V - 2017

Edición - Año

XIII CONCURSO DE MICRORRELATOS "SAN SILVESTRE SALMANTINA"

El jurado del XIII concurso de microrrelatos San Silvestre Salmantina estuvo integrado por:

  • Daniel Escandell Montiel. Profesor de la Facultad de Filología de la Universidad de Salamanca. Presidente del Jurado.
  • Sigifredro Crego Martín, Profesor de Secundaria de Lengua y Literatura.
  • Alberto Marcos Guillén. Responsable de redes sociales institucionales de la Universidad de Salamanca.
  • Sofía Vicente Fiz. Bibliotecaria de la Universidad de Salamanca.
  • Jerónimo Hernández de Castro. Corredor veterano y funcionario de la Universidad de Salamanca, que actuó como secretario.

El jurado reconoció la excelente participación en esta XIII edición, en que no solo se mantiene la tendencia al alza de los relatos presentados cada año, sino que su número se ha incrementado de manera extraordinaria pasando de los 369 relatos de 2024, a los 611 de esta edición.
Otro aspecto significativo fue lo ajustado de las votaciones pues, en los puestos con derecho a premio en metálico, se produjo un triple empate entre los votos obtenidos y el número de jueces que los votaron, que tuvo que resolverse por el voto de calidad del profesor Escandell, presidente del jurado. Una muestra más de la igualdad en los relatos más valorados es el texto que merece la mención especial, que no consiguió entrar en el podio final por un solo voto de diferencia.
Se indican a continuación, los relatos destacados y la relación de otros que también obtuvieron votos del jurado. Su publicación en la revista, como se establece en las bases, queda condicionada al espacio disponible y que en esta edición se realizará exclusivamente en formato digital.

Primer premio

ESTAMPIDA
CARMEN GÓMEZ MIRUMBRALES

Atravesaban la calle en dirección al parque. Habían salido a buscar comida y ya era hora de regresar. Iban en fila, perfectamente organizadas. De pronto, lo percibieron. Primero fue un temblor en la tierra, luego un ruido descomunal. Una muchedumbre se acercaba corriendo a gran velocidad. Las zapatillas golpeaban rítmicamente el suelo. Parecía una estampida humana. Un pisotón así, sería mortal. Aceleraron. La que iba en cabeza esquivó hábilmente la primera zapatilla, pero una gota de sudor se precipitó al asfalto y la dejó empapada. Las demás no corrieron mejor suerte. Había bajas en el pelotón, algunas compañeras yacían aplastadas. Afortunadamente, otras habían sobrevivido y corrían como nunca lo habían hecho para llegar a la meta, su refugio. Mal día para salir a buscar comida fuera de los límites seguros del parque. Pero cómo iban a saber ellas, unas simples hormigas, que precisamente hoy se celebraba la San Silvestre Salmantina.

Segundo premio

Cuenta atrás
María José Viz Blanco

La ambulancia se aproxima. Una zapatilla y un dorsal para la San Silvestre, ensangrentados. A cincuenta metros, el cuerpo inmóvil de Andrés. Piensa en María, su amor, cuando atraviesa corriendo la calle. Mira, como todas las mañanas, la figura de piedra del jardín, por si se ha movido. Baja a desayunar con el chándal puesto. Se da una ducha. Se levanta. Suena el despertador. Recibe un whatssap de María, que rompe con él.

Tercer premio

A contratiempo
Gabriel Pérez Martínez

En cuanto dieron el pistoletazo de salida, la clave de sol despuntó en la segunda línea. El pentagrama se constituyó sobre el asfalto y arrancamos.
Mi esposa Carmen corría a ritmo de semicorchea tras dos pequeñas fusas: nuestros gemelos que construían una escala ascendente de cuatro octavas con siete bemoles. Dos arpegios a su derecha, Mario (su amante) avanzaba en un sí sostenido con tempo Allegro, sonido en el que yo desafinaba desde que sólo escuchaba mi propio diapasón. Mientras intentaba alcanzarlo, me caí en un silencio de duración indefinida y tuve que esperar a que las notas de otros corredores me ayudaran a levantarme. Con sus ligaduras, consiguieron reintroducirme en la partitura de la carrera. Recuperé el compás y aceleré en un do de pecho. Aún podía formar un nuevo acorde con mi familia.

MENCIÓN ESPECIAL DEL JURADO

Palabras que corren
Ander Balzategi Juldain

Escucha su nombre en una sinalefa, “correHector, correector”. Es alguien del público que le anima, le da impulso, una fatigosa energía, y sabe que eso es un oxímoron. Siente Salamanca bajo sus pies, tierra adherente, tierra atrayente, anáfora que repite desde que se produjo aquella elipsis en su vida, de correr hostigado en la arena de su tierra hasta dar aquel salto de gigante, el exilio, la hipérbole que le trajo a esta nueva patria. Sufre una digresión, se ve en su tierra, está corriendo y le persigue la policía, es un poeta, se llama Héctor, y vivirá la paradoja de ser alguien que corre perseguido por sus palabras, a que sean las palabras las que le persigan cuando corre.

Relatos participantes

Sacrificio II

EFREN MATEO SANTOS

Como decirle que no me gusta verle sufrir, que me pongo nerviosa cuando sale a entrenar solo, que correr le lleva muchas horas a la semana que quita de estar con nosotras.
Pero le veo feliz, parece que correr le aporta tranquilidad y con los éxitos se siente orgulloso, por el y por nosotras.
Les seguiremos apoyando y animando los domingos en las carreras y pensando que este deporte crea lazos familiares que intentaremos mantener por muchos años.

Sacrificio II

EFREN MATEO SANTOS

Como decirle que no me gusta verle sufrir, que me pongo nerviosa cuando sale a entrenar solo, que correr le lleva muchas horas a la semana que quita de estar con nosotras.
Pero le veo feliz, parece que correr le aporta tranquilidad y con los éxitos se siente orgulloso, por el y por nosotras.
Les seguiremos apoyando y animando los domingos en las carreras y pensando que este deporte crea lazos familiares que intentaremos mantener por muchos años.

Sal y gloria

En la modalidad anfibia de la San Silvestre Salmantina, si el principio de Arquímedes se neutraliza con el lastre reglamentario y las botellas de aire comprimido, créanme, mil quinientos metros pueden hacerse eternos. La única ventaja de la desaparición de los polos, que el nivel del mar nos haya alcanzado, es que ahora los buzos somos los únicos en participar. Y este año, por fin, estoy rozando la victoria con las yemas de los dedos. Camino a grandes zancadas en segunda posición, persigo la silueta que me precede por lo que un día fue la plaza de San Antonio y encaro la recta a meta mientras hago oídos sordos a los cantos de sirena. Estoy ya en la reserva, en breve tendré que empezar a esprintar a pulmón. Y lo haré, igual que él, con la motivación espumada, como si alguien en la superficie nos estuviese jaleando.

Sal y gloria

Asier Susaeta Diez de Baldeón

En la modalidad anfibia de la San Silvestre Salmantina, si el principio de Arquímedes se neutraliza con el lastre reglamentario y las botellas de aire comprimido, créanme, mil quinientos metros pueden hacerse eternos. La única ventaja de la desaparición de los polos, que el nivel del mar nos haya alcanzado, es que ahora los buzos somos los únicos en participar. Y este año, por fin, estoy rozando la victoria con las yemas de los dedos. Camino a grandes zancadas en segunda posición, persigo la silueta que me precede por lo que un día fue la plaza de San Antonio y encaro la recta a meta mientras hago oídos sordos a los cantos de sirena. Estoy ya en la reserva, en breve tendré que empezar a esprintar a pulmón. Y lo haré, igual que él, con la motivación espumada, como si alguien en la superficie nos estuviese jaleando.

La rana de Salamanca

Fernando Claudín

Correr. Correr. Correr. La vida es movimiento. Andar es el movimiento natural. Correr implica esfuerzo. Constancia. Capacidad de sufrimiento. Por eso corro. Y por ventura soy corredor. Lo llevo en la sangre, en los genes.
Amo salamanca. Estudié en salamanca. Vivo Salamanca. Por eso corro en la San Silvestre Salmantina.
He llegado a la meta. El corazón me retumba en el pecho. Tengo el cuerpo cubierto de sudor.
Ha vuelto a ocurrir, un año más. Ahora soy la misteriosa rana de la portada plateresca de la universidad. Con su pértiga esotérica salto por encima de la inane realidad.
He cumplido. Soy feliz.
Hasta el año que viene.

Fin

POR EL FUTURO

PIEDAD RODRIGUEZ BUENO

Ordenador encendido, el reloj marca las 00:01 ¡se abren las inscripciones! minutos después soy parte de esa enorme marea que cubrirá las calles de colores, alegría, esfuerzo, ilusión, sueños y metas por cumplir. Se va acercando la fecha cuando… un pequeño cambio se da en mí, el médico aconseja no correr. Con nostalgia pero a la vez con ilusión por el futuro, decido seguir los consejos y participar desde la barrera. Meses después llega el momento, una noche larga, llena de dolores y extrañas sensaciones y por fin con el amanecer viene a mis brazos aquel motivo por el que decidí guardar mi dorsal y animar a los demás. Es cuestión de unos meses para volver a coger el ordenador y esperar con ilusión que el reloj marque las 00:01. Se abren inscripciones y una corredora más, la más joven de la San Silvestre2015 ya forma parte de este mundo

Nunca dejes de correr

M.Carme Marí Vila

A veces la meta se ve tan lejos… Las dificultades, gigantes, lo oscurecen todo. Estoy ofuscado entre la gente, son muchos los que van avanzando a su ritmo. Y yo ni siquiera puedo controlar el latir de mi corazón. Laura me ha dicho que era un lastre, que continuaba sin mí. No me veo capacitado para seguir. La idea de abandonar va tomando forma. Si alguien a mi lado me susurrara palabras de aliento… Pienso en mi abuelo Eduardo, ensalzando las virtudes de la San Silvestre, ese coraje que sacaba cuando flaqueaban las fuerzas, la recompensa de la llegada a pesar del cansancio. Su recuerdo me abraza, me llena de energía, me devuelve el valor huido. Aún temblando, bajo del alféizar de la ventana. Distingo a lo lejos la serpentina multicolor de los corredores. ¡Claro, es hoy! Y me uno a ellos para respirar esas ganas de vivir recién recuperadas.

«LAS ALBARCAS»

JUAN JOSÉ SÁNCHEZ BENITO

«LAS ALBARCAS»
Juanito no tenía calzado adecuado para correr la San Silvestre y para no sufrir se iba a La Glorieta a jugar a los toros. De «maletilla» toreaba a la luz de la luna. Corría mucho y deseaba ganar la prueba para comprarse un capote de Julio Robles, su ídolo.
Un año se arriesgó y con aquel ansia iba a correr con sus albarcas. Un joven pensó que se iba a destrozar los pies y le dejó sus deportivas. Juan ganó y con el jaleo no vio al joven para devolverse el calzado. Compró el capote y se hizo torero.
Todos los años corría la San Silvestre y un año un jovenzuelo tenía zapatillas de esparto. Juan le dejó su calzado y el muchacho también ganó. Era hijo de quien años atrás le dejó sus deportivas. Las albarcas cuelgan debajo de la cabeza del toro de la alternativa.

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27 DE DICIEMBRE DE 2026