III - 2015

Edición - Año

XIII CONCURSO DE MICRORRELATOS "SAN SILVESTRE SALMANTINA"

El jurado del XIII concurso de microrrelatos San Silvestre Salmantina estuvo integrado por:

  • Daniel Escandell Montiel. Profesor de la Facultad de Filología de la Universidad de Salamanca. Presidente del Jurado.
  • Sigifredro Crego Martín, Profesor de Secundaria de Lengua y Literatura.
  • Alberto Marcos Guillén. Responsable de redes sociales institucionales de la Universidad de Salamanca.
  • Sofía Vicente Fiz. Bibliotecaria de la Universidad de Salamanca.
  • Jerónimo Hernández de Castro. Corredor veterano y funcionario de la Universidad de Salamanca, que actuó como secretario.

El jurado reconoció la excelente participación en esta XIII edición, en que no solo se mantiene la tendencia al alza de los relatos presentados cada año, sino que su número se ha incrementado de manera extraordinaria pasando de los 369 relatos de 2024, a los 611 de esta edición.
Otro aspecto significativo fue lo ajustado de las votaciones pues, en los puestos con derecho a premio en metálico, se produjo un triple empate entre los votos obtenidos y el número de jueces que los votaron, que tuvo que resolverse por el voto de calidad del profesor Escandell, presidente del jurado. Una muestra más de la igualdad en los relatos más valorados es el texto que merece la mención especial, que no consiguió entrar en el podio final por un solo voto de diferencia.
Se indican a continuación, los relatos destacados y la relación de otros que también obtuvieron votos del jurado. Su publicación en la revista, como se establece en las bases, queda condicionada al espacio disponible y que en esta edición se realizará exclusivamente en formato digital.

Primer premio

Salamanca 2146
Sergio Portela de Castro

Sonó el disparo. Un año más me propuse darlo todo, ganar era lo de menos, lo importante era acabar. Y no, no es una frase hecha.
Tras 4 guerras nucleares, 2 invasiones extraterrestres y 3 apocalipsis zombi, el mundo había cambiado. Y nuestra querida carrera también.
Es interesante comprobar como alguien, que debido a la mutación en vez de dedos tiene farinatos, intenta abrochar los cordones de sus zapatillas.
Las hordas de No Muertos que “sueltan” tras los corredores, son un gran incentivo para no rendirse y continuar con el trayecto como sea.
Es un día festivo y alegre, la gente respira con su bombona de oxígeno y la lluvia ácida golpea fuerte sobre nuestros cuerpos mutilados, pero la radiación nos ha hecho fuertes. Los Charros son de otra pasta.
Voy a lograrlo, han descalificado al favorito por correr con exceso de ayudas (ya tenía 5 piernas el maldito mutante).

Segundo premio

Veintiún gramos de amistad
Luis San José López

Hace mucho tiempo yo tenía una sombra, juguetona y terca, agarrada a mis zapatillas. Nos conocimos un día masticando soledad junto al brocal de un pozo. Hablamos… y empezamos a correr. Frío, viento, calor y lluvia nos hicieron inseparables.

Cuando salíamos a entrenar, ¡pobre, siempre arrastras!, se quejaba de que nunca podía superarme. Yo cambiaba entonces de dirección hasta conseguir que se pusiera a mi lado y nos reíamos juntos de sus formas chaparras, alargadas o deformes. Los días de competición, sin embargo, eran mucho más complicados porque le daban miedo los malditos flashes y focos de la meta y se escondía siempre detrás de mí buscando refugio.

Ha pasado mucho tiempo desde entonces. Un cielo encapotado cubre ya mis párpados cansados y han desaparecido mi sombra y mis zapatillas. Si alguna vez la veis recorriendo los caminos, preguntadle por su soledad y por los veintiún gramos que me faltan.

Tercer premio

Desiderátum
M.Carme Marí

Cada año pasan bajo mi ventana los corredores de la San Silvestre Salmantina. Son un derroche de energía, coraje y voluntad. De todo ello estoy ya tan falta... Se les ve esforzados pero felices. Yo en cambio me esfuerzo continuamente, pero feliz... Por eso al verlos pienso en unirme a ellos y correr ligera como el viento. Me imagino como una más en el numeroso grupo multicolor y al llegar a la meta, en lugar de descansar, seguiría corriendo y saldría de la ciudad, de la provincia y todavía más allá. Mi meta sería ir lejos, donde él no me esté esperando con sus gritos. Muy lejos, donde no llegaran sus manos o su cinturón que me marcan la piel. Tan lejos que nunca pudiera encontrarme.

MENCIÓN ESPECIAL DEL JURADO

Doce
Raúl Clavero Blázquez

Comenzó en enero, como propósito de año nuevo. En febrero cada zancada le llenaba de alfileres. Marzo trajo lluvias, alguna tarde de sofá culpable, un esguince. Con la excusa de su cumpleaños, en abril recibió de su mujer unas zapatillas nuevas. En mayo descubrió con sorpresa que le volvían a cerrar en la cintura algunos pantalones viejos. Junio fue calor, chicas en mallas, trotes desbocados por el parque. En julio a Nerja, como siempre: chiringuitos, conciertos, poco footing. Agosto le obligó a recuperar el tiempo perdido: sesiones dobles. En septiembre sus cuádriceps ya le parecían ajenos, ¿de dónde habían salido? Octubre fue el mes de su primera carrera popular. En noviembre hizo cinco kilómetros en veinte minutos y se supo preparado. Por fin llegó diciembre y con él, aquello para lo que había estado entrenando: las compras navideñas. Sí, estaba convencido, esta vez lograría encontrar a tiempo todos los regalos.

Relatos participantes

Solamente para verte

Esteban Azzara

Si no fuera porque mi ex mujer sale con un abogado, yo estaría muerto. Quizás estoy exagerando, pero pasó un año desde que este abogado, me sacó la casa, y además me dejó atrapado en una orden judicial que no me permite ver a mi hija de diecisiete años, más de una vez por mes. Y el año pasado, cuando me tocaba verla, ella quiso correr la San Silvestre Salamantina. Y yo me vine a vivir a España, sólo para estar cerca de ella. ¿Me iba a abatatar por una carrera?
Así que empecé a entrenar. En pocos días dejé de fumar y de tomar, y salí a dar vueltas a la plaza.
-Vamos papá, que se hace tarde -me despierta sonriendo- ¿o tienes miedo?
Yo le sonrío, y voy de nuevo, un año después, a correr con ella. A ver si este año le gano.

APLAUSOS

LOURDES ASO

El día de la San Silvestre Salmantina coincidía con el de mi desahucio. Me había prometido no derramar lágrimas por el fracaso de toda una vida peleando por tener un techo sobre el que guarnecerme. En el dorsal yo leía la palabra “perdedor”. Con unas zapatillas bastante desgastadas y la ropa más cómoda para la ocasión (desentonaba entre tanto uniforme fosforito) aguardé al pistoletazo de salida. Mi objetivo era correr hacia un sueño en el que algo, aunque fuera una sola cosa, me saliera bien. Llegar a la meta era una prueba de superación personal. A cada zancada fui dejando atrás la tristeza, la desesperación, la sensación de hombre fracasado. Rompí la cinta sin saber que aquellos aplausos no eran solo por ese triunfo sino porque con mi esfuerzo había logrado suficientes euros como para volver a la línea de salida.

«Ver y creer»

ESTER LOZANO DE LA FUENTE

Cien últimos metros para la meta. Veo el arco de entrada, los fotógrafos y mucha gente. ¿Ya está? ¿He llegado? Tan sólo un suspiro más, un grito de aliento de los espectadores. Y un último pensamiento: el año que viene volveré, disfrutaré de mi ciudad, veré el arco de meta y me tendré que creer de nuevo que he llegado.

10.000 metros luz

Jesús Miguel Quintana Cardenal

Una vez fui a los mandos de una nave que se dirigía directamente al Sol. Ya no recordaba cuál era mi misión ni cómo había llegado hasta allí. Tenía frente a mí un gran panel indescifrable, lleno de luces rojas parpadeando y sirenas enloquecidas que no me dejaban oír mis pensamientos. La nave comenzó a temblar; el blindaje se desmantelaba por momentos y cada vez hacía más calor. Me dirigía a toda velocidad hacia un sol deslumbrante donde había continuas explosiones que emanaban remolinos de fuego. Al entrar en contacto con la superficie, el cristal estalló y quedé flotando en el centro de las explosiones, pero el fuego no quemaba; sabía a victoria. No sé cuántos lo habrán conseguido antes que yo, pero no me importa. Había conquistado el Sol por un instante.

Línea final

RODRIGO MENDO DURAN

La última vez que miré mi cronometro barato comprado en Decathlon marcaba 55 minutos.
Agaché la cabeza, apreté los dientes y seguí «trotando» hacia la meta, mi meta.
La carrera hacía tiempo que habia teminado, pero yo continuaba corriendo mi San Silvestre personal.
Hacía un par de años que me operaron de aquella dichosa enfermedad, y esto sería una muestra más de recuperación.
Cuando volví a levantar la mirada estaba ya a pocos pasos de la línea, allí estaban esperándome; mi mujer y mis hijos, dando gritos de ánimo y levantando las manos como si estuviese llegando en primer lugar.
En realidad, sí, fué una de mis mayores victorias.

El final no está en la meta

Paloma CUBEIRO VELÓN

Notaba los hombros hundidos, avanzaba sin mirar casi donde pisaba y se sentía morir en cada zancada. Quedaba medio kilómetro para terminar, pero cada metro suponía el mayor de los esfuerzos. El sudor le empapaba la espalda y solo podía seguir corriendo.

Aquella mañana, al agacharse para abrocharse las zapatillas, había notado los músculos entumecidos. Consiguió erguirse apoyándose en la cama, pero no dudó en presentarse en la salida. Correría la San Silvestre, igual que hacía cuando su padre aún vivía.
Se miró de reojo en el espejo, temiendo no reconocerse. Habían pasado siete meses. Ahora quedaban recuerdos difusos y aquella cicatriz.

El frío le oprimía los oídos, haciendo más duro seguir. Lo peor, las rodillas.
Pero iba a conseguirlo. Veía la meta, solo tenía que aguantar un poco más.

Estaba eufórico. Lleno de energía. Vivo.

Casi desmayado, terminó la carrera. Ya no necesitaría aquella maldita silla de ruedas.

Quiero vivir en la bañera.

Natalia Silva Sánchez

-Y no soy una niña; mas quisiera hacerlo.

Cuando salgo de ella, pasa mucho tiempo que me encuentro mal, estoy muy ansiosa, me hago mucho daño. 

En contadas veces, algunas personas me inflan de gozo, aunque ocurre poco, y lo mismo dura.

Me voy a flotar. Hiervo y me fascina. 

Estoy muy sensible, voy ya tan gastada…me duelo, molida. Un mínimo gesto, hoy vuelvo a sangrar. 
¿Suena esto enfermizo?
(..)
En el agua, muy caliente, me refugio.
Hago «plaf», me disocio; voy en paralelo, gozo del ensueño, y desaparezco, así todo pase.

No lo soluciono. Soy algo cobarde.
(…)

Escuchemos al que anhela buen viaje hacia Cancún.

No sé bien qué dirá Freud, rebusqué por propia cuenta: Mi deseo sobrepasa al vivir en la bañera.
 
Imposible, no hallo el modo. Amo el vientre de mi madre.

La carrera más larga

Miguel Andrés Castaño

Era la primera vez que me apuntaba. Mis hijos me habían convencido con aquello de que «lo importante es participar» y con lo de «te viene bien para evitar otra operación de corazón». Me costó un esfuerzo brutal subir con un disfraz de monja la que siempre llamé la Cuesta de Moneo y estuve a punto de rendirme en la Avenida de Portugal; el frío era como el que transmite un cuchillo de carnicero. Pero mis niños, que ya eran treintañeros, no me abandonaron.
Todo mereció la pena al volver a casa y escucharles decir: «Ya has demostrado que puedes con cualquier cosa y, nosotros, que estaremos a tu lado en todo. ¿No crees que ya es hora de que nos cuentes algo de ese nuevo amor que tienes?».

EL BESO

Mar Carrillo de Albornoz Laffitte

Al final de la última recta, mientras tomo aire por la boca, le veo, justo detrás de la meta. Avanzo los últimos metros, me impulsa el sonido de aplausos y gritos, el deseo de lanzarme a sus brazos. Yo misma me sorprendo de la intensidad con la que aprieto mis labios sobre los suyos, de la fuerza de mis brazos delgados alrededor de su cuerpo. Huele a aire fresco, a los árboles de la ciudad y más cerca, a su pelo. Cualquier dolor queda atrás, y en el centro del mundo está el beso.

¿Por qué?

María Gabriela Sánchez Cortez

¿Por qué correr?¿Para que hacerlo?¿Para huir?¿Por temor a que te atrapen?¿Para qué? Correr, no lo hago para escapar, ni por miedo, lo hago para fortalecer mis piernas, para que aguanten cada caída, cada tropezón, para poder alcanzar mi sueño, lo hago para levantarme sin miedo, sin temor, porque ahora se que una caída no es una vergüenza si te levantas. Corro porque aprendes que todo pasa muy rápido y muy lento a la vez, aprendes que no puedes ir más rápido que el viento, pero siempre es bueno intentar ganarle una carrera, aprendes que es el compañerismo, aprendes que el tiempo nunca es igual aunque midas los mismo segundos, te das cuenta de lo efímero, te das cuenta que todo se acaba desde una carrera hasta la vida, aprendes a no desperdiciar el tiempo, a no rendirte, a conseguir lo que buscas o, por lo menos a intentarlo.

ABDUL

SERGIO ALFONSO RUIZ

ABDUL.

Comenzaba la San Silvestre Salmantina, inclinado ligeramente; Abdul, con el estómago vacío, pies descalzos; pensaba en sus hijos, oyó el disparo de salida. ¡Se asustó! Bagdad muy reciente, cercano. Una meta por delante, detrás un mar asesino, delante esperanzas y quilómetros pasando, pies sangrando sobre el asfalto, rodeados de corredores iba solo.
Ellos querían ganar; él, ganar esa y muchas carreras, corría al futuro, se adelantó a todos, en la soledad del cercano triunfo sus fuerzas comenzaron a flaquear, el aire faltaba y la fatiga sobraba, recordó a la esposa muriendo ahogada, sacó fuerzas del dolor y corrió a la tela que en otro idioma anunciaba el fin de la carrera. Abdul; pasó victorioso, se inclinó y besó la tierra sin pensar en su religión. Quería besar y besó en ese gesto al país; agradecer lo recibido, aún con sus pies ensangrentados, era un ser humano, los salmantinos aplaudían.

La carrera

María del Mar Olivas Tur

Aquella mañana le costaba levantarse ¡Había entrenado tanto para esa carrera!
Alguien pronunció su nombre ¿Habría ganado él?
En la iglesia, de cuerpo presente, todos rezaban por el gran deportista que fue hasta el último día de su vida

Desiderátum

M.Carme Marí

Cada año pasan bajo mi ventana los corredores de la San Silvestre Salmantina. Son un derroche de energía, coraje y voluntad. De todo ello estoy ya tan falta… Se les ve esforzados pero felices. Yo en cambio me esfuerzo continuamente, pero feliz… Por eso al verlos pienso en unirme a ellos y correr ligera como el viento. Me imagino como una más en el numeroso grupo multicolor y al llegar a la meta, en lugar de descansar, seguiría corriendo y saldría de la ciudad, de la provincia y todavía más allá. Mi meta sería ir lejos, donde él no me esté esperando con sus gritos. Muy lejos, donde no llegaran sus manos o su cinturón que me marcan la piel. Tan lejos que nunca pudiera encontrarme.

LA META NO ES FINAL

VICTOR HERRERO RAMOS

Alberto no podía más. Acababa de alcanzar la Plaza Mayor de Salamanca, y sabía que aún le quedaban unos pocos kilómetros para terminar el recorrido. El cansancio y el frío eran insoportables. Se había prometido intentar acabar la carrera, pero cada vez veía más difícil conseguirlo. Avanzó con dificultades un poco más, de pronto su pie izquierdo trastabilló con uno de adoquines del suelo, perdió el equilibrio y cayó al empedrado. Desde abajo se maldijo dándose un manotazo en la pierna. Sabía que eso significaba el final de la San Silvestre para él. Se apoyó para levantarse mientras el resto de corredores le iban esquivando, cuando vio una mano tendida al lado de su rostro. >, dijo una joven de su edad, con una gran sonrisa en la cara. Alberto aceptó la ayuda sin dudar, y continuó corriendo hasta la meta.

Mientras esperas, disfruta.

Auxiliadora de Arriba Becerro

«¿Quieres disfrutar de la naturaleza a tus pies?». Mensaje con encanto en un corcho del insti. Emoción e ilusión por estrenar las ganas de sentirla. Y ahí está la tierra a nuestros pies. Martes y jueves de cinco a… Rodaje hasta las vías, gimnasillo, sudada y vuelta para casa, ducha y a estudiar. Llega el último domingo de diciembre. Chandal, zapatillas y a correr. En mi dorsal consta -espectadora-. Buscar la mirada de mis compas de entreno para asistirles con un «¡Hale, va!». Correr mi propia Sansil dando aliento. Nervios. Se aproxima la salida. Trote hasta Canalejas. Se oye el disparo de salida. El pelotón se acerca. Díficil ver a los conocidos entre tanta gente. Reparto de ánimos para todos. Trote hasta Plaza España. Primera chica, «¡Vengaaaa!». Trote hasta Comuneros. Un atlético, «¡Haleee!». Trote hasta Picasso. «¡Vaaaa!»… a toda esa buena gente a la que Rivero convenció con aquella invitación.

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27 DE DICIEMBRE DE 2026