VI - 2018
1. RETOMANDO LA CARRERA
PURIFICACIÓN RUIZ GÓMEZ
Hoy vuelve a correr la San Silvestre Salmantina después de dos años de parón forzado.
Hasta el último momento no ha querido probarse el top. Evitando constatar el vacío que había dejado la ausencia de su seno derecho.
Y es que el cáncer vino a visitarla tiempo atrás. Sin ser invitado. Contra todo pronóstico. Ella, siguiendo siempre una dieta sana. Haciendo deporte. Pero la salud es caprichosa y te busca la cosquillas para tantearte. Así que tuvo que ponerse un amargo dorsal y correr por su vida. Sentir los pinchazos de la quimioterapia quemándole las entrañas. Y continuar la carrera, vomitando lágrimas. Retorciéndose de dolor. No había más remedio: tenía que alcanzar la meta.
Hoy, después de este duro entrenamiento lo tiene más fácil. Además, irá más ligera, piensa con ironía, sin ese pecho arrancado a su historia.
¡A por su segunda victoria!
2. EL SECRETO
GONZALO PRIETO BARRERA
Procurando el niño llegar hasta su cama, finalmente la alcanzó y en voz baja le preguntó. - Abuelo, me podrías dar la fórmula para vivir tus años...?
El incorporándose lo besó y arrimando las pecosas manos sobre sus hombritos, recorrió mentalmente la vida desde su nacimientos hasta su ancianidad y antes que sus lágrimas lo perturbaran tartamudeó. - Hijo, corras, corras, corras... siempre corras.. corras lo que más puedas sin dejarte alcanzar del rencor. Mira que los cementerios, están llenos de valientes...-Le contestó su bisabuelo y murió.
3. EL SECRETO
GONZALO PRIETO BARRERA
Procurando el niño llegar hasta su cama, finalmente la alcanzó y en voz baja le preguntó. - Abuelo, me podrías dar la fórmula para vivir tus años...?
El incorporándose lo besó y arrimando las pecosas manos sobre sus hombritos, recorrió mentalmente la vida desde su nacimientos hasta su ancianidad y antes que sus lágrimas lo perturbaran tartamudeó. - Hijo, corras, corras, corras... siempre corras.. corras lo que más puedas sin dejarte alcanzar del rencor. Mira que los cementerios, están llenos de valientes...-Le contestó su bisabuelo y murió.
4. Corremos por Diversión
Adrián Urze Lozano
Corremos por Diversión
Los jóvenes corredores se prepararon para la salida. La San Silvestre Salmantina este año contaba con más participantes que nunca desde que fue creada. Dieron la señal de inicio y todos comenzaron a correr.
Muchos llevaban meses preparándose para ese día, otros solo unas semanas, pero todos estaban animados. Los participantes, ávidos de deporte, no se detenían y no frenaban. Nadie iba a abandonar.
Todos eran conscientes de que detenerse era sinónimo de abandonar, de rendirse.
Las calles iban cayendo paso a paso. El circuito era velozmente devorado por los jóvenes atletas. El final se acercaba. Cubiertos de olas de sudor atravesaron la línea de meta. Todos juntos lo consiguieron.
La carrera había terminado y perdedores no había ninguno.
5. Filosofía de vida.
Carlos Miguel Herrera Molpeceres
René Descartes y la San Silvestre de Salamanca. "Pienso luego existo". "Corro luego existo también".
6. DORSAL 1002
Juan Manuel Sainz Peña
DORSAL 1002
El dorsal 1002 aguarda, agazapado, entre la multitud. Se da la salida.
Corre. Va descalzo. El suelo arde. A veces le mortifica, le hiere, pero recuerda lo que su padre le dijo: “Alcanza tu meta. Por tus hijos. Por ti.
Los otros corredores van quedando atrás. Las calles son suyas, de sus piernas y de su corazón.
Su ropa huele a miedo. A sudor antiguo. Sus perseguidores perseveran, pero pronto solo serán una sombra. La meta está cerca.
Ruge el público que se agolpa en la línea de meta. Ve la cinta. Va solo.
Vom Kassa besa la barca que le llevará a tierra española tras una larga travesía por el desierto.
El público aplaude. El dorsal 1002, nigeriano, de 27 años, recuerda subido a lo más alto del podio, lo mismo que durante la carrera, su llegada a España en patera, cuatro años atrás.
7. Portos
Juan José Pérez Pérez
Le dijeron que estaba loco. Que no podría participar en la San Silvestre y mucho menos acabarla. Le preguntaron si había corrido alguna vez en su vida y no lo tomaron en serio.
Sólo su mejor amigo confiaba en él. Salieron juntos a correr todos los sábados por la mañana desde que pagaron sus dorsales. Cinco minutos más cada día por la ribera del Tormes. Escuchando sus jadeos, sintiendo sus pisadas y su aliento próximo hasta el día de la carrera.
La multitud que tomó la salida fue haciéndose cada vez menos numerosa y se fueron quedando cada vez más rezagados. Sin embargo, cuanto peor iban más los animaba la gente. No podían rendirse.
La meta se acercaba a cada zancada y el objetivo estaba próximo. Fermín entró el penúltimo casi fuera de control. Portos, su fiel perro guía, frenó su carrera para dejarle pasar primero.
8. Cambio de plan
Miguel Ängel Portela Pinar
-Minerva: ¿Vas a correr este año la San Silvestre?
-Este año me va a resultar muy difícil, pues tengo una lesión en el talón bastante seria. Pero voy a participar en el concurso de microrrelatos.
-No te lo aconsejo porque me han dicho que el jurado no es muy ducho en la materia. las personas que lo componen, todavía no se han enterado de que un relato es, como decía Hemingway, similar a un iceberg...
-Sí, eso se rumorea; pero a mi me gusta mucho escribir y me doy por satisfecha conque alguien lea mi relato.
9. 3 EUROS
Claudia Alejandra Morales
Sólo necesitaba 3 euros. 3 euros y la fuerza para inscribirse. 3 euros y un trébol de la buena suerte colgado en las pestañas.
Consiguió el dinero y se apuntó en la San Silvestre Salmantina. Justo ella que se había pasado 16 años quieta. Quieta ante los gritos, la violencia, los golpes.
El día de la carrera corrió tan fuerte que llegó primera a la línea. Pero no se detuvo. Siguió y siguió corriendo, alejándose cada vez más de su vida, de su dolor y de su padre, mientras su madre muerta de miedo, de angustia y de quietud, le gritaba: “¡Corre, hija! ¡Corre!”
10. Un corredor que asusta
Ernesto Tubía Landeras
Se acercó el hidalgo hasta Rocinante, tras haber atravesado la meta. Allí le aguardaba Sancho, que le ayudó a montar . Reemprendieron el camino de regreso a La Mancha, no sin antes mirar hacia atrás, mientras se producía la entrega de galardones. En los ojos tistes de Alonso Quijano, se vislumbraba la pena y esa melancolía, de quien añora una tierra que aún no ha abandonado.
―Último, Sancho, he llegado el último.
―Ya sabe lo que se dice mi señor, lo importante es participar ―le alentó el orondo escudero.
―Además, huían de mí ―continuó lamentándose Don Quijote.
Sancho miró a su señor con la mirada templada por la determinación.
―¿Quiere usted que no le rehúyan y quedar en mejor posición en la San Silvestre?
―Más que nada en la vida.
―Pues el año que viene me entrena, corre sin la armadura y, sobre todo, deje la lanza sobre el rocín.
11. Identidad
Kepa Arrieta Visa
Con la alegría de mi carrera, no me di cuenta de la perdida de mi dorsal y con ella mi identidad. No obstante acabé la carrera. Soluccioné el problema de las listas, para mi curriculum, ya que casualmente me llamo Silvestre el de todos los años.
12. NI EVASIÓN, NI VICTORIA
ESTEBAN TORRES SAGRA
Si hubiera nacido en Jamaica y apellidado Bolt, la fuerza de mis muslos batiría el record de la San Silvestre sin apenas fatigarme y sería la envidia de los compañeros del club…
Si hubiese sido etíope y mi nombre Abebe, corredor de sabanas y estepas, marcharía sobre las calles salmantinas como por el salón de mi casa y mis extremidades serían una prolongación de la tierra con alma de antílope…
Si fuese keniata y mi apellido Rudisha, el Gran Valle del Rift daría alas a mis pies lampiños y las piedras se ofrecerían para auparme y ganar tiempo en las zancadas, leonina mi voluntad, mi corazón efervescente y mi bandera el viento…
En esto empleaba mis elucubraciones cuando corría a la cola de un grupo de atletas africanos a la altura de la calle Paraguay y oí a mi mujer gritarme:
¡Vamos,! ¡Saca el bol, bebe y protégete la rodilla!
13. ¡Nos vemos en la San Silvestre!
Laura Baleztena Pérez
Al jubilarse, mi padre se enganchó a internet como un auténtico yonki. La única manera que mi madre tenía de sacarlo de Facebook era encajándole las zapatillas de atletismo. Ahí se iban los dos, una vez más, a entrenar para la San Silvestre. Y qué contentos volvían, las manos sudadas de mi padre buscando las caderas de mi madre, que se revolvía, riendo, fingiendo querer escapar de él. Ella hizo una incursión en las redes hace años, solo para entender qué era lo que absorbía a su marido; pero enseguida volvió a la lectura. Por eso hoy me he quedado helado. Papá me dio su contraseña cuando enfermó para que pudiera despedirme de todos sus contactos. Mi madre le ha enviado un mensaje como si estuviera escribiendo a alguien vivo. Le decía que se había comprado zapatillas para la carrera de este año. No he podido evitar contestarle: “Allí estaré”.
14. Con una sonrisa
Rebeca Garcia Rico
Estaba nerviosa. Era la primera vez que iba a correr una distancia de 10km y además en su querida Salamanca.
Esa noche durmió regular y se levantó con esos nervios característicos que acompañan a cualquier carrera.
Cogieron el coche temprano y llegaron a la ciudad con tiempo para tomarse un café y disfrutar del ambiente que hay en la San silvestre salmantina.
Ya llegaba la hora y había que irse colocando en la calle que te tocaba, ibas conociendo gente mientras esperabas y de repente dieron la salida. Uauuu qué subidón, el corazón empieza a palpitar más deprisa y las piernas ya quieren arrancar.
10 km de risas, de compañerismo, de esas calles llenas de gente, de amigos, de disfraces, de sufrimiento.
Y al fin cruzas esa meta y qué bonito cuándo una sonrisa dice más que un millón de palabras.
15. La reanimación del bronce
Ismael López Martín
—Lázaro, Lázaro ¿dónde estás? Apresúrate que ya se les oye ¡Acércame al verraco, pillastre!
—Ehh… entenderá mi amo que no tengo especial querencia por llegarme al susodicho.
—No seas rencoroso, que esa agua ya no mueve molino. San Silvestre nos ha convertido en estatuas vivientes el día de su carrera y por fin, después de tantos años, podemos animar a nuestros esforzados paisanos a pie de puente.
—Déjeme decirle a vuestra merced que no alcanzo a entender a estas gentes que corren por afición, sin huir de algún peligro.
—Has de saber buen Lázaro que el peligro es quedarse quieto, que la diversión es su motor y el afán de superación su guía, algo de lo que todos deberíamos empaparnos como si el Tormes anegara de buenos propósitos nuestro ánimo.
—¡Sea pues, mi amo! ¡Me ha abierto los ojos, acudamos presto a honrar a estos titanes!
16. COARTADA
CARMEN RUIZ RUIZ
Coincidimos en la retirada de dorsales. Le propuse acudir juntos a la carrera. Antes, me pasaría por su casa y le llevaría las fotos que mi mujer guardaba de años anteriores. "Ya sabes; es una fanática de la fotografía", comenté. No quería levantar sospechas. Accedió sin reparos, mientras guardaba el número en una pulcra carpeta.
Siempre corría con el mismo; era supersticioso. Decía que le traía suerte, y así era, siempre entraba en cabeza. Curiosamente, las mejores fotos de mi esposa eran de aquel arrogante y atlético vecino que levantaba los brazos y miraba siempre a cámara con su archiconocido número capicúa.
Llegada la hora, el puñal entró certero en el corazón, pero aún así forcejeó conmigo. Recompuse mi atuendo y recoloqué el adhesivo; la carrera comenzaría en unos minutos.
Llegué eufórico a la meta, hasta que, por megafonía, un sorprendido presentador proclamó mi inesperado número de corredor
17. Buscando su nombre
Esperanza Tirado Jiménez
Nadie sabe su nombre y muchos han imaginado su cara entre líneas. Quizá sea la de aquel que se asoma al Puente Romano con ojos brillantes, mirando al Tormes. Ese que espera a los corredores en un lugar privilegiado. Él también quisiera participar, incorporarse a la marea de pasos, luciendo un número a la espalda. En su cara se leen sueños de vida y de libertad. Pero la mano firme de su amo y el hormigón bajo sus pies le detienen.
¿Qué mayor libertad que la de marchar por la ciudad junto a tus vecinos? Celebrando que un año más pueden seguir pisando sobre estas piedras que les acogen.
Pero Él, el Lazarillo, el pícaro, el muchacho sin nombre, nunca podrá despegar sus pies del cemento. Aquellos que cruzan el puente competirán por él, y quizás encuentren su nombre en una esas piedras, holladas desde el correr de los tiempos.
18. Sin retrovisores y a lo loco
Héctor Bayón Campos
Cuando uno se va haciendo mayor se va dando cuenta que cada vez mira más al retrovisor, y observa con nostalgia los momentos de la vida que ha dejado atrás. Por eso yo, que soy un “madurito” interesante, llevo varios años participando en la San Silvestre Salmantina porque aunque pueda parecerle obvio se trata de ir corriendo siempre hacia adelante y por un momento, lo que dura la carrera, me olvido por completo de mirar por el retrovisor.
19. Carrera emocional
Ángel Saiz Mora
El frío dominaba la mañana; a mí me hacía temblar, además, una mezcla de esperanza y temor. Apenas pude dormir. La culpa la tuvo un ángel que conocí horas antes. Enseguida congeniamos, aunque mi timidez me impidió pedirle el teléfono. Ella dijo, convencida, que volveríamos a vernos en la San Silvestre salmantina, pero distinguir a alguien entre miles era casi imposible. Mi ánimo estaba más gris tras cada metro recorrido sin localizarla.
Ese día aprendí que algunas personas son fundamentales para que todo funcione. También, que el tiempo corre deprisa.
Hoy, diez años después, tengo un hijo que ha participado por primera vez en su categoría. Yo nunca dejaré de hacerlo, ni mi mujer de repartir generosidad y entusiasmo, desde aquel 31 de diciembre en que, como voluntaria de la organización, me ofreció agua y una enorme sonrisa en la plaza de San Isidro al reencontrarnos.
20. Disfrutar antes que ganar
Miguel Lopez-Hermida Marin
Sobria y apolinea la ciudad de Salamanca despertaba aquel dia, la silueta de la catedral se dibujaba contra el cielo y el rio Tormes se iluminaba otra vez glorioso con la luz del alba. Era un dia frio de invierno y el sol aunque debil, calentaba. En las casas salmantinas, ya iban teniendo lugar los preparativos para aquella noche de fin de año, pero antes, tendria lugar la carrera de San Silvestre, tradicion que todos los años se repetia. Luis, un participante de mediana edad, habia decidido correr ese año, sabia que no tenia posibilidades, ya que se presentaban los mejores corredores del panorama nacional e internacional, pero era la carrera de su ciudad y queria participar y queria formar parte de algo memorable. Bajaba la niebla...
21. AQUILES Y LA TORTUGA: LA REVANCHA
TONI GARZON ABAD
AQUILES Y LA TORTUGA SE CITAN EN LA SAN SILVESTRE SALAMANTINA PARA DISPUTAR UNA NUEVA CARRERA.
22. AQUILES Y LA TORTUGA: LA REVANCHA
TONI GARZÓN ABAD
Aquiles y la Tortuga se dieron la revancha en la San Silvestre salamantina. Hacía 2500 años que no se veían, y había una enorme expectación. Aquiles, arrugado, conservaba aún la misma mirada competitiva. Y la Tortuga, esos ojitos de sabérselas todas. La multitud vociferó y la carrera comenzó. La Tortuga en cabeza. Como siempre. Hasta que de pronto se encontró con aquel hermoso palacio. Jamás en su vida había visto nada igual. Las conchas no estaban en el mar sino adosadas en sus muros, componiendo un increíble mosaico que hizo que el resto de concursantes, con Aquiles líder destacado, le pasara de largo. Después cuando volvió en sí ya no pudo remontar porque la Tortuga es uno de los animales más lentos que existen. Y Aquiles, esta vez, ganó. Aunque, en realidad, fue la Casa de las Conchas quien consiguió derrotar a la Tortuga.
23. El último día de diciembre
Luis José Intaschi
Desde el puente romano el paisaje salmantino arrebata la vista, y allá le crecen las torres de las catedrales señalando el cielo. Con ella, tantas veces soñamos estar aquí, tanto lo deseamos y entrenamos, que como un sueño, sí, como un milagro, el día llegó. ¡Hoy es ese día!. Ahora cruzando este milenario puente, entre miles de entusiastas atletas, a ella no la veo; se ha perdido en la multitud, en el paso estrecho al cruzar el Tormes. Discurrimos como las aguas del río hacia un destino final; las piernas avanzan con su ritmo, con su fuerza, parecen correr por su propia voluntad. Avanzamos…avanzamos… San Silvestre Salmantino ya próximos a lograr. En la riada de camisetas de colores que se mueve hacia la meta, con bullicio y entusiasmo por llegar, ella aparece…, nos miramos, nos reímos…, y con un alegre abrazo, felices, festejamos el final.
24. DEMASIADO TARDE
Rosendo Gallego Menárguez
Un anciano salmantino de pro, reiterado héroe de la San Silvestre, estaba muriendo en su lecho y olió de pronto el aroma de su licor favorito, el brandy de Jerez, tantas veces degustado en sus días de gloria. Se dejó caer de la cama; poquito a poco alcanzó, jadeante, la cocina. De no ser por su delicada situación, le habría parecido llegar al cielo: ¡en la mesa había preparado un banquete con su licor! Tras un esprint supremo, se empinó a la mesa, alargó su mano temblorosa, y ya estaba a punto de beber un sorbo cuando apareció su mujer y le sujetó el brazo diciendo:
¡Quieto ahí, que esto es para el funeral!
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25. MELODÍA DE LIBERTAD
Modes Lobato Marcos
Quería morir. Ella sólo quería morir.
Estaba harta de espacios cerrados, olor a rancio y días sin sol.
Estaba agotada de moverse y girar, volver a moverse y volver a girar en un bucle infinito, y hasta la última molécula de su ser suplicaba poner fin a semejante tortura.
Y sabía que de nada sirve lamerse las heridas cuando el dolor dibuja interrogantes en el alma.
Por eso esta mañana, haciendo un esfuerzo sobrehumano, logró por fin romper el mecanismo que la condenaba a una vida miserable.
Después empezó a correr por las calles de la milenaria ciudad, y así, con los pies ensangrentados y una sonrisa en su boca, la bailarina se alejó para siempre de aquella maldita caja de música.
26. Agapé
Cristóbal Angulo Rivero
- ¿Le irá bien? – preguntó.
-Y si no, que baje él – contestó la tendera, mientras metía la camisa en una bolsa.
La cordial sonrisa de la señora se tornó un rictus solemne conforme abandonaba el establecimiento y ascendía por las escaleras del bloque contiguo. Inspiró el aroma de las gardenias del portal mientras dejaba las bolsas en el pasillo.
Al pasar al salón miró a su marido, retrepado en su butaca frente al televisor. Encendió una barrita de incienso y se dirigió hacia él. Ungió con aceite sus labios y manos, resecas por el frío y abrió su camisa para repetir el proceso en su torso. Con un suave masajeo, extendió el ungüento en su pecho hasta que sus manos toparon con la herida en su costado izquierdo.
Levantó la cabeza y clavó la mirada de odio en sus ojos vacíos.
-Ni muerto me libro de ser tu esclava, cabrón.
27. Lesión infinita
Veronica Bernal Martínez
Corro. Mando una orden imperante a mi cerebro para que exija a mis piernas ir más deprisa. Acelero al instante y adelanto a un grupo de corredores que mantienen una marcha constante. La San Silvestre Salmantina es la carrera definitiva, en la que pongo a prueba la recuperación de mi rodilla derecha. Tras casi seis meses de dolorosa rehabilitación, me enfrento a este reto con cierto temor. Recuerdo al instante que el dolor está en mi mente y rezo interiormente para conseguir cruzar la meta. Noto que el leve pinchazo de hace unos minutos se ha convertido en un dolor punzante. Estoy justo en mitad de la carrera y siento que la rodilla se me va a resquebrajar de un momento a otro. Intento ignorar el agudo dolor que siento pero es imposible, chillo de dolor y rabia mientras mi cuerpo cae finalmente agotado al suelo.
28. COSAS DE LA EDAD
MARIA DEL MAR PAREJA TELLO
-¡Papá, ya puedo correr contigo en la carrera de San Silvestre!
-¿Por qué dices eso?
-Tengo el dinero de la inscripción, lo he ahorrado durante todo este año.
-Bien hecho cariño pero todavía no tienes la edad para poder participar. Guárdalo porque en dos años, me acompañarás.
-¿Y para qué tengo edad, entonces?
-Para quererme tanto, que quieras ir al compás del cariño que siento por ti.
Y el amor le dijo a la inocencia: yo, no tengo límites.
A lo que ésta contestó: Al contrario que tú, yo procuro establecerlos.
29. COSAS DE LA EDAD
MARIA DEL MAR PAREJA TELLO
-¡Papá, ya puedo correr contigo en la carrera de San Silvestre!
-¿Por qué dices eso?
-Tengo el dinero de la inscripción, lo he ahorrado durante todo este año.
-Bien hecho cariño pero todavía no tienes la edad para poder participar. Guárdalo porque en dos años, me acompañarás.
-¿Y para qué tengo edad, entonces?
-Para quererme tanto, que quieras ir al compás del cariño que siento por ti.
Y el amor le dijo a la inocencia: yo, no tengo límites.
A lo que ésta contestó: Al contrario que tú, yo procuro establecerlos.
30. NO TE DETENGAS
Ana Isabel Rodríguez Vázquez
Aquella mañana se levantó con el pié izquierdo.
Cuánto más intentaba concentrarse para la carrera, más mella hacían los nervios en su estómago, que por momentos, le obligaba a retorcerse de dolor.
Llevaba meses preparándose para la San Silvestre Salmantina, y el día había llegado.
Las molestias de los primeros kilómetros de acrecentaban durante el recorrido. No quería pensar, no era el momento, solo corría y corría.
Cruzó la meta y continuó su marcha, dejó atrás la ciudad y no se detuvo.
Durante días, recorrió pueblos y campos, sin sentir dolor.
Hasta que llegó a un lugar, donde un hombre, a lomos de un caballo, le preguntó:
- Porqué corres?, ¿Huyes de alguien?
- Huyo de mis pensamientos, contestó sin detenerse.
-¡Estás loco!,dijo el caballero de la armadura, empuñando su lanza.
-¿Loco yo?, pensó... Y siguió corriendo.
31. LA TERAPIA
YIstuli
Cuando fue a recoger el dorsal se sintió estúpido. Siempre le habían dicho que para ganar, hacía falta esforzarse, sacar matrículas de honor, hacer un máster, hablar varias lenguas , tener iniciativa y trabajar mejor que nadie. sSin embargo para correr solo hacían falta unasmalditas zapatillas. La estrategia estaba fuera de lugar. La distancia era igual para todos.La dificultad residía en la forma de administrar las fuerzas. Se había inscrito en la San Silvestre Salmantina por recomendación de su terapeuta. Quiso confesarle el miedo al fracaso antes de la maratón pero no lo hizo. Miró a los corredores. Parecían disfrutar de los momentos previos a la competición. Aunque no ganaran. Entendió que tanto en la salida como en la meta todos habían hecho lo mismo, correr tras un sueño ,que, tras alcanzarlo, era pasado, apenas un instante de gloria al romper la cinta.
32. Si lo sé no vengo
Francisco Germán Vayón Ramírez
Tras la dura batalla, agotado, cubierto de sangre, polvo y sudor, el mejor corredor de la falange entra en Atenas, tras haber recorrido los más de cien estadios que la separan de la llanura de Maraton, para anunciar la buena nueva.
–¡Atenienses... hemos vencido!
–¡Calla, Fidípides, inútil! –le grita un grupo de airados ciudadanos– que los etíopes y los keniatas cruzaron la meta hace media hora...
33. Corrió para ser libre
Domingo Torrente Miras
Y todos sus problemas desaparecieron por fin.
El aire azotaba su rostro al tiempo que borraba todos sus pensamientos. Cada zancada era un «NO» en letras mayúsculas. Un NO me voy a rendir, un NO me vais a ganar. Un NO voy a darte más oportunidades. Un NO te olvidaré jamás.
Sentía el cansancio en sus piernas, notaba la respiración agitada, sabía que el corazón palpitaba con fuerza. Pero solo permitió hablar a su cerebro.
Corrió sin miedo, corrió sin ningún peso extra. Ya nadie le diría lo que tenía que hacer, ya nadie le cedería sus problemas. Era libre, libre como el viento. Y como tal, disfrutó de los rayos del sol, de las nubes en movimiento, del invierno salmantino.
34. CORRECAMINOS
María José Viz Blanco
Bip. Bip. Correcaminos, a sus diez años, arrebata la sábana húmeda de la vergüenza, de su ventana. Sudoroso, suspira por haberla retirado antes de que la vean sus compañeros. Bip. Bip. Correcaminos persigue, con catorce años recién cumplidos, el autocar que se lleva a su amor platónico, Cecilia, a un lejano internado. Bip. Bip. Correcaminos, con treinta años, avanza veloz en la San Silvestre, sin ningún Coyote sombrío persiguiéndolo, tan solo porque ama su libertad.
35. Significado
Sabrina Fontenla Ramírez
Un año está llegando, otro se despide. ¿Qué mejor manera de terminarlo que correr por lo que me importa? Mi ciudad, mi gente, la igualdad, la tradición, los buenos momentos del año; todo pasa por mi mente mientras me dirijo a la línea de salida. Sonrío y tomo posición mientras trato de deshacerme del cosquilleo que me recorre. Me mentalizo en competir, sacrificarme por terminar la cerrera siendo mejor que al inicio, ganar en virtud… Eso es lo importante. Después de todo, esto se trata de ser un atleta.
36. La promesa de Basabe
Esther Ulloa Díaz
Basabe se calzó sus zapatillas viejas.Ya tenian muchos kilometros en las suelas de goma que le habia remendado mil veces Luis,el zapatero. Tenía que correr. Lo había prometido y una promesa es una promesa. Había dado una nueva ilusión a los niños de la calle. Se juntaban en la Milagrosa todas las tardes para correr y charlar. Aquel último día del año iban a correr todos juntos por las calles de Salamanca. Cuando llegó ya le estaban esperando los chavales. Se pusieron a correr en silencio. De la gente que les veía pasar,algunos les miraban sorprendidos, otros les animaban y varios empezaron a correr con ellos hasta formar un grupo numeroso.Cada uno corría por un motivo diferente, pero corrian, dejando atras sus preocupaciones y penas. Basabe no podía ser mas feliz
37. Un día especial
Antonio Moro Hinojosa
Aquella mañana, me desperté distinto, me sentía no sé... diferente, había quedado con mis dos mejores amigos, Luis y Carlos, dos deportistas de verdad, nunca habían conseguido grandes logros, pero jamás dejaron su pasión, correr, si he de ser sincero, yo, jamás lo entendí, siempre les decía entre risas,
-correr será muy sano, pero los que ganan, están que da asco verlos,
Ellos se reían conmigo, pero siempre me decían
- salir a correr, es mucho más que salir a ganar,
- Es una forma de vida, de ver la vida
- Y lo cierto es, que los días previos a hoy, los días en los que estuve entrenando con ellos, me sentí mucho mejor, no sé explicarlo, no era sólo físicamente, era todo,
- Así que hoy, sabiendo que no iba a ganar, salí a correr la San silvestre salmantina, siendo yo, pero era un yo,mejorado
- Gracias amigos, gracias Salamanca
38. Bendito sufrimiento
Rodrigo Castillo Jiménez
Llegó ese momento, ese preciso instante en que las piernas dejan de ser, no se perciben. El sudor se torna gélido, no importa que sea Diciembre, esas gotas que corren por la frente siempre serán más frías que el viento que gira la calle, acompañándote. Ronda por tu cabeza si de verdad era necesario hacerlo, tratas de hallar un motivo al ritmo que buscas algo de aire en tus pulmones. Y de golpe, todo termina.
Por un momento, solo escuchas a tu corazón, el cuál ha corrido en sustitución de tus piernas. Tomas aire, de ese frío. Te secas el sudor, de ese gélido. Y te das cuenta que lo has logrado, has cruzado la meta. Ese dolor gratificante, como la madre que da a luz, como ese postoperatorio tras salvar tu vida. Una aflicción que te recuerda que lo has logrado. Un padecimiento especial, el precioso dolor del atletismo.
39. Campeonas
Alfredo Pérez Berciano
Ha tenido que ser justo hoy. El destino, caprichoso y cruel, ha querido que al terminar juntos la San Silvestre os haya visto flaquear por primera vez. Síntomas de agotamiento. Cansancio vital. La vida, sin más. Y he sentido un golpe mayúsculo de tristeza al ver las cicatrices de vuestra piel. La mirada perdida. No tengo ni un solo reproche para vosotras. Sois unas campeonas. Las dos.
Gracias por compartir conmigo estos años en silencio, por acompañarme en la soledad de tantos aeropuertos, de tantos parques, de tantas ciudades. Jamás olvidaré el primer día que os vi. Se me eriza la piel al recordarlo. Siempre a mi lado desde entonces.
El tiempo, inexorable, pasa para todos y vuestras costuras no han dado más de sí.
Habéis sido unas zapatillas increíbles.
40. «Carrera de colores»
María Rosa de Castro Corral
Ese año corrían la San Silvestre unos lápices de colores. Todos iban bien equipados con su sacapuntas incluido. Estaban obligados a dejar el rastro de su respectivo color a lo largo del recorrido. A falta de poca distancia para arribar a la meta, los lápices de color marrón y amarillo pugnaban destacados por llegar el primero. El de marrón resultó vencedor con una considerable ventaja; pero posteriormente fue descalificado. Nadie se dio cuenta de que el lápiz de color amarillo llevaba camuflada una goma de borrar.
41. PRIORIDADES
María Socorro Mármol Brís
La opción era correr hasta la meta. Sola.
Llegada la hora de la soledad, vale más estar ciega que mal acompañada. Y poder verla.
42. Su último deseo
David López-Cepero Mateos
Mi séptima San Silvestre, pero saldría desde el cajón cuatro... de nada valía haber quedado segundo el año anterior —pues pretendía correr disfrazado—. A pesar de ello soñaba con vencer. Disponía de diez kilómetros para arrebatar ese sueño a mis contrincantes.
Comencé a correr y adelanté al barco vikingo, al autobús y a los bomberos. Sobre el puente romano ya me codeaba con corredores vestidos de atleta. Seguí rebasando oponentes y al volver a pasar sobre el Tormes lo despedí con tristeza: No lo vería más.
No sentía cansancio, superaba competidores, desafiaba las leyes de la física con mi velocidad, ¡volaba!
A cien metros de la meta esprinté, adelanté al corredor que iba en cabeza y vencí.
Nunca había ganado un participante disfrazado. Lástima que cuando me quité la sábana del disfraz de fantasma no salí en las fotos con los ganadores... Problemillas con mi nuevo cuerpo, supongo.
43. PREGUNTALE A MAMA
REBECA LOPEZ MERINO
12:05 horas. Tras un año planeando el momento, ahí estábamos mi madre y yo en el Paseo San Anton. Esperando oír el pistoletazo.Comenzamos con unas zancadas que sorprendieron a los presentes. Para cuando nos alcanzaron ya estábamos en Paraguay. Manteníamos la ventaja y no podíamos cometer errores….
AVENIDA DE LOS COMUNEROS
Mi madre quedaba rezagada.
PASEO DEL ROLLO
Mi respiración estaba muy agitada.
PLAZA SAN ANTONIO
La sensación de piernas cargadas era brutal.
PASEO SAN ANTONIO
Sprint final. Cuando me quedaban pocos metros para meta… me di de bruces contra el suelo.
Nunca damos el valor suficiente a las palabras de una madre, hasta que recibimos un pellizco de atención, para hacernos apreciar el grado de importancia que tienen:
“Correr la San Silvestre Salmantina en sandalias, no es buena idea”
44. ADELANTE
MARTA LOPEZ FOLE
Suena el disparo de salida y de inmediato las piernas se aceleran, el calor es sofocante, el sudor cae gota a gota y noto en la boca el corazón palpitante.
El esfuerzo se pone al máximo, la motivación es excitante y mientras va pasando el tiempo, yo continúo hacia adelante.
Ya veo la meta al fondo, así como una luz brillante y entonces la emoción me invade el cuerpo, el alma… Experimento una sensación impresionante.
-¡No mueras, sigue, corre! – oigo que me dice un ángel.
45. LA PRIMERA VEZ
JESUS PEREZ BENITEZ
La primera vez que corrí, correr de verdad, fue aquél día invernal por mi octavo cumpleaños que se me ocurrió birlar unas chocolatinas en la tienda de Diego. Me pilló escondiéndolas en el bolsillo y saltó por encima del mostrador, con su enorme panza rebosando bajo la camisa, al grito de “como te coja te mato”. Yo, que nunca había hecho algo así, de los nervios, en lugar de girar a la izquierda, cuesta abajo, lo hice a la derecha, teniendo que subir la empinada calle a la velocidad que daban mis endebles piernas. Lo pasé tan mal que desde ese día fui corriendo a todas partes, por si volvía a verme en una de esas...
Y aquí estoy, haciendo mi vigésima San Silvestre, para intentar mejorar mi quinto puesto; mientras, en Meta, esperan las personas importantes: Diego, su hija —que es mi mujer—, y nuestra pequeña Alba.
46. La Recompensa
Miguel Ángel Carcelén Gandía
Entonces lo comprendió.
Había trastabillado a mitad de carrera y el dolor que sintió al doblarse el tobillo se hizo casi insoportable en el kilómetro treinta y cinco. Miraba el cronómetro y los ojos se le aguaban. Intentó centrarse en la bonita imagen que conformaba la niebla sobre la catedral, pero los continuos adelantamientos lo devolvían a la realidad. Su intención de lograr una meritoria posición dentro de la categoría de veteranos se alejaba a pasos agigantados. ¡Qué pésimo broche para su carrera! Rebasaba en más de una hora el tiempo previsto, pero no abandonó. Aunque fuera a rastras, estaba decidido a terminar la última competición de su vida. Y lo logró.
Llegó el último.
Y entonces lo comprendió.
Como siempre, junto a la línea de meta, vio a su mujer, aplaudiendo, animando, sonriendo, orgullosa…
Así había sido siempre, aunque él hubiese necesitado décadas en percatarse de ello.
47. !Corre Forrest, Corre¡
Antonio Martín de las Mulas Baeza
Llevo la barba larga, y muchas horas echadas sobre el lomo, mucho camino corriendo. Mucho. Recuerdo que mi madre, me dijo una vez que la vida se parecía a una caja de bombones. Y es verdad. Es verdad. Es una caja de bombones. Y por eso uno nunca sabe bien qué giro va a dar su vida. Todos salimos con un disparo al aire. Y uno no sabe bien quién va a llegar primero. Según el tiempo, claro. El tiempo. Hay muchas clases de tiempo: está el tiempo del reloj, y el tiempo del sol y la lluvia, el tiempo del periódico. Hay muchos tiempos. Recuerdo un tiempo en que la vida era diferente. Cuando era pequeñito, un día mi madre me dijo que corriera, que no perdiera el tiempo. Ese es otro tiempo. Pero yo todavía no sé bien dónde voy.
48. Prioridades de navidad
Miguel Araque Zuarez
Prioridades de navidad
La navidad se llevó el presupuesto y no nos alcanzó para las zapatillas deportivas. Cada corredor que cruzara por las calles me recordaba la alegre fiesta de fin de año. Yo, el año pasado, había jurado correr la San Silvestre, pero no había reservado los ahorros para comprarme las zapatillas. Recorrí las casas de mi familia para que me prestaran un par. Unas eran muy grandes, otras muy pequeñas, hasta que encontré unas de mi número, pero estaban lisas y aunque eran cómodas, estaban desgastadas. El año pasado, subiendo por la cuesta de Ramón y Cajal, donde están los adoquines, resbalé y al caer vi cómo algunas corredoras me adelantaban. Cruce la meta lamentando esta suerte y prometiéndome que, antes de que termine este año, correré La Salmantina con zapatillas nuevas, así el resto de la navidad esté triste.
49. Los demonios del atleta
Andrés Navajas Ortega
Ya estaba el ávido corredor enfundándose sus zapatillas en aquella gélida mañana invernal. Tras un desayuno con fundamento se preparaba para disputar la Salmantina. Era temprano y los primeros atletas se iban acercando al Paseo de San Antonio. Muchos de ellos eran veteranos que llevaban varias maratones a sus espaldas. Nuestro corredor se aproximaba a sus hijos y comprobó que estaban correctamente identificados a través de sus dorsales. Les dijo que no tuvieran miedo y que disfrutaran, que lo importante era llegar a la meta. Tras eso suspiró. En el fondo les envidiaba. Era la primera Salmantina que se perdía debido a una lesión de menisco. Algunos corren incluso lesionados pero no merece la pena poner en riesgo tu salud por una carrera. Si el atletismo es una expresión de una vida saludable hay que dar ejemplo, no mostrarse a sus hijos como un irresponsable que sucumbe a demonios internos.
50. EL MILAGRO DE LA SALAMANTINA
Pablo dragovetsky kirschenbaum
— Son tres los "cuerpos" que nos componen: el cuerpo físico, el mental y el emocional. Los tres funcionan en simultáneo, de forma conjunta y además relacionándose entre si.
Nuestro cuerpo humano es capaz de llevar a cabo magníficas proezas de autosuperación (tan magníficas que algún filósofo ha definido esa capacidad de superación como "Espíritu").
Ahora bien, para que la voluntad necesaria se nos manifieste en el cuerpo físico, debe estar firmemente sostenida por las piernas de la emoción y las ideas.
Por eso, señorita — explicó el científico a la sorprendida periodista —, el testimonio del ganador del certamen no sólo es verosímil, sino que también nos ayuda a comprendernos mejor como espece: imaginando el vaivén de su cuerpo como un divertido bailecito, el rengo corría sin aburrirse ni cansarse, llorando de la risa, y cada vez más veloz.
51. MAS VALE SER PRUDENTES
JOSE A. GAGO MARTÍN
MÁS VALE SER PRUDENTES
Las estatuas, allí, subidas en lo alto de la espadaña, tienen una vista privilegiada de la Plaza Mayor, que es el corazón palpitante de la ciudad, pero se aburren. Es difícil para el oído humano escucharlas, pero hablan entre ellas para pasar el rato. La más interesada en hablar es la Justicia, que como tiene esa venda en los ojos, ve la vida a través de las palabras de las demás.
-Ya falta poco para la San Silvestre ¿no?
-Muy poquito.
-Hay que tener ganas, -continúa-, con el tiempo que hace, para ponerse a correr. Y lo trabajoso que debe ser. Los oigo pasar como una manada de búfalos, resoplando. Yo no correría ni loca.
-Será porque no bajas -dice la Prudencia, que no suele hablar mucho-. Porque si bajaras, con lo que cuentan últimamente de ti, seguro que tendrías que correr.
52. ATRÁPALO Y CORRE
María Soledad García Garrido
Llevaba preparándome semanas para el gran día. Atravesé la calle Zamora a buena velocidad en dirección a la Plaza Mayor. La multitud, ilusionada por la carrera, me arropaba. Yo solo quería pasar desapercibido entre los participantes. Aunque la policía local se encargaba de vigilar los cruces del recorrido para evitar cualquier percance, era la primera vez que me sentía cómodo ante tanto agente.
En la mochila guardaba los billetes que acababa de robar en el cajero del Banco Popular de Bientocadas. A pesar de la adrenalina que me animaba a volar más que a correr, rezaba por no llegar el primero a la meta. Me acordé de mi madre, que siempre me repetía que no destacara, que en el término medio estaba la virtud.
53. Resistiré
Felisa Barchino
Muevo mis piernas provocando la aceleración de mis pasos, al mismo tiempo activo mis brazos intentando llevar el compás marcado por resto de mi cuerpo.
Recorro las calles salmantinas, giro mi cabeza, miro esas calles, pero no las veo, porque en mi mente sólo está esa cinta que quiero llevarme pegada a mi cuerpo al llegar a ella.
Siento como mi corazón late cada vez más deprisa, el sudor de mi frente cae, inundando mi rostro, mi cuerpo parece ir solo, no cuenta conmigo, el ímpetu de la carrera se ha apoderado de él.
Puedo oir la respiración de los demás corredores al mi alrededor, produciendo un sonido hipnotizante, que marca mi ritmo.
Ya veo la cinta que tocará con su cuerpo otro corredor.
No importa, siento el orgullo de haber podido participar.
Hasta el año que viene, "San Silvestre Salmantina"
54. La Silvestrina
Sara Vicente Alonso
La invadieron los nervios. ¿O fue la emoción? En su breve cuerpo no cabían los dos. El mundo la llamaba frágil, pero el bullicio de la San Silvestre le gritaba "¡Fuerte! ¡Fuerte, valiente y valiosa!" Huyeron espantados los nervios, corrió embravecida la sangre: pistoletazo y salió corriendo su corazón. Y todos los corazones del Paseo de San Antonio.
Fue veloz. El reloj no se sorprendió de verla tan pronto y el lazarillo vitoreó a su paso. ¡Y qué paso!, ¡volaba!
El cansancio trató de alcanzarla en Libreros "¡La primera, Silvestrina!", clamaron los estudiantes. Renovada, esquivó a su perseguidor y ya no se detuvo. Corrió y corrió y cruzó la meta con un grito que llenó el cielo de Salamanca. Mil rostros se alzaron para verla volar y La Silvestrina canturreó, sabiendo que no recibiría trofeos, pero segura de que, algún día, San Silvestre al fin admitiría la participación de golondrinas.
55. La moda del running
José Miguel García Aviles
Mis amigos, que se habían apuntado a la moda del running hacia algunos años, eran ya unos corredores consumados que se pateaban todo el país participando en competiciones de lo más variopintas. A pesar de haber resistido todo lo posible finalmente tuve que acatar las nuevas reglas del juego. Con lo fácil que era antes concentrar al grupo mencionando la compañía de unas cervezas o una timba de póquer. Pero esos tiempos no iban a volver. De esta forma, armandome de todo el valor que fui capaz de reunir y a regañadientes, hace unos meses empecé a entrenar. Aunque al principio me costó horrores ya que las últimas carreras las dispute en el patio del colegio, le fui cogiendo el gustillo hasta acabar completamente apasionado por este deporte. Y aquí estoy, dispuesto a recibir mi bautismo de fuego en el mejor escenario posible:la San Silvestre Salmantina. Preparados, listos...
56. Cifras y carreras
Raquel Sánchez López
San Muñoz, carrera popular, 15 del 8 de 2018
Un corredor vive aprisionado por sus obsesiones: el ejercicio y los números.
Dorsal 141, años del participante 43
Se preocupa demasiado por su aspecto, por su dieta, por sus programas de entrenamiento.
Salida 10:00, llegada 11:30, tiempo estimado 1 hora y 30 minutos
Y en su organismo, alberga más endorfinas de las que su cuerpo puede metabolizar.
Distancia 8 kilómetros, suscripción 5 euros
5 días después…
Carrascal de Barregas, carretera Vitigudino, 20 del 8 de 2018
Un conductor yace aprisionado tras los hierros de su coche.
Hora 16:50, vehículo siniestrado Peugeot 308
En estos momentos, su aspecto dista mucho de ser humano.
Vía CL 517, kilómetro 13, velocidad 120 kilómetros por hora
Y en su organismo, tras la autopsia, encuentran más cocaína de la que su cuerpo pudo controlar.
57. DE DIOSES Y DE HOMBRES
GRENDEL SOLINOS
(Apolo)Corría porque quería verla y amarla (a Dafne).
Se apuntó con sus amigos (los Dioses Olímpicos) a la carrera popular (de los humanos), para pasárselo bien y de paso hacer algo de deporte.
Sin embargo, la excusa era conseguir su amor.
Eso acaba de escribir el escritor, recién abandonado por su mujer, mientras se calza unas zapatillas de deporte para participar en la carrera popular.
Irá con sus amigos, con los que ya ha quedado, para pasárselo bien y de paso correr un poco para poder verla y amarla para siempre.
58. Sacrificio
Cintia Dumas
Prosperidad, Delicias, San Isidro, el Rollo y Canalejas. Puente Romano y en el horizonte, las catedrales. Nubes amenazantes, sol tímido y el Tormes sereno.
Repasa el recorrido, se coloca los auriculares, se enfoca hacia el infinito y mantiene un estricto silencio. Sigue un protocolo riguroso, que no va de amuletos. Examina de reojo a sus contrincantes y se persigna mirando al cielo.
Recuerda el sacrificio de Filípides, y al escuchar el estruendo emprende su martirio. Sigue su propio ritmo, lo disfruta. Nada lo distrae. Le arden las llagas de los pies raspando contra sus penas. Jamás sucumbe ante la adversidad, la constancia recorre sus venas.
Es uno entre tantos cuya meta no es la victoria, mas nunca detener la carrera. Sueñan con los vítores de Salamanca, juntos por la gloria y el honor de todo un pueblo.
¡Estos partisanos incansables se convertirán en nuestros próximos héroes!
59. ¡Venceréis, y también convenceréis!
Maximiliano Cossari
Si Colón los viera, desde el Convento de San Esteban, les interpelaría si se dirigen hacia las Indias ajenas. Si la Latina los escrutara, sudorosos hasta las venas, les preguntaría si es que ella, correr como ellos también pudiera. Si Sancho se los cruzara, en una esquina cualquiera, los interrogaría para ver, si van a algún festín de veras. Si el Quijote se los topara, con su Rocinante a cuestas, pensaría que están huyendo de cierto enemigo cual sea. Pero si Unamuno los viera, con esa hidalguía novelesca, diría que son maestros de la gallardía y la ofrenda. Les diría que jamás quietos, andantes incluso en la espera. Perdedor no es sino, aquel que a la lucha no se entrega.
Mis laudos a estos hombres y mujeres cualquiera, que sin embargo son próceres, haciendo de la vida una carrera.
60. EL MENSAJERO
Mónica Velasco Martín
Se puso delante del portátil. Año 490 a.C.
- Concéntrate en la contienda, Jara.- Pero, apenas cerraba los ojos, veía una arena oscura que igualaba la muerte a ambos lados. Después, el paisaje bélico se desvanecía en una bruma.
De pronto, el calor de una multitud que aguardaba con angustia la inminente caída del sol. La mano de un niño dentro de su mano. Una voz rompió ahora el silencio: -¡Filípides! ¡Es Filípides!- El pecho de Jara se turbó. Sin soltar al niño, echó a correr hasta las puertas del pueblo. Las voces se clavaban en sus sienes con tanto realismo que una lágrima cayó sobre el portátil. -¡Alegraos, vencemos!- El cuerpo de su hermano se derrumbaba sobre el camino. Los viejos cantaron victoria. Llamaron héroes, las mujeres, a los suyos.
Solo el gesto del niño que Jara llevaba aún de la mano comprendió el dolor de su pecho.
61. Vestida y sin bailar
Jorge Luis González Castro
No soy una atleta de élite, pero me siento frustrada al ver que darán la arrancada de la San Silvestre Salmantina y no conseguimos salir de casa. No son mis viejas lesiones, ni tampoco problemas de inscripción. Es que mi hermana aparentemente se ha perdido y no logro correr sola. Nacimos en China y aunque somos gemelas tenemos algunas diferencias. Ella es muy competitiva y marca el paso. Estoy acostumbrada: ella primero, yo después; ella primero, yo después. Llegábamos al Paseo de San Antonio sudorosas y felices del trabajo en equipo. Si la veis, traedla por favor. Su descripción: roja y de la derecha. No es una contradicción política. En realidad, somos un par de zapatillas de running y nuestro dueño no recuerda que ayer la llevó a reparar. No le reprocho su mala memoria, a fin de cuentas es un corredor veterano de 70 años en adelante.
62. Correr no es de cobardes
José Luis López García
Llevo más de media hora sin visión periférica. Tan solo alcanzo a ver el dorsal del corredor que tengo delante. La mirada es fija, como fija es la determinación de seguir pese a los calambres. El sudor resbala desde mi frente, y en forma de gotas cada vez más abundantes baja por los carrillos y en una endiablada curva se me cuela en la boca, salado, estéril, insuficiente cómo mi esfuerzo. Pero tengo que terminar la carrera. No me importa cuánto llevo recorrido, tan solo quiero seguir rebasando a otros corredores y sentirme vivo, lo suficiente cómo para llegar al final. Quiero terminar, no ganar. Terminar ya es una victoria. El abuelo Manuel, cuando me veía entrenar por Santa Marta solía decirme con cierta guasa: “correr es de cobardes y de malos toreros”, pero el abuelo Manuel no sabía que no hay por faena que no tener valor para correr.
63. PARA LA PRÓXIMA
MARCOS ALVAREZ DIEZ
Voy a correr la San Silvestre este año, anuncié en casa.
No era la primera vez que lo decía pero si en la que mostraba el resguardo de la inscripción.
Meses de entrenamientos y aprendizajes. Series, controles, carreras en distintas superficies. No siempre supe disfrutar de estas jornadas de preparación. Las famosas endorfinas asociadas al ejercicio físico no aparecían.
Llegó el día de la prueba y los nervios, la emoción y la adrenalina surgieron repentinamente: la tensión en la salida; los últimos consejos de un desconocido; ¡ suerte chaval !
La carrera fue dura. Los metros hay que superarlos uno a uno. Pero el esfuerzo se ve inmensamente recompensado con la emoción de la llegada a la meta. Vítores, aplausos, voces de ánimo, que junto con la satisfacción de finalizar la carrera provocaron que no fuera capaz de encontrar a mi familia animando en la recta de meta.
Para la próxima vez.
64. Corre por ti.
FRANCISCO JAVIER SÁNCHEZ GONZÁLEZ
Corre por ti.
Es cierto. Tiene frío, estás cansado, las piernas son como piedras y no dejas de mirar incesantemente el reloj. Comienzan pronto los nervios de este último día. Ya mañana, emprenderás nuevos retos y afrontarás otras mil batallas.
Pero sólo tienes que salir y dejar atrás el caos, las derrotas, las tristezas y las lágrimas que te han azotado este año. Y disfrutar de este momento, sentir el ánimo de la gente en las calles, notar la fuerza de tu corazón. Y cómo percibes la alegría de quienes te quieren.
Sí, es una carrera, aunque no una más. Es en la que comenzarás tu lucha por la felicidad.
Has sufrido durante el recorrido, mas ahí tienes la meta, tu meta. Sabes que puedes cambiar el final, y sonríes mientras cruzas el arco.
65. DESPEDIDA
Sebastián Pelegrí Moya
Ya sabes que no podremos volver a correr juntos porque estoy muerto. El accidente. Por eso te extrañará recibir este mensaje.
Me han traído (no sé quiénes son) a una habitación blanca, inundada por una inmensa luz. Me han dicho, a su manera, entrando en mis pensamientos, que, en casos como el mío, tan súbitos, se permite una última comunicación de despedida y un último deseo. Máximo, ciento cincuenta palabras. Si no, no. Saturación de las líneas, me comentan. El deseo está claro : quiero mirarte embelesado mientras corres, situado yo en el puente romano, tu lugar favorito de paseo. No podrás verme, pero estaré allí. Para el mensaje, tengo papel y lápiz. Te lo dejarán donde Churriguera y el Conde. Pienso… Algo que te pueda servir. Te quiero. No, sería repetirme… No me olvides. Tampoco, suena lastimero… Ya está. Sólo esto : Vive. Simplemente vive. Y vuelve a amar.
66. MARATÓN
Raúl Garcés Redondo
Relata Heródoto que en el 490 a.C Fidípides recorrió 240 kilómetros para advertir a los espartanos del desembarco persa en Maratón. Luciano habla de 42 kilómetros, la distancia que separa Maratón de Atenas pues pretendía anunciar la victoria ateniense sobre las tropas persas. Plutarco afirma que su nombre era Eucles. Y mientras los cronistas no se ponen de acuerdo, ahí tenemos a nuestro protagonista, que ya no sabe ni quién es ni donde ha de ir. Tan solo tiene una cosa clara, que si quiere seguir con vida no debe parar de correr.
67. UNA HEROÍNA
Lázaro Domínguez Gallego
Tienes dieciocho años, y no quieres ponerte obesa ni pasar de esa cifra de kilos que el médico te recomienda, y deseas vivamente estar en forma física para que sea verdad en tu vida el eslogan “mens sana in corpore sano”, y además sabes que la personalidad se forja en el sacrificio, en la tenacidad, en los propósitos, en los sueños, en la agilidad, en el contacto con la naturaleza, en el compañerismo, en la comunicación, en el esfuerzo continuado, en todo eso menos en la dejadez, en la pasividad, en estar parada y apoltronada viendo la tele-basura o adormilada como un pajarillo desolado. Por eso te apuntas a la San Silvestre todos los años, y no te importa el ganar, ni los aplausos, ni el podium, sino eso, lo del eslogan, lo de estar en forma y reconocerte física y moralmente una heroína.
68. EL SOMBRERO
Emma Perez Mendez
Miré el reloj. Me calcé las deportivas y apremié a mi padre.
-¡Llegaremos los últimos!
Habíamos quedado con mis tíos y mis primos, que habían venido a Salamanca, a casa de los abuelos, a pasar la Noche Vieja.
Ya en la calle, ataviados con el sombrero que habíamos decidido lucir el clan familiar, me sorprendió que el primero en bajar fuera mi abuelo. Lucía orgulloso el sombrero.
-¿A quién se lo has birlado?
Bromeé, aludiendo al hecho de que se trataba de un atuendo exclusivo para realizar la San Silvestre de ese año.
-Es el mío.
-¡Cómo si fueras a correrla también!
No vi el dolor en sus ojos, pues solo sentí el codazo que me asestó mi primo y la mirada de odio lanzada por mi padre.
Sorprendentemente el abuelo la completó, con nosotros, y al entrar me dio la mano. Ese gestó fue el mejor regalo de Navidad.
69. SON NUEVAS
Humberto Belengueer Aguilar
Aún no han dado la señal de salida, y las zapatillas me están forzando para salir corriendo, y eso que aún no están acostumbradas a todo este ambiente, son nuevas, las tengo escasamente una semana. Cuando le hayan cogido el gustillo, por lo tanto que aquí se disfruta. No lo quiero ni pensar, seguro que me insistirán para que vallamos a todos los acontecimientos. Si algún día no puedo acudir a la llamada, las mandos solas y dan la talla, ¡vamos! ¡que ganan!. Pero, ¿Como traerán la medalla a casa? ¿De que forma me contaran el desenlace de lo sucedido? tengo que ir, pase lo que pase no puedo faltar. Necesito correr, necesito seguir corriendo.
70. Paseo de San Antonio
Elsa García Sánchez-Fuentes
Amanezco el día 30 con las líneas blancas amontonadas al este de la calle, inútiles. Con los adoquines de los rombos quejándose por el frío en las aceras. Con dolores en los pasos de cebra, alguna farola aturdida que aún titila; la noche me ha volteado o sacudido como a una alfombra pesada, de asfalto. Me preocupo absurdamente por los coches, los desalojaron ayer, antes de la carrera. Respiro aliviado, vapor en las alcantarillas. Las voces y las primeras pisadas de corredores me devuelven lentamente la realidad. Hay paseos en otras ciudades que se sienten maltratados, abusados, que colapsan y envejecen lustros de golpe por días como este...pero, yo, invadido por los nervios, el olor a reflex, por los saltitos acolchados, los besos madrugadores, los manotazos avivando los músculos, los ánimos roncos...descolocado y adornado con vallas y atrezzo extraño, sonrío en mi mejor día del año.
71. ¿ LA VERDAD?
Hebert Poll Gutiérrez
¡Estúpido!
¿Deseas casarte con el deporte rey?
¡Traidor!
¿Practicas culto a deidades foráneas?
¡Cobarde!
¿Invocas una musa para convertirte en un corredor famoso?
---Solo… ¡Quiero ganar la San Silvestre Salmantina! Tengo el derecho…
¿Derecho? ¡Pides demasiado! Consuélate con el honor que estoy aquí para ganarme un lugar en la historia de la IAAF.
72. FIN DE AÑO
JUAN LORENZO COLLADO GÓMEZ
Estaba emocionado con la cita de esa noche a través de la agencia de contactos. Con esa descarga de adrenalina fui a la San Silvestre donde, en el Paseo de San Antonio, ya se agolpaban los corredores.
Estoy seguro de que fue mi distracción lo que hizo que no me diera cuenta de que pisaba sus cordones y, cuando se dio la salida, dio de bruces en suelo.
No me explico cómo pudo darse semejante golpe. Mientras las asistencias la atendían, comencé la carrera pensando que el tiempo de ese año sería el peor de toda mi historia de carreras de San Silvestre.
Cuando llegué a la fiesta, junto a la empleada de la agencia estaba sentada una joven atractiva que llevaba apósitos en ambas rodillas y en los codos y, a su lado, había una muleta con la que darme la bienvenida.
73. «Como cada año»
FRANCISCO JUAN BARATA BAUSACH
Cada año, cuando se aproximaba la hora, padre me llevaba al punto de partida. Él nunca quiso hacer un buen tiempo, nunca quiso ser más que otros, solo quería correr.
Corrió siempre. Esa frase, “lo importante es participar”, estaba hecha a medida de padre. Para él su “San Silvestre” era un orgullo, su ilusión era correrla todos los años.
Ahora, jubilado, sin achaques que se lo impidan, está como si fuera su primera vez, se lo recalco, “es mi primera vez… jubilado”.
Salimos con los veteranos, aunque correr diez kilómetros no es fácil, pero lo hicimos tantas veces...
Esta vez padre no concluyó, cruzando el Tormes su corazón se cansó cayendo desplomado, la ayuda llegó al instante, pero mi padre ya estaba corriendo otra carrera. Llorando, me acerqué a besarle, vi su rostro sereno y pensé que se fue feliz, haciendo lo que quería, como tantos años.
74. DOS CORAZONES
CUENCA GÓMEZ, JOSÉ FERNANDO
Llevan tanto tiempo juntos, que con solo mirarse saben lo que piensa el otro. Y ahora, cerca del final, llega el momento de separarse.
Dos corazones latiendo con la misma frecuencia.
Un mismo camino y dos vidas.
Apenas unos segundos. El espacio se deforma y se dilata irremediablemente.
Los adoquines vuelan como gaviotas a favor de la brisa sobre el mar azul. La multitud los ovaciona mientras sus rostros se fusionan en su congestionado cerebro.
El número que lo antecede se empequeñece, sus zancadas se agrandan y se aceleran. Como cada año.
Desde lejos ve como victoriosa levanta los brazos y vuelve su bello rostro para esperarlo un año más con la sonrisa en los labios. Luego se fusionan en un abrazo y un beso sella el final de la carrera.
Mientras recupera el resuello se jura que el año que viene, por fin, logrará llegar primero.
75. NO DIGAS NUNCA, DE ESTA SAN SILVESTRE, NO BEBERÉ
LUIS MARÍA CRIADO BARRA
La caja tonta me tenía bloqueado a diario con tantos dimes y diretes de unos y de otros. Lo que nunca me había pasado, ahora era el pan nuestro de cada día, odiar sin saber ni conocer al odiado. Yo no quiero ser así, pero la chusma te come el coco hasta límites insospechados. La cabeza me iba a estallar y encontré consuelo en un cartel el cual hablaba de una gran carrera, la San Silvestre. Allí estaba yo, correr por correr, ese era mi objetivo. Tenía sed, mucha sed, y una chica rumana me ofreció agua fresca. Se me caía el sudor por la frente y un señor nigeriano, me dio pañuelos de papel. Seguía corriendo y me tropecé, y dos jóvenes marroquíes, me levantaron del suelo para que continuara. Ese día no gané la carrera, pero gané valores y ya no hago ni caso a la caja tonta.
76. PROMESAS
André López García
--No puedo más --jadeó el número 60. Sus piernas ardían, le imploraban detenerse..., sin embargo él había hecho una promesa, y no pensaba ignorarla.
Cuando estuvo mejor preparado, retomó su marcha y corrió como si para él no hubiera un mañana. Llegó con el sudor cubriendo su frente por completo y divisó a lo lejos una figura familiar.
--Papá --dijo, entre suspiros forzados--. Lo hice. Llegué al final. Ésta era tu meta, y se convirtió en la mía. Gracias --acto seguido, se desplomó en el suelo y la figura desapareció.
77. COMO CORÍAMOS AYER
JOSÉ LUIS BAÑOS VEGAS
En la línea de salida se encontraba un tal fray Luis que decía a unos jóvenes participantes: «Como corríamos ayer…». Un antiguo rector de Universidad, de nombre Miguel, se encaró a un extraño tipo que llevaba un parche en uno de sus ojos, para espetarle: «Correréis, pero no convenceréis». Un escritor enjuto, que batalló en Lepanto, le manifestaba a una chiquilla: «Advierte, hija mía, que estás en la San Silvestre de Salamanca, que es llamada en todo el mundo la madre de las carreras». Alguien opinó que quizá la prueba estuviese amañada, a lo que otro alguien señaló: «Eso es imposible, puesto que lo que la naturaleza no da, la San Silvestre salmantina no otorga». Un año más me encuentro en el paseo de San Antonio para participar en esta carrera, junto a las sombras de ilustres personajes de todos los tiempos que por esta hermosa ciudad pasaron.
78. ¿Quién quiere que gane?
Ana Sieben
Seguro que en La Moncloa ya van a servir la cena de Nochevieja. ¿Me estarán esperando? Y yo aquí vestido de cantante glam de los ochenta. Hay que ver… Una carrera el último día del año. Ni por ésas te libras siendo presidente: ni vacaciones ni tiempo libre. Pero a la gente le anima verme correr, porque me ven cansarme y sufrir —que es lo que quieren— aunque sea el último día del año. Voy a dejarme perder, a ver si arranco algunos votos para las generales, que éstos me tienen mucha manía, y más aquí, en territorio de derechas. ¿Fueron ellos los de los gritos del 12 de octubre? Ahora no me importaría que me gritaran: a ver si tengo menos frío. Las calles salmantinas cortadas, las farolas que rompen la oscuridad… Todos ellos vienen a verme ganar y perder. Preparados, listos, ¡ya!
79. Lágrimas
Miguel Ángel Moreno Cañizares
No había visto llorar a mi marido hasta el día de la carrera. Sucedió durante la prueba, mucho antes de alcanzar la meta. El llanto de un hombre, por infrecuente, provoca un magnetismo que te acerca a él. Mientras sus zancadas buscaban regresar al Paseo de San Antonio —“Tengo que lograrlo”, me había prometido— su mirada se iba inundando. Al paso por la Plaza Mayor sus ojos desprendían añoranza. Si le preguntas a un experto qué te hace conmoverte contemplando una obra de arte, acertará si asegura que se aproxima a la pérdida de un hijo.
Al reencontrarnos me percaté de que por sus mejillas se deslizaban dos hilillos de lágrimas. Dudé entre besarle, abrazarle o esperar. Nunca se está preparada para afrontar estas situaciones. Caminamos hacia casa en silencio, cogidos de la mano. “Le hubiera encantado verte correr”, dije rompiendo el sigilo. Desde entonces no ha vuelto a llorar.
80. Juntos
Rafael Fuentes Pardo
Se encontraba sobre el suelo, apoyado de manos y rodillas, como si estuviera gateando o realizando un trabajo para potenciar la musculatura estabilizadora de la cadera, tan importante en la carrera de fondo. Todavía no tenía decidido si entrenaría por pulsaciones o por tiempo. Si lo haría cuatro o cinco veces por semana. Si trabajaría los fartlek por sensaciones o lo haría por bloques. Si calzaría Adidas, Asics o Mizuno.
Cogió impulso y se levantó. Ya era hora de aprender a andar para poder participar en la Salmantina. De sus trece meses de vida llevaba doce escuchando a su padre decir que algún día la correrían juntos.
Ni que decir tiene que lo hicieron. La terminaron completa cuando él tenía nueve años. Cinco antes ya había aprendido a montar en bicicleta. Y hasta el último día de su vida, su padre también intentó enseñarle a volar en los halcones.
81. 00:41:51
Elena A. Rodríguez
Llevabas el dorsal 1521 y la excusa de correr la San Silvestre colgada a la espalda. Yo te observaba entre la gente, sabiendo que nuestra historia duraría lo que tardases en llegar a la meta.
82. SIN LAS ANSIAS DE SER DE LOS PRIMEROS
ISABEL GARCIA VIÑAO
Una voz interior me repetía: “Venga papá. A ver si llegas a meta el primero. ¿Eh?, ¿me oyeessss…? ¡El primero!” Era la voz de mi infancia, mi voz veintinueve años atrás que manifestaba esta ambición a mi padre. Ahora, yo era padre y me acompañaba mi hijo a la San Silvestre Salmantina. Mi pequeño no había heredado mi carácter competitivo. Era conformista y a los seis años, me dijo: “Venga papá, lo importante es que llegues a la meta aunque entres el último”. Sus palabras no eran de pugna ni de desafío sino contributivas, fomentando la prueba deportiva, sin las ansias de ganar. Realicé la carrera con ambas voces que se iban alternando: la de mi infancia, que me hacía dar zancadas rápidas y largas, y la de mi hijo, que me permitía correr deportiva y sosegadamente, disfrutando. Correr combinando las dos voces me resultó mucho más gratificante.
83. SIN LAS ANSIAS DE SER DE LOS PRIMEROS
ISABEL GARCIA VIÑAO
Una voz interior me repetía: “Venga papá. A ver si llegas a meta el primero. ¿Eh?, ¿me oyeessss…? ¡El primero!” Era la voz de mi infancia, mi voz veintinueve años atrás que manifestaba esta ambición a mi padre. Ahora, yo era padre y me acompañaba mi hijo a la San Silvestre Salmantina. Mi pequeño no había heredado mi carácter competitivo. Era conformista y a los seis años, me dijo: “Venga papá, lo importante es que llegues a la meta aunque entres el último”. Sus palabras no eran de pugna ni de desafío sino contributivas, fomentando la prueba deportiva, sin las ansias de ganar. Realicé la carrera con ambas voces que se iban alternando: la de mi infancia, que me hacía dar zancadas rápidas y largas, y la de mi hijo, que me permitía correr deportiva y sosegadamente, disfrutando. Correr combinando las dos voces me resultó mucho más gratificante.
84. PANGEA
TEREZINHA BERTAZZI COSTA
Érase una vez un Adán, de cuya costilla se hizo Eva ... No, no... Érase una vez un animal que evolucionó y se puso de pie... A decir la verdad, no es lo que importa en este caso, porque érase una vez el Hombre que recorrió la Tierra, entre continentes varios y esos continentes se desplazaron y se reconfiguraron y se formaron y fueron mapeados; fueron habitadas y colonizadas las Naciones bajo sus políticas y éticas y estéticas diversas. Migraciones, emigraciones, inmigraciones; así vive ese Hombre.Transita por el Planeta por necesidad, curiosidad, altruismo, egoísmo, para cazar, para plantar y cosechar, para nacer, para morir, para cantar sus amores. Y camina; y corre. ¡Cuánto es capaz de correr! Es bello saber que, a pie, el Hombre desveló las eras y llegó al más natural y ecológico de todos los Deportes, como la San Silvestre Salmantina ...
85. Aquel sueño lejano
Irene Hernando Rodríguez
Yo quería ver el cielo, ella quería gritar, gritar al viento, gritar al cielo, ese cielo que yo ansiaba visualizar.
Ella era muda, yo era ciego.
Nos pasamos la vida intentando cumplir nuestros sueños, pero desgraciadamente, nos tocó marchar. Salimos de nuestro disfraz, ese maldito disfraz, con el fallo de no dejarme ver, con el fallo de no dejarla hablar.
Yo pude ver el cielo, ella pudo gritar.
Pero esta vez, yo fui el que me quedé sin habla.
Y sonreímos, la sonrisa ni vivos ni muertos, nos la iban a quitar.
86. EL ATLETA MENTAL
FLOR DEL CARMEN RODRÍGUEZ SEGURA
“El joven Andrés salió corriendo dentro de los primeros de la competencia de San Silvestre y como si volara se puso muy pronto cerca del atleta, que iba de primero. Lo siguió como una sombra, sin despegarse un solo momento. En un descuido del competidor, Andrés pasó a liderar la competencia, faltando solo unos cuantos kilómetros para llegar a la meta.
La prensa hacía gran bullicio y la gente que observaba el paso de los contendientes, alentaban a Andrés con vivas y hurras, ya que conocían al esforzado atleta. Llegó de primero”.
Su madre lo llamó para que fuera a desayunar.
Andrés se balanceo con los brazos para alcanzar su silla de ruedas y muy contento se sentó a la mesa.
__¡Qué bueno que amaneciste tan animado, hijo!
__Mamá soñé que competía en la Carrera de San Silvestre y gané. ¿No te parece estupendo?
__Lo importante es que seas feliz…
87. Sentirse viva
Raquel Gonzalez Cano
El vaivén de su cola de caballo, el calor de sus mejillas, sus piernas corriendo solas, ya no sentía el cansancio, no tenía ganas de parar, ¡ocho años despreciados!, De frases hirientes perdonadas, aunque no olvidadas, como flaxes, eventos familiares perdidos. En cada kilómetro dejaba en el asfalto cada año dedicado a el. La rabia, la furia era más fuerte que el cansancio, ocho años exclusivos para el.
San Silvestre era el principio de una nueva vida, el final de una vida que nunca vivió, un finiquito por mail, había puesto fin a ocho años de exclusividad, de perder mucho para ganar poco. En la meta, con lagrimas en sus ojos, clavando sus rodillas en el suelo, grito...
Ya no sentía rabia, por primera vez, mientras recuperaba el aliento, se sentía liberada, se sentía viva.
88. Transferencia
Miguel Nombela Blázquez
No importa de qué lado llegue la contrariedad: todo le molesta hoy. Incluso ese trozo de exterior entrando por la ventana. Demasiada luz. Demasiada esperanza estéril. Corro la cortina, tironeo de las mallas y enfrento sus ojos de nuevo: su mirada traspasa la mía. Quedan pocos minutos. Debo darme prisa: la organización querrá hablar conmigo antes para arreglar lo de la placa. Respiro profundo y aparto un amago de reproche: ya es tarde para lamentos. Vivimos en ciudades distintas, eso es todo. Lo importante es que estoy aquí, y que me estará esperando, agazapada tras alguna esquina del recorrido o confundida en el griterío entusiasmado de la gente; o quizá camuflada entre latidos precipitados y violentos. Hoy estará aquí, en Salamanca, escondida, oculta, definitivamente perdida, la memoria de mi padre.
89. Correr
María Solar Escribano
Calzarme las zapatillas y echar a correr. Sin rumbo, sin porqué, sin pensar. Mente en blanco y a correr.Huyendo como los cobardes, corriendo como los valientes. Pero correr, siempre correr.
90. Testigo generacional
Juan Manuel Velasco Centelles
Va a ser mi última.
Mis rodillas han fagocitado los últimos alientos de cartílagos, de meniscos; solo queda lo óseo para friccionar entre sí.
A mis 66, la actual significará mi postrera presencia en la San Silvestre de mi ciudad, Salamanca. Debuté, a mis añorados hoy 37, y he participado ininterrumpidamente en las 29 ediciones anteriores. Álex, mi hijo, nació aquel 30 de diciembre.
Recuerdo que nevusqueaba en aquella inauguración. Recuerdo también que exigí de mi corazón de corredor popular (jamás me he considerado runner) un sobreesfuerzo que me alejara los remordimientos por el abandono del cabezal dramático del lecho hospitalario.
Un sol mortecino de mediodía alivia la tensión de la salida. Un minuto para el disparo, diez kilómetros de viacrucis. Adosado a mí, aquel chaval de 30 años, confinado en una silla de ruedas desde sus primeros pasos, calienta sus brazos mientras me enorgullezco.
Va a ser su primera.
91. Fenómeno Salmantino
Yván Borjes Hernández
Marco últimamente hacía todo corriendo. “¡Pareces una criatura silvestre, Marco. Camina. Pórtate como un niño civilizado!”, le gritaba su mamá. Pero por más que lo regañaban, Marco no paraba de correr. El colmo fue cuando sus padres lo vieron moviendo sus piernas mientras dormía: estaba corriendo. Resolvieron llevarlo al médico.
–¿Qué sientes en tus pies, Marco? –inquirió el galeno.
–Me pican, doctor. Me pican mucho.
_¿Y?
–Sólo corriendo me alivio.
No hubo más preguntas. El doctor tomó a los padres aparte y, con voz grave, dijo:
–Su hijo está presentando los síntomas de un fenómeno que se ha ido apoderando de los niños de tierras salmantinas. Médicamente lo hemos llamado el Síndrome del Corredor Silvestre: pensamos que las carreras de San Silvestre sean la causa principal de este comportamiento… No hay razón para alarmarse... Posiblemente el pequeño se convierta en un plusmarquista olímpico en el futuro…
92. Corre Forest, corre.
Judith Mínguez Navas
Y es que, al fin y al cabo la vida se ha convertido en una carrera a contrarreloj en la que sabemos a ciencia cierta que no vamos a poder ganar. Y aún así lo bonito es que seguimos corriendo, porque correr te libera, despejándote la mente y permitiéndote así avanzar. Como en la vida, a veces hay cuestas arriba, pero al final aprendes que “no es una cuesta, sino un culo duro”. Creo que siempre hay que ver el lado bueno de las cosas, como la fuerza de voluntad de todas esas personas que acuden a la carrera para animarte mientras corres cuando podrían quedarse en su casa calentitos viendo la típica película de domingo. Eso sí que da fuerzas; eso y ver a la humanidad en constante movimiento, sintiendo que, aunque sea por una vez al año, el mundo se mueve y tú con él.
93. Muy cerca de la meta y en primera posición
Román Ignacio Ksybala
Un vistazo a la carrera; un rostro que me clava los ojos entre la multitud, y en mi cerebro se encienden todas las alarmas. Era ella. La mujer que me fascinó años atrás, y que perdí, al desencontrarnos entre la muchedumbre de esa estación de tren. La que busqué por años en vano, al ignorar su apellido.
Mis pies se vuelven de plomo, y al cabo me detengo. Regreso a contramano de la San Silvestre, y la busco entre el gentío. Y allí está.
Es ella… Dios mío, sí, es ella…
Nos miramos petrificados, y ella deja caer sus primeras lágrimas. Luego caen las mías. Cruzo las vallas y nos abrazamos con desesperación. Luego no la beso: la devoro. La gente sonríe y aplaude a nuestro alrededor.
- Dime que no estás casada...
- ¿Con quién, si desapareciste? –solloza.
No sé quién cruzó la meta primero. Sé que gané yo.
94. CIEN
Remedios Romanos Madriles
Iba por el cincuenta y parecía a punto de caerse, pero ellos seguían cerca, animándole. Se paró un momento y los miró, riéndose con esa sonrisa loca. Ya te dije que es demasiado pequeño, mejor que salga de la carrera... Déjalo, mujer, nos está viendo, si quiere puede salir... Ochenta, gritó el monitor... ochenta y cinco...venga, venga, venga!!!... Noventa y ocho... dos, quedan dos metros, ánimo, chavalines!!! Entró, entró... Corrieron a recogerlo: su primera carrera, solo 100 metros, pero para sus casi tres años un maratón auténtico. Paco, contuvo la emoción, abrazando al futuro campeón olímpico, mientras la copa se le incrustaba en las costillas.
95. El detalle
Carlos Aymí Romero
En la treinta y cinco edición de la San Silvestre Salmantina tuve una misión que cumplir. Salí de los últimos de San Antonio, éramos muchos, todos humanos salvo yo.
Salamanca es un gran rincón del universo, su historia, su gente, sus tapas… En estas fechas subiría la temperatura, pero tengo la responsabilidad de no modificar según qué cosas.
Ya en el Paseo de Canalejas adelanté a mucha gente disfrazada, en el Puente Romano corrí junto a abuelos llenos de vitalidad, en Libreros me pasó una corredora invidente con su guía y fue en Rúa Antigua cuando me puse a la altura de mi misión.
Los terrícolas son asombrosos, cierto que a veces dan ganas de exterminarlos, pero otras lamento no poder ayudarles más. Vega estaba a punto de abandonarlo todo, solo tuve que sonreírla. Fue suficiente para que ella llegara al final.
Será su primera victoria de muchas.
96. FELICIDAD PURA
Jorge Miguel Valdés Ortiz
Ese final de 1984 y apenas por cumplir sus quince primaveras Gaudencio, fue uno de los 389 participantes en aquella primera celebración de La San Silvestre Salamantina y, desde entonces, no ha faltado a una sola carrera; en aquélla primera vez, los aplausos recibidos al cruzar la meta lo hicieron sentirse como nunca antes; luego, le dijo entusiasta a su madre:
-¡Quiero participar siempre… en todas las carreras!...-.
Ella respondió:
-¡Claro que sí!... ¡verte con esa sonrisa tan dichosa, también me llena de felicidad, amor mío!...-.
Desde aquél 31 de Diciembre, el otrora jovenzuelo Gaudencio ha regresado acompañado del cariño de su mamá aunque, debido a su condición, participa solamente en la categoría más corta y, a pesar de arribar siempre último por su Síndrome de Down, los aplausos recibidos al llegar le han hecho a través de los años el hombre más feliz de la Tierra.
(Maratonista).
97. ZAPATILLAS VOLADORAS
PEDRO SANZ LALLANA
Cada tarde mi madre me soltaba su recomendación:
—Pon las zapatillas en la ventana para que tu habitación no apeste.
Resignado, las ponía sobre el alféizar para aligerar los vapores mefíticos de mis pies.
La víspera de la San Silvestre hice el recorrido oficial esquivando a la gente, tomando nota de las calles, los bolardos y todo aquello que podría dificultar mi carrera. Cuando volví a casa, la voz de mi madre:
—Saca las zapatillas...
Me acosté pronto. Fue una noche de pesadillas: alguien me robaba las zapatillas y debía correr descalzo... Me desperté sobresaltado y fue un alivio saber que había sido un sueño.
Madrugué para llegar temprano e ir calentado los músculos; fui a buscar las zapatillas pero mi sorpresa fue mayúscula cuando vi que me faltaba una: un par de urracas andaban picoteando sobre un tilo los vivos colores de la suela.
—¡Eh, mi zapatilla, malditas ladronas!
98. Por fin
Marina Bolaños Urruela
Llevaba meses, años, sin correr. Sin correr por placer. Había sido un tiempo infinito. Parecía casi media vida desde la última vez que había sonreído así.. Había sido una época oscura, fea, triste.
Pero ahora estaba fuera, ahora le daba el aire en la cara y le sonreían los labios. Y le dolían las piernas y era por fin un dolor feliz. Y estaba agotada, y era por fin un cansancio feliz. Y le faltaba el aire. Y eso por fin le hacía sentirse viva.
Hacía meses, años que no se había sentido tan viva.
Pero ahora cruzaba la ciudad que la había vuelto a ver nacer, sonreía a la universidad en la que vería graduarse a su hija mayor, acariciaba el Tormes con los ojos, el dorado de los chopos combinando perfectamente con su pañuelo rosa.
Ahora era una mujer sana. Libre. Feliz. Viva.
99. El Veterano
Wibo Sefeld
Corría el año '96, Joaquín miraba con orgullo su dorsal, el 96. Debía de ser pura coincidencia pero a sus 96 años estaba dispuesto de participar en su penúltimo San Silvestre Salmantina. El estatus de Veterano no le avergonzaba, al contrario, sabía que en el fondo la categoría no importaba. Al cruzar la meta supo que el año '97 estaba muy cerca pero demasiado lejos para participar de nuevo.
100. LA EDICION DEL OCTAVO CENTENARIO
Roberto Crespo Ramos
Aquella tórrida mañana del 2.783, se celebraba la DCCC edición de la Sansil.La totalidad de los habitantes se había apuntado.Debido al boom tecnológico la población salmantina se había multiplicado. Además gracias a la subida del nivel oceánico ,por el calentamiento global, Salamanca poseía las mejores playas tropicales de Europa. Era 1 millón y medio de personas.Correrían bajo los atentos escáners de los jueces-robot.
El ganador , como no había nadie animando, tuvo que acontentarse con testimoniar el apretado final por el segundo puesto… ìQue rabia ser el primero y no poderlo compartir con nadie… humano! El paseo marítimo del Rollo-Ipanema se iba abarrotando. Cuando llego el atleta 1.499.999 el “Maracaná del Running” rugía como nunca. Ahora como mandaban los cánones de las ultimas 350 ediciones todo el mundo se podía dar un chapuzón y beber “Charrojitos” (la evolución charra del Mojito) ì para recibir el año nuevo!
101. Justo el treinta y uno
Maximiliano Sacristán
El cuerpo parecía presentirlo. Como si tuviera memoria. Diez mil metros de gozoso esfuerzo. Tuvo que esperar todo un año, distraído en otros menesteres, hasta el último día. Claro que me lo hizo saber. En la noche anterior, entre las sábanas; o en las horas previas, cuando íbamos a reunirnos con los otros. Durante los ejercicios de la entrada en calor, en los minutos previos, recuerdo que un hormigueo me corría por las piernas, mientras elongaba, como susurrándome "¡Vamos!, ¡arranquemos ya!".
Y la maquinaria teórica al fin se puso en acto. En la mañana fría, bajo la nieve, cada músculo esforzándose por vencer la distancia. Primero un pie, luego el otro.
Justo el treinta y uno. Diez mil metros. Una experiencia única. ¿El resultado? ¿De veras quieres saber en que puesto arribé? Eso es lo que menos importa. El deleite está en el viaje, no en la meta.
102. » El sueño de Juan Carlos «
Carolina Navas de Salcedo
Como muchos de los niños en España, Juan Carlos, fue atrapado por la magia de los sueños deseaba participar en la carrera de San Silvestre, repitiéndose : Quiero hacerlo cuando sea mayor, si tienes pasión en tus objetivos nada puede detenerte se decía así mismo, el futuro profesor. Así que después de graduarse, el joven no se dio por vencido y empezó a trabajar duro para alcanzar su meta. Después de ver un video emocional, decidió participar y competir en la carrera de San Silvestre de Salmantina 2018, todas las tardes después de venir del trabajo, corría por la plaza Mayor, para Juan, no era una novedad, aplastar las barreras para alcanzar sus sueños, Él había nacido con acrondoplasia, que es una de las formas más comunes del enanismo, persona pequeña, media cuatro pies con cuatro pulgadas de alto, era aficionado a las carreras, desarrollando habilidades para ganar.
103. Límites
Raúl Clavero Blázquez
En cuanto el juez agita su banderín, los demás participantes salen disparados a toda velocidad. Yo, sin embargo, soy el autor del microrrelato y sé que esta es una San Silvestre anormalmente corta, de apenas ciento cincuenta palabras, de modo que me quedo quieto y espero hasta escuchar los primeros gritos de corredores que, uno a uno e incapaces de frenar a tiempo, se precipitan en el vacío inexplorado que acecha más allá del punto final. El silencio regresa en pocos minutos, y sólo entonces comienzo a caminar, muy despacio, recorriendo con cuidado cada renglón. Esquivo este paréntesis ( ) que podría hacerme caer en el olvido, salto unas cuantas comas innecesarias,,,, y ya estoy a punto de levantar los brazos para celebrar mi victoria cuando lo veo de nuevo allí, al fondo, atravesando en cabeza, como siempre, la línea de meta: el arrogante, inevitable e imbatible dinosaurio de Monterroso.
104. Compañeros de carrera
Carlos Asorey Bre
Curioso que me haya tocado el dorsal 77. Me gusta. Hoy va a ser un gran día, sobre todo por quién lleva el 78, mi compañero de carrera. Paso el año esperando ese momento, nuestro momento de complicidad. Apenas hablamos, pero nos sentimos cerca, unidos como pocas veces. Es penoso que nos veamos tan poco. Pero así es la vida, te une como te separa. Por suerte, tenemos nuestra San Silvestre. Yo la disfruto al máximo, no sé qué pensará él.
Es curioso que este año le haya correspondido el dorsal 77. Una hermosa coincidencia, que resalta el motivo de mi enorme admiración: su tenacidad, ese no rendirse nunca, conciliado con su nobleza y su serena aceptación, cuando vienen mal dadas. Todo un ejemplo de vida. Pena haber tenido que irme de Salamanca tan pronto. Pero regresaré. Mientras, a disfrutar la carrera y celebrar que mi abuelo cumple 77 años.
105. LA META
Miguel Angel Molina Jimenez
Suena el pistoletazo en el Paseo de San Antonio. Por la Avenida de Mirat todavía no he encontrado el ritmo de carrera, y al cruzar la Plaza Mayor se me hace extraño no acompasar mi zancada a la tuya. A pesar de la aglomeración de participantes, por el Paseo del Progreso, el sentimiento de desamparo es ya absoluto. Entre la Glorieta de la Charrería y el Puente Sánchez Fabrés me olvido de hacer marca personal: he decidido abandonar el recorrido y al resto de corredores en la Glorieta de los Milagros. A partir de ahí, describo un nuevo trazado hasta alcanzar el Hospital Universitario. Mientras subo en el ascensor, sudado y en ropa deportiva, sé que me regañarás por no acabar la carrera, tal y como te prometí. Pero este año mi meta no está en el Paseo de San Antonio, sino en la planta de oncología, a tu lado.
106. Fenómeno Salmantino
Yván Alberto Borjes
Marco últimamente hacía todo corriendo. "¡Pareces una criatura silvestre, Marco. Camina. Pórtate como un niño civilizado!", le gritaba su mamá. Pero por más que lo regañaban, Marco no paraba de correr. El colmo fue cuando sus padres lo vieron moviendo sus piernas mientras dormía: estaba corriendo. Dicidieron llevarlo al médico inmediatamente.
-¿Qué sientes en tus pies, Marco? -inquirió el galeno.
-Me pican, doctor. Me pican mucho.
-¿Y?
-Sólo corriendo me alivio.
No hubo más preguntas. El doctor tomó a los padres aparte y, con voz grave, dijo:
-Su hijo está presentando los síntomas de un fenómeno que se ha ido apoderando de los niños de tierras salmantinas. Médicamente lo hemos llamado el Síndrome del Corredor Silvestre: pensamos que las carreras de la San Silvestre sean la causa principal de este comportamiento... No hay razón para alarmarse... Posiblemente el pequeño se convierta en un plusmarquista olímpico en el futuro...
107. Contratiempo
Eduardo Alonso Suárez
Suena la señal, el tiempo echa a correr y, como pueden, los participantes lo siguen. Se concentran en llegar junto a él e incluso algún descabellado pretencioso lo intenta adelantar. Muchos caen en el intento de llegar a tiempo y a otros, les pierde la frustración de la incapacidad. Quién no quisiera que el conejo blanco advirtiera de la larga carrera; que alguien les dijera, como a insensatos corredores, que muchos simplemente no llegarían. Pero cual fuere la expresión de desencanto del desgraciado que llega a la meta sin haber sufrido el recorrido.
Mientras observa la carrera de la vida, a un padre se le acerca su hija y, como buen obstáculo que son las preguntas de toda niña, le dice:
-¿Por qué corren? – Se sentó sobre su regazo, en la silla de ruedas.
-No lo saben, pero huyen de la falta de tiempo. – Dijo con melancólica sonrisa.
108. Tiempo al tiempo
Aarón Sánchez-Molina Pando
No miraba el cronómetro porque el tiempo que tardase era intrascendente. Sabía que tarde o temprano llegaría a la meta, pero, al contrario que otros, él se paraba. Se paraba a contemplar las calles, a conversar con el público, a observar a otros corredores, ya que entendía, que el objetivo de la carrera no era llegar a la meta.
Muchos luchaban por llegar a meta lo antes posible, por ser los primeros en salir, pero, la carrera, igual que la vida, no se mide por el inicio o el final, sino por lo que transcurre entre ambos puntos. La salida y la meta solo marcan dos puntos de toda la línea que conforma un camino.
Unos pocos se paraban a conversar con él, unos pocos decidieron no competir y si compartir, compartir la experiencia de la San Silvestre Salmantina. A unos pocos no les importa un tiempo, sino el tiempo.
109. Corriendo hacia la libertad
María Josefa de la Piedad Lago González
Era 31 de diciembre, abandoné con mis escasas pertenencias las cuatro paredes dónde había pasado gran parte de mi vida.
En mi mente se agolpaban miles de recuerdos de un tiempo pasado.
Caminaba cabizbajo hacía una nueva vida.
La vida de un jubilado!
De pronto,cientos de personas en un ambiente festivo, corrían por las calles.Sus vestimentas amarillas, verdes, azules, rojas...formaban una marea multicolor.
No lo pensé dos veces.Subí raudo y veloz las escaleras, me enfundé mis zapatillas de correr y me uní a la marea.
Año nuevo, vida nueva!
Voy corriendo hacía la libertad!
110. MARCA DE VIDA
CRISTINA SANFÉLIX MADRID
¿Siempre? Sus pensamientos, llenos de recuerdos, se pierden en las horas previas a la carrera. El día ha amanecido pesado, sin ganas de despuntar, sin ganas como él. Sale a la calle y se acurruca sobre sí mismo, una mañana más fría de lo que se imaginaba. La vagancia le puede y prefiere seguir caminando, antes que subir a por una chaqueta. ¿Nunca? Los corredores se sitúan en primera línea de salida y él se queda atrás, rezagado. El pistoletazo de inicio le retumba con ecos de memoria, impulsos vagos e inútiles que no saben marcarle ninguna ruta. Su reloj de manillas compite con sofisticados cronómetros. El final sigue lejano. Los Siempre te querré y los Nunca te dejaré son añadidos que se los llevó de cuajo el cuerpo inerte de su padre. En la meta le espera su madre, la única marca de vida que le queda.
111. Los veteranos de La Salmantina.
Carolina Vivas
El Paseo San Antonio guardará eternamente las huellas de sus zancadas. Ellos llegan al punto de partida con su ceremonial parsimonia, toman una bocanada de aire que viene cargada de experiencias añejas y esperan en silencio la orden de salida. Dan una mirada a la meta que se yergue del otro lado de la calle, imponente y retadora; está tan cerca y a la vez tan lejos de ser alcanzada. Para los veteranos el circuito salmantino no es un recorrido más. Es un esquema que refleja la vida misma, con sus inicios y sus llegadas, con sus caídas y levantadas, pero sobre todo, con la intención genuina de llegar a la meta. Ya que para ellos, llegar es un decreto de conquista, mientras que la posición, es solo un asunto de orden, y en la ecuación de la vida, el orden de llegada no altera las experiencias ganadas.
112. Déjalo
Javier Millán Villalobos
Una punzante descarga eléctrica golpeó al gemelo de la pierna derecha de Rodrigo. Un kilómetro le separaba del Paseo de San Antonio. “Déjalo”, se dijo pensando con lógica en el vil dolor. Por un momento odió al asfalto; al agrio sudor que nublaba su visión impidiéndole abrir los ojos; a la repentina percepción del frío invernal. Durante ese fugaz instante, nada tenía sentido. “Déjalo”, repitió con la vista puesta en la cena de Nochevieja, en la familia, los amigos; en la calidez de la Navidad en general. Pero ni Rodrigo iba a rendirse, ni el gran gentío de Salamanca a permitírselo. Sus reconfortantes vítores eran mucho más de lo que había tenido en situaciones peores durante las largas sesiones de entrenamiento previas celebradas en absoluta soledad espartana. “¿Déjalo?”, pensó una última vez con congoja; un corredor nunca deja una cita con sus propios objetivos.
113. RESILIENTE
Isabel María Rosa Nieto
Sin espacio para más preocupaciones, obedecía a la rutina diaria, buscaba el momento perfecto que nunca llegaría. Las obligaciones tenían el control de su cuerpo, sin escuchar las alertas que recibía. Solo atendía a un saludo tajante y seco ¡Pararás hija, algún día pararás! El saludo configurado del portero del edificio. Ese automatismo se paralizó el día que tuvo que obedecerlo. Paró, paró la carrera que nunca supo que había comenzado y menos, que con ella recibiría un premio, un nocivo regalo que lo acompañaría en sus venas durante un año. Lo asumo, dijo. Y...resiliente, se enfrentó a las adversidades, recuperó el control de su cuerpo, bloqueó lo material y configuró la fórmula para ser arquitecto de su destino. Comenzó a correr, sí, a su manera, libre, feliz, espontánea y celebrando el logro cada fin de año el día de San Silvestre.
114. PEQUEÑOS HÉROES SIN LÁGRIMAS
Pedro Luis Bellés Puig
Un gusanillo en el estómago, nada que ver con la serpiente venenosa que entre semana lo devora antes de ir al colegio, lo ha despertado temprano. Nuestro pequeño héroe participará en la San Silvestre Salmantina. Hoy correrá fuera de la tapia que rodea su colegio y lo encierra, cual indefenso cervatillo, dentro de una reserva de caza. Truena el disparo en el cielo de Castilla. El pequeño corre, corre y corre con todas sus fuerzas. Se siente a salvo de esa jauría rabiosa que lo maltrata entre los gruesos muros y los ojos ciegos. Los imagina detrás sin que puedan alcanzarlo porque ahora la única valla que lo encierra es la cinta que romperá dentro de un momento cuando cruce la línea de meta. Desde lo más alto del podio observa a la manada que entre semana lo insulta y hoy corea su nombre.
115. Corriendo por la vida
Raquel Mateo Rodríguez
Este año me ha hecho trizas. He tocado fondo dos veces, de manera tan profunda que o me quedaba ahí o salía a la luz. Así que corrí. Huyendo de todo, rápidamente para secar mis lágrimas, velozmente para que no me atrapen aquellos recuerdos nuevamente. Corrí de mí misma y a la vez para sentirme viva. Comencé a correr por todo aquello y para cansarme y lograr volver a dormir. Me ahogaba al comienzo, me dolía la garganta por el afilado frío, los calambres me partían las piernas y me aferré eso. Y porque me ayudaba. Al final aprendí y me ayudó a conquistar más distancias. Cada día repetía y me superaba. Hoy estoy rodeada de otras como yo, o no tan como yo, pero todas estamos aquí, esperando en la salida de la San Silvestre Salmantina.
116. Las vueltas de la vida
Antonio Felipe Araujo Machado
Siempre se ha dicho que el deporte mantiene rejuvenecido el
cuerpo y el alma, que la vida da muchos giros y hay que sujetarse a
ellos.
Así lo entendía Helena, por ello tomó su vieja bicicleta, llena
de tela de arañas y con las cadenas oxidadas, que guardaba como una
reliquia en su cochera. Ese viejo corcel con el que tantos giros le
había dado a su vida, durante su niñez y su adolescencia. Y que una
vez más la acompañarían en otra de sus aventuras, en un recorrido de
fantasía, por lo que quizás sería su último giro a la rueda de la
vida.
Ella tenía 90 años y nunca se rindió ante ningún obstáculo, hoy
aún se puede sentir su espíritu, cabalgando en su corcel de dos
ruedas, por los campos de antaño, por las vueltas de la vida.
117. AHORA GANO YO
NURIA GRAU
Respiré hondo una última vez, aquello si era la carrera definitiva, ni había marcha atrás ni quería. Me dije en voz bajita que solo yo podía y debía ganar, no había sitio para campeones de postín que ya lo habían hecho antes. Ellos disfrazados de maraña ya no tenían cabida. Calenté, más bien mi alma con ruegos y oraciones a todos los santos que conocía y alguno que inventé, y después de algún estiramiento de brazo me situé en la salida. Aquella línea roja que separaba el quirófano de una vida corriente con facturas que pagar.Esa mañana mi carrera a fondo empezó con un ¿estás lista tesoro?. Yo sabía que a meta llegaba, sin pecho sí, pero con fuerza. Una bata verde y unas zapatillas de runner eran mi atuendo ese día y mi pensamiento para mis compañeros de equipo que esperaban detrás del cristal. Preparados, listos..y empezaron.
118. LA CARRERA DE MI VIDA
Elena Bethencourt Rodríguez
Me dirijo disparada hacia la meta. Voy en primer lugar, aunque el segundo me está pisando los talones. Voy a conseguirlo, estoy cerca, pero me empujan de todas partes.
Un desconocido me echa un cable y después de unos cuantos tira y afloja, cruzo la meta completamente desnuda. El desconocido aprovecha y me da una nalgada. Rompo a llorar. Mi madre me abraza y llora también.
¿Y papá? Ni rastro, también está corriendo, pero en la San Silvestre salmantina. Ya no llega a tiempo de cortar el cordón umbilical, pero le perdono, yo de mayor quiero correr como él.
Ahí viene mi hermano, en segundo lugar. ¡Vamos, campeón, tú puedes!
119. Amor de loros
José Edgardo Díaz
Escucho que el loro repite hola, primero en voz baja, juguetón, respetuoso. Y a medida que nadie le atiende agrega variaciones: hola josé + hola repeto + ruido de celular nokia 1100 + hola (ahora ya es un grito) + ruido de máquina de lavadora.
Pide cariño y yo le pido silencio. Telepáticamente me entiende. Él se silencia y yo después le doy cariño. O lo que es más habitual: la telepatía es muy lenta, entonces yo le doy cariño para que ofrezca su silencio.
120. Orgullo
Aitor García Hernández
Miraste fugazmente a tu hijo reflejado en el retrovisor central del coche; estaba profundamente dormido, agotado tras la carrera. A pesar del frío. A pesar de los minutos de lluvia. A pesar del cansancio. A pesar de lo que el médico le había dicho. A pesar de todas las dificultades, se esforzó como nunca.
Y llegó hasta la meta.
No fue el primero, tampoco el segundo ni nada cercano; fue de los últimos. Pero eso no te importaba. Lo único que sentías era un gran orgullo por tu hijo, que con una pierna ortopédica había logrado terminar la carrera. “Eso era lo único que valía la pena” pensaste mientras sonreías.
121. CAMPEÓN
Olaia Rueda Barriuso
Yo no corro por correr; corro para ganar. Siempre. Y el día que deje de ganar, dejaré de correr. Hace ya unos años que cojeo; justo los mismos que cuando me convertí en campeón. Campeón. Esa palabra que tanto me gusta... No tengo zapatillas con superpoderes, tampoco la agilidad, el físico ni la velocidad de otros corredores; pero tengo mi público. Este fin de año soplaré 73 velas. Sí. Mis pulmones me siguen dando para apagarlas todas; sin olvidarme del deseo. Y nada como desear para que se pueda cumplir. Ya falta poco, en apenas una hora comienza la carrera y mi hija me cambia el bastón por el dorsal. Será mi San Silvestre Salmantina número veinte; a mi ritmo; al ritmo de los aplausos y el calor de quienes nos animan. Seguramente llegaré de los últimos, pero llegaré; y soplaré las velas para celebrar, una vez más, mi triunfo.
122. El niño de las llegadas
Luis Centomo
Soy el niño de las llegadas. Todos los años no hago más que esperar la carrera del pueblo y pedaleo mi bicicleta de fierro hasta la línea de meta. Allí me siento con las piernas cruzadas y la cara entre las manos y me aburro mientras espero a los corredores. Y cuando los veo venir a lo lejos estallo de felicidad y chillo:
- ¡Viva!, ¡pero qué rápido es usted señor!, ¡que formidable carrera la suya! Les grito mientras agito los brazos y me siento contento de ser el niño de las llegadas.
Así sigo por un rato hasta que me canso de tanto alentar y entonces vuelvo a casa montado en mi bicicleta, me voy a dormir y sueño que soy el niño de las llegadas y me voy por ahí a gritar y a mover los brazos y a veces a pedalear en mi bicicleta de fierro...
123. Semillas de plata
Arnau Martínez Garzón
“Es grave”, contestó al fin. “¿Cuánto?”. “Quizá demasiado”. Un ajetreo de latidos descoordinados anunciaba que no le quedaban más de cuatro quilómetros. “Los chavales no se lo merecen”. “No te olvides de nosotros”. Cerró los ojos para descansar la vista; sentía que el frío le estaba congelando las retinas. Al abrirlos, observó que otro más abandonaba. Por sus gestos, intuyó que ni siquiera intentaría llegar a pie. “Dichoso fútbol. Parece que no exista otro deporte en este país”. Le costó percibir el desagradable sabor a químico en el último gel que le quedaba. “Pues sí, debería de dar más dinero”. Veía con claridad la línea de meta; buena señal, padecía una acusada miopía y detestaba correr con gafas. Se santiguó al sobrepasarla. Levantó la cabeza y miró hacia adelante. El humo de los billetes se alzaba, tenebroso, hacia la estratosfera. Aleluya.
124. RAQUEL Y SU SOLEDAD
juan carlos Somoza García
Me había estado preparando durante varias semanas para participar en aquella San Silvestre Salmantina. Esperábamos la salida sintiendo la excitación previa, tratando de controlar la adrenalina y soportando los nervios que invadían desconsiderados nuestros cerebros. Fue en ese instante que nuestras miradas se cruzaron. No nos conocíamos pero le retiré un hilo verde que descansaba en su cuello. Sonrió y extendió su mano para recogerlo. Me dio las gracias y dijo que su nombre era Raquel. Tuvimos aún unos minutos para una conversación llena de vericuetos y anécdotas exóticas hasta que dieron la salida. Nos despedimos hasta una próxima ocasión. Recorrí las calles junto a aquellos que configuraban conmigo el tirabuzón multicolor, enardecidos y disfrutando. Al llegar a la meta volví a verla. Se colocaba con delicadeza el hilo verde sobre el cuello sin duda para que alguien pudiera ocupar durante unos instantes el lugar de su insufrible soledad.
125. ¡Sí, se puede!
Raquel Fernández Fernández
- ¡Venga Raquel, anímate!
- Que no Jorge, ¡que hace frío!
- El frío se va corriendo
- Uy, quita ¡qué cansado!
- Raquel, ¡si tú supieras! es de las mejores sensaciones que existen
- Jorge, que no tengo ropa, no tengo deportivas
- Están en el armario, en la sección 'Propósitos de año nuevo', ¿recuerdas?
- Ni me servirán
- Seguro que sí
- No lo veo Jorge, no lo veo...
(Final de la carrera)
- ¿Lo sientes, Raquel?
- ¿Qué si lo siento? Lo siento, lo oigo y lo huelo. Todo mi cuerpo está gritando de alegría. Me siento volar. ¡La ganadora de la San Silvestre Salmantina, Jorge!
- Pero no has ganado...
- ¿Seguro?
126. Corra, profe, corra
Eugenia Monroy García
Mis alumnos me animaron a participar en la San Silvestre hace dos años, después de leer en clase un cuento de Cortázar. Lo leí muy rápido. Nadie lo entendió. Corra, profe; corra la San Silvestre, ¡qué velocidad! Es duro que los alumnos se rían de una. Desde aquel día no dejaron de bromear sobre las posibilidades de que alguien que leía muy rápido corriera también muy rápido. En realidad habían entendido muy bien a Cortázar. Pero me tocaron tanto las narices que dejé de acudir al club de lectura de la Torrente Ballester y me apunté a un gimnasio. Bod-pum sonaba muy bonito, pero era levantamiento de pesas. Las levanté, como he levantado tantos tomos de obras completas. El día de la carrera varios de mis alumnos, quizá sintiéndose culpables, me gritaban desde los costados: Lea, profe, lea. Pero yo solo quería correr. Y corrí.
127. ¿Está usted seguro de que desea eliminar la Carpeta “Fotos San Silvestres” de forma permanente?
Patricia Collazo González
No sabe qué tecla apretó por error, pero la ventana ha preguntado, se ha contestado y ha desaparecido, sin darle tiempo a escoger respuesta.
Con el corazón en un puño, abre el explorador. La carpeta no está.
No lo puede creer. En esa carpeta guardaban las fotos de las últimas cinco San Silvestres. Desde aquella en que se conocieron, hasta la última en la que corrieron empujando el cochecito de Alba.
Se pone en pie con dificultad, como si el cuerpo le pesara más y recorre el pasillo con las piernas agarrotadas.
- Cariño… ¡no sabes lo que ha pasado!
Pero al llegar al cuarto, la cuna de la niña ha desaparecido, la cama está vacía, y tiene solo una plaza. Los retratos se han esfumado. Y el anillo que hasta hace un momento adornaba su mano izquierda, descansa junto a otro, desconocido, sobre la mesilla de luz.
128. “ADIVÍNALO ¿QUIÉN SOY?”
Alejandro Vázquez Gloria
No soy hombre, pero llevo humanidad y multitud. No soy mujer pero llevo la vida y llevo el tiempo. Soy otro final de año más, y junto, el deseo por terminarme para comenzarme de nuevo. Llevo ropas de muchos colores, o disfraces. En mí corren también personalidades disciplinadas, fuertes. Tengo inicio y tengo meta. Cargo con cansancios, pero los cargo con tenis para hacerlos ligeros. Hago que muchos salgan y arrojen de sus bocas ánimo a ese prójimo que pasa corre y corre: -(¡ánimos que tanto necesitamos para estos tiempos!)-. Provoco sudores que huelen a un sueño muy bonito en donde algo dice: ¡hoy quiero llegar! Hago correr a esas personas, pero nada las persigue. Corriendo, logro que el YO mismo se transforme por un: SOY TODOS… Adivínalo… ¿quién soy?... efectivamente, soy el alma de la carrera de Silvestre Salmantina, un alma que haces florecer cada 31.
129. Lágrimas
Miguel Ángel Moreno Cañizares
No había visto llorar a mi marido hasta el día de la carrera. Sucedió durante la prueba, mucho antes de alcanzar la meta. El llanto de un hombre, por infrecuente, provoca un magnetismo que te acerca a él. Mientras sus zancadas buscaban regresar al Paseo de San Antonio —“Tengo que lograrlo”, me había prometido— su mirada se iba inundando. Al paso por la Plaza Mayor sus ojos desprendían añoranza. Si le preguntas a un experto qué te hace conmoverte contemplando una obra de arte, acertará si asegura que se aproxima a la pérdida de un hijo.
Al reencontrarnos me percaté de que por sus mejillas se deslizaban dos hilillos de lágrimas. Dudé entre besarle, abrazarle o esperar. Nunca se está preparada para afrontar estas situaciones. Caminamos hacia casa en silencio, cogidos de la mano. “Le hubiera encantado verte correr”, dije rompiendo el sigilo. Desde entonces no ha vuelto a llorar.
130. Etapas
María Elejoste Larrucea (Mel)
He conocido todas las formas y motivos para correr. Ser la mejor y ganar su corazón, después las carreras de obstáculos: saltar, caer, hacerse daño, hacer las paces. Le siguieron las contrarreloj para llegar a casa antes que él y tenerlo todo a su gusto. Más tarde, con los niños, del "corre que te pillo" pasamos al escondite, y a la huida para que no nos alcanzase. Finalmente encontré otras como yo, correr a relevos, ser equipo. Descubrir que, en realidad, correr es lo de menos, que no existe una meta final, que solo importan las personas que nos acompañan en el camino.
131. Un sueño, un premio
Virtudes Torres
Descalzo, en continuo contacto con la tierra, va dejando en cada pisada la impronta de sus pies. Sudoroso avanza con el único afán de llegar a la meta, no importa en qué lugar. Agitado, siente en sus sienes el pálpito de su corazón. Respira, inspira, adecúa sus latidos a la marcha, jadea, su voz interior le anima; el aire salmantino besa su cara y se mete en sus pulmones, la brisa del Tormes refresca su cuerpo.
Descalzo, en continuo contacto con la tierra, se siente parte de ella y de ella recibe el impulso para seguir adelante. Ha conseguido su sueño: correr la San Silvestre salmantina y también su premio: su satisfacción personal.
132. Llora la calzada
RAFAEL JOSÈ NIVISELA DÀVILA
Estaba listo para subir al pódium. Lo tenía todo, yo me preparaba para completar la prueba, él para ganar. En cada entrenamiento dejaba el corazón, ponía el alma. Hoy en la partida estuve solo y, con cada metro que pasaba y con cada competidor que quedaba atrás veía su ausencia incrustarse en mis ojos y querer chorrearse en cascada. Eso haría que la “San Silvestre Salmantina” quedara en el olvido. Cuando de pronto su voz: <>. Y los kilómetros fueron pasando como los recuerdos de nuestra infancia: los juegos, el colegio, los amores y los entrenamientos; y en su sala los trofeos, menos éste, el que le faltaba.
Las lágrimas las contuve, igual ayer cuando supe del conductor ebrio que se lo llevó por delante. El trofeo está en mi mano, voy a despedirlo; sé que no podré llorar, ya que desde ayer: ¡llora la calzada!
133. La imaginación de Sofia
Antonio Felipe Araujo Machado
Como si fuera un pez nadando en el mar, como si fuera una ave volando en el cielo, así de enérgica es Sofia; todas las mañanas cuando su reloj marca las 5:40 sale de su casa a correr, comenzando su recorrido en la cuadra donde vive, y sin detenerse sigue hasta el horizonte, dejando atrás el tiempo y todos los maratones que encuentra en su camino, hasta llegar a la San Silvestre Salmantina, su carrera favorita, porque disfruta sus paisajes y el trato con su gente. A veces gana y otras veces pierde, pero siempre compite. Sofia es paralítica, pero su parálisis sólo está en su cuerpo, jamás en su mente, ni en su imaginación, porque es allí donde se encuentra toda su energía, todo su deseo de correr como un correcaminos, de correr como el viento.
134. La eternidad en un segundo.
BORIS BUENO LOAIZA
Tras un año de dura preparación física, en el último segundo de su impresionante registro de 29.48', antes de atravesar la cinta de la meta final con su pecho, justo allí, el salmantino alzó al cielo su cabeza griega y clamó: ¡Detén este instante, es tan hermoso!.
135. Decíamos ayer
Patricio Ruiz Brotons
Regreso a Salamanca. Y vuelvo por el mismo motivo por el que vine la primera vez, por una carrera.
El color dorado que la piedra de Villamayor imprime en la ciudad es único y evocador. Quedó para siempre en mi retina. El trazado de la San Silvestre hace el resto.
La Gloria de la Plaza Mayor- entonces llamada el tontódromo- porque las chicas paseaban en el sentido de las agujas del reloj y los chicos al contrario…¿o era al revés?
¿Existirá todavía el cine Salamanca? Cuántas veladas en el bar de al lado; un bar minúsculo donde se hablaba de cine con mayúsculas.
Por las callejuelas laterales me parece estar oyendo los inconfundibles compases de la tuna. ¡ Espero que los muy tunantes no corten el evento por la Rua!
Regreso a Salamanca cuarenta años después. En aquella ocasión también vine por una carrera; la de medicina.
Decíamos ayer.
136. El descubrimiento del siglo
Enrique Giménez
El científico quedó extasiado, con los ojos abiertos y la boca desencajada. Se trataba del descubrimiento del siglo, y lo tenía ante sí, tan real como él mismo. Se puso tan nervioso que no fue capaz de emitir palabra alguna. Contempló una vez más su obra, con detenimiento. Era su mismo reflejo, aquel cabello largo y atezado, su rostro anguloso y pálido. Su reflejo se movió, por lo que decidió aproximarse con recato, para no agitarlo. Y entonces, cuando creyó que nada más podía sorprenderle… su clon le habló.
137. EL VETERANO
Ana Isabel Velasco Ortiz
Correr la San Silvestre salmantina era una cita a la que no quería renunciar. Año tras año, le conmovía avanzar por las calles de su ciudad acompasando el ritmo de pies y corazón. Sentir la emoción compartida de competir. El entusiasmo del público que animaba sin descanso.
El médico advertía: Ya tienes una edad… Y él, respondía que participaba en la categoría de veteranos. Que el esfuerzo era el adecuado.
Al cabo, percibió que estaba acompañado por los seres queridos que ya se había ido. La mujer que fue su único amor, el hijo que les dejó ¡tan pronto!, el mejor amigo de la infancia… Corrían unidos y alegres.
Algo le quebró por dentro y, al tiempo que caía sobre el asfalto, se contempló corriendo sin descanso más allá de cualquier tiempo y lugar e imagino que la muerte era una especie de carrera infinita y ya, no quiso regresar.
138. Un despiste sin velocidad
Alfonso Sauso Lesas
El año pasado, Manserde metió su coche en la fuente de la Puerta de Zamora. Y su novia le recomendó hacer deporte para no relanzar el asunto.
-¡Comencemos!- dijo Carla tras haber estirado.
Pronto, Manserde recibió silbidos y algunas risas afianzadas. Las personas no olvidaban su incisivo despiste.
Ambos siguieron entrenando, con la vista puesta en la San Silvestre Salmantina.
El día previo a la carrera, Carla no pudo recuperarse de su torcedura de tobillo.
Manserde había mejorado, y estaba preparado para hacer menos de sesenta minutos en diez kilómetros.
Ya se encontraba en la carrera. Se quitó la máscara que llevaba encima. Su rostro volvía a quedar descubierto.
Empezó a remontar desde la Avenidad de Mirat, y cumplió oportunamente su objetivo.
Le regaló su dorsal a Carla, tras finalizar. Las personas miraban a Manserde, pero éste seguía visualizando su fungible carrera. Sintió correr por la ciudad de Salamanca.
139. La promesa
cristian felipe leyva meneses
En las reuniones familiares, se hablaría, con gran orgullo, de Alicia; Para ella, y su amiga, Carla, cada edición de la vuelta de San Silvestre de Salamanca representaba una oportunidad invaluable para medir fuerzas. Cuando llegó el momento de la competencia, avanzaron con gran brío, ganando ventaja rápidamente, sin embargo, un paso en falso habría de indisponer a Carla, un tobillo dislocado enterró sus posibilidades de hacerse con la tan anhelada victoria. Alicia, al verle, se conmovió y no vaciló en asistirle, la hizo apoyarse en sus hombros, y ambas avanzaron pausadamente hasta la meta, en la que compartieron el último puesto. Allí, el tobillo de Carla fue atendido por un diestro paramédico y la acción de Alicia fue muy aplaudida por el público en general. Se juraron, apoyarse mutuamente siempre que las circunstancias lo permitieran, y seguir entrenando juntas, para la próxima edición de la tan sonada competencia
140. Imanol
María Isabel de Partearroyo Calvo
Imanol
Son los menos pero se les distingue fácilmente. En la línea de salida, botan ligeramente sobre sus punteras. El murmullo de la gente inunda la calle y cuando el disparo suena sus piernas vuelan. Apenas tocan levemente el suelo. Son galgos, consumidos por el ansia. Concentrados. Escuálidos cuerpos en busca de su presa. Ganar es la palabra que ronda en su cabeza desde hace días. Cada segundo cuenta.
Los más somos nosotros. Volver a cruzar la misma raya en una hora es el objetivo. Disfrutamos las sonrisas del recorrido. Las fotos de la familia. Los aplausos de la gente. ¡Vamos! ¡Ánimo! ¡Grandes!, resuenan como eco constante. En la Plaza Mayor aún sonreímos. Nuestra ilusión flota en el ambiente de la gente. Siento emoción. Imanol me mira de reojo y yo le sonrío. Me duele la espalda pero sigo. Aprieto los dientes y empujo la silla.
141. EL ÁRBOL DE LA TENTACIÓN
Shodoka Ioshi
Sesenta millones de años atrás, nuestros antepasados bajaron de los árboles
y se pusieron a caminar.
Al poco de andar dudaron y se convirtieron en hombres de poca fe.
A esto Dios no lo vio con buenos ojos.
A partir de entonces nació el bien y el mal.
En estos días de confusión y desencanto, el hombre mira los árboles con nostalgia.
142. Los corredores del origen
Ramón Cabeza Diaz
Si la vuelta al mundo de la creación he de contarte, los corredores de San Silvestre Salamantina tendrán que ubicarte. Desplegando el sol de Ra entre sus mil fauces, el Nilo recorrieron sin parsimonia ni desgaste, ante tal ferocidad ni la luz de Ra pudo alcanzarles. ¡Oh mis valientes guerreros! Vociferó Zeus al encontrarles, pues tales corredores sublevarían a los titanes, armados con rodilleras y sin más armaduras que suaves ropajes. Sus pies sobre el Atlántico pudieron desplazarles, una nueva tierra entre follajes y lenguajes, mas ellos corrieron sobre huellas sangrantes, Kukulkán y Quetzalcóatl los guiaron al final de su pasaje, curando cada herida como signo de homenaje. Odín se extasió al llegar los personajes, estos velocistas carecían de carruajes y equipajes, a los gigantes de hielo le ayudaron a enfrentarse. Posándose sobre Salamanca al finalizar su viaje, esperando ser el mito de una nueva aventura que contase.
143. Generación Perdida
Ainara Pech Martínez
Recuerdos olvidados en las frías noches de invierno. Sentimientos ahogados en vodka con Fanta.
Cigarrillos rulando de boca en boca y risas que esconden nuestras lágrimas de agua dulce.
Novios de quita y pon, amigos por convicción. Quedadas de aquí para allá, problemas de par en par. Reencontrando viejos mecheros sin gas que perdimos por las calles de la ciudad.
Ocultamos nuestras cicatrices con papel y boquillas, reciclamos hasta las colillas que encontramos por ahí.
Somos la esencia de la verdad, la imagen de la realidad. Somos el reloj atrasado que nadie quiere adelantar. Somos los que muchos llaman “Generación perdida”.
144. San Silvestre evocadora
Esperanza Ruiz Adsuar
Mientras tiras de zancada rápida para los primeros kilómetros piensas en fray Luis de León y en el Puente Romano donde anduvo. Su humanidad no le permitiría correr, pero de su tonsura emanaron ideas que perduran a través de los siglos. De repente el glucógeno dice basta y algunas fibrillas musculares se contraen, pero no les prestas atención. En su lugar, imaginas que Lázaro de Tormes también correría por estas callejuelas para despistar a los mangasverdes. El ritmo se enlentece y marcas 110 pulsaciones pero a ti te da por pensar en la fachada del Convento de S. Esteban, donde cuenta la leyenda que se enfrentaban el Padre Lobo y el Padre Cordero en las Diatribas Cuaresmales. Último kilómetro, esperas llegar sin acidez láctica en el músculo y la mente te recuerda el busto D. Miguel. En Salamanca solo hay un D. Miguel: rector, cabezón y autor de frases lapidarias.
145. Ganar en Salamanca
Héctor Luna Arranz
Cuando mi padre dejó de correr carreras populares por toda España, me dijo que su sueño siempre había sido ganar en Salamanca. En realidad, sólo ganó un par de carreras al principio, cuando era joven y fuerte, cuando no conocía a mi madre, cuando no tenía dos hijos ni un trabajo agotador. Después fue quedando entre los diez primeros, y, cuando yo ya fui consciente de este hobby suyo, sólo decía que corría por participar, y nunca nos revelaba el puesto en que había acabado. Murió diez años después de dejar las carreras, y la gran frustración de su vida fue no haber sido capaz de ganar en Salamanca. Me parecía ridícula esta obsesión de mi padre por Salamanca y por su carrera, la San Silvestre, hasta que recibí una carta de Salamanca remitida por un tal Silvestre Salazar.
Ella se llamaba Sara.
146. La imaginación de Sofia
Antonio Felipe Araujo Machado
Como si fuera un pez nadando en el mar, como si fuera una ave volando en el cielo, así de enérgica es Sofia; todas las mañanas cuando su reloj marca las 5:40 sale de su casa a correr, comenzando su recorrido en la cuadra donde vive, y sin detenerse sigue hasta el horizonte, dejando atrás el tiempo y todos los maratones que encuentra en su camino, hasta llegar a la San Silvestre Salmantina, su carrera favorita, porque disfruta sus paisajes y el trato con su gente. A veces gana y otras veces pierde, pero siempre compite. Sofia es paralítica, pero su parálisis sólo está en su cuerpo, jamás en su mente, ni en su imaginación, porque es allí donde se encuentra toda su energía, todo su deseo de correr como un correcaminos, de correr como el viento.
147. Embalado
¡Corre, corre!
Escuché el pistoletazo de salida. Y corrí. Corrí con todas mis fuerzas. Algunas balas me adelantaron, pero conseguí escapar.
Aún andan buscándome por Salamanca.
148. Embalado
Rosa María García Suárez
¡Corre, corre!
Escuché el pistoletazo de salida. Y corrí. Corrí con todas mis fuerzas. Algunas balas me adelantaron, pero conseguí escapar.
Aún andan buscándome por Salamanca.
149. Ella
Alba Guirao Carbonell
Siempre ella. Se mantenía al final de la carrera, expectante, nerviosa. Esperando ver aparecer a la primera persona. Y cuando escuchaba el pistoletazo de salida sentía sus nervios flotar. Dejaba que su imaginación volara intentando trazar quién sería el primero en besarla. Si sería un hombre o una mujer, un anciano o un niño. Su cuerpo se tensaba cuando el final se aproximaba. Y cuando por fin llegaba, se sentía romper, partir en dos, ante tanto amor. Se dejaba caer al suelo con delicadeza. Y desde ahí observaba, callada, a todas las personas que pasaban. Los veía correr, sudar, llorar y abrazarse. Algunos llegaban antes y otros después, pero ella los esperaba. Y al cruzar el último con gran esfuerzo, cerraba los ojos satisfecha y se dejaba morir. Hasta el siguiente año. Cada año una nueva pero siempre la misma. Nuestra querida cinta.
150. La cuesta
Alberto Pertusa Antón
La cuesta
La muerte de Marisa y la jubilación anticipada en la empresa, habían agriado el carácter de Carlos.
Él, guaperas, alto y delgado, sólo tenía un vicio: el tabaco. Y ahora va el médico, y le da un ultimátum.
Comenzó a hacer ejercicio, y poco a poco se va dando cuenta de que hace kilómetros…, no muy deprisa…pero cada semana algo mejor. Lo malo son las cuestas. No puede con ellas. Él es un sprinter nato…
Se apunta a la San Silvestre de Salamanca, decidido a terminarla. Sale con ganas. Una mujer le adelanta. Pelo y físico, idénticos. Es Marisa con 25 años. Ella se aleja, corre rápido. Él acelera, le alcanza, se mantiene a su altura. Se miran. Ella al principio sorprendida. La apostura de Carlos, juega. Sonrisas. Se mantienen juntos. En la cuesta ella se distancia, él intenta seguirla….no puede….ella gira la cabeza buscándole…y Carlos… rompe a llorar.
151. Neguentropía
Ander Balzategi Juldain
Aplicó todos sus conocimientos científicos. Minimizó a lo imprescindible la ingesta calórica, estudió el gradiente térmico en función del recorrido y de la previsión meteorológica, monitorizó el ritmo cardiaco, el nivel de ácido láctico en el músculo y del calcio en la sangre, y redujo el rozamiento de sus mallas y zapatillas a valores inapreciables. Se había propuesto un objetivo, reducir al mínimo el aumento de la entropía, la pérdida inútil de energía.
Todo iba perfecto hasta que llegó a la Glorieta de los Milagros, allí se le cruzó una variable inesperada, tropezó con él, desestabilizó su ritmo, y para más inri, se puso a darle conversación. Por no ser descortés con la variable permitió que la entropía aumentase exponencialmente. Más tarde vendría lo de despejar la variable y casarse con ella, pero ésa es otra historia.
152. Paso
Pablo Nava
No es por el primer premio
No es por el top diez
Ni siquiera es por las fotos para Facebook.
Algunos, como yo, solo la hacen porque pueden.
Que aquiel fatídico haya sido accidente o descuido, eso no me importa. La verdad es que perder una pierna no es una experiencia en la que uno se prepara o se te advierte mientras creces. Todos los demás buscaban las zapatillas de moda, pero yo buscaba una prótesis que se viera y sintiera natural. Las largas terapias, el aprender a caminar otra vez y la sensación de que te falta algo que dura años...
Pero a pesar de lo que ha pasado, sigo aqui. Vivo y caminando.
Veo esa línea de meta, me pongo en posición, con mi mejor prótesis, y tan pronto como suene el silbato, andaré
La San Silvestre Salmantina será el comienzo de este nuevo capítulo. Hacia adelante avanzaré.
153. Año Nuevo, vida nueva
Luisa Hurtado González
Sonaron los despertadores de la casa y la familia empezó a ponerse en marcha. Los turnos para las duchas y los desayunos se habían establecido previamente, todos sabían cómo vestirse poniendo especial cuidado en el calzado, incluso los más pequeños, algunos hicieron una tanda de estiramientos. No demasiado tiempo después ya estaban todos en la calle: abuelos, padres y nietos, preparados y listos para la San Silvestre Salmantina; había llegado el día y el momento con el que dejaban atrás un año lleno de hospitales infantiles, de pruebas y diagnósticos, y empezaban a vivir el Año Nuevo exactamente cómo decidieran hacerlo.
Ese fue el primer año, al que siguieron muchos otros, y tan contentos.
154. Inicios
Jesús Martín
El día en que Abdul se hizo con el triunfo en la carrera anual no podía parar de llorar. Nacido en mitad del fuego cruzado de una guerra a miles de kilómetros de distancia, y criado entre bombas y explosiones, aprendió a correr antes que caminar. Su victoria de aquella mañana, santiguándose ante la rana, y besando el puente romano, significaba huir de un cruel perseguidor: el pasado.
155. SEGUIR CAMINANDO
BELÉN DONAIRE JIMÉNEZ
Los cinco preparados para iniciar la carrera. Una sonrisa se dibujaba en sus rostros. Ana, Marta y Javier, los tres hermanos, no habían faltado desde que cumplieron los dieciocho; Teresa y Diego, sus padres, nunca habían participado. Cada año viajaban ese mismo día desde Madrid a Ledesma, su pueblo, a celebrar el Fin de Año y disfrutar de la “San Silvestre Salmantina”. El trágico regreso de las navidades anteriores a casa, cuando aquel conductor ebrio se cruzó en su camino, no impediría que la ilusión por la Vida continuase, al fin y al cabo las noticias comenzaban a ser esperanzadoras…
Javier, en su silla de ruedas, continuaría con su tradición de correr la San Silvestre. Él continuaría caminando. Sus padres, en cambio, habían empezado a caminar. Pero ¿quién sabe si el próximo año Javier podría volver a hacerlo sobre sus pies? Eso sí, ya siempre junto a sus padres.
156. MI REVELACIÓN
Enrique Benito Peñalva
Por entonces yo no era corredor. Me resultaba tediosa la carrera continua, era asiduo a la bicicleta. Sabía de la trascendencia de la San Silvestre Salmantina, pero era un poco indiferente a esa experiencia que impregnaba de magia y encanto a cuantos en ella participaban, aunque sí consiguió despertar mi curiosidad, fue casi una revelación. Años más tarde descubrí vuestro deporte, me aficioné a correr, y puedo decir alto y claro que me apasiona. Disfruto al máximo cada carrera, y es una suerte haber vivido la San Silvestre Salmantina, lo que es una gran fiesta para los amantes del atletismo popular. Ahora os comprendo mejor, estamos a 24 de octubre y ya estoy expectante ante la venidera edición de la San Silvestre, tachando días en el calendario que tengo en mi escritorio. ¡Nos vemos en las mejores carreras!
157. TRAYECTO DE ESPERANZA
Antonio Jesús Cañizares León
Un año más despierto acalorado, envuelto en el frío de esta noche invernal. Observo el Puente Romano que treinta y tres años me ha visto correr. Otro año nuevo se acerca, testigo de mi fervor por recorrer Salamanca; San Silvestre Salmantina ya está preparada para comenzar.
No hay obstáculo que se me resistiera para casi alcanzar la meta. Esta vez, no quiero que sea diferente; tú, mi niña, vas a lograr resistir, bajo la constancia que te caracteriza. Tú, Vega de mis entrañas, alzarás bien la cabeza, mientras mi lucha persiste por volver a recuperar los pasos que un día aparqué en el asfalto. Porque eres ejemplo de ilusión, compañerismo, entrega y autocontrol, pero sobre todo, fiel reflejo mío para llegar tan lejos como mi emoción, cuando tengo la certeza de que la superación va ligada a la fuerza física e interna, que tarde que temprano nos serán recompensadas.
158. Campeona incomprendida
Luis Carvajal Belisario
Cada pisada produce chispazos de fuego. Es una especie de gacela urbana. En las pupilas de los espectadores se dilata la imagen de aquella competidora. Lleva tenis de arcoíris fosforescente, un lazo gigantesco en la cabeza (a lo Ruiz de la Prada), maquillaje regio y, por encima de la camiseta, un sostén rosa que cubre medio dorsal. Mientras, cuatro hombres misteriosos la siguen, abriéndose paso a empujones entre la multitud. La atleta “fashion” cruza la meta. Sube al podio. Lame la medalla, la muerde, la besa; se contonea cual pandereta al ritmo de un “sarandonga” que solamente ella escucha. Entonces uno de los perseguidores balbucea “ya… Dejémosla ir”.
Aquella mujer que durante meses corrió semidesnuda entre los jardines del sanatorio, a medianoche, gritando frenética “¡San Silvestre Salmantina, voy por ti!”, no es ninguna desequilibrada… Aunque jura que desde el cielo de Salamanca un barbudo le aplaude.
159. Último domingo.
Juan Cairo Quinteros
Último domingo.
Un tanto más viejo, pero era él. De todas maneras, se reconocía en las imágenes que le devolvía el espejo.
El tiempo y su paso impiadoso se ponían de manifiesto en cada gesto, cada pliegue, cada imperfección. Tan real, tan humanamente sensible.
Se pensó durante un par de segundos en esa imagen que le llegaba en forma lineal como una blasfemia.
“Nada… nunca pasa nada” – dijo en voz baja sólo para escucharse.
Giró y se alejó. Mientras tanto, a sus espaldas, la figura se mantiene firme e impertérrita observándolo, y mientras dibuja en sí una blanca y aniñada sonrisa decide abrir la puerta y ocupar el lado correcto del espejo.
Lo realmente extraño es que nadie se preguntara, ese
último domingo del último mes, como alguien que no se conociera que practicara deportes se quedara con la San Silvestre Salmantina, de comienzo a fin, sin mayor esfuerzo.
160. La meta
Lorena Barrionuevo
Hace tiempo que corro en todas las carreras que puedo.No me importan los lugares ni las direcciones del terreno,solo ansío que llegue el día con ilusión y nerviosismo.Aquella vez salí entrenada hacia la aventura y disfruté nuevamente de la largada,con esa especie de ola humana que se forma amalgamándonos esperanzados unos con otros.Contemplé el paisaje al principio,luego me propuse superar mi propio tiempo y más adelante solo dejé que mi mente divague hacia cualquier lado;todo vale la pena al correr con el sol sobre tu rostro aunque en esa oportunidad la fuerza del viento lo hubiese complicado un poco.Llegando a la meta hubo lágrimas en mis ojos, porque desde el movimiento pude darme cuenta que no hay sexos ni prejuicios; no figuran títulos ni naciones, ni riqueza ni pobreza...solo correr para que cada poderoso latido del corazón te recuerde que aún existes.
161. ZAPAS PARA DOS
JUAN IGNACIO MONGE MARTINEZ
Allí estaban, abandonadas al fondo del armario,en la misma posición que cuando su padre las guardó un año antes. Enterradas entre cajas viejas de zapatos. Recubiertas de un polvo que no era como el de los caminos de antaño. Su color amarillo fosforito parecía apagado, sin fuerza. En sus suelas todavía se podía ver incrustada alguna de las chinitas del empedrado del centro de Salamanca.
Allí fue su última batalla contra el crono. Disfrutaba sintiendo el viento en su cara, volando sobre el asfalto de cualquier ciudad, conociendo el mundo y su gente a golpe de zapatilla. Hasta que el corazón dijo basta aquella mañana de Año Nuevo. Durmiendo, sin esfuerzo ni dolor, sin avisar.
Él las dejó allí. Continuaban esperándole. “Quizás no debiera... nunca lo he hecho...no merecen ser solo un recuerdo”. Aunque ya es Nochevieja, vuelve la Salmantina, es su momento. ”¿Me las prestas papá? ”.
162. Superación
José Mariano Seral Escario
Antes de dar la salida, levanto mi mano derecha sobre la atmósfera de fragmentos de conversación y saludo en la distancia a Pablo, no me reconoce, pero esboza un mohín asimétrico. Su padre le limpia las babas con un pañuelo de celulosa.
A los cien metros vamos corriendo a la par, habíamos coincido el mes pasado en la maratón de New York. Pedro empuja con entusiasmo la liviana silla adaptada de aluminio de su hijo. Nos miramos a los ojos, no puedo evitar que las lágrimas afloren en mis pupilas, él, con el reverso del antebrazo enjuga las suyas. Recuerdo nuestra última conversación: “¡Corro porque sé que mi hijo es feliz!”. Miro a Pablo, que sonríe al mismo tiempo que levanta su brazo izquierdo y roza con la yema de sus dedos las de los espectadores, recibiendo un entusiasta saludo de ánimo.
163. EL PAÑUELO ROJO
Gustavo Abel Di Crocce
Era su última carrera en Categoría Senior. En las anteriores ediciones había logrado un segundo y dos terceros puestos. Al tomar el Paseo del Rollo sintió que su suerte estaba echada: la competidora que lideraba la prueba la aventajaba por más de cincuenta metros. Aún manteniendo el ritmo, llegaría en segundo término. Cuando pasó a la altura de la calle Lugo, giró levemente su cabeza y allí estaba: su madre, con los brazos en alto, la alentaba agitando aquel inconfundible pañuelo rojo. Un torrente de energía renovada la inundó. Aceleró como si recién iniciara la carrera. A doscientos metros de la llegada, vio por el rabillo del ojo el rostro sorprendido de quien perdía la primera posición. Cruzó la meta con la cara bañada en lágrimas. Formó con sus manos un corazón que elevó al cielo dedicando el triunfo a su madre que había partido hacía ya siete meses.
164. DOS “DÉCIMAS” PARA LA SUPERACIÓN
Jorge Pascual Rosón
‘SAN’dra no conoce Salamanca,
‘s’iempre con una sonrisa pilla
‘i’nerte sobre su silla
‘l’lega a la ciudad castellana.
‘V’uela en Plaza España,
‘e’nloquece en la puerta Zamora,
‘s’ueña con la Plaza Barroca,
‘t’itubea en el romano puente
‘r’efrescando su carita caliente
‘e’n ese Tormes que enamora.
‘S’u padre la está empujando.
‘A’doquines sobre Libreros,
‘L’as Conchas brillan al verlos
‘m’ientras un cartel anunciando
‘a’tletismo a final de año.
‘N’unca participaré en carrera
‘t’riste la chiquilla comenta.
‘I’ndicando el progenitor sin aliento
¿’N’o es para estar contentos?
‘A’cabamos de cruzar la meta.
165. Apagada pero encendido
Jose Emilio Cubiella Fernández
La tele está apagada. La enciendo. Se vuelve a apagar. Estará estropeada. NO. Es el mando a distancia que está debajo de mi culo. Todos tenemos una habilidad, y si no podemos usar el culo. Me sobresalta una muchedumbre y desde el cristal la miro con desazón primero, luego con incertidumbre. A dónde irán con tanta prisa, si ya cansado estoy de levantarme del sofá. El miedo pasa por mi cabeza como las zapatillas por el asfalto, y bajo a la calle expirando y rezando. Temiendo la maldad decido ponerme a caminar, luego a trotar y cuando quiero darme cuenta estoy en medio de ese mar. Vuelvo a ser gota que rebota y a la que la gente toca, y explota cuando pasas por su lado. Alentado por los corredores, las ovaciones de los señores, descubro que somos los mejores.
166. La cuidad que asombra
Iván Parro
La grandiosa catedral salmantina asombra a muchos corredores a su paso, y en especial al joven Antoine, brillante estudiante de Bellas Artes en París, llegado a Salamanca solamente para correr la San Silvestre y de paso quedarse unos días para conocer y disfrutar de esa ciudad de la que tanto le habían bienhablado.
Un niño le hace un gesto con la mano, el cual devuelve gustoso y agradecido. Completamente fascinado no puede por menos que aminorar un poco su ritmo de carrera para contemplar todo lo que se encuentra a su paso. Mientras, decenas de corredores pasan apresurados a su lado sorprendidos, aunque le entienden, sabedores de que aunque ellos vayan con mucha más prisa podrán disfrutar de los encantos y secretos de la ciudad del Tormes cuando finalice la carrera mucho más tranquilos.
167. El Sueño de Ivàn
Oriana Palacios Mèndez
Ivàn soñó desde niño participar en la carrera de" San Silvestre Salmantina". Su propósito de vida era ganar y darle el premio al niño que conoció aquella tarde en la iglesia. Él era muy disciplinado, entrenaba todos los días y mantenía una alimentación balanceada. Llegó el gran día y estaba nervioso y pensó: "Dios mio dame fuerza y velocidad para poder llegar de primer lugar". Iniciò la carrera y èl partiò con gran entusiasmo y en esos instante pensaba en el niño y lo mirò con una hermosa sonrisa se encontraba en el público apoyándolo en cada momento de la competencia. El competidor corriò y corriò como nunca lo habìa hecho, superando a cada uno de sus compañeros hasta que finalmente llegò de primer lugar a la meta.
168. VENCEDORA DE ÁSPID
Lucas Posada González
La deportista española y campeona suramericana de atletismo María Antonia Garrido, se encontraba participando en el marco conmemorativo de la XIV Maratón de Guadalquivir en Andalucía-España, el pasado 3 de marzo. Cuando sufrió una complicada mordedura de una serpiente venenosa identificada como la víbora de áspid en su tobillo derecho. Debido al veneno neurotóxico del reptil y a la complicación por la picada; María Antonia de 33 años perdió su pierna. “El fuego que llevo por dentro y la sangre de guerrera que corre por mis venas, es más fuerte que la toxina que me inyectó ese animal. Me levantaré como fénix, con mi nueva extremidad robótica para ganar el primer lugar de la competencia de San Silvestre Salmantina, ese premio será mi resurrección” Esas fueron las palabras explícitas de la insuperable atleta española, la cual es un gran ejemplo de templanza y fortaleza para todos.
169. Contra Reloj
Yván Borjes Hernández
Al despertar, el tiempo corría muy rápido y, como es un corredor imparable, tuve que hacer un gran esfuerzo para poder llegar a la meta primero.
170. Amor de abuelo
Lucía Jiménez Martínez
Después de aquel fatídico 12 de marzo, nunca pensé que volvería a correr. En casa se prohibió hablar de maratones y mejores marcas personales. Tiré todos mis trofeos, queme las fotos, me deshice de mis zapatillas. El amor de mi vida murió entrenando y mi yo del pasado, mi yo que también corría murió con ella. Cuando Eva llegó un domingo con el panfleto de la San Silvestre y la ilusión en su mirada, no sé si ella también sintió la tensión en el ambiente. Nadie se hubiera extrañado si le hubiera pegado un grito a mi nieta. Su madre casi se ahoga con la paella cuando la propuse que entrenáramos juntos. “¿Tú corres, abuelo?”, me preguntó sorprendida.
Y aquí estamos los dos ahora, compartiendo carrera. Miles de personas nos acompañan. Salamanca está preciosa, toda iluminada. El año se acaba... Siento a mi mujer cerca, nos observa orgullosa.
171. El tema del doble
ALBERTO DE FRUTOS DÁVALOS
El dorsal número 3.234 cruza el primero la meta de la San Silvestre salmantina y la organización anuncia su identidad a los medios de comunicación. Se llama Manuel Aparejo García. Curiosamente, el último corredor, con idéntico dorsal 3.234, responde también al nombre de Manuel Aparejo García.
Cuando Manuel Aparejo García, exhausto, cruza la meta, Manuel Aparejo García, trofeo en mano, feliz, descansado y a las puertas de la celebración, tropieza con él. "Enhorabuena”, le dice, "llegar al final es todo un logro". "Gracias", responde casi sin voz Manuel. "Es un honor. Siempre he querido ser como tú". Y en un abrazo se funden.
172. La Carnicería
Natalia Toledo Mediavilla
Doña Úrsula tuvo alguna vez quince años. Uno, dos, uno, dos. Mamá Carmen le había dicho siempre: “Nunca es tarde si la dicha es buena”. Uno, dos, nariz, boca, ¡flato! La pisada, la cadera, uno, dos, uno, dos. Había aprendido a correr porque le cerraban la carnicería. Uno, dos, ¡vamos chicas! Aquella tarde lo había pasado mejor que haciendo bolillos, mejor que horneando bizcochos, mejor que hablando con la Puri. Uno, dos, uno, dos: sus amigas la siguen a buen paso, con diademas en la cabeza. Uno, dos, uno, dos. Qué portentos de señoras, sus caras de velocidad son la envidia de los niños. Uno, dos, uno, dos. Su sudor es la victoria. ¡Salamanca a sus pies!
173. Luchando, de nuevo, por ganar
Angela Llopis Labanda
Corre, no te rindas. Porque hoy estás segura de que celebrarás la próxima Nochevieja con tu familia.
Sigue luchando, avanza. Porque sabes que algunos de tus adversarios no consiguieron llegar a la meta, hazlo por ellos.
Adelante, no te hundas. Porque ya has derrotado al mayor contrincante que podías haber encontrado en la carrera de tu vida.
Respira, sigue peleando. Porque el pañuelo que luces en tu cabeza, ahora solo sirve para limpiar tu sudor.
Sonríe, continúa corriendo. Porque hoy, al pasar por la Avenida Villamayor, la meta no será el hospital, aún quedarán algunos metros para llegar al final.
Ánimo, mira adelante. Porque esta vez sabes que, aunque no subas al podio, eres una campeona.
Enhorabuena, has llegado al final. Celébralo como te mereces. Y nunca olvides que, aunque no hayas ganado esta carrera, ya venciste anteriormente al peor rival, aquel que lucía la palabra "cáncer" en su dorsal.
174. Nuestra meta
Eros Salvador Briceño Lopez
La meta es una, el sudor y esfuerzo son el combustible necesario para lograr mi objetivo. Sé que lo haré, y lo haré muy bien. Porque tengo gente detrás que me apoya, me impulsa a seguir adelante… 1, 2, 3. Empieza y siento como la adrenalina recorre por todo mi cuerpo, una sonrisa invade mi rostro reflejando mis ganas de ganar. Estoy rodeado de muchos pero paradójicamente siento que soy el único en el mundo. Mis piernas van entrando en calor, mi pecho sigue agitándose, mis labios se van secando pero continúo. Mi meta es una, y mi coraje y valor serán esenciales para poder llegar a esta. Logro oír voces familiares, las reconozco y mi velocidad aumenta, veo que no estoy solo, y paso a uno y a otro, me siento ganador. Nuestra meta es una, y nuestra vehemencia y disciplina nos harán campeones. Que gane el mejor.
175. DEJANDO HUELLA
Román Lema Castiñeira
Un año más, el extenso y colorido ciempiés avanza por las sinuosas calles de la ciudad disfrutando del buen ambiente. Acompasado con el sonido de las pisadas, que fluye entre los edificios como un torrente de vitalidad, se escucha el sincero y constante jadeo de los corredores. En ese momento nada les importa; ni la tristeza, ni las injusticias, ni los problemas, ni el dolor. La deportividad es lo único que brilla en los ojos de cada uno, y todo, gracias a la energía generada en cada zancada, cada aliento y cada gota de sudor. Con el paso de las horas, los colores se desvanecen y las calles se enmudecen; sin embargo, no es el fin, pues el próximo año, el apreciado ciempiés volverá a mostrar sus resplandecientes colores gracias a los nuevos participantes que buscarán dejar huella en la San Silvestre Salmantina.
176. ¿…?
Rosa Mateos García
.moviola la a recurrir necesario fue ,carrera la ganado había quién saber para ,Salmantina Silvestre San la de historia la en vez primera por Y
177. El regreso
Filiberto Zazueta Vega
30 años después portaba de nuevo un número en mi pecho. Como antaño, los nervios hacían nudo en mi estómago mientras en ese mar de gente esperaba la señal de salida. Los recuerdos inundaron mi mente mientras me preparaba para devorar uno a uno los 10 mil metros. La estruendosa salva dio la señal y casi al mismo tiempo ciento de corazones salimos agitados en la búsqueda de nuestro objetivo. Frente a mí, decenas o cabezas subían y bajaban en un vaivén sincronizado. Aquí, en compañía de cientos de desconocidos con quien compartes una pasión, no se tiene noción del tiempo ni la distancia, solo te concentras en cada paso, en cada curva, en cada rebase. El agotamiento llega puntual y casi siempre acompañado del orgullo. La adrenalina te baña por dentro mientras en un último esfuerzo aceleras a la meta. El objetivo se cumplió, ¡Se siente bien!
178. Último apretón
Marien Pérez Aranda
San Antonio
Entre Delicias y Trujillo anda el juego. El frío no me impide claudicar, ya en salida, a pesar del nerviosismo y del fervor etílico. “Una apuesta es una apuesta”, me digo. Al mirar alrededor, sospecho el ridículo venidero. Intento concentrarme poco a poco, engañarme y seguir, “estoy preparado”. Salto, brinco, boto y reboto. Dan pistoletazo.
Paraguay y México
Pasado el bulevar me recompongo. No hay restos de la juerga de ayer. “Vamos, vamos”. Afianzo el paso, me acomodo y sigo. “Un, dos. Un dos”.
Dr. Gómez Ulla
Mis entrañas lo dicen, algo cambia. “Ayúdame doctor”, pienso. El sudor se duplica, el paso se vuelve prieto y breve. Las piernas tiemblan.
Paseo del Rollo
“Así no puedo”. El público me alienta, pero me doblegan. Todos menos uno.
San Antonio
El orgullo me impulsa a propulsión. “Último apretón, último”. Y llego a meta, y al llegar, me cubro de gloria.
179. EL FINAL
Mar Martinez Morentin
¡Voy el primero!¡voy a ganar! falta medio kilómetro para llegar a la meta.Corro con todas mis fuerzas.Ya diviso el final, voy a proclamarme campeón de la San Silvestre Salmantina.Me despierto sobresaltado.Es 31 de Diciembre.Cojo mi dorsal,lo contemplo con anhelo. Hagamos que este sueño se haga realidad.
180. ACHÍS
FRANCISCO JAVIER AGUIRRE GONZÁLEZ
Sentía alergia cada vez que mi novia se me acercaba. No quería perderla, porque era una gran mujer. Barajé varios remedios, y opté por acudir al otorrino para que me extirpara la nariz. Sin embargo, una vez concluida la operación, advertí que no podía respirar bien. Se habían acabado los estornudos, pero pronto me di cuenta del error. Era un problema importante, dadas mis aficiones deportivas. Sin una respiración profunda, no hay nada que hacer. Me había inscrito en la San Silvestre Salmantina y era vital tener resuello. Tras mucho pensarlo, y sintiéndolo una barbaridad, decidí volver al otorrino a recuperar mi nariz. Descubrí, con inmenso gozo, que el problema eran unas vegetaciones. Desaparecieron tras la nueva intervención. La alegría de mi novia era tan grande como la mía. Sobre todo cuando gané la competición y lo celebramos juntos sin un solo achís.
181. palabra de mirlo
Guillermo Ruiz Marcos
Me gusta mi ciudad. Soy un humilde mirlo. Vivo en uno de sus parques y vuelo sobre sus calles y edificios buscando fuentes donde calmar mi sed, en diciembre suelo alejarme de las zonas cercanas el río porque allí sopla el aire gélido. Hoy amaneció un día hermoso, de esos que envuelven Salamanca con un aroma noble y excepcional realzando la piedra franca de sus monumentos. Hoy salí a volar y descubrí algo maravilloso: a ras de suelo, decenas de hombres y mujeres, niños y niñas, personas de todas las edades, corrían por calles y avenidas, no huían, no había peligro. Se divertían. Hoy mi ciudad vibra feliz y deportiva. Hoy late al ritmo de muchos corazones bajo los dorsales.
182. ¿Por qué corres?
María Rodríguez García
Corro porque quiero:
Sentirme libre.
Amar cada paso que doy.
Navegar en mis pensamientos.
Superarme cada día.
Ilusionarme.
Liberar mis miedos.
Volar tan alto que nadie me vea.
Estar viva.
Ser quien quiero ser; yo misma.
Tocar el mundo con mis pies.
Respirar bocados de vida.
Escapar de la tristeza si aparece.
En mi primera carrera, me puse las zapatillas que me había regalado mi abuela y tan sólo corrí; sin pensar,sin saber qué hacía.
Al llegar a la meta me inundó la sensación de alegría,felicidad,triunfo y superación.Sentí la necesidad de seguir corriendo y aquí estoy otro año más, San Silvestre Salmantina. Y con este ya van diez.
183. Exceso de O2
Dolores Asenjo Gil
Ha sido un acierto enviarlos a esta misión el último día del año. Con los preparativos de las celebraciones nadie reparará en ellos. La otra baza es el destino, Salamanca, una ciudad muy concurrida.
Es pisar tierra y sus fisonomías se transforman. Los cuerpos se alargan, los miembros se reducen y la piel adquiere un tono apagado. Se contorsionan y estiran para registrar sus nuevas dimensiones.
Inesperadamente se topan con una masa humana en estampida.
¡Es una carrera! Sin titubeos se incorporan a la muchedumbre. Les resulta complicado coordinar las acciones; mantener la cadencia de los pasos y el ritmo de las inhalaciones y exhalaciones.
Los sensores los avisan de elevadísimos niveles de oxígeno diatómico. Reacciones electroquímicas en cadena amenazan con alterar sus estructuras moleculares básicas. Ralentizan la marcha.
Un público entusiasta aplaude cuando, rezagados y maltrechos, llegan a meta.
Desolados abandonan el planeta azul, depositario de tantas esperanzas expansivas.
184. Pasan los hombres…, queda la historia
Miguel Galán Albiach
Al pasar por el puente romano mis piernas parecen contagiarse de la rigidez pétrea del verraco y, como él, me detengo, indeciso, sin saber adónde ir.
Boqueo como un pez jadeante, tratando de llevar algo de oxígeno extra a mis pulmones y, casi instintivamente, mis ojos se posan sobre el lecho del Tormes buscando sosiego y frescor en sus aguas.
Ninguno de los corredores se detiene; todos tienen prisa por llegar a la meta, incluso mi hijo y mi mujer que me animan cariñosamente a proseguir; mas permanezco abstraído, refugiado en mis pensamientos, buscando un aliciente para continuar.
Desde su pedestal, la estatua me devuelve al momento presente, a una lucidez que únicamente la historia que habla a través de la piedra, la que se narra en los libros, la decantada a través de los siglos, sabe contar con sabia llaneza: solo los hombres que avanzan con determinación escriben esta.
185. Media vida
Paz Lorenzo Moreno
Llevaba exactamente media vida disfrutando de ese momento. Tenía setenta años y los últimos treinta y cinco, fiel a la cita, no había faltado ni una sola vez. Lo cierto es que siempre había sido un hombre fiel: fiel a su esposa, fiel a sus amigos, fiel a sus hermanos... Por primera vez en todo ese tiempo, ningunos de ellos corría hoy a su lado... Sabía que algún día no muy lejano también él traspasaría esa meta final, en esa carrera que queremos que sea lo más larga posible, pero hasta que ese día llegase no estaba dispuesto a desaprovechar todo lo bueno que le brindaba la vida. Así que, un año más, se había calzado las zapatillas y ahí estaba, dispuesto a darlo todo.
186. ¿Para quien corro?
Luis Valdés Gacitúa
¿PARA QUIEN CORRO?
Si bien es cierto que requiere un esfuerzo el estar en la carrera, también es cierto que nadie obliga, pero no corro para ganarle a nadie, no es el motivo que me mueve, es el hecho que aun puedo hacerlo, que me permite disfrutar, no llevo gran velocidad, pero si un ritmo constante que me permitirá llegar, no quiero ir de los primeros para poder sentirme acompañado, y para notar que son más los que corren para disfrutar, que para ganarle a nadie, no hay que ser joven y hermoso para llegar, solo seguir corriendo. En cada carrera que empieza me preocupo por yo estar, no mirando de la orilla, pero si entre los que se van a esforzar, para darles mi compañerismo y una sonrisa al pasar, sonrisas que me animan en las carreras estar y disfrutar de poder volver, y llegar al final.
187. Bestiario
Alberto Palacios Santos
Quiero denunciar que, este año, varios personajes del bestiario salmantino han participado de tapadillo en la San Silvestre. El toro del Puente Romano, por ejemplo, abandonó su pedestal para estirar las patas aprovechando la confusión; lo mismo hizo el gallo de la Catedral Vieja, que tenía las alas y el pico oxidados por el tiempo… y hasta el astronauta de la Catedral Nueva ha corrido, como un loco, por las calles de la ciudad sudando gotas de piedra detrás de su escafandra.
Muchos dicen que no “me sueñe”, que todos esos personajes no son más que corredores disfrazados, y les juro que estaría dispuesto a creerles si no fuera porque la vencedora de la carrera ha sido la ranita de la Universidad y, yo mismo, he visto a la muy "batracia" abandonando la calavera para ganar gracias a un salto para el que ha necesitado un impulso de ocho siglos.
188. Volver a nacer.
Fernando Isidoro Martinez
Hoy Jicuri correrá sin que la vida dependa de ello, sin la preocupación de no llegar, correrá porque es su pasión, donde incluso el sol parece más cándido que en su lejana tierra natal, la sierra tarahumara, reflexiona; sensación que la aísla de los cientos de entusiastas corredores compartiendo con ella la línea de salida. 10 kilómetros sin descanso o su equivalente a 7 montañas con sus barrancas que se tragan al viento, dos encrucijadas de río y una multitud de árboles que semejan querer trepar las cimas más altas para poder tocar el cielo. Lleva las esperanzas de ganar, para sacar, aunque sea un poquito, a su familia de la pobreza, para no defraudar a aquellos que la convencieron de participar en la San Silvestre Salmantina para sorprender con su talento. A casa no volverá, no hasta que se extingan sus ansias repentinas de recorrer el mundo entero.
189. Al abordaje de la San Silvestre
M.Carme Marí Vila
En casa siempre hacemos deporte: nadamos, jugamos a baloncesto, corremos... Por haber llegado a la meta el año pasado, mi mamá me regaló una cinta de pelo para mi próxima San Silvestre. Pero este año no podré llevarla, aunque tampoco sé si tendré fuerzas para acabar el recorrido, hay días que estoy muy débil. Y es que estos últimos meses voy con un pañuelo en la cabeza. Mi papá le hace un nudo divertido y así lo llevo como los piratas. Espero que no se rían de mí por correr con él.
En la línea de salida, Carolina cambia la timidez por una sonrisa al ver a todos sus compañeros de clase preparados con el dorsal y un pañuelo como el suyo.
190. NOS VEMOS MAÑANA
HELENA GARCIA ARNAU
Aquel primer año nos miramos todos ilusionados. Compartíamos el deseo de correr por el circuito urbano de la ciudad de Salamanca. ¿En que piensas cuando corres?, me preguntaste. Sólo corro, conteste. Empecé a precalentar y te perdí de vista. En las siguientes ediciones nos reconocíamos en la distancia y movíamos a la cabeza a modo de saludo. El año pasado me guiñaste un ojo. Hoy , al adelantarme en el Puente Romano, has dicho: nos vemos mañana aquí a las doce. Mientras corro, pienso en ti.
191. Punto de partida
Miguel Ángel Casco Sanchez
Desbarató cajones, sujetó sus empeines con las manos -talón rozando el trasero-, declinó la tentación de otras ofertas para ese último pétalo del año, se probó cintas al no pelo, muñequeras tenísticas, zapatillas acartonadas.
Ante el espejo se vio torpe como un astronauta en un guateque.
Se armó de valor viendo videos en YouTube de Carl Lewis, de Michael Johnson, de Abel Antón. Dos días antes de la carrera paseó durante casi una hora cercando el río, temprano, arrecido de frío, apretando el paso, sorprendido por la tibieza de la gasa de vaho en su rostro.
Su mujer sintió su excitación durante todo el día de la carrera, le animó, quiso corregirle el vestuario, reanudó besos de otro tiempo.
En el punto de partida él sorprendió entre el público la mirada de admiración de su hija. Con un salto de batracio inauguró, sin saberlo, su nueva vida.
192. Amor moderno
Enrique Reynaldo Soriano Valencia
-¿Me amas?
-Con todo mi smartphon.
193. Sigamos
Enrique Reynaldo Soriano Valencia
-¡Maldita pesadilla! -dijo al despertar.
-No me dejes -dijo una voz debajo de la cama.
194. El velocista reconvertido
manuel varo pozo
El velocista reconvertido.
Quién me iba a decir que volvería después de tantos años. Quién me iba a decir que el camino iba a ser pródigo: héroes de la frontera, bailarinas muertas, modelos de mujer… viajes y estancias en otros países: Francia, Suiza, Alemania…sí, la vida ha sido generosa con este corredor de cuatrocientos metros que a veces probaba distancias largas, los contrastes como forma de experiencia, de acrecentar una biografía reducida a explosiones que apenas duraban un minuto. La vida y la literatura, espejos paralelos, malogradas carreras de fondo. Y aquí estoy, después de tantos años. ¿Son las mismas calles? ¿Son las mismas esquinas, idéntico pavimento? Mi pensamiento ocupado en tales menesteres mientras troto por unas callejuelas integradas en mi biografía, aunque parecen recuerdos implantados, falsos, inventados, que tal vez pertenezcan a otro corredor, uno de los sucesivos que me acompañan en esta alocada carrera de relevos llamada vida.
195. Zancadas entre historia y arte
Víctor Abascal Acebo
30 de Diciembre de 2012. Mi piel otoñal de veterano estaba envuelta entre miles de alientos acelerados,que al tiempo de templarme, templaban también a la fría mañana. Un sonoro disparo activó al instante el sistema muscular de un bosque infinito de piernas, dispuestas todas, a conquistar cuanto antes la cima perseguida; aquella, donde el dolor, el sudor y el esfuerzo se disfrazan de placer y de victoria.
Atrás queda la fragancia del arte y de la historia, que con el aplauso dorado y silencioso de sus piedras, animó sin descanso el alma de cada conquistador. Al final, la gloria y la satisfacción; el premio al reconocimiento del sacrificio, pero sobre todo, el dulzor de miel que siente el paladar de la emoción.
hoy, mis piernas ya cansadas, y heridas por mil batallas, recuerdan la fecha de aquel día, labrada en el papiro de la nostalgia.
196. Cláusulas abusivas
Alberto Rodríguez Guerrero
El chico de la Cruz Roja no deja de mirarme. ¿Le gustaré? No, seguro que es cosa del plasta de papá, que le ha pedido que me vigile. Bueno, ya queda poco. En cuanto den la salida volveré a ser libre. Libre para correr, sola, entre miles de desconocidos. Sin mimos permanentes, sin cuidados exagerados. ¿Y si logro ganar? No, no puedo. Se lo prometí. Ese fue el acuerdo al que llegamos hace un año en la habitación del hospital Universitario. Yo aceptaba su regalo y él me dejaba correr la Salmantina. Pero suave, sin forzar; esa fue la cláusula. Ahí está, entre el público, preguntándome si estoy OK con la mano. Que sí, pesado. A ver, papá, te quiero mucho y sé que me has salvado la vida dándome uno de tus riñones, pero tengo quince años y ahora tienes que dejarme vivir. Tienes que dejarme correr.
197. MITO
Antonio Di Bianco
Atenea supo de Apolo y Afrodita que Hades era el dios de la muerte, y Ares el dios de la guerra de agresiva, conspiraban para arrasar Ática; siendo la diosa, protectora de la región, pidió ayuda a Zeus para que los dos, abandonasen la idea, pero ni siquiera el padre de todos los dioses consiguió a ponerlos de acuerdos. Así, Atenea reunió a la gente de Atenas en la Acrópolis, concediéndoles la verdad y dándoles un poderoso regalo, que contenía los valores de la prudencia, de la diplomacia, de la paz y de la protección. Una burbuja soplada de sus labios descendió sobre todos los hombres y cuando Hades extendió las tormentas destructivas y Ares las masas de soldados enemigos de Ares, éstas fueron rechazadas sin dañar a ninguna.
198. Divide et vinces
M. Salvador Muñoz
La torrencial lluvia ablanda la tierra y humedece la madera, de un golpe rompo el ataúd y, arañando la hierba, me abro paso hacia la superficie. Observo mi cuerpo carcomido, mi silencioso corazón me arrastra hacia un tumulto de gente; la San Silvestre va a dar comienzo y siempre quise participar.
La multitud alaba mi magnífico disfraz, dejándome llevar por mi entusiasmo emprendo la carrera. Como zombi que soy, empiezo con ritmo mortecino, pero a medida que muevo las piernas la vida penetra en mis células; mi corazón empieza a despertar. Ya estoy con los mejores, pero en el horizonte el sol me recuerda mi putrefacta realidad, y a pocos metros de la meta mi cuerpo empieza a descomponerse, mis huesos crujen, las vértebras del cuello se parten. Mi cabeza no aguanta y cae rodando sobre el asfalto cruzando la meta en primer lugar, la concurrencia grita, mi cabeza sonríe.
199. PADRE E HIJO
Dolores Martínez Ferreiro
Al final lo consiguió. Que saliera a entrenar con él. Correr solo decía que le daba vergüenza y más por las calles donde creció, en Salamanca. Mi padre tenía un físico más bien rechoncho. Yo, en cambio, había salido a mi madre. Espigado, fibroso. Los primeros días fueron aburridos : tenía que esperar a que se le fueran los ahogos. Pero algo empezó a fluir entre nosotros. Charlábamos. Cosa que en casa no hacíamos. Me contó que con eso de correr quería impresionar a mi madre. Que lo viera acabar una San Silvestre al menos. Vaya con mi padre, pensé. A su edad y con estas.
El día de la carrera amanecieron las calles mojadas. Dieron la salida y allá fuimos los dos, entre la multitud de corredores. Durante el recorrido resbaló dos veces y se pegó soberanos trompazos, pero llegó a la meta. Y mi madre estaba allí esperándonos.
200. Todo está aquí
Gustavo Charles González
La noche antes de la carrera una fiebre me poseyó, y caí en un profundo sueño. En el cajón de salida sentía que aún no había despertado. Los calambres y mareos empezaron pronto, y creí ver un lince ibérico haciéndome de liebre. Mi frente ardía. Una rana a lomos de una calavera me salió al paso, gritando burlona: “¿Por qué corres? ¡Todo está aquí!”. Pero yo corría aún más, perseguido por una extraña y cambiante criatura, ora toro de lidia, ora demonio, que me mostraba el culo ofreciéndome un cucurucho de helado. Exhausto y desorientado pregunté a un astronauta: “¿Dónde está la meta?” Él hizo un gesto que abarcaba diez planetas y cien edades, y respondió: “Recuerda Ítaca”.
Al día siguiente terminé penúltimo la carrera. Un simpático agustino llegó andando detrás de mí. Sonriendo, me susurró: “Como decíamos ayer, todo está aquí”. Sí, estábamos en Salamanca.
201. CARRERA HACIA LA NADA
NURIA HERNÁNDEZ GONZÁLEZ
No resultaba fácil avanzar por el asfalto, estaba acostumbrado a la suave acogida de la hierba, a un paisaje más blando y solitario. Cuando atravesó el arco de la plaza mayor, las piernas empezaron a temblarle. Estaba lloviendo y el agua había calado sus zapatillas de felpa. Se había desviado de la ruta, estaba muy cansado y confundido, sólo tenía ganas de llorar. Sonaron las campanas de la espadaña y se sintió dispuesto a abandonar esa extraña carrera hacia la nada. Justo en ese momento una niña con dorsal amarillo y sonrisa arco iris le cogió de la mano:
-Abuelo, ven conmigo, hoy cruzaremos juntos la línea de meta.
Avanzaba despacio, pero firme y feliz de estar en compañía. Cuando fue a revisar el tiempo que llevaba de carrera reparó en la pulsera que llevaba enganchada en la muñeca: Martín González Sancho, 73 años, sin alergias, Alzheimer...
202. Ser el primero
Alberto Pastor Sánchez
Dicen que es la recompensa al entrenamiento duro y a la constancia. Que lo importante no es ser el primero, pero se equivocan.
No he salido a correr ni un solo día. Tengo unos cuantos kilos de sobra y a veces solo con bajar las escaleras de casa ya me produce agujetas. Me duelen las rodillas y un sinfín de músculos más debido a una vida sedentaria. Pero este año, a pesar del frío, nada de eso me va impedir ser el primero en estar detrás de la línea de meta. El primero en alzar los brazos en señal de victoria. El primero en gritar y en llorar de alegría al ver que mi mujer consigue cruzar la meta del recorrido D. Pues un año de entrenamiento bien merece un apoyo y un ánimo ejemplar.
203. ¡ PARA ADELANTE !
Sandra del Carmen Umaña Santamaría
Se aproxima el último domingo del año y se encuentran inscritos en “La San Silvestre Salmantina” carrera organizada por el Club Deportivo "Padre Basabe". Hace 34 años se conocieron convirtiéndose en compañeros de vida y hoy hacen parte del RECORRIDO "D" siendo ella VETERANA FEMENINO “C” y él VETERANO MASCULINO "G". Lo importante es superar su propio tiempo neto desde el momento en que pasan por la alfombra de salida hasta que llegan a la meta en el “Paseo de San Antonio”.
Lo que más disfrutan es encontrarse en el avituallamiento para abastecerse de vituallas y poder compartir, por unos instantes, aquella bebida isotónica que tanto disfrutan antes de seguir el tramo trazado por los organizadores del certamen.
Convinieron darse un abrazo y repetir esas dos palabras que son el motor de sus vidas:
¡PARA ADELANTE!
204. Monstruos
Rafa Heredero García
Fue el miedo al monstruo que se escondía en la oscuridad de mi cuarto lo que me hizo ganar tantas carreras desde que era un crío. Miren... es que el interruptor de la luz estaba a la entrada de la habitación, y nada más apagarla, para que no me atrapase, tenía que correr hasta la cama y ponerme a salvo bajo las sábanas. Entonces oía cómo se entrenaba, incansable, para ser más rápido la próxima vez, pero yo hacía lo mismo cada tarde. Y tanto me esforcé que, tras apretar el interruptor, conseguía llegar a mi cama antes de que se apagase el filamento de las bombillas.
Ya no conservo esa punta de velocidad, aunque todavía puedo hacer una buena marca, incluso en carreras de fondo, como en esta donde participo. Ahora lo comprobarán. Atentos al pistoletazo de salida... No pierdan de vista la meta...
¡Ba...
Aquí me tienen.
...ng!
205. Metas comunes
Cristina Iglesias Sahuquillo
“¿Pies para que os quiero si no corro, vuelo?”, meditó el atleta en la última etapa de la San Silvestre, agotado y sudoroso. Apenas sentía los pinchazos en sus gemelos y sus piernas se habían inmunizado contra el dolor. Se sentía como Filípides en la Antigua Grecia, como un mensajero que debía de llegar a su destino para cumplir una misión de vital importancia. Por fin divisó la meta y su objetivo a alcanzar. Apenas le quedaban diez metros cuando una piedra mal colocada en mitad del camino lo precipitó contra el suelo. Cayó de bruces y ahí quedó postrado durante unos segundos, hasta que una mano amiga lo ayudó a levantarse. No era una musa, tampoco un semidiós, sino otro simple mortal como él, amante del deporte y solidario, motivado por leyendas inmemoriales, apoyándolo hasta la meta como leal compañero que recuerda el verdadero significado del deporte.
206. EN INESPERADA FORMA
FRANCISCO VILLA SAN PABLO
Este año no había habido dinero para zapatillas super-ligeras, ni para controladores de ritmo cardíaco y las sesiones de entrenamiento se habían reducido a un par de días al mes, señalados en el calendario como cumpleaños de compañeros de clase de los niños. Pero aquellos recuerdos fueron tomando forma en su mente. Se veía a sí mismo subiendo y bajando las largas escaleras hacia la oficina varias veces al día, no se acordaba de la última vez que había subido a un ascensor, imágenes de sus hijos aprendiendo a montar en bicicleta y él corriendo a su lado, o aquellas tardes de piscina en las que tras terminar exhaustos de nadar y correr , volvían a casa en bicicleta con las mochilas cargadas, habían sido como auténticos triatlones sin dorsal. Fue entonces, justo antes de comenzar la carrera, cuando recobro la confianza, nunca había estado más en forma.
207. EVOLUCIÓN
Luis San José
Miguelón ya no corría de lado, apoyando las falanges de sus manos en el suelo. Ahora lo hacía con los brazos en paralelo, la zancada larga y la barbilla apuntando cincuenta metros por delante. Poco a poco había conseguido una técnica perfecta. No recordaba ya aquella primera vez, en Atapuerca, después de verla correr con su elegancia, su piel morena y sus poderosas nalgas. Era demasiado rápida para sus huesos entumecidos y coincidir nuevamente con ella se había convertido en una obsesión. La San Silvestre Salmantina era tan solo una carrera más donde esperaba encontrarla. Nadie respetaba el orden de los dorsales y, así, resultaba imposible localizarla. Pero, sin darse cuenta, de carrera en carrera, de siglo en siglo, se modificaron su ilusión y su apetito. Había cogido el gustillo al correr por correr y, además, la hiperoxigenación que experimentaba no tenía nada que envidiar al mejor de los orgasmos.
208. SUEÑOS DE UN CORREDOR
MIGUEL ANGEL CÁMARA RODRÍGUEZ
Se enfundó las zapatillas, ató los cordones y colocó una cinta en la cabeza. Mientras calentaba miraba a su alrededor y como si estuviera analizando, iba fijando la mirada en cada corredor que allí se encontraba. Dieron la salida y comenzó a correr de manera uniforme, sin correr más de la cuenta, manteniendo el ritmo, poco a poco fue adelantando puestos. A lo lejos se veía la meta y delante de él no quedaba ningún corredor al que adelantar, una vez más se proclamaba vencedor de otra carrera. “Vamos Javier” oyó de pronto y volvió en sí; su abuelo ataba los cabos de sus zapatillas y se disponía a empezar una carrera más. Javier regresaba de su sueño de parecerse a su abuelo y seguir ganando carreras a pesar de los años.
209. CANSANCIO
Margarita del Brezo
Lo dejo. Abandono. Estoy exhausta. No aguanto ni un minuto más el roce de mis viejas zapatillas desgastadas ni el olor acre del sudor que se extiende silencioso y furtivo como un submarino en tiempos de guerra por todo mi cuerpo. Tampoco el sonido bronco de la respiración entrecortada y esta sensación angustiosa de que se me escapa el alma por la boca. Se acabó. Por fin tiro la toalla, que ya no sirve ni para trapos. No sé a quién se le ocurriría la brillante idea de correr detrás de los sueños, pero yo desisto. A partir de hoy me acostaré todas las noches. Tenía razón mi madre: los sueños se hicieron para dormir; el que quiera correr que se apunte a la San Silvestre Salmantina.
210. Hoy no corremos
David Castillo Marcos
Hoy no corremos para dejar ofrendas de jara y reses ante el altar de un verraco labrado en piedra. No corremos para defender la ciudad sobre un puente ante los crueles suevos de empuñaduras de sangre y hierro. Tampoco para burlar al viejo diablo de una legendaria cueva llena de tinajas. No. Hoy no corremos para evitar ser embestidos cuesta abajo clamando al amparo de San Juan. Ni lo hacemos para escapar del acento francés de tambores tronando a muerte en la Plaza Mayor. Hoy nuestros veloces pasos no nos harán encontrar abierta el aula de un “convencido” maestro bilbaíno. Hoy no. Hoy somos la marea indomable de trescientas conchas en un océano de piedra. Hoy no corremos por razón alguna. Hoy somos la sangre derramada de Salamanca haciendo latir los cimientos de una catedral de dos cabezas.
Hoy no corremos por nada. Hoy corremos por todo. ¡Hoy vivimos!
211. Cuenta atrás
David Martínez Ros
10 días tras saltar los obstáculos entre tus sábanas con el dorsal de salida.
9 noches de marcha con el pelotón, pero entrenando solo.
8 cicatrices de calentamiento entre tu cuerpo y mi alma.
7 amargos ayunos integrales de insomnio al límite.
6 cómplices lágrimas inscritas campo a través.
5 arritmias aplaudidas con tu indiferencia.
4 pruebas de récord en meta.
3 delirios lanzados al techo.
2 besos de consolación.
1 segundo en colarme.
0 mensajes tuyos.
Bloqueado.
212. Tradición familiar.
Lucas Pastrana Crespillo
En el fondo del armario, está el mismo viejo chándal desgastado que ha usado todos estos años para la San Silvestre Salmantina. Es un poco grande, pero no lo suficiente para resbalarse por tu menudo cuerpo; así que te lo pones y te diriges al lugar de salida.
Nunca has comprendido muy bien qué le veía tu padre a ese deporte que consiste en correr y nada más; sin embargo, has decidido hacer la carrera por él, para sentirlo más cerca ahora que ya no está.
Cuando comienza, lo das todo de ti; corres como si te fuese la vida en ello. No ganas, pero sientes la satisfacción al terminar. El año siguiente volverás a intentarlo.
213. AGENDA SATURADA
Miguel Sànchez Martínez
Víctor siempre tuvo su agenda saturada. Al salir del trabajo debía ir al gimnasio, a clases de inglés, al club de cine y a otros lugares que lo mantenían ocupado de lunes a domingo. El dinero nunca fue problema, pero hubiera sido feliz si el día tuviera más de veinticuatro horas para llevar una vida más tranquila.
Se inscribió en la San Silvestre Salmantina con pocas posibilidades de tener una participación destacada, pero en cuanto la carrera comenzó, tomó la punta. Corría con una velocidad que ni él sabía que poseía; corría como alma que lleva el diablo. Dirían en mi pueblo: corría como si fuera a recibir herencia. El triunfo fue para él.
Al cruzar la meta no se detuvo, siguió corriendo porque tenía cosas por hacer, no pudo quedarse a la ceremonia de premiación. Es una lástima que el día sólo tenga veinticuatro horas.
214. Emoción
Soledad Lorena Santana
El sol comienza a ganar en altura a los edificios. La media mañana nos baña a todos con su perezoso calor invernal. A cincuenta metros la salida, alistado en el pelotón de los noveles, cargado con los miedos de la primera vez: pisar a otro, caerme, un tirón traicionero que no permita llegar a la meta.
Dan la largada. Comienzo con un trote suave. Paso la aturullante línea de partida, con su música y animadores por altavoz. Por eso no estoy listo para lo que ocurre cuando dejo atrás el escenario.
Silencio. Un silencio que hace eco en los callejones. La reverberación imperceptible y acompasada de los pasos de miles de personas que van conmigo. La respiración regular. Las palabras mudas. Los pensamientos suaves y desafiantes de un domingo donde lo doy todo por superarme. Las lágrimas de sobrecogimiento.
La carrera contra uno mismo. Con uno mismo. Con los demás.
215. VENCER
LAURA NIETO FRANCO
Pensaba que no, que no iba a ser posible, pero estaba en la línea de salida. Acostumbrada a ganar, su único reto era terminar la carrera. Pronto se vio descolgada del inmenso pelotón multicolor. Respiraba con dificultad, el corazón le latía con necesidad urgente, las piernas se le agarrotaban sobre el asfalto, pero no podía abandonar. Por ella misma, por cuanto había sufrido. No rendirse tampoco en esta prueba. En cada paso, dejaba atrás un vómito, un dolor, un proceso febril. Miraba casi sin ver, pero seguía, seguía. Alcanzó la meta en un agónico, último esfuerzo y se dejó caer de espaldas, mirando a un cielo azul y sonriente. Se quitó la gorrita: el sudor de su cabeza calva por la quimioterapia era un baño de luz y de esperanza: su más hermosa victoria.
216. Las Protagonistas
Álvaro Fernández Cremades
Lo notamos, y no tenemos vida. Lo sentimos y ni siquiera respiramos. Y es que solo en momentos muy especiales somos capaces de apreciar el cariño, ciertos días donde los sentidos se engrandecen y podemos percibir la energía de alrededor.
Mi gemela y yo estamos preparadas desde la noche anterior, bien colocadas y en perfecto estado. Vamos notando la presión y el nerviosismo. Se acerca la fiesta, la diversión y el espectáculo. El deseo es progresivo, la ilusión es notable, y la ambición sobresaliente. A veces somos rápidas, otras más lentas, podemos caminar o incluso saltar, pero nuestro rumbo siempre es idéntico. Si eres capaz de permanecer en silencio unos segundos, nos escucharás, somos nosotras chocando contra el asfalto; tranquilos, no sufrimos dolor, es uno de nuestros días más felices.
Abróchanos fuerte, vamos a disfrutar. Hoy es la San Silvestre Salmantina. Hoy nos sentimos las protagonistas.
217. ¡CORRE, CORRE!… ¡QUE LAS TRIPAS TE GANAN!
JOSÉ ALFREDO BOJACÁ ZAMBRANO
La idea era prepararnos para correr en la San Silvestre Salmantina, así que motivé a los amigos para correr diez vueltas a las cinco manzanas del barrio y alistar nuestros músculos.
Con quince años nos creíamos invencibles y empezamos el entrenamiento.
La sorpresa fue cuando las adolescentes se asomaron a las ventanas a mirar a estos imberbes dando vueltas por las infinitas cuadras. Las más animadoras eran mis vecinas del edificio del frente de mi casa.
Estábamos supremamente emocionados.
Apenas llevábamos dos vueltas cuando me dio tremendo malestar estomacal que me obligó meterme directamente al baño.
Cuando salí de nuevo, ya había terminado la prueba. Cada cual disfrutaba la charla con los vecinos. Me miraban con sorna y quedé como el hazmerreír del barrio por mucho tiempo porque yo fui el de la iniciativa pero… ¡no aguanté!
¡Ese mismo día terminó mi sueño de ser atleta!
218. Un nombre
Ana Pérez Galván
Al fin ha llegado el gran día. Meses de entrenamiento y sacrificio, concentrados en una carrera, en un único esfuerzo final. Desde que dejo atrás la salida en el Paseo de San Antonio siento cómo el corazón bombea la sangre por todo mi cuerpo, de forma rítmica, acompasado con mi marcha y mi pensamiento, concentrado en un solo objetivo: darlo todo, mejorar mi tiempo, superarme a mí mismo. Con esa esperanza le voy ganando terreno al dolor, a ese vacío que amenaza con apoderarse de mí y, como un agujero negro, engullirlo todo. Y cuando creo que voy a desfallecer, me llegan los vítores de la afición, una última inyección de energía que me impulsa hacia la meta, hacia ese destino donde los sueños dejan de serlo para convertirse en una realidad, en una marca que le pone nombre a todo un año de ilusión: ¡lo he conseguido!
219. DORSAL
Miguel Paz Cabanas
Para mis hermanas todo eran objeciones: el esfuerzo, la multitud, el riesgo de una caída. Les parecía un despropósito, una locura. Mi madre, sin embargo, lo celebró como una proeza y, al ver lo que traía en la mano, se le iluminó el rostro.
Era difícil imaginar a mi padre, en el otoño de su vida, tomando esa decisión. El esposo anodino y servicial, el coleccionista de tacitas de porcelana, el hombre sin grandes afanes. El mismo a quien solo un mes antes le habían diagnosticado de alzhéimer.
Allí estaba, con una sonrisa de lado a lado, con su chip y su dorsal de la San Silvestre salmantina.
220. A pocos metros….
Willian Jesus Padron Hernandez
A pocos metros de la partida el tiempo se detuvo a través de cientos de almas, incansables cuerpos ante los embates de la vejez, juventud en relevo ansioso, la multitud multicolor se reúnen, otro año que empieza ¡San Silvestre comienza!, no hay distancia inalcanzable, resistencia que reluce en los músculos de los competidores, Marta me dijo te llevo en el corazón así no pueda correr, estaré en la línea de partida, saludaré y abrazaré a desconocidos, cuando suene el pistoletazo levantaré mi oración ¡Feliz carrera! Y te esperaré en la meta, y secando tu frente cansada diremos que lo logramos, ¡Salmantina se va! Hasta luego querido amigo no olvides este lugar, nunca he ido a ese lugar, me lo contó Marta antes de irse de mi cuando nos contábamos historias felices a pocos metros…..
221. La chica que sigue el ritmo de Cacho
Juan Antonio Arias Toribio
Paula corre vestida de presidiaria. Celebra su despedida de soltera en la 'San Silvestre Salmantina'. Las amigas saben que adora el atletismo, aguardaron durante horas la salida. Trotan con una bola negra atada al tobillo. Tararean con sorna la melodía de ‘Carros de fuego’. "Sin el aguafiestas de tu novio, hubieras sido una gran atleta", bromean. Piropean a los jóvenes fibrosos que las pasan como aviones. Pero a Julia le pica el gusanillo. Fracasa cuando pide a sus compinches que aviven el ritmo. Le frustra que la adelanten. Reconoce una cara: "¡Fermín Cacho!, ídolo de mi infancia". Paula se arranca la bola de corcho. Y corre tras Cacho, transformado en liebre furtiva. "Buen ritmo, Fermín, continúas joven". Kilométrico marcaje. Ella disfruta, está en forma. Paseo de San Antonio. Paula esprinta. Mira hacia atrás al rebasar a Cacho... Las luces navideñas de Salamanca centellean como la llama de Barcelona 92.
222. La chica que sigue el ritmo de Cacho
Juan Antonio Arias Toribio
Paula corre vestida de presidiaria. Celebra su despedida de soltera en la 'San Silvestre Salmantina'. Las amigas saben que adora el atletismo, aguardaron durante horas la salida. Trotan con una bola negra atada al tobillo. Tararean con sorna la melodía de ‘Carros de fuego’. "Sin el aguafiestas de tu novio, hubieras sido una gran atleta", bromean. Piropean a los jóvenes fibrosos que las pasan como aviones. Pero a Paula le pica el gusanillo. Fracasa cuando pide a sus compinches que aviven el ritmo. Le frustra que la adelanten. Reconoce una cara: "¡Fermín Cacho!, ídolo de mi infancia". Paula se arranca la bola de corcho. Y corre tras Cacho, convertido en liebre furtiva. "Buen ritmo, Fermín, continúas joven". Kilométrico marcaje. Ella disfruta, está en forma. Paseo de San Antonio. Paula esprinta. Mira hacia atrás al rebasar a Cacho... Las luces navideñas de Salamanca centellean como la llama de Barcelona 92.
223. CARRERA CONTRA LA PROPIA SOMBRA
Rafael Casas Barrero
−… por tribuna: Varela!!!
Exultantes, los altavoces presagiaban que el atleta gallego llevaba camino de ser profeta en su tierra. Por las calles de A Coruña lucía su fama en maratones.
Volvamos a la competición, Varela sudaba la camiseta en épica mezcla de sangre, sudor y lágrimas. Acariciaba una histórica victoria.
− Estoy… cansado, piernas… no responden. Uf, la “pájara”.
−…Torre de Hércules. Brisa… ayúdame.
Un patrocinador avanzó.
− Ahora verá, lo pasaré.
Dicho y hecho, lo rebasó, para sorpresa general.
Se veía triunfador. Mientras, la mente lo llevaba al pazo donde recibiría el mejor premio, la aromática familiar empanada de carne.
Varela corría, la silueta se desvanecía. Pese al Sol, la sombra no regresó.
Luces azules coronaban la meta. Varela levitaba triunfador.
Alguien gritó:
− Oxigeno.
El altavoz anunciaba:
−El dorsal 13, cayó en el kilómetro 33.
Acto seguido, en volandas olvidó qué había sido de su sombra.
224. Primera vez
JOSÉ LUIS BARROS JUSTO
Un ligero temblor delataba su nerviosismo. Era su primera vez, y no estaba seguro de si sabría hacerlo.
Se tumbó. Trató de relajar los músculos. Giró el cuello y estiró brazos y piernas.
Abrió los ojos y se vio rodeado de gente, riendo, jaleándolo. Aquello era nuevo para él. En su interior comenzó a crecer un sentimiento de fraternidad. Aún no sabía qué hacer, pero las señas eran claras: ¡Corre! ¡Corre!
Y corrió. Corrió como nunca, sin miedo, sin mirar atrás a cada instante. Sonreía, y al acelerar sentía crecer su ilusión, su confianza, sus ganas de vivir.
Por fin se sentía parte de un grupo, apreciado y respetado. Disfrutó el momento.
Finalmente, se quitó las gafas de realidad virtual. Estaba decidido: lo primero que haría al salir de la cárcel sería inscribirse en aquella carrera popular.
225. En la línea de partida
Julio Awad Yépez
Calentó los músculos copiando los movimientos de otros participantes. No tenía experiencia en eso de las carreras; incluso apenas se creía capaz de mover las piernas con fuerza suficiente para trasladar, del punto A al punto B, los sesenta kilos de feminidad y las mil toneladas que cargaba sobre sus hombros.
Partió con el resto del grupo a recorrer los diez mil metros de la carrera. Se dio cuenta de que sí podía correr y, además, de que ocurría algo maravilloso: atrás iban quedando las desilusiones, las tristezas, la rabia... ahora corría y dejaba a los problemas absortos y perdidos a sus espaldas.
Con cada paso se alejaba más de la línea de partida donde se quedó la vida que le negaba la felicidad. Lo olvidó todo, dejó todo atrás, en la línea de partida… ahora corría y sonreía… y decidía no detenerse nunca más.
226. Correr
Yuliana Osuna Berbesí
Historias y sueños se cruzan en la San Silvestre Salmantina. Tan diferentes, como sus huellas dactilares. Pero hay algo que los hace iguales ese día: la determinación de correr. El dorsal 1, por razones de salud; el dorsal 2, por amor al deporte; dorsal 3, para incrementar su autoestima; el 4, para ponerse en forma; el 5, por diversión… Arrancan la carrera llenos de expectativas. La emoción va ascendiendo en la medida que la brisa invernal, el sudor sobre la piel y la adrenalina por sus venas comienzan a correr también. En un punto del trayecto, inevitablemente, unos sienten cansancio, otros algunas molestias. Y aunque no buscan el primer lugar, ninguno se quiere rendir. Sólo quieren llegar a la meta, su meta. Y correr, sólo eso, los llevará hasta allí.
227. PASADO, PRESENTE O FUTURO
JOSE BARAMBONES SANCHEZ
Cinco metros para llegar a meta. La lanza impacta sobre mi pecho derecho. Me desmayo...Abro los ojos... Su mirada... Sus manos agrietadas rozando mi rostro, me producen un escalofrio. Su aliento, ese aliento gélido me corta la respiración. Me desmayo...No abro los ojos. Escucho: «Una hidrocución. Le recuperamos de la parada cardiorespiratoria».
Me desmayo....Abro los ojos...
228. CITIUS, ALTIUS, FORTIUS
Javier Puchades Sanmartín
Hacía un par de años, que debido a su enfermedad, no podía participar en la San Silvestre Salmantina. Pero, aún así, no había perdido su espíritu competitivo y se entrenaba cada día. Sabía que, si quería estar a su altura y ganarles, debía ser más rápido que ellos. No quería sentirse superado una vez más. Sobre todo, lo importante era no dejarse sorprender en la salida. Él fijaba su mirada atentamente, eran solo veinte segundos, pero una eternidad para recordar. No podía parpadear ni un solo instante, de lo contrario ya sería demasiado tarde. Por ello, estaba con la mano preparada sobre el mando a distancia, para darle al botón de grabar cuando las diminutas letras comenzasen a correr por la parte baja del dichoso anuncio de publicidad.
229. Un Equipo en Acción
Mónica Wisintainer Pérez
Con mis manos sudorosas , mis zapatos deportivos a tono y mi camisa técnica con el número 7557 me lanzo a la calle para la convocatoria de la carrera que con la colaboración de un gran equipo, corremos en un récord de permanencia, atletas, amantes de la fotografía, expertos en carteles y en arte, redactores de microrrelatos, médicos, voluntariado, visitantes, organizadores y público en general. Unidos para hacer posible este evento tan destacado. Entre nerviosismo y perseverancia miramos hacia la meta en el Paseo de San Antonio para marcar el nuevo momento de victoria y celebrarlo un año mas entre todas las personas que lo hacemos posible, unas corremos con el cuerpo y el corazón, otros con sus teclados y creatividad, otros con pinceles, imágenes, entusiasmo, aplausos. Cada uno aporta un pedacito de lo mucho que somos y esto nos impulsa a seguir e inundar las calles de la ciudad.
230. Una persecución
Íñigo Ortiz Padilla
—¡Que me lo matan!
Cuando lo vio cruzar la carretera y perderse después entre las calles, salió corriendo en su busca.
Corrió a través de las calles por las que debía haber pasado, intuyendo la dirección correcta, pero no lo encontraba. De repente, una gran multitud apareció delante; iban todos corriendo, vestidos de muy similar manera. Como no tenía tiempo que perder, se coló entre ellos, esquivó los cuerpos sudorosos, corrió y corrió más rápido que los demás, hasta dejarlos tras de sí, hasta llegar a una especie de arco, donde al pasar rompió una cinta colocada a media altura.
Al otro lado le esperaba lo que más quería en el mundo.
—¡Bigotillos!
Bigotillos ladró y dejó que su amo le acariciase debajo del hocico.
—¡Qué susto! Por poco te pierdes. Si tú supieras la de gente que había hoy en Salamanca…
231. Los cordones nuevos
Alba Rodríguez Alfageme
Aquella noche no pegó ojo. “Tienes que estar descansada”, le decían, “¡Un buen sueño y mañana a darlo todo!”. No recordaba desde cuando no sentía ese cosquilleo, esas mariposas en su interior. Hizo repaso mental de todos los preparos: ropa deportiva, incluyendo un abrigo que su hermano le había dejado, “es súper cómodo, y puedes guardar tu móvil… por aquí tienen salida los auriculares…”, las zapatillas especializadas y los cordones que Nana había comprado en la mercería para ella.“Mira, les he bordado algo…”: con hilo rojo tenían unas letras a punto de cruz diminuto, que decían “ Corre, Marta, corre”, algo que inmediatamente la transportó al sofá de Nana y a la tarde en la que decidió comenzar a “correr de verdad, quiero hacerlo”, tras ver a Forrest Gump recorrer USA de punta a punta.
Era su primera San Silvestre. Se sentía fuerte, preparada, decidida. Corre Marta, Corre.
232. A un cojo
Emilio Pérez Cabezalí
En la última edición de la San Silvestre Salmantina solo se han inscrito mentirosos y cojos, desde la plataforma: “desmitifica un poquito más”, quieren tener datos, resultados, emplear el método científico para poder comprobar la hipótesis que muchos sostienen: se pilla antes a un cojo. Hay algunos corredores que lo tienen todo, nadie lo duda, mienten, y algo cojean, como ese que desde hace tres semanas camina con una fractura en el dedo más pequeño de su pie izquierdo. Un tiro al aire, sin matar a los dos pájaros, y a correr. Una mayoría de espectadores gritan, aplauden y consiguen que el ánimo llegue a los cojos; son minoría los familiares de mentirosos que también han venido a animar a los suyos. Oídme si queréis saber el resultado. Ha ganado un mentiroso y solo una esbelta atleta con un esguince de rodilla ha terminado entre los catorce primeros.
233. Nueva Vida
Marta Laguna Salamanca
Un año ha pasado ya de tan horrible tragedia. El miedo aún recorre nuestros diminutos cuerpos. Pero ya es hora de avanzar y dejar atrás esos terribles recuerdos. Un año ha pasado ya de aquel temblor, de aquella estampida que dejó en el asfalto a muchas compañeras. Es hora de olvidar y salir de nuevo, cruzar la calle en busca de sustento y nuevas aventuras. Hoy hemos decidido repetir aquel fatídico recorrido. De repente, un nuevo temblor se hace eco en las calles silenciosas de Salamanca. ¡No es posible! Ninguna hormiga podía sospechar que se repetiría de nuevo. La San Silvestre Salmantina avanza un año más sin piedad y a pasos firmes. Ojos cerrados, cuerpo apretado para esperar el final. Pero, después de pasar sobre nosotras cientos de corredores, ninguna tiene un solo rasguño. Un nuevo año comienza tras la carrera, una nueva vida amanece desde la acera.
234. Álgido
Carlos Castro González
Exhalo antes de ajustarme la braga. Intento hacer figuras con el aire que sale de mi boca, pero no logro dibujar nada.
Golpeo enérgicamente muslos y gemelos después de subirme las medias. Primero la izquierda, luego la derecha. Una y otra vez. No consigo sacar el picor de mis piernas.
Junto las manos formando una cueva y soplo dentro. Intercalo de mano sucesivamente. Un hormigueo se extiende por las puntas de los dedos.
Empieza la carrera. No tengo frío.
235. Finaliza el año
Francisco Javier Bravo Mínguez
Observo el horizonte, los colores; la calle desierta a mis espaldas, bocanadas de aire gélido entran en mis pulmones. Escucho los latidos acelerados, el asfalto bajo mis pies, el ritmo de mis pasos, vítores y aplausos.
No me has derrotado ni lo harás ahora, no amargarás el final de año, 365 días en los que he competido, entrenado, luchado, antes adversidades de cualquier tamaño. Mi mirada se pierde en la lejanía, la derrota no forma parte de este juego, ni es un estigma, aprieto los dientes, rugen mis músculos hacia el frente. Brazos que se alzan, dedos que lanzan al aire señales mudas cargadas de significado, un último esfuerzo, unos últimos pasos, reloj perpetuado, tiempo parado, siento por fin el contacto del aire y la alegría de haber terminado, la última carrera del año, mis piernas se merecen el descanso.
236. Inspiración, espiración
Manuel Peris Junco
¿Que por qué hago esto? Ya se que no soy ningún atleta. Pero busco inspirarme para un microrrelato para el VI Concurso San Silvestre Salmantina. Por eso estoy aquí. Bueno, y porque me gusta Salamanca, como a todo el mundo. Y es una ocasión para disfrutar sus calles sin tráfico rodado. Solo para los participantes. Y con las luces de Navidad.
Cuando paso el puente romano sobre el Tormes ya estoy cansado, pero me he propuesto acabar la carrera. Supongo que los primeros ya lo estarán haciendo y por aquí ya vamos pocos.
Qué bonita está la ciudad: la Universidad, la Casa de las Conchas. Por el Barrio del Oeste y la Avenida de Portugal desfallezco; pero la gente anima, te lleva en volandas.
Un supremo esfuerzo y... ¡conseguido! Paso la meta con la moto escoba pisándome los talones. Pero, qué orgullo, qué satisfacción. Y ahora, Nochevieja en Salamanca.
237. A mar
Gabriel Pérez Martínez
Al comienzo de la carrera, Maica y yo somos dos olas que se deslizan ingrávidas para romper tras la orilla de la salida. Luego, en busca del horizonte. Y las olas las constituyen miles de pequeñas gotas de agua como las que forman las nubes. Nos encontramos en una que el viento mueve veloz, hasta que el cansancio aparece. Y la sensación de ingravidez, que antes nos hacía flotar donde renacen otros corredores, se eclipsa como la luz en el fondo de un pozo. A pocos kilómetros de la meta, debajo de nosotros, hay una cordillera de picos afilados, fríos, de las dimensiones de una galaxia. E, irremediablemente, nos despeñamos cuando empieza a llover. O mejor, volamos.
238. Salamanca
Samuel del Amor Macías
Siento el jadeo de los atletas traspasar mis muros, el crujir de sus corazones estremecer mis torres; y la sangre en sus arterias batir mi calzada. ¡Corredores! Qué orgullo sentir el hormigueo de vuestras pisadas en la alfombra de mi vanidad; y cómo será la fuerza que desprendéis, que al mismo Tormes se le ponen las gotas de punta cuando cabalgáis en mi manto. Despliego mi respeto, y me rindo al espíritu de superación que transpira vuestra piel. Mis piedras centenarias os dan la bienvenida este día del año, en el que soy más grande y eterna.
239. CORRE CONMIGO
CARLOS TORRES MARTÍN DE SAN PABLO
Hoy he vuelto, han pasado 20 años desde que me fui de nuestra pequeña Roma. Primero a Londres para aprender inglés que no hiciera reírse a las chicas de intercambio. Con soltura me planté en los USA y allí hice familia en San Francisco. Y seguimos corriendo, como Sebas, Guille y los otros. Te hubiera gustado verlos cada uno igual que cuando éramos inseparables en la Facultad, bebiéndonos la vida a tragos en la calle Van Dyck. Tú te quedaste, no anhelaste correr en Nueva York, ni ser un gran directivo en Madrid. Te quedaste con Luisa a correr nuestra San Silvestre cada año. Hasta el año pasado que te apagó tan rápido que no pudimos ni despedirnos. Mañana hemos venido todos, para decirte adiós en el puente romano. Más gordos, en maillots demasiado ajustados, y sé que estarás entre nosotros, que llegarás el primero, como siempre has hecho.
240. Amor
Luis Fernando Requena Orozco
No entiendo porque sigues haciendo esto, mira que por no decir otra cosas solo haces esfuerzos en vano. Te he visto levantarte muy temprano ir a correr, a entrenar como tú le dices, luego regresas tarde y corres de nuevo para ir al trabajo. Has gastado demasiado dinero en prendas deportivas y tus inscripciones para cada carrera que se organice en esta bendita ciudad, aun cuando tú mismo sabes que estás muy lejos de poder ganar una, explícame porque haces todo esto que no veo en donde tienes la cabeza. Solamente sonreí y respondí con palabras llenas de pasión y orgullo: ¿Qué porque lo hago? Eso es sencillo de responder: “Porque amo este deporte”.
241. Ridículo sin sentido
Jorge García Trevín
Madre mía, esto es una pesadilla. Pero quién me mandaría apuntarme. ¿Por qué les habré hecho caso a estos? Por dios, ¡pero mira qué facha! Siete tíos como castillos con barba, canas, medio calvos y… tutú. Sí, como suena, un tutú rosa que dan ganas de abrazarnos. ¡Madre mía! Sonrío pero nadie sabe el ratito que estoy pasando.
¡¡¡No, no, noooo!!!. El profe de Estadística en esa acera. Que no me vea, que no me… ¡¡¡Hasta luego!!! Qué tío, educado y bueno también para las caras. No, si por algo es catedrático, claro.
La verguenza se me tiene que estar notando y eso que llevamos colorete en las mejillas. ¿En serio? ¡¡¿¿también llevamos colorete??!! Pufffff, ni en mis peores sueños.
¡¡¡¡¡¡RRRRIIIIIIIIIIIIIINNNNNNNNNNNNGGGGGGGGGGGG!!!!!
30 de diciembre. 11 de la mañana. Sonrisa de oreja a oreja. Posición horizontal, ojos abiertos y suspiro de alivio.
Pues sí que era una pesadilla, sí. Menos mal.
242. LA CARRERA SOÑADA
WALTER MONDRAGÓN LÓPEZ
Preguntaron a la tortuga, si le fuera dable, qué querría ser. Ella respondió: ¡La tortuga! “Luego, ¿No eres una tortuga?” – le replicaron-
–Sí. Pero yo querría ser la tortuga que venció a la liebre, en la San Silvestre Salmantina. –explicó, sacando la lengua, como cualquier tortuga que se respete.
243. La lista
Juan Rafael Evora Ramirez
Para que estés tranquilo, vamos a repasar por última vez la lista de todos los años. Zapatillas con los calcetines cómodos preparadas. Ropa de abrigo y cortavientos colocados en el perchero del recibidor. Dorsal e imperdibles también listos.
Como siempre he quedado con la familia después de la carrera para tomar algo por la plaza Mayor. El tío Juan ha vuelto a quejarse de que es imposible aparcar. Resulta gracioso, nunca tuvo carnet ni coche, pero siempre fue un cascarrabias.
He preparado todo como a ti te gustaba, y toda la cuadrilla está impaciente por poder dedicarte esta San Silvestre.
Y aprovechando que ahora tenemos mano por el cielo, pídele de mi parte a San Pedro que este año no llueva.
244. YO PUEDO
FERNANDO DOSUNA MANJÓN
Una pisada suena más sonora si se hace junto a muchos, un latido es más fuerte si se mueve un cuerpo,una luz luce más si la lámpara tiene un mayor número de bombillas, un grito es más fuerte si lo hacemos todos a la vez.Pisa,late,luce,grita,...sal, ven.No importa el motivo que te haga pisar,ni el número de latidos por segundo,de donde viene la luz que desprendes,ni que te hace gritar.Estás aquí,es tu día,es tu sueño, es tu vida,es tu carrera.Pisa,late,luce,grita...¡¡YO PUEDO!!
245. Ascética y mística de la San Silvestre
José Morán Orti
Salimos. No aspiro a ganar. Soy mayor y un poco torpe. Voy muy lento. Me adelantan a montones. No me avergüenzo ni me desanimo. Sigo y sigo. Como en la carrera de la vida, todos somos protagonistas, nunca actores secundarios.
Uf. Ya desvarío... Las estatuas callejeras cobran vida cuando paso. Se santigua Unamuno, me abanica con sus libros Martín Gaite, guiña el ojo Celestina, Lazarillo me acompaña y Colón señala el rumbo.
Uno, dos... Los lentos latidos de mis zapatillas mágicas marcan el ritmo. Limpian mi corazón de los errores y culpas de este año que se acaba. Per-dón, per-dón, el compás de mis pisadas. Al tirar sobre el asfalto el peso muerto, quedan sólo los momentos memorables. Gra-cias, gra-cias, es ahora la cadencia de mis pasos. Corro mucho más ligero hacia la meta.
Cuando llegue brindaremos con un tinto y con hornazo.
San Silvestre salmantina y ¡vida nueva!
246. Mariquelo de llano
David Villar Cembellín
Siempre quiso ser el Mariquelo. Como buen salmantino, siempre quiso subir hasta la torre más alta de la Catedral y dar gracias. ¿Gracias por qué? Gracias por todo: gracias por la vida, gracias cercanas por la ausencia de tragedias, gracias lejanas por aquel terremoto de Lisboa que en 1755 no llegó a destrozar su ciudad.
El problema es que le daban miedo las alturas.
Por eso había decidido correr. Los diez kilómetros de la San Silvestre Salmantina eran su acción de gracias. A cada paso, una muestra de gratitud; a cada vaharada de esfuerzo, un peldaño hacia la bola más alta de la Catedral. Y lo había conseguido. Sin vértigos y a elevación cero, sí, pero lo había logrado. El adoquinado de Salamanca resonaba a cada zancada, como queriendo decir: «¡gracias! ¡gracias! ¡gracias!».
¡Él era el Mariquelo!
247. La abuela de San Silvestre
María Isabel Molina Sanz
En 1984,mi nieto me dijo"abuela,el colegio prepara una San Silvestre,nos apuntamos?"
Y desde entonces he participado en las 34 ediciones.
No siempre han sido iguales,han variado las fechas y el itinerario.
En la primera fuimos poco más de 300, fue por los barrios,la segunda por la ciudad,la tercera por el puente romano y las catedrales.
En las dos primeras no daban premios en metálico;era lo de menos.
Al principio mi nieto corría conmigo,era maravilloso sentirnos tan unidos.
Ahora ya no vive en Salamanca y viene menos de lo que yo quisiera.
Todos estos años he seguido compitiendo en mi carrera preferida y siempre pienso lo mismo:"mi meta no es ganar,es poder estar aquí el año que viene, siendo la más veterana de todos."
Ese es mi mejor premio.
Buscadme este año entre los participantes.
Llevaré una camiseta de rana.
248. Llegué por la carrera
Carlos Andrés Soto Vargas
Cuando era joven no sabía a qué dedicarme y mi tío, un periodista deportivo, me ofreció ser su ayudante, mientras encontraba mi lugar en el mundo. Un día cubrimos la San Silvestre salmantina y así terminé llegando a Salamanca por la carrera. Llegamos unos días antes para preparar todo e incluso después de la carrera nos quedamos otro poco para conocer y para descansar. Entonces conocí la casa museo de Unamuno, con su gran colección de libros y allí todo cobró sentido: me maravilló lo que vi y me cautivó el saber que se habían conservado tan bien estos escritos. A partir de ese momento, puedo resumir mi vida así: Llegué a Salamanca a cubrir una carrera y gracias a ello soy un restaurador de libros y esa es ahora mi carrera profesional. Dicho de otra manera: Llegué por una carrera y encontré mi carrera.
249. Expiación
Juan José Espinosa de los Monteros
EXPIACIÓN
Huí avergonzado haciendo la ruta inversa que hicieron mis antepasados antes de asentarse en Quito. Antes estuvieron en Cartagena de Indias y antes de eso habrían zarpado desde Sanlúcar de Barrameda y hace unos seis cientos años colaboraron en la construcción de un convento en Salamanca. Ese sería precisamente el destino final.
Mientras más me alejaba de casa la vergüenza se iba diluyendo, mas la culpa no. Al pararme frente al Convento de las Dueñas, concluí que no podría abandonar mi propia celda y aún así, me sentía triunfante ante la revelación.
El problema habría sido sin duda mirar hacia atrás cuando el futuro se encuentra delante. Me avergonzaba la obviedad de la conclusión. Convencido de poder purgar mis últimos pecados en diez kilómetros de trote, me inscribí en la San Silvestre Salmantina.
250. El corredor
Raquel Vázquez
Siempre te gustó correr. Casi no sabías hablar y ya te recuerdo correteando, detrás de algún gorrión o una pelota, por el patio de casa. Destacaste pronto en Educación Física. Y con el club de atletismo, siempre de los primeros: el campeonato regional cadete, la preselección para los 10000m nacionales. Corrías, y sobre todo perseverabas. La lesión de rodilla no te paró: seguiste avanzando, madurando, seguiste corriendo. A pesar de que los mejores tiempos ya hubieran quedado atrás. Igual que me quedé yo tras la puerta, después de la discusión desde la que me retiraste la palabra: siempre te gustó correr, realmente eras libre de buscar otros horizontes. Hasta tu silencio podía perdonártelo. Pero esto no, hijo, esto sí que no puedo. Que no hayas llegado a la meta de un maldito paso de cebra. Que ese camión haya dejado tu zancada incompleta ya para siempre, en medio del asfalto.
251. Vítor
Tomás del Rey Tirado
El arresto domiciliario y la destitución no duelen. Duele el horror. Mi patria, que es decir mi corazón, barrida por una ola de barbarie. Se gritan vivas a la muerte y muertes a la inteligencia.
Desde la ventana alcanzo a ver un vítor, el viejo signo de victoria de los estudiantes. Celebraban la vida, la inteligencia, poder entender el mundo y entenderse. Quizás algún día en esta Salamanca, en esta España que nos duele, en vez de la muerte se vitoree la vida, bullente y diversa. Quizá la multitud pueda reunirse para algo que no sea agitar banderas rugiendo contra los otros. Como en las treguas olímpicas de la Grecia Antigua, que los atletas solo aspiren a vencerse a sí mismos.
Hoy, al amanecer del 31 de diciembre de este año maldito, dibujo con sangre de mi corazón un vítor que diga Miguel de Unamuno, y debajo, mi esperanza.
252. LA GAVIOTA
Miguel Alfredo Quispe Perez
Era la esperanza misma que detrás de una nube, volaba. Yo iba tras ella, yo iba tras ella, pero no la alcanzaba; era como si desapareciera en el infinito. Y mientras avanzaba, mientras sigo corriendo, siento que me quedo sin fuerzas. Y de pronto, me acuerdo de mi abuelo. El un día me dijo que mirara a las estrellas, que mirara al cielo si es de día. Y que luego, si aun así como lo he hecho, sigo cansado mientras estoy corriendo, debo hacer esto. Cerrar los ojos y avanzar con fe por el mismo derrotero. Y lo hice. Y se fue el cansancio. Y se fue el sudor. Y aunque acabe lejos del Finish, pues aparecí por cálculo por la playa de los coches (jajaja,), sería el fundador luego de las corridas con los ojos cerrados. Es más, una nueva modalidad de relajación aquí en San Silvestre. ¡Crucemos dedos!
253. La Cinta
Javier Rodríguez
Los talones de las zapatillas del único corredor que había tenido delante durante toda la cerrera habían sido hasta los faros que guiaban mis pasos. Al coger el paseo de San Antonio, camino de la meta, esos faros se apagaron para siempre y en su lugar apareció, resplandeciente, la cinta roja y blanca que significaba la victoria.
254. Pájaro entre las nubes
Julia San Miguel Martos
Desde pequeño, siempre que veía a los corredores incansables dar sus zancadas, quise poder participar, pero mis piernas estaban ancladas a una silla de ruedas y nunca podría. O eso creía entonces. Porque aquella mañana, todos preparados en la salida, sentí que en mis piernas bullía la vida, como un sueño que iba tomando forma, que crecía dentro de mí. Ya había empezado la carrera, pero cerré muy fuerte los ojos. Y la boca, para que no se me escapara. Apreté mucho los puños. Y sentí un burbujeo ya olvidado en los dedos de mis pies. El sueño crecía, y se estiraba y pataleaba buscando un hueco por donde fugarse. De mis tobillos salieron alas y convertido en pájaro me elevé por entre las nubes. Seguí a los corredores y alcancé la meta, lástima, de los últimos. Sé que es cuestión de entrenamiento. El año que viene ganaré.
255. RELATOS DE MIS GESES
John Jairo Herrera Londoño
Entre silbidos y deseos imborrables de un feliz año, entre el sudor y la euforia de algarabía alegre y pacífica. Valentía y esfuerzo de supervivientes, cual ejercito de Napoleón corriendo por un ideal, catedrales y calles llenas de multitud son testigos de mis pisadas. Fluidos de ADN llenos libertad; expresión de sinfín de culturas, sistemas óseos sin atajar y sin dejar de fantasear llegar a la meta. Mis tenis quieren volar y no solamente a la meta llegar; también quieren festejar el nuevo año que está por llegar, abrazar a mis hermanos de esta hermosa ciudad; Salamanca preciosa cual paraíso de atletas que son dignos de admirar, impresionante rió de vitalidad, pelotón de color y tradición que no queremos dejar, allí estaré cada año hasta que mi cuerpo deje de respirar. Mis genes seguirán esta armoniosa competencia sin cesar, maratón de gladiadores, donde cronos es juez que te hará ganar.
256. Corre, corre, que te van a echar el guante
Ernesto Ortega
En cuanto salgo del banco, me deshago del pasamontañas y la pistola de juguete, me pego el dorsal al pecho y, con el botín en la mochila, me disuelvo entre la marabunta de corredores que, en ese momento, toman la salida delante justo de la sucursal. El plan es perfecto, correr camuflado entre la multitud y abandonar la carrera una vez cruzado el puente, justo donde he aparcado el coche. Qué emoción. Poco a poco voy adelantando a algunos atletas y, antes de llegar al puente, ya tengo muy cerca al grupo de cabeza. La adrenalina corre por mi cuerpo a mayor velocidad que en el atraco y pienso que es una lástima abandonar justo ahora. Así que sigo corriendo hasta alcanzar a todos y cruzar la meta, entre aplausos. Cuando bajo del pódium, la policía me está esperando; la medalla no dejo que me la quiten.
257. Escapar
Francisco Sánchez Egea
- Lo estaba consiguiendo -pensó mientras esquivaba los pies de los chiquillos que chapoteaban en los charcos. Había roto las reglas al desprenderse de la piel que debía habitar, escapando así de todas esas leyes naturales y racionales del ser humano. Huyó sabiendo que volvería pero, lejos de entristecer, saboreaba y exprimía cada instante. Nadie podría arrebatarle jamás ninguno de esos saltos, ni la caricia fría del viento sobre la piel tersa, ni la libertad que, por fin, estaba experimentando. Lejos de su inmovilidad eterna, de las miradas inquisitivas, del frío roce de la piedra sobre la que reposaba desde 1533, sintió que volaba al vivir la carrera que siempre había querido correr.
Cuentan que aquella mañana de diciembre nadie pudo encontrar la rana en la fachada de la Universidad de Salamanca.
258. Un tesoro
CALAMANDA NEVADO CERRO
Aproveché el extra de unos días de descanso para ir a correr por una montaña de brisa pura y bandadas de aves. Necesité regresar urgentemente. En esos días mi entrenador se había vuelto loco. Imprescindible en mi rendimiento, me marcaba tiempos, dietas, y todo tipo de estiramientos; atendía mi lesión crónica en el soleo como ningún fisio, las fechas de las carreras, y siempre al tanto de cualquier cambio. El mejor diseñando velocidad en salidas, investigando cualquier novedad del terreno.
Me costó caro el descanso. Mientras tanto orientó a algunos amigos corredores que corrían por primera vez la San Silvestre Salmantina. Les regaló directrices para destacar desde la alfombrilla de salida hasta la meta. Fui yo el que se marchó a la montaña, lo sé, el que no le avisó del estrés de trabajar con primerizos, el que lo consideraba el coach ideal; y el que lo ha desconectado.
259. Por los pelos
Alberto Román Carpio
Habían sido años y años sintiendo el gélido aire y el suave ondear de su melena. Ediciones en las que había tal aglomeración que estaban pegados unos contra otros sin apenas espacio para moverse. San Silvestres en las que había tenido que llevar encima una gorra o un gorro para protegerse del tiempo. Otra época en la que usaba una cinta o goma para despejar y sujetar su cabello. Pensaba en todos aquellos que habían comenzado junto a él y que se habían ido “cayendo” por el camino. Recordaba los duros tratamientos recibidos y la medicación tomada y a la vista estaba que no había surtido efecto… Si acaso, solo el color revelaba el cambio: del negro al blanco. Sí, él ya era único, él era el último pelo de aquella cabeza y nada iba a impedir que un año más participará en la San Silvestre Salamantina.
260. EL ARMARIO DE ZAPATOS
ELENA OLIVELLA
El interior de aquel armario zapatero, silencioso durante el día, despertaba por la noche aprovechando el dormir de los humanos. Guardaba calzado de todo tipo, cada uno con su recorrido y su historia. Aquella noche las zapatillas de deporte estaban especialmente cansadas. Pero todo el calzado del armario esperaba ansioso que les contara con tacones y cordones, lo que habían sentido en su primera carrera de San Silvestre. Envidiaban su cometido. Correr y correr para traspasar la meta y con esfuerzo y algo de suerte acompañar a su dueña en el triunfo. Las zapatillas deportivas, aún con las señales de la carrera en su piel, explicaron con detalle el proceso. La emoción de la salida, las zancadas cada vez más rápidas, el jalear de la gente con sus gritos de ánimo y la llegada a la meta. Por eso, todos ellos soñaban con ser zapatillas deportivas algún 31 de diciembre.
261. ¿Correr hacia la meta?
Francisco Javier Ferrando Bosch
Pocas veces había visto tan angustiado a un hombre. Estábamos los dos en medio de la carrera. Me miró y su rostro era un pozo de angustia. Sentí que algo tenía que hacer con él, decirle algo. Pero no sabía el qué. Entre los suspiros propios tras llevar varios kilómetros corriendo, le pregunté: ¿Qué te pasa?, ¿Estás bien?, ¿Necesitas algo? Me respondió: Solo quiero llegar a la meta. Le miré fijamente como pude y le dije: No te ofusques, el correr es como la vida misma. Podemos vivir esperando una felicidad siempre futura, o vivir la misma felicidad con la vida misma, con quienes nos rodean. Sonrió y me ganó en la carrera.
262. La luz y los sueños
José Agustín Blanco Redondo
Esta noche habrá luna llena. Ahora, segundos antes del comienzo de la carrera, el cielo está raso, quizá esté helando en el Paseo de San Antonio. Un viento escarchado perfila el rostro de los corredores, ese leve temblor que atenaza los labios, un movimiento lateral, involuntario de mandíbulas ante la inminencia de la prueba. Es la emoción del instante, como si se condensara ese esfuerzo, aún sin realizar, en un manojo de ilusiones, la tensión de músculos y tendones al subir la cuesta del Palacio de Congresos, el sol del mediodía al abatirse sobre la Plaza Mayor, el temor a encontrar placas de hielo en la bajada de San Pablo, el sosiego milenario del Tormes al fluir bajo el Puente Romano.
Esta noche habrá luna llena y el frío trasminará el descanso de unos valientes que, un año más, fundieron sus sueños con toda la luz de Salamanca.
263. Juan y Marta
Clara Muller Pinto
Salamanca me queda lejos, yo soy de Barcelona. Pero Juan es de Salamanca y Juan está con Marta, mi hija, aunque viven en Londres y se conocieron ¡en Paris! Les gusta participar en carreras populares; ya han estado juntos en muchas ciudades. Este año toca Salamanca.
Imagino a Juan en la San Silvestre, desde pequeño y la vista “en travelling” de la estupenda ciudad que atraviesa cada año corriendo.
Conocí Salamanca de jovencita con mi clase de sexto. Guardo de aquella rápida visita, la imagen de una gota explotando contra los adoquines grises y de refilón, una fachada llena de conchas acompañada del recuerdo del rasgueo de canciones tuneras.
En realidad, no me queda tan a desmano Salamanca y tengo muchas ganas de actualizar en 3D los retazos del pasado. Iré a jalear a Juan y Marta y a tomar unos vinos con la familia salmantina. ¡Que así sea!
264. Cordones que unen corazones
Prudencio Rodríguez Sastre
Mis ojos se fijaron en los tuyos cuando me ayudaste a levantar, tras mi caída al pasar por el Toscano. Llovía y la carrera se complicaba. Tu mano firme me metió de nuevo en la competición. Te perdí de vista. Te busqué y no te encontré en el Parque de los Jesuitas tras la carrera. Era el 26 de diciembre de 2012.
El año siguiente volvimos a coincidir, esta vez en el Puente Romano. Necesitabas unos cordones y yo te presté los que llevaba de repuesto. Tu sonrisa al reencontrarnos jamás la olvidaré.
El sábado te pregunté por qué los llevabas puestos, si son de color rosa chicle y no pegan. Con la felicidad combinan, me dijiste. Era nuestra boda.
265. La carrera de otoño
Cristina Núñez Mateo
Le contaron que Verano se apuntó demasiado tarde. “Un rival menos”- Pensó. Mientras calentaba, se miró el dorsal. Otoño, número once. Noviembre. Silencio total, un pitido y cientos de pies calentando el asfalto. Sólo cinco minutos y se desmarcó. Saboreó el éxito anticipadamente. Sintió un aliento agitado y perturbador en la nuca y supo que era Invierno, como cada diciembre. Subió el ritmo, pero estaba exhausto. Le falló una rodilla cuando su enemigo le pisaba los talones. Jamás se rendiría, el invierno no se adelantará al otoño, hoy no. Se recompuso. Se jaleó y cruzó la meta dando traspiés. La San Silvestre Salmantina seguirá celebrándose en otoño, al menos, este año.
266. CORRER
Marta Valle
Muchas personas le habían preguntado que por qué corría, y hasta ahora no había encontrado ninguna respuesta. Él se lo tomaba como un deporte más, como los chicos que jugaban al fútbol o se pasaban las horas delante de una consola. Él había decidido correr. Cuando estaba estresado corría. Cuando estaba ansioso corría. Cuando notaba que estaba cargado de energía corría aún más. Era un estilo de vida, una vía de escape que le ayudaba a sobrellevar todos los problemas a los que se enfrentaba. Lo usaba para estar solo y pensar. Lo usaba para huir. Lo usaba para vivir.
Llegó el día de la carrera y estaba ansioso por empezar. Este sentimiento siempre ayudaba. Vio sus problemas en la línea de salida y corrió. Corrió para alejarse de ellos, para poner kilómetros de distancia. Corrió más rápido y ganó. No quedó el primero, pero eso no importaba.
267. SIGAMOS CORRIENDO
David Diezma Lumbreras
─Papá, ¿por qué esa señora está feliz?
─ ¿Por qué no iba a estarlo?
─Ha perdido la carrera.
─La felicidad no está en la meta.
─ ¿Y dónde está?
─En el camino.
268. METROS DE GLORIA
Iván Fernández Rodríguez
Salen los dorsales amarillos y sigo preguntándome qué hago aquí. Comienza el trote, y la euforia se dispara a mi alrededor, y ya me empiezan a doler las rodillas. Al pasar junto al vaquero, sudando, jadeando, y siendo adelantado, recuerdo la heladería del parque donde debí haberme apeado. Pero al torcer en Puerta de Zamora, la acera torna en piedra grabada con viejos recuerdos que conducen hasta Plaza Mayor dibujando una sonrisa en mi rostro. Hacia la universidad continúa mi sendero, cuando un lazarillo embustero, desvía mi camino haciéndome dar un rodeo. Cruzado el Barrio Oeste, enfilo pletórico la Avenida de Portugal, entre vítores y aplausos, sabiendo que no serán mis restos los que exhiban en el Rollo, pues pasado este último escollo, solo quedaran unos metros para alcanzar la gloria, donde al final esperan unas buenas revolconas.
269. El sufrido premio
Víctor José Vega Rodríguez
El sudor recorría su cuerpo a pesar del frío. El corazón palpitaba rápido mientras, con cada acelerada respiración, salía vaho constantemente acompasándose con cada movimiento. Tras doblar la esquina, otra larga recta eterna le esperaba, y todo ello sin poder contemplar las hermosas calles de Salamanca. Le dolía todo el cuerpo, y no podía más.
A pesar de todo el sufrimiento, multitud de personas en el camino le alentaban. Los corredores, agotados también con su esfuerzo, le daban una palmada en la espalda para animarle a seguir adelante. Sentía que estaba formando parte de algo tan grande que había congregado a más de media ciudad.
Y apretando los dientes y los puños, paso a paso, llegó por fin a la línea de meta. No fue el primero ni aparecerá en las portadas, pero los vínculos y los recuerdos que había formado ese día se convirtieron en el mejor premio posible.
270. El mejor corredor de La San silvestre Salmantina.
Elizabeth Tayhardad Maestre
El mejor corredor de La San silvestre Salmantina.
Juan aspira ser el mejor corredor de La San silvestre Salmantina, porque su esencia es correr con el alma para mantener la tradición. Aspira la meta con honor y dedicación.
Sueña coronarse con el laurel de la grandeza, que da la competencia limpia y digna. Ese día, llegará al Olimpo de La San Silvestre, corriendo con el ímpetu de su corazón. Reafirmando, una vez más, su espíritu de atleta por convicción y amor.
271. PASOS DE LIBERTAD
Claudia Marcela Castro Castañeda
Llegó el día que tanto anhelaba,la verdad esta es una carrera que prueba mentalmente a cada quien de acuerdo a su motivación.
Estoy rodeada de seres optimistas que se satisfacen con el hecho de intentarlo, sin embargo yo vengo a mucho más.
Yo vine a trabajar principalmente un musculo “el corazón” mi motivación es 100% terapéutica, necesito oxigenar mi cerebro,al correr piensas a doble velocidad y así lo espero ya que debo soltar todo argumento que se ha levantado en mi contra, mientras veo el asfalto y me concentro en el sonido de mis pasos, mi mente se va aclarando y a medida que mi cuerpo siente el rigor, produce endorfinas que disminuyen la ansiedad y descargan mi estrés.
Logre lo que quería, participar de un recorrido popular en una bella ciudad y aprovecharme de la experiencia que antes de enriquecerme me ha despojado…
272. Salmantino de mis amores
ANA LIA SEVERINO OSSIO
_¿Alguien ha visto al abuelo?_ preguntó Alejandro preocupado. Su abuelo tenía 82 años pero era muy independiente.
Le gustaba hacer largos paseos y caminaba muy derecho y seguro. Cuando podía lo acompañaba su nieto y aprovechaba para contarle anécdotas de cuando era joven que al muchacho le divertían.
En uno de esos paseos, vieron el cartel que invitaba a inscribirse en la San Silvestre Salmantina y el abuelo le dijo que pensaba participar.
_Pero abuelo, son muchos kilómetros para tí...¿qué te parece si la vemos juntos?_ pero el abuelo no dijo nada.
El día de la carrera el abuelo no estaba en casa, Alejandro intuyó donde lo encontraría y salió corriendo a buscarlo. No se equivocó, estaba en la línea de carrera esperando junto con los otros participantes el disparo de salida.
El abuelo cumplió el recorrido como un verdadero campeón y su nieto orgulloso, lo alentó todo el recorrido.
273. La primera del final
Mariana Segura Sanz
Siempre he sido una M. Como lo lees. Pero eso sí, en mayúscula. Todos me lo dicen. Siempre al final, cuando todos han corrido, yo para variar al final. No hago nada, no digo nada, no me muevo, simplemente estoy. ¿No os he dicho que soy una M?
Eso sí, siempre bien tiesa, a la vista de todos. Y te preguntarás… ¿cómo puede estar orgullosa si es una M? También lo estarías tú si estuvieras rodeada de palmaditas en la espalda, escucharas todo aplausos, vieras sonrisas y miles de abrazos.
No sé si lo entenderás. La respuesta, si no eres una M, si puedes leer esto, la encontrarás al final. Nos vemos en la meta.
274. San Silvestrum
Juan Sevillano Gacho
Malditos locos. ¡Que el puente aún no está abierto! ¿No pueden esperar a correr cuando lo terminemos? Sí, ya sé que estamos en el año 35 y que hemos tenido que suspender las pasadas 34 ediciones de la carrera por retrasos en las obras. Pero es que la gente no sabe lo que cuesta construir los tajamares con las corrientes del río. Y montar y desmontar las cimbras de madera en cada arco, y subir todas las piedras hasta llegar a la clave. Si lo supieran no correrían por aquí. Y como me pisen la argamasa, se enteran.
275. «Entre amigos»
Mª Ángeles Samper García
Todos juntos,nos une la ilusión,la deportividad,la osadía. Aunque el frío nos rodea, nos arropan las calles que nos dirigen a la meta.Poco a poco nos vamos diluyendo y los minutos de carrera nos colocan en nuestro lugar. Unos llegan primeros, otros llegan después,los últimos, pero seguimos unidos en la carrera, entre amigos.
276. Primera de verdad
pilar
Un antiguo novio me habló de correr y me sirvió para intentar olvidarlo. El olvido hizo recordar lo mucho que disfrutaba bajando por la Castellana con mis New Balance a juego con el resto del outfit. Ese mismo año haría la Vallecana. Y pareció ser un 22 de diciembre puesto que con un disfraz de Pitufo conocí a Óscar. Al año siguiente pasamos juntos las Navidades en su ciudad y qué mejor que celebrar nuestro aniversario con un dorsal. Me dijo que disfrutara al igual que lo hago cuando correr por el Retiro. Y así lo hice hasta que la Tuna hizo acto de presencia frente a la puerta de la universidad y me puse a llorar como una magdalena cuando me di cuenta de que esa canción iba dedicada a una rubia loca, como la de la canción. No me colgaron ninguna medalla, pero me pusieron un anillo.
277. Triunfo
Óscar Gonzalo Rodríguez
Como una bala, como un rayo de luz, María llegó a la meta. Se le notaba agotada, extenuada, consumida. Pero todas esas sensaciones parecieron eliminarse de su rostro cuando se dio cuenta de que había sido la ganadora de la carrera. Una lágrima comenzó a caer por sus mejillas, que parecían esbozar una tímida sonrisa. Empleó sus últimas fuerzas para acercarse al lugar donde estaban sus padres y, entre sonrisas y lágrimas, se abrazaron. Se acercaron las cámaras, los periódicos y las radios pero lo primero era el pódium. María debía subirse al lugar más alto del pódium y celebrar su triunfo. Aprovechó ese momento, su momento, se bajó los pantalones y dejó ver su pierna ortopédica. El público enmudeció, cesaron las lágrimas de María y su sonrisa se convirtió en el máximo representante de su rostro.
278. Triunfo
Óscar Gonzalo Rodríguez
Como una bala, como un rayo de luz, María llegó a la meta. Se le notaba agotada, extenuada, consumida. Pero todas esas sensaciones parecieron eliminarse de su rostro cuando se dio cuenta de que había sido la ganadora de la carrera. Una lágrima comenzó a caer por sus mejillas, que parecían esbozar una tímida sonrisa. Empleó sus últimas fuerzas para acercarse al lugar donde estaban sus padres y, entre sonrisas y lágrimas, se abrazaron. Se acercaron las cámaras, los periódicos y las radios pero lo primero era el pódium. María debía subirse al lugar más alto del pódium y celebrar su triunfo. Aprovechó ese momento, su momento, se bajó los pantalones y dejó ver su pierna ortopédica. El público enmudeció, cesaron las lágrimas de María y su sonrisa se convirtió en el máximo representante de su rostro.
279. Prioridades
Santiago Romero Castrillón
El estómago se le retorcía de hambre, pero siguió corriendo. No quería ser el tonto que pierde su primera carrera por quedarse dormido y salir sin desayunar. Lo impulsaba el ferviente deseo de llegar a la meta y sentarse a comer con el orgullo de haber hecho una buena carrera.
Pasaron diez kilómetros en completa angustia y, sin saber cómo, se encontró de pie sobre un podio con una medalla de oro colgada en el cuello.
Pero ahora el hambre era tal que luchaba por no desmayarse. Se bajó del podio, se quitó a la multitud de encima y corrió hasta encontrar una cafetería. Al ver los pasteles calientes se le hizo agua la boca, pero al llevarse la mano al bolsillo vio que no traía dinero.
Sin poder resistir un segundo más, se arrancó la medalla del cuello y se la entregó a la mesera.
—Pagaré con esto.
280. LAS ZAPATILLAS NUEVAS
Yolanda Nava Miguélez
Salem estrena deportivas. Antes de calzarse las toca, las mira, las huele… Es lo más valioso que ha tenido en su vida.
Martina también estrena zapatillas. Está preparada para la que podría ser su última San Silvestre. Aparta esa idea y se anima pensando en la meta que desea alcanzar.
Salem ha recorrido ya los primeros kilómetros que le separan de la escuela. Está deseando llegar para lucir sus deportivas nuevas y para que la maestra le ayude a escribir la carta de agradecimiento.
La ambulancia ha llegado rápido, los médicos intentan reanimar a Martina. Ella piensa en Salem, ¿le habrán gustado las zapatillas?
Las tablas que hay a la mitad del viejo puente ceden y el pequeño se precipita al vacío. Piensa en su madrina. En que no le ha dado las gracias. En qué pensará de él. Mientras, las zapatillas salen de sus pies dejándole completamente desnudo.