IX - 2021

Edición - Año

XIII CONCURSO DE MICRORRELATOS "SAN SILVESTRE SALMANTINA"

El jurado del XIII concurso de microrrelatos San Silvestre Salmantina estuvo integrado por:

  • Daniel Escandell Montiel. Profesor de la Facultad de Filología de la Universidad de Salamanca. Presidente del Jurado.
  • Sigifredro Crego Martín, Profesor de Secundaria de Lengua y Literatura.
  • Alberto Marcos Guillén. Responsable de redes sociales institucionales de la Universidad de Salamanca.
  • Sofía Vicente Fiz. Bibliotecaria de la Universidad de Salamanca.
  • Jerónimo Hernández de Castro. Corredor veterano y funcionario de la Universidad de Salamanca, que actuó como secretario.

El jurado reconoció la excelente participación en esta XIII edición, en que no solo se mantiene la tendencia al alza de los relatos presentados cada año, sino que su número se ha incrementado de manera extraordinaria pasando de los 369 relatos de 2024, a los 611 de esta edición.
Otro aspecto significativo fue lo ajustado de las votaciones pues, en los puestos con derecho a premio en metálico, se produjo un triple empate entre los votos obtenidos y el número de jueces que los votaron, que tuvo que resolverse por el voto de calidad del profesor Escandell, presidente del jurado. Una muestra más de la igualdad en los relatos más valorados es el texto que merece la mención especial, que no consiguió entrar en el podio final por un solo voto de diferencia.
Se indican a continuación, los relatos destacados y la relación de otros que también obtuvieron votos del jurado. Su publicación en la revista, como se establece en las bases, queda condicionada al espacio disponible y que en esta edición se realizará exclusivamente en formato digital.

Primer premio

Sansilvestre sustantiva
Isidoro Bravo Román

Salida, ilusión e impaciencia (sensación de incontinencia). Km. 1, precipitación y zozobra (roces y tropezones). Km. 2, celeridad y disfrute (cuesta abajo y Plaza Mayor). Km. 3, adaptación y cadencia (foto en el puente). Km. 4, mantenimiento y prevención (ritmo adecuado antes de la exigencia). Km. 5, esfuerzo y temple (“rompepiernas”). Km. 6, incertidumbre y desconfianza (Cuesta de Moneo). Km. 7, desahogo y optimismo (tramo descendente y animación pública). Km. 8, resistencia y fatiga (ácido láctico). Km. 9, agonía y resiliencia (un puñal clavado en el pecho). Meta, euforia y goce (plenitud de endorfinas).

Segundo premio

Beatriz y Luisa
Gloria Fernández Sánchez

Beatriz Galindo y Luisa de Medrano se disponen a correr la San Silvestre, ante el asombro de Miguel de Unamuno y fray Luis de León, quienes acaban admitiendo que las jóvenes han llegado por fin a un siglo que es el suyo.

Tercer premio

moscas de más
Silvana de Fátima Santacruz Burbano

La luz llega como un relámpago a los ojos. El tictac natural de su palpitación marca el ritmo de su carrera. No hay nadie que lo apoye en la larga calle. Revisa exhaustivamente su cuerpo, busca algún rastro de vitalidad. Pero no encuentro nada, solamente siente su labio levemente mordido de un lado.
Todo es normal, excepto las moscas de más que revolotean alrededor de su cuerpo.

MENCIÓN ESPECIAL DEL JURADO

DOS TONTOS DEMASIADO TONTOS
MARÍA SOLEDAD GARCÍA GARRIDO

Pedro se encargó de la operación mientras yo vigilaba la puerta de la sucursal. En cuestión de segundos apareció con la mochila atestada de fajos de billetes y el pulgar hacia arriba, que era la señal con que habíamos acordado la huida. Pedro corría que se las pelaba y yo no dejaba de acordarme de los churros que había desayunado en la Plaza Mayor. La sirena de la policía nos hizo acelerar. No entendíamos por qué corría todo el mundo. A cada paso se intensificaban las alarmas y la megafonía.
Pero no nos rendimos. Pedro iba demasiado cargado y, aun así, corría y corría. Yo, por vergüenza y con un flato horrible, iba pisándole los talones. Quién nos iba a decir a nosotros que acabaría felicitándonos todo el mundo y que saldríamos en los periódicos por partida doble. En la página de deportes y de sucesos. A todo color.

Relatos participantes

DISFRUTANDO EL MOMENTO

MARIA ANGELES ALBA REDONDO

El amarillo fluorescente de los cordones iluminaban el asfalto, el corredor casi parecía no tocar el suelo, cada zancada era como una ligera caricia. Un año llevaban las zapatillas guardadas en el armario, esperando la recompensa a su paciencia, a su optimismo, todos esos días de encierro, de calles solitarias, de silencio aterrador. La San Silvestre Salmantina este año era la mejor carrera de su vida, sin pretensiones, con el viento acariciando su cara, las voces de la gente en el trayecto le parecía la mejor de las melodías. Esa sensación de sentirse libre, agradecido de estar allí y en el recuerdo los que ya no estarían.

EL RITUAL DE LA SAN SILVESTRE SALMANTINA

ADELA ORELLANA DURÁN

Doce nietos, equipados con ropa deportiva para correr la carrera de La San Silvestre Salmantina 2021, se levantan al unísono. ¡Ha llegado el abuelo, comienza el ritual!
Pletóricos, removiendo el mágico elixir, ante la mirada complaciente del abuelo, alzan las copas hacia la foto de la bisabuela, toman un sorbo del preciado brebaje y esperan en completo silencio.
¡El abuelo pronuncia su discurso!
¬“Un año más, me embarga la emoción. Os lleváis, prendidos en vuestros paladares, la esencia y el espíritu innovador de vuestra bisabuela. Llevadlo con orgullo por las calles de nuestra Salamanca. Este elixir de hierbas lo inventó ella para las generaciones venideras. Su objetivo sigue vivo y así seguirá para siempre:
¡Bebed! Ahora, vuestros cuerpos, vuestros espíritus, están preparados para correr nuestra más preciada carrera salmantina. ¡Que así sea! ”

El último vagón del Metro

Samy Reyes García

El metro estaba repleto a las 6 de la mañana. Como siempre había mujeres maquillándose, niños adormilados y estudiantes perdidos en sus celulares. Sintió un ambiente extraño en ese último vagón. Un joven lo observaba lascivamente. El intercambio de miradas lo puso nervioso; nunca había experimentado el deseo de acariciar a un hombre. Pero era un muchacho guapo, delgado y aunque como cualquier otro, con una belleza encantadora.
El muchacho sonrío y le hizo una especie de mueca que no entendió. ¿Quería que se acercara? Pero sus piernas no se lo permitían; estaba paralizado y excitado. No podía hacerle eso a Daniela que no le iba a perdonar otra infidelidad, ¡mucho menos con un hombre!
Bajó la mirada y entre sus pensamientos dubitativos las estaciones pasaron. Cuando por fin se había dispuesto a acercarse buscó nuevamente los ojos del joven, pero ya no estaba.

La trocha

Marisol García Romero

La trocha
Mariela se había cansado del país, de la gente, de la desesperanza, de una pensión que no alcanzaba ni para volverse viciosa. Con los pocos dólares guardados entre los genitales, lo suficiente para vivir dos semanas, esperaba al trochero que la pasaría al otro lado. Se subió rápidamente; la decisión estaba tomada, lo abandonaba todo. Nerviosa esperaba que ningún guardia o paramilitar los detuviera y los robara o matara. Salir de aquel país era como huir de una prisión.
Cuando llegó a Colombia, sintió miedo: ¿ahora qué haría, viviría en un hotel, hablaría con otro acento, trabajaría de limpiadora? ¿Qué haría con esa libertad infinita que se abría ante su mirada? Había logrado lo que tantos venezolanos querían: migrar, sin embargo, una especie de angustia la poseyó. Era vieja, sola y con una libertad demasiado grande para cualquier migrante pobre en el mundo.

Beatriz y Luisa

Gloria Fernández Sánchez

Beatriz Galindo y Luisa de Medrano se disponen a correr la San Silvestre, ante el asombro de Miguel de Unamuno y fray Luis de León, quienes acaban admitiendo que las jóvenes han llegado por fin a un siglo que es el suyo.

Beatriz y Luisa

Gloria Fernández Sánchez

BEATRIZ Y LUISA

Beatriz Galindo se coloca las zapatillas cuidadosamente, por evitar los rozamientos. Su amiga, Luisa de Medrano, está más preocupada por una torsión inoportuna en el tobillo.
El cielo azul sobre el oro de la piedra arenisca. Recorrido D, un cuarto de la distancia maratoniana. Ya suena el toque de inicio. Don Miguel, ¿usted no lo intenta? ¡Que corran ellos! Yo me siento aquí, cómodamente, a admirarlos. ¿Y usted, fray Luis? Perteneciendo a mi estado no me parece decoroso. Ya se lo dije ayer. Yo no pisaría ni el Puente Romano, además. Mi fortaleza es de otro tipo. Pero resulta un buen modo de acabar el año, con superación. Llegar con la mente, traspasar con el cuerpo, ¿hay algo más clásico? Mire a esas dos muchachas latinistas. Ya fueron pioneras de mérito, no sería de extrañar una victoria. Sin duda este siglo sí es el suyo.
**

FOTOGRAFIA

HELENA GARCIA ARNAU

Me situó con mi cámara fotográfica en la línea de meta de la San Silvestre Salmantina. En la espera por ver llegar a los deportistas, me pregunto cuáles son sus pensamientos durante la carrera. Barajo algunos verbos: participar, llegar, ganar, terminar. Percibo que va a entrar el primer corredor. Rompe la cinta y levanta los brazos en señal de victoria. Su rostro refleja la emoción del ganador. Plasmo el instante en mi cámara. Momentos después, entra el segundo atleta. Una chica del público se aproxima a él y lo abraza. Capto la escena. Levanto la vista. A buen ritmo, está llegando la primera mujer. De repente, gira la cabeza para mirar atrás: otra mujer le pisa los talones. Respira hondo, aminora la velocidad y alarga el brazo para cogerla de la mano. Entran juntas. Ella ha decidido compartir el podio con una compañera.
Esta es la fotografía que quiero hacer.

Mi carrera

Diego Gaspar Rodríguez

Inspiro. Mi corazón bombea incesante. Llevo esperando mucho tiempo este momento. Mi momento. Espiro. Los gemelos se contraen al impactar contra el suelo. Cada paso me acerca un poco más a mi destino.
No contaba con llegar este año. Desde el principio, todo se había puesto en contra. Los niños, la mudanza, el maldito covid… Para terminar de complicarlo, me tocaba trabajar el 26. Por suerte, un compañero había cambiado su turno a última hora y allí estaba, un año más, en mi carrera.
Aumento el ritmo. Los gritos de la gente me advierten de que estoy cerca. Adoro esta sensación. Puedo ver la meta. Solo un último sprint… ¡Llegue!
Emocionado, aplaudo al pelotón mientras pasa frente a mis ojos. Justo a tiempo.
Respiro. Otro año igual, vivo a dos calles y casi no llego a la maldita carrera. El año que viene a ver si me animo y participo.

San Silvestre Salmantina quiero salir, quiero correr

Sarai Ruiz Soto

Sangre, 180 pulsaciones, bom,bom,bom. Mi corazón late por las calles, quiere salir, quiere correr.
Sudor, busco su mirada, necesito su presencia. Mi piel suda por Salamanca, quiere salir, quiere correr.
Lágrimas, el frío invierno las hace sucumbir. Quieren salir, quieren correr.
San Silvestre Salmantina, quiero salir, quiero correr.

La corrida

Silvia Carús

Siendo hija de madre viuda encontró un modo de ayudar en casa participando en la carrera de San Silvestre Salmantina.
Corría con determinación sobre el asfalto, acortando la curva total del maratón a cada pasada, inmersa en el clima festivo y contagiante que envolvía la ciudad de Salamanca en aquel último día del año.
Conforme se aproximaba a la línea de llegada, un remolino de emociones que hasta entonces estuvo controlado comenzó a ser liberado.
Lágrimas se mezclaban con el sudor cuando su cintura chocó contra la banda.
Sus pasos fueron disminuyendo de velocidad poco a poco, hasta detenerse completamente para caer de rodillas en el suelo.
Una multitud la rodeo. Numerosas personas se aproximaron, haciéndole preguntas que no consiguió distinguir. En cuanto periodistas y fotógrafos, registraban el momento en que era ovalada por el público.
Objetivo conseguido, ahora podía ver su sueño cumplido de ir a los Juegos Olímpicos.

La promesa

Boris Luis Cabrera Acosta

Cuando sentí que las piernas me flaqueaban invoqué por primera vez al mismísimo San Silvestre Salmantina. Mi cuerpo era una hoguera que se avivaba en cada trote, en medio de esa soledad salvaje que se había desparramado por las calles de esa hermosa ciudad.
Justo cuando uno de esos malditos calambres amenazaba con lanzarme al pavimento y pensaba que los milagros habían volado como palomas asustadas, la vi a ella. Ahí estaba ondeando con orgullo su pañuelo de colores en medio de una multitud que le fue encendiendo poco a poco los sonidos a la tarde, mientras me acercaba, por inercia y por principios, a la ansiada meta.

Más que nunca

Carmen de Silva Martínez

Más que nunca

15 de octubre. Aún no sé nada, ¿será posible?, a ver si no se va a hacer, pero como no se haga me muero. Llevo 650 kilómetros corridos en círculo en la azotea de casa, pero no es lo mismo, ni siquiera parecido. Ahí, en todo lo alto, no siento la alegría ni el rumor del viento, ni esa sensación de aquí somos todos iguales que tanto me gusta. ¡Silvestre!, ven ya por Dios, que este año te necesito más que nunca.

25 de octubre. ¡Sí, sí y sí! Por fin lo han anunciado y sí se hace, menos mal. ¡Qué ganas, Dios mío! El 31 me visto de corto… y a correr.

Corre, Magda, corre.

Claudia Alejandra Morales

Las zapatillas, el dorsal, las ganas. El cabello recogido en una coleta alta, el orgullo intacto, el rimmel. Con una sonrisa que se me sale de la cara, me miro al espejo y me dijo: “Magda por fin hoy correrá su primera San Silvestre”.
Y lo repito tres veces, como para creérmelo.
Aquel niño muerto de vergüenza, muerto de miedo, muerto de muerte absurda por la incomprensión de los demás, hoy siente que por fin, puede ganar.
Corre, Magda, corre. Que estás viva y el mundo es tuyo.

EL ÚLTIMO

JUAN LORENZO COLLADO GOMEZ

Me apuntó a la carrera un amigo y no se me ocurrió preguntarle a qué hora comenzaba, pero sabía que era la última del año y supuse que debía terminar antes de las doce de la noche.
Me preparé para correr la prueba y caminé en dirección a la salida cuando todos se preparaban para dar la bienvenida al año nuevo.
Cuando llegué al Paseo de San Antonio solo estaba ella con un gorrito rojo y una botella de cava esperando a alguien que no había llegado.
No hubo otro avituallamiento salvo ese espumoso, ni un trofeo mejor que su beso al último clasificado.

Cómete el mundo

Cristina Cruz Ortiz

Me tragué las cortinas. Me tragué la lámpara, el frigorífico, la cama. Me tragué los cuadros, los muebles, las plantas. Me tragué la pared. El techo. Me tragué la casa entera. Tragué hasta que no pude tragar más porque nada quedaba ya a mi alrededor. Entonces me levanté y, sin obstáculo a la vista, simplemente comencé a correr.

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27 DE DICIEMBRE DE 2026