VIII - 2020
1. ¿Por qué correr?
Robin Albarracín Hofmans
Mientras corro, la incomprensión de mis motivos recorre a todos los que me rodean, que solo ven las agujetas, el dolor y el cansancio acumulado. Invisible a sus ojos vendados de cortoplacismo, está la satisfacción de cumplir el propósito que a enero de este año, me marqué realizar el último domingo del mismo.
Cada zancada me acerca más la meta de la autorrealización, y pese a que cada día de estos 70 años vividos me pesa como una losa, me regodeo en el dolor de cada paso, en el pinchazo de esa rodilla que pensó que no volvería a trabajar , en la sal de unas lágrimas de emoción. Porque me he permitido condimentar una vida inacabada.
A mitad de camino solo me quedan fuerzas para andar, pero dadme tiempo, y llegaré, dadme tiempo, demostraré que las agujetas se van a los días, pero la satisfacción, se queda para siempre.
2. PERSECUCIÓN RELIGIOSA
Raúl Garcés Redondo
Los corredores lucían los atuendos mas extravagantes respondiendo al carácter festivo de la prueba. Así, podía verse a un misterioso astronauta pugnando con una graciosa rana. O una vieja alcahueta dejando atrás a un adusto Unamuno. Pero quien acaparaba todas las miradas era Silvestre I que haciendo honor a su nombre, llegó el primero a la meta, sirviéndose de su báculo papal para apartar contrincantes de su camino. Al finalizar la carrera confesó que cuando sentía flaquear las fuerzas, echaba la vista atrás y descubría a un legionario romano con cara de pocos amigos.
3. ¿LO SIENTES?
Roberto Sánchez Pérez
El frío invernal acompaña al corazón acelerado, deseoso de comenzar el vuelo a través del paisaje único que representa la capital Charra. Año tras año, me repiten la misma pregunta, ¿por qué corres la San Silvestre Salmantina todas las ediciones?,yo,sin titubear, siempre respondo de la misma forma: “por la sensación de nervios e ilusión que recorre mis venas, por el gratificante sentimiento de sentirme libre en mi propio cuerpo y ese preciso momento en el que te unes, envuelto en un ambiente especial que estremece al cuerpo más preparado, a miles de personas que desprenden por todos sus poros alegría y festividad, ganas de pasárselo bien, sin que a la mayoría les importe el resultado, si llueve o hace sol; y todos, atletas profesionales y corredores populares, se unen en uno solo con el objetivo común de disfrutar del deporte”. Y mi pregunta es:¿y tú, por qué no la corres?
4. SAN SILVESTRE
JULIO SÁNCHEZ PEREZ
Es de madrugada y me acuerdo del año pasado vivo en pino franqueado y cada año voy a salamanca a correr la san silvestre salmantina pero ese viaje no fue como otros al llegar a Montehermoso el coche se me paro me quede sin batería qué contrariedad pero llame al mecánico de emergencia y a las tres horas me la cambio así que pude ir a correr me prepare hice un precalentamiento y me dispuse a correr con el dorsal 75 buen número seguro que me da suerte había muchos disfraces la gente se lo inventa todo para hacerla más vistosa Habían policías, militares, toreros enfermeras muchas etc. había mucho público para correr y para ver, salimos del paseo san Antonio, bulevar san francisco Javier, Paraguay para volver hasta el paseo san Antonio que estaba la meta a mí al llegar al parque Picasso me dio un tirón, pero llegue.
5. Corredor
Mario Andrés De los Santos Hernández
Corredor
El corredor tenía ganas. Esa mañana las levantó con ímpetu, pero con respeto, les enfocó el rostro en el reflejo, les peinó y les dio de beber un vaso de agua.
El corredor se bañó sin que el agua –que todo lo sana y lo emblandece– fuera capaz de limpiarle las ganas. Entusiasmado y cantando, el corredor así caló.
La cita era a las once en el Paseo de San Antonio, lo cual le emocionaba en gran manera.
Previsor como él solo, el corredor se dirigió a su destino sobre dos zapatos deportivos que tomó tras haberlos medido, pero sin medir las consecuencias, plasmadas en un desplazamiento despacio de tiempo y de espacio.
San Ignacio inclinó su fachada hacia atrás unos grados para mirar, con agrado, como el corredor salía fastuoso hacia la meta, dejando todo, con un dejo de victoria.
6. AÚN ES UN ADVERBIO DE DESEO
JOSÉ A. GAGO MARTÍN
Casi agradezco que esta vez la San Silvestre sea así, que haya que imaginarla. Con todo lo que ha pasado, ha sido un año duro.
A decir verdad, lo prefiero. No porque me ahorre el sofocón, que me gustaría demostrarme a mí mismo que aún puedo, que las piernas obedecen a la cabeza, a pesar de las secuelas.
Lo prefiero porque, al ser virtual como un videojuego, tendré alguna posibilidad de ganar. Y, sobre todo, porque aún podré ver a mi abuelo aplaudiendo desde su balcón al verme pasar.
7. SAN SILVESTRE SALMANTINA
JOSEP MANUEL
La ciudad despertó, lentamente, con legañas en las ventanas. Sus habitantes tardaron un poco más en bajar de la cama y lo hicieron con la típica crisis de cerebro matutina. Todo parecía correctamente cotidiano y habría sido un día más, sin pena ni gloria, de no ser por la San Silvestre Salmantina. Es la carrera popular en uno de estos años descargados, de una profunda melancolía.
Deje que pasara al horizonte, que vistiera su piel de espuma y agua y su falda de música y relente matinal que ascendió hasta el origen de los tiempos donde el sol acaricia con sus besos rubios el resto de la nieve de las montañas.
Con un galope de corceles grises, cruzó la vida de todos mis sueños, y nos dejó la fiebre en las pupilas, la lenta procesión de las imágenes, la sombra y el dolor clavados en el barro.
8. RECUERDOS
Lázaro Domínguez Gallego
RECUERDOS
El deporte me cautiva profundamente. Recuerdo los ejercicios físicos en el pabellón del colegio. Recuerdo las mañanas corriendo en solitario desde casa hasta
las orillas del Tormes. Recuerdo también, sobre todo, el primer maratón salmantino y la célebre frase, que ha sido mi lema cotidiano: “Mens sana in corpore sano”. Hoy mismo, después de tantos años, cada vez que se inicia la San Silvestre Salmantina, resuena en mi memoria, como una canción maravillosa, el lema de mi vida. Un hombre como yo, sentado en silla de ruedas a causa de un accidente automovilístico, puede rehacer su espíritu de atleta, atado sólo al hilo de los recuerdos.
9. MEDIA MARATÓN Y MEDIA DE BRAVAS
ESTEBAN TORRES SAGRA
-¿De qué huyen? ¿por qué corren?- murmuraba Samuel para sí, sin llegar a comprender muy bien la procedencia de aquel conglomerado de hombres y mujeres, vestidos de corto, que no le dejaban atravesar con su andador la calle Jáuregui en dirección a la plaza de San Marcos.
El nieto, un joven pecoso con cara de espabilado, a quien encomendaban su custodia, le respondió:
-Abuelo, es la media maratón, como cada año. Y no huyen de nada, persiguen un reto. Se demuestran a sí mismos que son capaces de conseguir cualquier cosa que se propongan- le dijo perdiendo la vista entre los corredores.
Volvió a mirar a su abuelo para ver si lo había comprendido y, luego, sonrió al comprobar que el viejo había atravesado el recorrido para llegar a su partida diaria de dominó.
A su manera comprendió que Samuel, tras dos infartos y un ictus, también era un atleta.
10. Récord inusitado
Vicente Pérez Masedo
La carrera fue tan rápida que los corredores adelantaron a los que corrían la San Silvestre Salmantina del año anterior.
11. CARRERA ESTRATOSFÉRICA
Ángel Novillo Sánchez de Pedro
Todos me dirigían una mirada llena de incomprensión, pero yo seguía corriendo. Es verdad que no me era fácil correr. Era el día de San Silvestre el único en el año en el que podía ser libre, porque podía abandonar mi puesto sin que nadie notara mi ausencia.
Al final logré mi objetivo, llegué a la meta y después inicié otra carrera, esta vez hacia la fachada de la catedral, en frente del palacio de Anaya. No había nadie. Me ajusté la escafandra, porque al correr se me había movido, me enfundé los guantes y me refugié en el baquetón, todavía mi respiración se mostraba fatigada.
Era toda una experiencia así pasaba todo el año recordando este instante, esperando a que otro año llegara de nuevo la carrera de San Silvestre. Pero en el 2020 ese año no llegó.
12. GP San Silvestre
Guido Josue Castro Valero
Cuando Valentino se presentó al certamen, con el número 46, todos pensaron que ganaría.
Imaginaron que sus zancadas serian cortas, pero su movimiento de pies tan veloz como el de Messi. Pensaron que no tendría miedo de tomar las curvas y en el Puente Mayor del Tormes, intentaría pasar a todos, para ser captado en una fotografía para la historia.
Aunque, se tropezó cuando salió de aquel puente. Iba tan revolucionado que sus dos pistones esbeltos se entrelazaron, y se llevó de aquel puente romano, una cicatriz duradera.
Pero con voluntad inquebrantable, se levantó, y con determinación siguió corriendo. Valentino corrió como nunca, hasta que acabó la carrera.
Tenía la sonrisa típica, pero necesitaba un «dottore». Estaba exhausto, más nunca volvería a correr (a pie).
Mario, de Ciudad Real, no se creía la victoria. Pero, parece que no se dio cuenta, que Valentino no trajo la moto.
13. EL RÍO TORMES ADVIERTE…
Isabel García Viñao
El Tormes susurra que echará en falta la San Silvestre Salmantina: la algarabía y colores,las zancadas y pasitos, las sonrisas y lloros emocionados, el sudor de los participantes contrastando con el frío seco de esta tierra a finales de diciembre.
El Tormes nos cuenta que, en fechas pasadas, sintió en su piel de agua el roce de unos bichejos que le ocasionaron fiebre, fatiga, dolores..., y que estos síntomas los pudo soportar. Pero, añade, que lo que más le afectó fue la tos seca pues, siendo él agua, esta tos casi lo mata.
El Tormes advierte: " Este año, queridos atletas, se anula la San Silvestre, que sean los virus, que no son nada sin las personas, los que realicen el trayecto y se mueran, que ningún maligno SARS-CoV-2 llegue a la meta.
14. EL MEJOR PREMIO
Mª BEATRIZ BENITO MARTÍN
Me despierto y empiezo a notar las primeras mariposillas en el estómago.
“Descansa un poco más”, me digo.
Pero ya no puedo dejar de pensar que se acerca el momento. “Tranquila, estás preparada”.
Miro la mochila...organizada. ¡Venga, vamos para allá!
Llegamos al punto de encuentro. Ahora sí que sí, comienza la carrera. Empiezo tranquila, poco a poco. Pero vienen cuestas y aprieto. Está siendo duro pero sé que puedo.Respiro. ¡Venga campeona!, me animan. Llega la recta final.Me esfuerzo, casi puedo ver la meta, último empujón y...¡LLEGÓ!
Emma nació el 30 de diciembre de 2018. Ese último domingo del año se celebra en la ciudad la San Silvestre Salmantina.
Ni su papá ni su mamá pudieron correr esa edición. Sin embargo, ese año, se llevaron el mejor premio.
15. Maratoniana gira
Adela Orellana Durán
Maratoniana gira
Ni el cáncer golpeando le quitaba la ilusión, ni la fuerte medicación las fuerzas. Sesenta años cumplidos, entraba en veteranos. Si conseguía inscribirse en la carrera lo daría todo. Debía seguir la tradición familiar que comenzara el abuelo hacía 36 años, compitiendo en la primera San Silvestre Salamantina. La navidad familiar tomaba verdadero protagonismo el día de la carrera, unos corriendo, otros animando. Cena final recordando los mejores y sufridos momentos.
Al amanecer, tras hidratarse con zumos naturales de variadas frutas, se colocaba ropa deportiva y ligeras zapatillas. Zancadas sin prisas recibían el frescor de la mañana respirando acompasadamente. Tomaba ritmo y la carrera se calentaba. Ocho kilómetros hasta el hospital. Potente desayuno para afrontar la fuerte maratón de fluidos corrosivos fluyendo por sus venas, adentrándose en curas, intentando beberse la vida a bocanadas de aire y dejarse llevar. ¡Qué cerca estaba la meta!
16. Una travesía auténtica
Miriam Salelles Parra
Leía un libro de superhéroes. Iba sumergida en la lectura cuando de repente, alcé la vista y le vi subir. Vi al protagonista de mi historia. Me sonrió y ya con eso fui feliz. No necesité más.
En ese momento, cerré el libro. Me di cuenta de que su historia, era mejor que aquella que tenía entre mis manos.
Cuando subió al vagón, mi padre y yo empezábamos un nuevo capítulo que podría cerrar una vieja y profunda herida. Podría ser el capítulo final de aquella histórica que le tocó protagonizar. Íbamos de camino a Salamanca para correr nuestra primera carrera juntos después del accidente que casi le cuesta la vida. Desde hace 3 años, con paciencia y capítulo a capítulo a base de superación y constancia, relatamos su propia travesía. Una auténtica de verdad.
17. EL DESEO DE CORRER
Ana Isabel Velasco Ortiz
Estoy preparado. Este maldito virus no ha podido arrancarme el deseo de correr. Pequeñas pruebas que he ido superando poco a poco. Minutos y metros ganados con esfuerzo y dedicación. El propósito es participar en la San Silvestre salmantina como en años anteriores. Un reto que, siempre he sentido, me hacía regresar al tiempo de la juventud. Pese a mi edad, achaques y olvidos, volvía a crecer como persona.
En este entrenamiento me he reencontrado con seres queridos que creía perdidos. Amigos, compañeros, familiares... Apoyo. Ayuda. Ánimo repartido y compartido.
Hoy es el día y la hora. Iniciamos el recorrido. Tenemos la certeza de que la adversidad no puede derrotarnos. Corremos entre nubes y azul porque aquí, como en la tierra, el treinta y uno de diciembre, el calendario señala San Silvestre y, las almas del lugar, nos afanamos en alcanzar la meta. Ese horizonte que adivinamos eterno y feliz.
18. Peregrinos
María Cristina Chiama
Peregrinos
Al final de nuestro peregrinaje, subimos al altísimo campanario de la iglesia a pesar de las piernas envejecidas de mi abuelo. Sin embargo nos alivió contemplar el paisaje desde allí arriba, tanto que nos alineamos con los árboles custodios del río hasta el Mediterráneo. Nos apropiamos del anochecer, hasta que fuimos empujados contra uno de los muros: ¡se había desatado un desparramo de estrellas errantes! Supusimos un desborde de la Vía Láctea, de modo que hicimos guardia ante el milagro hasta la mañana siguiente en que cientos de aves se desplegaron hacia el sol para perderse allí al igual que nosotros.
19. Ups!
Paloma Hidalgo Díez
Animada por otros éxitos, ya no me mordía las uñas y podía prescindir de la cafeína mañanera, me apunté a la carrera convencida de que este la terminaría. Tras los dos primeros kilómetros todo iba bien, pulso, ritmo, confianza. Entonces tropecé con sus ojos. Juro que intenté resistirme, pero en apenas tres mil metros, ya estábamos haciendo la lista de invitados a la boda, y eligiendo menús. Fue de cuento de hadas, el vestido a juego con las zapatillas, su pajarita con el dorsal… Sólidos en la carrera, apostamos por aumentar la familia, sin embargo, como los niños no llegaban, unas cuantas zancadas adelante, decidimos adoptar a una niña china. Y a China nos fuimos a diez kilómetros de la meta. Y en China seguiremos hasta que reabran las fronteras, cuando esté controlado este nuevo brote de coronavirus, ojalá que a tiempo de volver a intentarlo, el próximo año.
20. QUIÉN PUSO MÁS
María Soledad García Garrido
No me saco la canción de Víctor Manuel de la cabeza, maldito estribillo. Si me hubieses conocido en el instituto, no me habrías propuesto lo de la San Silvestre. El deporte y yo nos repelemos. Me dijiste que lo importante era participar, que si llegaba la última, no importaba. Acepté sin dudar, aunque por dentro me repetía que correr es de cobardes. Solo por complacerte.
Le pedí prestadas a mi hermana sus zapatillas (total, no pensaba usarlas más) y me reservaste un dorsal. De la cinta del pelo y de las mallas me encargué yo misma. Las uso por casa. Te juro que lo intenté, pero me tropiezo hasta con las rayas del parqué.
Anoche pensé que lo nuestro no merece la pena. No puedo olvidar tu cara de decepción ni el esprint que hiciste para dejarme atrás, mientras yo pensaba que correr era de cobardes.
21. El calcetín rojo
Sara Muñío Peón
A primera vista encontrar un calcetín rojo puede parecer tarea sencilla, pero para nuestro protagonista no lo fue. Le costó una hora poder divisarlo, y otro tanto rescatarlo. El motivo, tuvo que ir al espacio a buscarlo.
Me explico, Satu es un extraterrestre que vive en la Tierra desde hace muy poco, todavía no se acostumbra a ser hijo del dios nórdico del engaño, y a veces se siente abrumado, por eso suele escaparse. Va al espacio y contempla los planetas en el auge de su belleza.
En su último viaje acabó perdiendo un calcetín rojo, que floto en la inmensidad del universo, atravesó agujeros de gusano y visitó distintas galaxias.
22. MENTE, CUERPO…PREPARAD@S.. LIST@S…YA!!
JOSÉ REINALDO POL GARCÍA
Un atleta aspirante a participar en la San Silvestre Salmantina estaba entrenándose a diario para conseguir más fondo. Un día regresa a su casa satisfecho porque iba mejorando su marca personal; encuentra a su padre escribiendo y le pregunta:
-“¿ Qué haces?”
El progenitor contesta:
-“ Entreno”
El deportista, limpiándose el sudor, le dice :
-“ Qué dices! De entrenar vengo yo, que voy a lograr podium en la carrera Salmantina.”
El mayor calló. Llegó el día de la competición y acompañó a su hijo al evento. Sorprendió al deportista cuando, al proporcionarle el dorsal, le entregan la revista conteniendo la publicación de relatos ganadores en ese acto, y recogía un escrito del padre quien dice:
-“ En la San Silvestre Salmantina también corren creatividad, ingenio e imaginación. Participan mente y cuerpo enteros. Eso distingue este grandioso evento de otros. La psique necesita mucho ejercicio.”
23. Hoy como ayer
Cristina Alvarez Escudero
Comienza el día, está saliendo el sol, o no. Puede que esté nublado y caiga, como se suele decir, la mundial.
Te levantas, te preparas y sales, hoy como ayer. Eres perseverante, no hay quien te frene. Sabes que tu única meta no es llegar al final de la carrera.
Todos los días te impulsa algo, y no hablo de la mecánica, hablo de aquello que es difícil de mantener, la motivación. Puede ser la carrera planeada, una competición, la compañía o la soledad; o como dije al principio, como el tiempo, no todos los días tienen que ser iguales.
Y al fin, el día esperado por muchos. Una carrera con cientos de desconocidos, con un mismo camino por recorrer, distintos motivos, pero para mí, decirte que es un día más, un día especial, y que así deberían ser todos.
24. SU COMIENZO COMO CORREDORA
Enrique Benito Peñalva
En medio de ese gran gentío que esperaba al disparo de salida, estaba Laura, que esa edición de la San Silvestre Salmantina era su primera carrera; Miraba a su alrededor creyendo que el resto de corredores estaban muy preparados, y dudaba si podría terminar la carrera, cuando empezó a hablar con dos corredores disfrazados que estaban a su lado, Pepe y Jesús, que con ciertos toques de humor le trasmitieron confianza.
Pepe y Jesús acompañaron a Laura toda la carrera. Contaron varias anécdotas, y le hablaron de los maratones internacionales que habían realizado. Sin darse cuenta Laura, y poseída a su vez por la emoción de la carrera, llegó a la línea de meta sin cansancio, agradeciendo la compañía a sus dos nuevos amigos, que enseguida le animaron a que corriera con ellos próximamente otra carrera en Paradinas de San Juan. Ahí empezó todo...
25. daños
luis uriarte montero
Cuando Nines el día 31 de diciembre se preparaba para correr la San Silvestre con un buen filete comprado en el mercado de Salamanca, su madre la acompañaba, ella padecía distrofia muscular pero el dependiente joven y simpático las saludaba con su gran sonrisa y ella era feliz por un momento; al llegar a casa, mientras su madre preparaba la comida, ella veía la televisión, en ella aparecía un hombre que llevaba a una niña muerta, tronchada en sus brazos, daños colaterales de un bombardeo, dijo el periodista, sintió un escalofrío y pensó que la vida era dura como el filete que intentaba partir para estar fuerte y participar en la gran carrera.
26. Puedo
Setefilla González Naranjo
Desde pequeña siempre he sido una niña alegre, tranquila y sin miedo a nada. Hasta que un día el miedo llama a tu puerta y no tienes más remedio que abrirle. "Bienvenido" le dije, el me contó que debía pasar un tiempo en el hospital. Después de más de dos meses sin pisar el instituto me sentía perdida, a nivel académico y vital. La recuperación fue lenta, sedentaria y monótona, pero gracias a ella y a toda la televisión que vi en aquellos meses pensé que yo también podría correr como aquellos que salían en la tele, cruzando la meta con los brazos abiertos y una sonrisa de oreja a oreja. Poco a poco fui entrenando. Y aquí estoy, en la salida de la San Silvestre Salmantina. Solo me propongo una cosa, llegar. Llegar a la meta, abrir los brazos y sonreír de oreja a oreja.
27. Unos segundos
María Dolores Martínez Gea
Sabía el lugar exacto donde se colocaría para ver pasar a la multitud de participantes en la San Silvestre de este año. Recogí el dorsal con una euforia e ilusión que no poseía hacía tiempo. Y allí estaba yo, en medio de hombres y mujeres de todas las edades, con indumentarias de toto tipo esperando el momento de echar a correr por las calles de mi querida ciudad. Sonó el disparo de salida, tenía que esperar a que avanzaran los de delante para empezar a mover mis pies. Mi sueño se hacía realidad, un paso, otro paso, otro más... dentro de una marea humana invadida por la alegría en un día especial. Faltaba poco para llegar. Disponía tan sólo de unos segundos para verla. Si lo conseguía, todo el esfuerzo de los últimos meses habría merecido la pena, todo por unos segundos donde el tiempo se detendría únicamente para mí.
28. EL PELIGRO DE CORRER POR LA CALLE UNO
Paco Cebrián Fernández
Fue un hijo amoroso y un alumno ejemplar. Pero a la hora del patio sus compañeros nunca lo escogían para su equipo. Sus padres le pedían que estudiara, que fuera alguien importante. A él, lo que le gustaba era correr. Estudió mucho. Aprendió las leyes. Aprobó con las mejores notas.
Hoy ya es juez.
Pistola en mano, ocho personas permanecen arrodilladas ante él con la cabeza gacha, pendientes de su decisión. Suena un disparo y siete de ellos salen al esprint.
29. Uno más
Daniel García Rodríguez
Suena un disparo, el primero que oigo sin temer por mi vida, y todos nos lanzamos a la victoria como un solo hombre. Algunos tramos son tan estrechos que apenas hay espacio, pero no hay que sortear cadáveres ni campos de minas y el único peligro es tropezar con otras piernas. Desde niño tuve que aprender a correr más rápido que las balas y sin darme cuenta soy el primero. Me rodean preciosos edificios de piedra en vez de chozas en llamas, oigo aplausos y aclamaciones en vez de bombas incendiarias y llantos de madres desconsoladas. Siento que estoy flotando en un sueño y no quiero que se acabe. Aflojo el paso para prolongar esta maravillosa sensación de pertenencia. Los demás corredores ganan terreno y todos me van superando. Alguno se gira para mirarme sorprendido. ¿Será porque estoy sonriendo aunque vaya a ser el último en llegar a la meta?
30. Otra perspectiva
Luis Eduardo Figueredo Montesinos
No me he perdido ni una sola de las carreras de esta temporada, ya pasaron 4 años desde el accidente y aun mis piernas no responden como deberían, el viento ya no sopla contra mi rostro, parece que ahora le pertenece a los corredores que habitan la pista, me pregunto ¿es justo que te arrebaten tu único talento? o ¿es justo que ahora solo sea parte del publico que mira con recelo las carreras? y lo que mas me pregunto, ¿ahora que?.
31. Con el corazón en cada paso
Pedro Serrano Jorge
Esta San Silvestre es muy especial. Lo siento en mis entrañas. Este año más que nunca, tengo que salir a correr, aunque sea solo o virtualmente. Correr para reafirmarme y sentir que estoy vivo, después de permanecer reo de las circunstancias desde principios de año. Voy a decir basta y salir adelante dejando atrás el yugo de los pensamientos agoreros. Es algo más que una carrera, es una metáfora del tiempo que nos ha tocado vivir. Es aseverar, arengándome, que si llego al final, tendré fuerzas para seguir, sobreponiéndome a las eventualidades que nos han pasado y las que van a llegar. Por eso, es importante saber qué tipo de carrera es, para poder encararla. Es una carrera de fondo, no de velocidad, y el premio no es llegar el primero, sino simplemente llegar y soportar el camino con la mayor entereza, mostrando a los demás que se puede hacer.
32. CORRER EN SILENCIO
Raúl Guadián Delgado
Despejó el salón y colocó cuidadosamente el plano sobre las paredes. Situado junto al cartel que señalaba el Paseo de San Antonio, ajustó su cronómetro y esperó la señal. Cruzó el Bulevar de San Francisco Javier, la calle Paraguay, luego Méjico, Doctor Gómez Ulla y Mérida. Al llegar a la silla que marcaba el Paseo del Rollo tomó un botellín de agua y continuó por la Plaza de San Antonio. Giró alrededor de la mesa y enfiló de nuevo el Paseo donde todo comenzó. Así una y otra vez hasta completar el recorrido.
Paró el cronómetro y se enorgulleció del tiempo conseguido. Se puso una chaqueta para no quedarse frío y abrió la ventana. Tras ella, una ciudad amortajada por el silencio que otorga la ausencia de gente.
Entonces comprendió que a veces lo importante está conformado por las cosas pequeñas. Como haber podido compartir su proeza con los compañeros.
33. Retirada y debut
Juanma Velasco Centelles
Va a ser mi última.
Mis rodillas han fagocitado los últimos alientos de cartílagos, de meniscos; solo queda lo óseo para friccionar entre sí.
A mis 66, la actual significará mi postrera presencia en la San Silvestre de mi ciudad, Salamanca. Debuté, a mis añorados hoy 37, y he participado ininterrumpidamente en las 29 ediciones anteriores. Álex, mi hijo, nació aquel 30 de diciembre.
Recuerdo que nevusqueaba en aquella inauguración. Recuerdo también que exigí de mi corazón de corredor popular (jamás me he considerado runner) un sobreesfuerzo que me alejara los remordimientos por el abandono del cabezal dramático del lecho hospitalario.
Un sol mortecino de mediodía alivia la tensión de la salida. Un minuto para el disparo, diez kilómetros de viacrucis. Adosado a mí, aquel chaval de 30 años, confinado en una silla de ruedas desde sus primeros pasos, calienta sus brazos mientras me enorgullezco.
Va a ser su primera.
34. ENSOÑACIONES
CARMEN RUIZ RUIZ
En los hogares salmantinos, tan solo los luminosos adornos navideños delatan la proximidad del fin de año. Un nuevo confinamiento ha disipado la incertidumbre, troncando la prueba en inviable. La sansil no podrá disputarse, por primera vez, tras treinta y seis años de historia. A la hora señalada, toda la ciudad apagará las luces, en señal de respeto. Las calles, silenciosas y frías, certificarán el sentido homenaje de sus ciudadanos. Solo la débil luz de las farolas sugerirá el recorrido, otrora bullicioso y desbordado por el gentío. A oscuras, tras los cristales, lágrimas de añoranza y esperanzas rotas, algunas, mucho más dolorosas de asumir. Ausencias insustituibles, pérdidas irreparables. Quizá, inesperadamente, un chispazo ensombrezca definitivamente la calle, y su resplandor deje en las retinas una maravillosa visión espectral: cientos de dorsales tapizando el trazado de la San Silvestre Salmantina, engalanando la noche y auspiciando la promesa de tiempos mejores.
35. Fabricando soluciones
Nélida Leal Rodríguez
La última reunión familiar fue una pesadilla. Velados reproches, malentendidos, rencores antiguos…Salió a la luz el pasado, la infancia donde no hubo nunca complicidad, ni apoyo ni cariño suficiente, solo el que se daba por hecho. Mis hijos me acusaban a mí, porque así es, el único culpable soy yo. Triunfé, les di todo cuanto pudiera comprarse, les garanticé el futuro y, a cambio, les arruiné su presente: nada de eso tenía ya arreglo. Cuando se marchaban, mi nieto mayor me dijo al oído: «abuelo, en tu trabajo, si no había una solución a mano, la fabricabas tú: no creo que no sigas siendo capaz». Yo callé. Estaba avergonzado.
Pero ahora aquí estoy, con él, con mi familia entera. Todos vestidos para correr, con nuestros dorsales, el último domingo del último año en que las cosas no cambiarán.
Salamanca y San Silvestre son testigos: todavía soy capaz.
36. ¡UN QUIJOTE EN LA SAN SILVESTRE SALMANTINA!
JOSÉ ALFREDO BOJACÁ ZAMBRANO
¡UN QUIJOTE EN LA SAN SILVESTRE SALMANTINA!
Estaba estrenando zapatillas. Me sentía un Ulises dispuesto a ganar cualquier batalla.
Había tenido un dulce sueño: El campeón del certamen anterior, era liebre. Yo, tortuga. Por obra y gracia del espíritu de Atlas, con mis mechones imitando a Sansón, con la fortaleza de Hércules, había hecho un esfuerzo sobrehumano que me hizo llegar de primero a la meta. Los vítores del mundo de los derrotados fueron tan fuertes que todos los medios de comunicación transmitieron la espectacular y sorprendente hazaña en cuestión de segundos.
Mis padres me echaron la bendición… pero no me acompañaron. Llegué solo, con una sonrisa y el número en el pecho.
Los presentes estallaron en burlas. Gritaron: “¡Sancho Panza, se equivocó de travesía!”. Los atletas me miraron con compasión.
De todas partes aparecieron muchos obesos vitoreando el respetuoso y solidario apoyo: “¡Ánimo! ¡Tú puedes!”
¡Ése fue mi amuleto!
37. Los Gemelos
Yolanda Ruiz Argüeso
Mi madre decía que de sus dos gemelos era yo el que tenía los mejores gemelos. Nos hacía cosquillas en las pantorrillas y mi hermano, incapaz de tensar los músculos, se desternillaba rápidamente. Me aventaja en el ingenio pero en atletismo siempre le gano. Todos los años participamos en la carrera de san Silvestre ,en el bulevar san Francisco Javier le adelanto y aún aminorando el ritmo no logra alcanzarme. Le desmoraliza el color del dorsal que imposibilita que nos confundan. Intercambiárnoslos iría contra el espíritu deportivo que dignifica esta prueba así que este año me ha propuesto hacer el recorrido disfrazados, compitiendo de modo divertido.
- ¿ Zipi y Zape a cara o cruz? (Sugirió)
-Me tocó Zipi.
Con nuestros chalequillos y corbatitas nos incorporamos en la avenida Campoamor. Mis gemelos se activaron y le perdí de vista enseguida.
Al acabar la carrera cuando nos encontramos curiosamente los dos éramos rubios.
38. Motores
Sebastián Gabriel Barrasa Rabinovich
El corazón es el motor y el cerebro es el volante, pero usamos el cerebro como freno
y el corazón sigue empujugando igual, y el motor se recalienta, y explota.
39. La Carrera
Sofía Rizzi
Como todos los últimos domingos del año se realizó la carrera organizada en Salamanca. Era la primera carrera en la que iba a participar y estaba muy nerviosa.
Al llegar allí me indicaron la hora de partida y la distancia que recorrería; estaba tan nerviosa que ya tenía la mente en blanco y no podía recordar estos simples datos. Comenzó la carrera y comencé trotando, en la secundaria mi profesora de deporte me había dicho que era mejor comenzar lento y terminar rápido. Iba viendo los alrededores españoles, tan bellos como siempre.
Mis compañeros empezaban a quedar por el camino, habían comenzado corriendo a mucha velocidad, en cambio yo ya estaba a pocos metros de llegar a El Paseo de San Antonio. Al pasar la línea de llegada sentí una felicidad enorme, haber pasado horas al día entrenando para esta carrera había valido la pena.
40. Meta
Sonia Palomares Kiessling
Empieza la competición. Doy un paso con fuerza. Pienso en toda la gente que estaría a mí alrededor acompañándome en esta carrera si no hubiera virus. Doy otro paso con más fuerza. Pienso en toda esa gente que ya no está o que ya no puede correr por culpa del virus. Doy otro paso rabioso. Pienso en toda esa gente que tendrá que cambiar sus vidas a partir de ahora. El corazón se acelera, así como mis piernas. Corro más rápido que nunca y la sensación es que el cronómetro va más lento de lo normal. Pero todos los pesares que me dan velocidad, van desapareciendo poco a poco a medida que llego a mi meta, la felicidad.
41. Miradas que no sólo miran
Gorka Lizaso Pérez
Aún no había llegado al Paseo de San Antonio cuando se cruzaron nuestras miradas. Esos ojos verdes me habían cegado por completo, pero los perdí de vista. Decidí tomar algo antes de empezar. Apuré la infusión de un sorbo y saqué la cartera para pagar.
- Una chica de ojos verdes te ha invitado.
Salí corriendo del bar, pero fuera no había nadie. La San Silvestre aún no había comenzado, menos mal. Cerré los ojos. Enseguida los abrí. Imposible concentrarme recordando aquella mirada.
- Hola.
¿Estaba soñando?
- Las miradas no sólo miran, también hablan.
¿Cómo?
Me despertó el griterío. ¿Había sido todo sido un sueño? De repente, vi que tenía un papel en el bolsillo de mi pantalón:
«Mis ojos no son verdes, uso lentillas. Como te dije, con la mirada, además de mirar, puedes hablar. Pero también puedes ver la carrera del color que te apetezca».
42. Joyas de la competición
Ana Marcela Zaborskyj
Último domingo del año, cita de gala con el deporte que me entusiasma porque puedo recorrer las calles de la hermosa Salamanca... Generalmente luce el sol aunque la lluvia no es amenaza para aguar una cita tan ansiada.
Amanezco con ganas de lucir el disfraz de cocinero con mostachos, somos muchos corredores y todos nos sentimos protegidos por la colaboración de Cruz Roja, siempre presente a cada zancada y recodo. Soy una liebre, mi ritmo nunca decae, los carbohidratos del desayuno cumplirán su misión para mantenerme firme y constante.
Aunque no ocupe el sitio más alto en el cajón mi espíritu se renueva cada año con la carrera. Retratados en las redes sociales los rostros de atletas amigos lucen minúsculas gotitas de sudor como si de joyas se tratara... Diamantes en bruto acaso, fruto del esfuerzo y de la competición.
43. Carrera con obstáculos
Jorge Luis González Castro
Hoy no me para nadie, ni los africanos. Cronómetro activado. Audífonos colocados. En mi iPod estalla «Bohemian Rhapsody» de Queen. Inicio la carrera. Debo concentrarme, respirar, bajar las pulsaciones. Mi sobrepeso no ayuda. Demasiadas calorías, demasiado confinamiento. Sudo a chorros. Debo concentrarme. Van quince minutos y cumplo mi planificación. Primer obstáculo: Un perro, no es solo un perro, es mi perro que enloquece cada vez que corro. Debo concentrarme. Segundo obstáculo: Un niño grita, no es un niño cualquiera, es mi hijo que quiere jugar. Lo ignoro y rompe a llorar. Debo concentrarme. Voy perdiendo el paso. Es como si la cuesta del Palacio de Congresos fuese infinita. Tercer obstáculo: Una mujer me quita los audífonos, no es una desconocida, es mi esposa. Dice que mi madre dio positivo a la COVID-19. Doy un traspiés. Apago la cinta de correr. Justo cuando comenzaba «We are the Champions».
44. la carrera san silvestre salmantina
karlina olmos martinez
un poco de la historia de la carrera comenzada en 1984.
45. la carrera san silvestre salmantina
karlina olmos martinez
la prueba o carrera de :"San Silvestre Salmantina"tuvo sus comienzos en el año 1984 año en el cual estaba abierta a todo tipo de corredores federados o no federados,sin edad estipulada,categoría o sexo ,origen o condición social,siempre que estuvieran inscritos y no estuviesen sancionados en ninguna federación.Es voluntaria y están cubiertos por un seguro de accidentes por el desarrollo de la prueba y no por derivación de tara o padecimiento personal anterior a esta.Esta última edición se cerró con la cifra de:7.777 dorsales aunque centenares de corredores sin dorsal también apoyaron haciendo el recorrido.El año 2020 queda marcado por su ausencia la carrera que es un día perfecto para los corredores aficionados que en muchos casos se preparaban en sus entrenamientos para esta fecha a final de año y que forma parte del paisaje navideño de la capital Salmantina en las últimas décadas,debido al "coronavirus"o covid 19.
46. Una larga carrera
Alberto Rufas Bafaluy
¿Cuánto hacía que no corría? Se veía a sí mismo por la Plaza Mayor, atravesando el Puente Romano sobre el Tormes, cruzando la meta y recibiendo los aplausos, pero en tercera persona, desde el exterior. Parecía un sueño. Tal vez lo fuera.
Aún no sabía cómo le habían convencido. Cuando has sido el mejor en algo ya solo puedes empeorarlo, perder tu reputación, certificar tu decadencia. En suma, pasar vergüenza. Por no hablar de su lastimosa forma física: años de excesos e inactividad moldeando implacablemente su cuerpo.
Los mismos compañeros con los que entrenaba hace dos décadas eran los que habían obrado el milagro. Conocían su lucha contra la depresión y el aislamiento. «No estás solo», le repetían mientras entrenaban. Era cierto. Verse rodeado de gente, amigos y conocidos, despertaba una sensación agradable, cálida, largamente olvidada.
Finalmente no participó en la prueba. No importaba: había dado el primer paso.
47. Apportodas
Esperanza Tirado Jiménez
Este año iba a ir a por todas, era su año. Pero el recorrido fue modificado de forma totalmente inesperada: La carrera sería virtual.
Quería participar, así que realizó su inscripción online. Hace semanas tiene descargada la app creada para la SanSil, con la que cada paso sería efectivamente registrado. Cada corredor era libre de escoger modalidad, guardando la distancia de seguridad pertinente. Los kilómetros, los mismos para todos.
El dorsal con su número impreso aguarda en un cajón del armario, escoltado por sus calcetines de la suerte. Las mallas y la camiseta oficial ni se las prueba, no se atreve; en repostería sí que superó su marca personal.
En la mañana de la carrera las zapatillas esperan inquietas para reanudar sus pisadas suspendidas.
De repente su móvil se ilumina con la entrada de un SMS: ‘La app ha detenido su ejecución. Reinicie sistema para continuar’.
48. El corredor centenario
Yago Merono
Al inscribirse, todas las cejas dibujaron un arco de medio punto: ¡ciento cinco años!
El 29 de diciembre, las apuestas sobre si aquel anciano cubriría los diez mil metros estaban en boca de todos. Muchos pensaban que ni aparecería, pero acudió.
Tejidos sintéticos de alto rendimiento, tecnología de compresión en brazos, rodillera izquierda y, perplejidad absoluta, ¡iba descalzo! Ante esta situación, los organizadores no sabían qué hacer. Se acercó un sanitario. Demasiado tarde para impedirle correr. El hombre gozaba de buena salud y, además, acompañaba un certificado médico expedido el día antes. Hubo dudas, pero finalmente salió desde el cajón tres.
Un guepardo centenario recorrió las calles salmantinas. En el primer control, su chip deshizo prejuicios. Sus pies apenas rozaban el duro asfalto. Volaba entre incrédulos dorsales. Cuando cruzó la meta, en veintiséis minutos, no sólo pulverizó tiempos, sino la credibilidad del mundo entero. Había nacido una estrella.
49. AMOR, CEBOLLA Y RUEDAS
Maria Cenelia Correa Diez
¡Corre abuela! ¡Corre!
Grité desesperado, estábamos a punto de llegar a la meta. Y entonces recordé…
Hijito, ¿te pusiste la cebolla de huevo en la planta del pie?, me preguntó mi abue.
Clarín, Abuela. ¿Tú también?
Si mijito, ¡sí! . Qué bueno Abuela. Eso fue anoche, antes de acostarnos.
Desde que mis padres murieron en un accidente de carretera , quedé a cargo de mi abuelita. Me salvé de milagro. Somos muy unidos, con setenta años, siempre ha apoyado mi deseo de ser un gran atleta… La San Silvestre era mi sueño. Este año lo lograremos, estoy seguro.
¡Y acá voy! La adrenalina recorre mi cuerpo. ¡Por fin, estoy en ella!, los participantes corren a mi lado presurosos. Me miran y me regalan su sonrisa.
¡Si! Lo logramos, pase la meta. ¡No sé cómo hizo mi abuela ella sola, para arrastrar tantos kilómetros mi silla de ruedas! Seguramente la cebolla ayudó.
50. Fugaz
Alfredo Alexander Martinez
El aliento se escapaba de mi cuerpo, estaba corriendo, manteniendo el paso ante los demás que no pensaban detenerse al igual que yo. Mis intenciones eran ganar, aunque no siempre eso es el resultado que uno obtiene pero de todas formas iba a hacer mi mayor esfuerzo. No solo había amor por ganar sino, creo yo, el amor por competir.
Se escondía entre la gente una extraña energía, un mismo objetivo y aun así las sonrisas junto a la transpiración producida por el cansancio se reflejaban en el rostro de las personas a mi lado y seguramente en el mío también.
Un suspiro para dejar atrás Prosperidad, uno más y dejábamos lejos de la vista Delicias, ahora mismo, este suspiro nos hacía recorrer San Isidro con el horizonte sobre El Rollo. Día 31 de diciembre ¿año? 1984, momento en que descubrí la libertad de dejarme llevar por mis pies.
51. ALGUNA VEZ MI PASO DETENDRÁ EL TRÁNSITO
ARMANDO ARAVENA ARELLANO
La frase la había obsesionado por siempre. Todo su esfuerzo por llamar la atención no podría verse coronado si no lograba que al cruzar alguna de las avenidas más concurridas de la ciudad no rendían culto a su cuidado aspecto físico.
Eran sus amigas las que cada cierto tiempo se encargaban de recordarle tan sentenciosa consigna.
Tras el paso de los años la frase casi se convirtió en un tema de burla y de chistes de mal gusto.
Pero fue el día en que se inscribió en la siguiente corrida de San Silvestre Salmantina, que le dijo a sus amigas que la animaran con sus vítores en una de las avenidas por donde se cruzaría el conjunto de participantes.
- ¿Ven? … ¿están viendo, como los vehículos están todo detenidos ante mi paso por este lugar?... les gritó al momento de pasar en medio del pelotón.
52. Primer lugar
José Juan Antonio Arellano Arredondo
Siempre me esforcé por ser el primero en todo, el número uno. Sin embargo, al escuchar los disparos acercarse, sólo quiero ser el último.
53. La reencarnación de Nazario Buenaventura
M. Salvador Muñoz
En sus últimos estertores de muerte Nazario no rogó por la salvación eterna, ni por estar en presencia de Dios. Imploró por un anhelo incumplido, ganar la San Silvestre.
Tras su muerte, aún conserva la conciencia, mas no intenta comprender su nueva realidad, no le importa ni tiene tiempo. Ahora, junto a otros cientos de millones, espera; la competición va a empezar. El gemido de placer es el pistoletazo de salida, y corre en busca de una nueva vida, de otra oportunidad. La meta en forma de ovulo le está esperando. Sus contrincantes, gametos insensatos sin experiencia, dan todo su potencial desde el principio, pero él, curtido en mil carreras salmantinas, guarda fuerzas para el esprint final. Va a ganar, intenta levantar los brazos en plan vencedor, pero no tiene. Eufórico, atraviesa la membrana citoplasmática.
En un rincón de Salamanca el llanto de un niño anuncia su nacimiento.
54. Nunca es demasiado tarde
Belén Domínguez Román
Cada mañana me levantaba, me enfundaba en mi ropa de deporte y salía a entrenar. No dejaba de repetirme: “Hijo, ¿por qué no te apuntas conmigo a la San Silvestre? ya no hacemos nada juntos. ¡Será divertido!”. ¿Por qué no le habré hecho caso cuando aun estaba conmigo? Pero lo tenía decidido, dejaría atrás mi vagancia y este año correría la San Silvestre. Lo haría por él.
Los meses fueron pasando, así como las frustraciones de los primeros días. Intentaba dejar atrás los pensamientos negativos que me decían que no podía. La iba a terminar, se lo debía.
Cuando me quise dar cuenta ya era el día de la carrera. Los primeros kilómetros fueron duros, incluso se cruzó por mi mente la idea de abandonar, pero la sonrisa de mi padre me alentó a continuar. Al cruzar la meta no podía contener mis emociones, eran demasiado fuertes. ¡Lo había conseguido!
55. ¡Corre campeón!
Hernando Striedinger Cepeda
Juan pastoreó par de lesiones, y su salida de la carrera Salmatina distó ser ideal. Nadie daba un centavo por él. Arriba un cielo encapotado caía encima, y la meta aun distaba. Cómo fuese a media marcha despuntó del lote. A fuerza remontó posiciones. Adelante iban poderosos rivales. Alcanzó a ver al Etíope encabezando sin desanimarse. Había entrenado con su novia, quien animándole esperaba triunfase. Cada instante creía amarla más. Juan igual desde chico gustaba correr. ¡Creía flotar!. Empezó a llover mientras uno adelante tiró la toalla. ¡Quedaban cuatro!. Uno volteó a mirarle comiendo envidias, y lo superó. Otro rodó por un doloroso esguince. Entre dos punteros cocinaba esperanzas. Lloró feliz tras superar otro fundido. El único rival lo veía encima del hombro cada volteaba. Con respiración volada, aunque llevaba pasos, soñó empataba. No más imaginó se hizo real. Pasó a vencer entre gotas de llanto confundidas al pleno aguacero.
56. CINCO CENTAVOS PARA EL PESO
Edgar Henry Rodriguez Florez
a.m. es un amanecer lluvioso y frío, mis cobijas cálidas me detenían aquella mañana, pero una vez mas las dejo vencidas y cumplo con mi rutina diaria, entrenar, junto con mis dos inseparables amigas, llevamos mucho tiempo los tres; y quiero intentar ganarme una vez mas la “SAN SILVESTRE SALMANTINA”.
El día tan esperado llego, me dirijo a la salida, mi corazón se acelera, pero me tranquilizo … en la meta la muchedumbre me alienta ¡Animo,! Animo ! un poco mas; de pronto me veo en el piso, jadeante, sudoroso, miro a mi alrededor y la gente ya las sujeta fuertemente son las culpables, ellas lo derribaron, gritan; y me las acercan, Entonces las golpeo con el ultimo esfuerzo que me queda. las miro inertes, justo antes de cruzar la meta. Sentado y ya calmado, una reflexión llega a mi mente. ¿ Ahora como hago para comprar unas muletas nuevas?
57. LA GACELA DE SAN SILVESTRE
JUAN MANUEL GALLEGO CAÑIZARES
La vi en la salida con una amiga: mallas ajustadas, esbelta, bella. Saqué pecho mientras calentaba. “No corras deprisa, este año casi no has entrenado”, me dijo mi mujer, con criterio. Y yo que había hecho 10k en 47m hacía 4 años me metí al cajón rápido. Salieron fuerte. Las alcancé en Veracruz, la oí animando a la amiga: “no te rindas”. Las adelanté, un auténtico runner, demostrando mi hombría. En Avenida de Portugal me pasó, ya sola. Elástica, con zancadas perfectas, tocaba únicamente el suelo con la punta del pie, como una gacela. Intenté seguirla, pero me dejó atrás. En Avenida de los Comuneros iba desfondado. Llegué a la meta arrastrándome. “Ahí viene papá”, dijeron mis hijos. Recuperé el resuello jadeando. “A casa, campeón, que ya no estás para estos trotes” dijo mi mujer, con sorna. Entonces la vi estirando, y me miró sonriendo, con la superioridad del ganador.
58. Una ilusión hecha realidad
ELIZABETH SULEN MONSALVE LEAL
Tantos que año tras año van a la San Silvestre, preparados a fuego lento, llenos de ilusión por el triunfo, pero sabedores que los primeros lugares no serán para ellos.
Van por el honor de participar en tan magno evento y por el orgullo de ser considerados como atletas de altos vuelos…
Es la historia que quieren contar a sus hijos, a sus nietos.
“Estuve varias veces en la competencia de Salmantina. Y cada vez me acercaba más, ¡sólo me faltaban un par de minutos para alcanzar la meta!”
59. META
LULITA
Llevo desde el inicio de la pandemia preparándome para la carrera. Corriendo de cama en cama. Haciendo kilómetros hasta la extenuación. Doblando turnos. Intentando salvar vidas. Poniendo la mía en peligro. Y aunque soy fijo en la San Silvestre, este año no estoy nada seguro de poder estar en la linea de salida. Ni en la de llegada. Vivo cada segundo. El siguiente puedo haber enfermado. Incluso puedo estar muerto. O mis pulmones pueden negarse a que les entre el aire. Estar en la primera linea de batalla me ha hecho pensar que es absurdo intentar colgarme una medalla. No soy héroe. Ni campeón. Simplemente corro porque igual así escapo del bicho. Le gusta el frío pero no corre tan rápido como yo. Al menos hoy, día de San Silvestre, no ha podido alcanzarme. Y la meta ya debe estar por alguna parte.
60. SOLO GANADORES
Lorenzo del Río Trujillo
Me encanta la sensación de permanecer estático mientras el mundo se desliza bajo mis pies. Tip; tap. Tip; tap. Creo que sería capaz de respirar todo el aire del universo; aumento el ritmo y ahora es el mundo el que se para mientras avanzo por él cada vez más rápido. Tip, tap, tip, tap, tip-tap, tip-tap, tiptap,tiptap.
El agua de la ducha arrastra al suelo las imágenes de mi recorrido y entro de nuevo en la realidad que abandono cada madrugada persiguiendo un destino brumoso que no deja de alejarse.
A veces participo en carreras; las que más me gustan son las que solo tienen ganadores, como la San Silvestre Salmantina. No importa el frío, no importa el cajón, no importa llegar antes o después. Importa demostrar que competir, respetar, disfrutar y compartir es posible, todo a la vez y con todos a la vez.
61. El año que viene
Jesús Francés
Me pregunta la simpática chica de la tienda de deportes, tan dispuesta ella a ofrecerme la mejores zapatillas para correr la San Silvestre, si soy pronador o supinador y no sé qué contestarle porque nunca me acuerdo y me entran las dudas y pienso que va a hacer frío ese día o que va a llover y que pillo un resfriado o que me tuerzo un pie y me caigo, y pido la baja pero no puedo porque soy autónomo, además que hay que estar muy temprano y mira que también con el rollo este del coronavirus... si a lo mejor hasta nos confinan y tienen que suspender... anda que si me contagio... y el rollo de la mascarilla, que me asfixio con ella y no puedo ni respirar, mejor ya corro el año que viene que estará la cosa más tranquila.
-Entonces ¿qué?¿pronador o supinador?
-Procrastinador, me temo.
62. Desafío personal
Isabel Camacho Zaragoza
Estaba casi en la meta, estaba alcanzando su propio objetivo después de su particular y duro año, sabía que no llegaba de los primeros, apenas de los últimos, pero que nadie le discuta que aquello era un triunfo.
Casi ni podía moverse había apenas unos meses, la gente le miraba de forma condescendiente y hasta los médicos tenían serias dudas de su resultado favorable. Él no lo dudaba, aquella carrera se había convertido en su propósito particular, su forma de decirle al mundo que ganaría aunque hasta él hubiera dudado en su día, cuando le costaba levantarse de la silla y hasta respirar le cansaba.
Que no le digan que aquello pasaría y les harían más fuertes cuando a él le costaba hasta levantarse, porque se movía cada día a modo de salida, estaba entrenando a base de caídas y avances muy lentos, que nadie se lo discuta.
63. El seguimiento
Guillermo Martínez Collado
La mujer vestía de rojo. Entró justo un segundo antes de que mi vida se convirtiera en un castillo de naipes a punto de derrumbarse. Por alguna razón pensaba que su marido sería la clase de hombre que no se conforma con una diosa. Creía que el tipo se la pegaba y quería pruebas. Y no supe decirle que no.
Aquella noche le seguí hasta un parque cercano, entonces echó a correr y rápidamente le perdí de vista. Así ocurrió toda la semana. Por fin me animé a cambiar mis zapatos por unas deportivas. Iba a llegar hasta el final. Cada día me acercaba un poco más a mi objetivo. Cambié mis chinos por unos pantaloncitos cortos pero no había manera. Acabé dejando mi camisa e incluso la gabardina. El día de la carrera aparecí con una cinta en el pelo. Dieron la salida. Tenía mi objetivo a la vista.
64. «UN BUEN FINAL»
FRANCISCA ESPERANZA CANO D'ANGELO
Abrió los ojos y notó una intensa luz que le cegaba la visión, se restregó con fuerza los ojos, estaba extenuado, ni siquiera sabía dónde se hallaba y porqué estaba allí. Intentó recordar que es lo que había ocurrido y que es lo que estaba haciendo.
Se fijó en la hora que marcaba su reloj, las 12:20 horas del día 29 de diciembre, una fecha que le resultaba muy familiar, miró a su alrededor y se encontró con un paisaje nada habitual que lo transportó a una infancia ya lejana. Identificó su casa natal, a sus abuelos, a sus padres y a sus hermanos, hasta llegó a percibir el aroma de los pinos, del tomillo, del romero…
- ¡Todavía no es tu momento! - le indicó una potente voz- Tienes que volver, aún tienes que participar en muchas carreras de la San Silvestre Salmantina y seguir disfrutando de la vida.
65. En estado de espera
José Ignacio Paredero González
Los dorsales, las sonrisas, la alegría, los nervios, el sufrimiento y los disfraces tendrán que esperar un año más para inundar las calles de Salamanca. La salida vertiginosa, la llegada a nuestra Plaza Mayor, el paso por el empedrado del Puente Romano, la subida que a veces se atraganta hacia el mítico Botánico, la mirada de la rana desde la calavera, la bajada entre dos altas torres y una fachada llena de conchas. Otra subida de las de sufrir la gota gorda. Tus padres esperando al final de la subida de la avenida. Del 7 al 8 (casi) todo bajada. Comuneros como si fuera el famoso Angliru. Última recta con todo el público aplaudiendo. META. Abrazos, risas, palmadas, alguna lágrima. Te esperamos (con ganas) San Silvestre Salmantina 2021.
66. PUNTO Y SEGUIDO
Alfonso Cabello Herencia
Sigue corriendo, decía mi voz interior, no puedo más, parecían decir mis piernas. Seguía respirando entrecortadamente y lamentaba no haber cogido esa botella de agua en el paso por el avituallamiento. Como siempre, mi meta era alcanzar al que tenía delante y sin mirar atrás, mientras inhalaba y exhalaba con dificultad y acompasaba el braceo con el ritmo de carrera. Ahora ya era "cuesta abajo". Ya había pasado el ecuador de la carrera y las fuerzas parecían abandonarme, pero justo en ese momento decidía cambiar, aposté todas las cartas a ganador, si no llegase a la meta ya no me sentiría un perdedor, porque la carrera, como la vida, es para los valientes y la meta es solo un punto y seguido.
67. Mal perder
Marco Pichucho
Dicen que lo importante es participar, ¡y una leche! En cuanto se da la salida, la gente empieza a correr como si le fuera la vida en ello. Y eso por no hablar de los codazos. Participar, ya… Y cuando alcanzan la meta y levantan los brazos y se abrazan a los suyos y gritan campeón, campeón, campeón y se desgañitan cantando el güiardechampions es porque solo han venido a participar, claro. Y todo esto sin contar a los caraduras que abandonan y tienen el morro de decirte con voz profunda de actor de doblaje que sí, hombre, que acabar la carrera ya es una victoria. Esa es otra. De hecho, estoy pensando en hacer lo mismo. Si finalmente no gano ningún premio en el certamen de microrrelatos, alegaré que me dio un tirón en los isquiotibiales. ¡Ay, cómo duele!
68. Premonición
Daniel Alejandro Anriquez
Va sintiendo como el corazón se taquicardiza, siente la contracción de sus músculos, con la esperanza de que no lo traiccionen a último momento y lo dejen continuar camino, mientras escucha el andar de todas esas personas que van a la par, agitados, sonriendo, seres que visualizan el pasar por la recta final, enredados en el desahogo interno de terminar. El aire que les llena los pulmones es más que la fórmula química que enseñan en la escuela. La sangre que corre por las venas está viva y lo va sintiendo, tanto y tan fuerte que lo emborracha con adrenalina y pide un trago más. Las piernas le queman, pero sigue, para que sin notarlo, bajo un diciembre eterno, se vaya convirtiendo en vapor, que llega al cielo y se transforma en lluvia. Y déjenme seguir, que estoy más vivo que nunca.
69. La carrera de nuestras vidas
Roger Garrido Cortés
José estaba considerado el mejor corredor de la Salmantina… al menos, así era antes del accidente. Su mujer estaba dando a luz y él tenía mucha prisa por llegar. No vio venir ese camión... Al año siguiente, le propusieron ver la Salmantina desde una terraza: «Hay ascensor y la silla de ruedas cabe perfectamente», pero se lo tomó como un insulto. Su mujer, en cambio, se apuntó de nuevo a la carrera. Ambos se habían conocido allí y juraron no dejar de participar jamás, pasara lo que pasara. José quedó al cargo de su hijo, un bebé de apenas 17 meses. Aun así, seguía lleno de rabia. De pronto, su hijo se escurrió del carrito y empezó a caminar hacia la meta. Era la primera vez que lo hacía. ¡Y así de rápido! Le recordó tanto a él… «¡Vamos, hijo! ¡Tú puedes! ¡Corre!», le gritó mientras le caía una lágrima.
70. Calles
Miguel Ángel Moreno Cañizares
A lo largo de un estrecho pasillo o entre cuatro paredes que encierran silencios, ajenos al contagioso miedo, se preparan en vano para salir a las calles que la pandemia ha vaciado, calles que aguardan casi un año con la inquietud de verlos correr de nuevo. La soledad como compañera, la tristeza instalada tras las ventanas, el llanto ahogado por la ausencia prolongada o definitiva de los seres queridos.
Calles sin público que animan con aplausos marchitos el paso de estos corredores imaginarios cuyo esfuerzo provoca la emoción. Gargantas selladas que anhelan gritar al ritmo de los jadeos y el sudor vertidos en el asfalto. Ya falta menos, se dicen entre suspiros durante este invierno de sombras que el destino tenía reservado. Y corren. De otra manera, sí, pero corren, nunca dejarán de hacerlo mientras porten en sus pechos el dorsal de la San Silvestre como siempre ha sido.
71. Centenares
Lorena Barrionuevo
Se ven centenares de personas desde lo alto.El sano esparcimiento hace que las ilusiones se multipliquen, se deseen y que ocurran.La alegría sucede al igual que la carrera.Alguien conquista el podio y la mayoría cumple "su meta" personal.Luego los premios.No mucho después el público se retira en orden,pero quejándose de lo poco que duran estas cosas.Se vuelve a sentir la brisa y el silencio.Pero a él ni le interesa lo ocurrido...está muy ocupado intentando rehabilitarse para competir y ganarla la próxima vez.
72. numero 13
susana teresa cerliani ramirez
SOBRE EL PUENTE ESPERE, MIRE VAGAMENTE A MI AMIGO A LO LEJOS, LA NIEBLA ERA ESPESA, Y CASI NO DEJABA VER, MI CUERPO ESTABA AGITADO Y CANSADO.
EL VIENTO SUSURRABA MI NOMBRE, UNA Y OTRA VEZ.
POR FIN DESPERTÉ.
DEBO DARME PRISA PORQUE, A MI QUERIDO TÍO VERÉ, HOY SALE DEL HOSPITAL, GANÓ LA CARRERA COVID, MI GRAN NUMERO 13, DE PIE OTRA VEZ LO VERÈ.
73. Callando al bocazas
Emiliano Manuel
De todas las disciplinas deportivas la más bocazas es sin lugar a dudas el atletismo, a esa conclusión llegue hace meses cuando empecé a correr a diario. Bocazas porque no tarda en decirte la condición de tu estado físico, al comienzo con cinco minutos de jogging ligero me encontraba sin aire, con el cuerpo ardiendo y tosiendo mis pulmones ¿Se suponía que la meta era correr mas de un kilometro sin morir en el intento? Mi paso cansino, mis pobres pulmones y la churrería en mi recorrido me pedían rendirme, pero necesitaba lograrlo, me lo debía a mí mismo.
Con el tiempo tarde en necesitar un segundo aire y mis pulmones ya no ardían. Podía usar los escalones sin agitarme cuando el ascensor estaba en mantenimiento. Me sentí con un poco más de confianza de poder hacerlo, de ese ultimo domingo del año… poder callar al bocazas.
74. Dorsales confinados
Wibo Sefeld
Hay que terminar el 2020 a lo grande. Me pongo las zapatillas y comienza la carrera. Al cerrar los ojos siento el jolgorio, una bendita muchedumbre que convierte el Paseo de San Antonio en un hervidero. Mis zancadas iniciales dan paso a un trote ligero pero intenso por las calles del recuerdo. Los gritos de ánimo se confunden con el chillido perturbador de la cinta de correr. Las escamas doradas de la Catedral Vieja resplandecen en la ventana y desde sus pétreos adentros se halla una espina clavada por tener que contemplar esta San Silvestre Virtual.
75. ¡ NO NOS GANARÁN !.
Carlos Miguel Herrera Molpeceres
¡ Pequeños y maliciosos !. Érase una vez un maldito virus que jugaba al ajedrez, y nos hizo un jaque, ¡ atacó agresivamente a nuestro Rey !, pero era pastor, no maté. En la partida causó daños y destrozos, irreparables. ¡ Fueron muchos !, pero también curables. La sociedad parecía herida, pero se levantó y volvió a resurgir de sus cenizas. ¡ La humanidad es invencible, fuerte !. Y surgió la vacuna, ¡ deseadísima !. El contrincante fue duro pero tuvo que salir a patas disputando, un año más, la San Silvestre de Salamanca pero no disfrutándola sino huyendo a patas; de los gloriosos anticuerpos que le acechaban con fuerza e ímpetu........ ¡ Maldito coronavirus !.
76. Libertad
Mariana Bernardino Casarrubias
Luego de varios meses en confinamiento y sin poder dar un solo trote en el reducido encierro de mi hogar, por fin he decidido dar un par de vueltas a la manzana, aunque mis piernas se encuentran algo oxidadas y el cubrebocas no me permite respirar con naturalidad, mi espíritu lo amerita, al principio siento un poco de timidez, ya que después de tanto tiempo sin sentir dicho despojo me ha costado un tanto el despegar, pero ese miedo es breve, me encamino un tanto tambaleante, pareciera venado recién nacido, pero al poco rato despego firmemente en alto cual gacela andante entre la jungla de asfalto, después de tanto tiempo mi cuerpo ha vuelto a sentir al fin sus articulaciones funcionar, el sudor frio empapar mi rostro y mi alma, libertad.
77. A 30 de diciembre de 2033
Javier Garzón García
Quince años son toda una vida para mí, aunque quizá no sean demasiados para quien ya no es tan joven. Quince años de San Silvestre es sin duda una cifra considerable, pero no deja de ser un número. El 30 de diciembre de 2018 iba a ser para él una de tantas. No más especial que la quinta, la novena o la decimocuarta. Así que allí estaba, de nuevo en Salamanca dispuesto a correr el último domingo del año. No sabía que el itinerario cambiaría por completo en un instante, de madrugada. Porque fui más rápida y llegué a la meta cuando los corredores apenas tomaban la salida.
Desde que nací no volvió a faltar. Ni siquiera en 2020 cuando, en plena pandemia, completó en solitario el clásico recorrido desde el Paseo de San Antonio. Pero sé que la mejor San Silvestre de mi padre es aquella que no corrió.
78. V de Victoria
Carolina Vives Espeso
Sin poder siquiera entender el cómo ni el por qué, paró. Detuvo su galope de una forma incluso insana, pero consiguió lo que deseaba: su mente calló. Y ya tan solo se escuchaba el latido del corazón, que había seguido la carrera sin ella. El aire entraba más frío que nunca.
Siempre había corrido para pensar claramente; otros dicen que lo hacen para abstraerse, pero ella siempre se inclinó instintivamente hacia el otro lado de lo que los otros son. O dicen ser.
Y es que minutos antes había conjurado leyes enteras del universo con un absurdismo que le daba miedo. “La sensación de cansancio físico es opuesta a la del mental o emocional. Quizás el cuerpo, lo más terrenal que tenemos, se contente con no tener más pretensiones que lo ya hecho”. No quería oírlo. Ni había llegado a advertir que podía alcanzar la meta estirando el brazo.
79. Una carrera diferente
Irene Martorell Moragues
Llevaba meses preparándome para esa carrera. Ser cinco años consecutivos la ganadora de la San Silvestre Salamantina no era trabajo fácil para una persona tan autoexigente como yo. Sin embargo, la vida te puede cambiar de un momento a otro. Un coche descontrolado invadiendo bruscamente mi ángulo visual acabó con mi capacidad para andar de manera autónoma para siempre.
Aquel 29 de diciembre fue mi marido quien, empujando la silla de ruedas, me condujo por todas esas calles que años atrás había recorrido sola: corredores profesionales, amigos charlando mientras andaban a paso ligero, padres transportando a sus hijos en cochecitos, grupos de niños jugando tranquilamente y calles perfectamente adornadas de ese espíritu navideño que me transportaban a mi idílica niñez. Fue en ese momento en el que me di cuenta qué: lo importante no era llegar a la meta el primero sino disfrutar del camino recorrido.
80. Correr para vivir
MARCOS PÉREZ BARREIRO
Corría para desterrar del alma de su espalda la palabra miedo. Estaba cansada de tanto sufrimiento abriendo la insensatez de las enfermedades contagiosas. Necesitaba del apoyo del talón en el pavimento para ser consciente de que lo había logrado. De que, por fin, era libre para imaginar mundos ideales que, en la realidad, eran únicamente buenas noticias. Noticias que hablaban de superar, con velocidad, el horizonte de los caminos del infierno. El infierno de un año, unos meses indivisibles para las carreras de los demás. Los que, en la meta, esperaban saber qué sucedía con la palabra miedo. Ya que, en su interior, eran plenamente conscientes de su existencia. Por tal motivo, los aplausos mudos eran un eco titubeante. Tanto que, esta mañana, siente que el miedo infundado que tanto temía, no era verdadero. Era, es el número primo del alma de su espalda observando un infierno gris suplicando auxilio.
81. «El Deporte y el Hogar»
Carlos A. Suárez
Amaneció muy temprano para el niño Pedro, residenciado en los alrededores de la Catedral de Salamanca. Desde muy temprana edad, su padre solía llevarlo a la Carrera de “San Silvestre Salmantina”, evento pedestre el cual se viene desarrollando todos los años desde 1984, el último domingo del mes de diciembre. El niño fue creciendo en un novedoso ambiente deportivo, no sólo en el atletismo, sino en otras importantes disciplinas. La estrategia de su padre era vincular al niño con el deporte, la parte académica, y la vida espiritual. Con 10 años de edad, Pedro de la mano de su padre, participa en la justa más popular de Salamanca. Evento deportivo donde concurren atletas de todas las edades, en masculino y femenino, de todos los rincones de España y países vecinos. Pedro se hizo célebre en el vecindario y en el colegio San Estanislao, al ganar el trayecto de 1.070 metros.
82. La Promesa
Javier Claver Moreno
A principios de año prometí a mi amigo Ramón que dejaría de fumar y correría la San Silvestre Salmantina con él. Ramón, todo un veterano en esta carrera, ha entrenado conmigo el poco tiempo que esta dichosa pandemia nos ha permitido.
Este año no habrá carrera. Ramón no ha podido venir hoy conmigo, pero aquí estoy, justo donde empezó la edición de 2019 y dispuesto a correr como le prometí. Empiezo mi trote por el Paseo San Antonio. Al pasar por la Plaza Mayor, veo que me saluda Fran, otro compañero de entrenamientos. A pesar del cansancio, continúo por el Paseo del Rollo, la calle donde resido con mi mujer.
Terminada la carrera, me acuerdo de mi amigo. Sin él, hoy no estaría aquí. El coronavirus se llevó a Ramón hace poco, como a decenas de miles en este país. Esta pequeña gesta es mi homenaje a todos ellos.
83. Desiderátum
Arnold Bolaños
Los puntos cardinales guiaron su travesía, logró consagrar sus emociones e intelecto para perseverar en la carrera. Entendió que solo hay una vida, y que el sentimiento de libertad, es el motor que la impulsa. Al ser libre no hay retornos, así funciona su corazón, da paso a la sangre y se cierra enseguida para impedir que retroceda. Cruzó el cordón blanco con la frente en alto, saludando a la ciudad que lo vio nacer y a su familia. Gozó de plenitud, libertad y vida.
84. Por ellos
Pedro Altamirano
Pedro, te vienes este domingo a correr la media maratón? Le preguntó Luis en la puerta del colegio antes de recoger a sus hijas.
Me gustaría mucho pero hace tiempo que no hago deporte-contestó pedro.
Es por una buena causa, vamos de voluntarios con niños discapacitados en sillas de ruedas- respondió Luis.
Venga vale- dijo pedro con una sonrisa.
Preparados,listos, ya! Pedro y los demás voluntarios empezaron a empujar las sillas de ruedas de los niños, durante los primeros kilómetros fueron riendo y dando ánimos a los niños. Quedaban solo 3 kilómetros para la línea de meta y pedro cogió el relevo empujando la silla de Sergio, vamos que ya queda poco se dijo a si mismo haciendo un gran esfuerzo, cuando cruzaron la línea de meta, vio sonreír a todos los niños, mereció la pena por ellos pero su corazón no aguanto y se paró.
85. Piernas de combate
Jaime Álvarez Valenciano
He corrido durante toda mi vida. A veces para huir. El miedo ha querido quererme, y no ha aceptado que yo no le quiera a él. Quizá por eso siempre he estado corriendo. Tanto correr hizo que mis músculos se fortaleciesen y que mi miedo tuviese que correr para alcanzarme. Viendo que partía con ventaja, decidí sumergirme en el mundo del atletismo. Desde entonces he mejorado, he ganado aguante. Por lo que ya me estoy preparando para correr una carrera importante. Ganarla me podría cambiar la vida… si la gano, mis miedos huirán. Debo ir muy ligera, así que aquí estoy, frente al espejo, mientras veo cómo mi madre rapa mi pelo. En sus ojos hay lágrimas. Ella no lo sabe, pero hace mucho que aprendí a ser paciente en las carreras. Sé que tengo mucho aguante, así que voy a mi primera quimioterapia con ganas de ganar esta carrera.
86. Kilómetros
Javier Gayoso Ponte
Ata bien las zapatillas. Es el momento. Kilómetro. Es un carrusel de ideas. Es la nada en la mente. Alternándose. Kilómetro. Plaza Mayor. Palacio de la Salina. Kilómetro. Somos muchos. Somos uno. Kilómetro. No sé si llegaré. Kilómetro. Necesito ayuda. Seguiré tu paso. Kilómetro. Mi corazón golpea con fuerza. Las piernas viven cada impacto. Kilómetro. Esa sonrisa compañera me da las fuerzas. Kilómetro. Este año ha sido tan duro. Este es mi premio. Kilómetro. Hay una meta. Yo soy mi meta. Kilómetro.
87. Deseo cumplido
Viviana Ayul Rumbo
CONCURSO MICRORRELATOS “SAN SILVESTRE SALMANTINA 2020”
Deseo cumplido
Un par de horas a la semana cubría la asignatura de educación física del instituto. Los federados
entrábamos una hora antes, o, dependiendo del horario extendíamos a una después para entrenar más.
Mi ilusión era correr; aunque no la del entrenador, que su objetivo incluía preparar mi cuerpo para lanzamientos; insistiendo en mi contextura, con los ejercicios correspondientes y las odiosas pesas. Temía ensanchar mi espalda, y obtener una musculatura fuerte y definida.
Aunque contara con la segunda posición en los campeonatos regionales, la incomprensión entre ambos acabó alejándome del atletismo.
La vida me llevó por derroteros diferentes; pero no ha abandonar el deporte; que con el tiempo me ha beneficiado para realizar mi sueño de correr apuntándome en maratones, no así por ganar, sino por participar y colaborar.
88. Un tablero vacío
Miguel Nombela Blázquez
A Mario le gustan los juegos de mesa y las carreras. Afronta cada San Silvestre elaborando minuciosamente la estrategia a seguir, como si de una mano de Risk se tratara. Evalúa la fuerza, la resistencia y la velocidad del resto de competidores, haciendo su apuesta ganadora en un Cluedo imaginario. Y se lanza a la conquista de las calles sabiendo que si cae el primero en el Paseo de san Antonio, la partida será suya. Este año, tras situarse en la casilla de salida, detecta con estupor la desubicación inicial de los ejércitos en el tablero, la ausencia total de sospechosos, la falta de fichas compitiendo por el monopolio de la ciudad. Reúne entonces todas las piezas, y compone un puzle que perfila el contorno de un rival invisible resuelto a hacerle perder el juego antes de tirar los dados.
89. LA PROMESA
XAVIER AVELLANA REVUELTA
Conversación entre un atleta que va a correr la San Silvestre Salmantina y su mujer a pocas horas del inicio de la prueba.
90. LA PROMESA
XAVIER AVELLANA REVUELTA
-Ya lo tengo todo a punto para esta tarde...
- ¿Que pasa esta tarde Luis?
-Toca correr nuestra San Silvestre Salmantina, como cada año!!
-Pues vete olvidándote... recuerda que a les 8 tenemos que estar en casa mis padres para la celebración.
-Pero María, es la última carrera del año, ¡¡estarán todos como siempre!!
-Si... si… pero no llegaremos a tiempo, preparar a los niños, la cena, la ropa y todas las cosas que necesitamos para pasar la noche.
-No te preocupes, ahora me pongo y te adelanto faena, tenemos aún todo el día por delante, me organizo y tendremos tiempo.
-Esta bien Luis, pero me tienes que prometer una cosa.
-¡¡Dime, espero que sea algo que pueda cumplir!!
-No hagas como el año pasado que te dejaste ir en los últimos 100 metros y quedaste segundo y sin el lote de productos navideños.
-Te lo prometo, lo intentaré.
91. VICTORIA
HEBERT POLL GUTIÉRREZ
VICTORIA
“Decídete y serás libre”
H.W. Longfellow
En sus marcas, listos, fuera y…va en pos de la gloria.
Es más positivo que nunca. Si ha derrotado en otras competencias al actual campeón Víctor González sin utilizar sustancias prohibidas, no hay dudas, será el nuevo campeón de la Carrera San Silvestre de la Salmantina 2025.
Se acerca a la recta de la verdad. El triunfo está cerca. Veinte metros para llegar a la meta, De repente, sale de su carril, brinca una valla, se agarra de un fornido policía y grita como tenor en concierto: ¡Asilo Político, asilo políticoooo!
Todos lo maldicen. No entienden como un atleta puede dejar escapar la gloria de esa forma.
Pero a Luis no le importan los comentarios. Simplemente mira al cielo.
Madre, lo logré. Soy libre…libre…libre.
92. HÉROES
Luis Mª Criado Barra
_ ¡Llevamos discutiendo este tema, una semana! No puede haber San Silvestre con la que está cayendo y punto. _ _ No puede ser. Busquemos alternativas entre todos y algo saldrá. _ Los organizadores de la San Silvestre estaban reunidos y no encontraban solución para celebrar este año la carrera, garantizando seguridad a los participantes, por lo cual, la mayoría del comité votaron por suspenderla este año. Uno de los organizadores se fue triste a casa y cuando llegó, se lo contó con lágrimas a su esposa y el pequeño de la casa no pudo evitar escuchar a su padre y… _ ¡¡Papito mío, no llores!! Este año si que se puede celebrar la San Silvestre y sería la San Silvestre de los Héroes. _ _ ¿Cómo dices hijo?_ _ En la salida… Ambulancias, coches de policía, bomberos y llegan a la meta juntos. ¡¡Son los héroes este año!! _
93. Juan el Silvestre
luis García Izquierdo
Después de casi todo el 2020 con el miedo al COVID19, el gobierno autoriza "La San Silvestre Salmantina" el 28 de diciembre.
El 31 Juan y sus tres amigos esperan con ansiedad el pistoletazo de salida. Juan, después de un par de kilómetro, comienza a aflojar la marcha, tiene un dolor en la pierna derecha. Su amiga Alicia se acerca a darle ánimos, pero él no puede seguir su ritmo. Cada cierto tiempo se para, masajea con fuerza los gemelos y prosigue. Sabe que va muy rezagado, pero tiene que llegar a la meta como sea. Se dice para sí: "No tengo límites: yo hasta el infinito y más allá".
Llega el penúltimo y sonriendo. Se sorprende gratamente al ver en el podio a sus tres amigos. Estos le dedican los trofeos y le cantan "Cumpleaños Feliz": hoy estrena 81 años.
94. RECUPERACION
Guillermo Méndez González
RECUPERACIÓN
Nunca he realizado una carrera como la San Silvestre Salmantina, alguna solidaria si. No se celebrará, dadas las circunstancias. Es un punto y seguido, no un punto final. Hago un viaje virtual por su trayecto D y revivo mis recuerdos.
Antes la vía del tren , ahora una Avenida, que corría en paralelo al patio del colegio donde estudié, los Salesianos, y realicé actividades deportivas. Conservo la medalla ganada , con el equipo de Gimnasia Educativa, en unos Juegos Escolares Nacionales de los 50.
Llego al Hospital de la Santísima Trinidad, allí me declaré a mi mujer, ingresada por un calculo renal, con la que celebro las Bodas de Oro.
La Universidad en la que tantas horas pasé, atravesar el Tormes por un puente de mas de veinte siglos, Plaza Mayor corazón de la ciudad, iglesia románica San Marcos, Alamedilla paseos infantiles…..
Lo importante es llegar a meta.
95. Este virus no podrá pararme
Andrea Elisa Garcia Corces
En mi cuarto año estudiando en Salamanca puedo decir que quitando el lechazo, no hay nada más salmantino que la San Silvestre. El primer año, sin haber practicado deporte antes, me apunté obligada por mis compañeros de residencia a la maratón. Estuve entrenando por semanas hasta que llegó el día. Que no se me saliera el pulmón por la boca fue un logro, pero me quedé con ganas de más.
Empecé a entrenar, cada día me sentía mejor. Los dos siguientes años corrí superándome a mí misma. Este año todo ha cambiado: Un virus chino me ha arrebatado la capacidad respiratoria y apenas puedo correr 5 minutos sin cansarme. Pero eso no va a impedir que cruce la meta un año más. Bastante nos ha quitado como para privarme del éxtasis que me hace sentir. Andando si hace falta, pero lo haré, por todos los que este año no podrán.
96. Antiguo corredor
Iñaki Echarri Echeverria
Aprovechando los últimos rayos del Sol, me siento a descansar en un banco frente a casa. Después de la rutina diaria ejercitando piernas por Salamanca, tendría que realizar estiramientos, pero este anciano cuerpo apenas aguanta el paseo de una hora y desde hace años con bastón.
- ¡Buenas tardes vecino!
- ¡Buenas tardes pareja! ¿preparando otra San Silvestre?
- Sí, ya ve usted, mi hija está empeñada en entrenar para que este año hagamos juntos la gran carrera, le digo que este año las cosas son distintas y además yo podría ayudar en la organización.
- Papá, seamos positivos y con esfuerzo lo conseguiremos, al menos eso es lo que siempre decías.
No puedo reprimir una sonrisa cuando se van alejando y la joven comienza el trote empujando la silla de ruedas de su padre. Aún sin comenzar la carrera, solo su actitud ya es de campeona.
97. CASI
alejandro josé pozo de la cámara
Todos los días corría mis diez km.
Salía de la ciudad por el puente romano y al llegar al verraco, golpeaba la piedra con la mano.
Me sentía como Hércules, él tenía que domar al toro de Creta, su séptima prueba, igual que yo, el séptimo certamen.
Correr por la vereda del Tormes es una auténtica maravilla, pero tiene un peligro.
El día antes de la carrera batí mi récord. Pensé, este año entro entre los mil primeros.
Hacía bueno, tenía hambre, era la hora, vamos, que aconteció tal alineación de los planetas que entré en Casaserra. Me mandé dos platos cumpliditos de alubias viudas.
Llegó la carrera.
Al principio iba en cabeza con un trote ligero, pero hacia la mitad noté unos borborigmos que iban de un lado de mi abdomen al otro.
Ahora iba de culo, el último y al traspasar la meta, se me relajaron los esfínteres.
98. MILAN
Modes Lobato Marcos
Esa noche las letras huyeron aterradas.
Unas trataron de escapar a través del Puente Romano, otras corrieron hacia la Plaza Mayor...
No les sirvió de nada.
El depredador, desprendiendo un intenso olor a nata, les dio alcance y las devoró a todas ellas.
A la mañana siguiente, y para sorpresa de todos, el cartel anunciador de la "San Silvestre Salmantina" apareció totalmente en blanco.
99. REGRESO AL PASADO
Rosa Mateos García
No conocerás a tus nietos.
No verás crecer a tu hija.
No te casarás.
No estudiarás Derecho.
No tendrás acné juvenil.
No esperarás a los Reyes Magos, ni llorarás al nacer.
Porque yo, embarazada de cinco semanas, me caí cuando iba a llegar a la meta.
100. Ganar
Marc Cerrudo Boada
Notaba los pulmones encharcados, como pantanos peinados por la niebla. Por ambos lados le adelantaban más y más corredores que la velocidad convertía en manchas, zumbidos de abeja de mil colores. Eso no importaba. No había venido a ganar o, más bien, su victoria sería el humilde cruzar de la meta. No hacía tantas semanas que su boca y su alma habían estado conectadas al respirador, aislado de su familia, sumido en un pozo de incertidumbre donde un virus amenazaba con llevárselo al páramo de las sombras. Los diez kilómetros se le hicieron largos, tortuosos, pero los suyos animándole en la última recta hicieron desvanecer toda fatiga, todo recuerdo aciago de aquellos días de hospital y soledad. Se acordó también de quienes cuidaron de él aquellos días. Por ellos corría también hoy. Sonrió. Sin ganar, había ganado la San Silvestre Salmantina.
101. El espíritu de Silvestre Salmantina
Claudia Cristina Avilés Castro
“Papá, ¿correrás este año en el Silvestre Salmantina?”, le pregunté a mi padre que participa desde hace diez años. “Esta vez no, hijo. El mundo es complicado ahora; además, el espíritu de los competidores no será el mismo”, respondió un poco triste. El silencio se hizo presente, lo miré fijamente y me fui a jugar.
A la mañana siguiente me levanté muy temprano, cogí mis lápices de colores y dibujé a mi padre entre los demás atletas en la línea de salida, algunos garabatos eran gente aplaudiendo y gritando. Lo dejé en su cama junto con un mensaje escrito: “Papá, tú el espíritu de Silvestre Salmantina, son las demás personas, la música, los juegos, la diversión. Si tú no vas, muchos se desanimarán y ya no existirá más”.
Ahora yo amanecí con una sorpresa en mi cama, el dorsal de mi padre y un mensaje: “y tú eres mi inspiración”.
102. SENIOR, MÁSTER C, VETERANO G
Laetitia BLACHON
Septiembre
- La tía de Pedro pretende participar en la carrera salmantina.
- ¿Cuál es el problema? Mi abuelo siempre se apunta. Los viejos pueden con todo.
- Ella tendría que pensarselo ¡No sabe correr!
- ¿En serio?
- Y tampoco está como un roble, acaba de dejar de fumar, prefiere comer más.
Octubre
- Pedro me ha contado que su tía está muy motivada ¡Ya es capaz de recorrerse los 10 kilómetros obligatorios para la categoría de los adultos!
- ¡Cada vez que me hablas de ella flipo! ¿Cómo lo consigue?
- Caminando todo el tiempo.
Noviembre
- Estoy batiendo mis mejores marcas.
- ¡Qué bien, Pedro! Vas a ser de los primeros, seguro.
- Gracias tía. Mis amigos son los mejores, seguir su ritmo es mucho ya.
- Voy lenta pero corro.
- ¡Progresas!
28 de diciembre
Unos llegaron antes, otros después.
¡Un día para sentirse orgulloso!
103. Vencedor absoluto
Alberto Jesús Vargas Yáñez
Correr es una manera de alejarse, pero también un anhelo por llegar. Un buen corredor necesita esa doble motivación. Yo la tenía. Quería dejar atrás mi papel de perdedor y necesitaba ganar la San Silvestre para demostrarle a ella lo mucho que me importaba. Tomar la salida fue decidir abandonar la autocompasión con el afán de alcanzar la gloria a su lado. Conforme aceleraba me aligeraba de lastre. Me despojé del dorsal, luego de la camiseta, del pantalón, hasta de las zapatillas. Cuando ya no me quedaba nada encima empecé a desprenderme de partes de mí mismo, sin importarme que fueran pisoteadas por la multitud de corredores que iba dejando atrás. Rebasé la meta como vencedor absoluto con lo único que me quedaba y aunque fui descalificado por no ser más que un corazón desnudo, me sentí triunfador al conseguir que ella, conmovida, compartiera la emoción de su latido.
104. Llegando a la meta
Marta Alonso Ribas
Mi corazón bombea como si no hubiera un mañana, ya no siento las piernas, sólo el aire que entra y sale y el movimiento de mi coleta arriba y abajo. Pienso todo lo que he batallado para llegar hasta aquí. Cuántos madrugones, cuántos noes a mis amigos, cuántas grasas saturadas rechazadas, cuántas muecas de cansancio… Y todo, absolutamente todo, ha merecido la pena.
Estoy llegando a la meta, yo, quién pensaba que el deporte era sólo para unos pocos, quién fijaba los límites antes de conocerlos, quién el miedo al ridículo bajaba mis alas, quién las comparaciones con los demás me empequeñecían… Lo confieso, correr me ha cambiado la vida.
105. Esperanzas
CALAMANDA NEVADO CERRO
Quiero ganarla mamá, insisto a mi madre adoptiva cada año antes de La San silvestre Salmantina, y no paro de entrenar hasta que consigo mantener mi mejor marca. Ya está bien chico, suele decirme el entrenador entre aplausos. Después nos cambiamos y guardo el equipo en la bolsa y las zapatillas en la taquilla. Si está cerca me dice que eso no puede ser. -Llévatelas a casa y las lavas-. No huelen, contesto agotado. Y es verdad. Voy brillando a correr, lo sabe, y no insiste.
A las nueve de la noche cuando el polideportivo cierra, mi madre biológica que trabaja aquí, en la limpieza, abre mi taquilla, se las lleva a su casa, las lava, y al día siguiente vuelve a ponerlas junto a unos euros, los que puede, tiene poco sueldo. Mi otra madre nunca pregunta. Cosa de madres. Tengo entrenamiento y aun no las ha traído.
106. Deseo cumplido
Viviana Ayul Rumbo
Un par de horas a la semana cubría la asignatura de Educación Física del instituto. Los federados
entrábamos una hora antes, o, dependiendo del horario extendíamos a una después para entrenar más.
Mi ilusión era correr; aunque no la del entrenador, que su objetivo incluía preparar mi cuerpo para lanzamientos; insistiendo en mi contextura, con los ejercicios correspondientes y las odiosas pesas. Temía ensanchar mi espalda, y obtener una musculatura fuerte y definida.
Aunque contara con la segunda posición en los campeonatos regionales, la incomprensión entre ambos acabó alejándome del atletismo.
La vida me llevó por derroteros diferentes; pero no ha abandonar el deporte; que con el tiempo me ha beneficiado para realizar mi sueño de correr apuntándome en maratones, no así por ganar, sino por participar y colaborar.
107. Un instante en mi mente
Iria Oliver Caínzos
Tic tac,tic tac, el reloj suena y la historia comienza.Siento con cada zancada la historia de mis pisadas.El clamor de la gente me embriaga.Somos muchos y todos vamos a una, como en fuente ovejuna.En tramos estamos muy cansados, angustiados. El sudor y la dificultad de las cuestas merman las fuerzas, a la vez que la perseverancia hace que no desfallezcas. Cuántas pesadillas me ha dado el temido adoquín por Ramón y Cajal. Pero qué bonita es Salamanca con la salida y meta desde San Antonio. Aunque por el COVID no pueda sentir el asfalto, mi mente muy sabia, me ha devuelto a ese instante, para hacerme ver que siempre hay maneras de volver.
108. Lo importante es llegar
Ricardo Cano García
Esa carrera significaba tanto para él, que me ofrecí a acompañarlo, sabiendo que me condenaba a una hora larga de trote borriquero. –Lo importante es llegar –decía, mientras avanzábamos a ritmo cansino y dolorido, el único que sus piernas y su corazón permitían. Horas antes me había contado que en su primera carrera, allá por el paleolítico, solo unos centenares de corredores tomaron la salida; que el año pasado fueron más de seis mil los que se calzaron las zapatillas; pero que de su grupo de edad apenas una docena completaron el recorrido. –Lo importante es llegar –repitió con orgullo de atleta veterano mientras cruzaba la línea de meta, arropado por los aplausos y el cariño de los suyos. ¡Cuánta razón tiene! Lo importante es llegar… a los setenta y cinco… y seguir terminando carreras.
109. Asunto complicado.
Lucía Fernández Vidal
Empecé por el lado derecho, continuando, como me habían dicho, hasta pasar por debajo de una especie de puente. Me perdí un poco, pero logré dar la primera vuelta y me preparé para la parte difícil: tenía que rodear todo lo que había hecho antes y habría terminado, pero para conseguirlo, debía dejarlo todo bien atado. Asunto complicado. Fruncí el ceño por la concentración y apreté un poco más. Casi sin darme cuenta, estaba hecho. Mi padre, que había estado pendiente de todos mis movimientos, me miró con orgullo. —Te has atado los cordones tú sola ¡Esa es mi chica! — exclamó —. Ahora, vámonos, la San Silvestre nos espera.
110. De erasmus
Patricia Collazo González
No puede ser, le digo a mamá cuando me cuenta que los abuelos se divorciaron. Pues se los ve muy bien, acota. No puedo creer que lo tome con tanta filosofía. Resulta que el abuelo ha emprendido un viaje de autobúsqueda a la India, y la abuela está entrenando para correr la San Silvestre Salmantina en diciembre junto a su nuevo novio.
¿Y tú?, le pregunto. Todo esto debe afectarla. No, yo no correré, se apresura a aclarar. Sabes que el deporte no es lo mío. Yo iré a alentarlos desde Comuneros.
Me refiero a cómo estás tú, mamá. Ay, cariño, eres tan intuitivo, responde. ¿Cómo sabes que yo también tengo novedades?
No lo sé. Empiezo a sudar.
¿Te acuerdas de mi amiga María?, pregunta. Bueno… que me he dado cuenta de que me gustan las... No quiero saber más.
Tengo que cortar, mamá. Mañana te llamo.
111. Fe en algo
ALEX GONZALEZ BERECIARTU
En la Glorieta de los Milagros se le ocurrió pedir uno. Y apareció de golpe en primera posición, ya en la Plaza de Cuatro Caminos. No es posible, pensó. Esto no está pasando. Y se inventó un Quinto Camino para volver a su realidad.
112. EL CORDÓN BLANCO
JUAN CARLOS CORNIERO LERA
Le llamó la atención el cartel, un cordón blanco anunciando la “San Silvestre Salmantina” a celebrar el último domingo del año, y pensó que estaba harto de estar casi siempre en casa por culpa de la pandemia, y decidió que este año participaría aunque su movilidad se estaba viendo reducida considerablemente por aquel maldito Parkinson que lentamente avanzaba, arrebatándole sin pausa su ya disminuida independencia. Sabía que podía caerse, pero necesitaba respirar aire puro aunque tuviera que ponerse aquella incómoda e insufrible mascarilla. Y así lo hizo. Ese domingo, se ató más de diez veces las zapatillas, hizo los ejercicios de precalentamiento y avanzó hacia la meta, que cada segundo que pasaba le parecía más lejana, pues iba arrastrando prácticamente las piernas, aquellas piernas que bien sabían que estaban ya realizando, antes de quedarse ralentizadas para siempre, su última carrera, su primera y última “San Silvestre Salmantina”
113. 1984
Sergi Capitán Herraiz
Recuerdo la primera edición, en el orwelliano 1984. Apenas erais cuatrocientos participantes y la carrera pasaba delante de nuestra casa en Delicias. Yo tenía nueve años y, pese a los gruesos guantes, te aplaudí con todas mis fuerzas.
Cambiaron el circuito, pero siempre había ánimos para ti. Yo estaba tan orgulloso que me acabé enganchando al deporte. Recuerdo con inmensa gratitud los domingos corriendo en Salas Bajas. Con los años cogí nivel y acabé ganándome una plaza en los primeros cajones de salida.
Y así fue resbalando la vida. Ya no corrías, pero ningún año te perdías a tus nietos en las carreras infantiles. Después, me esperabas en San Antonio y mi primer abrazo al cruzar la meta era para ti.
En este año de distopía que nos ha obligado a reescribir la historia, la carrera será virtual. Mi abrazo también. Allí donde estés, gracias por haberme inoculado este veneno.
114. Resiliencia
Victoria Aizenstat
Es el último domingo del año y agradece a Dios por su cuerpo ahora sano. Observa, frente al espejo, las cicatrices. Ya dejó de verse como un monstruo. Creía que, de faltarle un pecho, ya no podría –no querría– vivir. Pero vive. Y con ganas. Los médicos aseguran que la recuperación será buena. Indican que empiece, de a poco, a realizar ejercicios. Que tenga paciencia, que escuche al cuerpo. Que trabaje en su fortalecimiento cada día, todos los días. Y que no olvide su meta: el proyecto, el propósito. Hoy es el primer día del plan que ha trazado. Se viste con el equipo naranja, se ata los cordones de las zapatillas. Sale. Camina con cierta dificultad pero no se detiene. Completa, con esfuerzo, la vuelta a la manzana. Hoy será sólo una. Mañana, quizás dos. Y el último domingo del próximo año será, de nuevo, la San Silvestre Salmantina.
115. Todas a una
Oliver Ramírez Méndez
Me estiro y me contraigo, todas a una, todas a la vez. Con un impulso nos llega nuestro sustento, constantemente nos insufla de energía. Me estiro y me contraigo. Yo y mis hermanas estamos sincronizadas, damos lo mejor de nosotras. Me estiro y me contraigo. Somos una red inmensa de seres interconectados, cada una con su función. Me estiro y me contraigo. Formamos algo superior, un ser vivo. Me estiro y me contraigo. Servimos a un propósito mayor, desconocido para nosotras, pero sabemos que nuestra contribución es incuestionable. Me estiro y me contraigo, cada vez más rápido, cada vez un poco más, me estiro y me contraigo…
El ser vivo corría; sentía como respondía cada uno de sus músculos, sus estructuras celulares estirándose y contrayéndose; corría hermanado a otros seres vivos, corría por superarse a sí mismo, corría por ser mejor, corría en la “San Silvestre Salmantina”.
116. Cita pendiente
Eloy Calvo Pérez
A las zapatillas les costó algo más, pues nuevas como eran no debía resultarles fácil renunciar a lo que iba a suponer su puesta de largo.
El resto de prendas aceptó con resignación que este año no podrían exhibirse y conteniendo la tristeza asistieron en silencio al momento en el que las coloqué en las baldas y perchas del vestidor. Eso sí, no sin antes hacerme prometer que marcaría en rojo la fecha del año siguiente como recordatorio de que todos, ellas y yo, teníamos pendiente una cita con las calles, los monumentos y las gentes de Salamanca.
¡Recuérdalo!, dijeron al unísono –también las zapatillas– mientras abandonaba la habitación.
Y como lo prometido es deuda me dirigí a la cocina y con un rotulador de color rojo, intentando contener las lágrimas, tracé un enorme círculo sobre el número 26 del mes de diciembre del año 2021.
117. CERCANÍA
Angel Saiz Mora
No podíamos renunciar a nuestra San Silvestre Salmantina. Este año fatídico debe enterarse de que no nos ha vencido, por extraño que parezca correr por espacios distintos y sin gente. Mis amigas repiten que ya no tengo edad para tanto deporte y que el virus sigue ahí. Yo les respondo que las autoridades sanitarias dicen que al aire es donde mejor se está.
Quién iba a decirme que aquel joven que se tropezó conmigo adrede en el Paseo de Canalejas, en la primera edición del año 1984, iba a ser el padre de mis hijos. Cómo olvidarlo, Paco. A la altura de la calle libreros supe que nunca nos separaríamos.
Hay quien piensa que estoy loca. Creen que hablo sola mientras corro con mascarilla. No saben que a nosotros no hay distancia social que nos separe, aunque en este dichoso 2020 hayas llegado tú antes a la meta.
118. Su tradición.
Sergio Alejandro
Fue el murmullo de los pájaros por fuera de la ventana, lo que me despertó este hermoso veintiocho de diciembre. Hoy, por fin decidí que es tiempo de participar en la carrera. Recuerdo todas las anécdotas que me contaba mi padre sobre los días en los que recorrió esas calles con su cártel numerado y esos shorts negros que le habían dejado de quedar hacía ya algunos años.
Él reía a carcajadas cuando contaba cómo conoció a mi mamá y la llevó por su primera carrera aquel diciembre del 92. Aunque todos los años me invitaba, yo nunca pude acompañarlo porque desde que mi mamá se separó de él, hace unos quince años, ella siempre me obligaba a pasar fin de año con ella y mi padrastro. Hoy cuatro meses después de su muerte, bajo los árboles de nuestra natal Salamanca, no quiero hacer más que continuar con su tradición.
119. Estímulo y respuesta
Mabel Pruvost
Desde que tenía memoria había visto la marea de corredores que salían en busca de la consagración y el trofeo. Supo, a partir del primer instante que ella, algún día, la correría.
En el momento en que le diagnosticaron el linfoma, se propuso que sólo sería una demora. No la anulación de su sueño.
Mientras recorre con la mirada el paseo San Antonio, se anuda los cordones de las zapatillas. Ya retiró su dorsal, su chip y su camiseta. Sabe que hoy se cumple la ilusión que la mantuvo con vida. No importa en qué lugar llegue a la meta. Ella ya recibió el mejor premio al que podía aspirar.
120. EL CORREDOR INVISIBLE
PABLO JOSÉ MARONDA RUIZ
Vino a España el día de año nuevo de 2020. Desayunó en un bar de la estación, con la tele a todo trapo. Mientras entraba en calor observaba en Telemadrid los resultados de la San Silvestre Salmantina. -El año que viene estaré ahí -pensaba.
Se había dado cuenta de que el presentador, al dar el nombre de los corredores, mencionaba únicamente al primer participante español. Un compañero le explicó que eso se debía a que los doce primeros eran una miscelánea de senegaleses, keniatas, ugandeses…
Diciembre del mismo año. Con la crisis del covid la competición había pasado a ser virtual, como el resto de maratones.
Alguien le dijo que su nombre significaba buena suerte: llegar a un país nuevo para intentar sobrevivir y que se desate una pandemia global.
Ahora era un corredor invisible que alimentaba el sueño improbable de ser un ganador invisible.
121. Las fibras del alma
Victor José Castillo Bellido
Este año volveré a sentir bajo mi rodilla el cálido frescor del asfalto, amparado por el recuerdo de aquellos corredores de antaño.
Entonces agarraré mis cordones como si fueran las bridas de un caballo, y lo haré por todos ellos; los que la pandemia se llevó bajo el brazo.
Sentiré en mis manos las tersura de su tacto y tiraré para que las fibras se unan como corazones hermanados; haciendo que su fuerza nos redima, de todos los errores del pasado.
¡Si!, este año mas que nunca pertrecharé bien mis zapatos. Y una vez ajustados me levantaré con mis calzonas, mi camiseta y el peto en mi pecho enarbolado.
Y no lo haré solo por mi, sino por todos aquellos que este año no pudieron estar a mi lado. Siempre les recordaré ajustando sus cordones, níveos y entrelazados como las almas de un mundo, que lucha unido contra este perverso desalmado.
122. «Visualizando»
Maria de los Ángeles Torres Cantero
-¡Vamos que solo queda un kilómetro! Es nuestra la meta. Coge aire y expulsa fuerte en dos bocanadas. Venga muy bien. Otra vez, coge; expulsa en dos bocanadas. Novecientos, máquina. Novecientos metros. Hemos hecho recorridos peores. Alza las piernas y extiende zancada. Pegada a mí. Muy bien, amiga.
Yo sigo tus consejos como cada vez que salimos, pero a estas alturas en silencio. Tú ya sabes que estoy agotada. Y así me vas susurrando los metros…
-Último tirón. Aprieta. ¡Todo despejado!
Meta. Aplausos. Más aplausos. ¡Es ciega!, gritan algunos espectadores. Y yo visualizo, mejor que nunca, que es correr a tientas la San Silvestre Salmantina.
123. TREINTA MIL ZANCADAS
Ana Fúster Martínez
Una maratón comienza con una zancada. Acaba después de unas treinta mil.
Primera zancada: inspirar. Llevar oxígeno a los alveolos. Segunda zancada: expirar. Expulsar dióxido de carbono. Inspirar. Expirar. Dieciseis. Ochenta y tres. Quinientas… Concentrado solo en lograr una más.
El esfuerzo hace mella. Te proporcionan lo que necesitas para continuar. Pero no depende de los líquidos y geles. Depende de ti. Como siempre. Cuatro mil doce. No distraerse con la meta. Quince mil. Te dicen que estás a mitad de carrera. Veintidos mil cien. Cada vez te llega más oxígeno a la sangre. Veintisiete mil. Sientes el agotamiento, pero es normal. Veintinueve mil doscientas. Ahora todos están convencidos de que lo vas a conseguir.
Hoy cumples cuarenta días y más de ochocientas mil inspiraciones agónicas, aunque tú, como buen corredor, sabes que en realidad son treinta mil zancadas. Respiras sin ayuda. Te dan el alta. Has ganado.
124. Su primera meta
Alba del VIllar ALoy
Quedaban solo dos minutos para el disparo de salida. Miró alrededor, todo desconocidos. Cada uno corría por una causa, algunos por diversión, otros rivalizaban con sus amigos... El motivo de Paula era una promesa, una que se hizo a ella misma.
Hacía nueve meses estaba prostrada en una cama de hospital tras sufrir un infarto. La causa probable había sido su sobrepeso, sus malos hábitos. Estuvo al borde de la muerte. Pasó dos meses en el hospital. Durante este intervalo tuvo mucho tiempo para pensar. Solo tenía veintitrés años y le quedaban muchos sueños por cumplir. Tenía dos opciones, o caer en una depresión, o cruzar el muro.
Paula abandonó el hospital con un cambio de chip.
Y allí estaba, en la línea de salida, con treinta quilos menos, a punto de correr diez kilómetros y de cruzar una nueva meta.
125. ¿Y tú de qué estás hecho?
Yuliana Zuleta Villegas
Por los menos unos 7500 corredores se encontrarían en línea recta esperando ese disparo de salida, sonido que altera los sentidos y hace que cada participante se impulse como un cohete. Unos irían con sus vestuarios habituales de atletas, otros con sus divertidos atuendos de Papá Noel, Grinch o cuanto personaje popular guste, pero todos con la misma ilusión: Correr en la San Silvestre Salmantina para ganar o divertirse. La carrera, que en esta edición cumplirá sus 36 años de estarse celebrando, tendría lugar el último domingo del año, que en este caso sería el 27 de diciembre, pero por la pandemia del coronavirus dejará de tener a sus corredores presenciales y se vivirá virtual. ¿Vaya reto? Pero, de seguro para ningún corredor esto es impedimento para gozársela, pues el atletismo no se trata de solo correr, sino de mostrar de qué se está hecho frente a cada prueba.
126. NO TE RINDAS TU PUEDES
Enrique Rodriguez Alvarez
Año 2020, por fin preparado y dispuesto, para correr la San Silvestre Salmantina, para mí no es una carrera cualquiera, ni un reto más a mis 67 años. Para mí es un reto especial.
Hace tres años un accidente, un atropello en un paso de peatones. Resultado. Una pierna rota. Trece meses de hospitales con dos operaciones y un vástago intramedular metálico de 30 cm, más cinco tornillos.
Un periodo de rehabilitación más largo de lo deseado, pero por fin si esta pandemia no lo impide y la pierna aguanta el evento, podre está en la línea de salida para participar.
Como en cualquier evento deportivo, lo importante no es ganar, ni siquiera llegar, (aunque espero hacerlo). Lo importante es participar, en este caso con más motivo si cabe.
127. Destronado
Romina Andrea
Consiguió sus primeros récords de velocidad en los 100 y 200 metros llanos en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008. Un año después, en el Mundial de Atletismo, Berlín se convirtió en la ciudad del hito: superó su propio récord en los 100 metros con una marca de 9,58 segundos. Algo que le mereció su hoy conocido apodo: El rayo.
Desde el 2009, la leyenda nació y no dejó de crecer. En total, entre 2008 y 2016, consiguió como velocista once títulos mundiales y ocho medallas olímpicas. Y nunca nadie lo pudo superar como atleta en cantidad de medallas ni bajar su marca de 9,58.
Pero en el 2020, el año de los Juegos Olímpicos de Tokio, conoció a uno más rápido que él, tan rápido que lo paralizó tres semanas y lo mandó a la cama. A El rayo el único que lo alcanzó fue el Covid-19. Y descansó.
128. Correr la vida
Jose Miguel Rodríguez Gutiérrez
Corrió apasionadamente junto a los manifestantes, en ese tiempo era joven y ese recuerdo en blanco y negro agitaba su mente. Luego corrió metafóricamente tras un sueño , tras un trabajo y tras una amante. Corrió con prisa y corrió manso. Corría escuchando su walkman mientras su mente nadaba y volaba sobre el Mediterráneo. Corrió para ganar y tantas veces… corrió por correr nada más. Una vez, corrió sin sentido. Hizo miles de carreras… hoy, a metros de la meta de San Silvestre Salmantina… pensaba en las carreras de su vida… mientras acariciaba el catéter que asomaba en su pecho... un poco por debajo de la clavícula. ¿Por qué corro hoy? Se interrogaba mientras los ojos se inyectaban de sudor y lagrimaban y veía la meta… lo había logrado.
129. Es imposible que acabe esta carrera
Luis López de Letona
¡Maldita tecnología! Los auriculares inalámbricos no me funcionan y así es imposible que acabe esta carrera. Escucho mis pisadas como si en vez de zapatos llevara dos planchas de acero... ¿tendré los pies planos? Mal día para descubrirlo. Tampoco me puedo quitar de la cabeza el tintineo de las llaves, ¿para qué habré traído tantas? No creo que tenga que abrir el buzón en estos momentos... así es imposible que acabe esta carrera. ¿Y ese pinchazo en la rodilla de dónde ha salido? Ya es mala suerte que precisamente hoy se me rompa el menisco... así es imposible que acabe esta carrera. Es tan imposible... que acabo de cruzar la meta. A pesar de los pies planos, de las llaves del buzón y de la falta de menisco. Con una marca discreta y una sonrisa en la cara. Porque correr es vivir y vivir es superar obstáculos... incluso los imaginados.
130. Refranero
Alberto Vicente Monsalve
Mi padre me decía: “San Silvestre, despídete d’este”. Tardo como soy, tardé tiempo en enterarme del significado del refrán, que repetía, indefectiblemente, cada 31 de diciembre, año tras año, hasta donde alcanza mi memoria. Otra característica propia, era mi tardanza en hacer las cosas o en llegar a tiempo. Y mi padre me decía: “el que no corre, vuela”. Y aquel refrán me animó a correr. Desde mis siete años, corriendo a todas partes. Al colegio, al instituto, a la universidad, a la mili, al altar, al trabajo, a todos lados... También a la San Silvestre. Hasta hoy. Tengo que decir lo de mi padre… San Silvestre, despídete de éste. Éste que soy yo, que ya no extiende las piernas más de lo que dan de sí las sábanas.
131. Tres años después
Justino Sanchon de Castro
Corrió como nunca soñó. Se enfundó un traje que a menudo ideó. Miró de perfil, como en los últimos tres años hacía. Sus manos estaban más cerradas que otros días. Pero siguió en su empeño. Sus zapatillas, de marca, le apretaban como en sus últimos años. Estaba todo preparado para que su padre comenzara a empujar la silla en la que estaba postrado desde hacía tres años. Luis había logrado, con escasas palabras, convencer a su madre de que lo vistiera para la carrera que hizo de chico. Ahora, a sus 35 años, volvería a recorrer la ciudad que tanto paseó, que tanto corrió. Su padre comenzó a andar y empujó su silla. Luis sonrió como hacía tres años que no lograba. Poco a poco avanzaron. Poco a poco llegaron al final. Y de los ojos de Luis brotaron lágrimas de alegría. Volvió a reír, tres años después.
132. Miré a mi izquierda, y lo vi
Yunia Rodríguez Martínez
SOFOCANTE. ¡Dios! Necesito un respiro. AGUA. ¡Quiero parar!
Apenas he avanzado dos kilómetros y faltan, ¿cuántos? Yo y mis retos ridículos. Años de la casa al trabajo para en mis cincuenta lanzarme en esta carrera matadora. Me faltan muchas cosas por lograr, y en este punto, incluyendo la meta de la carrera, me parecen inalcanzables; esposa, hijos, nietos... uff, eso menos.
Quiero mi sofá, mi televisión, mi cerveza helada, y mis...
— Disculpe, ¿me deja pasar?
Miré a mi izquierda. ¿Quién habló? Bajé la cabeza y me detuve en seco mientras mis ojos seguían el recorrido de aquel hombre y su silla de ruedas.
133. Vive sin huir
Miguel Ángel Sousa Crego
Sal. Corre. No te pares.Es por ti. Es por todos. No corres para huir. Corre para luchar. Lucha por vivir. Todos competimos en la vida. Mamá nos da el pistoletazo de salida. Cruzar la meta es cosa nuestra. No te rindas. Llega a tu meta. Tu puedes. Vive sin huir
134. EL GUEPARDO
Luis Alfonso Mendoza Garrido
EL GUEPARDO
Le decían el guepardo cuando corría pintaba que era un guepardo y se veía dando zancadas grandes y alcanzando toda meta, su sueño de niño era llegar a correr y ganar en la San Silvestre Salmantina.
Practicaba todos los días, era su desayuno., disciplina a montón ., siempre en su mente se veía vencedor de una carrera San Silvestre Salmantina y era un guepardo corriendo.
Llego el día de la carrera de San Silvestre Salmantina, fue el primero que llego al campo de acción., al dar la orden de partida, salió encabezando el pelotón., la gente le gritaba, viva el Guepardo., vívaaaaaa,,,,,en su mente veía corriendo un guepardo dando zancos grandes alcanzando el sueño de su viva., llega a la meta y gano. , sueño realizado por pura convicción, disciplina y objetivo futuro así es todo en la carrera de vida lo que se proponga una persona lo consigue.
135. Carrera de Vida
Nestor Fuentes Zeballos
¡Llegó el Día!
Él estuvo esperando esta Carrera todo el año, preparándose mentalmente para este día.
Faltan apenas 5 minutos para comenzar, y su Adrenalina está al máximo.
Ropa y calzado deportivo bien puestos en su cuerpo y en su mente: La Meta.
Falta un minuto para comenzar la Carrera y su respiración está al límite, y su espectativa desbordándose.
Sabe que quedan aproximadamente 10 segundos para la partida y comienza la cuenta regresiva en su mente: 10, 9, 8, 7, 6, 5...
...Se sujeta firmemente a su silla de ruedas y prende el televisor.
136. MI MAYOR TRAYECTO
EYLIN NAYIBE RODRIGUEZ CABARCAS
MI MAYOR TRAYECTO
Encuentro añorado de extender mis pies en la carrera de la San Silvestre Salmantina, llevar mi trozo de tela con un número es alcanzar la felicidad, observar atuendos, decoraciones de la festividad mas significativa del año, al menos para mí: “la navidad”, es sumamente satisfactorio, ver familias y amigos unidos en un espacio de regocijo, correr y correr y no recordar cualquier circunstancia adversa de zozobra, angustia, distanciamiento social obligatorio, tristeza, enfermedad. Solo sentir el viento que roce mi cuerpo, sentir mi intercambio de gases con el medio externo, sentir la entrada de oxigeno a mi ser, también la salida de dióxido de carbono de él, siguiendo el camino indicado, mover mis músculos con toda la energía, fuerza, valentía, disciplina, demostrando mi potencial con un rendimiento absoluto de ganador, de campeón de la vida aun cuando se presente un tiempo difícil.
137. Realmente vivo
Renny Gerardo Vergara Guevara
Allí partía todo. Su respiración se hacía cada vez más profunda, exhalaba con suavidad. Observaba el cielo, sus nubes y detallaba el paisaje que le esperaba. Se concentraba en ajustar las trenzas de sus zapatillas, estirar sus músculos, detallar a sus compañeros. De pronto inició todo. La mente se concentraba en cada paso, escuchaba sus propios pasos, sentía el latir de su corazón. Adentrándose cada vez más en el paisaje que cambiaba rápidamente, el sudor de su frente comenzaba a recorrer su mejilla hasta llegar a su boca. Con el viento rosando su cuerpo, se olvidaba y a la vez recordaba todo, el silencio interior haciéndose más profundo, en instantes sagrados; sintiéndose parte de la naturaleza y con el poder de recorrerla. En esos momentos, atravesaba el mundo, sin pausas, con esa constante sensación de avanzar…se sentía realmente vivo…
138. Un día inolvidable.
José Maria Sargento Alonso
27 de diciembre de 2020.
-Vamos, campeona, un poco más.
Tus ánimos cruzan mis entrañas y me llegan, pero estoy tan cansada. Siento que me desvanezco. - - - - - Vamos,vamos. Tú puedes- Te vuelvo a oír gritar.
El sudor me nubla la vista, me tiemblan las piernas y siento que no llegó, que no estoy a la altura.
-Respira, respira.
Por un momento me relajo y respiro profundamente como puedo. Una buena bocanada que expulsó a dos compases.
-Pensaba que estaba más preparada, te digo.
- Pero si lo estás haciendo genial - vuelves a animarme-
-Falta poco, muy poco.
Entonces lanzó el último grito y empujó más fuerte.
-Es un niño-, anuncia la matrona mientras lo coloca en mi pecho y tú te emocionas.
- Silvestre, se llamará, Silvestre y ya le imagino esperandome para otro año en la meta de la San Silvestre Salmantina.
139. Tu recuerdo
Alexander García Rojas
Mi balcón era el sitio ideal para contemplar a la multitud atravesar las calles salmantinas. Era forzosa mi cita en él, para desde allí, gritar orgullosa cuando pasara papá. Aquel hombre se nutría del fruto de sus piernas. Corría la San Silvestre desde hace 20 años, constante e inquebrantable, llevando mi fecha de nacimiento en su dorsal amarillo. En este año convulso las cosas cambiaron. En agosto lo perdí. Lo besé por última vez en el hospital, cuando ingresó desmejorado en la UCI. La próxima vez que lo vi, tras un insensible cristal, solo tuve segundos para despedirme. Aún conservo su dorsal, aquel simple número opaca todos sus trofeos. Lo llevaré en mi espalda, lo puedo jurar. Recorreré la ciudad con él, aunque me desvanezca intentándolo. Este año será imposible. Solo podré esperarlo desde el balcón, sonriente, y entre las calles vacía intentaré divisar su recuerdo.
140. Alevosía
Rafael Fuentes Pardo
Ayer me encontré con un amigo y le pregunté por sus expectativas para la San Silvestre.
─Finalizo ─me contestó─ entre la vigésimo quinta y la sexta posición.
─¿Cómo puedes saberlo con tanta exactitud?
─Comparando tiempos...
─Yo no me fiaría ─le interrumpí─ tanto de la estadística; dicen que es la única ciencia que se deja manejar con cierta alevosía.
─Mi método va más allá, contemplando variables como el flujo de conciencia y la predisposición genética.
─Explícate.
─El año pasado Patricia Reyes, con su sexta posición, fue la primera mujer, y Julio Contreras, con el vigésimo quinto, el mejor tiempo entre los miembros de cuerpos de seguridad del estado.
─Y todo eso, ¿qué tiene que ver contigo?
─En esta edición vuelven a participar los dos, y yo no concibo correr sino es detrás de las mujeres y delante de la policía.
141. PISADAS
Inmaculada Pérez Rodríguez
Otro año más nos vemos las caras, miradas competitivas, nerviosismo en el ambiente. Mi corazón se acelera con solo notar el viento en mi cara, mis pulsaciones al correr denotan que estoy viva y que no puedo fallar, no puedo faltar a esta cita anual: San Silvestre Salmantina, solo pensarlo se me eriza la piel.
Antes no tenía interés por el deporte, pero cuando te conocí, lo supe, tengo que superarme por ti, porque tú ya no puedes estar aquí. Lo hago por ti, por mí, por todos los que no pueden dar rienda suelta a sus ilusiones.
Ahora estamos todos juntos, a punto de salir, disfruto con intensidad esta emoción de compartir esta afición que nos une... compañerismo, sensibilidad, intensidad, corazón. Veo caras conocidas de otros años, caras con historias distintas a la mía, pero no menos importantes.
Pisadas de todas partes, llegar es el triunfo.
142. Mil ochocientos kilómetros
Juan Marcelo Esteban Jiménez
Correr por el paraje lunar de las Cañadas del Teide al atardecer del 31 de diciembre no es un mal plan. Pero mi mente está a mil ochocientos kilómetros de allí, en las frías calles de Salamanca, aquellas que por primera vez en veintitrés años no puedo disfrutar en la San Silvestre. Maldita pandemia que tantas cosas nos ha robado.
Una chica morena y fibrosa corre hacia mí en sentido contrario por el camino pedregoso, nos separamos todo lo posible al cruzarnos, vamos sin mascarilla. Nuestros ojos se reconocen fugazmente: hace justo un año compartimos treinta metros de carrera sobre el Puente Romano, casi puedo recordar su dorsal. Acelero mi zancada, sin volver la cabeza, el viento en mi rostro. Quiero dejar cuanto antes atrás este miserable 2020.
143. Una ilusión en equilibrio
Isabel Sobejano Torralba
Doce meses esperando encontrarme con ella. Cruzando los dedos para que al menos pudiéramos acudir a nuestra cita anual. Lo sé. Soy un egoísta y un ingenuo. Sé que hay razones mucho más importantes para que esto se solucione que estar con ella mientras recorremos el Paseo de San Antonio, con sus mejillas sonrosadas y esas gotitas de sudor que perlan su frente mientras el vaho sale de sus labios mientras me habla. El maldito coronavirus nos ha quitado tantas cosas: la alegría de un verano compartido en las fiestas del pueblo, la visita a nuestros mayores, la ingenuidad de pensar que somos inmortales, la alegría de un futuro que no compartiremos con las personas que se han ido tan de repente. Y mientras, yo, he podido mantener el equilibrio en este año miserable gracias a la ilusión de compartir con ella, como cada año, la San Silvestre Salmantina.
144. EL GUERRERO
LUIS ALIRIO LAZARO SALAZAR
EL GUERRERO
Las calles de Salamanca estaban vacías cuando el anciano se puso la mascarilla y empezó a correr la San Silvestre Salmantina. El coronavirus fue con él. Lo habían pactado la noche anterior:
—Si llegas a la meta, te dejo —le dijo el virus—. Si fracasas, te llevo.
— ¡Hecho! —le respondió el anciano.
La batalla de muerte inició en el Paseo de San Antonio. Cuando iba en la Plaza Mayor le subió la fiebre a 40. En el Puente Romano lo atacó con la tos. En la Glorieta de los Milagros el guerrero alzó los ojos al cielo y siguió corriendo. El virus estaba perdido, ¡el humano corría con el alma! En la Avenida de Portugal le lanzó el ataque mortal. Asfixiado, el soldado abrió la boca y lanzó un grito de guerra. Siguió corriendo, hasta que cruzó la línea de meta. ¡El hombre venció a la microscópica bestia!
145. De mujer a niña
Dolores
Solo pensaba en llegar. Las palabras de mi madre me azuzaban a ir más rápido –No te detengas. No hables con nadie. Huye de los hombres−. Sabía del peligro. Había visto a rapazas, poco más grandes que yo, llorar desconsoladas. Niñas y ropas rasgadas para siempre. Corría con la obsesión de cruzar el portón del colegio. Corría para sentirme a salvo, para alcanzar aquel efímero paraíso.
Ahora me gustan las carreras pedestres. Me complace correr por la satisfacción de llegar a la meta. Correr sin ningún apremio vital, solo para confirmarme que puedo hacerlo. Correr, sin más, como haría la lejana niña que fui.
146. Silvestre, santo
Roy Páramo de Llano
Abrió los ojos con la esperanza de que la fiebre hubiese bajado pero el vértigo le confirmó que aún era alta. Apretó los dientes y se incorporó. No podía perderse la carrera; siempre había sido fiel a la cita. Le reconfortaba sentir el frío en las piernas desnudas y aquel sol de diciembre calentando su cara. Se hacía raro correr y mantener las distancias. En el puesto de avituallamiento había dispensadores de gel y alguien le extendió una mascarilla seca de recambio. Al entrar en el Puente Romano se tomó las pulsaciones, una manía personal. Demasiado altas, pensó. Le costaba recuperar el aliento. Observó cómo la gente iba alejándose y dejaba de aplaudir. El recorrido se vació de corredores. Fue bajando el ritmo hasta que se detuvo. Solo oía su respiración, fatigada. Deslumbrado, miró por última vez a través de la ventana del hospital.
147. Victoria
Pedro Luis Bellés Puig
Aunque todas tienen la misma distancia, cada maratón pone a prueba nuestra resistencia y espíritu de victoria de manera diferente. Manuel ha batido todos los records en la maratón más importante de su vida. Más de tres meses tumbado en una cama de intensivos, con respiración asistida, privado de movimiento y todos los síntomas de esa maldita enfermedad multiplicados más allá de lo soportable, dan fe de ello. Afortunadamente no hay maratón que cien años dure. Hoy, entre aplausos ha cruzado la puerta de esa habitación en la que los ángeles de la guarda revolotean con prisas para que nadie se quede por el camino. Con los brazos levantados y signo de victoria ha abandonado el hospital y se ha fundido en un abrazo interminable con sus familiares que lo esperaban en la línea de meta. Igual que aquel día que ganó la San Silvestre Salmantina.
148. Valientes
Elena Luisa Rodríguez Fernández Del Viso
Hace un año corríamos como siempre, con alegría, ilusión, espíritu de superación, entusiasmo por las fechas que eran, junto a miles de personas que iban a pasárselo bien. Pero un enemigo invisible ha removido nuestras vidas , no se habla de otra cosa, nos despertamos y está presente, respiramos y está en el ambiente, comemos y está en nuestra mente, dormimos y... soñamos con la San Silvestre toda la gente, disfrutemos del deporte y del ambiente, aunque corramos individualmente con el objetivo patente, de demostrar, al enemigo hiriente, que con el deporte nos es suficiente para ser felices y conseguir así, que se rinda nuestro maldito oponente.
149. Dorsal Quinientos
Gabriel Garcia Losada
“Allí estaba ella, transformándose en pisada, en sudor, en cuerpo de atleta, con la ventaja que le otorgaban sus abigarrados saltos, rauda y veloz, dorsal quinientos, como los años que lleva sentada sobre el decrépito cráneo. La más ilustre de la Universidad, con sus ancas de piedra de Villamayor, la más buscada de la plateresca fachada, allí, dirigiéndose salto a salto hacia Prosperidad, enhechizada y presta a participar”
150. 20315 – 20316
Carmen Álvarez Hernández
Zapatillas, ropa cómoda y dos dorsales: te prometí que volverías a cruzar la meta, papá.
151. La recompensa
Miguel Ángel Carcelén Gandía
Había trastabillado nada más comenzar el cross y el dolor que sintió al doblarse el tobillo se hizo casi insoportable a mitad del recorrido. Miraba el cronómetro y los ojos se le aguaban. Intentó centrarse en la bonita imagen que conformaba la niebla sobre los humedales, pero los continuos adelantamientos lo devolvían a la realidad. Su intención de lograr una meritoria posición dentro de la categoría de veteranos se alejaba a pasos agigantados. ¡Qué pésimo broche para toda una carrera dedicada al medio fondo! Rebasaba en más de una hora el tiempo previsto, pero no abandonó. Aunque fuera a rastras, pero estaba decidido a terminar la última competición de su vida. Y lo logró.
Llegó el último.
Y entonces lo comprendió.
Como siempre, junto a la línea de meta, vio a su mujer, aplaudiendo, animando, sonriendo, orgullosa…
Así había sido siempre, aunque él hubiese necesitado décadas en percatarse de ello
152. Latidos
Itziar Irigaray Fernández
Llegó la San Silvestre. Esa carrera que tantas veces había corrido y disfrutado. Esa que todos los años le hacía calzarse sus deportivas y salir a galopar. Hacía ya 10 que se dedicaba a organizar.
"Los años no pasan en balde" decía "pero, a mi, no me alejan de esto ni con agua hirviendo".
Unas horas más tarde:
- ¡Aupa! (Gritaba Julia).
Y de pronto, cayó. Calló.
- ¡Despierta!
- ¡Julia, despierta!
- ¡Por favor, despierta!
Sollozos a su alrededor, impotencia y desazón. Gritos de ánimo a los participantes, a la resistencia y la constancia.
Y así, el corazón de Julia dejaba de latir. Infarto fulminante. Antagónicas miradas de quienes conscientes de su fin, derramaban sus lágrimas; de quienes ajenos a la situación, sonreían y aplaudían a los valientes corredores que tras 10 km atravesaban la meta.
Entre antagonismos, ella, moría; y sonreía. Atletismo como forma de vida; atletismo, hasta su último día.
153. Declaración de intenciones
María Cruz Fernández Bernedo
Me gusta terminar el año corriendo. Pero no os creáis que es para huir del año que acaba. Aunque el 2020 bien se ha ganado su mala fama. Me gusta terminar el año corriendo como una declaración de intenciones al año que está por llegar. Le quiero demostrar que voy a por todas, que estoy dispuesta a sufrir y también a disfrutar. Que estoy dispuesta a dar lo mejor de mí y a superarme hasta el final. Quiero que el 2021 se entere de que el cronómetro se ha puesto a cero y yo estoy en la salida dispuesta a luchar.
Estoy segura de que en el 2021 nos esperan muchas cosas buenas y muchos sueños se cumplirán. Pero sin esfuerzo y determinación será difícil alcanzarlos. Así que tienes que estar preparado porque la carrera está a punto de empezar. Preparados, listos, ya. Nada ni nadie me va a parar.
154. Cuando no sabíamos nada y lo supimos todo
Andrea Domingo Fernández
Otra vez será… debí de entrenar más. La próxima irá mejor...
Entonces el mundo se paró. Y nosotros con él. Pudieron no existir más mañanas. Por eso, ahora, y solo ahora: es el momento. Y entonces, lo entendí. No es el puesto. Ni la competición. Es compartir. Es ir a compás con el aire y a sintonía con el resto. Tal vez, solo lo entiendan unos pocos; afortunados. Es por mí.
Y yo, lo supe gracias a ti. Porque correr es sinónimo de avanzar. Y avanzar, es crecer.
Gracias Papá, por no dejar de intentarlo. Y por lo tanto, de enseñarme. Y entender, que es ahora. Y esto, también es para todos.
155. ¿La Última Carrera?
Bruno Benavides
El bullicio retumbaba en sus oídos, la ciudad celebraba y sabía que a pesar del temblor que sentía en las piernas debía continuar, poco a poco el eco de los pasos de su perseguidor aumentaban manifestando su cercanía, su corazón se aceleraba, quería gritar pero no podía, el dolor era inmenso pero las ganas de seguir adelante y la esperanza lo eran más. Finalmente llegó casi desmayándose a la muchedumbre, su meta personal. Desde el suelo, con los tacones rotos y entre sudor y lágrimas resbalando por su rostro vió a su agresor escabullirse en dirección contraria a ella. Había ganado, estaba viva; pero nunca olvidaría el eco de esos pasos.
156. MUSAS
Margarita del Brezo
Con los nervios de los preparativos para la carrera es imposible hacer nada.
Mariana, siempre coqueta, elige palabras elegantes como «cáspita», «serendipia», y «colibrí» para confeccionarse un chándal y Marina, tímida y cursiva a partes iguales, aprovecha un viejo soneto para hacerse una sudadera que remata con versos heptasílabos, abalorios y mucha rima consonante.
—Recuerda hacer acopio de guiones o no podremos entablar conversaciones —dice Marina mientras guarda en la mochila unas comillas por si le surge una cita en la línea de meta.
—¡No son guiones, Marina, se llaman rayas! —grito desde la cocina.
—Ya, pero entonces no rima — contestan al unísono. Y rompen a reír a carcajadas.
Y así, entre risas y prisas, llega el gran día. De un grácil salto de página se plantan en el Puente Romano y posan en el «photocall» con sus mascarillas. Y yo, al fin, puedo sentarme a escribir corriendo este microrrelato.
157. Ama la Sansil como a ti mismo …¡incluso en tiempo de coronavirus!
Roberto Crespo Ramos
Km1: Amarás el recorrido de la Sansil sobretodo sus cuestas.
Km2: No tomarás el nombre de Moli en vano.
km3: Santificarás la Sansil sacrificando la Fiesta (¡al menos la del dia antes!)
km4: Honrarás a tus padres cuando pases por delante, sin darles atuendos para que los carguen.
Km5: No matarás dando codazos en la salida, provocando caídas…cortando trayectorias como si jugases a “leche cortada”.
Km6: No cometerás actos impuros…vale con correr ¡que te puede dar un jamacuco!.
Km7: No robarás metros al recorrido. Si a alguien se le pierde un pulsómetro no te hagas el longuis escondiéndolo.No tienes bolsillos…
Km8: No darás falsos testimonios sobre tus marcas a los rivales, ni mentirás respecto a tus agujetas finales.
Km9: No consentirás cambios de ritmo para correr junto atletas que generen pensamientos o deseos impuros.
km10: No codiciarás los resultados ajenos…¡demasiado que has llegado sano y salvo!
158. Abrazos por cruzar
Issac Zumbado Méndez
Agonizaba 1984 y la carrera San Silvestre pisaba por primera vez mi barrio. Mi padre participaba, cuando lo vi venir, mi felicidad fue la de un pueblo entero, cuanto más se acercaba pude ver sus ojos ahogarse en lágrimas de orgullo con las mías, me tomó en brazos y terminamos juntos el kilómetro restante.
Durante los años venideros pude acompañarlo en más ediciones. Las corrimos todas juntos, aún después de que sus pasos fuesen pesados como yunques, trotamos hombro con hombro. Cada año entrenamos juntos por meses con tal de abrazarnos al cruzar la meta.
Hoy a tan pocos días de correr otra vez, tomo la mano de mi padre y la siento delicada. Hoy salgo de su casa y sé que no lo tendré a mi lado para que me tome en brazos. Hoy mi único consuelo es que este año no hay meta por cruzar.
159. «Misma carrera, procesos distintos»
Yolanda Valeria Razo Rodriguez
Miró mi alrededor y hay una gran cantidad de personas.
Empiezo ha observar y me doy cuenta que mi compañero de al lado tiene un pié lastimado, una persona está en silla de ruedas y un compañero más tiene enyesado el brazo, cada uno de los concursantes en condiciones distintas, pero hay algo que veo en todos, una sonrisa y las ganas de salir a darlo todo.
Durante la carrera unos se quedan atrás, otros comienzan a caminar, unos siguen corriendo, algunos se lastimaron y otros casi desmayan. Hoy me dado cuenta que está carrera representa el camino de nuestra vida y el proceso que cada persona tiene durante el paso en ella.
Todos se entregaron por completo y todos merecen los aplausos sin importar en qué lugar llegaron, si no, por el simple hecho de que llegaron.
Hoy San Silvestre Salmantina refleja más que solo una carrera.
160. Motivación
ALBERTO JAVIER CAMPOS VILLANUEVA
Solo por la insistencia de mi padre decidí correr, sabía que era una perdida de tiempo, desde los dieciséis corría con mis amigos pero siempre quedaba en último lugar. Está vez, mi padre no me dio su aburrido discurso, solo me abrazó y se fue con una enorme sonrisa.
—¡Si puedo! —escuché a uno de mis amigos que me rebasó al comienzo de la carrera.
—¡Yo si te alcanzo! —me dijo otro chaval.
—¡Presumido! —gritó otro empujándome con el hombro.
Cada chico que me rebasaba me insultaba, ¡no lo podía permitir!, sentí adrenalina en mis venas y comencé a rebasar a todos esos engreídos hasta que alcancé al último y si, gané La San Silvestre.
En el podio de ganadores, un juez me quitó de la espalda un letrero, que, me confesó mi padre después, me colgó antes de iniciar la competencia, este decía:
¡A QUE NO ME ALCANZAN!
161. Un viejo aficionado
Sandra García
Me encaminé hacia el señor Ramírez. Con sus ya noventa años, yacía en primera fila de la San Silvestre Salmantina, animando a los participantes. Llevaba más de media hora de pies. Le tendí el bastón que había dejado olvidado en el Toscano al desayunar aquella mañana. Lo rechazó. -Hijo, déjame disfrutar de esta carrera como lo hacía cuando era un jovencito, no me recuerdes ahora mi vejez y mis problemas para caminar-Me reprendió. Le observé, sorprendido. -¿Usted veía esta carrera de joven?-Pregunté, curioso. -Hijo, yo no la veía, la corría. Uno de los placeres más grandes de esta vida. Fue un honor participar en esta carrera-.
Jamás habría sido capaz de adivinar que él concursó en esta carrera. Tan frágil y mayor que se veía. Se dirigió hacia mí una vez más. -Inscríbete al año que viene. Una experiencia así no puedes dejarla pasar. Corre ahora, que puedes-.
162. Merece la pena
Magda Garcia López
Ojalá pudiera correr hacia atrás y demostrar que desde la meta puedo correr hasta la salida para así tener una perspectiva única de la carrera, del recorrido, y poder disfrutar del trayecto salmantino demostrando que lo importante es participar. Hacia delante o hacia atrás. ¡Qué más da! En modalidad de retrorunning y ¿Por qué no? El arte de correr hacia atrás notando que vas contra corriente. Sintiéndote único, en una modalidad minoritaria, donde los demás atletas van adelantándote y tu cada vez te acercas más a la línea de salida. Donde ya solo quedan los organizadores recogiendo la pancarta. Un punto inicial que para ti supone un nuevo destino. En tiempos convulsos todo ha cambiado. La salida. La llegada. El destino. Te encuentras contigo mismo valorando el esfuerzo colectivo. Merece la pena. Practicar atletismo, reencontrarte con tu cuerpo, tus anhelos, tus inseguridades y tus objetivos personales. Merece la pena. ¡Sí!
163. Merece la pena
Magda Garcia López
Ojalá pudiera correr hacia atrás y demostrar que desde la meta puedo correr hasta la salida para así tener una perspectiva única de la carrera, del recorrido, y poder disfrutar del trayecto salmantino demostrando que lo importante es participar. Hacia delante o hacia atrás. ¡Qué más da! En modalidad de retrorunning y ¿Por qué no? El arte de correr hacia atrás notando que vas contra corriente. Sintiéndote único, en una modalidad minoritaria, donde los demás atletas van adelantándote y tu cada vez te acercas más a la línea de salida. Donde ya solo quedan los organizadores recogiendo la pancarta. Un punto inicial que para ti supone un nuevo destino. En tiempos convulsos todo ha cambiado. La salida. La llegada. El destino. Te encuentras contigo mismo valorando el esfuerzo colectivo. Merece la pena. Practicar atletismo, reencontrarte con tu cuerpo, tus anhelos, tus inseguridades y tus objetivos personales. Merece la pena. ¡Sí!
164. Una amiga que te hace correr
Faustino Medina
Nadie, a lo largo de la historia de la San Silvestre Salmantina, había presenciado a un corredor con esas condiciones. Para colmo, luego se pudo ver, en la grabación del vídeo, que salió dos minutos después que los demás participantes y que, al parecer, iba atendiendo una llamada. Dejó a todos con la boca abierta cuando rebasó a los demás competidores y se colocó en la primera posición de la carrera. Lo más sorprendente fue que, al llegar a la meta, no se detuvo a esperar la premiación. Entró, sin siquiera secarse el sudor, al hospital que estaba al fondo de la calle.
165. PASILLOS DE IDA Y VUELTA
LUIS DAVID SAN JUAN PAJARES
Tac. Paró el crono. «Bien, 31:05, ¡bien!». Jadeando, recostó la espalda contra una pared blanca y limpia. «Eso es algo menos de 9 minutos a los 100, ya se notan los progresos. Ahí viene María. ¡Cuánto la debo! Si no fuera por su paciencia y sus cuidados, no lo hubiera logrado».
–Venga, campeón, hoy te has salido. Otro récord, ¿verdad? Así me gusta, ¡esto marcha! Para el año que viene, a triunfar en San Antonio. No te quiero ver fuera del pódium, ¿estamos? Hala, vamos a recogernos, que luego refresca.
Le dirigió una sonrisa, se sentó en la silla de ruedas y se dejó conducir hasta la habitación. Sí, para finales de 2021 ya no tendría secuelas serias y lo daría todo en su querida San Silvestre. El virus no podría con él. Para entonces, el andador no sería más que un desdichado recuerdo.
166. Una meta hasta el alma
JUAN CARLOS LUZARDO MORALES
Lo había planeado para participar en aquella carrera y encontrarme con ella. Sé que dedicaba mucho tiempo a entrenar para ese momento, la San Silvestre Salmantina. Para ella era algo más que una simple prueba, era una forma de superarse, de sentirse viva, de amarse a sí misma. La vida la había tratado muy mal y sentía que su dolor, su rabia y frustraciones iban resbalando por el camino a medida que avanzaba hacia la meta. Las suelas de sus zapatillas, atadas a su alma, iban lamiendo el asfalto, perdonando al pasado, que se iba disolviendo con cada latido de su corazón.
Me situé al final, junto al resto de corredores, y poco a poco fui cogiendo resuello hasta alcanzarla. Al verme, sus lágrimas se desbordaron como una lluvia temprana, fue a abrazarme.
—Aún no amor, coge mi mano y vayamos juntos hasta la meta, hoy comenzamos una nueva vida.
167. Corriendo al toque
Isidro Horcas Rodríguez
Llegaba el momento de ponerse el dorsal al pecho, el animador de la carrera alertaba del comienzo inminente, los nervios a flor de piel y como siempre, se pinchaba un dedo con el imperdible, pero se lo tomaba con humor y como un espoletazo que lo hacía dirigirse decidido hacia la salida. Esta vez sería virtual, pensó para sí mismo un poco cabizbajo. De ninguna manera, se dijo, pinchándose levemente con tino mientras el reloj de la catedral daba la salida a campanadas. Haciendo de la necesidad virtud, había ideado una San Sil a contrarreloj, tomando la salida con la distancia justa a casa y el tiempo próximo al previsto. Los últimos metros apretaba el ritmo, a cuatro y bajando, el toque de queda se echaba encima, las llaves del portal en la mano y un destello azul neón palpitante iluminó su foto finish en la puerta del ascensor.
168. Inicios de temporada
David Domínguez Nacimiento
El parque. Las zapatillas, aún con la sensación de que estén congeladas, el vaho provocado por la respiración. Es invierno. Tonos grises, plateados, nubes que se mantienen colgadas en el cielo desde hace días. Que no deciden si se van o se quedan. Árboles, majestuosos y otros más jóvenes, que no tienen adónde ir. Una ojeada al cronómetro. Está como casi nada en la vida, salvo el momento de tu nacimiento. En un extraño 00’00. Un clic que pone en marcha la acción. Hoy tampoco te apetecía salir tan temprano. Hace un día de perros. Primeros pasos, empezamos a marcar ritmo....
Te hiciste la promesa de presentarte. No querías ver pasar otra San Silvestre sin ser partícipe. El atletismo es un deporte individual, dicen. No, no es verdad. Corréis tú y tus agallas, y hacéis una pareja terriblemente extraña. Y hermosa.
169. El Sansilvestrón
Alberto Palacios Santos
El año del confinamiento un ingeniero salmantino inventó el Sansilvestrón, un juego de mesa en el que, sobre un tablero con el plano de Salamanca, los jugadores tenían que ir alcanzando seis puntos de la carrera: Plaza Mayor, Puente Romano, Libreros, San Vicente, Alto del Rollo y San Antonio, separados por sesenta y tres casillas numeradas.
El jugador que más puntuación sacaba con su dado, representaba al corredor escapado y el resto lo perseguía realizando pruebas que permitían avanzar o retroceder. De esta manera, a lo largo del juego, tenían que descansar, retirarse o llegar hasta la meta y ganar la partida.
Contra todo pronóstico el Sansilvestrón fue un éxito, un tronar de dados sacudió durante toda la mañana de la carrera las calles de Salamanca y, sorprendentemente, la partida continuó hasta Nochevieja, momento en el que todos, felices por el fin de 2020, arrojaron sus cubiletes por la ventana.
170. Anónimos comienzos
ISRAEL VILLAESCUSA MENDO
No estaba dispuesto a perder aquella carrera y le perseguía, sudoroso. La niebla se cerraba a su paso por el puente sobre el río Tormes. A punto de alcanzarlo, de pronto le perdió de vista. Escuchó un chapoteo y pensó que quizás habría caído a sus frías aguas.
De regreso, apareció súbita su pequeña figura con sus cortas zancadas, que gráciles avanzaban por el empedrado. Le siguió de nuevo, pero al llegar a la plaza no halló noticias de su rastro.
Lázaro llegó primero, gloria para el ganador, San Silvestre ha obrado, gritó vehemente un mendigo ciego. Vaya final de año, lamentó el tabernero, zanjando exhausto la persecución.
Y así se originó…
Emerge entre la neblina el recuerdo de tu inverosímil historia, abuelo. Al cruzar la meta miro al cielo y te confieso que la sentí cierta, pues yo también creí verlos en el recorrido, pícaros entre la bruma.
171. Salamanca bendita
Montse Ramos Hernández
Decidida como todas las mañanas de entreno, deseaba vestir mis pies desnudos para quemar tu asfalto. Decidida, porque un viejo amigo me alentó a recorrer tus vías en pleno diciembre. Decidida a correr tus emblemáticas calles, a deleitarme con tu Plaza Mayor, pasando por Veracruz y cruzar el Puente Romano al tiempo que me inmortalizaban con una instantánea vislumbrando atrás la Catedral. Decidida porque tu público entusiasta, te arrastra como una gran masa por el adoquinado hasta el final. Decidida, porque cruzar tu meta es comparable con un gran estado de éxtasis. Decidida estaba y decidida estoy. No podré hacerlo en tus tierras, “Salamanca bendita” como te calificaba el gran Farina. Correré desde la distancia, pero decidida a despedir este “annus horribilis” y decidida a recibir al año nuevo con unos abiertos y esperanzadores brazos.
172. Cinco kilómetros
Raquel Sánchez López
Cinco kilómetros, cinco rutas y cinco perfectos desconocidos.
El cronómetro está preparado, la cuenta atrás ya está en marcha. Tras los barrotes de una pandemia poco piadosa, cinco participantes a una carrera atípica se sitúan en la línea de salida. Çada uno porta un dorsal que será invisible para los demás corredores, sin embargo todos ellos se pondrán en marcha al mismo tiempo. Será un duelo en solitario para cada circuito, pero colectivo de manera virtual. Cinco regiones españolas trazarán un mismo camino: Andalucía, Galicia, Aragón, Madrid y Canarias. Y todas ellas forjadas en mil y una adversidades se hermanarán y sincronizarán sus pulsaciones. Llevarán hasta la meta el espíritu deportivo de cada rincón de su tierra, luchando por una misma causa, por un futuro mejor, por una victoria común, por la Carrera Popular, por La San Silvestre.
173. Zancada
Luis A. Alburquerque Sánchez
Era su mejor zancada, la había entrenado mucho. Además, estaba con ganas, no lo dudó un momento. Desde el pistoletazo de salida supo que lo iba a conseguir, lograría batir su propia marca. Después de todo, en eso consiste, cada uno fija sus objetivos. Este año volaba, se coló en un buen sitio a la salida, a pesar de los nervios. Kilometro a kilometro fue fundiendo las agujas del reloj, deteniendo el tiempo a su paso por las calles de la ciudad. Este podíamos haber sido cualquiera de nosotros, pero el destino caprichoso nos privó este año de la carrera, pero no del entusiasmo de volver a reencontrarnos el año próximo. De mirarnos cara a cara, y repetir al son de cada zancada ¡lo logré de nuevo! Una más a la espalda. Pero no olvido mi primera San Silvestre Salmantina, y la motivación de repetir año tras año.
174. Pequeños detalles.
Viviana Beltrán Suarez
Aquí estamos; un año más, a decir verdad, me cuesta creer que ya sea la 37 edición; estoy sumergido en recuerdos que proyectan el impacto que ha generado en mí; porque aquí he aprendido que los fracasos me hacen más fuerte, que si un hermano se cae en el proceso lo ayudo a levantar, que debo tener pasión a la hora de correr y que mientras deje el corazón en el circuito, ya soy un ganador; porque de eso se trata, porque fueron precisamente los pequeños detalles los que hicieron de San Silvestre algo grande. Y aunque las circunstancias nos tienen hoy aquí, viviendo una soledad impuesta y obligándonos a renovar tradiciones, encuentro salvación en cada tramo que me espera por recorrer, en el viento que rozará mi cara, a la vez que susurrara suavemente a mi oído que no puedo mirar atrás, encuentro salvación en las calles de Salamanca.
175. Dorsales
Raúl Clavero Blázquez
Hacia la mitad de la San Silvestre una ráfaga de viento arrancó los dorsales a todos los atletas. Durante unos minutos los números quedaron ahí, flotando varios metros por encima de la tierra, como una bandada de aves que no se atreviera a emigrar, hasta que comenzaron a caer, poco a poco, sobre los espectadores, sobre el suelo, sobre mí. Un tembloroso veinte con bandera noruega me abrazó y me fue imposible arrancármelo, de modo que no tuve más remedio que terminar la carrera. Entré en tercer lugar. Desde entonces vivo en Oslo y entreno a diario. Ya me he acostumbrado al salmón, pero sigo echando de menos Salamanca y pronto anunciaré mi retirada. Eso sí, lo haré con orgullo, en este tiempo he competido por todo el mundo y he logrado varias medallas. No creo que se le pueda pedir mucho más a una humilde rana de piedra.
176. Retos sinápticos
Germán Bartizzaghi
Siempre disfruté de los ejercicios mentales. No me refiero a ecuaciones o sumas de quebrados, mis esfuerzos son de otra naturaleza.
Algunos opinan que soy perezoso y hasta cobarde. Lo cierto es que jamás obtuve provecho de mi imaginación. Mi conciencia puede atestiguarlo: aunque no cejo de participar, todavía no he ganado la San Silvestre Salmantina.
A diario entreno ocho horas desde el sofá o la cama. Puedo correr una maratón o nadar kilómetros en aguas abiertas, bebiendo apenas algún sorbo de jugo. Mi sueño es batir un récord en las Olimpíadas.
La pena es prescindir de fotografías y reseñas. ¿Quién podría saber que mañana me espera una competencia televisiva de salto con garrocha? Mejor me acuesto temprano, necesito tener mis piernas ágiles y mi mente, como siempre, hambrienta de gloria.
177. Dos carreras, una meta.
Ivana Pamela Nardi
Mi pequeña hermana me miró a los ojos y con firmeza me dijo:
─Corramos.
Apenas teníamos puestas unas viejas zapatillas gastadas. No estábamos preparados, no habíamos entrenado, pero nada nos importó. Corrimos sin parar, sin mirar atrás.
Mientras tomábamos velocidad y el viento nos secaba las lágrimas, agitados y casi sin aire hacíamos un gran esfuerzo por no claudicar.
Aquel día fue el miedo el que nos impulsó a correr. De ese modo, mi hermana y yo escapamos de aquella casa que nunca fue un hogar. Nuestra meta, fue en ese entonces, encontrar la paz.
Ahora, 20 años después, estoy parada sobre la línea de salida en la San Silvestre Salmantina, nuevamente, me acompaña mi hermana. No hay miedo, ni lágrimas. Reímos triunfantes, sabemos que la meta está alcanzada.
178. ENTRE SUEÑOS
Yony Saavedra López
San Silvestre Salmantina 2020. Tantos años de espera y por fin presente en una prueba marcada a fuego. Una emoción indescriptible me embarga mientras mis pies alados surcan raudamente las calles de Salamanca.
Voy en primer lugar y de rato en rato volteo para ver a mis contrincantes. ¿Pero por qué todos utilizan mascarillas?, ¿acaso es la nueva moda? De pronto percibo que el mar de atletas se agarra el pecho y uno por uno van cayendo a la pista como si desfallecieran. Me detengo a ver como miles yacen inmóviles en el pavimento mojado.
_ ¿Qué les sucede? _me desespero_. No permitan que sus corazones dejen de latir ni que sus sueños se apaguen. Sigan compitiendo...
Despierto bañado en sudor y con una sensación de profunda tristeza. Todo fue un sueño. El virus hizo estragos, pero no nos detendrá. Este año toca batir el récord de solidaridad.
179. La verdadera meta
Fernando Claudín di Fidio
El corazón batía el pecho con fuerza. Sus latidos de tambor tribal proyectaban la sangre que rehenchía las venas. Los pulmones bombeaban aire como una locomotora. Cada pensamiento se hacía músculo. La cabeza, erguida. La mirada, al frente. Las piernas avanzaban una y otra vez, incombustibles. La mente restaba pasos al recorrido de esa carrera, la suya, la San Silvestre Salmantina, aguardada con expectación cada mes de diciembre, que ese año cumplía treinta y siete ediciones, y la pandemia volvía solidaria y virtual. No había otros alientos alrededor, otros corazones, otros pulmones. No había aplausos ni vítores. Correr a solas, como en un entrenamiento, hacía difícil sentir el peso de la competición. Pero había un aliciente nuevo: comprender que la verdadera meta no era ganar, sino compartir el esfuerzo de la carrera, en el camino hacia esa línea de llegada que aguardaba a todos por igual: la muerte.
180. CRONO-MEDITACIONES.
Valentín García Valledor
Mientras me coloco en la línea de salida, me animo recordando las palabras de mi médico: "Es bueno hacer ejercicio para adelgazar y limpiarse de tanto colesterol malo". Un rato después, ya en carrera, mientras contemplo paisajes y gente, pienso en lo que dijo mi sicóloga: "Primero te parecerá algo imposible, pero con ganas y pasión lo lograrás". Más tarde, ya con mi cuerpo en plena tensión muscular, controlando la respiración, recuerdo las palabras de mi entrenador: "Cuando corras hazlo con las tres E: esfuerzo, energía y empatía". Y ahora, avanzando deprisa, mi anterior yo sedentario, adelantando y dejando atrás a los demás pensamientos, me sigue martirizando: "¿Pero, alma de Dios, qué leches haces en la San Silvestre?"
181. COMPLOT
Orniel Martinez Pineda
Un hombre se coloca a su derecha.
"...puedo hacerlo -pensaba-, pero sé que no ganaré"
Una pareja lo acorrala por la izquierda.
"...no puedo correr tantos kilómetros -meditaba- se burlarán de mí"
Un grupo de estudiantes sonríen tras su espalda.
"...¿cómo salir de aquí? -miraba a todos lados- debe haber una manera"
Una docena de mujeres le cierran el paso.
"...esto es un complot -asegura- todos quieren aplastarme"
Un centenar de hombres cuchichean alrededor.
"...me quedaré quieto -afirma- no pueden obligarme"
Miles de personas comienzan a moverse en la misma dirección al sonido del disparo.
"...¿por qué corro? -se pregunta mientras intenta ser el primero"
182. EL ÚLTIMO OBJETIVO
Yolanda Nava Miguélez
La última chaladura del abuelo trae a toda la familia de cabeza. Pese a su edad y a sus achaques, se ha empeñado en correr la San Silvestre. Dice que ya ha escrito varios libros, tiene seis hijos y los tres almendros de la huerta están ahí gracias a él. Afirma que La Sansil es su asignatura pendiente. Enfundado en unas mallas que no se ajustan a sus piernas escuálidas, se dirige a la salida sin soltar el bastón. Al principio se queda atrás, pero su cabezonería le da fuerzas y logra arrancar; en Puente Sánchez Fabrés su pelo canoso va tomando color, al enfilar la Cuesta de Oviedo su piel se va tersando. Llega al paseo de San Antonio gateando, “gu-gu ta-ta” balbucea feliz al alcanzar la meta.
183. La peste de Salmantina
Christian David Sánchez Castro
Para semejante ejercito romano, equipados con licras en vez de armaduras de hierro, la guerra contra la peste a la que pronto le encontré nombre, vislumbró una parodia total de la historia legionaria. Fue un balazo el que marcó el hincapié de la guerra, el fuego surcó a través del bellísimo cielo celeste y violeta, un temblor apabullante sacudió al suelo en el Paseo de San Vicente. Para estremecimiento de los espectadores, en el Puente Romano los soldados… ¡corrijo!, los atletas, hicieron más notoria su enfermedad: una transparencia aromáticamente nauseabunda que les escurría por la piel (después la llamaron sudor o algo así); y en la Plaza Mayor, luego de contemplar los pies que revoloteaban sobre la ceniza de las calles, asimilé la fatídica peste, cuyos portadores eran estos vigorosos soldados, o atletas, o como se les quiera nombrar…pues sufrían definitivamente de ¡Hambre de Victoria!
184. Voluntades inconcebibles
Rubén B
Los reflectantes se nublan y a mi vista solo queda la imagen de una mujer octogenaria. Quizá sea la única persona tan indignada con el bullicio como yo: en los entrenos había marcado un buen tiempo. Por un momento, parece que voy a desfallecer.
- ¡Toma, un poco de agua!
Para mi sorpresa, es la señora quien viene a socorrerme. Naturalmente, le agradezco sus esfuerzos y continuo mi carrera. En mi interior, sin embargo, una brizna de malicia se pregunta por qué la mujer lleva chándal. ¿Querrá sentirse una chavala otra vez? Cuando vuelvo a levantar la cabeza, me es imposible verla. Deduzco que habrá regresado a su casa.
No obstante, cuando cruzo la meta una hora después, la vislumbro sentada en un portal. Su obsesión con sentirse joven me empieza a hastiar. Al acercarme, me llama para comentarme su tiempo. ¡Tonto de mí! Hace más quien quiere que quien puede.
185. Compañerismo ante todo
Lucía Conejero San Nicolás
La San Silvestre Salmantina siempre me había provocado respeto y nervios. Muchos. Y así se materializó el día de la carrera. Todo empezó mal… desde que mis calcetines de la suerte no aparecían hasta las sensaciones de la salida. Buenas, pero iba demasiado rápido. Demasiado para mi gusto. A falta de dos kilómetros, me desconcentré. Sentía que no lo estaba dando todo. Dolor. “Aguanta, chaval”. Pero yo no podía. Y más aun teniendo a escasos metros a una promesa del atletismo. Inspira, espira, inspira…se repetía. Cruce de miradas. Sonrisa. Y me adelantó. No. Esto no podía quedar así. Sacando la fuerza de no sé dónde, le adelanté. 600, 500, 400 metros…y algo rompió. Suelo. Frío. Todo pasó tan rápido… Casi sin aire y apoyado a él entramos a meta los dos juntos. Esto es el atletismo, me dijo sonriente.
186. LIBERTAD
CRISTINA BOTELLO MARTÍN
Hice algo que no estuvo bien, que estuvo muy mal, y ahora lo pago en Topas, con ochocientos huéspedes más. Si no fuera por los recuerdos, todos los días serían iguales, la celda, la comida, el taller de confección, el patio.
Hago deporte, pero no como antes, y, por primera vez en veinte años, no voy a correr la Sansil; aunque ya me dijo el Boni que este año la carrera sería virtual.
“¿Cómo virtual? –le pregunté–. ¿Se corre ahora a través de una pantalla”, y el Boni me lo explicó y, aunque no lo entendí del todo, me pareció bien. “Tú tranquilo –dijo–, que no te va a faltar tu dorsal”.
Sobre el colchón de la celda, hoy, 27 de diciembre, sigo mis huellas sobre la nieve y avanzo por la carretera, al sur, siempre hacia el sur, hasta que llego a Salamanca y grito ¡libertad!
187. Anhelo
Athenea Domador
Cincuenta y cuatro domingos, para un corredor salmantino el último es el más deseado. Desde hace casi cuatro décadas, un rayo atraviesa los cuerpos de cientos de corredores al competir en la San Silvestre Salmantina.
Durante el año se dejan sangre, sudor y lágrimas, el pecho abierto y la mirada en la línea de meta, mientras moldean y preparan sus cuerpos para la gran carrera. Cuando al fin llega el momento anhelado, se eriza la piel, el corazón se agita, las emociones se cruzan y escasea el oxígeno; la deportividad y el honor corren por sus venas. Parece que no hay cosa más importante y emocionante que dejar su huella en la historia de tan flamante competición.
Aunque sus rostros estén cubiertos, los paisajes no se hacen esperar, empuñaran la victoria en el pódium 2020, sin importar raza, edad o credo, porque la divinidad de un guerrero habita en ellos.
188. La meta de Ximena.
Manuel Felipe Quintero Guerrero
Desde hacía varios años, Ximena, una joven española, conoció, por los instructores del instituto donde practicaba deportes, la San Silvestre Salamantina, que se corre por las calles de Salamanca desde 1984. Ella, como buena deportista que ha sido al practicar natación, baloncesto y, claro, atletismo, sintió gran intriga por la carrera, especialmente por la forma jocosa como la comentaban y, tras mucho sopesarlo, decidió querer participar.
No fue fácil, considerando que Ximena vive en Navarra, y su dinero escaseaba, por lo que tuvo que realizar diferentes tareas, a falta de un mes, para llegar a Salamanca. Entre estas tenía, cuidar niños, colaborar a su padre en la tienda familiar, y dar algunas clases de natación, algo que sumado significaba un gran esfuerzo, el cual, al momento de estar corriendo al fin, escuchando la emoción y el jubileo de la gente, al ritmo de “¡Ánimo, tú puedes!”, valió la pena.
189. De generación en generación
Carla Galindo Corchero
Por fechas de la San Silvestre Salamantina, mi padre ingresó por su último día de vida a causa del cáncer que le detectaron hace seis meses. Me llamó para hablar conmigo, entré triste, pero con fuerzas. Con voz pálida y airosa me dijo. -Hija cuando falte en tu vida quiero que hagas una cosa por mí-. Le observé. - ¿Qué quieres que haga papá? - Respondí llorando. -Quiero que ocupes mi puesto en la San Silvestre, como yo ocupé el puesto del abuelo durante años-. Acepté el trato con emoción. Al cabo de dos horas mi padre falleció agonizando en la. Pasó un año cuando volvió a ser la San Silvestre Salamantina. Me coloqué mi dorsal acordándome de mi padre. Cuando llegué al Paseo de San Antonio me coloqué en la salida. Antes de que dieran la salida, miré al cielo y dije con lágrimas -Esto es por ti, papá-.
190. Mi sueño
Cesar Augusto Burbano Pinchao
Este año estaba convencido de que podria hacerlo. Me había preparado con casi dos años de anticipación, saliendo todos los días a practicar el deporte que más amo, el atletismo. Pero todo cambio repentinamente, un enemigo invisible había parecido para decirme que este año tampoco podria ser, que me tenía que conformar viendo la carrera como el año pasado por televisión. No quise creerlo, y seguí entrenando como todos los días. Soy muy terco y muy disciplinado para tirar la toalla, y dejar que las circunstancias me derriben. Por eso, gracias a ese gran esfuerzo de estos años, de corazón y mente estaré en “la san silvestre salmantina” recorriendo mis 10 kilómetros en la ciudad de mi origen. Haré ese recorrido con el amor y todo el entusiasmo como si estuviera en aquel lugar a donde siempre sueño ir. Por el atletismo mi pasión, mi día a día.
191. El calendario
Carlos Lamelas Andreu
Correr bajo la lluvia es una delicia. Me quité las zapatillas empapadas y lo vi en el recibidor. Pasé las hojas hasta llegar a diciembre y rodeé con un círculo el último domingo. Mientras escribía “San Sil” debajo, pude ver corazones sonriendo, efluvios de reflex en la línea de salida asaltaron mi memoria y saboreé cafés compartidos.
Ha llegado el día y he salido a correr en solitario. El virus no va a poder usar mis piernas, ni se va a encontrar con pulmones abiertos. La melancolía me ha pasado factura y el cansancio pesa como una losa. Gotas de lluvia tintinean sobre el alfeizar, el sudor mezclado con el agua nubla parcialmente mis pupilas; en la mesa, el calendario de 2021.
192. ¡HIP HIP HURRA SAN SILVESTRE SALMANTINA SOLO HAY UNA!
¡Preparados! ¡listos! ¡yaaaa! Comienza la San Silvestre desde la línea de salida los corredores como flechas se lanzan al asfalto, unos altos otros bajos, delgados y rollizos mujeres y hombres, jóvenes y edades varias, barullo de números dorsales y zapatillas de colores.
El aliento se congela, el corazón se acelera, los músculos se tensan y un cielo estrellado presagia más frio helando las gotas que de las frentes caen rostro a rostro.
En las márgenes de la calzada la algarabía se concentra jalean a los participantes, entre gritos, silbidos y cantos.
¡Que alegría! ¡que emoción!, en la distancia se vislumbra al campeón, un poco más allá los rezagados, ¡un año más tenemos celebración!.
Así fueron años pasados, el destino inesperado lleva este año a una celebración desde el latir de los corazones en la distancia, recordando San Silvestres pasadas y soñando las del mañana!.