IV - 2016

Edición - Año

XIII CONCURSO DE MICRORRELATOS "SAN SILVESTRE SALMANTINA"

El jurado del XIII concurso de microrrelatos San Silvestre Salmantina estuvo integrado por:

  • Daniel Escandell Montiel. Profesor de la Facultad de Filología de la Universidad de Salamanca. Presidente del Jurado.
  • Sigifredro Crego Martín, Profesor de Secundaria de Lengua y Literatura.
  • Alberto Marcos Guillén. Responsable de redes sociales institucionales de la Universidad de Salamanca.
  • Sofía Vicente Fiz. Bibliotecaria de la Universidad de Salamanca.
  • Jerónimo Hernández de Castro. Corredor veterano y funcionario de la Universidad de Salamanca, que actuó como secretario.

El jurado reconoció la excelente participación en esta XIII edición, en que no solo se mantiene la tendencia al alza de los relatos presentados cada año, sino que su número se ha incrementado de manera extraordinaria pasando de los 369 relatos de 2024, a los 611 de esta edición.
Otro aspecto significativo fue lo ajustado de las votaciones pues, en los puestos con derecho a premio en metálico, se produjo un triple empate entre los votos obtenidos y el número de jueces que los votaron, que tuvo que resolverse por el voto de calidad del profesor Escandell, presidente del jurado. Una muestra más de la igualdad en los relatos más valorados es el texto que merece la mención especial, que no consiguió entrar en el podio final por un solo voto de diferencia.
Se indican a continuación, los relatos destacados y la relación de otros que también obtuvieron votos del jurado. Su publicación en la revista, como se establece en las bases, queda condicionada al espacio disponible y que en esta edición se realizará exclusivamente en formato digital.

Primer premio

Otra carrera
Patricia Collazo González

Apagó el despertador mucho antes de que sonara. Se deslizó despacio fuera de la cama para no perturbar a la oscura figura extendida a su lado. Lo hizo por costumbre, porque en realidad sabía que no despertaría. Hurgó en el fondo del cajón y extrajo el dorsal. Allí había permanecido oculto para que él no pudiera prohibirle participar. La sonrisa culpable se convirtió en risa de satisfacción cuando se miró al espejo, preparada ya. Las mallas de color brillante que no tenía permitido usar, el impensable top, las zapatillas recién compradas.
Acomodó su pelo largo en una coleta. Usó una capa precisa de maquillaje para disimular con maestría el último golpe. Sabiendo que era exactamente eso: el último. No se despidió del cuerpo inerte de la habitación.
Al salir de casa, el cielo de Salamanca le confirmó que ese era el día. Ya podía correr su siguiente carrera.

Segundo premio

Olvidé comprar calabacines
Jack Babiloni

Primera zancada. Pienso en la condena de recordar hasta lo ínfimo. Kilómetro uno. Olvidé comprar calabacines. Kilómetro dos. Bob Dylan no contesta. Kilómetro tres. Medio corazón del país anda encogido por que Chenoa y Bisbal canten juntos, quince años después. Kilómetro cuatro. Todos los humanos atacados por tiburones coinciden siempre en afirmar que el mordisco nunca es doloroso. Kilómetro cinco. Bebe, bebe; atento a los electrolitos. Kilómetro seis. El canto del pato no tiene eco. Kilómetro siete. ¿Cuánto me quedará de pensión? Kilómetro ocho. Me digo: Vigila la diaforesis. Kilómetro nueve. Messi se tiñó de rubio platino. Cruzo la meta. Recojo la presea. Sonrío a los fotógrafos. Bajo del pódium. Sigo corriendo hasta el geriátrico. Mamá me espera sentada bajo aquel precioso plátano de sombra. “Bonita medalla, joven. ¿Me dejará desenvolverla? ¿Compartimos a medias su chocolatina?” Vuelvo al kilómetro cero. Pienso en la condena de no recordar.

Tercer premio

META
Margarita del Brezo

Diez horas llevaba corriendo sin parar. Estaba exhausta y a punto de desfallecer y no conseguía darle esquinazo. De nada había servido deshacerse de su querida guadaña, cambiar su indumentaria negra por un chándal y un dorsal e introducirse entre los asistentes de la San Silvestre Salmantina para despistarlo. El suicida la perseguía desesperado y estaba a punto de ganar.

MENCIÓN ESPECIAL DEL JURADO

TOY
Modes Lobato Marcos

Quiero ser libre.
No quiero ser marioneta de nadie.
Quiero escuchar el susurro del viento.
No quiero grilletes mordiendo mi alma.
Quiero correr por espacios abiertos.
No quiero vestirme de claustrofobia.
Quiero correr bajo la lluvia. Quiero sentir nieve en el pelo.
No quiero aliñar con mazmorras mi tiempo.
Quiero acariciar la barrera del sonido.
No quiero entrar en vía muerta, ni quiero frenos.
Quiero ser una persona.
No quiero ser un dibujo animado.
Quiero salir de este Cinexin.

Relatos participantes

Una carrera de desahogo

Marcos Rodríguez Plasencia

Martín necesitaba huir de la realidad. El mundo se había vuelto una locura durante el último día. Su trabajo era muy estresante, había discutido varias veces con su novia en la última semana y su familia se alejaba de él cada día más.
Martín decidió apuntarse a la San Silvestre Salmantina. Sabía que era la manera de escapar de su vida por un tiempo. Así que, se puso su malla y se lanzó a la carrera. Una vez en la línea de salida, sólo quería correr sin pensar en nada.
Cada zancada era un momento de tranquilidad. A medida que avanzaba, la tranquilidad se apoderaba de él. Así hasta que llegó a la meta. Ya no le importaba volver a casa y enfrentarse a su vida porque, en realidad, sus problemas no se iban con la distancia, sino con la carrera.

Último año

Miguel Penades

Tensión. Sudor. Dolor. Solo estoy a la mitad, y ya estoy al límite. No debí repetir de turrón ayer. Me duelen las piernas, a cada año más viejo. A cada año más duro. Un joven que me pasa como si nada. Podría abandonar. Argumentar que ya estoy mayor para esto. Podría irme en cualquier momento. Más sigo. Todos los años pienso lo mismo, y al final acabo. No, no me rendiré hoy. No me rendí las otras treinta y dos veces y no lo hare ahora. Mas mayor seguro, más lento quizás, pero rendirse jamás. Perseverante siempre. La meta está en el mismo lugar de siempre, la distancia es la misma. Al final llego. Y pienso que este es el último año que me presento, que ya estoy mayor para estas cosas. Pero al llegar el año siguiente se me olvida y vuelvo a correr.

Monólogo a dos bandas

SONIA SAAVEDRA BOSQUE

-¿…y si no llego?
-No, claro que llegas. ¿Dejarás de llegar?
-Es que no puedo… no puedo más.
-¡Tú corre! Sólo corre. Calla y corre.
-Es que aún queda mucho.
-Pues piensas en otra cosa y no te enteras. Además, tampoco queda tanto.
-Es que me falta el aire…
-Céntrate en la respiración.
-Si me fijo en la respiración, la fuerzo, ventilo demasiado y luego me entra flato.
-¡No, flato no! Ni lo menciones… Tú respira como puedas.
-Vale.
-Venga, ya queda menos… No pienses en nada. Sólo corre. No subas el ritmo si no puedes, pero tampoco lo bajes.
-¡Qué fácil es decirlo!
-Haz lo que puedas.
-Quiero llegar ya.
-Cuanto más rápido corras, antes llegarás.
-¡Cállate ya! Lo que necesito es animarme…
-Bueno, pues tú sabrás. Yo sólo puedo decirte que no pares, que sigas corriendo.

Y el corredor no dejó de hablar consigo mismo. Y siguió corriendo…

Victorias personales

Alejo Rodríguez Valenzuela

Unas zancadas más hasta la Avenida de Portugal, otro kilómetro de avezado sístole y de tenaz diástole en armonía con el intermitente soporte telúrico, en complicidad con los fugaces rostros locales y peregrinos y con las autoridades de granito, ladrillo e historia de un Patrimonio de la Humanidad por cuyas entrañas se abre paso el ritmo ecuménico de casi cinco mil propósitos del año agonizante; de la cura atlética para la zozobra navideña; de la pericia de aquél que, muy adelantado para divisarlo, ya roza la gloria; de quien, detrás de mí, rezuma la plétora de una salubre promesa cumplida; de la fidelidad del Veterano desde 1984, y de mi pecho aferrado a mi número de Senior. La Plaza de Cuatro Caminos ya anuncia el Paseo de San Antonio, el ciclo completo de otra San Silvestre, de otro año de victoria ritualística, del trofeo del paisaje salmantino en mi rostro.

Rana veloz

Andrea Vila Almuiña

Es verdad que la adrenalina se paga cara y que no es sencillo hallarla en pies ajenos. Será por eso que sólo pienso en tus besos cada vez que el sudor me penetra hasta las vértebras. O quizá se me asemeja esa sensación de ir volando al movimiento de nuestros cuerpos entrelazados.
O quizá me he enamorado y mis huellas, asustadas, sólo intentan huir.

En el signo de Capricornio

Sergio Alonso Criado

Estoy inquieto. Lo reconozco. Además, no me relaja ver a tantos corredores y corredoras a mí alrededor. A ellos, seguro, tampoco.

Solo tengo un deseo…, salir, correr relajado y llegar a la meta.

­ Corro despacio al principio pero sin relajarme demasiado. No me preocupan los de delante, pero no dejo que me pasen. Avanzo más deprisa y cada vez me encuentro mejor. Mi ritmo mejora y mi respiración está acompasada. Quiero más. Estoy disfrutando. Sé el recorrido de memoria: Salamanca es mi ciudad, pero se disfruta de manera distinta. La gente aplaude… ¡me aplauden! ¡Te dan alas! ¡Lástima que el recorrido no sea más largo! Veo la meta y aprieto. No miro nada, sólo la pancarta a lo lejos y… corro, corro, y corro, y… ¡por fín, la cruzo! orgulloso. He vencido a mi angustia y ya me relajo. –

¡Pum! suena el disparo…, abro los ojos… ¡y a correr!

El corredor

Carlos Santos Montero

El corredor

Las gradas repletas y el sudor como manantial humedeciéndome el cuerpo. Casi era un veterano del atletismo. Los cien metros, los mil, las carreras con relevo… no debían preocuparme. Sin embargo, el cosquilleo en el estómago permanecía, mis ojos buscaban el punto en el cielo desde donde Zeus observaba con ceño fruncido. Andrea también me miraba alegre e inquieta desde el gentío aunque no la viese. Ella prefería permanecer en el anonimato a ser víctima de los ataques periodísticos, acostumbrados a hurgar en la intimidad de las parejas. El nerviosismo crecía a cada segundo, aunque conocía mi objetivo: correr, correr, correr por la pista con las piernas ligeras y los movimientos precisos, el torso hacia delante. Los consejos del entrenador resonaron al inicio de la carrera, en ese instante divisé a mi Andrea: estaba al final de la pista, esperándome con los brazos abiertos.

ESPERANZA

Miguel Alfredo Quispe Perez

La paloma que de pronto entonces vi en el cielo azul no era como yo pensé, lo sé ahora, una paloma solamente; es la esperanza misma que detrás de unas nubes, me esperaba; yo la veía y ella me perseguía. No pude más; y cerrando los ojos porque ser veloz mas no podía, me aventuré a correr con los ojos cerrados en este San Silvestre Salmantina, y he aquí que pasó que no alcanzó el cansancio a mi corrida. Sentí que llegaba hasta el cielo y que volaba junto a esa paloma. Cuando menos lo pensé, cerrado los ojos aun, me vi en la meta y me di con que había esa tarde vencido a todos yo. Y volé, volé después como en un sueño al firmamento; hacia otros senderos; y como vencedor en la Salmantina correré ahora entre los cielos, compitiendo contra los Elfos y los Dioses Griegos.

EL CAMPANARIO

Juan Carlos Quispe Perez

Yo la oí tañer, yo la escucharé plañir, y cuando toquen, cuando toquen como ahora están tocando desde algún lugar lejano las campanas de un viejo pero sonoro campanario, muchos, muchos oirán que suenan, que retumban como jamás retumbaron otros años cuando el cielo era azul y el viento arrastraba algunos pájaros. Pero yo seguiré corriendo; y en su busca aunque me digan loco iré como todos por el San silvestre; ellos tratando de llegar a la meta para sentirse bien y estar aliviados; mas yo para alcanzar la gloria de ver ante mí a aquellos pájaros que en un poema olvidado un poeta descuidado dejó sin terminar para que yo, alcanzándolo, le dé el punto final, y dejar así de escuchar después de a la meta llegado, a aquel sonoro y retumbante campanario.

Incógnito

CARLOS GONZALEZ MAZA

Tenía que acabar la carrera. Era su buen propósito para este año al que sólo le quedaban unos días. El traje de Papá Noel no era lo mejor para correr aunque se agradecía ir abrigado en esa fría mañana de Diciembre. Las horas extra que había tenido que hacer un par de noches atrás pesaban más con cada kilómetro pero no pensaba abandonar. Se acercaba a la meta, apenas le quedaban fuerzas, y entonces lo vio pegado a las vallas, chocando los cinco con los corredores. Parecía mentira con qué poquita cosa disfrutaban los más pequeños. Se acercó a él y le chocó la mano, enfilando los últimos metros con fuerzas renovadas por la sonrisa que le dedicó el niño, a cuyos pies, sin darse cuenta, apareció el regalo que tanto había deseado, mientras cruzaba la meta. Eligió esa carrera para poder pasar desapercibido, pero no pudo evitarlo.

El hijo del viento

Luis Saiz Vadillo

Entré volando en el Paseo de San Antonio, parecía el hijo del viento, nada más cruzar la meta caí de rodillas mientras el público me aplaudía y vitoreaba, rápidamente llegó gente de la organización,me ofrecieron una bebida isotónica y me taparon con una manta como a los Africanos que ganan las maratones, todos me felicitaban y la muchedumbre seguía aplaudiéndome, no pude por menos que hacer un gesto a modo de saludo cual actor de Hollywood para agradecer el apoyo. Las calles salmantinas me habían agotado, pensar que eran las mismas que recorría los jueves de juerga en mis años mozos, pero el esfuerzo había merecido la pena, jamás olvidare el cariño y la deportividad del público y los demás participantes. Según me dijeron me habían aclamado más a mí que había llegado el último que al primero, pero mi objetivo estaba cumplido, había logrado terminar la carrera.

Atrapado

Juan Sevillano Gacho

Tenía tanta prisa por llegar, que el atajo que tomé se convirtió en laberinto y aún hoy sigo buscando la salida.

El día siguiente

Roberto Porras de Arriba

Quedan 57 días. Estoy decidida. Hoy mismo empiezo. La distancia es larga pero creo que puedo.

Quedan treinta días, salgo sola. Mi marido y mi hijo hace días que ya no tienen fuerzas. El viento es frío, cada kilómetro se hace eterno.

Quedan quince días. Cambié mi rutina y mi horario. Por el recorrido que he elegido, mujeres y hombres se encuentran, se hablan, siguen juntas. Vuelvo a creer que puedo.

Llega el día. En la salida, gente que se saluda, sonríe y se abraza. Algunos, caminan serios, concentrados en lo que va a ocurrir. Hacemos el recorrido a buen ritmo. Llego al final, me apoyo en una amiga, sonrío.

Es el día siguiente. Desde las ocho, ha empezado a aparecer gente en casa.
Nos saludamos, abrazamos. Algunos caminan serios, concentrados en lo que va a ocurrir. Suena el timbre, me apoyo en una amiga. ¡¡SI SE PUEDE!!

El arte de superar metas

José Enrique Medina Lopez

La vista fija en la meta, la zancada larga, el pecho abombado, captando hasta la última brizna de oxígeno posible, en aquel esfuerzo supremo. Los clamores de un público entusiasta se elevan hacia el azul cielo salmantino, en el que sólo desentona un fino velo negro, que sobrevuela la escena, presagiando un mal augurio.
Los trazos son firmes y precisos, pues ha tenido mucho tiempo últimamente para dedicarse en cuerpo y alma a la pintura. Desde el ventanal domina toda la plaza, donde está situada la línea de meta. Tan solo se le resiste la sonrisa del vencedor, él ya apenas sonríe. Desvía un momento su atención al abollado casco motero que reposa a su lado, y se recuesta triste en su fiel compañera, la silla de ruedas. Pero por fin sonríe y acaba el cuadro, pues tiene la certeza de que a partir de ahora todo irá sobre ruedas.

Tinta permanente

Lara Suárez-Mira Reija

Corriendo y saltando me siento yo mismo. Libre. Huyendo de todos los problemas que amenazan en cualquier momento con asaltarme. Despego mis brazos del cuerpo e intento volar. En mi mente estoy en las nubes. Cual pájaro sin alas. Los músculos se agarrotan de todos los kilómetros que llevo recorridos. Perdí la cuenta de cuántos eran. Exhausto, me detengo a beber agua. A veces me siento como un ave enjaulada. Sin derecho a respirar. ¿Y qué es exactamente la libertad? ¿Un término? ¿Una bella palabra de origen latino? No, la libertad es lo que sientes cuando corres. Cuando dejas que todo fluya y que nada influya. Eso es la libertad, el hermoso tatuaje que llevo dibujado con tinta permanente en mi costado izquierdo, el que cada vez que miro descubro un nuevo camino por recorrer, aquel que realmente me lleve a la liberación.

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27 DE DICIEMBRE DE 2026