚ÄēTiene c√°ncer de p√°ncreas. Sale de la consulta y las palabras resuenan en su cabeza: tiene c√°ncer de p√°ncreas, c√°ncer de p√°ncreas, de p√°ncreas‚Ķ Abatido, se lo confiesa a su mujer. Pasan algunas semanas. Solo la esperanza de poder participar una vez m√°s en la San Silvestre Salmantina, lo mantiene vivo. Llega el d√≠a y antes de empezar la carrera, le dedica un √ļltimo brindis junto a sus mejores amigos: ¬°Por San Silvestre! Consigue finalmente cruzar la meta y segundos despu√©s, cae desplomado al suelo.

# 41 JEAN CARLOS CASTRO CARABALLO

 

Mi próxima carrera

Me levanto. Hace mucho fr√≠o. Estoy temblando. Me sacudo con cuidado. Me meto al ba√Īo. Abro la ducha. ‚ÄĒ¬°Hoy es el d√≠a! ‚ÄĒ grito fuerte mientras las primeras gotas de agua caen sobre mi cuerpo esquel√©tico pero todav√≠a muy bien parado. Salgo. Me cambio. Me siento en la cama pensando. Los nervios empiezan a aparecer y mi coraz√≥n es como si hubiese quedado paralizado ¬°Por fortuna tengo marcapasos! Dirijo mi mano hacia mi pecho y me doy cuenta que est√° s√ļper acelerado. Tomo con dificultad mi par de zapatos, los cuales es como si tampoco los tocaran los a√Īos, pues desde el a√Īo ochenta y cuatro en esta carrera me han acompa√Īado, y aun, al igual que yo, est√°n intactos. Salgo de casa. Voy trotando hacia el lugar de partida de este gran espect√°culo. Me ubico. Dan el pistoletazo. Me da un preinfarto. Mi pr√≥xima carrera no pude llevar a cabo.

# 40 Claudia Bazzano Alcaine

 

¬ŅSeguro qu√© corres?

Doy el primer paso, acabo reculando. La adrenalina del primer suspiro empieza a hacer efecto. Mi cuerpo se siente vac√≠o, mis alas me conducen al objetivo, coger ese suave tejido. Aislado de los dem√°s, oculto entre mis s√°banas, nunca mir√© al frente de la c√°mara ,hasta ese momento. Rendido ante el bandido de mi cartera ,pude ver el hilo de mi vestido. Empieza la carrera. Tiritando de miedo, corriendo hacia el sol. No son espaldas, son caminos creados por sus pisadas. No hay destino ,pero te acompa√Īan. Andando sin zapatillas, contemplando las maravillas del alrededor. No pierdes, siempre ganas medallas. Termin√© llegando a donde nunca me atrev√≠ a mirar, mi lugar. Hoy mi hermano corri√≥ por mi, trasmitiendo estos sentimientos como una sinfon√≠a de Chopin. Correr f√≠sicamente no es la tarta, s√≥lo una porci√≥n . Lo comprender√°s cuando est√©s ah√≠, en la melod√≠a creada por San Silvestre Salmantina.Estoy contento.

# 39 Sandra √Ālvarez Sesma

 

Dedicado

Muchos le dijeron que estaba loco. Algunos se rieron de √©l sin verg√ľenza. Incluso su mujer le advirti√≥ de que no lo hiciera. Pero √©l se mantuvo firme al ver cada d√≠a c√≥mo su personita especial volv√≠a triste del instituto. No fue f√°cil. Por las ma√Īanas entrenaba, por las tardes trabajaba y por las noches se desvelaba prepar√°ndolo. El d√≠a de la carrera pidi√≥ a su familia esperarle en la meta. Ni la mirada desaprobadora de su mujer le hizo echarse atr√°s. En cuanto escuch√≥ el pitido sonri√≥ quit√°ndose el abrigo. Corri√≥ con los comentarios y miradas del p√ļblico, centr√°ndose solo en adelantar. Cuando al fin cruz√≥ la meta lleg√≥ tercero. Se gir√≥ hacia su familia, encontr√°ndose con sus ojos fijos en el vestido de rayas azules, rosas y blanca que llevaba. ‚ÄĒ¬°Se lo dedico a mi hija! ‚ÄĒgrit√≥ mientras le daban el premio. Ella llor√≥ l√°grimas de felicidad.

# 38 MANUEL SERRAO FUNES

 

ESTE A√ĎO, ENTRE LOS CINCO PRIMEROS.

Correr la San Silvestre en Salamanca es otra cosa. El a√Īo pasado la hice de manera virtual, pero no es lo mismo. Este a√Īo me ha mandado un mail la organizaci√≥n con las condiciones. La inscripci√≥n se abre ma√Īana y espero conseguir dorsal entre el uno y cinco. No me duelen los dos euros por apuntarme ni los diez de dos mascarillas que voy a comprar ni siquiera los doscientos del viaje y aojamiento. Todo sea por ayudar. En la √ļltima, la del diecinueve, hice por encima de las dos horas, pero esta vez estar√© entre los cinco primeros. No, no me he estado preparando en altura ni he rejuvenecido. Tampoco me dopo, ser√≠a demasiado obvio a mis setenta y tres a√Īos. Lo ocurre es que en las autoridades sanitarias exigen la distancia de seguridad de metro y medio.

# 37 Juanma Velasco Centelles

 

Contención

Compactada contra miles de cong√©neres pol√≠cromos de indumentaria. Saltando sobre mi posici√≥n para extirparme el fr√≠o que la niebla impone al mediod√≠a salmantino finidecembrino. Caj√≥n 2, indicativo de mi mediocridad f√≠sica en materia de zancadas. Sola. Lo he preferido as√≠. A mi rollo, al tuyo, le traslad√© con determinaci√≥n a mi marido cuando propuso sacrificar sus potenciales 37 minutos para acompa√Īarme. Caj√≥n 1 para √©l. Me meo. O eso creo a resultas de la presi√≥n vesical. Me meo y no me sorprendo, aunque acabe de mingitar hace solo siete minutos. No obstante, se me antoja tarde para reincidir porque resta apenas un minuto para la salida. Si me urge me dejar√© ir. Las mallas absorber√°n. Y no, me desdigo, no es psicosom√°tico, pero no me pod√≠a perder mi tercera San Silvestre patria consecutiva solo por atravesar el tercer mes de mi primer embarazo, aunque mi vejiga se haya vuelto hiperactiva.

# 36 JOS√Č ANTONIO GAGO MART√ćN

 

INFELIZ DESESPERADO BUSCA...

El a√Īo pasado, en la san Silvestre de Salamanca, delante de m√≠ sal√≠a una chica disfrazada de cartel publicitario. Solo ve√≠a su melena ondulada color miel y unas mallas ajustadas rosa fosforito. Me bast√≥ eso para caer perdidamente enamorado. Memoric√© el n√ļmero de tel√©fono que llevaba escrito. Durante la carrera iba repitiendo sin cesar aquellos d√≠gitos para que no se me olvidaran, pero en el puente romano me tropec√© con un tipo grandote disfrazado de Cupido que llevaba una s√°bana a la rastra. Con la ca√≠da se me olvidaron algunos n√ļmeros y de all√≠ en adelante corr√≠ maldiciendo para mis adentros a Cupido y a toda la maldita mitolog√≠a. Consegu√≠ llegar a la meta y esper√©, derrotado y tiritando de fr√≠o, a mi anhelado cartel, pero no lleg√≥. Por eso lanzo esta llamada desesperada. Empezaba por SE VENDE FELICIDAD 624 365 ¬ŅAlguien puede darme los tres √ļltimos n√ļmeros?

# 35 ISIDRO CATELA MARCOS

 

LA VIDA POR DELANTE

Muchos a√Īos antes de leer a Gil de Biedma, Ahmed ya sab√≠a que la vida iba en serio. Corr√≠a descalzo por los campos, a las afueras de su aldea. Corr√≠a para correr, tal vez un d√≠a, en los Juegos Ol√≠mpicos. Corr√≠a para escapar de la hambruna y de la guerra civil. Fue uno de tantos ni√Īos perdidos del Sud√°n; uno de los privilegiados que acab√≥ en un campo de refugiados, en Kenia. Luego llegaron la adopci√≥n, sus padres y hermanos espa√Īoles, la pasi√≥n por el Bar√ßa y el medio fondo, las tardes entrenando en La Aldehuela y los estudios de Magisterio. Se le qued√≥ grabado aquello de que para educar a un ni√Īo hace falta la tribu entera. No ha entrado entre los primeros, pero a los que le conocemos bien no nos ha extra√Īado que, al cruzar la meta, en el Paseo de san Antonio, haya levantado los brazos.

# 34 Gabriel Pérez Martínez

 

Mal educados

Al dar la salida, varios corredores se quedan quietos: esperan a sus progenitores mientras rememoran el ‚ÄúQuita, que ya lo hago yo‚ÄĚ. Los dem√°s arrancan. Minutos m√°s tarde, un atleta evoca el ‚ÄúNo llegar√°s a nada en la vida‚ÄĚ y se sienta en un bordillo del que no se mover√°. La carrera contin√ļa. De los gemelos que participan, uno va por detr√°s. Avanza a su ritmo, pero se acuerda del ‚ÄúIgualito que tu hermano‚ÄĚ y abandona. En cabeza, marchan tres j√≥venes. Quien va segundo tropieza, tirando al primero. ‚ÄúEres malo‚ÄĚ, se dice, y se retira. El que est√° tendido sobre el asfalto piensa: ‚ÄúAlgo habr√°s hecho‚ÄĚ y ni se levanta. A metros de la meta, el ganador en potencia escucha una voz interior que grita: ‚ÄúNo ten√≠amos que haberte tenido‚ÄĚ y se desploma. Horas despu√©s, su cuerpo entra al tanatorio mientras sus padres repiten: ‚ÄúPero c√≥mo nos haces esto‚Ķ‚ÄĚ.

# 33 MARIA DEL SOL HERNANZ DE LA ROSA

 

AGUJETAS

Tener un hijo adolescente puede ser complicado hoy en día. O siempre lo fue, no lo sé. Hoy, 1 de enero, sólo sé que tengo agujetas. Agujetas en las piernas debido a la carrera de ayer. Para alguien que no suele correr supuso todo un reto y dejó en evidencia mi falta de ejercicio. Agujetas también la tripa. Desde la elección de los disfraces hasta el momento de quitárnoslos recordando la carrera no pude parar de reír. Y agujetas en el corazón provocadas por cada pellizco que me daba al ver correr al lado a mi hijo, un apasionado del atletismo que no dudó en ir a mi ritmo y animarme. Como ya he dicho, tener un hijo adolescente puede ser complicado hoy en día. Por eso decidí correr con él por nuestra ciudad. Ese rato no ha sido suyo y mío, hemos hecho que sea nuestro.

# 32 Lázaro Domínguez Gallego

 

EJEMPLO

Corría con elegancia, a zancada rítmica, firme y segura su postura de atleta, y con una simpática sonrisa en los labios, signo evidente de su felicidad, ufano de su participación en la carrera popular de la ya tan famosa San Silvestre Salmantina. En medio de la ingente multitud de corredores, lo reconocimos enseguida. Alto, fuerte, recién afeitado, bien parecido, frente ancha y pelo negro, limpio, brillante y muy arreglado. Nada más verlo, recordamos su lema preferido, constantemente predicado, rigurosamente vivido, que lleva grabado en el corazón:"El ejemplo es lo que vale, lo que edifica, lo que anima, lo que evangeliza de verdad". Desde lejos, nos vio y nos saludó muy amablemente. Era nuestro obispo.

# 31 Elena Rodríguez Talaván

 

LE√ďN Y LOBO

Cuando le√≥n le rob√≥ la pierna izquierda, el peque√Īo lobo qued√≥ tocado y hundido. Lobo era deportista, no fumaba y no beb√≠a. Cuando le√≥n entr√≥ en su vida, cogi√≥ el camino que nunca hab√≠a tomado. Lobo se volvi√≥ oscuro y tranquilo, no quer√≠a tener contacto con ning√ļn miembro de la manada. Un d√≠a, Caperucita Roja, se cruz√≥ en su camino. Desde ese d√≠a, la vida le cambi√≥. Comenz√≥ a adaptarse poco a poco a la √ļnica v√≠a de escape que ten√≠a: la pr√≥tesis. Le√≥n osteosarcoma le hab√≠a arrebatado un miembro, pero no la vida. Caperucita Roja motivaba d√≠a tras d√≠a a Lobo, para que consiguiera lo que quisiera, y as√≠ lo hizo, corri√≥ la San Silvestre Salmantina y gan√≥. M√°s que un triunfo, fue motivo de superaci√≥n. Lobo ense√Ī√≥ que la vida no termina hasta que el alma emigra y que como un p√°jaro, vuela la vida.

# 30 Marcelo Galliano

 

La culpa fue de la prensa

Juli√°n Pargas fue una indiscutible figura del atletismo. Nadie olvida su coraz√≥n de acero para enfrentarse a retos como la carrera de San Silvestre, su brillante habilidad para regular el aire, sus piernas valiosas como diamantes para doblegar los m√°s dif√≠ciles desaf√≠os, su frialdad de acero para soportar las envestidas de sus competidores, su simpat√≠a de oro en el trato con los aficionados y, m√°s que ninguna otra cosa: sus dientes de marfil, sus ojos de esmeralda, sus cabellos de plata y su figura de m√°rmol para el deleite del p√ļblico femenino. Un d√≠a, la prensa se hizo eco de semejantes valores‚Ķ Alertado de semejante riqueza de recursos, el Ministerio de Hacienda decidi√≥ empezar a cobrarle los impuestos aplicables a la miner√≠a. Desde entonces, el pobre Juli√°n es un atleta m√°s‚Ķ, como tantos otros arruinados por la fama.

# 29 María Ester de Pedro de la Fuente

 

Se busca móvil

Todos est√°bamos expectantes en la salida, muchos disfrazados, todos sonrientes, ninguno quieto. M√°s p√ļblico que nunca. Entre el p√ļblico faltaba yo. Este a√Īo anim√© desde el otro lado de la valla. Comenc√© con buen ritmo. "Alexa pon la m√ļsica de los Jim Brothers". Me sent√≠a fuerte. Grit√© "¬°Ole, ole los caracoles!" ¬°Segu√≠ corriendo. Estaba vivo ¬°Alegr√≠a! ¬°Ilusi√≥n! Ya a punto de cruzar el puente, vi a las chicas del basket Avenida. Pas√© a una, dos, y justo al ir a pasar a la tercera, me mir√≥. No pude adelantarla. ¬°Qu√© nervios! Tantos que hasta el m√≥vil se me cay√≥. No par√©. No era momento de tropezar. Avanzamos. Risas, √°nimos y miradas se alternaron. √ćbamos a acabar casi a la par. Yo segu√≠a con el guapo subido, pero mientras dudaba si al iba a pedirle su n√ļmero porque quiz√° la chica era algo m√°s alta que yo, ella... me gan√≥.

# 28 Luciano García Herrero

 

No llego

No llego, no llego. Si ten√≠a que haber cogido el autob√ļs. Voy a tener que correr para llegar a tiempo a la salida. Y despu√©s otros diez kil√≥metros corriendo. Cuando llegue a la l√≠nea estar√© reventado. ¬ŅUn disparo? ¬ŅEso ha sido un disparo? Y todav√≠a me queda un mont√≥n. Voy a salir con los grupos de los disfraces. Este a√Īo no har√© buena marca. Ten√≠a que haber cogido el autob√ļs. O haber madrugado m√°s. Bueno, ya no hay remedio. Cuando llegue, seguir√© corriendo y terminar√©, cansado, eso s√≠. Pero terminar√© la carrera. El pr√≥ximo a√Īo, madrugar√© algo m√°s. O coger√© el autob√ļs. Har√© una buena marca.

# 27 ISABEL GARCIA VI√ĎAO

 

COCO-CORRECAMINOS

¬ŅC√≥mo va a dejar de entrenar Juan para la San Silvestre Salmantina en Navidad? Incluso se ha colocado un dorsal por si este le disminuye el aerodinamismo. Mariela y Juan son pareja. Tienen una ni√Īa en com√ļn. Juan fue operado hace tiempo de una rodilla y su esposa no le permite correr. Cuando Juan escucha que la ni√Īa canta y la madre no est√° en casa, inmediatamente sube a la buhardilla y entrena. La ni√Īa escucha unos golpes r√°pidos y seguidos. ¬ŅSer√° el coco? No le tiene miedo. Le resulta tan familiar que lo ha bautizado con el nombre de Coco-Correcaminos. El d√≠a de ‚ÄúLa San Silvestre‚ÄĚ, Juan llega a meta en posici√≥n intermedia. Su esposa no sab√≠a que compet√≠a y se siente orgullosa. ‚ÄúSin entrenar y operado. Eres un campe√≥n‚ÄĚ ‚ÄĒle dice. Nadia, la ni√Īa, le susurra al o√≠do: ‚Äú¬ŅT√ļ eres el Coco-Correcaminos que entrena en la buhardilla?‚ÄĚ

# 26 ALBERTO LOUZAN ESCUDERO

 

COLORES EN LA CIUDAD

La cuidad espl√©ndida, el fr√≠o escarchado, hay ganas de comenzar. Peque√Īos saltos que calientan el cuerpo y calman la ansiedad. M√ļsculos tensos, el dorsal bien puesto, parece que empieza ya la carrera que tanto a√Īoraba, la carrera de la solidaridad. Fue esto lo que la anim√≥ a correr, a entrenar durante semanas, a pesar de la soledad. Ahora, llena de energ√≠a, est√° feliz por participar. ¬°C√≥mo lucen la Plaza Mayor, el Puente Romano, la rana que nos mira trotar! Hemos pasado la mitad. Y sigue avanzando la serpiente multicolor engalanando la ciudad. Ahora en los Comuneros, el Paseo del Rollo, Cuatro Caminos nos espera ya. Las calles rebosantes, aplausos que reconfortan, se cerca el final. El Paseo de San Antonio pronto nos recibir√°. Sudores y risas, satisfacci√≥n desbordante, ahora toca descansar. La ciudad entera sonr√≠e orgullosa y nos desea Feliz Navidad.

# 25 Javier Risco Bermejo

 

Un a√Īo m√°s

La entrada a la Plaza Mayor es un estrechamiento en bajada. Las piernas a√ļn no duelen y todos nos creemos Kenenisa Bekele, con una zancada larga y la cara a√ļn sin mueca de fatiga. En la cuesta de Oviedo parece que se pare el tiempo: el ritmo baja y subir hasta el parque Bot√°nico se hace eterno. Entre Libreros y Compa√Ī√≠a, el ritmo se acelera, temiendo la subida de Ram√≥n y Cajal. El empedrado se nota bajo las zapatillas y los cu√°driceps no parar√°n de arder hasta llegar a meta. La avenida Villamayor se ocupa de ponernos la √ļltima puntilla. Hasta Comuneros, es el coraz√≥n quien mueve las piernas. A partir del Alto del Rollo, son los aplausos y los √°nimos los que nos llevan en volandas. Y, un a√Īo m√°s, hemos vuelto a llegar a meta.

# 24 Agustín Pascual Pino

 

IM√ĀGENES SUPERPUESTAS

Paseo de San Antonio. Apenas comencé a correr sentí que algunos de los que me rodeaban no se dirigían a la misma meta que yo. Veía imágenes de un hemiciclo donde la oposición insultaba para evitar el debate. Me recordaban, inmovilizados en gris, cuerpos en las cunetas. Decían que ellos representaban lo mejor, pero solo estaban aferrados a triunfos anteriores a los que no querían renunciar y buscaban entorpecer la marcha de los que anhelaban un camino digno. Pero también observé a mi lado pasos firmes, decididos. Vecinos que corrían hacia metas solidarias. Salmantinos conscientes de que décadas de historia no pueden sino afianzar voluntades y crear una sociedad justa. Gentes para quienes cada día es un San Silvestre que nos aleja del egoísmo porque, al final de la carrera de nuestra vida, la copa ganada rebosa de la felicidad de todos. Las imágenes tomaban color y surgía la esperanza.

# 23 ed carosia

 

DICIEMBRE DEL '84

El barullo atraves√≥ el cristal y se meti√≥ debajo de la frazada que tapaba mis orejas, despert√≥ mi curiosidad y me arranc√≥ de la cama. Entre aturdido y molesto, pegu√© mi nariz sobre el vidrio helado. ¬ŅQu√© eran esos golpes en el suelo? ¬ŅCaballos? Afuera se agolpaba la gente. No alcanzaba a o√≠r lo que gritaban, pero record√© que mi abuela hacia d√≠as que hablaba de una carrera que pasar√≠a por la puerta de casa. - ¬°Vamos, Pedro! grit√≥ mi abuela. Y como si de una orden se tratara, me calc√© torpemente las zapatillas y sal√≠ saltando en una pierna, en pijama y todo despeinado, atraves√© la puerta de calle y sal√≠ corriendo como un loco por la acera, en paralelo a los atletas. En la esquina y con la lengua afuera me propuse un d√≠a correr con ellos. Apenas cumpla los 10 y me dejen cruzar la calle solo.

# 22 Carlos Javier León Contreras

 

El gusanillo de las carreras

¬ęCorramos la San Silvestre¬Ľ, me propuso en la segunda cita. Inteligente, bella, deportista... apenas nos conoc√≠amos, pero ya me ten√≠a enamorado y acept√©, pese a que no hab√≠a corrido en mi vida. Justo por la plaza de Espa√Īa, una vocecilla empez√≥ a martillearme la cabeza: ¬ę¬Ņpor qu√© no le dijiste que mejor una cerveza?¬Ľ. Qu√© mal lo pas√©, hubiera abandonado si no llega a ser por su empe√Īo; me daba √°nimos, me esperaba... me dio fuerzas para continuar. Pasado el Puente Romano, empec√© a cre√©rmelo; el p√ļblico entregado, el ambiente, los disfraces... la carrera era una fiesta que no me quer√≠a perder. En el mismo paseo de San Antonio lleg√≥ la apoteosis. Con una enorme sonrisa, me cogi√≥ de la mano para cruzar juntos y entonces, embriagado de emoci√≥n, lo hice: esprint√© para llegar por delante, brazos en alto, haciendo el signo de la victoria. Nunca m√°s supe de ella.

# 21 ROCIO FARI√ĎA SEOANE

 

Oculto entre el p√ļblico de la San Silvestre Salmantina la miraba

Descubri√≥ la manera de ver a su hija, tras 20 a√Īos, gracias a la San Silvestre Salmantina. Se hab√≠a enterado de que le encantaba pasar la √ļltima tarde del a√Īo con sus amigos, que siempre llegaba a la meta, y lo m√°s importante para ella, despu√©s de la carrera, salir a tomar una ca√Īa con su gente. Y all√≠ se plantaba cada a√Īo, mezclado entre el p√ļblico, viendo a su hija re√≠r, algo que la vida les hab√≠a privado de hacerlo, y que nunca m√°s ocurrir√≠a.

# 20 Francisco Barrios Gil

 

La foto

La tormenta era gorda, con ella se fue la luz y cobertura de m√≥viles. Marcos empez√≥ con sus quejas, cre√≠a que no pod√≠a sobrevivir sin su tel√©fono. Me levante y fui a buscar al trastero alg√ļn √°lbum de fotos con el fin de entretener a m√≠ hijo hasta que volviera la cobertura. Entre bromas parec√≠a conseguir mi objetivo, a Marcos le parec√≠a s√ļper antiguo eso de las fotograf√≠as en papel. Entonces apareci√≥ ante sus ojos una fotograf√≠a que lo cambiar√≠a todo. En ella aparec√≠a yo 20 a√Īos atr√°s, muchos kilos menos, bastante pelo m√°s y esa cara de felicidad de los d√≠as de la Sansil. A Marcos le costaba reconocer al chico atl√©tico de la foto. Convencido me dijo que este a√Īo ser√≠a √©l quien recorrer√≠a las calles de Salamanca y esperaba que en la meta le estuviera esperando para inmortalizar el momento. Quer√≠a su propia fotograf√≠a de papel.

# 19 Elvis Bada Yache

 

Hasta el √ļltimo aliento

El sumbido penetrante del viento; ese que te cala los huesos pero que a su vez te regresa el aliento; una y otra vez continua golpeandome las mejillas pero no lo hace con suavidad sino que al contrario parecen chicotasos pegando con gran dureza, quiero detenerme pero no es una opci√≥n ya puedo visualizar la meta pero las piernas se me llenan de plomo y los brazos se desvanecen pero mi esp√≠ritu est√° intacto no tiene ni una sola pisca de cansancio as√≠ que arrastra a mi cuerpo hasta la √ļltima l√≠nea, con el aire apenas los gritos de algarab√≠a de los espectadores me devuelve el aire ese que me golpeaba ahora me acaricia suavemente en se√Īal triunfo.

# 18 Savitry Duarte

 

Ultimo esfuerzo

Corro, cada vez más rápido. Mis piernas y pulmones queman. Un ultimo aliento, un ultimo esfuerzo, solo un poco más. Entonces lo veo, mientras más acerco, siento que más me alejo, cuando estoy a punto de llegar todo se ensordece, al dar el ultimo paso el sonido vuelve... llegué.

# 17 Maximiliano Sacrist√°n

 

La duda y los lemmings

‚Äú¬ŅPara qu√© corre toda esa gente?‚ÄĚ, me pregunt√≥ mi hijo. Era una ma√Īana luminosa, y el cielo estaba tan despejado como mi mente: yo s√≥lo quer√≠a participar de la San Silvestre como otros miles de amateurs. Sin pretensiones de bajar marcas personales, ni nada. Correr por la ciudad, engranaje an√≥nimo pero feliz de una serpiente festiva. Pero como Porthos, ese personaje de Veinte a√Īos despu√©s, la duda infante me inmoviliz√≥. ¬ŅPara qu√© esforzarse en poner un pie delante del otro, si de todas maneras no dejar√≠amos de correr hacia el abismo? ¬ŅEnga√Ī√°bamos a la muerte as√≠, o nos enga√Ī√°bamos a nosotros mismos? Por culpa del v√°stago pregunt√≥n se me fueron las ganas de mezclarme entre la multitud. Ellos segu√≠an siendo ‚Äúentusiastas atletas‚ÄĚ, y largaron sin problemas: primero un pie, luego el otro. Yo, en cambio, me hab√≠a puesto a pensar. ‚ÄúNo s√©‚ÄĚ, le respond√≠, viendo pasar la turbamulta de lemmings.

# 16 Tatiana Pérez Martínez

 

La vida en on

Con paso apresurado se dirigi√≥ a su habitaci√≥n y en pocos minutos todo tipo de prendas colgaban de roperos improvisados. No era precisamente conocida por su autodominio, pero, en esta ocasi√≥n, hasta ella misma se dio cuenta de su delirante comportamiento. La impotencia se adue√Ī√≥ de su ser. La desaz√≥n lleg√≥ acompa√Īada de la pena y √©sta de las l√°grimas. L√°grimas que nublaron la figura materna. -Venga, hija, lev√°ntate y recuerda d√≥nde la guardaste por √ļltima vez. Antes de que la vida se interrumpiera y tus pies dejaran de volar. Abri√≥ el tercer caj√≥n y all√≠ estaba: su desgastada y m√°gica camiseta de las competiciones. Se prometi√≥ a s√≠ misma recuperar el esp√≠ritu de superaci√≥n que la inundaba tras cada carrera y la humildad con la que sus padres vest√≠an sus triunfos. Dio un beso al retrato de su madre y, a√Īorando su presencia, corri√≥ a inscribirse en la Sansil

# 15 José Luis Pulido Calvo

 

Peque√Īo contratiempo

San Antonio 14 justo a mi izquierda, si todo va bien en menos de una hora estar√© de nuevo pasando por aqu√≠, satisfecho. Pistoletazo de salida y a la segunda zancada impetuosa sale tambi√©n disparada al aire mi deportiva derecha, ya te dije que el 44 de tu hermano me vendr√≠a un poco grande. Consigo alcanzarla cuando se hab√≠a posado frente al portal de ‚ÄúLa Colmena‚ÄĚ, igual que una paloma blanca y gorda a la entrada de la pasteler√≠a. Me la calzo de nuevo entre el tumulto deportivo y cuando me quiero dar cuenta ya estoy doblando la esquina de la farmacia con Canalejas. Enfilo derecho el amplio paseo, con decisi√≥n, pensando que solo ha habido un peque√Īo contratiempo. Levanto la barbilla tras el leve giro a la izquierda y, ¬°oh no!, la calzada est√° cortada. Pr√≥xima al Parque de la Alamedilla parece varada una extra√Īa esfera de aspecto extraterrestre.

# 14 Hernando Striedinger Cepeda

 

EN LA CARRERA DE SAN SILVESTRE SALMANTINA

EN LA CARRERA DE SAN SILVESTRE SALMANTINA Ven√≠a de pastorear par lesiones. Nadie daba un c√©ntimo por √©l. Adem√°s su salida no ser√≠a ideal. La meta aun distaba. Como fuese a media marcha, apurando despunt√≥ del lote. ¬°Remont√≥ posiciones!. Adelante corr√≠an peligrosos contenedores. El Et√≠ope precedido de fama aumentaba ventajas. ¬°Nunca le desanim√≥!. Sus entrenamientos los efectu√≥ con su pareja. De hecho ella pegada a la bandera de meta esperaba ansiosa. A cada instante sent√≠a amarla m√°s. Desde chico corr√≠a. ¬°Cre√≠a flotar!. Quien iba al frente se fundir√≠a. ¬°Quedaban cuatro!. Alg√ļn moreno, sorprendido, volte√≥ a mirarle devorado de envidias. ¬°Lo super√≥!. Otro sufriendo esguinces: ¬°Cay√≥! Ahora ir√≠a metido entre los primeros. ¬°Palpitaban potentes sus esperanzas¬°. Solloz√≥ feliz tras igualar a otro m√°s. El √ļltimo enemigo ganaba terreno. Frunciendo burl√≥n su gorda boca, alcanz√≥ a mirarle encima del hombro. Con la respiraci√≥n volada, √©l imagina se halla al par. ¬°Todos aplaud√≠an aquello apote√≥sico suced√≠a!.

# 13 Ra√ļl Garc√©s Redondo

 

UN CL√ĀSICO

Su gesto de suficiencia contrastaba con los rostros de concentraci√≥n del resto de participantes que aguardaban expectantes en la salida a que diera comienzo la carrera. Una seguridad en s√≠ mismo que llamaba, m√°s si cabe, la atenci√≥n teniendo en cuenta que no destacaba, ni de lejos, por su estado de forma. Una prominente barriga asomaba por debajo de la camiseta del mismo tono fosforito que el ce√Īido pantal√≥n cuyas costuras a punto estaban de reventar. Pero √©l se mostraba confiado pues estrenaba las nuevas zapatillas Aquiles, ‚Äúel de los pies ligeros‚ÄĚ. Y como aseguraba el anuncio, sentir√≠a que volaba en lugar de correr. Lo que vol√≥ y mas pronto que tarde, fue su ilusi√≥n pues al poco de salir se vio obligado a abandonar al sentir un fuerte pinchazo en el tal√≥n.

# 12 JOS√Č ANTONIO LOZANO RODR√ćGUEZ

 

EMPIEZA LA CARRERA

CARRERA Salta, se agacha, trota a peque√Īos saltos sobre el mismo sitio, abre los brazos, los cierra, los vuelve a abrir. mueve el cuello de lado a lado, aspira hinchando los pulmones, suelta el aire a peque√Īas bocanadas, hace estiramientos sobre el suelo duro, ajusta bien sus pantalones, levanta y baja su cabeza, hace c√≠rculos con el cuello, abre la boca a modo de bostezo, mastica aire, se desplaza con peque√Īos pasos hacia adelante, hacia atr√°s, hacia cada lado, tropieza con otro atleta, sonr√≠e, recibe otra sonrisa, mira hacia atr√°s, cierra y abre los ojos, los aprieta, cruza la mirada con otros, son ojos vivos con cierto aire de nerviosismo que parpadean sin cesar, cierra los ojos, los vuelve a abrir, mira la calle, mira al d√≠a que ya ha amanecido y nota el fr√≠o, se abraza a s√≠ mismo. Por fin se oye el sonido y empieza la carrera‚Ķ

# 11 Milagros Terrazo

 

No m√°s esto.

Día a día el miedo me abrazaba, me alimentaba lo mejor posible, había olvidado mis sanos oficios de escribir. He sufrido los cuidados excesivos de todos los conocidos que tengo, más que nada críticas. Desde ese día busqué modificar mis costumbres para eliminar tan sólo una de la concatenación de causas por las que moriría así, sabiendo con terror que hacerlo podría ser también una causa necesaria para el fin que ciegamente creí futuro.

# 10 lucas astesana

 

la carrera pendiente

a quien todos sienten pero nadie ve a√ļn vive en m√≠, atrapado en salto quiz√°s o en una carrera que a√ļn no eh terminado, enemigos nunca tuve, solo quienes persegu√≠an mi rastro con envidia y a los que un d√≠a quise y abr√≠ mi mundo, hace tiempo se marcharon como mis recuerdos y mi sacrificio, nunca deje de buscar mis ra√≠ces y mis frutos, el valor se fue deteriorando, como si remotos momentos se borraran en un sue√Īo largo y apagado, mi pies sintieron lo que es correr camino a casa, talvez hacia una casa solitaria creyendo que atr√°s m√≠o llegar√≠a una familia, nunca tuvo visitas pero si un coraz√≥n puro, quiz√°s al tomar el atajo de un sendero me eh traicionado, aun as√≠ yo soy libre cuando corro hacia ese hogar, mirar atr√°s nunca fue dif√≠cil, lo dif√≠cil es llegar a la meta y saber que nadie te espera.

# 9 Gonzalo Prieto Barrera

 

LA CARRERA DE LA LIBERTAD

Al aproximarse otra versi√≥n de la marat√≥n que de costumbre pasa por la penitenciar√≠a, mi cuerpo ya tirita de felicidad y me preparo cual otro atleta m√°s, (me subo una cachucha hecha de humillaci√≥n para amortiguar el sol, me enredo una camiseta y una pantaloneta hechas de nostalgia, libero unos pies desnudos para ampollar m√°s mi sufrimiento, pego un dorsal en sangre, el de todos los a√Īos y que corresponde al n√ļmero de mi placa condenatoria (1124), y llorando de emoci√≥n, me incorpor√© al sentir el tropel de las zancadas y quejidos, m√°s esta vez al igual que las anteriores versiones fui descalificado al final por unirme cuando esta promediaba, cosa que no me afect√≥ pues postrado en mi celda fr√≠a, perpetua y sin violentar barrotes, nuevamente estos se abrieron de repente ante mi imaginada religiosidad por correrla y ha sido otro a√Īo m√°s que por segundos he sido libre.

# 8 JOS√Č FERNANDO CUENCA G√ďMEZ

 

VUELVE A CASA, MANUELA

VUELVE A CASA, MANUELA Despedidas alegres e ilusionadas en el bullicio que reina en el aeropuerto. Sonrisas, expectativas. El coraz√≥n abierto, las piernas preparadas. Un murmullo caritativo se extiende por las gradas del gran estadio. Las manos en la cara. La joven atleta cojea por el fr√≠o tart√°n. Vuelve a casa, Manuela. Los sue√Īos rotos estallan como un arsenal bombardeado. Miles de horas tiradas a la papelera. Vuelve a casa, Manuela. Una min√ļscula rotura que hace aflorar las l√°grimas m√°s escondidas. Una medalla se esfuma indiferente. Compa√Īeras solidarias que se convierten en muletas. Brazos de todas las razas que arropan sus hombros ca√≠dos. Vuelve a casa, Manuela. Las puertas del aeropuerto se abren silenciosas. Impolutas vendas blancas rodean su muslo desnudo. La cabeza gacha. El pelo lacio y negro cubre como una cortina su rostro afligido. Las muletas taconean sobre el m√°rmol. Un beso. Vamos a casa, Manuela.

# 7 ESTEBAN TORRES SAGRA

 

NUEVOS TIEMPOS

Nuevos tiempos, nuevas reglas. Para este 2035 -A√Īo Internacional de la Mascota- la San Silvestre salmantina, en honor a ellas, solo exige como condici√≥n obligatoria correr con una, debiendo inscribirse cada atleta con su animal de compa√Ī√≠a preferido. La √ļnica condici√≥n es que se lleve sujeto por una correa y que no represente ning√ļn peligro para los dem√°s corredores. Ha sido un exitazo, con participantes venidos desde los cinco continentes al evento. Muchos, con perros de todas las razas conocidas, ocupan las primeras posiciones; en las √ļltimas los herpet√≥logos. He llegado a meta el primero, despu√©s de quince a√Īos participando sin √©xito, ante las miradas y las lenguas invectivas de los dem√°s. ¬°Qu√© culpa tengo yo de que mi mascota sea un caballo!

# 6 MAR√ćA SOLEDAD GARC√ćA GARRIDO

 

DOS TONTOS DEMASIADO TONTOS

Pedro se encarg√≥ de la operaci√≥n mientras yo vigilaba la puerta de la sucursal. En cuesti√≥n de segundos apareci√≥ con la mochila atestada de fajos de billetes y el pulgar hacia arriba, que era la se√Īal con que hab√≠amos acordado la huida. Pedro corr√≠a que se las pelaba y yo no dejaba de acordarme de los churros que hab√≠a desayunado en la Plaza Mayor. La sirena de la polic√≠a nos hizo acelerar. No entend√≠amos por qu√© corr√≠a todo el mundo. A cada paso se intensificaban las alarmas y la megafon√≠a. Pero no nos rendimos. Pedro iba demasiado cargado y, aun as√≠, corr√≠a y corr√≠a. Yo, por verg√ľenza y con un flato horrible, iba pis√°ndole los talones. Qui√©n nos iba a decir a nosotros que acabar√≠a felicit√°ndonos todo el mundo y que saldr√≠amos en los peri√≥dicos por partida doble. En la p√°gina de deportes y de sucesos. A todo color.

# 5 Jose Emilio Cubiella Fern√°ndez

 

Hostia

El suelo mojado m√°s por sudor que nubes. El aire domesticado por las pisadas. Un pecho latiendo temiendo fauces salivosas. La marca de los elegidos para sobrevivir encerrada en un costillar. El tigre lo abrir√≠a. Por amor lo besar√≠an. La carrera se inici√≥ hace cuarenta y cuatro palabras. Sin fuelle para continuar ca√≠ al suelo yendo primero. Desfallecido pasar√≠a a ser historia dentro de hist√≥ricas paredes. Manos arriba. Ayudado compruebo mis temblorosas piernas recompuestas verticales. A los balcones enrejados imagino como dragones. No necesito su calor para regresar a la competici√≥n de los √ļltimos. Recuperada la ilusi√≥n avanzo posiciones. Escoc√≠a la sangre asomando por el denso sudor. Me resbalaba una mirada sanguinolenta cuello abajo. Fui el primer muerto en cruzar la meta. Y es que hasta en el otro barrio Salmantino auxilian en la San Silvestre de los difuntos.

# 4 MAR√ćA DOLORES MART√ćNEZ GEA

 

UNOS SEGUNDOS PARA VERLA

Sab√≠a el lugar exacto donde se colocar√≠a para ver pasar a la multitud de participantes en la San Silvestre salmantina de este a√Īo. Recog√≠ el dorsal con una euforia e ilusi√≥n que no pose√≠a hac√≠a tiempo. Y all√≠ estaba yo, en medio de hombres y mujeres de todas las edades, con indumentarias de todo tipo esperando el momento de echar a correr por las calles de mi querida ciudad. Son√≥ el disparo de salida, ten√≠a que esperar a que avanzaran los de delante para empezar a mover mis pies. Mi sue√Īo se hac√≠a realidad, un paso, otro paso, otro m√°s‚Ķ dentro de una marea humana invadida por la alegr√≠a en un d√≠a especial. Faltaba poco para llegar. Dispon√≠a tan s√≥lo de unos segundos para verla. Si lo consegu√≠a, todo el esfuerzo de los √ļltimos meses habr√≠a merecido la pena, el tiempo se detendr√≠a √ļnicamente para m√≠.

# 3 Juan Molina Guerra

 

LAS ZAPATILLAS DE LAURA

Laura limpia escaleras y cuida a personas mayores. Su pasi√≥n es el atletismo: entre un trabajo y otro, siempre saca tiempo para salir a correr. Corre todos los d√≠as. Yo, por mi parte, estoy en paro, aunque hago trabajos ocasionales. Sus √ļnicas zapatillas se le caen a pedazos. El d√≠a de su cumplea√Īos, le regal√© unas nuevas. Para la San Silvestre Salmantina, le dije. La cara se le ilumin√≥. Esa noche, tir√≥ las zapatillas viejas a la basura. Unos d√≠as despu√©s, el volc√°n de La Palma entr√≥ en erupci√≥n. Y ella, viendo las tr√°gicas im√°genes, no paraba de decir: pobre gente, lo han perdido todo. Y as√≠, un d√≠a y otro. Y fue viendo a una mujer mayor llorar en la pantalla, con el volc√°n encendido al fondo, que Laura me dijo, igualmente encendido su rostro: ¬Ņt√ļ crees que en la San Silvestre me dejar√°n correr descalza?

# 2 Mar√≠a Dolores Nicol√°s Mu√Īoz

 

Una sansilvestre con perspectiva

Pulsaciones. Respiraci√≥n. Sudor. La indescriptible sensaci√≥n de que todo lo malo que este a√Īo me ha tra√≠do lo hago salir a trav√©s de mis poros, pisada a pisada, zancada a zancada. No s√© lo que me depara el futuro dentro de unas horas, aunque s√≠ lo afronto desde el deporte, desde la alegr√≠a, al abrigo de tantos otros paisanos que se deshacen de los sinsabores de este calendario anual. Y, como es de bien nacido ser agradecido, voy recordando tambi√©n los peque√Īos grandes triunfos, que tambi√©n los ha habido en este a√Īo de mi vida, de nuestras vidas. Me acuerdo de los que hace un a√Īo s√≠ estaban, pero hoy no, y miro al cielo salmantino y pienso que ellos ya han cruzado la meta, y que son grandes laureados, y que nos esperan al filo de la carrera de la vida, aguardando esa marca personal en la definitiva sansilvestre.

# 1 luis uriarte montero

 

vejez

Mi abuelo que estaba en la residencia el d√≠a 31 de diciembre, me contaba que siempre hab√≠a participado en la San Silvestre Salmantina, pero lo que m√°s le preocupaba era que seg√ļn √©l, la abuela nunca le hab√≠a dicho :"Te quiero", para quitarle importancia, le dije que hab√≠an vivido juntos toda la vida y ello era una muestra de amor, al d√≠a siguiente, me llamaron de la residencia, la abuela en el sal√≥n social se encontr√≥ mal, intent√≥ abrazarle y muri√≥ en su hombro, en silencio, me dijeron.

 

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