Y, tras la carrera, sólo encontraron su zapatilla.
El jurado del XIII concurso de microrrelatos San Silvestre Salmantina estuvo integrado por:
El jurado reconoció la excelente participación en esta XIII edición, en que no solo se mantiene la tendencia al alza de los relatos presentados cada año, sino que su número se ha incrementado de manera extraordinaria pasando de los 369 relatos de 2024, a los 611 de esta edición.
Otro aspecto significativo fue lo ajustado de las votaciones pues, en los puestos con derecho a premio en metálico, se produjo un triple empate entre los votos obtenidos y el número de jueces que los votaron, que tuvo que resolverse por el voto de calidad del profesor Escandell, presidente del jurado. Una muestra más de la igualdad en los relatos más valorados es el texto que merece la mención especial, que no consiguió entrar en el podio final por un solo voto de diferencia.
Se indican a continuación, los relatos destacados y la relación de otros que también obtuvieron votos del jurado. Su publicación en la revista, como se establece en las bases, queda condicionada al espacio disponible y que en esta edición se realizará exclusivamente en formato digital.
Primer premio
Samia corre. Desde siempre. Con hambre. Sin padre. Con una madre para seis hermanos. Sin zapatillas. Con el sol de Somalia desplomado en los hombros. Sin hiyab. Con miedo a los soldados. Sin querer oír las amenazas, los insultos. Con el dolor ya convertido en suela. Sin ambiciones. Con el tesón de atleta.
Corre. Porque correr lo es todo.
En Pekín 2008 Samia cruza la meta sola. La última. Las piernas de las mujeres de todo un continente son su oro.
Pero la arrolla el sueño. Quiere más. Hay un mar que, dicen, separa la miseria y la gloria. Se hacina en la patera. La falacia de Europa devora su juventud entre olas. Indiferente, ni se molesta en eructar su cuerpo.
Sobre el fondo, entre pecios de galeras y cayucos, Samia sigue corriendo. Porque correr lo es todo.
Segundo premio
Mientras volaba sobre el empedrado de la Plaza Mayor, recordaba el polvo y las casas de adobe de su tierra. Cuando atravesó el puente del Tormes se vio con siete años transportando pesados bidones de agua desde un pequeño pozo a nueve Km de su hogar. La esplendorosa belleza del Palacio de Monterrey le llevó hasta la austeridad de su poblado y vio claramente como su familia de ocho miembros dormía en el suelo de una humilde vivienda.
Y en otro rincón, ya con el único sonido de sus pasos, el aire gélido mezclaba los olores del mercado que evocaban las escasas raciones de mandioca en el valle del Rift.
Entró victorioso con una diferencia descomunal.
¿Una victoria fácil y sin esfuerzo? preguntó el periodista.
- .Sí... "fácil".
Tercer premio
Desconcertados, al no encontrar la meta allí donde nos prometieron que estaría, no tuvimos más remedio que seguir corriendo. Con la caída de la noche, los más rezagados comenzaron a desfallecer. En los primeros días cubrimos con cadáveres las aceras de todas las calles, y pasaron varias semanas hasta que, por fin, nos decidimos a buscar la línea de llegada fuera de la ciudad. En apenas diez meses, sólo una docena de atletas resistíamos en carrera, un número que se había reducido a tres al cumplirse el primer aniversario del pistoletazo de salida. Y ahora, que ya han pasado seis años, ahora que estoy solo, empiezo a pensar que la meta no existe, que nos mintieron, y que quizá, ya nunca las carreras vuelvan a ser como antes. Pero, a pesar de todo, yo sigo corriendo, ¿qué otra cosa podría hacer?
MENCIÓN ESPECIAL DEL JURADO
Un anciano campeón de la San Silvestre se estaba muriendo en su lecho y olió de pronto el aroma de sus buñuelos favoritos: los de calabaza. Reunió sus escasas fuerzas, se dejó caer de la cama y, poquito a poco, apoyándose en la pared, salió de la habitación. Reptando como un indio, alcanzó, jadeante, la cocina. Si no hubiera sido por su delicada situación, le habría parecido llegar al cielo: en la mesa había una montaña de buñuelos de calabaza. ¿Sería un detalle final de su abnegada esposa para que él dejara feliz este mundo? Con un sprint supremo, se abalanzó sobre los buñuelos, alargó su mano temblorosa, y ya estaba a punto de comerse uno, cuando apareció su mujer por la puerta y le sujetó el brazo diciendo:
―¡Fuera de aquí, fiera, que son para el funeral!
***
Rodrigo Torres Quezada
Mientras corro el sol da de lleno en mi cuerpo. El sudor se pasea por mi piel como pequeñas rutas que recorren su propia carrera. Pero yo no corro por el premio. Corro para vencer mis propios demonios. Hace un tiempo me dañaba a mí mismo y me odiaba. Pero ahora, mientras corro, aún sin vislumbrar la meta, pienso que ya he vencido.
Águeda Bellver Domingo
Mi corazón latía fuerte, henchido de orgullo, apenas podía asimilar la situación. El aire en la cara, la emoción en el espíritu y la libertad en el camino. ¿Cómo pude, tan siquiera, pensar en no participar? Sin duda aquella fue la mejor decisión de mi vida. Correr. Correr rodeada de tan hermoso paisaje, sentirme vinculada a la historia y pisar las calles donde nuestros antepasados vivían. Te conviertes en un único ser, el cuerpo y el espíritu se combinan con el paisaje urbano que te rodea, notas como tu corazón bombea sangre a cada uno de tus músculos y como tus pulmones respiran; es la mejor sensación que se puede experimentar. El camino por recorrer es amplio y no siempre libre de obstáculos; sin embargo, la superación personal que se experimenta al final del camino es el mejor trofeo que se puede conseguir. Corre y liberarás tu alma.
Laura Navas Martín
“Sólo podréis entenderlo si corréis conmigo”. Eso nos decía mamá de pequeños, con la voz entrecortada mientras se apoyaba en sus piernas flexionadas, cuando preguntábamos por qué sonreía tan feliz después de la carrera, si no había ganado nada. Y era verdad, no lo entendimos hasta que no empezamos a correr con ella muchos años después. Y ahora, cuando sus problemas de salud le impiden acompañarnos en cada San Silvestre, pero nos anima con la bufanda y los guantes puestos, esperándonos en la meta, es cuando más valoramos ese momento en el que nos enganchó a esto. No llegaremos los primeros, ni los segundos, pero mis hermanos y yo por fin sabemos lo que significa esta sonrisa en nuestras caras al acabar, que para el resto de la gente se conoce como superación personal.
Gonzalo Prieto Barrera.
Correr la San Silvestre,más que una obsesión por ganarla,era una manera de entrenarse para sortear la amenaza.
Habíala corrido sin interrupción y su hijo;fiel animador desde su nacimiento,únicamente pudo preguntarle hasta apenas en la quinta participación cuando pudo hablar.-¿ Pá,porqué corres tanto?
El,calentando para unirse luego a los demás,sujetándolo de los hombritos respondióle-Hijo porque hay que estar preparados para ganarle a las balas por si aquellos llegan disparándonos para sacarnos del rancho como me lo han anunciado.- Le había contestado y hoy,treinta y pico de años después en que su padre(hoy abuelo)calentaba para unirse a los más de cinco míl atletas,aquel niño(hoy hombre)le hízo la misma pregunta-¿Padre,porqué sigues compitiendo en ésta carrera y a sus años...?
-Hijo,porque a los aquellos nó se les ha dado la bendita gana de llegar a sacarnos-Respondióle.
Gonzalo Prieto Barrera.
Correr la San Silvestre,más que una obsesión por ganarla,era una manera de entrenarse para sortear la amenaza.
Habíala corrido sin interrupción y su hijo;fiel animador desde su nacimiento,únicamente pudo preguntarle hasta apenas en la quinta participación cuando pudo hablar.-¿ Pá,porqué corres tanto?
El,calentando para unirse luego a los demás,sujetándolo de los hombritos respondióle-Hijo porque hay que estar preparados para ganarle a las balas por si aquellos llegan disparándonos para sacarnos del rancho como me lo han anunciado.- Le había contestado y hoy,treinta y pico de años después en que su padre(hoy abuelo)calentaba para unirse a los más de cinco míl atletas,aquel niño(hoy hombre)le hízo la misma pregunta-¿Padre,porqué sigues compitiendo en ésta carrera y a sus años...?
-Hijo,porque a los aquellos nó se les ha dado la bendita gana de llegar a sacarnos-Respondióle.
Pilar Donate Sanz
El licenciado Vidriera salió de su ataúd el último domingo del año. Salamanca se despertaba igual ante sus ojos. Los palacios, plazas y conventos. La universidad en la que estudió. A lo lejos oyó un disparo. “¡Vándalos! ¡Ladrones!”, gritó. Se dirigió valiente al lugar del que provenía el tiro. No había muertos. Una gran pancarta anunciaba: “San Silvestre Salmantina”. Todo el poblado se había reunido allí. Los números colgaban de cientos de personas corriendo. “Una nueva filosofía”, pensó el muchacho, “matemáticas y deporte”, al tiempo que contemplaba un ambiente festivo y amical, de esfuerzo y satisfacción. Paseó reflexivo hasta el río Tormes, donde se tropezó con dos caballeros. “¿Honrarás a tus padres con tus estudios?”, le preguntaron. “No”, respondió Tomas Rodaja, “les honraré participando en esta competición”.
Ana Torres Lopez
Me encuentro en la salida rodeado de miles de personas compartiendo con ellos el ambiente cargado de adrenalina. Con ojos curiosos los observo. No puedo dejar de sonreír, estoy donde pertenezco y donde nunca debí dejar de estar. Con el pistoletazo de salida mi cuerpo vibra y toda la energía contenida se libera haciendo que se active y salga disparado. Es un momento intenso que contrasta con la exhausta y emotiva satisfacción que sé que sentiré cuando llegue a meta. Una vez que encuentro mi hueco las primeras zancadas me devuelven a mis veinte años, fuerte, capaz de comerme el mundo. Por aquel entonces la vida me hizo colgar las zapatillas, veintidós años después un cáncer me hizo desempolvarlas. Volví a correr porque sabía que era mi mejor arma y que, kilómetro a kilómetro me volvería invencible. El dicho miente, correr no es de cobardes.
Juan Manuel Sánchez Moreno
El anuncio de aquella carrera no cayó del todo bien entre la población reclusa, pero el incentivo de librarse de un día a la sombra valía la pena. Urban, un joven delincuente animó a sus compañeros.
—¿No hará mucho frío?
—¡Mira que si llueve!
—¿Y si nieva?
—Estarán mirándonos.
Todos recibieron respuesta y, tras las primeras reticencias, la oficina se llenó de candidatos para la Sansilvestre, y el patio dejó de ser un páramo para convertirse en una auténtica pista de entrenamiento.
Llegado el día, todos ellos compitieron como pudieron, tiritando, sudando, respirando el aire gélido, echando el hígado y sintiéndose libres. A cada cual lo miró alguien entre el público: a uno su madre, a otro su hermano, a muchos sus víctimas. Y a Urban, pese a llegar en el pelotón de cola, su hija le mandó una sonrisa, como si él hubiera sido el vencedor.
Yolanda Nava Miguélez
La ropa deportiva crea un paisaje multicolor que me hace sentir bien. Yo visto de verde. El verde siempre ha sido mi color favorito, dicen que es el color de la esperanza y a mí de eso me sobra. Por eso estoy aquí, ya en posición, esperando que den la salida, preparada para llegar a la meta, a una de ellas porque tengo más, pero voy a empezar por esta. Mi familia me ha animado con falso entusiasmo, he visto la preocupación que escondían detrás de sus palmadas, también he visto a mi madre contener las lágrimas y a mi padre esconder las muletas nuevas.
Lorenzo David Rubio Martínez
Ayer me acosté temprano para estar en forma hoy. Me he puesto la indumentaria reglamentaria y he practicado por los pasillos de casa para evitar que me dé algún tirón en plena faena. Es mi debut. Nunca me he metido en un fregado de este tipo; y ha sido por mi mujer que me regaña cada día porque siempre estoy parado. Desde la salida visualizo los diez kilómetros que me separan de la meta y me pongo en marcha. Voy bien de tiempo por lo que no acelero al principio, pero a mitad de camino los nervios me atenazan. Aumento la velocidad por si acaso. “Mira que si llego el primero”, me digo, y decido frenar para no destacar tan pronto. Por fin cruzo el umbral y cuento cuántos han entrado antes que yo: uno, dos, tres..., ocho. Después, cojo la escoba y les ruego: “levanten los pies, por favor”.
Carlota Alonso Rodríguez
Mi padre era un superhéroe. Porque solo con la ayuda de sus piernas, alcanzaba la velocidad de la luz. Porque tocaba el cielo con la punta de los dedos, a pesar de que no tenía alas. Porque sus músculos brillaban bajo el sol rociados por el sudor. Porque era capaz de mantener la mirada clara a pesar del inmenso esfuerzo. Porque cuando no ganaba, abrazaba sincero a sus compañeros de batalla. Porque cuando ganaba, compartía sus triunfos con cada uno de ellos.
Mi padre es un superhéroe. Porque después del accidente, aunque perdió sus pies, jamás ha perdido su amplia sonrisa. Esa sonrisa que hoy, el día en que tomo su testigo, me acompaña en la línea de salida. Ahora me abraza y me susurra muy bajito al oído: -Silvestre, tu nombre es ahora tu momento. Corre por ti y hazlo por mí. Ahora somos como Batman y Robin.
ROBERTH FABRIS - ELEONOR WERS
Joseph Tobias estaba corriendo y tenía todas las de ganar, cuando fue sorprendido por un fan que tiró en el suelo, y desconcertado ... ahora todo el mundo se quedó atónito, no sabía qué hacer, los guardias de seguridad llegaron, pero era de oro, plata además, no era más que el bronce, pero el ventilador lo mantuvo apretado, y fue cuando él vio que tenía la imagen en las manos de su padre, que era uno de sus hermanos que habían dejado en Ceará, a venir en tren en Europa, el pensamiento a sí mismo, una mejor unión familiar que es oro de verdad, que la fama y el centro de atención esta vez campeón.
inmaculada polo serrano
Carlos estaba nervioso, yo se lo notaba siempre que no paraba de hablar.Aquella mañana nos levantamos muy temprano, Salamanca quedaba a casi tres horas y media .Por el camino yo iba pensando en todo aquellos. años en el hospital, cuando Carlos estuvo tan enfermo, cuando no queria salir a la calle porque le avergonzaba estar calvo.Ahora estaba muy bien, los amigos le habian ayudado mucho.Me alegraba que volviera a correr, siempre habia sido muy deportista, y el pedirnos que le llevaramos a la San Silvestre Salmantina fue maravilloso.Cuando por fin llegamos y vimos a tanta gente con tanto entusiasmo por correr , niños, gente mayor, y sobre todo a Carlos tan contento nos dimos cuenta que la vida son pequeños momentos que hay que aprovechar.
Gloria Arcos Lado
Los tres amigos nos habíamos animado a participar en la San Silvestre Salmantina, después de que otro colega nos hubiera informado de su convocatoria.
Era una buena oportunidad de hacer deporte y de pasar un día entero juntos, recordando tiempos pasados.
Además asi nos obligaríamos a ponernos en forma, después de un verano lleno de excesos.
Con esa excusa podíamos viajar a la ciudad universitaria e imbuirnos de su espíritu universal.
Hacía tiempo que ninguno viajaba a la ciudad castellana, y aunque sabíamos que ninguno de nosotros se alzaría con el triunfo en ese evento deportivo, sin duda valdría la pena.
Juan Antonio Román Muñoz
Recuerdo que fue un verano muy caluroso. El mar de Altafulla brillaba bajo el sol de Agosto. El apartamento de tus padres estaba lleno de parientes. La habitación donde nos tocaba dormir era compartida con varios tíos y primos, pero tú y yo, aunque en diferentes camas, siempre conseguíamos estar cerca el uno del otro. Al poco rato de apagar la luz los murmullos cesaban, y las respiraciones profundas nos indicaban que Morfeo empezaba a reinar en la cálida noche veraniega. Era en esos momentos cuando tu mano, como un planeta ciego que busca su órbita, buscaba la mía en la oscuridad para dormir con las manos cogidas, y estoy seguro de que, en aquel momento en que nuestras manos se encontraban, nosotros dos, éramos sólo uno.
Mª Esther Ruiz Zumel
Salamanca erguida su catedral otea a personas anónimas recorriendo baldosas ilustres
en la San Silvestre. Dorsales evocando el deporte simbolizando humanidad.Voluntad entregando solidaridad. Guirnaldas decorando cada pisada tatuando esfuerzo con deportividad.Números representando esa fachada envuelta de Conchas. Universidades callejeros rebosando de sabiduría marcando limites de edades perfumando generaciones.Donde los vientos extendiendo siglos pasados recreando huellas cristalinas al paso del puente donde el Río Tomes alienta con el silencio acallando las voces del Lazarillo para que todos atraviesen la meta dando importancia que todos la cruzarán dependiendo de como llegaran.Festejando como Madrid aunque en diferente épocas sin esperar al último día del año.
Llegando a cruzar la meta donde tres recibirán los trofeos dedicados a todos los que han participando desde niños,adolescentes y adultos. Admirando esos ancianos recordando su juventud.
Viva la San Silvestre Salmantina.
José Ramón García Fernández
-Venga, ya queda poco, sigue así, paso a paso, un-dos, un-dos. Ahora enfila la cuesta arriba, venga, tú puedes, es todo cuestión de una mente fuerte, allá vamos. Mantén la respiración. Así, poco a poco, tú puedes, sabes que después de la cuesta arriba toca bajarla, sigue así, que la San Silvestre Charra es tuya. Vas primero, llevas un buen ritmo. Estuviste todo el año entrenando para ganarla. Mantén la respiración, un-dos, un-dos. Notas el resultado de tanto sacrifico y trabajo. Ahora bajarla, cuidado, es muy empinada, acorta un poco las zancadas, bien, tranquilo, la carrera es tuya. Escucha cómo te jalea el público, eso te anima, ¿verdad?, te da fuerzas, venga, ya lo tienes, dos kilómetros más y la carrera es tuya.
-Oye, Prometeo, ¿qué está farfullando Atlas?
-Ni idea, Epimeteo, lleva así toda la mañana, creo que se está dando ánimos.
Virtudes Torres Losa
Calentamiento. Prepararme tras el trabajo para el circuito. Un día, otro…
Cientos de kilómetros en mis piernas. Muchos calambres. Correr con frío, sudor, lluvia, sol…
Cuidados. Alguna que otra visita al fisio. Comer bien, cuidando que sea una dieta sana y equilibrada. Horas robadas al sillón.
Camisetas sudadas tras una carrera. Unos pocos metros más cada día. Así poco a poco hasta conseguir ajustar los latidos al esfuerzo.
Estiramientos. Bajar la intensidad y el sofoco. Respirar, sentir como entra el aire por cada alveolo de mis pulmones. Sentirme cansado, agotado. Pero bien, muy bien.
Correr, por gusto, la medio maratón de este o aquel pueblo. Sentir la fuerza que impone un dorsal, o correr con amigos los diez kilómetros de la San Silvestre Salmantina.
Me han enredado, tampoco he puesto muchos impedimentos. Ahí estaré, en la salida, con ellos. Llegar, llegaré. No importa en qué lugar. Me siento un Campeón.
Modesto Lobato Marcos
Solo encontraron su zapatilla.
Unai Jayo Urrejola
Aún tenemos tiempo, yo estoy calentando y estirando cerca de la furgoneta. Salamanca en estas fechas es fría aunque hoy el sol está radiante. Solo falta que llegue Iñigo y nos acerquemos a inscribirnos. De repente estoy en medio de la muchedumbre, quedan pocos segundos para empezar cuando me doy cuenta que no reconozco a nadie a mi alrededor. Pero da igual porque todos tenemos el mismo ánimo participativo y el ambiente es realmente de deportividad. En ese momento veo al juez de salida levantar la mano y dar la señal de inicio cuando ¡zas!, me despierto empapado y desorientado en una habitación oscura. Tardo unos segundos en recobrar el sentido y recordar donde me encuentro. Estoy en una cama a tantos kilómetros de allí. Me recuesto sollozando. Ese sueño es de la última carrera antes de alistarme, mi última San Silvestre que nunca olvidaré.
Gabriel Del Molino Romero
Corrió como si no hubiese mañana. Desfondado, agotado, roto, deshidratado, aturdido, dolorido, pero contento. Ni miró su tiempo, ni el puesto, ni siquiera oyó a la gente que se agolpaba en la llegada. Solo veía luces, parpadeos, asfalto y gotas de sudor que caían de su cara y marcaban su recorrido. Cruzó la meta, se inclinó, apoyó sus brazos en las rodillas y alguien le pasó una manta por la espalda. Miró hacia delante y vio a su hijo mirándole a la cara mientras una lágrima corría por su mejilla. Ese era su premio. Y entonces se dejó caer al suelo y se quedó mirando al cielo, sonriendo.
JAVIER SÁNCHEZ CAMPOS
Se fija en un participante. Observa las impolutas deportivas y piensa: 200€. Lucen impecables. Se fija en las suyas: no superan, ni de lejos, los 50€. Asume, con deportividad, que la diferencia económica es abismal, pero sabe que ello ni implica mejores resultados. Su calzado deformado (adaptado al pie, matiza), su camiseta ancha a consecuencia de las múltiples lavadas y los calcetines desbocados, son muestras inequívocas de su pasión por correr. Le echa una última ojeada. No calienta; mal síntoma.
La confirmación le llega al finalizar la carrera, cuando lo ve apoyado en una señal de tráfico, braceando en busca de oxígeno, zapatillas en mano, los pies al aire, talones con llagas. Se detiene, agarra su brazo y le ayuda a buscar un lugar fresco. Después le regala un consejo: jamás estrenes calzado en una carrera.
Jero de Pasamonte
Como en cada edición sé que debo avanzar sobre viejas pisadas para alcanzar mi propósito. En el recorrido miles de contrincantes, hombres adiestrados, mujeres dotadas de piernas torneadas con el sacrificio diario, todos retumbando sobre piedras toresas, bragancianas, mozárabes. Gargantas resecas bramando bajo puntas catedralicias que insinúan la gloria pretendida por Perigueux. Entre los aplausos de la Plaza Mayor alardean pechos agitados y rendidos, resoplando sin cadencia precisa, mentes confundidas que divagarán ante la mole de piedra con los reflejos maliciosos enviados por las aguas del Tormes. La cuesta de Moneo tararea su espíritu de rendición oculto tras cada adoquín, detrás de cada zancada precaria. No otorgaré un ápice a mis perseguidores obligándoles a correr como nunca lo hayan hecho hasta la Alamedilla.
Levanto la cabeza y a lo lejos reconozco la meta. Al fin. Por delante algunos. Pero persiguiendo mi estela muchos más, todos tan esforzados como yo.
BOUVIER ELBA MABEL
Aquí estoy, parado en el campo polideportivo de mi ciudad. Cuando me cambiaba en el vestuario me di cuenta que hace años que no me vestía de esta manera. Salí al parque deportivo sintiéndome un poco ridículo, pero inmediatamente me di cuenta que había decenas de personas vestidas con ropa deportiva al igual que yo. Note que la gente corría contorneando el perímetro del predio, el cuál según mis cálculos sería de casi 3000 metros. Así que decidí caminar sobre ese recorrido. Camine muy pasivamente, mientras mucha gente pasaba corriendo por ambos flancos. Me lo tome con mucha calma notando que mi caminata progresivamente se entusiasmaba y aumentaba la velocidad. Cumplí una vuelta y me sentía muy bien, así que resolví ir por una más.
Mi ánimo comenzó a elevarse sintiéndome cada vez mejor.Ya no tengo ese terrible sueño en que corro escapando, hoy corro porque me permite soñar.
Antonio García Cordon
Hay deportes que se practican por simple interés sin el saber profundo de su comienzo. El objeto primordial de esta obra es hacer que todos los participantes de dicha carrera popular adquieran gusto histórico mediante el estudio literario logrado que he sabido interpretar en mis investigaciones.
La carrera de San Silvestre es el nombre con el que se conocen las diferentes carreras atléticas de carácter popular que se disputan anualmente el 31 de diciembre en diferentes partes del mundo.
La primera Carrera Internacional de San Silvestre empezó a las 23.40 horas del 31 de diciembre de 1925 y término la madrugada del 1 de enero de 1926.
En 1964 llego a España de la ayuda de Antonio Sabugueiro, que creo el gran premio de Vallecas. Sin embargo, la primera que se celebró en España concierne al Circuito DE Nochevieja de Galdakao (Vizcaya) que nació tres años antes.
Laura Gómez Sánchez
Algunos se dedican a "correr", lo hacen sin pensar y con el único afán de superar a los otros, pero lo único que consiguen es huir. No saltan las vallas y prefieren rodear los charcos kilométricos en el camino.
Otros controlan su respiración, planean el recorrido y superan cada uno de los obstáculos, quizá no sea un camino fácil pero la sonrisa al divisar la meta es impagable.
Algunos se dedican a correr.
Francisco Javier Polo Montes
Estaban preparado, había entrenado todo el año, el iba a ser ganador, esta iba a ser su carrera y no existía la posibilidad de perder. Esos eran los pensamientos que rondaban por la mente de Ignacio.
Ya el año anterior había quedado quinto, aunque estaba bastante bien, en su cabeza no había otra cosa que ser el primero. No era una cuestión de honor, ni de amor hacia nadie sino era una demostración así mismo de lo que era capaz de hacer. Comenzó la carrera de la San Silvestre Salmantina y se puso en la cola de la carrera, cuando se dio cuenta había ganado. La pena fue que su mujer le despertó con mala gana a que fuera a por el pan y dejara de soñar con sueños absurdos que nunca se iban a cumplir. Aun así Ignacio salía a correr todos los domingos para ganar alguna vez.
JUANJO GUTIÉRREZ GUARDIOLA
Me tienes colgada de tu cuello desde el que día que nos conocimos en la gala de entrega de medallas de la San Silvestre salmantina. Estoy hecha de oro y no dejo de susurrarte (al oído no porque no llego) que estoy muy orgullosa de ti; orgullosa de que te hayas ido en solitario en la avenida de los Comuneros y te hayas incorporado a tu rutina diaria en el banco sin que la fama se te haya subido a la cabeza (imposible de escalar para mí, ni siquiera llegar al campamento base). No deja de ser una coincidencia que tu mujer y yo tengamos el mismo nombre (Victoria).Y ha sido una buena excusa decirle que tener una medalla colgada del cuello mientras hacéis (hacemos) el amor no deja de ser un acto de fetichismo más. Lo difícil se consigue, lo imposible se intenta.
Juan Antonio Román Muñoz
Lancé mi ataque en la calle Compañía, a la altura de la Casa de las Conchas, con el sol de Diciembre restallando contra la fachada, como si fuera una señal. Mi hermano no me siguió, prefirió seguir a su aire. Nos habíamos apostado una cena a ver quién llegaba antes, pero aún quedaba bastante y supuso que me desfondaría antes de llegar a la meta. Fui dejando corredores atrás, yo mismo me sorprendía de mi resistencia, aunque el ácido láctico me empezaba a poner las piernas como el tensor de un puente de Calatrava. Llegué al Paseo de San Antonio; las cruces de la parroquia de San Estanislao anunciaban el viacrucis que me aún quedaba. Ya saboreaba las mieles de la victoria cuando mi hermano me adelantó de corriendo de espaldas con una facilidad pasmosa. Otra más, apunté, pero qué culpa tenía él de haber nacido quince años después.
JESÚS A. PEÑA OJEDA
Pilar se ve cruzando el Paseo del Rollo como una auténtica exhalación. La aplicación de su móvil le indica que ha bajado quince segundos respecto al kilómetro anterior. Tiene sed, pero sabe que beber otra vez puede hacerle perder unos preciosos segundos. Nota cómo el frío va mojándole las mallas, adheriéndose a su cuerpo como un órgano más. El esfuerzo la mantiene concentrada, ajena al ruido y los colores de la carrera. Ya no le duele nada, ni siquiera las cicatrices que le dejó el mal recuerdo de un domingo lluvioso volviendo de Béjar.
Apaga la radio como si pudiera apagar sus recuerdos. Sería la quinta vez que correría la San Silvestre. Ojalá el año que viene pueda hacerlo, aunque sea volando sobre su silla de ruedas.
Maritza Pardo Hernández
Benjamín corría con su estilo propio.De reojo contempló la ribera, le hizo un guiño a la catedral y fijó la vista en el cercano puente Romano.Comenzó a sentirse cada vez más ligero y la alegría por vencer en el certamen lo hizo levitar, hasta convertirse en uno de los símbolos del encuentro.
Jhon felipe Benavides Narváez
Esta sería la última vez que le ganaría. Decidida a alcanzarle, vestiría sus mejores prendas. La guadaña en su mano izquierda, haría lucir mejor sus vestidos.
Luis Antonio Martínez Navarro
La discusión con su hija tuvo lugar días antes. Ella le reprochó su egoísmo; que no ejerciera su paternidad. Que en su escala de prioridades, el primer puesto lo ocupaba él mismo. Él lo negó. Y ella le retó. Él no tuvo más remedio que aceptar.
Y llegó la carrera. Salamanca. Participaba en ella desde hacía más de diez años. Siempre buenos puestos para su edad. Comenzó la carrera. Serpientes de colores recorrían las calles al ritmo de las charlas y las risas. Y él se fue quedando atrás mientras maldecía en silencio. Más y más atrás. Lecciones de humildad.
Cuando se aproximó a la meta en último lugar recordó las palabras: “sé que has entrenado papá; pero si te importo algo, llega el último”. Y entonces la vió, esperándole, sonriéndole; y tuvo la constancia de que más que perder, había ganado una nueva oportunidad.
M. Salvador Muñoz
Mi sueño era competir en la carrera de San Silvestre, me había preparado para ello, pero, en plena juventud, una insuficiencia cardiaca truncó mi ilusión.
El trasplante fue un éxito. Al año siguiente lo tuve claro, nada ni nadie me iba a privar de mi anhelo. Mi familia intentó persuadirme, pero me coloqué el pulsímetro y esperé la salida.
Bum......bum......bum, el ritmo cardiaco se mantenía. Estaba cansado, el sudor empapaba mi frente, bum....bum....bum, el esfuerzo hacía que mis latidos se aceleraran, era normal.
Entre el público pude ver a mi madre sonriente, pero el brillo de sus ojos la delataba. Por fin, vi la pancarta de meta, bum...bum...bum, mi corazón aguantaba, había acabado la carrera. Exhausto, pero feliz, levanté los brazos. Bum.bum.bum.bum.bum el ritmo se aceleró, en mi interior comprendí que era de júbilo y que habíamos cumplido un sueño; los dos.
Esperanza Tirado Jiménez
Suena el despertador. Hoy es el Gran Día, aunque no para él.
Se despereza y lo primero que ve son las muletas apoyadas en la mesilla de noche. Hace cinco meses de la caída. Su rodilla ya está bastante recuperada. Pero de correr, ni hablar. Última palabra del traumatólogo que frustró sus planes deportivo-navideños.
En un cajón del armario su ropa de correr le espera doblada, con más paciencia de la que él va teniendo.
Baja a la calle, inquieto. El frío de diciembre le golpea en la cara. Se siente la emoción de la carrera en el ambiente. Ríos de gente le impiden avanzar con las muletas. Busca un buen sitio para ver pasar la nube de dorsales y disfraces que colorea la calle. El corazón le palpita fuerte.
Quizás el año que viene ya esté en perfectas condiciones. Y uno de esos dorsales volverá a ser suyo.
cristina claudia vercellini
Mirando por mi ventana veo pasar a un grupo de veteranos atletas, mi emoción fue tan inmensa que quedé paralizada al recordar tocar la meta de esos 100 metros, que debía correr velozmente, era como volar pero sin alas, mis piernas se movían como una película de cámara rápida, hoy ya estoy grande no corro los 100 metros en 13 segundos, pero si podría correr esas maravillosas carreras de atletismo de velocidad, lo volvería hacer una y otra vez, mis piernas están cansadas por el tiempo, pero mi alma todavía puede llegar a la meta y sentir emoción.
José Víctor Líndez Alonso
Andrés organizaba eventos deportivos y presumía de estrechar la mano a las principales estrellas de la constelación deportiva internacional.
Paradójicamente nunca había portado un dorsal. Siempre tuvo la incertidumbre de sentirse en la piel de quienes se atrevían con las carreras que él ponía en marcha.
Se decidió cuando, reflejada en el espejo, le pidió auxilio su oronda silueta forjada a base de duras sesiones de sedentarismo y comidas de empresa.
Debutó en su ciudad, en la San Silvestre Salmantina. Rodeado de desconocidos, ataviado con una camiseta y un pantalón corto vio difuminada su imagen de hombre poderoso con traje de marca. Daba zancadas más con el corazón que con las piernas y el avituallamiento a mitad de carrera le supo mejor que el acostumbrado carajillo de sobremesa.
En la meta, su esposa lo recogió literalmente del suelo mientras Andrés, sofocado, sólo acertó a decir: “Cariño, la próxima corres conmigo”.
Rosendo Gallego Menárguez
Un anciano campeón de la San Silvestre se estaba muriendo en su lecho y olió de pronto el aroma de sus buñuelos favoritos: los de calabaza. Reunió sus escasas fuerzas, se dejó caer de la cama y, poquito a poco, apoyándose en la pared, salió de la habitación. Reptando como un indio, alcanzó, jadeante, la cocina. Si no hubiera sido por su delicada situación, le habría parecido llegar al cielo: en la mesa había una montaña de buñuelos de calabaza. ¿Sería un detalle final de su abnegada esposa para que él dejara feliz este mundo? Con un sprint supremo, se abalanzó sobre los buñuelos, alargó su mano temblorosa, y ya estaba a punto de comerse uno, cuando apareció su mujer por la puerta y le sujetó el brazo diciendo:
―¡Fuera de aquí, fiera, que son para el funeral!
***
Miguel Ángel Moreno
Sonó el teléfono. “Buenas tardes, soy Antonio, compañero de su marido. Me temo que se va a retrasar esta noche. A última hora nos ha entrado un pedido muy urgente y me ha rogado que le avise. Siento las molestias”.
“Buenas tardes, soy Rosa, la esposa de Antonio. Dígale a mi marido que no se preocupe. Lo entiendo perfectamente. Ah... por cierto, dígale también que se ha olvidado las zapatillas para la San Silvestre, pero que le espero en el control de salida a las cinco en punto. Gracias”.
Miguel Ángel Cañizares
Cuando Manuel dobló la esquina, a cola del grupo, la calle se le presentó esplendorosa, distinta. La calzada se veía amplia, asfaltada, completamente iluminada bajo las farolas recién encendidas. Allí, según su recuerdo, en ese arrabal, siempre hubo charcos, barro, baches….y una empinada cuesta. Todo había desaparecido, incluso los competidores. A Manuel le agradó el cambio. Por fin había sucedido algo positivo, que favorecía su carrera. Sin detenerse, comprobó que en la acera estaba su mujer.
-Qué te parece– le dijo ella.
-Estupendo- acertó a contestar jadeando.
-Así podrás ir más deprisa.
El corredor se vio por fin ganador de la San Silvestre Salmantina.
ERNESTO DANIEL BOLLINI
Venía yo a trote firme cuando me vi obligado a desviar la mirada por la presencia de una morocha de muy buen ver, que se había torcido un tobillo y no podía continuar la carrera. Caballero al fin, decidí retrasarme para auxiliarla, con tanta mala suerte que, habiendo hecho una vuelta en “u” me di de bruces contra mi inmediato perseguidor. Pisé mal y mi tobillo se resintió también. Miré a la morocha, que me sonrió con encanto como diciendo: “buena la hemos hecho”. No me amilané. Comprobando que nos habíamos torcido tobillos opuestos, tontamente le sugerí que uniéramos nuestras piernas lesionadas e intentáramos llegar corriendo con las buenas, ya que teníamos a la vista el Puente Romano…Fue increíble que aceptara la propuesta. A cambio de la apoteótica ovación que imagináramos, una carcajada coronó nuestro grotesco aterrizaje. Pero ganamos: hoy tenemos una hermosa hija que, por supuesto, será maratonista.
Álvaro Zambrano Novoa
Brasilia está en Salamanca como parte de un evento benéfico para las personas necesitadas, la carrera San Silvestre Salamantina es una plataforma perfecta para ayudar.
Sin embargo en vísperas del evento llegan varios hombres misteriosos y ledicen.
–––Usted tiene que ganar –––se retiran de inmediato. Brasilia está preocupado, pero no puede esperar más.
La carrera inicia, con temperatura alta y ambundante humedad, los atletas africanos llevan la delantera y Brasilia va en las posiciones intermedias.
Transcurre el tiempo, los africanos siguen en ventaja, pero Brasilia está tras ellos haciendo que estos aumenten el ritmo, aún así no desiste y sigue con su empeño de ganar.
La recta final está muy cerca, los velocistas y Brasilia dan batalla, pero un descuido del jóven hace que los africanos se alejen dejándolo atrás.
Pedro Antonio Gayá Salom
Dice uno de los refranes que correr es de cobardes. Discrepo totalmente. Correr tampoco es una lucha contra el cronómetro. Es mucho más que eso, es una de las mayores representaciones de libertad y, a su vez, una oportunidad ideal para desafiar a nuestro cuerpo y nuestra mente. No es extraño que cada vez sean más los que se calcen las zapatillas para disfrutar de una de las experiencias más enriquecedoras e infravaloradas que tenemos en la actualidad. Salamanca, destino cultural e histórico por excelencia, espera con muchas ganas reunir a numerosas personas que no solamente comparten una afición, si no una forma de vida basada en lucha, sacrificio y constancia. Pero sobretodo: Ilusión.
EVA MARÍA RIBER HERRÁEZ
Este año sería diferente. No podría acompañarle. El gota a gota caía lentamente, sin descanso, introduciéndose en su cuerpo casi inerte.
Dormía sereno. De pronto, su mano temblorosa se aferró a mí y me miró.
-Tú tienes que hacerlo. Corre por mí.
Sentí frío. Los músculos agarrotados desobedecían la orden de mi cerebro, pero el corazón fue más fuerte. Sentí sus piernas en mis piernas. Sentí su aliento en mi aliento. Sentí el espíritu de la carrera dentro de mí. Corredores de toda clase y condición empujaban con su ánimo y esfuerzo mi carrera, su carrera.
¡Lo habíamos conseguido!
Aquella noche abrazada a él, coloqué el dorsal sobre la impoluta sábana. Su rostro fatigado esbozo una leva sonrisa.
Mª Asunción Buendía Hervás
La temperatura no había subido lo suficiente para caldear la mañana. Pero el ambiente no podía ser más acogedor. Multitud de espectadores se agolpan a un lado y a otro.
El haberme preparado a conciencia estaba resultándome rentable, mi ritmo era bueno y hasta podía disfrutar del recorrido.
Precisamente el recorrido fue una de las causas para decidirme a correr. Salamanca no es cualquier ciudad y trotar por ella un día tan emblemático como hoy es un verdadero privilegio. La otra razón era mi madre.
Allí está, agita la mano enfundada en sus eternos guantes grises de piel. Lo llevas en la sangre, hijo, me comentó cuando supo que me había inscrito.
Ella se encontraba en el mismo lugar que hoy, en el año 1984, cuando sintió que el momento de parir había llegado y allí en medio de corredores y público respiré por primera vez.
Modesto Lobato Marcos
Y, tras la carrera, sólo encontraron su zapatilla.
Sergio Allepuz Giral
Harto de mi vida sedentaria, me apunté a la San Silvestre Salmantina. Entre las varias distancias a elegir, opté por la más larga de todas, la de 10 km, que es la preferida por los cuarentones como yo. Pensé que, siendo tan larga, la gente iría andando, ¡¿Cómo iba alguien a correr diez kilómetros seguidos?! Pero me equivoqué. Salieron como rayos, los muy traidores. Grité: “¡No vale correr, que es trampa, tíos!”, pero como si nada. Entonces, centré mi objetivo: completarla en menos de una hora. Tras vomitar en el km 2, decidí cambiar de objetivo: que el abuelo de 78 años que corría a mi lado no me venciese, pero en el km 5 se largó mientras yo agonizaba de flato en el suelo. Mi último objetivo fue: terminar dignamente y, preferiblemente, vivo. Misión cumplida, no os podéis imaginar cómo me aplaudió el público al cruzar gateando la meta.
Juan Carlos Mieres Fernández
Su respiración produce caprichosas volutas de vaho que van quedando atrás esa fría mañana de febrero.
Los pasos: uno tras otro, asentados firmemente en el asfalto; la respiración: acompasada y regular; la vista: clavada en el horizonte.
Sabe que la meta está lejos, en distancia y en el tiempo. Son muchos kilómetros de prueba y muchos meses hasta que se celebre la Vuelta Popular San Silvestre Salmantina. La preparación es vital.
Sus rivales corren con él, como todas las mañanas. Él les ignora. Se concentra en cada zancada, cada latido, cada inspiración. Pero allí están. Sus rivales son sus debilidades, sus limitaciones... Y necesitará de toda su fuerza para vencer a esa voz interior que le dice que no puede llegar más lejos, que no puede correr más rápido, que se detenga y deje de castigarse.
Si lo consigue habrá ganado. Aunque llegue el último.
CARMEN ROCA MERCADER
Todas las mañanas salgo a correr, un ligero viento matutino me despeja la cabeza. Corro todas las mañanas por un parque cercano a mi casa. Siempre he participado con mi tío Manuel en la vuelta popular “San Silvestre”.
Llevo varios días viendo a una chica que me gusta. Cuando tengo la oportunidad de presentarme, siempre me quedo rezagado, ella corre más que yo. Ahora la estoy esperando, impaciente… una nueva oportunidad se me presenta. Algo nervioso doy un ligero tropezón y observo su sonrisa amable. “Genial, por fin lo he conseguido”. Ya sé su nombre, tiene unos ojos verdes bonitos y una suave voz, me promete vernos a la misma hora.
A la siguiente mañana, no consigo verla, decepcionado me voy a casa y me preparo para ir a una reunión en el despacho de abogados. Cuando abro la puerta de la sala de juntas, allí está ella.
Jesus Perez Benitez
Hace casi un año. Todavía siente el zarpazo en los intestinos y hay días, como hoy, que parece arrastrar una pesada cadena que le aplasta contra el suelo. Acodado en la barandilla observa un atardecer violáceo sobre las torres de Manhattan. Si entorna los ojos... parece ver el Paseo de San Antonio y a sus amigos ajustando los cordones de las zapatillas de vivos colores, antes de empezar la carrera y compartir risas, deporte y esfuerzo; porque correr la San Silvestre, no es sólo correr, es compartir. Con las primeras luces de los rascacielos, que comienzan a encenderse, maldice la crisis que le hizo cruzar el planeta buscando una oportunidad.
Ella le devuelve a la realidad acariciándole el rostro. Trae un café caliente. Observa la nostalgia palpitando en el barniz de sus pupilas.
—Mañana correremos juntos por Central Park, será como estar en Salamanca —le susurra cariñosamente.
Lorena Argudo López
Tobillos, rodillas, no me falléis. Venga, vamos con el calentamiento. Uno, dos, uno, dos. Today is the day. Estoy preparado, nací preparado. Llevo un año esperando este momento.
Ahí está la señal de salida. Me abalanzo sobre el asfalto cual guepardo hambriento.
La batalla es dura, y aunque me acecha la incertidumbre, finalmente logro que mi mente venza sobre mi cuerpo. El final está próximo y el dolor de mis músculos es barrido por una corriente eléctrica. Un último esfuerzo, ya rozo la gloria con mis suelas.
Ahí estoy yo, cruzando la línea de meta, el umbral del paraíso. El público ruge y yo rujo con ellos. Suenan trompetas de oro.
Medalla de oro al centésimo quincuagésimo segundo puesto en la San Silvestre Salmantina. Record de los García. Esto merece, por lo menos, un buen cocido de mi madre.
MARIA DOLORES JIMENEZ GARCIA
Llegó al paseo de San Antonio. La mañana había amanecido fría y con una ligera capa de nieve que cubría el suelo. Preocupado, confío que no llegara a cristalizar. Se alineó con los participantes, aunque a cierta distancia, y se concentró visualizando el recorrido que se sabía de memoria. Minutos después sonó el disparo de salida de la sansilvestre salmantina.
Por el rabillo del ojo veía cómo los corredores le iban adelantando, pero no le importó. Se dijo que tal vez el año siguiente la artrosis le diera un respiro y podría llevar el ritmo del resto de participantes, igual que había hecho desde la primera edición. De momento se conformaría con terminar la carrera. Sujetó con fuerza el bastón y, esquivando espectadores, se dirigió a la meta
Andrés Carnero Martínez
Mientras jadeaba se dio cuenta que había dejado de sufrir los murmullos de coche y sirenas.
Francisco Álvarez Arias
Había ido a Salamanca por negocios, y como debía quedarme en la ciudad unos días, quise aprovechar mi estancia allí para correr la San Silvestre, puesto que las fechas coincidían con el tiempo que iba a permanecer en la ciudad.
El aliciente por correr en un lugar desconocido, me dio una motivación especial para participar en la prueba. Había corrido varias veces en otras carreras populares, pero siempre en sitios cercanos a mi localidad de residencia, por lo tanto, la competición salmantina, era mi primera experiencia extraterritorial.
Después de participar (no recuerdo ni en el lugar que quedé) me di cuenta, que todas las carreras son iguales, lo mismo da que sean en España o en Australia, al final la conclusión que sacas, es que correr es como la vida misma, si te paras no llegas, y en tu libertad de elección está seguir adelante o arrojar la toalla.
Miguel Ángel Portela Pinar
Gabriel es una persona amable,educada y bastante tímida.Vive sólo desde hace tiempo; a duras penas remonta la vida con la caridad de los servicios sociales.Es un emigrante colombiano que vino a nuestro país a ganarse el pan aprovechando el boom de la construcción. Tiene unos sesenta años,pero aparenta muchos más. Hace tiempo que no encuentra trabajo y, según él, ya ha perdido toda esperanza.Se pasa los días fisgando en los contenedores de basura para ver si encuentra algo aprovechable. Añora con mucha nostalgia su Macondo natal, a pesar de que, un buen día tuvo que salir por piernas, porque su vida corría serio peligro.
El año pasado le encontré en la linea de salida dispuesto a correr la San Silvestre Salmantina.le comenté,que tenía mucho mérito participar a su edad en carreras tan duras; a lo que él, con amarga tristeza me contestó:
"lo hago simplemente, para sentirme acompañado".
LAURA HERNÁNDEZ MATA
Salamanca amanece entre la niebla de diciembre dándome los buenos días. Tengo ese gusanillo en el estómago, que como cada año, no se me pasará hasta que cruce la línea de meta. ¡La San Silvestre me espera! Es mi tercer año, y tan sólo es el principio de una tradición que seguirá ahí con el tiempo. Todo empezó con un “¿A que no os atrevéis?” y terminó siendo una de las mejores sensaciones de mi vida: La línea de salida, ese momento en el que sólo uno sabe cómo ha llegado hasta ahí. Sentir Salamanca bajo tus pies y su resplandor dorado que parece que te anima a luchar por cada kilómetro. El apoyo de la gente a tu paso y tener la certeza de que si llegas a la línea de meta todo será un poquito mejor… La San Silvestre no se puede contar, la San Silvestre se vive.
Dulce María Ballester Alarcón
Cierras los ojos y todo arde. Cierras los ojos y te aislas, dejas de escuchar los gritos y los aplausos de apoyo, los ojos curiosos, inquisitivos y expectantes desaparecen. Disparo. Antes de abrir los párpados ya estás volando. Notas la electricidad que recorre tu cuerpo y ves las chispas bailando una vieja canción sobre la pista de tu sudor. Eres el dueño del tiempo, eres el amo de viento, amigo del asfalto y amante de la presión. Vencedor absoluto de los límites, rompedor de estadísticas, alzándote cual rey ganador del ajedrez escuchas los vítores antes de llegar a la meta. Jaque –mate, lo has logrado. Levantando el trofeo contemplas la pista soñando con su cercanía de nuevo.
David B. Andrada
Corría con todas mis cansadas fuerzas dando hasta la última de mis energías. Con cada zancada la musculatura de mis piernas afloraba músculos que juraría que el resto de mortales no tiene.
Notaba como mis zapatillas pisaban mucha intensidad el empedrado y húmedo suelo. Sentía como mi pantalón mojado pesaba cada vez más del agua de los charcos que salpicaba al pisar.
Bajaba por la calle Pontevedra. Miraba hacia atrás de forma compulsiva, a un lado y a otro pero el gentío me impedía tener una imagen nítida. El vaho que salía de mi cuerpo al sudar y el que emanaba mi boca, con respiraciones arítmicas, hacían imposible tener un punto de referencia.
Por fin llegué a casa, me pude derrumbar sobre el sillón y encendí la tele para ver la San Silvestre Salmantina. Creí que no iba a llegar a tiempo para ver la salida de la carrera.
Marta María Quintana Álvarez
Con mi IPhone iba grabando todo el recorrido... Corrías tanto, andabas entre todos, largo, delicado, destacando, como siempre. Salamanca se comía tus pies, atravesaba con sus calles tus zancadas. Y no lo sentía. La ciudad arrastrada, majestuosa, delante de nosotros y casi sin correrla. Cada vez que el sol se colaba en tu mirada y la meta se acercaba veloz eran diez las veces que intenté trotar detrás de los corredores. Detrás de ti. No llego ni llegaba y no llegaré.
Òscar Pareja Bañón
Desconocidos. Vecinos. Amigos. Papa Noeles descansados después del trabajo finalizado. Corredores. Pajes reales que necesitan conocer el recorrido que realizaran en un futuro. Ejecutivos de corto. Plátanos y otros frutos con ganas de marcha. Dorsales. Cronómetro anunciando el tiempo que resta para salir. El frío invierno. Las luces apagadas de una Navidad que ha empezado. Hombres disfrazados de mujeres. Mujeres en lucha por alguna enfermedad innombrable. Carros de bebé cargados de ilusiones y sonrisas. Un barco decidido a correr. Todos comparten la misma meta, el mismo objetivo, la misma ilusión: volver al punto de partida con una sonrisa y una promesa hecha. Se escucha el disparo que anuncia la salida. Pájaros surgen de la nada y los corredores vuelan con la ilusión de apoderarse, por unos instantes, de la arquitectura que los envuelve y que los acogerá con los brazos abiertos durante los kilómetros que dura la San Silvestre.
Pau Miquel
Sobre el adoquinado cubierto de rocío van pasando los corredores con su cansancio y su esperanza; unos con piernas tímidas, otros con paso decidido; inquietos o pletóricos; apenas andando, ligeros o retorciéndose como una miga de pan que rebaña el plato; con la vista puesta en el reloj: ausentes o concentrados; en pareja, solos, en grupo; cumpliendo un sueño, un desafío o una promesa; pasando un buen rato, jugando...
Desde el otro lado de la cerca, el veterano se los mira con añoranza: su corazón siente en la palpitación del grupo también sus propios latidos, su cansancio y su esperanza.
Juan de la Torre Cuesta
Córrete. Córrete hasta la muerte y déjala hecha un pincel.
Alejandra Portela De Castro
¡Abuelo! es posible que cuando tú llegues a la meta, yo ya esté tomando cañas con mis amigos.
Es la primera San Silvestre que van a correr juntos.
Al darse la salida, Oskar empezó a correr con todas las fuerzas; el abuelo comenzó a ritmo lento y cómodo. A mitad del recorrido, el joven se sentía muy fatigado,-la juerga del día anterior, estaba empezando a pasar factura- En la avenida de Portugal, el abuelo con ritmo en progresión se acercó al nieto por detrás. Oskar al verlo, le comunicó que se retiraba de la carrera ¡Ahora no puedes abandonar!¡ya has pasado lo peor! -contestó el viejo, con firmeza-. Así con los ánimos de éste y sacando fuerzas de flaqueza, el joven pudo alcanzar la meta.
-¡Gracias abuelo! sin ti no lo hubiera conseguido.
Omar Martínez González
No se decidía la jefatura del grupo sobre la autorización o no de los nueve solicitantes a participar en la carrera popular de San Silvestre Salmantina; todo se complicaba por la fecha.
—¿Quién asegura que no ocurra algún incidente que nos afecte la partida? —ese era el argumento esgrimido por ellos para no acceder a las demandas.
—¡Pero será una experiencia única para todos! Y estamos seguros que podremos pasar todas las regulaciones y normas exigidas a los no salamantinos —replicaban los interesados.
—Pero el portal para el salto espacio-tiempo se abrirá precisamente ese veintiocho de diciembre —concluyó el capitán.
Después de un silencio los nueve tripulantes se apartaron del grupo.
—Nos quedamos capitán.
Sergio Reyes Collado
Ella me esperaría al final del recorrido, una vez más, podía sentir la emoción, el frío de la época y las ganas de correr por la bella ciudad. Realizados mis estiramientos, sabía que en la carrera debía controlar la respiración y mantener el ritmo. Me hacía sentir bien estar rodeado de personas, sentirme parte de algo. No me importaba llegar el último porque sabía que llegaría, pero lo mejor de todo era lo que me esperaba al final. Una sonrisa y un abrazo fuerte seguido de una satisfacción que algunos ya conocen.
MARGARITA GARCÍA PACIOS
Telma y Noa descansan sobre el césped en el parque de los Jesuitas. Acaban de preparar con Juan y Pedro el circuito de la San Silvestre Salmantina que se celebrará en pocos días y están exhaustas. Los hombres charlan en un banco a poca distancia de ellas.
—Juan está muy bien preparado. Será el ganador —comenta Telma.
—De eso nada, se lo merece Pedro por su constancia. Después del accidente de coche ha tenido que esforzarse más que nadie —contesta Noa.
—Pues no, va a ganar Juan.
—¡Cállate! La culpa del accidente la tuviste tú. Cruzaste la carretera y se chocó contra otro coche por no atropellarte.
La conversación entre ambas va subiendo de tono. Los hombres, dándose cuenta, se levantan del banco y llegan justo a tiempo de separarlas.
—Lo siento, Juan, esta cocker está muy rara últimamente. Me voy para casa con ella. Venga Noa, vamos a casita.
Estrella Lorenzo Gibaja
Llega la San Silvestre Salmantina como cada año pero esta es especial, en esta participo yo.
Salamanca, ciudad de las calles de oro, misteriosa a primera hora de la mañana, entrañable para los nacidos en ella e imborrable para los cientos de estudiantes que fueron acogidos en sus largos, anchos y empinados brazos.
Más de once años viendo como corren otros, se preparan tiempo antes, sintiendo sus nervios e inquietudes ante el comienzo de un camino de diez kilómetros y la satisfacción personal de llegar a la meta...eso, eso es lo que quiero vivir yo.
Basta ya de complejos, basta ya de sentimientos de inferioridad, todo el que corre es un héroe de superación y yo, yo quiero ser una heroína.
Bertran Salvador Mata
Expectación, murmullos, y empiezas, casi sin ser consciente de la trascendencia ontológica del primer paso, ese que te constituye como ser real, y te ves rodeado, pletórico entre tanta euforia, el camino se viste largo pero tienes fuerza. Te diluyes, se diluyen ellos, la gente que te acompaña, pierdes a gente, la encuentras a ella en mitad de la carrera, sonríe y compartís el camino, te hace olvidar un poco el cansancio, acomodáis el paso, ajenos a la multitud. Empiezas a temer la meta, no sabes por qué aunque quizás lo intuyas, y quisieras que esa carrera durara siempre. Pero siempre no es un tiempo real, y te sientes cansado y ella también, y aguantáis por inercia, y ya entre suspiros exangües llegáis, y sabes que es el final de la carrera de la vida, y te das cuenta que no importa la meta sino la carrera.
Roberto Benito González
Esas zapatillas le hacían volar. Llegó entre los cien primeros a la curva del Paseo de Canalejas. Eso le motivó para adelantar posiciones. En la calle Zamora sintió una mezcla de calor y frío propia del invierno, el esfuerzo y el ánimo de los transeúntes. En la Plaza Mayor se imaginó en un medallón como premio al triunfo. El Puente Romano lo cruzó emulando al ciego que, en piedra, encontró a la entrada. Su ‘lazarillo’ le llevó a la cabeza. Las cuestas del regreso le hicieron desfallecer. Pero sólo tenía tres corredores por delante. Superó a dos en las avenidas que unen los barrios Labradores, Salesas, Garrido y Rollo y se plantó en el Paseo de San Antonio rezando a dicho santo en búsqueda del aliento final. ¡La última zancada le hizo vencer entre aplausos del público! Al segundo, oyó el pistoletazo de salida. Ya sabía cómo iba a ganar…
Silvana de Fátima Santacruz Burbano
Para entender el dolor de parto, un estudiante de antropología utilizó un tapón anal similar al de los hombres yé amazónicos en el ritual de caza. Así decidió correr, pues no hay mayor prueba para su trabajo de campo que esta competencia .
Desde ese día no ha dejado de menstruar.
María Rosa de Castro Corral
Al oir el disparo de salida, un aluvión de depredadores se lanzan en una carrera infernal para ver quien engaña más y mejor a sus semejantes: Cohechos, malversaciónes de caudales públicos, fraudes fiscales, blanqueo de capitales, apropiaciones indebidas, cursos de formación inexistentes, EREs fraudulentos, preferentes, tarjetas opacas, etc...Todos estos seres despreciables tratan de llenar cuanto antes la buchaca; su ritmo es acelerado y ansioso con el fin de conseguir su preciado objetivo. Después de cierto tiempo llegan a la Meta, y se les hace pasar a un departamento donde por encima de la puerta de entrada hay un cartel donde se puede leer:"ESTADO DE DERECHO".
Mª Belén Mateos Galán
Mi madre me inscribió en la carrera de San Silvestre. Siempre había sido muy vago y no me gustaba la idea. Me regaló unas zapatillas nuevas y me dejó en la salida con el dorsal de Benjamín.
Comencé a correr suave, sin prisa, tenía por delante 900 metros. Veía como mis compañeros me adelantaban y sus padres los alentaban con promesas. Después de mucho tiempo alcancé la meta, pero me colgaron otro dorsal, dijeron que ahora era Alevín y solo tenía que seguir unos 600 metros más. Me extrañó pero continué con el mismo paso monótono. Al llegar a la siguiente meta otro dorsal voló hasta mi cuerpo y oí : ¡Animo Cadete! Otros 600 metros. Pasé por Juvenil, Junior, Promesa, Senior... Dorsales de distintos colores vestían mi cuerpo. Por fin, cuando vi la última meta, mi rostro cansado sonrió, allí estaban mis nietos alentándome al grito de: ¡Veterano!.
Estrella Lorenzo Gibaja
Llega la San Silvestre Salmantina como cada año, pero esta es especial, en esta participo yo.
Salamanca, ciudad de las calles de oro, misteriosa a primera hora de la mañana, entrañable para los nacidos en ella e imborrable para los cientos de estudiantes que fueron acogidos en sus largos, anchos y empinados brazos.
Más de once años viendo cómo corren otros, se preparan, sintiendo sus nervios e inquietudes ante el comienzo de un camino de diez kilómetros y la satisfacción personal de llegar a la meta...éso, éso es lo que quiero vivir yo.
Basta ya de complejos, basta ya de sentimientos de inferioridad... todo el que corre es un héroe de superación y yo quiero ser uno de ellos.
SARA MEDINA PERIS
Aquella lluviosa mañana, se decidió. Hasta el momento había sentido cierto miedo. En el fondo le asustaba no estar a la altura que ella misma se exigía. Sentada en aquél bar, el mismo bar de siempre, se lanzó a escribir. Después de esa vez, lo hizo cada día durante más de un año. Tenía la costumbre de hacerlo sin nunca leer lo que escribía. Esa tarde, entre varias copas de vino, pensó nuevamente en aquél autoimpuesto precepto. Al llegar a casa, aún con ese agradable efecto que le producía el alcohol en, temblorosa e insegura, se lanzó a leer. Al instante recordó nítidamente esa lluviosa mañana, ese bar, el bar de siempre, ese rápido cigarro mientras buscaba las palabras. Cuando terminó de leer el primer texto, sonrió, y después de sonreír, lloró, y después de llorar, pensó que aquello era lo mejor que había hecho en su vida.
JUAN FOLGUERA MARTIN
Me ajusto las zapatillas. Me aprietan un poco por los lados, la verdad. Pero no me importa. Las aguanto de sobra los diez kilómetros. En cuanto empiece a correr, seguro que se dan un poco de sí y se adaptan a mi pie.
Son cómodas. Se nota que son nuevas. Te la compramos para esta San Silvestre, pero tú no llegaste a estrenarlas. Y eso que estabas muy ilusionado.
−Con estas zapatillas, seguro que hago el mejor tiempo de todos los años –dijiste cuando te las regalamos.
−Seguro que sí –te aseguramos todos.
No te preocupes, abuelo. Aunque tú ya no puedas correr, fíjate bien desde ahí arriba. Ya verás como, gracias a tus zapatillas, consigo tu mejor tiempo.
Alex Merino Aspiazu
Mi abuelo dice que eso de correr no hay por dónde cogerlo, que no hay necesidad, que correr para qué si se puede ir andando. Dice eso y suelta una risotada grave, de las suyas, mientras se ata los cordones de las zapatillas deportivas. Explica que corre porque es la San Silvestre Salmantina, que si no para rato, y que quiere demostrarnos a todos que no es ningún carcamal, aunque nosotros nunca le hemos dicho semejante cosa. Después dice que es guapa, y creo que se refiere a la carrera, aunque habla de ella como si fuera una mujer. Al abuelo a veces no hay quien le entienda, pero después le ves correr, despacio pero constante, con esa sonrisa plena y ese brillo en los ojos, y puedes ver que no hay hombre más feliz sobre la tierra. Correr para qué, se pregunta, pero sabe muy bien la respuesta.
Maria Teresa Albarrán Feal
El último domingo del primerizo frío del mes de diciembre se celebró “ San Silvestre Salmantina”. Por primera vez asistí, con mis zapatillas de corredor. Deseaba tanto recorrer la hermosa ciudad, sus cuestas me apetecían como un tierno desafío. Pronto me imbuí en el ambiente de la ciudad famosa por sus letras y cultura, me impresionó la afición compartida en la calle para disfrutar de la carrera popular. Recorrí las baldosas grandes de gris ceniza que me llevaron hasta la catedral y el puente. El río Tormes, me saludó al pasar y los álamos desnudos me ofrecieron el cobijo de sus hojas para amortiguar la pisada. El aliento de los corredores, los animadores de todas las edades inundaron las calles frías que se caldearon de humanidad. Quise, recorrer de nuevo la ciudad, me prometí regresar.
Antonio Campillo Prada
Después del sepelio, Roger prometió que el año que viene correrá la San Silvestre Salmantina a mi nombre. Pobre hombre, se siente culpable.
– ¡Va por el gordo!- dijo.
En la pasada carrera quedó entre los 30 primeros. Nada mal para alguien que ronda los cuarenta.
Por Roger participé en la competencia. Previo a la salida luché contra mis temores. Sabía que no estaba en forma. Ni escuchando Vangelis en el trayecto superaría a mi vecino. Quería demostrar a Roger que era un hombre de retos.
Dieron la salida. Un río colorido de corredores sonrientes inundó las calles de Salamanca.
Dos horas después me asaltaron las recomendaciones médicas del último mes: “cero fritos, bajarle al queso, correr una hora diaria, adoptar frutas y verduras, nada de alcohol”. Me dolía el pecho, sudaba frío. Un paso antes de la meta apreté mi cronómetro…
-¡Un médico!- gritó alguien.
El tiempo se detuvo.
Jose Luis Bragado García
Está corriendo muy bien. El corazón oxigena hasta los más recónditos vasos capilares de su imaginación. El correr y la escritura, son la substancia de su vida. Sobre el asfalto, sobre el papel, corredor y escritor son caras de una misma moneda; donde la pasión por el correr y las palabras, alcanzan brío y gloria. Hoy, mientras corre veloz la san Silvestre salmantina, puede lograr su mejor marca, y además está imaginando el mejor relato. Pero -cosas del destino- una mala pisada le hace caer al suelo. Aunque dolorido, se levanta y reemprende la carrera ignorando el incidente.-Piensa que aún puede lograr ambas metas-. Y corre ilusionado sabiendo que, al mejor escribiente se le cae un borrón y, al mejor corredor se le desata la zapatilla.
María Arroyo Ces
Me levanto. Hoy es el día: el esfuerzo de cada atardecer, cada paso dado, cada kilómetro recorrido hoy tendrá su recompensa.
El traje de gala ya está listo para ser sudado. Lo observo antes de ponérmelo. Me inundan muchos sentimientos a la vez: siento alegría, emoción, nervios… pero sobre todo ganas, motivación. Tengo ganas de llegar hasta el final. Me he preparado para llegar al final. Tengo que llegar hasta el final.
La cinta de la batalla ya está anudada. Lo cordones bien sujetos.
Me pongo la pierna a la que le he confiado esta esperanza. “Sí se puede”.
Salgo por la puerta y me encamino hacia el objetivo. Veo mucha gente que sigue la misma dirección que yo, que se ha preparado para lo mismo que yo.
1096 es mi sello de identificación. Se acerca la hora.
Es la hora.
Gane o no, la meta me espera.
Manuel Andrés del Rey Sánchez
-¿Qué ruido es ese, mozo, cuan espanto de caballerías, que mi zurrón vacilar hace?
- Mancebos y mancebas corriendo como acémilas, trebejando en holganzas. ¡Eh, señor!, vuestra merced tenga bondad, por un maravedí, si a bien pudiere reposarse, decirme la la causa de tal gentío a la huida.
(…)
-Poco entendimiento de uno logrado he. Mozos y mozas, como Dios los trajo al mundo, se solazan, al parescer, tras pago y jerigonzas. Se persiguen como palafreneros a vaqueras, se disfrazan como si de carnaval se tratase y se pierden camino de Tejares.
-Dile al azogado ese llegue al oído del toro y escarmiéntale con calabazada, como a bien yo te adestré hacia la sabiduría, que correr por correr y propinar moneda no es menester que alimente ni cuerpo ni frente; a lo peor corte de digestión.
-Ya marchado está, tío, de la aceña allá del río.
Consuelo Navarro González-Conde
Ahí estaba yo, concentrada y expectante, y allí Salamanca, majestuosa y bella. Hicimos un tándem perfecto y todo salió sobre ruedas.
Calamanda Nevado
Tantas horas pedaleando en La Vuelta a España, me pasaban factura. Llegaba al hotel con la mirada dolorida, el cuello contracturado, caminando como si fuera sábado de madrugada. Y encima, echado sobre la cama, me esperaba un mapa que urgía consultar; repasé cada comarca, y sus puntos peligrosos.
Ahora, después de unas merecidas vacaciones, controlo el recorrido de la carrera de -las tres eses-, ¡La San Silvestre Salmantina! Atrapado por su popularidad comienza mi duermevela, y el comportamiento de mi mujer; ninguno ayuda.
Puesta en jarras, o apoyada en la almohada, no deja de aconsejarme. Coincido con ella en que ser de allí no es cualquier cosa. Y le repito lo especial que es su tierra, y ella.
Anoche, víspera de la carrera, lo celebramos cenando en la plaza. Fue estupendo
aunque hoy pedalee el último. El marisco que nos recomendaron, no resultó tan fresco. Qué nochecita. Y qué cuerpo.
MARIO ALBERTO ALVAREZ SANTANA
Salamanca me recibió con su cielo despejado, pensaba por instinto que esta versión de la san silvestre salmantina sería un éxito para mi carrera, me trataron como un atleta de elite, y al comenzar la carrera me sentía de maravilla, sin embargo a la mitad de la corrida mis ojos se nublaron, sentía que mi corazón tomaba pausas y un mareo intenso se apoderó de mí…
Al rato, estaba siendo atendido por el servicio médico de la organización, específicamente por María de ojos verdes como zafiro… Jamás olvidaré esta carrera, es 28 de diciembre y estamos viendo la versión de este año… María, yo y mis dos hijos iremos a Salamanca en dos semanas más, pues en esa ciudad gané el trofeo más valioso de mi vida… mi familia.
Esther Camacho Sacristán
OFRENDA
―Está bien, correré por él; cualquier cosa mejor que esta impotente y dolorosa espera ‒musitó Lola ante la insistencia de los amigos de Juan.
Nunca compartió su afición, pero este año no podría esperarle al final de la carrera así que tal vez no fuera tan mala idea, sería como un homenaje o quizá… como una ofrenda.
Y corrió, con entrega y respeto, bajo pequeños copos de nieve ligeros como plumas, que brotaban del cielo salmantino salpicándole el rostro sudoroso; los sintió como un bálsamo para su cuerpo extenuado por el esfuerzo; levantó la mirada y en un discreto rayo de sol que perforaba las nubes creyó ver la imagen deseada; entonces lo supo: Juan acababa de salir del coma.
Ya no importaba cuanto faltaba para la meta, ni los calambres, ni el agotamiento, ni siquiera el dolor; solo una certeza ocupaba su mente: el próximo año correrían juntos.
Miguel Angel Portela De Castro
Voy a ir estas navidades ancá de mi tía Valentina para felicitarle las pascuas, y ansí aprovecho a correr la San Silvestre.
Llega el día y Bartolo toma la salida muy emocionado, pero está a punto de caer por los empujones y codazos que le propinan ¡Pedazo de pencos y arriponcios!-se le oye bramar.
Cuando se encuentra por la cuesta del campo de San Francisco, ya no puede más, está exahusto. Los más de cien kilos son demasiado lastre para soportar esa carrera. Todo jadeante se tira en la acera dejando ver su voluminosa barriga.
Al poco tiempo le suben a una ambulancia y le inyectan suero ¡Pero hombre!¿cómo se te ocurre participar en estas carreras con ese peso? -Mira galán, deja de espotricar y a ver si me agencias un poco condumio,porque me encuentro amuelao.
Carlos Asorey Brey
Juan se siente eufórico, ha ganado la maratón. Está en lo más alto del podium y un hombre, sonriente, se acerca con una medalla.
La noche anterior, había tenido un extraño sueño: se le aparecía el diablo y le ofrecía ganar la San Silvestre, a cambio de su alma.
Durante la carrera se nota fuerte; corre con confianza e inteligencia, como nunca antes.
¿Qué mérito tiene ganar una carrera trampeando? –piensa– Prefiero correr con esfuerzo, dependiendo sólo de mis propias fuerzas, aunque llegue el último.
A media carrera encuentra a un corredor caído; se detiene, le ayuda a levantarse y continúa corriendo, con el ánimo renovado, ligero, vigoroso y resistente. Ahora se siente invencible.
Gana la carrera.
Entonces se fija, asombrado, en el hombre que le está colgando la medalla: es el corredor caído, que sonríe y le dice confidencialmente:
–Enhorabuena, has tomado la decisión correcta.
Se despierta.
Rocío Morillas Armendáriz
No me esperaba tanta gente, cada año hay más. Voy saltando y estirando, haciéndome hueco entre disfraces hasta la línea de salida. Aprovecho estos momentos para disfrutar del ambiente, durante la carrera no podré. Oigo un ruido y sale todo el mundo corriendo. Estoy distraído y tardo un poco en reaccionar, no me puedo permitir perder segundos. Pongo mi cronómetro en marcha y corro.
Nunca he sabido muy bien por qué me gusta correr, jamás he corrido para llegar el primero, simplemente corro, me gusta el aire en la cara, el vértigo, la sensación de ligereza.
Y aquí estoy, en Salamanca, sin saber realmente dónde, no me doy cuenta por dónde paso, sólo avanzo, sólo corro. Quiero superarme.
Mª Lourdes Arroyo Arias
Terminada la época estival, como cada año, daba comienzo su entrenamiento. En los últimos tiempos su intensidad había ido bajando, comenzaba con largas caminatas, las piernas ya no respondían como antes, aún así, no quería privarse del placer de participar en la San Silvestre de la ciudad que le había visto nacer, de recorrer sus calles, de respirar ese aire frío que va directo a los pulmones cuando uno corre, y de revivir esa experiencia que tantas veces compartió con su padre, un emigrante de Sao Paulo, afincado en Salamanca , y que asta donde la memoria le alcanza siempre la hicieron juntos. Su progenitor no abandonó mientras sus fuerzas le acompañaron, y él haría lo mismo. En su memoria, en su recuerdo, en agradecimiento a esas vivencias compartidas que mantienen vivos los recuerdos.
Plácido Romero Sanjuán
¡Ladridos! Los perros han olido su rastro. Se acercan. Trata de correr más deprisa, aunque las piernas le pesan cada vez más. Corre. Corre. Corre, pero no consigue dejar atrás a los perros. Ya siente que le clavan las mandíbulas en los talones. Trata de correr un poco más. Los perros ladran enfurecidos. Ignorando el cansancio, apresura la carrera. Los perros están muy cerca. Ve a lo lejos su salvación. Sólo tiene que correr un poco más. Tiene a los perros encima. Realiza el último esfuerzo.
El corredor cruza la meta. Se detiene y respira de manera entrecortada. Alguien le entrega un ramo de flores. Poco a poco, recupera el aliento. Presta atención: ya no escucha a los perros.
Santiago Benavides Santacruz
Cuando corre un hombre le sigue su sombra y una manada de papeles y un tatuaje donde el dragón devora sin piedad su cola y una mujer con una extensa cabellera morena y un hijo y un ejército de lágrimas y una orden de captura y una suegra impertinente que tiene el sabor de sus besos en una carta y una estampilla vieja y un cartero azotando con furia la hierba y un perro que cubre sus huellas y otra mujer y una serpiente escondida en un buzón y un cuerpo desnudo sin alma y las ánimas de sus recuerdos y una navaja muy brillante y las fotografías y las revistas y un legado de palabras escondidas en la alforja y nombre enroscado en la garganta y le sigue, su aliento y todos los ojos que lo perturban y lo sigue su sombra, devorándolo poco a poco, cerca al final.
Marina Crovetto Gómez
Trazaba negras líneas con fuerza
manchando el papel con el carboncillo
que no debía gastar en ese preciso lugar,
cada línea imperfecta transportaba un aullido de su emoción,
líneas disparatadas que formaban un dibujo espectacular
de lo que era capaz de adivinar su mano.
Ensanchaba su boceto para liquidar más esa inquietud
encargada de secuestrar sus sentidos que,
deseosos y egoístas,
querían plasmarse en el mundo real.
Mezclaba su propio estilo con el de otros,
creando lo que parecía un collage
sin la necesidad de recortar imágenes de revistas;
seccionaba su cerebro pedazo a pedazo,
exprimiendo cada turbación que le exigía llorar.
Sus lágrimas resonaban como ultratumba al rebotar en la mesa,
manchando su dibujo aún más,
pareciendo música nerviosa al son del rechinar de sus dientes,
ahogando su silencio absorto en gritos perdidos.
Nunca terminaba de dibujar su voz…
Era esclava de sus emociones pero libre en su arte.
Marina Tena Tena
Al primero que adelantas es al tiempo muerto desperdiciado en programas basura de la caja tonta (o frente al portátil). Entre el dorsal 265 y el 672 también dejas atrás a la pereza, resoplando que qué ganas con eso, que lo dejes para otro día.
Sigues avanzando, el malestar sigue tus pasos pero no alcanza tu ritmo y al final te pierde. El insomnio y la inquietud por los problemas del trabajo y de tu familia resisten más, pero también logras adelantarles. Y el mal humor. Y el agobio. Y tus complejos te pierden la vista por el kilómetro diez.
Aún queda mucho. Perseverancia sigue a tu lado. Delante, todo el esfuerzo, y las ganas de no rendirse. El bienestar va en cabeza.
Queda mucho por ganar ahí, delante.
Así que mantienes el ritmo y no se trata de adelantar, sino de no dejar de correr.
Ester Lozano de la Fuente
Vas creyendo que no lo lograrás, que tus piernas pesan y tu mente dice: "Párate, no puedo más". Pero si crees que puedes, ya tienes la mitad del camino echo. La otra mitad es sólo esfuerzo y entrenamiento.
Ana Fúster Martínez
Samia corre. Desde siempre. Con hambre. Sin padre. Con una madre para seis hermanos. Sin zapatillas. Con el sol de Somalia desplomado en los hombros. Sin hiyab. Con miedo a los soldados. Sin querer oír las amenazas, los insultos. Con el dolor ya convertido en suela. Sin ambiciones. Con el tesón de atleta.
Corre. Porque correr lo es todo.
En Pekín 2008 Samia cruza la meta sola. La última. Las piernas de las mujeres de todo un continente son su oro.
Pero la arrolla el sueño. Quiere más. Hay un mar que, dicen, separa la miseria y la gloria. Se hacina en la patera. La falacia de Europa devora su juventud entre olas. Indiferente, ni se molesta en eructar su cuerpo.
Sobre el fondo, entre pecios de galeras y cayucos, Samia sigue corriendo. Porque correr lo es todo.
Begoña Ruiz Lara
Otra más, y ya van treinta y una. ¡Cómo pasa el tiempo! Aún recuerdo aquel lejano 30 de diciembre de 1984, cuando, animados por el padre Ignacio (Chancleto), nos reunimos algunos amigos, veinteañeros entonces, en aquel patio de colegio para recorrer, junto a casi cuatrocientos participantes más, los barrios de la Prosperidad, Delicias, San Isidro y el Rollo. Dentro de algunos días volveremos a reunirnos en el Paseo de San Antonio, aunque, por una u otra razón, en esta ocasión ya no estaremos todos los de entonces. Y es que los años no pasan en balde para nadie. La vida no es más que una carrera continua hacia lo desconocido, una San Silvestre que cada cual recorre a su ritmo y que concluye cuando menos lo esperamos. Por eso amigos, ahora que todavía podemos, ¡Corramos!
Teresa Jiménez Sojo
Había llegado la hora en que solo ponen bingo y teletienda, no podía dormir, me asomé por la ventana, la noche estaba esplendida, busqué las zapatillas que me regalaron por reyes y salí a la calle en pijama, no esperaba encontrarme a nadie, los basureros hacían su ronda por mi barrio, me dio un poco de vergüenza y me volvía a casa cuando por la acera de enfrente vi un grupo de gente que corría, busqué el paso de peatones más próximo y crucé, los saludé y me uní al grupo, cada uno exponía sus facultades y posibilidades de ser el próximo ganador de la San Silvestre, no pude evitar reírme, entre su juventud también pululaba mucha ingenuidad, me miraron con rabia y aumentaron su velocidad, volví a casa y busqué un conjunto apropiado para la noche siguiente, donde le demostraría que una octogenaria también puede correr.
Miguel Ángel Gómez Martín
Mientras volaba sobre el empedrado de la Plaza Mayor, recordaba el polvo y las casas de adobe de su tierra. Cuando atravesó el puente del Tormes se vio con siete años transportando pesados bidones de agua desde un pequeño pozo a nueve Km de su hogar. La esplendorosa belleza del Palacio de Monterrey le llevó hasta la austeridad de su poblado y vio claramente como su familia de ocho miembros dormía en el suelo de una humilde vivienda.
Y en otro rincón, ya con el único sonido de sus pasos, el aire gélido mezclaba los olores del mercado que evocaban las escasas raciones de mandioca en el valle del Rift.
Entró victorioso con una diferencia descomunal.
¿Una victoria fácil y sin esfuerzo? preguntó el periodista.
- .Sí... "fácil".
Ainhoa Bárcena Escarti
Siempre había mirado las zapatillas de su padre como si fueran un gran tesoro. Allí colgadas tras la puerta de entrada, llenas de barro, sucias y mugrientas habían sido testigo de muchos caminos aún desconocidos para él. Poco a poco fue creciendo y la distancia entre las zapatillas y él se fue disolviendo. La mañana amaneció con niebla, pero no importaba, todos dormían. Se encontraban solos las zapatillas y él. Las cogió con fuerza, se las calzó velozmente y salió a correr como cada mañana solía hacer su padre. Tras varias caídas, tras jadeos de cansancio y agotamiento general supo que quizás aquellas zapatillas no eran aún para él.
José Vilanova Serrador
¿Quién no despeja las dudas al calzarse las zapatillas justo antes de empezar?
¿Quién no habla con sí mismo antes de empezar?
¿Quién no mira al suelo tratando de creer que va a volar?
¿Quién no mira al cielo al acabar?
¿Quién no ama el sudor que nos lo hace lograr?
¿Quién nos los iba a decir? ¿Quién nos lo iba a contar?
LUIS MIGUEL FERNÁNDEZ MONTAÑEZ
A un kilómetro de la meta, un latigazo cruzó mi gemelo. San Antonio parecía una colina. «¡Queda nada, saco fuerzas como sea!»
Un chavalillo mojaba sus zapatillas gastadas. De un salto, desde la acera, se acercó: «¿Te duele mucho? ¡Queda poquito!» —dijo pícaro llorando. Le acaricié. «¿Por qué lloras? Recuerda, lo importante es disfrutarlo».
«Mi papá corrió con Chancleto, conoció a mi mami aquí; corrían juntos cada año. Yo esperaba, en el carrito, con la yaya». Suspirando, despacito, como cantando miró al cielo: «Allí corren ya juntitos con sus zapatillas nuevas; eso me dice mi abuela. Murieron este verano. ¡Pero mira: son de mi papi! ¿Las ves? Están desgastadas, un poco grandes me quedan: con ellas estrenaré mi San Silvestre primera. Todavía no puedo, mañana cumplo mis ocho diciembres largos. ¡Llevo una vida esperando! ¿Crees que estarán orgullosos?»
Le vestí con mi dorsal. «¡Vamos juntos, que te vean cómo vuelas!»
Teresa Frías Delgado
Bronceada piel de sueños en vela; de sudores que saben a libertad. Tus muslos son tesón templado en mil carreras, donde el rumbo de su marcha despierta miradas de sincera admiración. Quizá tu boca no tarde en saborear la gloria, pero el corazón se queda en cada paso del camino sediento. Efímero es el tiempo que alberga huellas clavadas en la historia. ¡Adelante! Un paso más y hoy tu fuego se extinguirá en las brasas de la victoria, y en el objetivo de mi cámara que te hará inmortal.
Nacho Tapia Vicente
Hoy salí a correr en compañía por primera vez. Ahí estábamos los dos al mismo ritmo; pim, pam, pim, pam. Eso sí, ella siempre por delante. Esto no podía terminar así. Me concentré en maquinar una estrategia para adelantarla en los últimos metros. Cuando quedaban unos pasos para el final, me di la vuelta. ¡Lo conseguí! ¡Gané a mi barriga!
Jesús R. Torrellas Antón.
Dos metros cuadrados, remanso de paz. Dos viejas, eternas catedrales. Dos tiempos, el de la luz y el de las sombras. Y una cinta elástica, cual faro vigía, centinela y razón entre la multitud. El silencio opaco de una gafas de sol fronteriza el jolgorio salmantino y la navidad de los ciegos.
Lo fui todo hasta que la diabetes traidora me robó los caminos. Y una tristeza sin fin, cavernaria, los campos charros que tanto pateé. Recuerdos que se agolpaban de aquellas "SanSilvestres" pioneras, cuando correr era cosa de locos o románticos.
Hoy las aristas húmedas del Tormes, con sus estrellas en reflejo imaginadas como a los antiguos navegantes me guían, y casi en volandas, en estos dos metros que el tumulto me regala, pasillo sin un roce, sin un trompicón, vuelvo a la libertad. La mano amiga tira de mi, alguien aplaude.
Vivo, de nuevo, en la mañana salmantina.
María José Rodríguez Domínguez
Subió corriendo a buen ritmo la cuesta junto a varios participantes, pensado que no había yogures en la nevera y que el lunes, al juicio, debía llevar ropa que no ciñera demasiado su cuerpo.
Sergio Portela De Castro
Ring... Suena el despertador, latoso e insistente. Benjamín Beltrán se incorpora de la cama y se despereza con lentitud. Después a tientas se pone las zapatillas y se dirige soñoliento hacia la ventana. Sube la persiana, se frota los ojos y puede observar desde lo alto, como alrededor de la linea de salida calientan toda clase de corredores: Basiliscos, centauros, amazonas, elfos, minotauros, etc... ¡Aquí no hay nada que hacer!-susurra desganado. En seguida baja la persiana y se vuelve hacia la cama para descansar en los brazos de Morfeo.
Sergio Daniel Torancio Martinez
Había pasado por aquellas calles muchas otras veces, en auto, en bicicleta, caminando y hasta una vez en moto cuando la llevaba un amigo. Julieta recordaba bien aquellas casas y edificios como si siempre hubiera estado allí , y hasta el perro que siempre la corría cuando iba en bicicleta pero que ni la miraba cuando iba caminando. Esta vez pasaba de modo diferente, de un modo que nunca había pasado antes, pasaba corriendo y entonces también todo parecía moverse más rápido aunque estuviera quieto y solo las personas alentaban , y algunos otros corredores la pasaban o ella los pasaba eso no importaba tanto, no a ella, solo quería estar allí y sentir toda aquella combinación de sonidos y la brisa en la cara, las pisadas y el latido más acelerado de su corazón.
Sentir una unidad con cada corredor que no importara quien llegara primero sino solo llegar
María Porras Alcón
Marta quería ser libre, sentir el viento, nunca mirar atrás, siempre hacia la meta. Y esa meta sería un nuevo comienzo, la salida de una nueva carrera contra la tristeza y el tesón. Siempre marcando objetivos, corriendo con el corazón.
María del Camino Viana García
A mi profesor de guitarra
[Basado en una historia real]
Román amaba dos cosas en la vida: la guitarra y el atletismo. Su disciplina era férrea. Se despertaba a las seis y media y estudiaba guitarra durante una hora y media. Después salía a correr. Necesitaba correr, igual que necesitaba la música. Román ganó marchas y carreras populares. Fue a los Juegos Olímpicos de Londres. Román necesitaba llegar a la meta; cansado, victorioso, jadeando o eufórico, pero no podía rendirse: debía llegar. Recordemos que Román necesitaba correr.
Román murió en enero. Un coche lo atropelló. Le lloramos. Vendieron su guitarra. Su dorsal sigue en casa, él ya corrió su carrera. Necesitaba correr, y llegó, en el acorde lento de las horas del hospital, en la melodía chirriante de neumático en la gravilla, llegó a la meta.
Sarah Manzano
Lo hacía por su salud, o al menos eso era lo que les decía. Para mantenerse en forma, para conservarse joven, para poder competir en la carrera cada diciembre. Eso era lo que les decía, antes, para no tener que estar en casa, para no tener que verla a ella ni escuchar a los niños.
Era lo que decía para tener la excusa perfecta, para volver a casa tarde, darse una ducha y meterse en la cama. Corría para no tener que pensar en ellos, pero eso era antes.
Ahora que el mundo ha cambiado, que no hay casa donde volver, ni agua para una ducha, ni cama en la que meterse; ahora que corre sin descanso para salvar su vida le gusta pensar en los buenos tiempos.
Y los echa de menos, claro, y sigue corriendo, sin descanso.
Isabel Vicente Sánchez
Como cada mañana Filípides se levantó temprano en la próspera ciudad de Salmántica, tras calzarse sus sandalias y tomar un breve tentempié encaró la calle en dirección al nuevo puente de piedra, ese del que se decía facilitaría el comercio con otras poblaciones. Al pasar, hombres y bestias le miraron, – ¡Correr sin te persiguan no tiene sentido!- gritó uno de ellos mientras el resto reían. Filípides, acostumbrado a burlas, siguió corriendo, llevaba su nombre en honor a un héroe que años anteriores había recorrido enorme distancia para pedir ayuda y proteger a su pueblo. Lo que nadie sabía es que cada vez que él corría se sentía tan fuerte como el mayor de los héroes.
Inmaculada García Gómez
Yo quería correr, eso era lo único que deseaba desde la silla de ruedas de la que era esclavo desde los quince años. Pasado el tiempo, a la edad de veinte años, mi amigo Roberto me comentó que en nuestra ciudad, Salamanca, se corría todos los años una carrera en la que todo el mundo era bien recibido. Yo tenía mis dudas, pues aunque no pretendía ganar tampoco quería dar una imagen de inválido desvalido. Pero Roberto tenía muchas ganas de que participáramos juntos, puesto que en el fondo de su corazón aún quedaban resquicios de culpa por el accidente que tuvimos años atrás. Un día me enseñó el cartel que anunciaba dicha carrera y la originalidad del mismo me hizo comprender que por fin había encontrado mi lugar, un lugar en el que se unían atletas, corredores disfrazados y personas como yo que tenían un único sueño… correr.
Begoña Silva Calle
Tenía como objetivo correr la San Silvestre Salmantina como cualquier mortal. Nunca pensó que fuera tan duro. Se puso unas zapatillas por primera vez: no podía usar sus alas, eso hubiera sido hacer trampa. No llamaba la atención porque había mucha gente disfrazada.
Tuvo que adelantar al Sudor. Más adelante luchó contra el Cansancio y logró sobrepasarlo con mucho sufrimiento. De repente varios calambres se le echaron encima a la altura del puente sobre el Tormes y estuvo a punto de dejar la carrera. Aún faltaba mucho pero entonces el Tesón le dio un empujón y pudo continuar junto con otros muchos hasta el Paseo de San Antonio.
¡Vaya! ¡Lo había conseguido sin utilizar sus dotes divinas! ¡Ahora valoraba mucho más a esos humanos!
RAFAEL JOSÉ NIVISELA DÁVILA
Logró esas zancadas en el país de las garotas cuando en cuatro ocasiones intentó quitarle el pódium a un diminuto corredor de los Andes.
La vida lo llevó al viejo continente donde la San Silvestre sigue siendo su pasión. Ahora, se complace con cruzar la Plaza Mayor y subir la cuesta de Moneo dejando adoquines atrás. Se da la señal y los diez kilómetros de la San Silvestre Salmantina inician. Empieza bien, mantiene el tranco y escala posiciones. Está motivado, va entre los cien primeros a la mitad de la prueba. Más allá la provisión: el agua y un beso volado llegan de la mano de su compañera de noches escondidas; metros adelante su esposa que ve la escena. En segundos la carrera se convierte en persecución; ella corre, él vuela, la meta los recibe; él gana, ella lo persigue, el pódium lo espera; no volvió a subir.
Pedro Rafael fonseca Tamayo
Respirar intensamente, como si el aire del mundo entrase de golpe en los pulmones, sintiendo un bienestar paradisíaco, acompasado con el latir del corazón y el paso alterno de los pies.
El cuerpo cubierto de sudor y la mente flotando en el éter. No importa quien llegue primero: el placer de la carrera es el mayor de los premios…sentirse liebre perseguida o lebrel cazador o ladrón o policía.
Correr a pesar del frío, de los años que pasan, de las ausencias; correr por la vida y contra la muerte que se lleva a los que esperan sentados. A veces quisiera ser un guepardo y correr a todos lados, no solo en la competencia, correr al trabajo, al cine o a coger el bus.
La existencia humana es una gran carrera de obstáculos. Las vallas a veces están demasiado altas y nos hacen caer, pero a esas debemos pasarles por debajo.
Manuel Ángel García Calvo
Es propio de un niño revolver y su hijo no era la excepción a esa regla. Pero aquel día, y junto al calzado, también revolvió la memoria de su padre.
De buscar zapatos viejos para un trabajo de clase, el niño acabó sacando de debajo de la cama de sus progenitores una caja cubierta de polvo que custodiaba unas zapatillas con la etiqueta aún puesta. El padre reconoció esa caja en el acto: el premio de su esposa por finalizar aquella maratón cuyo recuerdo del paso por meta le arrancó una lágrima y con las que le había prometido correría la próxima San Silvestre, en la que por fin asaltaría la barrera de los 40 minutos. Él sólo corría para superarse.
Y entonces, sonrío, pues mientras impulsaba con los brazos las ruedas de su silla, se dio cuenta de que hoy, sin dorsales, marcas ni medallas, era todavía más deportista que entonces.
Dominick Samantha Ingle Lizárraga
Llego más temprano de lo normal, se colocó el número de corredor en el pecho y se paró entre la multitud de participantes. Piso la línea de salida y comenzó el circuito San Silvestre Salmantina. Los demás participantes pasaban a su lado velozmente. Tomo su ritmo, pasos cortos pero seguros. Martín se propuso a cruzar la meta sin importarle el lugar en que llegara, ni las horas que le tomara terminar. Por él, por nuestros hijos, por los viejos tiempos. Esta era su oportunidad de mostrarles a los niños, que pesar de su limitación física, estaba listo para luchar por recuperar su vida y cumplir sus sueños. Le faltaba una pierna, pero tenía un enorme corazón que compensaba su perdida. Frente a nosotros, después de tres horas y cincuenta y dos minutos, Martín cruzo la meta, con una sonrisa en el rostro.
Gabriel Pérez Martínez
Acabo de emprender el viaje más esperado, el que brota de los sueños florecidos por los recuerdos de mi infancia.
Circulo por arroyos y ríos de asfalto hacia la meta anhelada, imaginada día a día (eternamente) desde la cama de aquel hospital ya cicatrizado. El aliento acompasado de mi esfuerzo se ha aliado con mi sangre para repartir oxígeno a los poros renacidos de mi alma, que fluye como el agua.
Soñé tanto este momento, acurrucado por la lluvia y por el viento, que le hice al sol el juramento de vencer al cielo nublado.
Surqué desiertos, tintineando con el cascabel de las serpientes. Derroté tormentas acostado bajo un manto de rayos. Y gracias al agua fresca de tu fuente, a tu primavera de mayo, a tu brisa de poniente, estoy aquí ahora, avanzando con zancas voladoras, hacia la cima de los supervivientes.
ANA BELÉN TORRES ALCOLEA
¡FELIZ NAVIDAD!
Familia, amigos, copiosas comidas y cenas, regalos, polvorones, más familia, más comida...
¡Qué bonito pasar un tiempecito con tus suegros, con los niños en casa alborotados: reir, llorar, jugar, otra vez llorar...!
Y el deporte nacional: criticar, aquí sí que nos entrenamos, nada de fútbol ni baloncesto ni Fórmula 1, criticar. Hay que aprovechar cada momento con ciertas personas, para criticar al ausente, y limpiamos nuestra conciencia con la frase: “Seguro que a nosotros nos ponen de hoja perejil”
Navidad, ¡qué bonita es la Navidad! Pues sí, claro que sí, porque el treinta y uno de diciembre... ¡San Silvestre nos libera!
Cientos de corredores nos agolpamos en la salida, felices, deseosos, con la adrenalina a flor de piel...
Sensación indescriptible, endorfinas revoloteando por las calles salmantinas...
¡Chssssss! ya suena el “bang”. ¡Viva Salamanca! ¡Viva San Silvestre!, ¡nos vemos el año que viene! ¡Y Feliz Navidad!
Anita Martín Carrera
Estoy listo. Puedo sentir los nervios en mi estómago. Respiro hondo, para relajarme. Esta no es mi primera carrera, pero sí la más especial, no me cabe la menor duda. Y por ello pienso vivirla al máximo. Quiero disfrutarla, no perderme nada. Este año podré detenerme más en los detalles.
Miro a mi alrededor y siento una mezcla de nerviosimo, tensión, euforia...
Como cada año correré junto a Juan, más que un amigo, un hermano. Gracias a él y a su generosidad puedo estar un año más en mi San Silvestre, en mi ciudad, Salamanca. Juan se coloca detrás de mi, apoya su mano en mi hombro y me pregunta si estoy preparado. Le dedico una sonrisa y afirmo con la cabeza. Dan la salida. Juan comienza a correr y noto cómo las ruedas de mi silla se deslizan, tomando velocidad. Gracias hermano por mantener viva mi ilusión.
José Luis Gálvez Gallardo
Han sido cuatro largos años velando armas. Una voz metálica insta al guerrero a realizar la gran gesta. Empuña con fuerza el enorme falo compañero que lo catapultará hacia la gloria o el averno.
Tras un trotar vacilante, corazón y piernas se aceleran; con fiereza clava una lanzada en la tierra impulsándose al cielo en busca del Olimpo. Su cuerpo sufre una erección, convirtiéndose en prolongación de su lanzadera.
Después de un momento de ingravidez, la tensión lo abandona y retorna al piso.
El rugido de la grada no disipa sus dudas y alza con temor la mirada…….
Un suave sabor de venganza lo invade, recordando su fiasco en la San Silvestre Salmantina.
Javier Revilla Cuesta
Mis ojos han ardido ante siete lunas bermejas y centauros zainos y el grito macilento de un convicto perforando la placenta de una loba y una aurora de niebla huyendo de bandidos y duelos atroces entre sátiros y faunos y una noche entera de vigilia surcando campos de naranjos y calaveras enfermas de ceguera y el ojo de un cíclope que lagrimaba vino tinto y vinagres agrestes y silencios y madres lavando el barro del fracaso en la mirada de sus hijos y un hollín huraño de nostalgia en el semblante del vencido y fauces que vomitaban carne cruda y majuelos secos de esperanza y un dolor opaco en las vísceras y los lances acerbos donde burlé a la vil guadaña de la muerte y aceros aciagos y la nada.
Mientras mis ojos se calcinaban, mis piernas corrían,
y corrían,
y corrían...
Alfredo Carrasco Cuenca
Después de tantas zancadas dadas por tantos sitios, he adquirido la habilidad de eliminar mentalmente a aquellos que van delante de mí en las carreras. Parece una ventaja pero también es una fuerte carga de responsabilidad, ya que al no haber nadie, soy el primero, y noto el aliento de mis perseguidores deseosos de quitarme tan ansioso puesto, sin saber, pobres inocentes, que si lo consiguen, automáticamente mi mente los desterrará de este mundo. Y allí estaba yo, recorriendo las calles salmantinas en honor de multitudes, surcando cada calle con el fin de entrar victorioso en la meta, disfrutando cada paso, chocando las manos con los niños de las primeras filas. Y lo hubiese logrado, el ganar digo, si al entrar al Paseo del Rollo no hubiese mirado al frente, para ver por última vez mi imagen reflejada en la fachada que hacia honor al nombre del bar el Espejo.
MÁXIMO MARTÍN COBOS
Soy corredor asiduo y ya me conozco a casi todos los participantes en esta clase de eventos. Pero hoy compite alguien nuevo en la San Silvestre salmantina.
Su equipación no se caracteriza por ser el último grito en tecnología y aerodinámica; más bien, parece habérsela agenciado en un chino.
Además, se le ve un poco fuera de lugar. Me acercaré a saludarle.
—Hola —le tiendo la mano—, me llamo Joaquín.
—Yo, Filípides.
—Encantado.
—¿Todos vosotros también sois mensajeros? —me pregunta.
—Si te digo la verdad, yo soy surfista... ¿Es tu primera participación en esta carrera?
—¿Carrera? —se extraña.
No deja de moverse, intranquilo.
—¿Cuándo echamos a correr? —resopla.
—¿Tienes prisa por ganar? —bromeo.
Me mira ceñudo y responde:
—Lo que yo quiero es llegar urgentemente a Atenas, antes de que quemen la ciudad, para anunciarles que hemos vencido a los persas en las batalla de Maratón.
Calamanda
A pesar de ser nuevo en Salamanca, consiguió inscripción: la posibilidad de premio, aguardaba. Animado murmuró entre dientes: -Cuando vean mi marca, dirán “¡en qué tiempo lo ha hecho!”-
Necesitaba un café y aparcó la bici en la entrada del bar. Recordando a sus padres recién divorciados; sintió pena por ellos. Según él, las promesas de amor deben compartirse toda la vida. Tras telefonear a su hermano, se acercó al circuito. Le prometió puntualidad. Al cruzar la entrada, un mal paso lo lanzó contra el suelo. En ese estado no podía moverse.
Mientras lloraba adivinando el coste de la caída, y su situación de parado sin seguro médico, comenzó a caer una fuerte tormenta, que no paraba. Desde dónde se encontraba guarecido, pudo oír a la organización indicar por megafonía, que se aplazaba la carrera; estaban previstas lluvias torrenciales para los próximos días. Sonriendo y gritó ¡¡Bien!!
Carlos Miguel Herrera Molpeceres
Adán y Eva, y la fruta prohibida, ¡ la manzana !. Comer una pieza de fruta, una sabrosa, una apetitosa manzana, y dar la vuelta a la manzana, corriendo, haciendo ejercicio físico por las calles del barrio, en la disputa de la San Silvestre; dos operaciones saludables que fomentan la vida sana y frugal de los más pequeños, de los benjamines y alevines atletas, de Juanito, Carlitos y sus amiguitos.
Comer sano para correr, y ganar, o al menos participar, disfrutando de una exquisita, de una magnífica manzana, el último domingo del año, en el patio del cole, del Estanislao de Kostka; una tentación única, uno de los grandes placeres navideños de Salamanca en fiestas, las de la Natividad del Niño Dios.
Hebert Poll Gutiérrez
¿LA VERDAD?
“Decídete y serás libre”
H.W. Longfellow
POR: GRAFITTI
En sus marcas, listos, fuera y…va en pos de la gloria. Es más positivo que nunca, si el año pasado derrotó en el Cross de Atapuerca al recordista mundial, sin utilizar sustancias prohibidas, no hay dudas, será el nuevo campeón de La San Silvestre Salmantina 2015.
Veinte metros para llegar a la meta. La victoria corre a su lado susurrándole: eres el nuevo campeón, eres el nuevo campeón.
De repente, se desvía de su carril, agarra fuertemente por el brazo a un fornido policía y grita como tenor en concierto: ¡Asilo Político, asilo políticoooo!
Todos lo maldicen. No entienden como un deportista puede dejar escapar la gloria de esa forma. Él está feliz y mira al cielo.
Madre, lo logré. Soy libre…libre…libre.
Michelle Isamar Garcia Bustillo
Caitlyn se sumergió en el agua luego de haber trabajado en su computador en su cartel San Silvestre Salmantina, era una tarde de otoño y el mar era frío y violento en esa época, pero ella siempre había sabido como llevarse con las aguas del océano.
Cuando el oxigeno comenzó a faltar se impulso a la superficie en busca de aire.
Entonces justo a unos cuantos centímetros de ella, había habido algo, porque ya no estaba, pero ella estaba segura de haber visto una mancha moverse cuando abrió los ojos.
Un escalofrió recorrió su espalda. Se sumergió y comenzó a nadar hacia la superficie. Hasta que algo la sujeto bruscamente del pie y no la soltó.
Caitlyn dejo salir el aire en un grito desesperado, pero lo único que vio fueron un par de ojos negros antes de que sus pulmones no resistieran la invasión del líquido frío en ellos.
Marcos Pelosso
El ganador indiscutido de la carrera de San Silvestre Salamantina de este año fue un simple cartero oriundo de un pequeño pueblillo a las afueras de Vizcaya, que se inscribió inesperadamente en la carrera para poder acercarse hasta uno de los participantes y entregarle una carta documento. En medio de la carrera, mientras trotaba tranquilamente sin ningún apuro, una llamada que entró en su móvil le avisaba que su esposa estaba por dar a luz en el Hospital de San Jaime Apóstol, a pocas cuadras de la meta, en el Paseo de San Antonio. Dicen que los bebés “llegan con un pan bajo el brazo”, pero este trajo un ganador histórico para la familia y ¡un cheque por seis mil euros! ¡¡Felicitaciones al gran ganador!!
Alicia Rodríguez Luna
En la búsqueda de la felicidad, encontré que no tenía nadie a quien amar, mi padre había muerto y mi madre nos abandonó desde que era pequeña. Las lágrimas desbordaron por mis mejillas al saber que estaba sola, me ahogaba en esa inmensa soledad a la que nunca había estado acostumbrada, mi llanto reflejaba esa tristeza de la que me era imposible escapar, quería dormir y despertar pensando que no había pasado nada, pero ya no me pude levantar, mis piernas estaban pesadas y bajo mi cuerpo se encontraba mi padre sangrando de esa bala que le atravesó el corazón. Creí que estaba soñando, pero era mi alma la que miraba a ese cuerpo recostado sobre los brazos de ese hombre al que tanto amé. Era mi padre, un hombre bondadoso y noble del que sólo me quedan recuerdos que juntos llevaremos hacia la tumba.
MANUEL MAESTRO ABELLAN
No era un hombre de rigurosa vida religiosa, pero siempre se le ocurría una oración en el punto de salida mientras comprobaba que el nudo de los cordones de sus viejas deportivas, al igual que su vida, sus perspectivas, su presente y su pasado, estaban bien atados. El futuro inmediato, la meta. A San Silvestre le pedía volver el próximo año y al nuevo año al menos unas zapatillas nuevas.
Alan Vargas Mariscal
Tendido en la cama, la siente pendular. Sus rizos, se agitan acompasados igual que llamarada, y su rostro, antes tierno, se descompuso en aullidos. Ella, apoyada en su pecho con las manos engarruñadas, se inclina un poco hacia adelante y apura el ritmo. Sus cuerpos perpendiculares, con fricción elevadísima, se acercan rápidamente a la ebullición. La apretuja con fuerza, ella, galopando, se lleva las manos al cabello y lo alborota, de a poco siente un cosquilleo comenzando en su oreja: toquesitos eléctricos como hormigas sobre su espalda. Se acerca. De pronto, abruptamente la detiene, ella abre los ojos, él la está mirando como si viese al cielo. Te amo, le dice, mientras de debajo de la almohada toma una pistola y le apunta a la cabeza, se oye un rotundo disparo en la ciudad de Salamanca, comienza la carrera de San Silvestre Salmantina.
Andrea Patricia Alegre Ferro
Salida.Como te quiero. Curva y contracurva de nuestra relación de 10 años y 2 hijos. ¡Solo llevo 4 kilómetros!
Siluetas fantasmales y empujones en un cuesta que se hace eterna. ¡Que dolor!, solo 15 minutos más si mantendo en ritmo de unas pulsaciones desbocadas. Vislumbro un meta mental porque la música nubla el resto de mis sentidos Y ahi esperando estas tu, mi personal-traineer metido de voluntario para asegurar que llegue a cocinar. 59:32:12
Gabriel Pérez Martínez
Acabo de emprender el viaje más esperado, el que brota de los sueños florecidos por los recuerdos de mi infancia.
Circulo por arroyos y ríos de asfalto hacia la meta anhelada, imaginada día a día (eternamente) desde la cama de aquel hospital ya cicatrizado. El aliento acompasado de mi esfuerzo se ha aliado con mi sangre para repartir oxígeno a los poros renacidos de mi alma, que fluye como el agua.
Soñé tanto este momento, acurrucado por la lluvia y por el viento, que le hice al sol el juramento de vencer al cielo nublado.
Surqué desiertos, tintineando con el cascabel de las serpientes. Derroté tormentas acostado bajo un manto de rayos. Y gracias al agua fresca de tu fuente, a tu primavera de mayo, a tu brisa de poniente, estoy aquí ahora, avanzando con zancas voladoras, hacia la cima de los supervivientes.
Mar Roca Mercader
Desde pequeña me gustó correr. No sé si huía de los estudios que me gustaban poco, o del grupo de chicas coquetas que comenzaban a salir con los chicos, y con las que no me identificaba en absoluto. Pero corría mucho. Tanto que mi profesor de gimnasia me recomendó hacer atletismo. Aquello fue...el punto de inflexión necesario en mi vida.
Conocer gente con tu misma afición, tus mismas metas. Nace el compañerismo, la amistad sana, y el motor que te lleva después de clase, y más tarde del trabajo, a enfundarte tus zapatillas y entrenar.
Y el correr te va llevando a lo largo de los años a lo mejor que puede ocurrirte: correr la San silvestre. Entonces puedes sentarte en la cúspide y mirar.
María Castellet Sánchez
Lo necesitaba. Lo hacía por todo el entrenamiento, por todo el sufrimiento, por todo el dolor de su corazón, por todas las decepciones, por todos los engaños y mentiras, por todo el odio y la furia…lo hacía por él.
Quizás no llegara el primero o no venciera a los demás…pero vencería a los demonios que le atormentaban, vencería a aquellos que habían estado comiendo de sus entrañas, aquellos que lo habían convertido en otra persona.
Lo haría; pisaría la línea de meta y sólo entonces, sentiría la liberación que tanto tiempo paso buscando.
Sara Prieto
Sonaba el despertador, pero yo ya estaba despierta no había pegado ojo, casi en toda la noche.
¡Ya es el día! Ahora a levantarme, desayunar algo una ducha rápida y ponerme la ropa de deporte y las zapatillas deportivas nuevas en oferta, que había comprado dos semanas antes con un mejorado sistema de amortiguación.
Esto de que sea una especie de hobbie o tradición familiar hace que este mucho más nerviosa. Ya son las 12 esta apunto de comenzar mi corazón va a mil por hora, ¿que me dijo papá? Ah si, respira hondo y disfruta.
Olga Galindo Pérez
¿Cómo encapsular, en tan pocas palabras, los frenéticos latidos de seis mil corazones apasionados, el profundo retumbo de doce mil vigorosas piernas trotando, los agitados pestañeos de veinticuatro mil párpados sudorosos? Sonreirán estos Santos Inocentes ante la multicolor San Silvestre Salmantina. ¡Vaya fiestón Allá Arriba, al ver lo organizado aquí abajo! Por cierto, ¿liquidamos este año, amargo y siniestro, pateando calles como si pisoteáramos ponzoñosos mosquitos tigre? Naturalmente, aunque, corriendo, exudemos excesiva bondad festiva contra tanta corrupción desalmada, me temo.
El veintiocho estaré ahí, deseando que el sol nos acompañe, que los meñiques de nuestros pies aguanten y que mi dorsal acreditativo no sea impar o capicúa. (Tengo mis manías.) Aplaudiré sin parar, cuando rebase la meta, a quienes me hayan precedido. Buscaré viejas caras conocidas, para comentar que, como siempre, esta última “silvestre” ha sido la mejor. Y, en la despedida, brindaremos por un 2015 sin lesiones ni insectos.
Francisco Bonal García
Otro año que alcanzo a vivir la carrera, por favor, ayudame con los cordones de las zapatillas. Todos mis miembros empiezan a temer el esfuerzo. Pero se trata de llegar hasta el final o intentarlo al menos. Me parece que por fin voy a ser el mas viejo. El primero.
M DOLORES RODRIGUEZ CANILLAR
Era solo un niño cuando mi padre me llevó a la San Silvestre Salmantina.
Cada año los dos la corríamos mientras que mi madre, con la excusa de poder atendernos cuando llegáramos a la meta, se quedaba tras las gradas animando a todo el que pasara por delante de ella.
Decía que los colores y disfraces de los participantes hacían especial la San Silvestre, llenándola de alegría.
El año del accidente mamá no se colocó detrás de la grada. Sacó los dorsales a los que previamente, sin yo saberlo, nos había inscrito.
Me sitúo al final de todos los corredores, y empujando mi silla hicimos el mismo recorrido que yo había hecho durante años junto a mi padre. Entramos los últimos en la meta, agarrados de la mano, con el dorsal de papá apuntando al cielo, porque sabíamos que, también en esta ocasión, él había participado junto a nosotros
Ana Isabel Díez Rodríguez
Siempre me gusto el deporte, disfrutaba como nadie saltando el potro, en las pruebas de velocidad, con el balonmano. Sin embargo, en mis últimos años de colegio empece a engordar sin motivo aparente. Los chicos comenzaron a insultarme y mis amigas no me querían en su grupo porque me costaba correr, pase de ser una niña feliz a recluirme en casa, acabar el curso fue mi satisfacción. Hoy tengo 66 años. Me case con alguien equivocado que se esforzaba continuamente en criticar mi aflicción por el deporte y mi gordura, fueron años difíciles y dietas interminables. Me separe de él, cuando me di cuenta que quería avanzar en mi vida. Corrí en 1988, con gran esfuerzo por mi peso, pero lo logre y hoy espero ilusionada ahora con 66 que mis rodillas me den la oportunidad de aguantar mucho o
poco la próxima edición de San Silvestre Salmantina.
Raúl Clavero Blázquez
Desconcertados, al no encontrar la meta allí donde nos prometieron que estaría, no tuvimos más remedio que seguir corriendo. Con la caída de la noche, los más rezagados comenzaron a desfallecer. En los primeros días cubrimos con cadáveres las aceras de todas las calles, y pasaron varias semanas hasta que, por fin, nos decidimos a buscar la línea de llegada fuera de la ciudad. En apenas diez meses, sólo una docena de atletas resistíamos en carrera, un número que se había reducido a tres al cumplirse el primer aniversario del pistoletazo de salida. Y ahora, que ya han pasado seis años, ahora que estoy solo, empiezo a pensar que la meta no existe, que nos mintieron, y que quizá, ya nunca las carreras vuelvan a ser como antes. Pero, a pesar de todo, yo sigo corriendo, ¿qué otra cosa podría hacer?
ANTONIO MENA ANISI
Nos hemos detenido al salir de Béjar justo en la bifurcación antes de cruzar el puente sobre el río Cuerpo de Hombre. A la izquierda el camino hacia la medieval Ciudad Rodrigo y a la derecha la subida a Candelario.
Han pasado sesenta años desde mi último verano en Salamanca, ciudad a la que vuelvo ahora acompañado de mi hijo el mayor y su primogénito, el mayor de mis nietos, para participar en su popular San Silvestre.
Recuerdo cómo me sorprendía en su Plaza Mayor, que me parecía la mayor del mundo, me ensimismaba tratando descubrir la rana en la Universidad o cómo buscaba a Calixto y Melibea en su jardín.
Tantas y tantas vivencias que quedaron grabadas en la memoria de aquel niño que era, ávido de sensaciones, y que ahora de pronto se agolpan en mi cabeza son el mejor de los premios.
ELENA HERNÁNDEZ LAUFFER
Mientras corro, me ausento a pesar de que todo permanece. Mi mente y mi cuerpo respiran libertad y siento cansancio y a la vez más y más ganas de correr porque me siento viva. Viva, sola y libre por unos instantes. Mis zapatillas, mi música y yo. Mis zapatillas con cámara de aire. Que no soy yo atleta profesional, que no, pero me siento como si lo fuese. Y no. No corrí la salmantina. Pero si en las calles se Madrid " per la matina". No soy profesional. Pero corro y me siento viva. Tanto...que a veces por dichosa quiero llorar. Por superación de lo padecido. Corro pues...pero sin dorsal.
JOSE ANTONIO RODRIGUEZ SANTOS
Tengo que terminar. Solo queda 1 km. Me cuesta respirar. Que sufrimiento. Veo mejor a los que me adelantan y les envidio. Veo sufrir a los que dejo atrás, porque van más apurados que yo.
Estoy rodeado de sufrimiento. De repente veo a Emilio, no le conozco de nada. Forma parte de los que voy dando alcance para dejar atrás. Pero hay una diferencia, él va sonriendo. Y aunque todavía no he llegado a su altura, percibe que le estoy mirando con mi cara compungida por el esfuerzo.
Entonces, él me sonríe y me dice "Ánimo mujer, no pongas cara triste por estar tan cerca de terminar. Piensa que esta llegada es la meta para futuras carreras".
No puedo responder, no tengo fuerzas para agradecérselo y decirle que es cierto, que es una pena terminar carreras tan bonitas en las que se disfruta de gente como él.
Teresa Cantero García-Moncó
Le abrochó primero las zapatillas a ella, subiéndole los calcetines hasta las rodillas. Tenía 9 años y estaba preparada para comerse el asfalto. Celebró el ritual de colocar ambos dorsales. En el ascensor hicieron algunos estiramientos. Salamanca estaba a rebosar. Otros, como él, ya se preparaban trotando para el último evento del año.
Mientras cruzaba la meta de la mano de la niña recordó competiciones de otras décadas, a su hijo ganando años atrás, la persistencia de su nieta para acompañarle este año. Con una medalla al cuello cada uno, regresaron a casa. Después de cenar le mostró a la niña una caja de lata. Dentro, se apelotonaba una colección de números y nombres. Guardaron los dos dorsales dentro. Había corrido la san Silvestre salmantina 30 veces más, en todas sus ediciones, aunque era la primera vez que lo había hecho tan bien acompañado. Se juró repetir aquel hallazgo.
Mª del Carmen Benito Salgado
Todos los años veo a los Reyes Magos corriendo la San Silvestre. Y de verdad que lo entiendo, lo juro. Seguro que si yo también tuviera que entregar un montón de regalos en tan poco tiempo, no desaprovecharía la ocasión de dejar amarrador por un día los lentos camellos y tratar de ganar terreno pasando desapercibida entre la inmensa marea de locos que deciden lanzarse a la carrera en la "Sansil".
Pero reconozco que me fastidia que pasen a mi lado como una exhalación llevándose los aplausos del público, mientras yo voy casi sin resuello.
Afortunadamente, cada paso borra el anterior y para cuando llego a la meta, el resentimiento se ha evaporado con mi sudor.
Y otro año más, la mañana del 6 de Enero, cuando veo mi regalo puntual junto al árbol, bendigo la San Silvestre.
María Flora Herreros Hidalgo
“Venga Pablo, que queda muy poquito. Luis no tires tan fuerte que se va a caer”. Mamá y papá siempre pendientes de mi hermano, el pequeño por 20 minutos de diferencia al nacer. Nuestra primera “san silvestre” con 7 años recién cumplidos. La verdad es que mola esto de correr, pero así no podré ganar si tengo que tirar de mi hermano. “Luis, cuidado, que viene un bache”. Pablo se para al oír la advertencia de mamá. Le hago desviarse a la izquierda y le animo a que esprinte en los últimos metros: “Pablo, corre que me ganas”. Entonces Pablo me suelta la mano y en unas zancadas cruza la meta, todavía sin estrenar. Pablo siente la cinta entre sus piernas y se pone nervioso. “¡Pablo, bieeen!” gritan papá y mamá. Mamá le abraza y le levanta, papá corre hacia mí y me toma en sus brazos: “Eres mi campeón”.
DAVID RABANILLO PRADO
Si Correr es una religión, la San Silvestre es su día grande, en la que corredores de todos los ámbitos, profesionales y amateurs, niños y mayores se lanzan a las calles, con sus mejores galas y la mejor de sus sonrisas para disfrutar la ciudad de una manera diferente. Para mí, cada San Silvestre es única, ya llevo nueve San Silvestres únicas y las que me queden. Me encanta el ambiente en las calles, cruzar el casco histórico, la gente animando y dando calor en la fría mañana del último domingo del año. Parece mentira que algo tan simple como correr, pueda hacer feliz a tanta gente. Aquí no importa tanto el crono (bueno un poco), sino acabarla, disfrutando de cada tramo y prometer que al año siguiente la volveré a correr con la misma ilusión que la primera vez.
Francisco Javier Fortuny Núñez
Pasó junto a mí como una exhalación, ganando posiciones con una naturalidad pasmosa, diríase que sin esfuerzo. Trotaba grácil, rítmico y abstraído del entorno, un auténtico atleta zen. Además de sus cualidades físicas, destacaba por su magnífica caracterización, nota de color que sumaba a sus virtudes deportivas el afán participativo en la San Silvestre Salmantina.
Estimulado por su ejemplo, redoblé mis esfuerzos para no perder comba. Apenas quinientos metros nos separaban de la llegada, y él no aflojaba el paso. Por el rabillo del ojo vi acercarse a dos más. Su paso acompasado y la sincronía de sus indumentarias me hizo temer lo peor: ¡formaban equipo! No tardaron en superarme, avanzando a pasos gigantes.
La llegada fue apoteósica. Unos segundos apenas cruzada la meta, el atleta zen pataleaba bajo los dos perseguidores, que le redujeron y maniataron en un santiamén. El chorizo fue descalificado, y yo gané.
Juan Sevillano Gacho
Soy un romántico, un enamoradizo raramente correspondido. Mi corazón apasionado se apega a cualquiera que me responda con un poco de amor. Aún recuerdo la última vez. ¡Cómo olvidarla! Era el mediodía de un día frío, pero soleado, de diciembre. Todo había cambiado a mi alrededor. En vez de coches, cientos de piernas volaban sobre mí. Era el paraíso. Podía elegir a cualquiera. De pronto la vi. Ella estaba corriendo, parecía feliz. La elegí. Juntos atravesamos el Tormes. Juntos disfrutamos al paso de monumentos maravillosos. Juntos fuimos, por unos momentos, felices. Ella se sentó, agotada. Se quitó las zapatillas y me miró, ¡un chicle! Sus suaves dedos se deslizaron sobre mi pegajoso cuerpo y, de un tirón, salí de su vida. El bullicio se apagaba, las zapatillas se alejaban lentamente. Triste y solo, en medio del patio de un colegio, soñé con cientos de piernas volando sobre mí.
Yoana Carolina Martínez González
El camino parecerá más largo entre más tardes en empezarlo.–decía mi padre al verme indecisa o nerviosa. Él siempre me motivó a conquistar mis sueños aunque parecieran espinosos y lejanos. Pero… sin más, aquella madrugada fría me lo arrebató, llevándose con ella su complicidad. Sus manos se quedaron yertas y su voz se esfumó en el viento donde permaneció oculta por mucho tiempo. Hasta que al visitar a Salamanca, reapareció como una alucinación: miles de personas corriendo y otras tantas vociferando con alegría y orgullo, me impulsaron a correr y ya no pude detenerme. En esas exclamaciones de apoyo, reencontré aquello que desde mi niñez me hizo sentir tan valiosa y capaz. Cinco años he disfrutado de la voz y la mirada de mi padre camuflada entre los gestos de la gente, que me anima mientras participo en la carrera de San Silvestre.
Mari Carmen Sanz Ibarra
Corre, vuela, ama.
Rubí había tenido desde pequeña la imperiosa necesidad de abrir las jaulas. No soportaba ver la cualidad de volar desperdiciada.
Recuerdo cuando abrió la gran pajarera de su tía Eugenia y decenas de pájaros sobrevolaron sobre su cabeza mientras ella corría tras ellos con todas sus fuerzas gritando ¡volemos! ¡volemos!
En ese momento fue consciente de que ella nunca sería capaz de emprender el vuelo. Esto podría haber supuesto un trauma para la niña si no hubiese sido porque volcó todo su amor en correr. Para ella correr era volar. El sentimiento de libertad que experimentaba al hacerlo la acompañó el resto de su vida.
Desde que se apuntó a atletismo todos los años se preparaba para correr la San Silvestre. No es de extrañar que durante la carrera se le escapara algún vistazo al cielo antes de que un pie se adelantara al otro para pisar la meta.
Francisco Sánchez García
Kilómetro nueve, ¡ahí está, apenas cincuenta metros y va fastidiado! Cuantas veces he soñado con este momento, voy a pasarle casi en la meta. Son muchos años yendo detrás de él. El gran corredor popular, el veterano que nunca falla, y por fin hoy es mi momento.
Día tras día poniéndome las zapatillas para salir a entrenar sin dejar de pensar un solo minuto en vencerle, mejorando mi marca en cada carrera, quitando segundos al kilómetro. No importaba la nieve, viento o la lluvia. Superando las pequeñas lesiones, los dolores, todo por un fin. Cuantas noches en la cama he repasado mi estrategia de carrera; no fundirme al principio, mantener el ritmo, guardar algo para los últimos metros.
Y ahí estás, te voy a adelantar.
No eres un mal tipo y te quiero mucho, pero esto es “La San Silvestre”.
¡Hoy te voy a ganar papá!
Francisca María Moral Baena.
Dicen ser cosa de varitas mágicas y hadas madrinas, de Pinochos y tarugos inertes pero no, lo juro, es fruto de miles de millones de zancadas, pura creación que las estrellas, que Dios, es la unión de toda individualidad.
Siempre estuve aquí, sin dorsal, más de treinta años ha, el último de unas Filipinas entre conchas, monacatos y megafonía. Otrora un cartel satinado en escaparates de espumillón y turrones, ayer unos megas en internet, hoy un espíritu que cobró vida al contraste de jadeos y endorfinas.
Sí, estoy vivo, espíritu amodorrado once meses que expande sus alas, tal que hoy, casi concluso el año, para aliviar sin yodo rasguños y proteger corazones sin fondo, que el infarto acecha a las buenas gentes.
Salamanca, mística, decimonónica, asistió en silencio al milagro, pasos y pasos festivos los más, a buscar la gloria los menos, soplaron su aliento para insuflarme vida propia.
Andoni Atienza Huidobro
Finales de diciembre. Es la fecha. Todo el año preparándome para colapsar en unos cuantos kilómetros mi vida. Nazco con las mismas oportunidades que todos, aunque algunos están mejor dotados de base. La distancia primera no tiene favoritos: cualquiera podrá ganar. Luego la carrera se complica. Unos aflojan el ritmo y jamás remontan, otros descansan para reintroducirse más enérgicamente. Yo permanezco constante. A mitad del trayecto, los líderes destacan en el pelotón: son las cabezas visibles que nos guian, aquellas que anhelo alcanzar. Los gritos jubilosos magnetizan mi impulso. Necesito ánimos para no desfallecer: las sendas son tortuosas; nuestra resistencia, humana. Algunos se catapultan mediante sustancias ilegales. Yo no. La competición debe ser limpia; quien transgreda sus normas, caerá. Por fin atravieso la meta. Aunque no soy el ganador, miro hacia atrás y estoy satisfecho. Mi camino ha sido hermoso, trabajado, impoluto.
Ana Isabel Velasco Ortiz
Siente el acompasado ritmo de su respiración, la tensión de los músculos y el fuerte latido del corazón. Entre zancada y zancada piensa en el final del trayecto. Debe procurar mantener los sentidos alerta, seguir el camino marcado por los corredores que le preceden.
Evoca otras carreras en las que ha participado, pero en esta ciudad, pasó los mejores años de su vida y no podía imaginar otro lugar, para decir adiós al tiempo pasado y al tiempo futuro, que sabe, no tendrá.
Alcanza a ver el blanco cartel con la palabra META suspendido en el aire al tiempo que escucha emocionado, los aplausos de la gente animando tras las vallas.
Atraviesa la línea de llegada con los brazos en alto y en su interior, pide que esta enfermedad que le va robando los recuerdos, deje grabado en su memoria, este instante único y feliz.
Daniel Pastrana Gallego
Sigo mirando hacia adelante. El frío seca el sudor de mi frente. No estoy cansada, llevo más de nueve kilómetros de recorrido y todavía aguantas las fuerzas. Pienso en Narciso, que me dijo que nunca sería capaz de completarla. Ahora estará viéndola en algún lugar con los niños. Tengo los músculos algo tensos, y un pequeño pinchazo en la rodilla, pero voy a continuar. Me acuerdo de Almudena y las chicas de la oficina, riéndose a carcajadas cuando les di la noticia. No creían que yo, la empollona sabelotodo, podría completarla. Pero han sido muchos meses de entrenamiento que me han servido para conocerme más a mí misma, para saber hasta dónde llegan mis capacidades, para no imponerme límites. Mañana comienzo una nueva vida, en la que voy a mandar yo. Se acabó la Isabel de antes. Todo comenzará de nuevo en cuanto cruce la línea de meta…
Ana Belen Martin Ceballos
Mi infancia transcurrió en tierras salmantinas.En ellas crecí y practique el deporte que mas me gusta, el atletismo.Por motivos laborales abandone mi tierra y el atletismo.A ninguno de los dos los olvido, por eso cuando mi hija nos dijo que queria empezar a practicar este deporte para nosotros fue volver a recordar muchos momentos vividos.Como todas las navidades regresamos a salamanca,las navidades del 2013 regresamos con el reto de correr la san silvestre, al igual que hacimos mi marido y yo de pequeños. Esta vez la corria por primera vez mi hija.Con gran asombro vimos como consiguio llegar la primera de su categoria. Para mi fue muy emocionante, no solo por el hecho de haber ganado sino tambien por hacerlo en la ciudad donde yo de pequeña practicaba este deporte.
V. Proaño
Muñequeras. Comprobadas. Reloj. Comprobado. Dorsal. Pegado a la camiseta. Número 328. Estiramientos de la pierna derecha. Hechos. Estiramientos de la pierna izquierda. Hechos. Veinte sentadillas. Hech… ¡Ay! (…) Bueno, diez sentadillas. Hechas. A mi derecha un hombre con calcetines hasta la rodilla observa con interés mi rutina. Le clasifico inmediatamente como un posible rival. Tras la salida y los primeros quinientos metros, le considero ya el rival más fuerte. Me supera varias veces y, en el tercer kilómetro, toma la cabeza de la Salmantina. Me quedo algo retrasado, junto a un muchacho con tutú verde que alterna alegres saltitos con algún «plié». No le hago caso y sigo tras mi verdadero adversario. Le atrapo en el octavo kilómetro. Nos ponemos codo con codo. Nos vigilamos estrechamente pero, al levantar la vista hacia la meta, vemos, consternados, que ante nuestras narices, cruza con una atrevida «piruette»… ¡el joven del tutú verde!
Begoña Heredia Ortiz
Hace dos meses nos dijo: “La San Silvestre no me la quita nadie “y papá y el tío Enrique se miraron. Hoy mientras corro veloz miro a los lados y veo a mis primos, incluso a Tomás que es de los de pasarse la horas en el sofá jugando a la consola. Ellos fueron siempre tres, sin embargo el tío Miguel culminó su carrera aquí en este mundo, la semana pasada. Sigo corriendo y pienso que los aplausos de la gente no son para nosotros, si no para él. En nuestras camisetas llevamos la imagen de su última carrera, bajo la que reza solo una frase “Hoy también corre Miguel” y es que así lo hemos decidido mis primos y yo, “a tío Miguel la San Silvestre no se la quita nadie” y a nosotros, incluso a Tomás, al año que viene tampoco.
José Luis Baños
Me compré aquellas deportivas de importación para correr la San Silvestre. El vendedor me dijo que, al ser diseñadas por la NASA para equipar a los primeros colonos de Marte, eran lo último en tecnología. Incluso traían un manual de instrucciones que recogía las múltiples funciones de los microchips incrustados en sus medias suelas. En el Paseo de San Antonio, minutos antes de comenzar la carrera, accioné uno de los botones del control remoto y las deportivas se hincharon ligeramente, produciendo en mis pies una grata sensación de descanso. Luego, sus finísimas lengüetas de carbono empezaron a vibrar, masajeando mis empeines. Incluso la melodía de “Carros de Fuego” emergió de unos diminutos altavoces disimulados en sus punteras. Lástima que me descalificaran porque los pequeños motores a reacción, camuflados en sus ergonómicos talones y alimentados con el sudor de mis pies, comenzaron a arder cuando me disponía a ganar la carrera.
Jesus Dominguez Segura
¿Será la última? cada vez más desgaste, este año no se ha salido mucho, mas lento.... Demasiado movimiento ¿quizás paso previo por servicio? No da tiempo. ¡Estira!, que luego te pasas un mes llorando y nos echas la culpa. Bueno en lo de la ampolla... Que nos hubiera atado mejor y encima no se ha privado de nada en Navidad ¿lo notas?. Al menos un par de kilos. ¡Empieza!. Trote lento. Cada día hay más participantes. Vaya, ahora empedrado, genial. Como se crece en las cuestas abajo, regula que nos conocemos. ¡Charco!, todos los años igual, embobado con la entrada a la Plaza Mayor.
Somos como el Lazarillo. ¿En? Le guiamos en su paso por el Tormes. ¡Qué malo!
Mucho silencio. La pendiente no varía, y no acaba. No te rindas, no pares, siempre un paso más, uno tras otro
Acelerón ¡estamos llegando! ¡SI!.
¡Otra más!
¿cuándo es la siguiente?
MARIA DOLORES VIDAL PAYA
Paso a paso, voy completando cada centímetro que me separa de la meta, la de todos… pero a la vez, la mía personal… del mismo modo que restan los segundos para que el año finalice. Sólo estamos el asfalto y yo, donde se perfilan los acontecimientos vividos que van quedando atrás, grabados para siempre con la tinta permanente de la experiencia que da la vida. Efímeras gotas de sudor perlan mi piel en cada zancada, como el esfuerzo de los duros momentos superados. Se perfila al fondo el arco de la meta, tan cercana y a la vez tan lejana… la que cruzamos en el día a día en la carrera de la vida, donde cada día vivido me siento el ganador… donde a pesar de ser el único corredor, siempre soy el vencedor. La última zancada me llena de sensaciones nuevas… de aquellas que están por venir.
David Panayfo
Las zapatillas, el short, el polo sencillo. Ah, y una vincha. Que hay que poner tres despertadores para levantarme, hay que ponerlos. Son tres bazucas que lanzan sus bombardas despertadoras a las 5 o´clock de la mañana. Hay que darle viada a la madrugada con calistenias para repeler el bostezo y preparar el cuerpo para un mayor esfuerzo. ¿Por qué no mejor ir al gym después de salir del trabajo, y sanseacabó? Porque ya lo intenté, y fue inútil.
Corro sudando la vida, desgañitando mis suspiros con el ruego implícito de no sucumbir. Corro aupada en la esperanza de ser gacela veloz, que visto desde la otra cara de la moneda vendría a ser que corro huyendo de la guadaña persecutora de quienes me aspan con sus bocas diciéndome gorda y mil veces gorda. Corro y no dejo de correr, una meta mayor me sostiene: allá voy San Silvestre Salmantina.
Christian Burnham
Había practicando, lo había estado haciendo hace mucho tiempo. Su padre había competido años atrás y su antes que el, en su familia casi era una tradición. Al principio le fue difícil, no era tan dedicado, prefería salir con amigos. Creía que no tenia oportunidad para ganar así que no se esforzaba. Entre las cosas de su padre vio una foto de el al terminar la carrera. Su padre lo vio y le contó que lo había pero nunca gano. Si no ganaste ¿Porqué sonreías en la foto? preguntó. Su padre dijo que la razón era que lo intento y llegar al final sin importar el lugar, valía la pena. Practico hasta que llego el día y entonces recordó lo que su padre dijo, con cada gota de sudor que caía él recordaba que llegar valía la pena y al final se dio cuenta que en verdad valía la pena.
Raúl Antonio Alvarez
Todo sucede antes de que esa gota, que es mucho más que sólo sudor, caiga al suelo. Antes de que tantas horas de entrenamiento, tantas vueltas a la misma pista, tantos jadeos, tantas pruebas para reducir mínimos números, encapsuladas en esa esfera, estallen en la arcilla al unísono con la pistola que lanza la pólvora al aire. El punto de fuga se extiende frente a ti por toda la pista, sabes a donde tienes que llegar, sabes que el reloj te mira y se encoge. Todo sucede en ese pequeño instante cuando sacas todo el aire de tus pulmones y tu cuerpo se prepara para explotar y volar, cuando todo el bullicio a tu alrededor se silencia; es ahí cuando sucede, en un instante y es el momento de demostrar aquello por lo que has perdido el aliento, el sueño y has dado tantos días. En sus marcas, listos… fuera.
Juan Carlos Doblado-Vizcaíno
En la salida.Se enfundó en si mismo y sin pensarlo tres veces decidió correr. Le sopló al aire,resistió a las palabras de ánimo y se tocó el dorsal como buscando ayuda divina.Aquella mañana triste y Salmantina lo devolvió a otro lugar que ya no recordaba, perdió el dorsal en el camino pero corriendo alcanzó la vida. Después, llegó la meta.
ROSA DE LA FUENTE MERINO
La gente me mira raro cuando salgo de casa en pantalones cortos bajo la lluvia a correr, me dicen correr por correr sin que nadie te persiga, ¡que cosa mas absurda!... pero yo no salgo a correr, yo salgo a sentirme libre cual corzo o liebre por el monte, dejando mi mente en blanco, intentado superarme cada día, para al llegar diciembre correr la San Silvestre, para despedir el año orgulloso de superarme a mi mismo cada día. Correr por sentirme bien y si un día me persiguen pues correré estando preparado.
Vicente Pérez Masedo
II CONCURSO DE MICRORRELATOS DE LA SAN SILVESTRE SALAMANTINA
LA COSTUMBRE ROTA
Salamanca. Siempre, cuerpo que anhela no ser torpe, corro la San Silvestre Salmantina. Viejo y deleitoso ejercicio. Amada y cierta Salamanca. Bajo la cúpula acogedora y límpida de su cielo. Ante mi alegre sorpresa cuando me adelanté a mí mismo, di por supuesto que este año, rompiendo mi inevitable y gris costumbre, no acabaría el último.
Miguel Ángel Pérez García
Sorprendió a todos corriendo vestida de calle. Salió tarde pero no paraba de remontar posiciones; en llano o pendiente cada vez más corredores iban viendo su espalda. Encaró la recta final resoplando sobre el grupo de cabeza. Cuando se llevó por delante la cinta de meta sacaba cinco metros al segundo clasificado. El público se abalanzó sobre ella, que no paraba de revolverse, tratando de alcanzar el portal y gritando: “¡Soltadme!¡No os voy a dar ni una!¡Con lo que me ha costado conseguir uvas para todos!”.
David Domínguez Parrilla
Quisiera tener varias sonrisas de recambio para poder ahogar en sal las lágrimas que anegan mi alma.
Yo siempre he permanecido aquí, en mi barrio, en mi casa, en mi cama, postrado por esa enfermedad que me robó la vida sin apenas haber tenido tiempo para saborearla como merece.
Para mí los días y las noches se suceden tras la ventana en una letanía confusa que nunca tuvo principio y que supongo nunca alcanzará un final.
Y en esa sucesión de horas, en ese desfile interminable de minutos, a veces acierto a recordar un viejo sueño que se repite cada vigilia sin que logre asirlo a la memoria, una fugaz idea que alumbra el firmamento de mi nada.
La meta.
África Iglesias Barberán
- ¡Suerte compañero!
A mi lado, cientos de caras desconocidas. La multitud se congrega en el Paseo de San Antonio para comenzar la carrera. El cartel anunciador: La aclamada San Silvestre Salmantina. Meses atrás, la ilusión comienza a rondar nuestras cabezas. El entrenamiento se hace duro. Fuimos a comprar unas zapatillas de correr para el más pequeño, de tan solo 9 años de edad, sería la primera vez que corriera en solitario. El mayor, de 11, apuntó en el calendario del año siguiente la próxima carrera. Mi mujer corre a mi lado. La única cara conocida. Los dos cronometramos 00:00 y calentamos brazos y piernas. Pegamos nuestros dorsales.
Hoy cumplo 20 años corriendo en tu carrera, Salamanca, y aún recuerdo, cuando corro por entre tus calles, mi primer año, tan lejano, que se repite. 10 kilómetros por delante. El corazón me vuelve a palpitar. La miro. Me persigno. Un disparo.
Cristina Gimenez Barrera
Estoy nervioso. Van a dar la salida. ¡Cuánta gente! Hace un año que llevo esperando este día. ¡Un año! Todo ocurrió cuándo decidieron trasladarme. A mí, un reportero especializado en retransmitir los horrores más sangrientos, me enviaban a deportes. ¿Deportes? Con lo que me aburrían. Para encontrar un poco de paz, se excusaban los jefes. Yo creo que me estaba volviendo loco y lo notaban. Y yo no quería aceptarlo. Y fue en esta carrera, justo hace un año, que la conocí. Un dorsal aleatorio a entrevistar y terminé prometiendo cuidarme. Si lo cumplía nos teníamos que encontrar justo aquí, en la San Silvestre Salamantina, un año después. Me sorprendí comprándome unas deportivas y descubriendo caminos. Me sorprendí volviendo a apreciar el silencio. Mientras aumentaban los metros en mis piernas disminuyan las pesadillas. Y aquí estoy, preparado. Ahora sólo falta que aparezca, correr, y, por fin, besarla.
Pablo Montañana Pomares
Miramos a nuestro alrededor: estamos solos. Escuchamos voces que no comprendemos. Hay todo un camino por delante de nosotros y, sin embargo, no sabemos qué nos depara. De repente, en la muchedumbre, en un entrechocar de codos y hombros, nos impulsamos hacia adelante. Cientos de personas nos animan y parecen conocer un futuro que hemos de alcanzar zancada a zancada: no nos vale su testimonio, hemos de conquistarlo con sudor. Las fuerzas, rebosantes al inicio, flaquean conforme el final se acerca. Pero nadie tira la toalla, seguimos mientras quede aliento. Unos llegamos antes, otros más tarde, pero recorremos el camino juntos: porque lo que nos une, lo que nos importa, es saber que concluiremos el recorrido en un abrazo con los nuestros.
Taide Fleitas Navarro
Corría sin darme apenas cuenta de que a cada zancada volvía a estar un paso más cerca del principio. Mis piernas iban abriéndose hueco sobre las baldosas que se liberaban de otras estelas. Hacía tiempo que había cejado en mi empeño por sentir la música, por controlar mis inhalaciones, por escuchar mi propia voz interior, aquella que me animaba y me desalentaba por momentos, y me había dejado arrastrar por el calor de los miles de salmantinos que vitoreaban a cada paso. Caras que no había visto nunca y que, sin embargo, allí estaban, insuflándome ánimos ¡a mí!, un simple número de cuatro cifras que corría en círculos sin sentido. Parecía absurdo, pero yo me decía que correr es de cobardes solo cuando intentas escapar de algo y para mí, bueno, para todos nosotros, el objetivo no era huir sino volver en el menor tiempo posible.
Letícia Álvarez Lorenzo
Superar su propia marca. No; nunca se trató de competir contra los demás corredores. En cada carrera, corre contra si mismo y contra el tiempo.
Al girar después del parque, la vio. Llevaba el dorsal 14 y posiblemente tuviese roto algún hueso de la mano. Saltaban las lágrimas de sus ojos. La ayudó a levantarse. En la otra mano faltaba piel, toda rascada.
La agarró del brazo y corrió con ella hasta la meta. Al atravesar la línea, miró su crono y pensó en su marca personal. "El próximo año", se dijo. "El próximo año".
Javier Cruz Ferrer
Difícil de entender
Radio: “la temperatura prevista para la San Silvestre Salmantina será entre 5 y
6 grados. La sensación térmica 3”.
Pocas cosas ves......... tan positivas y gloriosas en el mundo de hoy.... El esfuerzo anónimo, el frío, el calor,........ la sed, el cansancio, el músculo...........................el dolor.
Sufres, te sacrificas, buscas un tiempo donde no lo hay....... Sellas tus labios
cuando alguien exclama: ¡No tengo tiempo!, ¿yo? ¿correr? ............. Piensas: a las 6 (antes del trabajo), a la hora de comer; a las 8 (nada más acabar de
trabajar)......... De soltero, de casado, sin niños, con ellos.......... A veces, agónico, mascullas: ¿es esto lo que crees querer?
Pero para quien lo internaliza........... hay recompensa. La inmersión en la
Naturaleza. La superación, la lucha sin cuartel............. la entrega.............. íntima, semisecreta. Tú fuerza mental.......... que incrementa, los problemas que vences.................... al depositar, finalmente,.......el pie en la meta.....
Definitivamente: diferente........ esencia...... del ser..................difícil de entender.
JUAN CARLOS BLANCO GONZALEZ
Bullicio y alegría, en un abrazo, se aliaban para perderme en la danza de mis pasos, y mi mente se dejaba llevar por las calles.
Bajo mis ligeras zancadas, el duro asfalto, testigo de películas sin imágenes y libros vacíos, pero con la motivación que mueve a cada corredor.
Con las primeras gotas y con el cansancio acechando, divisé a lo lejos una silueta. Decidí apretar el paso para alcanzarla. Paso a paso, se fue tejiendo un finísimo hilo, que nos unía.
Inexplicablemente, una voz interior me susurraba que no apretara el paso, me encontraba cansado. Ella siguió adelante, con la promesa de vernos en la llegada. Esas zapatillas de colores alegres, no se me borrarían de la mente.
Con premura entré en el colegio. Caras conocidas, muchas zapatillas, pero ninguna como las de ella. Esas zapatillas coloridas y relucientes, sólo podían pertenecer a la dueña de mis sueños.
Desirée Sanchez Marín
Ahora, en este instante vamos a despedir el 2014 corriendo la San Silvestre. Somos tantos, cada pueblo, cada ciudad del planeta la celebra este año, será recordada como una travesía histórica. Llevamos camisetas fotónicas para dar Luz de Esperanza a toda la Tierra para el Año Nuevo que entra.
Mientras corro, con cada zancada, voy dejando atrás un año de paro, gritos desesperados, injusticias legales y un río de lágrimas.
Avanzo, respiro, soy, creo y proyecto en la pantalla de la realidad un nuevo mundo para mí y para todos. Cruzo la senda de los miedos, subimos la cuesta del sufrimiento, y por fin llego al comienzo de la Gran Avenida de la Libertad.
Ya vemos la meta, entonces todos proyectamos nuestra luz y nuestra sombra en la carretera, al unísono grabamos una estela de sueños sonoros en la estratosfera en clave de Paz.
-¡Ya lo hemos conseguido!-
Héctor Alejo Rodríguez
Y se convenció, en la profundidad de la carrera, que la distancia era más corta bajo su espíritu hambriento y destrozado.
Sonia Benito Ríos
Era experto en huidas. Esquivo como el que más. Continuamente escondiéndose de los problemas. Tirando siempre la toalla.
Hasta que un día, harto, se decidió a cambiar.
Esta vez buscaba una salida. Una salida a esa asfixiante sensación de ahogo, una ocupación para el tiempo ocioso de sus piernas. Creía que sudando de más, conseguiría expiar el estrés pautado que su trabajo y su vida no le regalaban de menos.
En su pecho un dorsal.
Y empezaba a controlar su latido atragantado en la garganta, acompasaba zancadas repletas de libertad, y, por fin, conseguía dejar huellas dónde antes sólo había barrizal.
Cambió su huida por una carrera hacia adelante. Ya no huía, corría. Ésa era su mayor recompensa.
Había logrado su meta sin apenas darse cuenta.
ANDRES PEREZ BARRERO
Fue en una carrera donde nos conocimos hace tantísimos años y unos pocos después en otra cuando decidimos emprender juntos la de nuestra vida. Siempre dijimos que el amor era una San Silvestre, donde no vale la pena gastar toda la energía al principio, sino administrarla bien y entrenar bastante para llegar a la meta sin errores que nos hagan abandonarla y así hemos hecho en la vida y las carreras.
Henos aquí cincuenta años después, en la San Silvestre Salmantina, sabiendo que será nuestra última carrera, pero también que hemos entrenado duro para llegar juntos hasta el final de la de nuestras vidas. Tenemos que llegar, lo haremos. Ella se rezaga, la espero y tomo de la mano casi arrastrándola. Tenemos que hacerlo juntos aunque estemos exhaustos y ni controlen nuestro arribo. Nuestros hijos y nietos esperan en la meta. En la noche celebraremos nuestras bodas de oro.
María Elejoste Larrucea
Desde la mañana siento un hormigueo extraño en los brazos, será la adrenalina, los nervios o ¡qué sé yo! Presiento que hoy es mi gran día, que volveré a ser el atleta que fui. Por fin el pistoletazo de salida y salgo disparado. Adelanto fácilmente a muchos corredores y aunque siento un pequeño malestar, me digo que eso es bueno, que los músculos están al cien por cien. Acelero, estoy entre los primeros ¡se ve la meta! Un último esfuerzo y noto el corazón a tope. ¡Voy a ganar! Traspaso la línea de meta y me siento mejor que nunca. Escucho gritos y un corro de gente se arremolina en la meta. A algún novato le habrá dado un achuchón, ya lo digo yo, hay ser consciente de los propios límites. Allí un sanitario practica masaje cardiaco a un tipo con mi mismo dorsal.
Susana Revuelta Sagastizábal
Amelia trajinaba alegre por la cocina, canturreando. Ojeaba por encima el periódico abierto sobre la mesa mientras hervía la leche para el café y tostaba pan para el desayuno de Julio, su marido, que seguía acostado quejándose de agujetas. Al llegar a las páginas de deportes, buscó su nombre en la clasificación de la carrera. Recorrió durante unos minutos la hoja hasta que lo encontró, entre los diez últimos. «Si todas las tardes sale a correr. Además anoche llegó tan contento…». Ya en silencio, acabó de fregar la vajilla y sacó la ropa de la lavadora. «Esta mancha la tendré que frotar».
Sobre el adoquín del patio se estrellaron juntos la pinza que Amelia sostenía en la boca, «me juró que aquello había terminado» y el poco orgullo que luchaba por conservar. Cuando recobró el aliento, se levantó de la banqueta y metió a remojo el calzoncillo manchado de carmín.
José Enrique Medina López
El amor irrumpió con fuerza inusitada en su desprevenido corazón, cuando apareció ella, su bello cuerpo moreno se estiraba y de su pelo de ala de cuervo escapaban algunas gotitas de sudor. Cuando se produjo la salida en la San Silvestre, el se pegó a su lado, sincronizando sus zancadas y sus latidos de corazón.
Durante innumerables San Silvestres, se repitió el ritual; pero él nunca se atrvió a decirle nada a tan perfecta Venus. Y tuvo su ocasión cuando ella sufrió un esquince, pero el dudó unos instantes y otro Adonis se adelantó a ayudarla. Nunca sospechó que ella también estaba enamorada de él, que siempre se ponía a su lado y, que aquel esquince fue simulado.
Se perdieron la pista por mucho tiempo. Volvieron a encontrarse por última vez en el túnel de luz, entonces comprendieron, y ambos, felices, corrieron la definitiva San Silvestre hacia la eternidad.
Rut Arbelo Ravelo
Para quienes nunca hemos encontrado interés en lo que se siente al correr, San Silvestre Salmantina supone una oportunidad. Los desconocedores del atletismo no somos consciente de los beneficios de este deporte, ni de lo que se esconde tras él: el poder de superarse.
Cuando, de repente, un día te dices a ti mismo “vamos a probar a ver qué pasa”, te calzas las zapatillas, sales a correr y… llega el descubrimiento: algo dentro de ti se activa, como una pequeña chispa que surge en medio de la explosión de lo que llaman “las hormonas de la felicidad”. Un día, luego otro, y otro, hasta que se convierte en un hábito, en la dosis perfecta para que la vida sea vivida con más entusiasmo. Y como, al final, en esta vida la satisfacción se reduce a sentir y compartir, acabas apuntándote a correr una carrera popular…
José Luis del Castillo Burgos
No me creía capaz de correr esos 10 km. Me compro unas zapatillas de marca, mallas apretadas, camiseta moderna, gorrito de lana, iphone para controlar, música para animarme y cinta para los sudores. Dejo de fumar, me quito los cubatas, entreno una hora diaria, voy al gimnasio tres días por semana, como sano, bebo varios litros de agua, duermo ocho horas y frecuento la compañía e otros corredores. Al final quedo en un magnífico puesto 5435, pero lo mejor es que he cambiado, ahora estoy feliz conmigo mismo y mi cuerpo me quiere. El año que viene lo haré mejor, he corrido en esta hermosa ciudad y he sido capaz de llegar a la meta. Me siento bien y esto es sólo el principio. Ganar de be ser maravilloso pero, sin duda, lo importante es participar.
Saúl Martín Fernández
Kilómetro 0. No le quito ojo a Oscar. Sé que en cualquier momento explotará a reír. Seguro… …Lo soltó en nuestro último vermú dominical. Su novia le contó, que su vecino le contó, que su primo le contó, que necesitaba ayuda. Andaba convenciendo a una amiga para correr la Sansil. No lo conseguía. Tenía un miedo atroz a llegar la última. Oscar se puso firme. “¡Que no se preocupe!” le dijo a su novia, que le dijera a su vecino, que le dijera a su primo, que le dijera a su amiga. “No llegará la última”. Luis y Diego aceptaron, porque les encantan las luchas de bolsillo. Y porque no cayeron en qué día era hoy. Pero… ¿yo? ¿Por qué acepté? Pues quisiera decir que por ver hasta dónde llegaba la inocentada, pero ¡qué demonios!, acepté porque son mis amigos, ¿por qué si no?... …Kilómetro 3. ¿Sonríe?
SARA NEBREDA PALACIOS
Caben tantas cosas en media hora de carrera.
Salí de aquella meta con ninguna otra intención que no fuera la de llenar de aire salmantino mis pulmones y alimentar mis ojos con los aromas de un frío invierno. Y entonces la ví a ella, corriendo a destiempo e irradiando magia por toda la carrera. Y me enamoré, y a los quince segundos me sentí inexperto cuando vi que aquel anciano me ganaba distancia con ganas. También lloré cuando mis piernas pedían a gritos que parase. Me eché a reír cuando reconocí entre los corredores a mi mejor amigo de la infancia. He sentido como mi piel se erizaba al cruzar una meta. He partido de un punto de partida y lo he sobrepasado.
Y es de verdad, lo juro, Y sin embargo, me costó un mundo entenderlo. Y es que caben tantas cosas en media hora de carrera.
nora emilia diaz vallone
Es Primavera,se huele en el aire y domingo.Me doy cuenta porque la enfermera esta peinada .La habran hecho felíz porque mientras empuja mi silla hasta el jardín canturrea .Ya llegaron las visitas.A mi por suerte nadie viene a verme.Me gusta este lugar semiescondido debajo del arbol poblado de golondrinas.¿Me llevan?.Cierro los ojos y me voy con ellas.Mis piernas no caminan pero puedo volar,así estirando los brazos,floto en el aire,hago la plancha en las nubes, veo desde lo alto mi patio,con la higuera y mi nietito jugando,mis helechos serruchos mas verdes que nunca y el jazmín que ha florecido inundando el aire de aroma dulzón..vamos golondrinas..sigamos vuelo,corramos una carrera con el tren,a zambullirse entre las nubes y a la silla otra vez.Ya viene la enfermera..Recojamos nuestras alas hasta el domingo que viene.Guardemos el secreto que si la visita no viene,me la iré a ver yo.
belen zamora villamil
Tenia poco mas de cuarenta anos, y Manuel sentia la necesidad de practicar algo de deporte, y comenzo con un entrenamiento ligero y poco a poco iba sintiendose mas liviano. Cada semana se marcaba un reto para la siguiente y corer acabo formando parte de su dia a dia. Participar en carreras de atletismo se habia convertido en una manera de vivir su propia literatura con la que tendria una aventura diferente cada vez, y conoceria a los que pronto serian sus heroes, personas que por enfermedades o por nacimiento, accidentes y demas se creian abocadas a un estatus inmovil, pues se encontraban ante el luchando por llegar a una meta, y con lagrimas de rendicion ante ellos mostro sus respetos y compartio esos momentos de libertad.
El frío y nublado día, amenaza lluvia, el estomago lleno de una mezcla de polvorones del súper de la navidad anterior, de cerdo en todas sus variedades y de algún zumo de uva de mas. Hoy hay un acogedor olor a leña que invitan a acurrucarse debajo de las sábanas y de esa manta cálida de pueblo que grita "quedate!", que a ponerse en carretera dirección Salamanca para correr por esas calles cómplices de reyes, eruditos y estudiantes.
Quién me iba a decir que en esa carrera, el día de los inocentes, en esas calles testigo de la Historia de nuestro Pais, encontraría la ilusión de mi vida.
SE BUSCA
Modesto Lobato Marcos
Y, tras la carrera, sólo encontraron su zapatilla.
BREVE CRÓNICA DE UNA HAZAÑA
Sergio Allepuz Giral
Harto de mi vida sedentaria, me apunté a la San Silvestre Salmantina. Entre las varias distancias a elegir, opté por la más larga de todas, la de 10 km, que es la preferida por los cuarentones como yo. Pensé que, siendo tan larga, la gente iría andando, ¡¿Cómo iba alguien a correr diez kilómetros seguidos?! Pero me equivoqué. Salieron como rayos, los muy traidores. Grité: “¡No vale correr, que es trampa, tíos!”, pero como si nada. Entonces, centré mi objetivo: completarla en menos de una hora. Tras vomitar en el km 2, decidí cambiar de objetivo: que el abuelo de 78 años que corría a mi lado no me venciese, pero en el km 5 se largó mientras yo agonizaba de flato en el suelo. Mi último objetivo fue: terminar dignamente y, preferiblemente, vivo. Misión cumplida, no os podéis imaginar cómo me aplaudió el público al cruzar gateando la meta.
La victoria y los rivales.
Juan Carlos Mieres Fernández
Su respiración produce caprichosas volutas de vaho que van quedando atrás esa fría mañana de febrero.
Los pasos: uno tras otro, asentados firmemente en el asfalto; la respiración: acompasada y regular; la vista: clavada en el horizonte.
Sabe que la meta está lejos, en distancia y en el tiempo. Son muchos kilómetros de prueba y muchos meses hasta que se celebre la Vuelta Popular San Silvestre Salmantina. La preparación es vital.
Sus rivales corren con él, como todas las mañanas. Él les ignora. Se concentra en cada zancada, cada latido, cada inspiración. Pero allí están. Sus rivales son sus debilidades, sus limitaciones… Y necesitará de toda su fuerza para vencer a esa voz interior que le dice que no puede llegar más lejos, que no puede correr más rápido, que se detenga y deje de castigarse.
Si lo consigue habrá ganado. Aunque llegue el último.
OPORTUNIDAD INESPERADA
CARMEN ROCA MERCADER
Todas las mañanas salgo a correr, un ligero viento matutino me despeja la cabeza. Corro todas las mañanas por un parque cercano a mi casa. Siempre he participado con mi tío Manuel en la vuelta popular “San Silvestre”.
Llevo varios días viendo a una chica que me gusta. Cuando tengo la oportunidad de presentarme, siempre me quedo rezagado, ella corre más que yo. Ahora la estoy esperando, impaciente… una nueva oportunidad se me presenta. Algo nervioso doy un ligero tropezón y observo su sonrisa amable. “Genial, por fin lo he conseguido”. Ya sé su nombre, tiene unos ojos verdes bonitos y una suave voz, me promete vernos a la misma hora.
A la siguiente mañana, no consigo verla, decepcionado me voy a casa y me preparo para ir a una reunión en el despacho de abogados. Cuando abro la puerta de la sala de juntas, allí está ella.
Torres de Manhattan
Jesus Perez Benitez
Hace casi un año. Todavía siente el zarpazo en los intestinos y hay días, como hoy, que parece arrastrar una pesada cadena que le aplasta contra el suelo. Acodado en la barandilla observa un atardecer violáceo sobre las torres de Manhattan. Si entorna los ojos… parece ver el Paseo de San Antonio y a sus amigos ajustando los cordones de las zapatillas de vivos colores, antes de empezar la carrera y compartir risas, deporte y esfuerzo; porque correr la San Silvestre, no es sólo correr, es compartir. Con las primeras luces de los rascacielos, que comienzan a encenderse, maldice la crisis que le hizo cruzar el planeta buscando una oportunidad.
Ella le devuelve a la realidad acariciándole el rostro. Trae un café caliente. Observa la nostalgia palpitando en el barniz de sus pupilas.
—Mañana correremos juntos por Central Park, será como estar en Salamanca —le susurra cariñosamente.
El rugido que llevas dentro
Lorena Argudo López
Tobillos, rodillas, no me falléis. Venga, vamos con el calentamiento. Uno, dos, uno, dos. Today is the day. Estoy preparado, nací preparado. Llevo un año esperando este momento.
Ahí está la señal de salida. Me abalanzo sobre el asfalto cual guepardo hambriento.
La batalla es dura, y aunque me acecha la incertidumbre, finalmente logro que mi mente venza sobre mi cuerpo. El final está próximo y el dolor de mis músculos es barrido por una corriente eléctrica. Un último esfuerzo, ya rozo la gloria con mis suelas.
Ahí estoy yo, cruzando la línea de meta, el umbral del paraíso. El público ruge y yo rujo con ellos. Suenan trompetas de oro.
Medalla de oro al centésimo quincuagésimo segundo puesto en la San Silvestre Salmantina. Record de los García. Esto merece, por lo menos, un buen cocido de mi madre.
PERSEVERANCIA
MARIA DOLORES JIMENEZ GARCIA
Llegó al paseo de San Antonio. La mañana había amanecido fría y con una ligera capa de nieve que cubría el suelo. Preocupado, confío que no llegara a cristalizar. Se alineó con los participantes, aunque a cierta distancia, y se concentró visualizando el recorrido que se sabía de memoria. Minutos después sonó el disparo de salida de la sansilvestre salmantina.
Por el rabillo del ojo veía cómo los corredores le iban adelantando, pero no le importó. Se dijo que tal vez el año siguiente la artrosis le diera un respiro y podría llevar el ritmo del resto de participantes, igual que había hecho desde la primera edición. De momento se conformaría con terminar la carrera. Sujetó con fuerza el bastón y, esquivando espectadores, se dirigió a la meta
Imbatibles
Andrés Carnero Martínez
Mientras jadeaba se dio cuenta que había dejado de sufrir los murmullos de coche y sirenas.
Seguir adelante.
Francisco Álvarez Arias
Había ido a Salamanca por negocios, y como debía quedarme en la ciudad unos días, quise aprovechar mi estancia allí para correr la San Silvestre, puesto que las fechas coincidían con el tiempo que iba a permanecer en la ciudad.
El aliciente por correr en un lugar desconocido, me dio una motivación especial para participar en la prueba. Había corrido varias veces en otras carreras populares, pero siempre en sitios cercanos a mi localidad de residencia, por lo tanto, la competición salmantina, era mi primera experiencia extraterritorial.
Después de participar (no recuerdo ni en el lugar que quedé) me di cuenta, que todas las carreras son iguales, lo mismo da que sean en España o en Australia, al final la conclusión que sacas, es que correr es como la vida misma, si te paras no llegas, y en tu libertad de elección está seguir adelante o arrojar la toalla.
Soledad
Miguel Ángel Portela Pinar
Gabriel es una persona amable,educada y bastante tímida.Vive sólo desde hace tiempo; a duras penas remonta la vida con la caridad de los servicios sociales.Es un emigrante colombiano que vino a nuestro país a ganarse el pan aprovechando el boom de la construcción. Tiene unos sesenta años,pero aparenta muchos más. Hace tiempo que no encuentra trabajo y, según él, ya ha perdido toda esperanza.Se pasa los días fisgando en los contenedores de basura para ver si encuentra algo aprovechable. Añora con mucha nostalgia su Macondo natal, a pesar de que, un buen día tuvo que salir por piernas, porque su vida corría serio peligro.
El año pasado le encontré en la linea de salida dispuesto a correr la San Silvestre Salmantina.le comenté,que tenía mucho mérito participar a su edad en carreras tan duras; a lo que él, con amarga tristeza me contestó:
«lo hago simplemente, para sentirme acompañado».
Salamanca bajo tus pies
LAURA HERNÁNDEZ MATA
Salamanca amanece entre la niebla de diciembre dándome los buenos días. Tengo ese gusanillo en el estómago, que como cada año, no se me pasará hasta que cruce la línea de meta. ¡La San Silvestre me espera! Es mi tercer año, y tan sólo es el principio de una tradición que seguirá ahí con el tiempo. Todo empezó con un “¿A que no os atrevéis?” y terminó siendo una de las mejores sensaciones de mi vida: La línea de salida, ese momento en el que sólo uno sabe cómo ha llegado hasta ahí. Sentir Salamanca bajo tus pies y su resplandor dorado que parece que te anima a luchar por cada kilómetro. El apoyo de la gente a tu paso y tener la certeza de que si llegas a la línea de meta todo será un poquito mejor… La San Silvestre no se puede contar, la San Silvestre se vive.
Danza eléctrica
Dulce María Ballester Alarcón
Cierras los ojos y todo arde. Cierras los ojos y te aislas, dejas de escuchar los gritos y los aplausos de apoyo, los ojos curiosos, inquisitivos y expectantes desaparecen. Disparo. Antes de abrir los párpados ya estás volando. Notas la electricidad que recorre tu cuerpo y ves las chispas bailando una vieja canción sobre la pista de tu sudor. Eres el dueño del tiempo, eres el amo de viento, amigo del asfalto y amante de la presión. Vencedor absoluto de los límites, rompedor de estadísticas, alzándote cual rey ganador del ajedrez escuchas los vítores antes de llegar a la meta. Jaque –mate, lo has logrado. Levantando el trofeo contemplas la pista soñando con su cercanía de nuevo.
Como me gusta ver a la gente haciendo deporte
David B. Andrada
Corría con todas mis cansadas fuerzas dando hasta la última de mis energías. Con cada zancada la musculatura de mis piernas afloraba músculos que juraría que el resto de mortales no tiene.
Notaba como mis zapatillas pisaban mucha intensidad el empedrado y húmedo suelo. Sentía como mi pantalón mojado pesaba cada vez más del agua de los charcos que salpicaba al pisar.
Bajaba por la calle Pontevedra. Miraba hacia atrás de forma compulsiva, a un lado y a otro pero el gentío me impedía tener una imagen nítida. El vaho que salía de mi cuerpo al sudar y el que emanaba mi boca, con respiraciones arítmicas, hacían imposible tener un punto de referencia.
Por fin llegué a casa, me pude derrumbar sobre el sillón y encendí la tele para ver la San Silvestre Salmantina. Creí que no iba a llegar a tiempo para ver la salida de la carrera.
#lovesansilsalamanca
Marta María Quintana Álvarez
Con mi IPhone iba grabando todo el recorrido… Corrías tanto, andabas entre todos, largo, delicado, destacando, como siempre. Salamanca se comía tus pies, atravesaba con sus calles tus zancadas. Y no lo sentía. La ciudad arrastrada, majestuosa, delante de nosotros y casi sin correrla. Cada vez que el sol se colaba en tu mirada y la meta se acercaba veloz eran diez las veces que intenté trotar detrás de los corredores. Detrás de ti. No llego ni llegaba y no llegaré.
Carnavales del 28 de Diciembre
Òscar Pareja Bañón
Desconocidos. Vecinos. Amigos. Papa Noeles descansados después del trabajo finalizado. Corredores. Pajes reales que necesitan conocer el recorrido que realizaran en un futuro. Ejecutivos de corto. Plátanos y otros frutos con ganas de marcha. Dorsales. Cronómetro anunciando el tiempo que resta para salir. El frío invierno. Las luces apagadas de una Navidad que ha empezado. Hombres disfrazados de mujeres. Mujeres en lucha por alguna enfermedad innombrable. Carros de bebé cargados de ilusiones y sonrisas. Un barco decidido a correr. Todos comparten la misma meta, el mismo objetivo, la misma ilusión: volver al punto de partida con una sonrisa y una promesa hecha. Se escucha el disparo que anuncia la salida. Pájaros surgen de la nada y los corredores vuelan con la ilusión de apoderarse, por unos instantes, de la arquitectura que los envuelve y que los acogerá con los brazos abiertos durante los kilómetros que dura la San Silvestre.