VII - 2019

Edición - Año

XIII CONCURSO DE MICRORRELATOS "SAN SILVESTRE SALMANTINA"

El jurado del XIII concurso de microrrelatos San Silvestre Salmantina estuvo integrado por:

  • Daniel Escandell Montiel. Profesor de la Facultad de Filología de la Universidad de Salamanca. Presidente del Jurado.
  • Sigifredro Crego Martín, Profesor de Secundaria de Lengua y Literatura.
  • Alberto Marcos Guillén. Responsable de redes sociales institucionales de la Universidad de Salamanca.
  • Sofía Vicente Fiz. Bibliotecaria de la Universidad de Salamanca.
  • Jerónimo Hernández de Castro. Corredor veterano y funcionario de la Universidad de Salamanca, que actuó como secretario.

El jurado reconoció la excelente participación en esta XIII edición, en que no solo se mantiene la tendencia al alza de los relatos presentados cada año, sino que su número se ha incrementado de manera extraordinaria pasando de los 369 relatos de 2024, a los 611 de esta edición.
Otro aspecto significativo fue lo ajustado de las votaciones pues, en los puestos con derecho a premio en metálico, se produjo un triple empate entre los votos obtenidos y el número de jueces que los votaron, que tuvo que resolverse por el voto de calidad del profesor Escandell, presidente del jurado. Una muestra más de la igualdad en los relatos más valorados es el texto que merece la mención especial, que no consiguió entrar en el podio final por un solo voto de diferencia.
Se indican a continuación, los relatos destacados y la relación de otros que también obtuvieron votos del jurado. Su publicación en la revista, como se establece en las bases, queda condicionada al espacio disponible y que en esta edición se realizará exclusivamente en formato digital.

Primer premio

¿Pronas o supinas?
Raquel Lozano Calleja

así, como un “cueces o enriqueces”, o como un “de ciencias o de letras”, me hiciste esa pregunta desde el asiento de al lado en la sala de espera, y yo, absorto únicamente en tus labios y olvidando el callo bajo el pulgar derecho, que me había llevado a aquel podólogo, acerté a contestar casi por inercia… Prono. Yo, prono; que no sé ni lo que es pero que, para mí, fue como si pudiera contestarte “Sí, quiero”, así, sin conocerte de nada pero ansiando saber todo de ti. Entraste tú primero en la consulta y pegué mi oreja a la puerta. Descubrí tu nombre, tu exploración articular y muscular, tu análisis dinámico de la postura y de la huella del pie. Quise ser tus nuevas plantillas y acompañarte a esa carrera que no recuerdo bien si te escuché decir que era de Piolín o de Silvestre.

Segundo premio

ASÍ EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO
Margarita del Brezo

Aprendí a correr casi antes que a gatear. Y no es de extrañar pues la primera vez que participé en la San Silvestre Salmantina iba montado en un cochecito de bebé. Desde entonces he acudido puntual a la cita y he cruzado siempre la línea de meta, incluso cuando corrí con una pierna escayolada. Tan solo fallé el año pasado, por mi enfermedad y todo eso. Pero esta edición no me la pienso perder así que entreno duro a diario, diluvie, haya borrascas, anticiclones o abrase el sol. Sin embargo, por más que me esfuerzo, no veo muchos progresos. Y es que correr aquí arriba es complicado; sin apenas fuerza de gravedad y teniendo que esquivar todo el rato nubes, pájaros y aviones llenos de gente no hay manera de ir deprisa. Eso sí, menudo ambientazo hay: todavía no ha empezado la carrera y ya no cabe ni un alma.

Tercer premio

Intimidad
Raúl Clavero Vázquez

Participar en la San Silvestre fue una de las primeras cosas que compartimos, y ahora es la última que nos queda en común. Solemos encontrarnos a mitad de carrera, yo te doy alcance y acompaso mis zancadas con las tuyas. Entonces dejamos que nuestras manos se rocen y que nuestros alientos se mezclen, dibujando una impenetrable intimidad entre la muchedumbre. A veces puedo escuchar tu corazón, latiendo preciso y vigoroso, tan distinto al ritmo desbocado del mío, y en ocasiones, simplemente, busco tu mirada, sin que me la ofrezcas jamás. Me gustaría que algún año cruzáramos juntos la meta, pero tú siempre aceleras unos metros antes de llegar, corriendo hacia tu esposa, que te espera al otro lado, que te besa y que te abraza, y yo, al verte, freno el paso y camino hacia la mía, que me espera al otro lado, que me abraza y que me besa.

MENCIÓN ESPECIAL DEL JURADO

PALABRA DE COYOTE
ESTEBAN TORRES SAGRA

Sé, de buena tinta, que está inscrito en la San Silvestre salmantina. Estoy seguro que llegará el primero, con su aire de superioridad y el respaldo de su velocidad endiablada, y que humillará, sacándoles muchísima distancia, sin esfuerzo aparente y sin apenas entrenamiento., a sus más inmediatos perseguidores.
Él tiene la certeza, siempre la tuvo -con la colaboración de los ilustradores, claro- de que no podré alcanzarlo nunca; pero mi último plan es infalible: me he comprado una goma de borrar dibujos -por supuesto marca Acme- y le esperaré en la meta, camuflado entre el público.
Esta vez acabo con el Correcaminos. Lo juro.
Palabra de Coyote.

Relatos participantes

Conectados

María Posadillo Marín

Madre Tierra sobrevive a estaciones solitarias en las que nadie atiende sus lamentos. Pero existe un rincón en su cuerpo roca donde, al llegar el otoño, percibe la pulsión del corazón del hombre como en ningún otro lugar.
Las plantas de mil pies hacen vibrar el suelo en feroz carrera, cuando los músculos se tensan, y la excitación que precede a la lucha empapa la superficie de quien los alienta desde el principio de los tiempos.
Ya no hay presa frente a ellos al iniciar el galope; las bestias dejaron de ser cazadas hace milenios, pero las emociones más puras se traducen en pasos seguros hacia una meta que no alimenta los estómagos, pero sí sus espíritus. Solo entonces, planeta y hombre conectan como uno solo. La Tierra cesa su pálpito furioso y da una nueva oportunidad a la naturaleza que ella misma engendró. Después de todo, nada ha cambiado.
 

La emoción más veloz

Francisco Yuste García

El único sonido del piso era el de la alarma a las seis de la mañana. Sólo unos pocos de los que se divorcian llegan alguna vez a enderezar su rumbo. Los recuerdos y sentimientos son los mismos espectros que transitan de sus sueños a su realidad, a través de las sombras de la habitación. Lo envuelven como una nube ominosa. Tratan de trepar por sus tobillos. Forcejean en una melé, para atenazarle la garganta y paralizarlo.

Por eso él corre. Porque aunque no lo crea posible, será químicamente feliz. Porque físicamente su cuerpo se aferrará a la vida tras el abandono personal pasado. Huye de sus fantasmas.

A diario corre y su mente funciona con mayor claridad, más rápido. La pena sigue, pero la vida también.

Un día inesperado el teléfono suena. Una vieja amiga dice estar pasando por lo mismo. Él corre. Corre a ahuyentar a sus espectros.

La magia de la San Silvestre

Alfredo Pérez Berciano

Aquel día se apostó en la terraza y dejó caer sus ojos hacia el enjambre de corredores que a esas horas ocupaba la calzada. Tenía cincuenta y ocho años y mucho miedo.

– Papá, venga, que no llegamos, no te olvides el teléfono –

Mi padre había entrenado mucho para correr la San Silvestre aquel año. Ganar la batalla al miedo se había convertido en un verdadero reto para él.

Una hora y cinco minutos más tarde, emocionados los dos, cruzamos la META y nos fundimos en un abrazo infinito. El eco de un grito de orgullo sonó en mi corazón. La magia de la San Silvestre había vencido al miedo.

Pero el destino, caprichoso como pocos, tenía un último as en la manga y quiso que ese domingo también sonara el teléfono para nuestra eternidad.

– ¿Hipólito Yagüe?, por favor.
– Sí soy yo.
– Hemos encontrado un donante.

El atleta

Silvia MAngas

Corre; suda; está entrenado para ser atleta y sabe que no sólo el cuerpo
debe estar adiestrado; también fortifica su espíritu.

Corre detrás de sus sueños; busca una calidad de vida superior y en ese
trajinar, se engolosina con el aire, con sus ansias de triunfar. Mientras, corre
la extensa maratón de su vida, piensa en los distintos legados salmantinos,
los afectivos y los culturales; entre ellos, rescata a su guía espiritual, el que lo
marcó con el esfuerzo y la simplicidad.

Primero, deposita sus plegarias en San Silvestre y se pone a su servicio. Él
escucha su aliento; sabe que puede caer, porque nadie está exento; pero
también, sabe que debe incorporarse y seguir.

En los momentos cruciales, eleva su mirada al cielo y entre los pliegues de
las nubes, adivina el rostro protector de su Santo, quien lo estimula.
Adelante, Atleta, continúa con tu maratónica carrera.

Papá

Javier López-Bueno Ramos

Con el dorsal 270, estiraba en el césped, cerca de la parroquia de San José, junto a un tipo grande de pelo cincelado y nariz prominente, un tal Constantino, según me dijo con voz firme y magnánima como si se tratara de un emperador romano, mientras mi padre, Rufino, saludaba desde el otro lado de la valla con ojos fraternales.
Supongo que dulcificado por las fechas y la estampa que componíamos mi padre y yo, Constantino, el Grande, me instó a tomar posiciones junto a él y gracias a este encuentro, diría yo que providencial, pasé a la historia.
No llegué a meta el primero, entré en el puesto 33, que es igual de importante en esta carrera, pero sí fui portada de la Gaceta de Salamanca con una fotografía, junto a tantos otros participantes, de la popular carrera que lleva mi nombre, Silvestre, y que enorgulleció a mi padre.

Motivación

Víctor López Camacho

Pi-Pi-Pi…Pi-Pi-Pi…Pi-Pi-Pi… son las 7:07 de la mañana, y el despertador destroza la calma de la habitación, aunque Julian, ya despierto desde hace rato, lo espera con ansia, ha llegado el momento de ponerse las zapatillas de deporte y salir a correr como cada mañana.

Es su momento preferido del día, cuando sale a correr todavía es de noche, pero cuando acaba ya es de día, además, hay dos cosas que le incentivan, el reloj gps que se ha comprado de segunda mano y que muestra claramente sus progresos, y el culo de la chica que le gusta a lo lejos, pero cada día más cerca, que confirma su mejoría.

Este año también se ha apuntado a la San Silvestre Salmantina. No cree que vaya a ganar, pero si va ella, seguro que mejorará la marca.

PROYECTOS

FRANCISCO JAVIER AGUIRRE GONZÁLEZ

El año pasado no pudo ser. Se me olvidó y llegué tarde. Se agotaron los 7.667 dorsales disponibles para la San Silvestre Salmantina. Este año he de espabilarme. Faltan solo unos días para que se abra el plazo de inscripción. Lo tengo todo a punto, el cuerpo entrenado y el ánimo dispuesto. Para calentar motores, se me ocurre contar por escrito lo que me pasó el año anterior. En realidad, no iba con intenciones de ganar, solo de participar. A estas edades es suficiente. Pero apenas he retenido los detalles de lo que me ocurrió. Hay que resignarse a que el tiempo pasa inexorablemente. Aún tengo las piernas ágiles y los músculos tensos, pero la memoria… ¡ay, la memoria! No importa. Escribiré lo que recuerde y enviaré el relato. Me dice mi nieto que se ha convocado un concurso.

NO ES EL CUENTO DEL DINOSAURIO

Isabel García Viñao

Se despierta con las imágenes de las llamas en los ojos. Unas llamas que el día anterior podrían haber acabado con la vida de una niña. Hoy no se viste el uniforme azul ni el casco de bombero pues es la fecha de la San Silvestre. La jornada anterior corrió por el bosque como un loco para sofocar el fuego, mas el esfuerzo le recompensó. En un camino cercano, una mujer con la camiseta de la Cruz Roja recogió a la niña. La mirada orgullosa del bombero se encontró con la de la mujer de la institución humanitaria. Entre sus ojos se interpuso el dios del amor, Cupido.
Hoy, el bombero, a la salida de la carrera, se siente extenuado. El esfuerzo del día anterior hace que caiga desfallecido en el Puente Romano. Despierta con la sirena. Al despertar, ella todavía está allí.

Lo que se dice correr…

Alvaro Abad San Epifanio

En toda mi vida solo he corrido una vez con ganas: su marido nos pilló y no me apetecía probar esos bíceps tamaño camión. Corrí escaleras abajo, calle arriba y me encaramé a la cúpula la catedral. Tres días me espero abajo el Sr. Bíceps. Al final se rindió, creo que le entró el mono de anabolizantes.
¿Pues no recibo un whatsapp semanas más tarde para correr la San Silvestre? ¿Creerá que soy masoquista? Aún tengo pesadillas con esos músculos. Y agujetas. Pero me promete una buena siesta…
El chándal me queda como una patada en los bajos, pero me lo enfundo. La veo en la salida, con esas mallas ajustadas… al lado del esposo, marcándolo todo. Creo adivinar quién envió el mensaje.
Pistoletazo de salida. Tras dos horas corriendo voy el primero por el carril derecho de la Autovía de la Plata, seguido del esposo encabronado. No se cansa.

La promesa de Hugo

Cristina Grieguez Alvarez

La San Silvestre era todo para su padre desde que los presentaran aquel 30 de Diciembre de 1984, pero justo el día de su trigésimo cuarto aniversario él falleció dejándola plantada, vestida y alborotada. Afligido, esa misma noche, volvió de entre los muertos, colándose en sus sueños, para pedirle que a partir de ese momento cortejara en su nombre a tan enérgica y decidida dama, pues no podía permitir que ella sintiera su ausencia como sinónimo de indiferencia. Y Hugo, sin forma ni condición, aceptó de corazón, buscando enseguida al mejor instructor. Resultaba duro ponerse las deportivas después de un largo día de trabajo, mas no podía fallarle a su héroe.
Sin apenas darse cuenta el día de la carrera llegó y ella, agradecida, le premió tan noble gesto guiándole hasta el ángel con el que compartiría su vida, exactamente cómo hizo con su padre treinta y cinco años atrás.

En mi perfil

Bárbara Monzú Casamayón

Mamá volvió a su ciudad natal para verme correr después del accidente y darme muchos besos en la línea de meta. Ella fue la que me enseñó a hacer las cosas con pasión. Años antes, dejé la natación por el atletismo y pasó aquello. Se mudó a un pueblecito gallego donde pasaba las vacaciones de niña para cuidar de sus padres, y yo ya era mayor para asumir la situación y buscar otro sueño. La echaba muchísimo de menos. Necesitaba sus palabras durante la rehabilitación y sus abrazos durante las siestas. Entones me compré una prótesis y me inscribí en la San Silvestre Salmantina, como era costumbre en nuestra familia. Mi madre apareció con un dorsal en los pechos hecho por ella misma y me acompañó los últimos cien metros hasta la meta. Fue increíble. ¡La foto está en mi perfil! ¿Podéis votarme? Solo será un minuto ¡Gracias!

glamur

JUAN LORENZO COLLADO GÓMEZ

Por fin iba a correr mi primera San Silvestre.
Preparé la equipación de todo aquel material que había comprado para la ocasión:
Me puse la ropa interior Asics, unos calcetines Nike azul eléctrico y la camiseta interior X-Bionic Radiactor.
Para las mallas y la camiseta elegí el conjunto Bellavista de Adidas.
Finalmente las zapatillas Brooks Ghost 12, gafas Oakely y el reloj Polar V Titán.
Unas gotas de colonia y una pulserita me mostraron fantástica frente al espejo.
Así me dirigí al Paseo de San Antonio pero al mirarme en un escaparate me di cuenta de que había olvidado el dorsal.
Cuando llegué a la salida, con mi dorsal perfectamente colocado, ya se habían marchado todos.
No sé si los aplausos que escuché durante toda la carrera me los dedicaron por ser la última corredora en llegar a meta o por todo aquel despliegue de glamur.

ASÍ EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO

Margarita del Brezo

Aprendí a correr casi antes que a gatear. Y no es de extrañar pues la primera vez que participé en la San Silvestre Salmantina iba montado en un cochecito de bebé. Desde entonces he acudido puntual a la cita y he cruzado siempre la línea de meta, incluso cuando corrí con una pierna escayolada. Tan solo fallé el año pasado, por mi enfermedad y todo eso. Pero esta edición no me la pienso perder así que entreno duro a diario, diluvie, haya borrascas, anticiclones o abrase el sol. Sin embargo, por más que me esfuerzo, no veo muchos progresos. Y es que correr aquí arriba es complicado; sin apenas fuerza de gravedad y teniendo que esquivar todo el rato nubes, pájaros y aviones llenos de gente no hay manera de ir deprisa. Eso sí, menudo ambientazo hay: todavía no ha empezado la carrera y ya no cabe ni un alma.

El camino es la meta también

Marta María Cruz Martín

Diciembre siempre fue un mes largo para ella, lleno de cenas y brindis con aquellos que regresan a casa por Navidad.
Después de la carrera brindarían también, pero en ese momento estaba sola. Y es que no distinguía, entre la aglomeración de corredores, ninguna cara conocida.
Le pesaban demasiado las piernas y además un poco el alma, deseaba terminar el recorrido pero durante unos minutos no se creyó capaz. Hasta que levantó la cabeza y los vio. Allí estaban, sus compañeros de viaje y de vida, vestidos con un disfraz del año anterior, esperando para llevarla de la mano hasta donde quisiera llegar.
Respiró hondo y, todavía sin alcanzar a ver el final, comprendió que con ellos llegaría a la meta por muy lejos que estuviera. Y ella también sonrió.

PLAN B

PILAR ALEJOS MARTINEZ

En cuanto suena el disparo, empiezo a correr. Me tiemblan las piernas a pesar de tantos meses de preparación. Ante el fracaso del «Plan A», decido cambiar de estrategia y me mimetizo entre la multitud participante en la San Silvestre Salmantina. Se respira un gran ambiente solidario, donde lo que prevalece es la deportividad. Sin querer, poco a poco, me voy viniendo arriba. Motivado por los gestos de compañerismo que observo a mi alrededor, acelero el paso. Parece que tengo alas en lugar de pies. Avanzo un puesto tras otro hasta alcanzar a los corredores de cabeza. Por primera vez, corro por una buena causa sin miedo a ser alcanzado. La euforia se apodera de mí y me lleva en volandas.

Al cruzar la meta, con los brazos en alto, celebro mi victoria. Ahora me alegro de haberme despojado por el camino del mono rojo y la careta de Dalí.

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27 DE DICIEMBRE DE 2026