VI - 2018

Edición - Año

XIII CONCURSO DE MICRORRELATOS "SAN SILVESTRE SALMANTINA"

El jurado del XIII concurso de microrrelatos San Silvestre Salmantina estuvo integrado por:

  • Daniel Escandell Montiel. Profesor de la Facultad de Filología de la Universidad de Salamanca. Presidente del Jurado.
  • Sigifredro Crego Martín, Profesor de Secundaria de Lengua y Literatura.
  • Alberto Marcos Guillén. Responsable de redes sociales institucionales de la Universidad de Salamanca.
  • Sofía Vicente Fiz. Bibliotecaria de la Universidad de Salamanca.
  • Jerónimo Hernández de Castro. Corredor veterano y funcionario de la Universidad de Salamanca, que actuó como secretario.

El jurado reconoció la excelente participación en esta XIII edición, en que no solo se mantiene la tendencia al alza de los relatos presentados cada año, sino que su número se ha incrementado de manera extraordinaria pasando de los 369 relatos de 2024, a los 611 de esta edición.
Otro aspecto significativo fue lo ajustado de las votaciones pues, en los puestos con derecho a premio en metálico, se produjo un triple empate entre los votos obtenidos y el número de jueces que los votaron, que tuvo que resolverse por el voto de calidad del profesor Escandell, presidente del jurado. Una muestra más de la igualdad en los relatos más valorados es el texto que merece la mención especial, que no consiguió entrar en el podio final por un solo voto de diferencia.
Se indican a continuación, los relatos destacados y la relación de otros que también obtuvieron votos del jurado. Su publicación en la revista, como se establece en las bases, queda condicionada al espacio disponible y que en esta edición se realizará exclusivamente en formato digital.

Primer premio

Neguentropía
Ander Balzategi Juldain

Aplicó todos sus conocimientos científicos. Minimizó a lo imprescindible la ingesta calórica, estudió el gradiente térmico en función del recorrido y de la previsión meteorológica, monitorizó el ritmo cardiaco, el nivel de ácido láctico en el músculo y del calcio en la sangre, y redujo el rozamiento de sus mallas y zapatillas a valores inapreciables. Se había propuesto un objetivo, reducir al mínimo el aumento de la entropía, la pérdida inútil de energía.
Todo iba perfecto hasta que llegó a la Glorieta de los Milagros, allí se le cruzó una variable inesperada, tropezó con él, desestabilizó su ritmo, y para más inri, se puso a darle conversación. Por no ser descortés con la variable permitió que la entropía aumentase exponencialmente. Más tarde vendría lo de despejar la variable y casarse con ella, pero ésa es otra historia.

Segundo premio

¿Está usted seguro de que desea eliminar la Carpeta “Fotos San Silvestres” de forma permanente?
Patricia Collazo González

No sabe qué tecla apretó por error, pero la ventana ha preguntado, se ha contestado y ha desaparecido, sin darle tiempo a escoger respuesta.
Con el corazón en un puño, abre el explorador. La carpeta no está.
No lo puede creer. En esa carpeta guardaban las fotos de las últimas cinco San Silvestres. Desde aquella en que se conocieron, hasta la última en la que corrieron empujando el cochecito de Alba.
Se pone en pie con dificultad, como si el cuerpo le pesara más y recorre el pasillo con las piernas agarrotadas.
- Cariño… ¡no sabes lo que ha pasado!
Pero al llegar al cuarto, la cuna de la niña ha desaparecido, la cama está vacía, y tiene solo una plaza. Los retratos se han esfumado. Y el anillo que hasta hace un momento adornaba su mano izquierda, descansa junto a otro, desconocido, sobre la mesilla de luz.

Tercer premio

MELODÍA DE LIBERTAD
Modes Lobato Marcos

Quería morir. Ella sólo quería morir.
Estaba harta de espacios cerrados, olor a rancio y días sin sol.
Estaba agotada de moverse y girar, volver a moverse y volver a girar en un bucle infinito, y hasta la última molécula de su ser suplicaba poner fin a semejante tortura.
Y sabía que de nada sirve lamerse las heridas cuando el dolor dibuja interrogantes en el alma.
Por eso esta mañana, haciendo un esfuerzo sobrehumano, logró por fin romper el mecanismo que la condenaba a una vida miserable.
Después empezó a correr por las calles de la milenaria ciudad, y así, con los pies ensangrentados y una sonrisa en su boca, la bailarina se alejó para siempre de aquella maldita caja de música.

MENCIÓN ESPECIAL DEL JURADO

Límites
Raúl Clavero Blázquez

En cuanto el juez agita su banderín, los demás participantes salen disparados a toda velocidad. Yo, sin embargo, soy el autor del microrrelato y sé que esta es una San Silvestre anormalmente corta, de apenas ciento cincuenta palabras, de modo que me quedo quieto y espero hasta escuchar los primeros gritos de corredores que, uno a uno e incapaces de frenar a tiempo, se precipitan en el vacío inexplorado que acecha más allá del punto final. El silencio regresa en pocos minutos, y sólo entonces comienzo a caminar, muy despacio, recorriendo con cuidado cada renglón. Esquivo este paréntesis ( ) que podría hacerme caer en el olvido, salto unas cuantas comas innecesarias,,,, y ya estoy a punto de levantar los brazos para celebrar mi victoria cuando lo veo de nuevo allí, al fondo, atravesando en cabeza, como siempre, la línea de meta: el arrogante, inevitable e imbatible dinosaurio de Monterroso.

Relatos participantes

Cuenta atrás

David Martínez Ros

10 días tras saltar los obstáculos entre tus sábanas con el dorsal de salida.
9 noches de marcha con el pelotón, pero entrenando solo.
8 cicatrices de calentamiento entre tu cuerpo y mi alma.
7 amargos ayunos integrales de insomnio al límite.
6 cómplices lágrimas inscritas campo a través.
5 arritmias aplaudidas con tu indiferencia.
4 pruebas de récord en meta.
3 delirios lanzados al techo.
2 besos de consolación.
1 segundo en colarme.
0 mensajes tuyos.
Bloqueado.

Tradición familiar.

Lucas Pastrana Crespillo

En el fondo del armario, está el mismo viejo chándal desgastado que ha usado todos estos años para la San Silvestre Salmantina. Es un poco grande, pero no lo suficiente para resbalarse por tu menudo cuerpo; así que te lo pones y te diriges al lugar de salida.

Nunca has comprendido muy bien qué le veía tu padre a ese deporte que consiste en correr y nada más; sin embargo, has decidido hacer la carrera por él, para sentirlo más cerca ahora que ya no está.

Cuando comienza, lo das todo de ti; corres como si te fuese la vida en ello. No ganas, pero sientes la satisfacción al terminar. El año siguiente volverás a intentarlo.

AGENDA SATURADA

Miguel Sànchez Martínez

Víctor siempre tuvo su agenda saturada. Al salir del trabajo debía ir al gimnasio, a clases de inglés, al club de cine y a otros lugares que lo mantenían ocupado de lunes a domingo. El dinero nunca fue problema, pero hubiera sido feliz si el día tuviera más de veinticuatro horas para llevar una vida más tranquila.
Se inscribió en la San Silvestre Salmantina con pocas posibilidades de tener una participación destacada, pero en cuanto la carrera comenzó, tomó la punta. Corría con una velocidad que ni él sabía que poseía; corría como alma que lleva el diablo. Dirían en mi pueblo: corría como si fuera a recibir herencia. El triunfo fue para él.
Al cruzar la meta no se detuvo, siguió corriendo porque tenía cosas por hacer, no pudo quedarse a la ceremonia de premiación. Es una lástima que el día sólo tenga veinticuatro horas.

Emoción

Soledad Lorena Santana

El sol comienza a ganar en altura a los edificios. La media mañana nos baña a todos con su perezoso calor invernal. A cincuenta metros la salida, alistado en el pelotón de los noveles, cargado con los miedos de la primera vez: pisar a otro, caerme, un tirón traicionero que no permita llegar a la meta.
Dan la largada. Comienzo con un trote suave. Paso la aturullante línea de partida, con su música y animadores por altavoz. Por eso no estoy listo para lo que ocurre cuando dejo atrás el escenario.
Silencio. Un silencio que hace eco en los callejones. La reverberación imperceptible y acompasada de los pasos de miles de personas que van conmigo. La respiración regular. Las palabras mudas. Los pensamientos suaves y desafiantes de un domingo donde lo doy todo por superarme. Las lágrimas de sobrecogimiento.
La carrera contra uno mismo. Con uno mismo. Con los demás.

VENCER

LAURA NIETO FRANCO

Pensaba que no, que no iba a ser posible, pero estaba en la línea de salida. Acostumbrada a ganar, su único reto era terminar la carrera. Pronto se vio descolgada del inmenso pelotón multicolor. Respiraba con dificultad, el corazón le latía con necesidad urgente, las piernas se le agarrotaban sobre el asfalto, pero no podía abandonar. Por ella misma, por cuanto había sufrido. No rendirse tampoco en esta prueba. En cada paso, dejaba atrás un vómito, un dolor, un proceso febril. Miraba casi sin ver, pero seguía, seguía. Alcanzó la meta en un agónico, último esfuerzo y se dejó caer de espaldas, mirando a un cielo azul y sonriente. Se quitó la gorrita: el sudor de su cabeza calva por la quimioterapia era un baño de luz y de esperanza: su más hermosa victoria.

Las Protagonistas

Álvaro Fernández Cremades

Lo notamos, y no tenemos vida. Lo sentimos y ni siquiera respiramos. Y es que solo en momentos muy especiales somos capaces de apreciar el cariño, ciertos días donde los sentidos se engrandecen y podemos percibir la energía de alrededor.
Mi gemela y yo estamos preparadas desde la noche anterior, bien colocadas y en perfecto estado. Vamos notando la presión y el nerviosismo. Se acerca la fiesta, la diversión y el espectáculo. El deseo es progresivo, la ilusión es notable, y la ambición sobresaliente. A veces somos rápidas, otras más lentas, podemos caminar o incluso saltar, pero nuestro rumbo siempre es idéntico. Si eres capaz de permanecer en silencio unos segundos, nos escucharás, somos nosotras chocando contra el asfalto; tranquilos, no sufrimos dolor, es uno de nuestros días más felices.
Abróchanos fuerte, vamos a disfrutar. Hoy es la San Silvestre Salmantina. Hoy nos sentimos las protagonistas.

¡CORRE, CORRE!… ¡QUE LAS TRIPAS TE GANAN!

JOSÉ ALFREDO BOJACÁ ZAMBRANO

La idea era prepararnos para correr en la San Silvestre Salmantina, así que motivé a los amigos para correr diez vueltas a las cinco manzanas del barrio y alistar nuestros músculos.
Con quince años nos creíamos invencibles y empezamos el entrenamiento.
La sorpresa fue cuando las adolescentes se asomaron a las ventanas a mirar a estos imberbes dando vueltas por las infinitas cuadras. Las más animadoras eran mis vecinas del edificio del frente de mi casa.
Estábamos supremamente emocionados.
Apenas llevábamos dos vueltas cuando me dio tremendo malestar estomacal que me obligó meterme directamente al baño.
Cuando salí de nuevo, ya había terminado la prueba. Cada cual disfrutaba la charla con los vecinos. Me miraban con sorna y quedé como el hazmerreír del barrio por mucho tiempo porque yo fui el de la iniciativa pero… ¡no aguanté!
¡Ese mismo día terminó mi sueño de ser atleta!

Un nombre

Ana Pérez Galván

Al fin ha llegado el gran día. Meses de entrenamiento y sacrificio, concentrados en una carrera, en un único esfuerzo final. Desde que dejo atrás la salida en el Paseo de San Antonio siento cómo el corazón bombea la sangre por todo mi cuerpo, de forma rítmica, acompasado con mi marcha y mi pensamiento, concentrado en un solo objetivo: darlo todo, mejorar mi tiempo, superarme a mí mismo. Con esa esperanza le voy ganando terreno al dolor, a ese vacío que amenaza con apoderarse de mí y, como un agujero negro, engullirlo todo. Y cuando creo que voy a desfallecer, me llegan los vítores de la afición, una última inyección de energía que me impulsa hacia la meta, hacia ese destino donde los sueños dejan de serlo para convertirse en una realidad, en una marca que le pone nombre a todo un año de ilusión: ¡lo he conseguido!

DORSAL

Miguel Paz Cabanas

Para mis hermanas todo eran objeciones: el esfuerzo, la multitud, el riesgo de una caída. Les parecía un despropósito, una locura. Mi madre, sin embargo, lo celebró como una proeza y, al ver lo que traía en la mano, se le iluminó el rostro.
Era difícil imaginar a mi padre, en el otoño de su vida, tomando esa decisión. El esposo anodino y servicial, el coleccionista de tacitas de porcelana, el hombre sin grandes afanes. El mismo a quien solo un mes antes le habían diagnosticado de alzhéimer.
Allí estaba, con una sonrisa de lado a lado, con su chip y su dorsal de la San Silvestre salmantina.

A pocos metros….

Willian Jesus Padron Hernandez

A pocos metros de la partida el tiempo se detuvo a través de cientos de almas, incansables cuerpos ante los embates de la vejez, juventud en relevo ansioso, la multitud multicolor se reúnen, otro año que empieza ¡San Silvestre comienza!, no hay distancia inalcanzable, resistencia que reluce en los músculos de los competidores, Marta me dijo te llevo en el corazón así no pueda correr, estaré en la línea de partida, saludaré y abrazaré a desconocidos, cuando suene el pistoletazo levantaré mi oración ¡Feliz carrera! Y te esperaré en la meta, y secando tu frente cansada diremos que lo logramos, ¡Salmantina se va! Hasta luego querido amigo no olvides este lugar, nunca he ido a ese lugar, me lo contó Marta antes de irse de mi cuando nos contábamos historias felices a pocos metros…..

La chica que sigue el ritmo de Cacho

Juan Antonio Arias Toribio

Paula corre vestida de presidiaria. Celebra su despedida de soltera en la ‘San Silvestre Salmantina’. Las amigas saben que adora el atletismo, aguardaron durante horas la salida. Trotan con una bola negra atada al tobillo. Tararean con sorna la melodía de ‘Carros de fuego’. «Sin el aguafiestas de tu novio, hubieras sido una gran atleta», bromean. Piropean a los jóvenes fibrosos que las pasan como aviones. Pero a Julia le pica el gusanillo. Fracasa cuando pide a sus compinches que aviven el ritmo. Le frustra que la adelanten. Reconoce una cara: «¡Fermín Cacho!, ídolo de mi infancia». Paula se arranca la bola de corcho. Y corre tras Cacho, transformado en liebre furtiva. «Buen ritmo, Fermín, continúas joven». Kilométrico marcaje. Ella disfruta, está en forma. Paseo de San Antonio. Paula esprinta. Mira hacia atrás al rebasar a Cacho… Las luces navideñas de Salamanca centellean como la llama de Barcelona 92.

La chica que sigue el ritmo de Cacho

Juan Antonio Arias Toribio

Paula corre vestida de presidiaria. Celebra su despedida de soltera en la ‘San Silvestre Salmantina’. Las amigas saben que adora el atletismo, aguardaron durante horas la salida. Trotan con una bola negra atada al tobillo. Tararean con sorna la melodía de ‘Carros de fuego’. «Sin el aguafiestas de tu novio, hubieras sido una gran atleta», bromean. Piropean a los jóvenes fibrosos que las pasan como aviones. Pero a Paula le pica el gusanillo. Fracasa cuando pide a sus compinches que aviven el ritmo. Le frustra que la adelanten. Reconoce una cara: «¡Fermín Cacho!, ídolo de mi infancia». Paula se arranca la bola de corcho. Y corre tras Cacho, convertido en liebre furtiva. «Buen ritmo, Fermín, continúas joven». Kilométrico marcaje. Ella disfruta, está en forma. Paseo de San Antonio. Paula esprinta. Mira hacia atrás al rebasar a Cacho… Las luces navideñas de Salamanca centellean como la llama de Barcelona 92.

CARRERA CONTRA LA PROPIA SOMBRA

Rafael Casas Barrero

−… por tribuna: Varela!!!
Exultantes, los altavoces presagiaban que el atleta gallego llevaba camino de ser profeta en su tierra. Por las calles de A Coruña lucía su fama en maratones.
Volvamos a la competición, Varela sudaba la camiseta en épica mezcla de sangre, sudor y lágrimas. Acariciaba una histórica victoria.
− Estoy… cansado, piernas… no responden. Uf, la “pájara”.
−…Torre de Hércules. Brisa… ayúdame.
Un patrocinador avanzó.
− Ahora verá, lo pasaré.
Dicho y hecho, lo rebasó, para sorpresa general.
Se veía triunfador. Mientras, la mente lo llevaba al pazo donde recibiría el mejor premio, la aromática familiar empanada de carne.
Varela corría, la silueta se desvanecía. Pese al Sol, la sombra no regresó.
Luces azules coronaban la meta. Varela levitaba triunfador.
Alguien gritó:
− Oxigeno.
El altavoz anunciaba:
−El dorsal 13, cayó en el kilómetro 33.
Acto seguido, en volandas olvidó qué había sido de su sombra.

Primera vez

JOSÉ LUIS BARROS JUSTO

Un ligero temblor delataba su nerviosismo. Era su primera vez, y no estaba seguro de si sabría hacerlo.
Se tumbó. Trató de relajar los músculos. Giró el cuello y estiró brazos y piernas.
Abrió los ojos y se vio rodeado de gente, riendo, jaleándolo. Aquello era nuevo para él. En su interior comenzó a crecer un sentimiento de fraternidad. Aún no sabía qué hacer, pero las señas eran claras: ¡Corre! ¡Corre!
Y corrió. Corrió como nunca, sin miedo, sin mirar atrás a cada instante. Sonreía, y al acelerar sentía crecer su ilusión, su confianza, sus ganas de vivir.
Por fin se sentía parte de un grupo, apreciado y respetado. Disfrutó el momento.
Finalmente, se quitó las gafas de realidad virtual. Estaba decidido: lo primero que haría al salir de la cárcel sería inscribirse en aquella carrera popular.

En la línea de partida

Julio Awad Yépez

Calentó los músculos copiando los movimientos de otros participantes. No tenía experiencia en eso de las carreras; incluso apenas se creía capaz de mover las piernas con fuerza suficiente para trasladar, del punto A al punto B, los sesenta kilos de feminidad y las mil toneladas que cargaba sobre sus hombros.
Partió con el resto del grupo a recorrer los diez mil metros de la carrera. Se dio cuenta de que sí podía correr y, además, de que ocurría algo maravilloso: atrás iban quedando las desilusiones, las tristezas, la rabia… ahora corría y dejaba a los problemas absortos y perdidos a sus espaldas.
Con cada paso se alejaba más de la línea de partida donde se quedó la vida que le negaba la felicidad. Lo olvidó todo, dejó todo atrás, en la línea de partida… ahora corría y sonreía… y decidía no detenerse nunca más.

Patrocinadores

Colaboradores destacados

Colaboradores

27 DE DICIEMBRE DE 2026