El jurado del XIII concurso de microrrelatos San Silvestre Salmantina estuvo integrado por:
El jurado reconoció la excelente participación en esta XIII edición, en que no solo se mantiene la tendencia al alza de los relatos presentados cada año, sino que su número se ha incrementado de manera extraordinaria pasando de los 369 relatos de 2024, a los 611 de esta edición.
Otro aspecto significativo fue lo ajustado de las votaciones pues, en los puestos con derecho a premio en metálico, se produjo un triple empate entre los votos obtenidos y el número de jueces que los votaron, que tuvo que resolverse por el voto de calidad del profesor Escandell, presidente del jurado. Una muestra más de la igualdad en los relatos más valorados es el texto que merece la mención especial, que no consiguió entrar en el podio final por un solo voto de diferencia.
Se indican a continuación, los relatos destacados y la relación de otros que también obtuvieron votos del jurado. Su publicación en la revista, como se establece en las bases, queda condicionada al espacio disponible y que en esta edición se realizará exclusivamente en formato digital.
Primer premio
El hombre, casi anciano, alza los brazos. Está a punto de ganar la San Silvestre salmantina, pero justo en ese instante su propia sombra le abandona, toma unos metros de ventaja y atraviesa la meta en primera posición. El hombre, desconcertado, frena en seco. Los jueces murmuran. Por el público se extiende un silencio sepulcral, sólo roto por los gritos de una mujer. -Te lo advertí. Esto te pasa por no asumir tu edad. A quién se le ocurre ponerse a hacer carreritas, como si tuvieras veinte años. Venga, para casa – le dice, arrastrándolo por el dorsal. El hombre llora. El público ríe. La sombra reclama su medalla ante las miradas recelosas del resto de corredores. Yo, desde mi ventana, observo la escena, pienso en que, por fin, mi venganza es inminente y afilo con mucho, mucho cuidado, mi garfio.
Segundo premio
Como cada año, desde su posición elevada, el verraco de piedra espera a los participantes de la San Silvestre salmantina. Ojalá pudiera él arrancar a correr con ellos, piensa, llenarse los pulmones de aire y trotar hasta caer rendido. Embravecido, se dice a sí mismo que la roca desgastada por los siglos que es su cuerpo no será a la vez su lápida y en cuanto aparecen los primeros corredores él, que poco sabe de leyes naturales pero mucho de terquedades, se libera de su quietud, salta del pedestal y como uno más enfila hacia el puente romano. Desde entonces corre a sus anchas por toda la ciudad. Los residentes, acostumbrados ya a su presencia, le han puesto chip y GPS, para no extraviarlo. Puedes seguirle los pasos en su cuenta de Instagram.
Tercer premio
La noche de antes siempre ceno ligero, me acuesto temprano pero duermo mal y poco. Confisco el chupete del niño, mi mejor amuleto, se pasa la noche llorando pero es un mal necesario, lavo las zapatillas, no así los calcetines, me corto las uñas, meto el dorsal debajo de la almohada, dejo preparada la playlist de las canciones épicas, imagino el recorrido memorizado, planifico la estrategia con minuciosidad, cuento ovejitas maratonianas, rezo a San Silvestre un padrenuestro contrarreloj y sueño que arcángeles corredores me llevan en volandas. A la mañana siguiente me levanto temprano, me doy una ducha templada, desayuno despacio y luego medito, saludo al sol y a mi mujer y a mis hijos, me visto, me ato las zapatillas con primorosa lazada, hago estiramientos y caliento antes de entrar en mi habitación. Me siento delante del ordenador y siempre con la mano izquierda empiezo a escribir el microrrelato.
MENCIÓN ESPECIAL DEL JURADO
He ganado la San Silvestre salmantina, le pese a quien le pese, pero no han querido darme la medalla. Resulta muy frustrante ser el más rápido y ver cómo entregan los premios a otros corredores mucho más lentos que yo. Es una injusticia. Por fin veo aparecer a Jorge. Entrenamos juntos todos los días, pero le he sacado casi treinta minutos de ventaja. Se acerca a mí jadeando con el ceño fruncido. En lugar de felicitarme, me dice: “Pero qué mal te has portado, Toby”. Y después encaja la correa en mi collar. Cabizbajos, regresamos a casa mientras fantaseo con la posibilidad de poner una queja para que organicen una San Silvestre canina.
luis uriarte montero
Cuando corría la San Silvestre me encontré mal, el clima era cálido para la época del año, sudaba antes de correr y al comienzo me desmayé, me llevaron ante un médico de
la carrera, me tomó la tensión y cuando me iba a dar el resultado, me contó que estando en un hospital en urgencias, llegó un niño muy grave, había sido atropellado por un coche el 31 de diciembre, de sus ojos cerrados cayeron unas lágrimas y murió; por fortuna, me recuperé y no dejé de pensar en la historia contada toda la noche.
Sergio de Dios González
La memoria es frágil, lo que no impide que sea capaz de mantener perennes recuerdos que el asfalto rechaza. La memoria es coqueta, porque recupera mejor aquello que nos hace guapos. La memoria falla, como lo hacen los músculos de aquellos que ese día se tienen que quedar en tierra. Dentro de la memoria hay muchas memorias, igual que dentro de una carrera hay muchas carreras. La que se prepara, la que se sueña, la que vemos cuando cerramos los ojos, y también la que grabamos en nuestra memoria.
Omar Rosa González
MARATONISTA
Se acercaban los juegos estudiantiles, para prepararnos, cada día, recorríamos seis kilómetros o más por aquellos naranjales y después a jugar baloncesto. Estábamos en forma.
Llegó el momento de la competencia, ya en la pista donde correríamos los 800 metros, observé los competidores: había un negrito flaco y descomido, otro de la edad de mi tío abuelo, una pareja que parecían dos tortolitos, también estaba un gordo bastante pasado de peso para esta especialidad. Al menos a este le gano, pensé. Comenzó la carrera y fue como cuando vas en un avión, parece que no te mueves. No me movía, los demás sí. Los vi pasar por mi lado uno a uno. Entraron a la meta casi un minuto antes que yo. La premiación fue así:
• Cuarto lugar: el abuelo de las pistas,
• Tercer lugar compartido: tortolitos,
• Segundo lugar: negrito descomido,
• Primer lugar: Gordo.
Gonzalo Prieto Barrera
Sorprendido por un fuerte sismo, sereno y sin inmutarse pereció más llegando al cielo, feliz le enteró a su progenitora del resto de sus logros terrenales que con su repentina muerte ella no participó. -...madre también fui doctor, presidente, fundador, filántropo, misionero, quiromántico, sabio, sanador, mago, pacifista, conde, rey, poeta, astronauta, marinero, nobiliario, religioso...
-¿Sabes qué hijo? - Replicó su madre. - Te faltó hacer lo más importante...
-¿Qué madre?
-Correr.
JAVIER VÁZQUEZ
Hay atletismo desde la antigüedad. Una vez, los atletas no rompieron ninguna marca de la competencia anterior. Los comentaristas lo atribuyeron a la mala preparación, al clima, o a la falta de concentración.
Los deportistas se frustraron. Acordaron que, para la siguiente competencia, no se esforzarían tanto. Si no habían logrado nada entrenando tan duro, no tenían sentido volver a intentarlo.
Peor todavía, las marcas bajaron.
La posterior competencia fue un desastre. Los corredores pesaban veinte, y hasta treinta kilos más. Muchos no asistieron. Los comentaristas guardaron silencio. Los sponsors desaparecieron.
Sin dinero, ni comentaristas, ni premios; los juegos fueron reemplazados.
Ahora, los jugadores comandan una computadora, y compiten con rivales a distancia.
Siempre hay nuevos records, más sponsors, y mejor preparación.
Hay campeones millonarios reconocidos en el mundo.
Los juegos de atletismo con el cuerpo son historia.
Esperanza Tirado Jiménez
Me miran de reojo, me sonríen, cada vez que paso me hacen una señal nueva. Ayer con los cordones formaron corazoncitos para hacerme caer entre sus coloridas redes. Confieso que me gustan. Mucho. Y ellas, pícaras, que lo saben, siguen poniéndome ojitos.
Pero las que tengo son tan buenas. Aunque no hayamos ganado nada, me cuesta decirles adiós. Son viejas, pero cómodas. Hemos corrido mil y una veces estas calles, el paseo del río, la Plaza Mayor... Un año casi descubrieron la rana en la fachada de la Universidad; pero les metí prisa, porque nos adelantaban y perdíamos posiciones.
Ya sea de día, de noche, con frío, calor o diluviando, ellas forman parte de mí caminar.
Algún día cambiaré mis viejas zapatillas. Pero en la carrera de este año no cederé a la tentación por unos colores llamativos y un diseño sostenible y ergonómico. Ellas dos aún me equilibran.
ANA BELEN BELTRAN CAMACHO
Infinita. Eso me parece esta fría noche de invierno. Cojo aire y respiro. El frescor del ambiente se penetra en mis pulmones y con una bocanada de aliento se adentra en mí. Percibo un calor poco común, una voz próxima que retumba como un estallido de potente cañón; me dice que abra los ojos, que debo despertar.
De repente, una silueta me observa de cerca, me roza y hasta puedo sentir su olor. Todo está borroso, me pregunto cómo he llegado hasta aquí, quién es, qué hago con esta ropa puesta, qué hay detrás de todo esto... Pero, hay alguien más. Una voz masculina, infinita, intermitente, diseñada para estar presente a la par que invisible; acompañada de unos brazos que me envuelven, me levantan y me conducen al final del pasillo. Consigo abrir los ojos y, entre sollozos, me exalto y resurjo.
Infinita, esa manera en la que todo comienza.
Sara Lena Jiménez Tenorio
¡Empezó la carrera! «Concentración y estrategia», repetía en mi mente. Mis músculos se pusieron en acción rápidamente. Fui la primera en salir y sentí la victoria prematura en mis manos. «Todos anhelamos el primer lugar, pero solo uno lo conseguirá».
«¡Guarda lo mejor para el final!» Continué aconsejándome. He entrenado por años y finalmente he llegado a la carrera de San Silvestre Salmantina. Cada mañana me he levantado más temprano que el sol para apoderarme de la pista. Nadie ha hecho una rutina más exhaustiva que yo.
Me aproximé a la meta ante la mirada de mi familia. Di mi máximo esfuerzo, sorpresivamente, mis piernas se agarrotaron a pocos metros del final. Todo cambió después de enfermar de Covid, tuve que volver a empezar desde cero. Hoy la victoria será más humilde, pero no habrá perdedores. Llegar a la meta me sabrá a triunfo.
MARÍA DOLORES MARTÍNEZ GEA
Cada final es el comienzo de una nueva historia, porque el destino entrelaza los caminos con hilos invisibles. En plena San Silvestre, un encuentro cambiaría la vida de esta chica al tropezar con un hombre ofreciéndole su mirada por unos segundos.
Ha pasado mucho tiempo. Ahora aquella mujer le prepara la maleta a su hija para dirigirse a realizar la carrera popular que tanto le apasiona. Colocando la ropa, recuerda la pluma que encontró dentro de su propio equipaje y que siempre conservó. Se la entrega, es exactamente igual a la que un día le regaló su padre.
Al marcharse de Salamanca, alguien la sujeta, ahora es ella la que acaba de tropezar con una persona.
DAVID VILLAR CEMBELLÍN
Los corredores pasaron el Paseo de San Antonio y se adentraron en el Bulevar de San Francisco. Las calles estaban tachonadas de piezas de Lego, pero a nadie pareció sorprenderles. Dejando atrás Paraguay, pronto llegaron al Paseo del Rollo y de ahí a la Plaza de San Antonio. ¿Esa rotonda siempre había sido un hula-hop? Sin tiempo para reflexionar sobre ello, los corredores prosiguieron ascendiendo las calles. ¡Qué bonita lucía Salamanca en esa época del año con sus gominolas y sus nubes de azúcar! ¡Y con qué algarabía animaban los peluches! Sin aliento, los corredores de Playmobil casi podían divisar la meta cuando llegó Pikachu y les adelantó como un relámpago fugaz. ¡Zum!
Sobre la alfombra ganaba quien quería él, terminó el niño su sansilvestre particular. Faltaría más.
David Barrueco Robles
Y cuando el despertador sonó, ya sabía todo lo que tenía que hacer. Lo había soñado una y mil veces. Se puso las zapatillas, cogió el dorsal y empezó a correr por las calles de Salamanca, pero, lo que no pudo imaginar nunca, es cruzar la meta de aquella manera.
Daniel jurado conejo
Cada vez somos más presos de esta efímera vida que nos consume vorazmente por los problemas que ella nos trae desde antaño, pero por muy duro que la vida arremeta siempre hay momentos en los que un rayo de luz nos ilumina atravesando la inmensa oscuridad que nos envuelve. Esa luz se llama Libertad, y no hay mayor sensación de Libertad que correr sin rumbo fijo, el atleta que corre por la pista en círculos sabiendo que volverá a punto de partida lo hace sin importar el resultado de su destino porque lo que le importa es el disfrute del camino, de la experiencia y de que cada paso que da, es un paso que decide, cada paso es su acto de Libertad
Alejandro Emilio Ramírez Ravelo
Hace más de cuatro kilómetros que me falta saliva. No importa cuántos pomos de agua arrebate desesperadamente de los puntos de hidratación. Dos segundos después de deshacerme del plástico regresa la resequez a mi boca y la necesidad apremiante de agua. Mi vista está nublada y me pesan las piernas de una manera inédita... No recuerdo cuándo dejé de disfrutar las vistas de Salamanca... Ahora sólo recuerdo los cientos de horas de entrenamiento y la ilusión tremenda de poder ganar la carrera y convertirme en un héroe para mi familia, para mi pueblo... ¿Y ese corredor?... ¡No puedo permitirlo! ¡Aprieta hombre! ¡No dejaré que me superes!... Es vano mi esfuerzo... No puedo con él... ¿Qué pasa? ¿Y ese estruendo? ¿Son aplausos?... Sí, ¡son aplausos!... ¿La meta?...¿Por qué me detienen? ¡Déjenme, por favor!... Ah, ¿llegué?... ¿Llegué en segundo lugar?... No estaría mal......¿Entre los últimos?... ¿Por quién aplauden tantas personas?.
Alejandro Emilio Ramírez Ravelo
Hace más de cuatro kilómetros que me falta saliva. No importa cuántos pomos de agua arrebate desesperadamente de los puntos de hidratación. Dos segundos después de deshacerme del plástico regresa la sequedad a mi boca y la necesidad apremiante de líquidos. Mi vista está nublada y me pesan las piernas de una manera inédita... No recuerdo cuándo dejé de disfrutar las vistas de Salamanca... Ahora sólo recuerdo los cientos de horas de entrenamiento y la ilusión tremenda de poder ganar la carrera y convertirme en un héroe para mi familia, para mi pueblo... ¿Y ese corredor?... ¡No puedo permitirlo! ¡Aprieta hombre! ¡No dejaré que me superes!... Es vano mi esfuerzo... No puedo con él... ¿Qué pasa? ¿Y ese estruendo? ¿Son aplausos?... Sí, ¡son aplausos!... ¿La meta?...¿Por qué me detienen? ¡Déjenme, por favor!... Ah, ¿llegué?... ¿Llegué en segundo lugar?... No estaría mal......¿Entre los últimos?... ¿Por quién aplauden tantas personas?.
Javier Del Val Gómez
Correr
Desconozco la San Silvestre salmantina. Antaño participaba en carreras. Hoy por mi condición de Cuidador no profesional y mi hartazo de pagar dorsales, me dedico a correr mi distancia (maratón) en maratones que yo solo los corro (nadie me quiere acompañar) y que yo Organizo. Siempre los gano.
Pero puedo escribir sobre los buenos valores que me ha dado el correr y sobre todo la buena disposición de como me tomo la vida y la vivo. A esto añadiría el buen sentido del humor y el buen rollo que tengo entre mis amigos corredores. La gran mayoría son de maratón y ultrafondo. No conozco esto último y pienso que hay coches.
Corrí un maratón a 15 km de Zurich. Empieza justamente en la última campanada del año. Estuvieron dos horas tirando cohetes y petardos por ahí en Suiza. Me comí las uvas a las 5 de la mañana.
MARCOS PÉREZ BARREIRO
El día de San Esteban me crucé con un fraile dominico, lo cual, revivió mi pasión por alcanzar la meta de una ciudad. Aquella que, estaba situada lejos de mí, pero que pronto sería el logro de mi vida. Porque había llegado a Salamanca desde las postrimerías de una ciudad que no me decía nada. Ni tan siquiera las virtudes de sus múltiples defectos. Es decir, había llegado a Salamanca con la sana intención de limpiar un nombre gracias a la labor de su carrera anual.
Así, sin detenerme a realizar vagas reflexiones de encuentros casuales, empapé el sudor interno de la pasión y, comencé a entrenar. Nada ni nadie me importunaba, todo lo contrario, la afinidad compartida era tal que todo parecía indicar que, por una vez, al final, iba a conseguir participar en una carrera en la que, mi pequeña intervención, sería mi remisión absoluta.
Sofía Sánchez Moreno
Mil pulmones quemaban, notaba la boca seca y rígida. Tenía la cara fría como el hielo, áspera y dura. Mis piernas empezaban a quejarse, ardiendo por el esfuerzo. Con ese característico cosquilleo que recorre tus extremidades, como una ventisca de dolor que inunda cada músculo de tu cuerpo. Pero que soportas, porque es lo que tienes que hacer. Porque es lo que quieres hacer.
Reconozco que estos últimos meses no he preparado mi físico para la carrera, pero igualmente quería participar. Ya son 10 años los que no he fallado a la cita, acompañado por mi padre y mi hermana. Miraba a mi alrededor y veía la ilusión en el rostro de los participantes, dando lo mejor de sí para llegar a la meta victoriosos. Miré a mi hermana, con el disfraz de Blancanieves que siempre atesoraba para este día. Reí, tomé aire y corrí.
Isaac Courel Valcarce
Yo, la verdad, quería ganar. Me sentía preparado. Había entrenado duro varios meses: cuando acababa mi trabajo en el taller, pasaba por casa, me ponía el chándal e iba por la vereda del río hasta Huerta Otea o hasta la Aldehuela. Pim pam, pim pam. Buenos tiempos, buenas sensaciones.
Llegó el día de la carrera y salí con fuerza. Al cruzar la Plaza Mayor iba en el grupeto de cabeza y unos guiris que tomaban café en la terraza del Novelty nos aplaudieron. Pero al paso por Libreros elevé la mirada y la visión de la rana sobre la calavera me dio mal fario. El Puente Romano se me hizo interminable; me descolgué de los más rápidos y enseguida me empezaron a adelantar los seniors, los niños, las señoras que iban de charleta y se habían inscrito sólo por aportar a la causa. Intenté al menos acabar: no fue posible.
ISABEL GARCÍA VIÑAO
Después de haber entrenado durante todo el año, un golpe fuerte de los que da la vida cuando menos lo esperas deja a mi amigo rendido, sin ánimo, sin espíritu de competir en la salmantina. La fortaleza de su cabeza es la que siempre ha dado fuerza a sus piernas en las pruebas deportivas. ¿Y, ahora, con el dorsal puesto, con el revés de desamor que ha recibido, qué?
Comienza la carrera. Repite: Por ti. Sus zancadas son rápidas y largas.
Le embarga el desánimo. Pronuncia: Por ti. Aligera su carrera y en cada paso parece que vuela.
Los pensamientos lo agobian. Manifiesta: Por ti. Suelta sudor y lágrimas.
La aflicción se instala con sus reflexiones. Grita: Por ti.
Ve la meta y nadie a su lado. Se siente perdido en los laberintos que crean sus zozobras.
Levanta los brazos. Su victoria son los abrazos de su amada.
María Jesús Sota Ortiz de Guinea
Ghosting
Me vine arriba y le dije que sí: que iría con ella a la San Silvestre. Hubiera hecho lo que fuera por una cita con Lola.
Fue así como cambié mis tardes de sofá por duros entrenamientos, de más de dos horas diarias, por plazas. parques y avenidas. Las mallas de colores, las camisetas de propaganda y un par de zapatillas de última generación, se convirtieron en mi fondo de armario.
Y llegó el gran día: Salamanca se mostraba espléndida, preparada para cobijar bajo su manto lluvioso a cientos de alientos y dorsales, dispuestos a llegar a la meta. La aguardé impaciente pero Lola no apareció, y empecé la carrera sin ella. Atravesé con nostalgia las calles de mi infancia, los parques de mis juegos y, con el corazón a mil, llegué hasta la meta entre aplausos de gente desconocida que me reconfortaron el alma. Pero Lola no apareció.
María varea Varea
DICEN QUE NO PODEMOS
Quiero enseñarte desde antes de que puedas ver cómo se puede disfrutar de la vida con los tuyos. La sansil ha sido siempre nuestra tradición, y será también la tuya si la descubres. Más de uno me ha llamado loca por apuntarme este año. Nuestro médico me animó a hacerlo con una sonrisa emocionada en la cara. Vamos a correr esta carrera con la familia, cómo cada año, ganemos o no, disfrutar es lo que cuenta. Sentirás emociones y sensaciones extrañas pero todas son buenas y te llegará, a través de mi, felicidad. Eso siento cada vez que participo en ella. Hoy compartiremos esto. Hoy corremos juntos, cómo espero hacerlo el resto de la vida. Lo dedicaremos a esos que dicen que no podemos.
Angel Saiz Mora
Durante todo el recorrido urbano fue acompañada por aplausos y voces que repetían su nombre. Ella se emocionaba, pese a estar habituada a ser el centro de atención en las pasarelas de moda.
Eligió la San Silvestre Salmantina para formalizar un giro existencial. Hasta ese momento había ocultado, por vergüenza, la piel de sus esbeltas extremidades inferiores, herramienta fundamental en su oficio, con vestidos largos o medias oscuras.
Las mallas cortas revelaron un lunar enorme bajo su rodilla izquierda. Varias hormigas, rotuladas con gracia y habilidad, parecían acercarse a esa mancha, que semejaba la entrada a su nido. Entrevistada en el Paseo de San Antonio, dijo que aprendió a dibujar en la Universidad de Salamanca, donde se había graduado en Bellas Artes.
Por aceptar sus imperfecciones, amor a la ciudad y al deporte, nadie discutió su elección como musa de la carrera.
Estefanía Jiménez Hernández
Tras toda una vida en una carrera, ha llegado el momento de acabarla.
Recuerdo cuando empecé a dar los primeros pasos en la escuela.
Unos años después comencé a salir a correr. Seguidamente participé en la San Silvestre Salmantina. No me gustaba competir, pero ver a tantas personas haciendo deporte era algo que me fascinaba.
Llevo corriendo la carrera desde los diez hasta los cincuenta y cinco años. Con el paso de los años me fui deteriorando hasta llegar a este preciso momento en el que mi vida dependía de una máquina. Ahora observo desde la ventana de mi casa, en el Paseo de San Antonio, como la gente va llegando a la meta.
Yo también estoy apunto de llegar a la meta de mi propia carrera. No sé si ganaré, pero no me importa. Porque lo importante no es ganar, sino llegar al final estando satisfecho con uno mismo.
Daniel Altschuler
Nos encontrábamos junto con otros cuerpos sudorosos, empujándonos unos a otros. Ya habíamos calentado y no podíamos dejar de movernos, parecíamos como uno de esos toros de lidia justo antes de entrar a la plaza. La carrera empezó y a medida que la multitud disminuía, empezamos a correr más rápido. Ella corría a mi lado, como debe ser, fue ella quien me había metido en este lío. Unos segundos yo la dejaba atrás, luego ella mí. Era la primera vez que corríamos sin nuestros siempre presentes seguidores, por lo que nos vimos obligadas a correr por las calles sin ninguna mirada de adoración que nos empujara hacia adelante. Hoy corríamos por el placer de terminar, por tenernos la una a la otra. Nunca estaba claro quién cruzaría primero la línea de meta.
Si lo piensas, nadie piensa que correr se puede hacer en equipo. Mis zapatillas me dieron la lección.
IVAN HUMANES BESPÍN
Nuestra familia reparte las palabras de ánimo en la Sansil. Nos levantamos temprano para dejar en cada rincón de las calles alientos de apoyo, aplausos de reconocimiento, la motivación de los más pequeños. Y cuando el Paseo de San Antonio tiembla al salir los corredores, esa semillas brotan de las aceras. Las palabras suben por el cuerpo de los asistentes, las palmas se instalan en las manos y las bocas gritan. En la Glorieta de la Charrería, pulgares al aire. En el Paseo del Rollo, las sonrisas. Y los corredores a lo suyo: la fantasía de Salamanca en sus piernas imparables. Todos ganan. Nosotros los vemos desde nuestro balcón del Paseo y lloramos de felicidad. Cuando la carrera acaba, volvemos a las calles. A recoger las semillas que plantamos. Pero siempre prefieren quedarse bien agarraditas en el alma de los corredores. Por eso nuestra labor nunca se acaba.
Jesús Francés Dueñas
La noche de antes siempre ceno ligero, me acuesto temprano pero duermo mal y poco. Confisco el chupete del niño, mi mejor amuleto, se pasa la noche llorando pero es un mal necesario, lavo las zapatillas, no así los calcetines, me corto las uñas, meto el dorsal debajo de la almohada, dejo preparada la playlist de las canciones épicas, imagino el recorrido memorizado, planifico la estrategia con minuciosidad, cuento ovejitas maratonianas, rezo a San Silvestre un padrenuestro contrarreloj y sueño que arcángeles corredores me llevan en volandas. A la mañana siguiente me levanto temprano, me doy una ducha templada, desayuno despacio y luego medito, saludo al sol y a mi mujer y a mis hijos, me visto, me ato las zapatillas con primorosa lazada, hago estiramientos y caliento antes de entrar en mi habitación. Me siento delante del ordenador y siempre con la mano izquierda empiezo a escribir el microrrelato.
Jorge Aranzábal Fernández
Ya veo el final. Estoy exhausto, sin embargo, los aplausos del público me impulsan a continuar. Los gritos de la muchedumbre estallan. Mi cuerpo libera endorfinas a la vez que mi agotado rostro se torna sonriente y eufórico. Tengo los pelos de punta. Me siento como Filípides llegando a Esparta para anunciar la victoria helena.
Hernando Striedinger Cepeda
Jorge llegaba superar lesiones. Nadie ofrecería un céntimo por su triunfo. Además su salida no sería ideal.
La meta aun distaba.
A media marcha apurando el paso despuntó del lote.
¡Remontó posiciones!.
Adelante corrían peligrosos adversarios.
El Etíope famoso agarraba ventajas.
¡Ello jamás bajó sus ánimos!.
Sus postreros entrenamientos los efectuó junto su pareja. De hecho pegada a la última bandera: ¡esperaba ansiosa!.
Quien iba al frente suyo se fundiría.
¡Quedaban cinco!.
Pronto algún africano volteó. Mientras devoraba envidias lo superó.
Otro sufriendo esguinces rodó.
Ahora estaba entre los tres primeros.
Alcanzó a sollozar feliz tras igualar otro más.
Obstante el célebre moreno ganaba terreno. Frunciendo burlón sus abultados labios ... osó observarle encima del hombro.
Jorge con la respiración volada mentalmente imaginaría se hallaban al par.
Así desplegando gigantescos esfuerzos lo haría realidad.
¡Marta ruidosamente... aplaudía aquello apoteósico sucedía!.
Isabel Martínez Ruiz
Llega diciembre. Llega el frío. Llega la Navidad. Llega la vuelta a casa.
Hace ya 20 años que salí de mi ciudad, pero siempre regreso en estas fechas.
Vuelta a Salamanca. Vuelta a mi casa de la infancia. Vuelta a correr por las calles donde me inicié en este deporte, por las calles que me vieron crecer como deportista y como persona.
Comienzan las fiestas, comienzan los reencuentros, comienza la carrera.
Todo preparado desde la noche anterior: dorsal, zapatillas, ropa...auriculares no, los salmantinos somos únicos animando, quiero escuchar a la ciudad.
Disparo de salida, salida a los nervios, salida a la diversión, salida a la superación.
Y por fin, llegada a meta. Fin de la carrera, pero principio de la celebración. Reencuentros con amigos, famoso “recovery” en la Plaza Mayor, y vuelta a casa de la infancia a disfrutar de la familia.
Hasta el próximo año, San Silvestre Salmantina.
Alejandro Dario Restuccia
PREPARADOS…LISTOS….
En el kilómetro dos, su figura se perdió en la multitud anónima y comencé a correr de manera inusitada, con vitalidad sin límites.
Uno a uno, diez a diez, fui rebasando atletas y un simpático alimoche al costado del camino, me miraba azorado.
No había sudor ni fatiga; apenas la incipiente taquicardia amenazante cuando el gentío encubría su anatomía del alcance de mis ojos. Bien sabía yo que aquella sudadera grabada en mis retinas, el día de la inscripción y que no pude olvidar, estaría camuflada en un arco iris multicolor disfrazado de borroso crepúsculo.
Un raudo keniata, ante mi voracidad ganadora, debió apartarse en la instancia final.
Abruptamente, alguien abrió las ventanas de la habitación y la luz prepotente me cegó, cuando mi madre me espabiló dejando el desayuno a mi lado, solo un rato antes de la largada.
Carlos Sánchez Reyes
Pistoletazo y los nervios se calman. Empiezo a correr y no miro ni el reloj. Antes me importaba la marca, el tiempo y el récord, pero desde que falleció Julián solo pienso en disfrutarlo, en volver a hacer todo aquello que nos gustaba hacer juntos. A David lo tengo detrás dándome ánimos, sabe que después del accidente todo esto lo hacemos porque estamos vivos. Siempre he llevado un ritmo mejor que él, pero está vez me deja ir a mi delante. Así que aquí vamos, dando zancadas, una, otra y otra más. Por delante cuarenta kilómetros para pensar y que mi pierna izquierda aguante todo el peso. La derecha ya no me dolerá más.
Ramón Ferreres Castell
En cuanto se da la salida, pongo pies en polvorosa. No va a llegar a mi altura, llevo semanas preparándome. Giro la cabeza a la derecha y observo con tranquilidad que hay una distancia considerable. Consigo mantenerla hasta el ecuador de la carrera, cuando mis piernas comienzan a flaquear. Le pido fuerzas a San Silvestre, parece escuchar mis súplicas; pero, a falta de trescientos metros, mi respiración pierde fuelle. Será la ansiedad de que se acerque, no quiero hacer el ridículo ante Salamanca entera. Por suerte, consigo llegar antes, ¡y primero! Al poco llega mamá, exhausta, cargada con un botiquín, tres botellines, mi toalla... No sé si estoy más contento por ganar o por haber evitado su exagerada asistencia en carrera. Como me ha prometido que el año próximo dejará de correr junto a las vallas del recorrido, le permito que me dé un beso, delante de todos.
PASCUAL MARTÍN RUIZ
El abuelo Berna
Año tras año corro mi Sansil, más pendiente del paso por el Puente Romano que del puesto que logre alcanzar en la clasificación.
A mitad del puente el abuelo Berna, con sus ochenta años a cuestas y de la mano la bolsita del súper, estará esperando la llegada de su nieta preferida, servidora. Echará a correr apenas verme; lo alcanzaré pronto y ahí habré de bajar el ritmo. Saliendo del puente me ofrecerá la rodajita de chorizo como siempre «…para el camino, anda, no seas tonta». Se la rechazaré. Un beso y adiós. Continúo mi carrera mientras él se queda allí, recordando feliz los tiempos idos.
Cualquiera sabe las veces que habrá cruzado por el puente a la carrera, cuando joven. Y no con una ligera bolsa de plástico, sino con un saco al hombro. Le sigue haciendo ilusión aunque ya no haya fielato. Ni consumeros a los que sortear.
JOSÉ MARÍA RAMOS SANTOS
Ese día era la primera vez que Ulises se calzaba unas deportivas; nunca había practicado deporte, aunque todos pensaban que con ese nombre su destino debía de ser recorrer mundos, y para eso resultaban imprescindibles unas buenas piernas. Sólo su madre, que además de madre era sabia, decía que era mejor no tentar a la suerte, y que Ulises sólo hubo uno y su hijo no podía llegarle a auténtico Ulises ni a la altura del zancajo, todo lo más sería una burda imitación del auténtico héroe griego. Pero Ulises se empeñó en su proyecto: Volaría y demostraría a todos que su nombre reverdecería viejos laureles, los del Ulises mítico. Sonó el silbato y nuestro Ulises salió raudo, pero apenas dio unos pasos, trastabilló y cayó al suelo, con tan mala fortuna que se fracturó el menisco. Ahí terminó la breve carrera en el atletismo de nuestro bravo Ulises.
Alfonso Cabello Herencia
La noche anterior fue estresante, quizás no la mejor manera de prepararse antes de una carrera exigente, la ambulancia trajo varios heridos por un accidente múltiple en carretera. Era el médico de guardia y lo dio todo por los maltrechos pacientes. Ahora también lo daba todo, era mitad de recorrido e intentaba sacar fuerzas de flaqueza, esa parte en que recuperas fuerzas o terminas tirando la toalla. Se fijó en un atleta que llevaba por delante, su ritmo era bueno e intentaba seguir su estela, como si de una liebre se tratase. Durante un tiempo la cosa iba bien, pero en algún momento, ese corredor comenzó a tener problemas, corría en zigzag y acabó cayendo a la calzada. En ese momento, la carrera fue otra, el atleta era un actor secundario a lomos del médico. Le atendió rápidamente, primeros auxilios, llamó la ambulancia y ya no importaba otra cosa.
Paula Ramos Cantera
Lo tenía todo para ser una gran campeona, “la campeona más joven de la historia”, decía la prensa deportiva. Desde pequeña había competido en grandes eventos; siempre en cabeza de todas las pruebas. “Le viene de familia” decían todos con orgullo. Pero todavía tenía su gran reto, la San Silvestre. Ese día amaneció nublado, lo que ya era un mal presagio. Alba siempre había estado muy atenta a esas señales de la Naturaleza. Llegó temprano a la salida, de las primeras, muy concentrada. Los que estuvieron con ella atestiguan que su presencia imponía respeto, “seguro que no tiene rivales” pensaron todos. Poco a poco la calle se fue llenando de participantes. Y sonó el disparo. Fue un momento mágico que escucharon todos los presentes. La marea humana salió como una exhalación. Después de unos minutos se hizo el silencio, y sobre el asfalto sólo permanecía Alba, inmóvil, parecía una estatua.
Maria Dolores Belmonte Flores
Hace frío pero no lo noto, lo sentía hace un rato cuando salimos todos juntos en un rebaño deseoso de expandirse, de buscar libertad como los hijos cuando crecen. Salimos corriendo hacia la meta para ganar y así saborear el triunfo y la recompensa del esfuerzo. La temperatura de mis músculos ,que intentan huir de la neblina que acompaña la San Silvestre salmantina, me ayuda a acercarme a la llegada deseoso de abrazarme a la muchedumbre que nos aguarda, pero el dorsal 00567 aparece extraordinariamente de la nada y se acomoda delante mío en el último segundo. Atravieso la meta con la mirada perdida en la inercia y entonces, me invade de nuevo el frío que solo aquieta el abrigo de los que me quieren y esperan pacientemente para darme el calor que me falta y convertir mi decepción en victoria. Lo he conseguido.
ALBERTO MURIEL PINA
<> Vamos a volar amiga. Hoy es un día especial; no hay muchos así. Haz que todos los salmantinos vean la sonrisa que se dibuja en mi cara de oreja a oreja. Vamos a disfrutar como nadie de esta hora de libertad, sin escalones, sin farolas en medio de la acera, sin barreras arquitectónicas de ningún tipo. Nos lo merecemos. No podemos pinchar. Ayúdame una vez más a demostrarle a mi hija que no se equivoca cuando me llama superhéroe. No tengo capa, ni escudo, ni super poderes… ni piernas. Los obstáculos no son más que una barrera que quiere frustrar mis propósitos, pero cuento con el poder de la determinación y el coraje para saltarla. En mi vida, como en el deporte, hay subidas y bajadas; triunfos y derrotas físicas y mentales. Pero hoy tengo premio; el más preciado me espera en la meta.
Jesus Arroyo Cortez
Al ritmo de mis zapatos
Lejos de toda posibilidad, Ismael no lograba detener las voces en su cerebro, una música remota hacia cortina a su inusitado esfuerzo por no detenerse; parar, no siendo una deshonra, ni para el ni para nadie, suponía una caída estrepitosa en su performance y continuidad de entrenamientos vespertinos, que junto a sus compañeros, a manera de club informal, emprendían todos los días en los campos aledaños de la universidad politécnica, eran vínculos establecidos paso a paso, años, de franca fraternidad más allá del deporte; los adelantos le continuaban sin consideración alguna, caían como mazazos en su moral sostenida por piernas que naufragaban en la obstinada trama de concluir, recobró las menguadas fuerzas en el anuncio de un Km para la meta, delirios de búsqueda en los recónditos lugares de acopio, le condujeron a la línea final con residuos nimios para levantar los brazos.
Luciano Rozo Castañeda
Él era todo un "Master" en el recorrido D, porque había conquistado el tercer lugar en esa modalidad, el torneo anterior. Pero un tercer lugar en la prestigiosa San Silvestre Salmantina no era su mayor expectativa. ¡Él ganaría la justa, contra viento y marea!
Hacía diez años competía sin interrupción. Este sano deporte le tenía en óptimas condicione físicas.
Cuando dieron la partida, todo el mundo quedó asombrado. Él más que nadie.
Había arrancado como un bólido.
Pero nadie vio lo que él sintió. En lo profundo del tríceps sural derecho, algo como un pinchazo de alfiler se dejó sentir.
No era momento de pinchazos.
En los primeros mil metros era una tromba en dos piernas. Sin embargo, finalizando los siete mil metros, el despiadado alfiler hundió los colmillos con saña entre su músculo.
Faltaban quinientos metros. El alfiler mordía furioso, inmisericorde.
Cruzó la meta gritando de dolor.
¡Era campeón!
Lázaro Marco Salvador
Hace años que corro La San Silvestre Salmantina, correr es mi pasión. No soy bueno, soy del montón, eso no importa. Soy feliz cuando corro. Conseguir terminar, mejorar, me produce una satisfacción que pocos entienden. Entreno duro.
Hoy es un día especial, trascendente; pruebo algo nuevo y me está destrozando. Me digo y repito: soy fuerte y lo conseguiré. Pero me vuelve a desmontar, a despedir, salgo por los aires. Me levanto de nuevo y vuelvo a subirme. Por muchas veces que me tire, por mucho que se encabrite, la acabaré domando.
Tengo las palmas de las manos llagadas, me duelen los brazos, pero no dejaré que me venza. Pasaré por los adoquines del Puente Romano cueste lo que cueste.
Este año correré la San Silvestre, sí o sí, montado en esta maldita silla de ruedas.
JOSÉ REINALDO POL GARCÍA
Mi abuelo era un hombre muy pulcro por eso me extraño que un día entrara en su habitación y lo encontrara calzando unas viejas zapatillas llenas de polvo . Gran contraste con su atuendo tan limpio,
Le pregunto:
” ¿Sufres síndrome de Diógenes?”
Él, sollozante , me explica:
-“Estas zapatillas son las salmantinas y, como en estos días se celebra esa carrera en esa ciudad, las tengo puestas en memoria de cuando participaba con ellas en esa grandiosa competición.”
Le comento:
-“ Muy bien, pero aguarda que te las cepille.”
Algo molesto contesta:
-¡”Nooo! En esta suciedad radica el mérito. En sus suelas y telas está el polvo de aquellas calles y mi sudor . “
Bajando el tono dice:
-“ Pido en mi última carrera llevarlas puestas.”
Cuando murió se las calzamos .Hoy participo en esa carrera sabiendo que él también corre a mi lado.
.
Juanma Velasco Centelles
La excitación me desarbola. Y el recargamiento humano del paraje. Me sobrecoge asimismo la timidez del principiante.
He preferido correr en solitario pese a la oferta de lazarillos. Cajón 3. Dorsal muchos mil.
Medio estiro. Apenas cinco minutos para el comienzo de mi primera Sansil como participante, más de una decena como espectadora. Evoco las palabras del neurólogo y sonrío.
El hormigueo, como una radiación de fondo, sigue acantonado en la pierna derecha.
A mis 34 años debuto con la pretensión de reiterarme en sucesivas ediciones, pero el destino dicta sentencias con los ojos vendados.
- Desaconsejo tu participación. No podrás terminarla – restallan ahora esas palabras en mi consciente temeroso ante la inminencia de la prueba.
Pero se equivocaba. El diagnóstico, apenas tres meses atrás, de Parkinson prematuro ha vuelto implacable mi determinación salmantina de concluir esta Sansil tan mía ya. Arrecia un disparo. Me estremezco. No interviene el frío.
Richard Marin
Y te veo correr. Estás ahí, pasando cerca de Mérida, justo donde nos conocimos. Y aguantas el cansancio. Y sigues a tu nieta, que ralentiza su paso para que puedas verla. Y Carmen y Julián, del quinto, te saludan con la sonrisa que tanto les favorece. Y ahí estaría yo. Yo contigo. Solos, aunque con todos: amistades, familia y gente aún por conocer. Y nos abrazaríamos al llegar. Tú te quejarías de las rodillas y yo haría la broma con la que te conquisté: «En Salamanca todo se aguanta». Y nos acercaríamos al restaurante Rabiot y comeríamos tu plato favorito, aunque revolviese mi estómago. Caería la noche y nos reiríamos otra vez del bueno de Tomás, incapaz de acabar la San Silvestre Salmantina otro año más, y el año pasaría y el tiempo no nos alejaría. Y, ahora, continuas con tu carrera y te veo correr, a la lejanía.
Modes Lobato Marcos
Esa mañana, cientos de truenos resquebrajaban el manto del cielo.
Pero ella, ajena al mar de electrones, corría en el parque de los Jesuitas, entrenando para la Sansil.
Y, como todos los días, mis raíces temblaban de amor por esa mujer.
Y el viento del norte, bailando un vals con mis hojas, susurraba su nombre desde la espesura.
Y así, sintiendo latidos de clorofila, llegó el 26 de diciembre.
Y al bullicio de la carrera, le siguió un silencio ensordecedor.
Y no volví a verla.
Semanas más tarde, un gorrión me trinó que, tras llegar primera a la meta, consiguió una beca deportiva y se fue a vivir a otra ciudad.
Entonces, arrasado por una galerna de pena, quise morir.
Y me sequé.
Hoy, meses después de ser talado, ya no queda savia bruta en mi interior.
Pero mis círculos concéntricos siguen derramando lágrimas de savia enamorada.
Pablo Moirón Velasco
Severiano se enfundó la bufanda al cuello, cogió su sombrero y enfiló calle abajo a ver la salida de la San Silvestre.
En ese momento, como cada año desde hacía muchos; auxiliaba su memoria con recuerdos de aquel año ochenta y cuatro, cuando él y otros trescientos ochenta y ocho participantes recorrieron las calles de Salamanca con apenas público y suscitando escaso interés.
Ahora la mayoría iban pertrechados con esas moderneces en los pies, y se veían espoleados por la ruidosa algazara del gentío.
Su atención se detuvo súbitamente en unos brazos que se movían entre un crisol de cabezas y colores; los de su hijo y nietos. Infundiéndole gran ternura este gesto, correspondió el saludo; y haciendo gala de sus costumbres, sacó del bolsillo una estampita de la Virgen de la Vega la cual besó repetidas veces, rogando mentalmente por una buena carrera quedando gozoso como unas pascuas.
Fernando Robles Arzú
Como relámpago, llega “algo fulminante”, de entre atletas, voluntarios y público, unos chispeantes ojos de lince entrecrúcense con los míos. Brillantes esmeraldas, tras una mascarilla, insinuantes y soñadores. Corremos y deseo abrazar ese divino cuerpo, escuchar tu corazón, darte mis emociones, cataratas desbordantes, mas no puedo, te acompaña él que, diligente te apoya. ¿Estás sonrojado o pálido?, corres a mí lado, como un rio de pensamientos de amar y ser amado, un juego de esgrima y la espera de la estocada en el alma, con la mirada. Quiero decir: Te amo, oír de tus labios yo también, más una lágrima emerge de la mascarilla, quisiera besar tus bellos ojos, alma de mi alma. Sudoroso, temblando, tienes fiebre, sí, Covid, te llevan al hospital, es nuestro triste adiós, sin conocernos; a la ruleta hospitalaria, calle de la incertidumbre, del brazo amoroso de él, ¿Correrás con ella, la muerte?
Seudónimo: corredor triste
CARMEN RUIZ RUIZ
“¡Herejía! ¡Herejía! ¡Dejad de perseguirlos, son cristianos!”. Un señor extravagante empujó al técnico de megafonía desposeyéndole de aquel artilugio del demonio. Ahora emitía gritos que inundaban el recorrido de la carrera. La seguridad del evento se dirigió hacia el templete con cara de pocos amigos. Vestía una sotana blanca, raída y deslavada y en su cabeza llevaba una mitra papal confeccionada con retales. La mano libre sujetaba con fuerza un bastón. ¡Devolvedme mi báculo, botarates!, gritó, mientras lo reducían. El director del siquiátrico llegó solícito. “Haga el favor de controlar a su interno. Todos los años, interrumpe la competición”, le espetó uno de los guardas. Constantino, el director, no contestó, se limitó a subirlo al coche, mientras resonaba el griterío de corredores llegando a la meta:
― ¿Seguro que no son cristianos perseguidos? ¿Seguro que me aclaman para convertirme en Santo?
―Seguro, Silvestre. Palabra de Emperador…
KENZO
Cuando sonó el disparo de salida, mis zapatillas salieron volando. Yo no. Correr descalzo no entraba dentro de mis planes. Fui tras ellas, hasta que las vi poniendo zancadillas y destrozando tobillos. ¡Qué vergüenza jugar tan sucio! -pensé. Imposible que un calzado que llevaba conmigo tres San Silvestres y cientos de entrenamientos, pisoteara a los adversarios en una carrera en la que tampoco importaba ser el más rápido. Tardé en darme cuenta de que perseguían a la única palabra que estaba en todos los pies. Ganar. A mí me venía grande. Aún así llegué el primero a la meta y tuve tiempo de observar quien llevaba mis pies dentro de sus zapatillas, con el número equivocado.
Silvia Oller Jurado
Cuando se dio la señal de salida empezó a correr Voz. A su lado, Cotilleo salió como alma que le lleva el diablo. A Rumor le dolía el tobillo pero sus amigos le hicieron correr.
La carrera discurría. Chiste corría para alcanzarlos, pero fue Refrán quien los sobrepasó a todos. Todos se quedaron atónitos. Y éste corrió en solitario gran parte de la carrera hasta la meta. Y como dice Refrán: los últimos serán los primeros.
María Isabel Vicente Díez
El tiempo era frío y una ligera niebla subía desde El Tormes cuando los corredores escucharon el disparo de salida. Todos salieron al galope para ir a encontrarse con la ciudad de la piedra franca que hoy se llenaba de fiesta. Corredores disfrazados, más joviales y relajados, sabiendo que ésta es la última del año. Aunque también hay para quien es la primera de toda su vida. Bárbara nunca se había planteado correr una carrera tan larga, todo eran excusas: “Hace frío”, “Hace demasiado calor”, “Me asfixio subiendo las cuestas”… Hasta que leyó un reportaje sobre él, montado en su silla de ruedas, inspirando a los demás para no rendirse, llevando su amor por el atletismo a todas partes. “Gracias, Vicente”, pensó Bárbara al cruzar la meta. “¡Eres grande!”
Mikel Hervas Trancho
Oido en la radio:
- Entrevistamos en exclusiva al ganador de la San Silvestre Salmantina de este año 2022: Emiliano Martín. Emiliano, ha sido una victoria épica, sobre todo teniendo en cuenta que hace una semana aún no sabías si quiera si ibas a poder participar por tener la pierna rota después de salvar a aquellos niños del terrible incendio de su orfanato. Desde luego con tu historia se podría hacer una película...
-Bueno, gracias, pero tanto como una película no lo creo, como mucho un microrrelato.
Patricia Romero López
Hay veces en las que me ato las zapatillas y sigo a mis compañeros casi por inercia, sin darme cuenta de cada movimiento que hago antes de colocarme en la posición de salida. Pero hay otras ocasiones en las que me quedo solo en el vestuario, ante mi reflejo y me viene ese golpe de realidad que me hace darme cuenta de todo lo que hay antes de salir a la pista. La constancia de cada entreno, la motivación de mi entrenador, el apoyo de mi familia, la ilusión de la victoria, la confianza de mis compañeros, todo lo que implica que yo hoy este aquí me hace sentir ganador sin haber cruzado la linea de meta.
Carmen Elena Rojas Muñoz
Suena el disparo y corro a todo pulmón, en mi mente llevo ganarme la San Silvestre Salmantina 2022, mamá siempre ha dicho que un Zeus soy, sin miedo yo vine a dejar mi sudor, aunque veo que el cielo se abrió, cayeron los dioses que buenos son, en mi mente me animo como un campeón, llegando la información a mi corazón esto me activa como un rayo veloz; la meta siempre ha sido una ilusión y llevo dos años preparando mi participación para dejar una huella, ganar experiencia y de paso satisfacción. La gente me anima que agradecido estoy, porque no me conocen y esperan en mí un triunfador.
ESTEBAN TORRES SAGRA
Soy de Salamanca, nacido y criado en el mismo centro de la ciudad. Hijo de Pedro y de María. Tercero de cuatro hermanos atletas con los que siempre rivalizo en todo. Empecé a competir con y contra ellos en las sansilvestres, con este hace diez años ya.
Como tengo una enfermedad que no me permite correr, ellos se solidarizan conmigo y nos apostamos a ver quién es el más rápido escribiendo. Cierto que nunca logré ser el primero, pero, aun así, me consideran -y me considero- ganador moral desde que en dos mil diecinueve obtuve una mención especial en el certamen de microrrelatos.
Marcos Diéguez Múgica
Tras la euforia, desazón. Superada la emoción tras triunfar en mi pasión,me vi idiota en casa, mirándome al espejo colgadas las medallas de maratón. Blanco pelo ya de canas y gris de ganas me tumbé en la cama y me dio el bajón. La presea ponía "Quijote Maratón y mi abdomen Sancho Panza. Habrá que buscar a Filipides en lontananza.
Gabriel Camero Martín
A pesar de ser consciente que el cordón de la zapatilla está desatado solo puedo seguir en busca de una avenida que tarda en aparecer. Los árboles de un parque regalan cobijo a gorriones. Corro. El sudor vence la helada y tropiezo con cartones y sirenas. Adelanto al jolgorio de una abrigada charanga, esquivo una enorme bandera y a un tipo disfrazado de Papa Noel.
Salto de una a otra esquina. Corro veloz.
Sorteo una motocicleta al cruzar una calle, trastabillándome.
Me extraña que nadie grite asustado al sentir mi correr desbocado, sobretodo cuando ya estoy tan cerca... me cuelo entre una ristra de gente y justo tras la valla aparece la silueta de Papá haciendo un grandioso esfuerzo continuado en su participación en la gran prueba salmantina. He tenido la fortuna de llegar a tiempo para soltarle unas palabras de: !Ánimo!
Yolanda Salguero González
Triunfo asegurado
A lo lejos los atletas visualizan la meta, cada vez más cansados, son menos los que se adelantan, ya no compiten para ver quien es el más veloz, “si no para ver quien es el más aguerrido, el más concentrado y el más apasionado”.
La meta les juega una mala pasada, cada minuto que pasa los aleja más de la pista, las piernas les pesan, los músculos se contraen y el cansancio se apodera del esfuerzo realizado. Corre el sudor bañando los cuerpos deshidratados, pero el coraje, la garra y la pasión que llevan los competidores de la carrera de San Silvestre Salmantina se aferran al número que los identifica como campeones.
Eso es lo que caracteriza esta carrera,
“Que todos llevan colgado el número de triunfadores”.
Coradina Garcia
Marina sintió los latidos de su corazón en las sienes. Eso solo le ocurría cuando estaba al límite o cuando tenía miedo.
Lo primero, buscar su límite, era una sensación que había descubierto hacía poco, desde que entrenaba carrera. Correr hasta que el aire le quemaba los pulmones era otro indicador de que estaba llegando al límite. Sin embargo, con cada zancada ganaba más seguridad. Cada kilómetro le daba mayor libertad. Cada meta representaba un objetivo cumplido.
Aquella mañana en Salamanca, Marina contempló con una sonrisa el colorido de la ciudad. El aire helado movía los banderines del trazado. Mientras corría la San Silvestre, disfrutó del calor del público. Al ver a su marido entre la muchedumbre supo que los latidos en las sienes ya no eran por el miedo.
CAROLINA RAMOS CANTERA
Corro porque me gusta el silencio, y la soledad que persigue mis pasos, uno a uno, sin descanso. Especialmente en invierno, cuando la nieve recién caída amortigua el golpe de la suela de las zapatillas sobre la carretera. Esos días invernales, fríos, y desangelados me levanto tan temprano como mis huesos ya envejecidos lo permiten. En esas cuestas de la Sierra de Béjar soy inalcanzable. Hoy, 26 de diciembre, estoy aquí, inmóvil, debajo de la pancarta con el rótulo “salida” en grande. ¿En qué momento pensé que mi lugar era este, entre la multitud que inundaba hace unos instantes la avenida? ¿Cómo me dejé convencer sin ninguna oposición? Todavía oigo el retumbar de miles de pies que golpean rítmicamente el asfalto de la ciudad. Son titanes que tienen una misión que cumplir en la ciudad, la unión hace la fuerza. Yo regreso a mi montaña querida.
Laura Pilato Rodríguez
La iglesia de San Benito necesitaba un tejado nuevo. El párroco pidió la colaboración de los feligreses, y, a cambio, se comprometió a ganar la San Silvestre salmantina.
El día de la carrera se plantó en la salida con su habitual sotana. Y con ella enzarzada entre las piernas, cruzó la línea de meta, dando un monumental traspié.
Ganar, no ganó, pero salió en todos los noticieros.
Mañana empiezan las obras.
JOSÉ ANTONIO LOZANO RODRÍGUEZ
SALIDA
Salta, se agacha, trota a pequeños saltos, abre los brazos, los cierra, los vuelve a abrir, mueve el cuello, aspira hinchando sus pulmones, suelta el aire despacio, lo saborea, estira las piernas, dobla las rodillas contra sus muslos, rota sus tobillos, primero uno, rápido el otro, se despoja del chándal lentamente, poco a poco, se ajusta bien el pantalón, tiene frío, levanta su cabeza, la baja, hace círculos con el cuello, abre la boca, mastica aire, es su propio vaho, se desplaza con pequeños pasos, tropieza con otro atleta, sonríe, recibe otra sonrisa, mira hacia atrás, hacia cada lado, cierra los ojos, los aprieta, los vuelve a abrir, cruza la mirada con otros, mira hacia adelante, el frío parece sitiarlo, como a los demás, se abraza a sí mismo, se concentra mirando al suelo…
Por fin se oye el disparo. Por delante, el horizonte solo.
MARÍA DEL CORO CANTERA MANCHÓN
Una y otra vez pasabas junto a mi como una exhalación. La mirada al frente, el ritmo de la pisada constante, nada parecía hacer mella en tu firme determinación, ni los gritos de los espectadores ni el tiempo frío que congelaba el aliento de los participantes. Tú, que siempre había escogido la tranquilidad como emblema de tu vida diaria, te lanzabas ahora en pos de un destino que corría más que tú. La moneda había sido lanzada al aire, y la suerte estaba echada desde el principio. En el último giro antes de llegar a la meta volviste apenas un instante la mirada, y en tus ojos alcancé a ver cómo tu vida entera pasaba fugazmente. El destino te jugaba una mala pasada, la victoria nunca estaría a tu alcance, la meta se alejaba.
Tú, mi héroe, siempre tendrás un lugar en el altar de quienes persiguen sueños inalcanzables.
Luis Angel Alburquerque Sánchez
Futuro pasado es un concepto que te lleva a iniciar la carrera desde la meta hacia la salida.
Suelta el botón de tu cronómetro, salta la línea de meta hacia atrás. Vuelve por tus zancadas, aplausos despegados, gritos de fuera para adentro, cierra el tapón de la botella del agua, te ¨des¨ tropiezas, de nuevo en la línea de salida, suelta los cordones de tus zapatillas. Y ahora, respira hondo, exhala e inhala. Mira a tu alrededor ¿lo ves? ¿tienes esa sensación, ese escalofrío, de formar parte de ello? ¿estas sonriendo? ¿sigues erguido emocionado? Piensan que eres un afortunado, pero no ven tu esfuerzo, ni tu sudor o tu sed. Ahora solo piensas en ello, en que lo lograste.
En la meta, a ese momento, algunos lo llaman déjá vu.
Ana Isabel Rodríguez Vázquez
Si mi niño quiere correr, pués yo también corro.
Corro a la cocina y dejo la masa fermentando, el lomo adobado, el jamón, el chorizo…
Luego corro a esperarlo en la meta. El pobre llega entre los últimos, pero allí estoy yo para animarlo. Después corremos juntos a casa y le sirvo una buena ración de hornazo, para reponer fuerzas. Y, por fin, me echo una última carrera hasta el sofá, y caigo rendida como si yo también hubiera corrido la San Silvestre salmantina
Maximiliano Sacristán Bullo
Claro que antes hubo una noche de ansiedad en el hotel, de obligarse a dormir para mejor descansar. Claro que antes estuvo el ataviarse para la ocasión, la entrada en calor. Claro que antes fueron los colegas, los vecinos, muchos rostros en la mañana salmantina. Claro que antes vivenciamos el entusiasmo por lo inminente: ser parte de la ceremonia.
Después el cuerpo se transforma, el corazón se acelera y la adrenalina fluye: como una procesión de feligreses ansiosos, estamos corriendo. Así se pasa la ciudad, la gente, las horas. Los músculos se metamorfosean en kilómetros. Ahora somos una sola mente, una serpentina multicolor que se derrama por el damero laberíntico de las calles.
Y ya cruzamos el Puente Romano, ya escalamos la Cuesta de Oviedo. Ya regresa el Paseo de San Antonio. Llega el resuello, la alegría por el esfuerzo recompensado. La serpentina comienza a disgregarse hasta el próximo año.
Carlos Gitrama Segovia
Cada historia tiene un por qué, y esta no es menos.
Todos tenemos una motivación, la mía era huir.
Huir de la soledad.
Huir de mis pensamientos.
Huir de mis miedos.
La verdad es que la primera vez que decidí correr, tan solo podía pensar en mantener el corazón dentro de mi pecho, algo ridículo, si, pero funcionó.
Innumerables son los motivos e incontables las historias que estos crean; aquí va una, y si tuviera una moraleja sería esta: con el tiempo todo se cura, y mientras corres, no miras atrás.
Juan Antonio Melero Jimenez
ORGULLO
Mi rodilla clavada en el empedrado que se sentía húmedo no por el relente del día invernal sino por los cientos de años de historia. Pensé, estuve apunto de caer, que poco falto, hubiera sido el culmen glorioso a ese final de año.
Escuché su voz y levante la mirada, era muy joven, me estaba tendiendo la mano para que me incorporara, la acepte con gratitud y algo de orgullo de ver como las nuevas generaciones siguen siendo un ejemplo de deportividad. En su empujón sentí el hermanamiento una vez más de aquella carrera Salmantina.
En ese momento lo tuve claro, los años que me queden seguiré participando y podré continuar sintiéndome parte del futuro.
Rubén Blanco García
—¡Oh, rayos, al fin! —profirió aquella mañana, irrumpiendo en casa y arrojando al aire, uno tras otro, sus detestables zapatos de tacón.
—¿Ya estás de vuelta? —chilló Silvestre desde la habitación.
—Tina, están a punto de llegar —le avisó prontamente mientras recogía su blazer en el ropero del vestíbulo.
—¿Quiénes? —pataleó— ¿Por qué?
Para la carrera de este año, los compañeros del Club de Atletismo y demás miembros de la comitiva habitual —familiares y amigos— habían decidido llevarla en volandas no sólo durante los 10.000 m. del recorrido “D”, sino también desde la misma puerta de su domicilio hasta el Paseo de San Antonio.
—Venga, recoge todo —le dijo apilando su pulsera, su móvil y reuniendo sus mejores zapatillas—.
Más de 7.000 corredores de todas las edades y llegados de todos los puntos, tomaron las calles de Salamanca para disfrutar de una espléndida jornada de deporte.
Su marca…
33:59.
Rafa Olivares
Hacía mucho tiempo que no practicaba deporte, pero ahora estaba decidido a participar en la San Silvestre Salmantina. No pretendía ponerse en forma, ni adelgazar, ni llevarse ningún trofeo; nada de eso, lo iba a hacer por orgullo profesional y sentido del deber, y se conformaba con llegar cerca del señor Benavides. Se preparó a conciencia. En sus horas libres, casi siempre de noche, se le podía ver haciendo series en la pista de atletismo o cogiendo fondo por la vereda del río, siempre con la mente puesta en poder soportar el ritmo del señor Benavides.
El día de la prueba, muchos corredores iban disfrazados, la mayoría de Papá Noël. Él no, tampoco llevaba vestimenta de corredor, simplemente vestía su uniforme de trabajo de todos los días. Consiguió su objetivo, en la recta de meta todos pudieron ver a un señor de frac justo detrás del famoso moroso Benavides.
Ignacio Barberán Garcia
“¡Vamos Tomás, a ganar! Papá estaría orgulloso, Mamá lo está y Carmen. ¡Voy a ganar! Soy el primer español en la final olímpica de los 100 metros, todo el país pendiente de mí ahora mismo, y millones de espectadores, ¡tengo que ganar! Llegué con la peor marca personal y la he pulverizado dos veces, ¡puedo ganar!, lo siento en mis tripas. Portada en toda la prensa, pero “Favorito para quedar último” no es justo, ese periodista se va a comer sus palabras cuando esté dando la vuelta al estadio con la bandera sobre los...”
- En sus marcas.
“Vamos Tomás, toca concentrarse. ¿Cómo era? El terapeuta, dijo tantas cosas que no recuerdo casi nada. Respirar con toda la atención puesta en el aire que entra y sale. Tenía que haber empezado antes. Sentir la tensión en cada parte de mi cuerpo empezando por los pies, gemelos…”
¡PUM!
- ¡MIERDA!
Salvador Pulido Poyal
Hacía ya tres semanas que se marchó de casa. Tras seis años de relación, el recuerdo que le quedaba de él se aferraba a su pecho en una respiración descompasada y en el abrazo insomne de la noche. Había tragado cantidades ingentes de pastillas recetadas, sin éxito. En tres semanas había hecho más amigos en la farmacia que en la Universidad. Pero no se rendía, volvería a resurgir cómo el Ave Fénix. Sabía de un antiguo remedio, lo había escuchado desde siempre y estaba dispuesta a probarlo. Así que tomó su dorsal y lo pegó en su camiseta. Aunque se sentía cansada estaba dispuesta a llegar a la meta. Sabía que no hallaría mejor terapia, al menos de momento, que correr en la San Silvestre Salmantina. Comenzó la carrera con la promesa velada de que aquella noche, finalmente conciliaría el sueño.
Omar Fernando Argüello
Se había preparado como nunca y estaba listo: un año había luchado contra las lesiones que lo habían perseguido desde la carrera anterior, en la que, por culpa de una caída, había llegado a la meta rengueando y llorando desconsoladamente.
Sabía que volvería, porque lo llevaba en la sangre: nunca había faltado desde los diez años y esta sería su trigésimo quinta carrera mezclándose entre los entusiastas corredores. Estaba seguro de que nada iba a poder impedírselo, por más que hubiera escuchado hasta el cansancio que ya no le daban ni el cuerpo ni las piernas para semejante distancia y que era una locura lo que quería hacer, después de lo que le había pasado.
Finalmente, el gran día llegó… Y sus hijos, que lo habían acompañado, se sintieron muy orgullosos cuando dejó las muletas junto a ellos y se perdió entre los corredores que esperaban la señal de partida.
José Rodríguez Pérez
¡Que grande eres gordo! Samuel volvió hacia atrás la cabeza; su corazón -ya relajado- volvía a latir con fuerza. Dani -con una amplia sonrisa- se alegraba por la buena carrera que hizo en la San Silvestre.
Cinco años atrás, no eran tan amigos. Sin poder evitarlo, llegaron a su memoria unos recuerdos de esa época; que se quedaron grabados de forma indeleble. Tampoco pudo evitar que se escaparan dos lágrimas, que resbalaron lentamente por sus mejillas. Su amigo -un niño enjuto y agresivo- no paraba de acosarle, e incluso lo insultaba, llamándole: ¡Gordo imbécil! Aunque eso formaba parte del pasado; atrás quedaron sus complejos. El deporte lo había convertido en un joven fuerte y atlético.
Se miraron durante unos segundos; en sus ojos no había el menor atisbo de rencor; sellando su amistad con un sincero y afectuoso abrazo.
José Rodríguez Pérez
¡Que grande eres gordo! Samuel volvió hacia atrás la cabeza; su corazón -ya relajado- volvía a latir con fuerza. Dani -con una amplia sonrisa- se alegraba por la buena carrera que hizo en la San Silvestre.
Cinco años atrás, no eran tan amigos. Sin poder evitarlo, llegaron a su memoria unos recuerdos de esa época; que se quedaron grabados de forma indeleble. Tampoco pudo evitar que se escaparan dos lágrimas, que resbalaron lentamente por sus mejillas. Su amigo -un niño enjuto y agresivo- no paraba de acosarle, e incluso lo insultaba, llamándole: ¡Gordo imbécil! Aunque eso formaba parte del pasado; atrás quedaron sus complejos. El deporte lo había convertido en un joven fuerte y atlético.
Se miraron durante unos segundos; en sus ojos no había el menor atisbo de rencor; sellando su amistad con un sincero y afectuoso abrazo.
Salvador Pulido Poyal
Hacía ya tres semanas que se marchó de casa. Tras seis años de relación, el recuerdo que le quedaba de él se aferraba a su pecho en una respiración descompasada y en el abrazo insomne de la noche. Había tragado cantidades ingentes de pastillas recetadas, sin éxito. En tres semanas había hecho más amigos en la farmacia que en la Universidad. Pero no se rendía, volvería a resurgir cómo el Ave Fénix. Sabía de un antiguo remedio, lo había escuchado desde siempre y estaba dispuesta a probarlo. Así que tomó su dorsal, lo pegó en su camiseta, aunque se sentía cansada estaba dispuesta a llegar a la meta. Sabía que no hallaría mejor terapia, al menos de momento, que correr en la San Silvestre salmantina. Comenzó la carrera con la promesa velada de que aquella noche, finalmente conciliaría el sueño.
Jordi Rico Jordan
-Ya nací con ese don o maldición.
Víctima de acoso por parte de mis compañeros de clase. Acostumbrada a correr, sin saber a dónde ir. Era rápida, se me daba bien huir.
Mi ilusión diaria era salir a correr con mi padre después de mis jornadas escolares. Era todo un sentir, paz, bienestar, dar un paso tras otro con firmeza, sin temor, olor a velocidad, aire en la cara, escuchar mi respiración junto a la suya, protección y libertad.
El mejor día del año es la participación en la San Silvestre de mi ciudad Salamanca.
Siento un gran ambiente, muchas voces, pasos aglutinados, ritmos alternos al respirar, olores dispersos que varían al pasar.
Ese día es muy especial para mí ya que mi madre viene con nosotros.
Yo, como es normal, en el medio junto a ellos
No puedo ver la meta, pero la siento al pasar.
Karolyn Valle Ocando
Tomo una gran bocanada de aire intentando calmar mi emoción y mis nervios, el día por fin ha llegado. El camino para llegar aquí fue arduo, sin descanso, practicando todos los días e intentar dar lo mejor de mí.
Recuerdo las prácticas, en las que intentaba superarme cada día. Recuerdo cuando el cansancio borboteaba en todo mi cuerpo, al mismo tiempo que mi fiereza resurgía más fuerte en mi espíritu.
«El deporte es lo que nos hace seres humanos», pensaba con ahínco, talvez porque correr me hace sentir libre como el viento y como una fuerza imparable.
Miro a los demás y veo en sus ojos los mismos sentimientos de emoción y ansia. Simpatizo con ellos, porque, después de todo, no es solo la lucha lo que nos mueve, es la hermandad, el gusto y el amor por el deporte lo que nos ha unido a todos.
MARÍA DE LA VEGA RODRÍGUEZ
Loli se enfunda por fin sus mallas nuevas. Pronto darán las diez y pasarán las demás a buscarla. «Las chicas de oro», las llaman en el barrio. Por nada del mundo se perdería un día como hoy, así que no puede encantarse: los veteranos salen a las 12.30. Han quedado tempranito para ponerse al día; hoy está prohibido hablar de penas. Cuando Juanjo la ve aparecer en el comedor de esa guisa, le suelta «¡Pareces una rana, abuela!». Su marido, que todavía va en pijama, le da la razón al chaval y sigue hojeando el «As» con aparente desgana. «Es que el verde es mi color favorito, el verde esperanza, ¿verdad, Antonio?» y le guiña un ojo al nieto. Antonio la mira como si no llevaran más de cincuenta años juntos, como si la acabara de conocer y, sonriendo con disimulo, se encoge de hombros. «Si tú lo dices...».
Luis Francisco Gómez Ordóñez
Agamenón y Miguelón se encontraron de frente con la bestia. El hambre que les unía hicieron posible enfrentarle.
Tenían como arma mandíbulas de animales cazados que en su momento habían servido como abrigo y alimento; Esta vez sintieron miedo el rugido de la bestia sus afilados dientes y su actitud de lucha, sumado al hecho de que era la primera vez que la veían, hicieron que se replegaran.
A paso lento fueron caminando hacia atrás sin quitar de encima la mirada al animal, en buen momento lo hicieron, pues la bestia envistió hacia ellos con total determinación.
Como nunca «Corrieron por sus vidas».
Al día siguiente cuando la tormenta había cesado, volvieron a la caza, las ganas de derrotar a la bestia fueron el motor de impulso, de nuevo corrieron, pero esta vez hacia adelante para imponerse y lograr el objetivo: todos podrían comer y sobrevivir otro tiempo.
Natividad Villar Martínez
¡Corre, corre, no mires atrás! ¡Que sus vastas manos no te alcancen!, es el soliloquio que Andrea emite sin descanso. Con su dorsal número veinte, como los veinte años que ahora deja atrás, Andrea avanza por el recorrido, entre aplausos y vítores del público congregado, ella es sabedora de correr, aunque más bien de huir, hoy correrá pero sin miedo, por puro placer, por pura autoestima, por propia valía, para demostrar al mundo, aún más a ella misma, que es capaz, que ha tomado la mejor decisión, que rompe con el pasado, con ese monstruo que aniquila todas sus ilusiones y ensombrece su talento.
De pronto una excitación recorre toda la espina dorsal de Andrea haciéndola salir de su ensimismamiento, alcanza rápido el móvil, pincha en el enlace que le permite inscribirse en la treinta y ocho edición de la San Silvestre Salmantina, ¡Ahora sí, ya no hay vuelta atrás!
Maria Eugenia Jaramillo
Sentir el corazón delirante que empieza a palpitar al calzar la ligera zapatilla y poner en mi pecho el deseado dorsal. Con paso firme y confianza me dirijo al paseo de San Antonio, anhelando con cada zancada mi tiempo mejorar. Te encuentro entre la multitud, con tu acostumbrada actitud desafiante, me miras distraída como si mi presencia no te importara. Con este desplante amada mía, me entregas las alas que necesito hoy para correr sin temor a fracasar. Si acaso en el recorrido nos topamos te miraré de frente y desde lo más profundo de mi ser te entregaré mi dulce despedida. Vuela mi amada paloma que yo seguiré adelante sin necesitar nunca más tu compañía.
BEATRIZ
Soy Lengüeta, unas viejas zapatillas de atletismo. El Atletismo es el deporte rey, tiene historia, cultura y unos valores universales. ¿Conoces sus beneficios? ¡Aumenta la capacidad pulmonar!
La fecha de la San Silvestre salmantina está cerca. ¿Tenemos el dorsal? Seguro que la salida y meta es en el Paseo de San Antonio ¡de eso no tengo ninguna duda!
Espero que mis compañeros pies aguanten sin lesiones y me lleven al parque, las zonas verdes me encantan. Pasaremos por calles asfaltadas, con adoquines, un puente romano y sobre el famoso río Duero con su vegetación, canoas y patos.
¿Irá gente de la élite española? Los entrenamientos que realizamos son duros y durante los últimos meses más constantes que nunca. Dicen que, aunque la mona se vista de seda, mona se queda, pero mi runner se ha comprado ropa deportiva nueva, era necesario y le apetecía zapatillas tecnológicas... ¡Nueva Sansil, nuevo atleta!
Juan Carlos Salazar Novoa
Mi relación con la San Silvestre Salmantina es, literalmente, de amor.
En 1984, aunque me torcí el tobillo y no llegué a la meta, seduje a Rosario mientras
me inmovilizaba el pie con escayola.
Trescientos sesenta y cinco días después, ya casado con ella, corrí para celebrar el
nacimiento de Iñigo, mi primogénito.
Sin embargo, al final de la tercera edición, fui sorprendido por mi esposa junto al
verraco del puente romano, cuando besaba a Thais consolándome por no haber
ganado las veinte mil pesetas del premio.
El ochenta y siete fue el año de mi primer divorcio, mi segundo matrimonio –con
Thais–, y mi tercer lugar en el podio de la cuarta Salmantina.
No he conseguido otros podios hasta ahora, pero voy por nueve casamientos, ocho
separaciones y once hijos. Todo corriendo.
Belén, mi mujer actual, no me dejará mentir: esa carrera me inspira.
Néstor Fabián Gautero
Cuando le dieron el número 24 para su dorsal tuvo una epifanía. Contempló millares de antorchas en el cielo. Supuso, que la más brillante correspondía al Papa Clemente qué, así como él mismo, había tenido que lidiar con intrigas políticas y conflictos bélicos. Sería su primera carrera Salmantina. Sonreía al saber que al cruzar la línea de meta qué era la del tiempo, honraría con el nuevo año los 23 de papado que supo tener el santo. Sólo se lamentaba por aquellos que había dejado atrás, a más de 7000 kmts, los que corrían para esconderse, buscando salvar sus vidas en su patria natal. Correría en honor de todos ellos, pues el número en su dorsal le recordaba demasiado aquel aciago día de febrero en que todo se perdió. Correría como un ciudadano del mundo. Cada paso que diera, sería un paso más en honor a la civilización.
María Ucher Tena
Como cada año, se prepara para la carrera. Esta vez le pide ayuda a sus nietos para atarse los cordones. Es lo que tiene la edad. Se apoya en su hijo para llegar a la salida y recuerda la primera carrera en Prosperidad, Delicias, San Isidro y el Rollo. Hace casi cuarenta años. Nada que ver con la de gente que hay ahora. Se da la salida y el anciano se pone en marcha. Los demás son más ágiles, pero él al correr trota sobre sobre la historia. Por eso que cada zancada es un trueno. Cada gota de sudor, un rincón de Salamanca. Los suspiros contienen los gritos los que alguna vez animaron. Al cruzar la llegada, se agitan los edificios de la ciudad. Y desde el espacio, un punto luminoso ilumina por unos instantes todo el universo. Levanta los brazos.
Victor Hugo Acosta Miranda
Desafío personal
Los nervios y la ansiedad en la noche previa. El repaso del recorrido. El recuerdo de los kilómetros entrenados. Todo está listo. El calzado adecuado para amortiguar los impactos, ropa deportiva liviana y el hermoso dorsal. Hidratación y comida adecuada para rendir lo mejor posible. Las ganas de competir, pero a su vez de compartir en un ambiente ameno. Conocer gente, divertirse y sonreír.
La necesidad de descansar, pero la cabeza no para. La necesidad de dormir es vital, pero todo vuelve una y otra vez. Repaso el recorrido, observo el calzado y la ropa por última vez. Chequeo la inscripción y la hora de largada.
Sueño con la carrera y me veo llegando a la meta. Me despierto, llegó el gran día. Un sueño por cumplir, nueva experiencia por disfrutar. Está todo listo. ¡Por un nuevo desafío personal!
Ariadna Nogueras Clajer
Siempre fui todo un campeón en atletismo. Des de bien pequeño corría sin parar con el objetivo de quedar número uno en el recorrido de San Silvestre Salmantina. Una noche, un coche chocó con nuestro automóvil y, desgraciadamente, perdí la pierna derecha. Caí en una gran depresión hasta que, un día, supe que todo seguiría igual si yo no hacía algo para cambiarlo. Me preparé para completar el recorrido B: 1500m y lo logré. En ese momento entendí que no hay nada imposible si lo intentas. La discapacidad no lograra cumplir mi gran sueño: ser atleta.
David Vicente Hernández
Empieza Santo Tomás de Aquino.
Después San Valentín.
Sigue San José.
Más tarde San Jorge.
Llega San Fernando.
Ya estamos en San Juan.
Corre San Fermín.
Luego San Roque.
Más tarde San Mateo.
Posteriormente Santa Teresa.
El penúltimo San Andrés.
Y termina San Silvestre, Salmantina.
JOSE ANGEL MACHO BARRAGUES
Salgo de Madrid con mis llaves como prometí a mi abuela. Junto a gentes de La Armuña, de la sierra de Francia y del campo charro acudimos a Salamanca para disfrutar de esta carrera. Esto empieza ya, la plaza mayor está engalanada hasta reventar. Al pasar por la fachada de la universidad salta la rana y nos saludo el astronauta. La casa de las conchas es un espectador más entre el público alentador. Los disfraces de los cientos de participantes adornan unas calles repletas a raudales. Llegamos al río Tormes por el puente romano, junto al toro y la higuera símbolos de nuestro escudo. Estoy llegando a la meta y estoy eufórico, pensar en lo larga que será la noche me da un soplo de aire puro. Por fin he cumplido, he completado 10 km para entregar mis llaves a la ciudad de mis sueños en honor de mis abuelos.
Soraya Ratón Díaz
Pero hijo, si a ti no te gusta el deporte.
Ya se por qué quieres ir: Para encontrarte con tus amigos Fran y Francisco, y copiar sus mejoras en tu silla de ruedas.
Eider Larreategui Arana
Recuerdo perfectamente, mientras corro, aquellas tardes otoñales color oro. Entre sorgo y cebada pasaban las horas al ritmo de nuestros tarareos.
“Salamanca, la blanca,
¿quién te mantiene?” decía él.
“Cuatro carboneritos
que van y vienen” decía yo.
Los dos alegrábamos las callejuelas y balconadas del barrio al regresar con tesoros. Para cuando entrábamos en casa, abuela ya tenía en la mesa un buen plato de chanfaina. El brindis, bendecido siempre, se hacía recitando al unísono “Veni, vidi, vici”.
Palabras mágicas que interconectarían generaciones de por vida. Como bien me enseñaron, yo enseñaré.
Son las 23:50 del día de San Silvestre. Hago el recorrido yo sola. Sola no. Él viene conmigo. Miro a diestra y siniestra, al fin y al cabo, lo que voy a hacer es ilegal. Pero se lo prometí.
Rezo en alto “de Silvestre a Silvestre, bajo los ojos de Julio César. Veni, vidi, vici”. Cenizas al aire.
Miguel Ángel Hermida Izquierdo
Colegio San Estanislao de Kostka, Salamanca 31 de diciembre MMMCCCXXXV A.D.
Es por ti, amigo; cada zancada, cada gota de sudor, cada lágrima.
Al paso del Puente Romano, la ribera y las catedrales, revive a este mortal en la historia pasada. La belleza del paisaje acelera las partes esenciales del espíritu ganador. Rollo, San Isidro, Delicias, Prosperidad, Canalejas y tantos otros rincones que nos atrapan y atomizan las barreras de este tiempo cada año. Tu alma impulsa mis zancadas, mi triunfo es el tuyo. En la piel tatuada perdura el código de 1984 que tanto te gustaba contar.
Fuiste el dueño de cada huella y casa de los sueños. Viste; a la tropa de sandalias esquivándote, y piernas de este mundo cubiertas en piel y algodón.
Me dijiste que siempre te llevabas algo. O la huella o el sueño.
S. S. S.
Fran Oromí Viñes
Apenas unos pasos tras el disparo de salida y ya siento el poder incontrolable de los latidos. Un indescriptible motor enérgico que me pone totalmente en circulación. Una fuerza inexplicable que no había sentido nunca antes, y que me empuja un año más a comenzar esta carrera. Y aunque el ritmo que llevo es más lento y cadencioso que en anteriores ocasiones, también es más seguro; y mis pasos más firmes.
Noto mi pulso acelerado. La ropa ancha rozándome la piel con cada zancada. Pero prosigo la marcha, más aminorada que en pasadas ediciones. No tengo prisa.
Y te toco. Te acaricio con la palma de mi mano. Sobre mi vientre, te siento: cerca, dentro. Y mientras sigo y sigo, mientras seguimos, recorremos, unidas, nuestra primera San Silvestre Salmantina juntas, hija.
Y cuando me quiera dar cuenta divisaré, a lo lejos, mi meta: al final del camino.
María Nieves Angulo Salazar
Lo supe durante mi estancia en la clínica. Envolviste mis piernas inútiles en una manta y me anunciaste:
―Ahora eres una sirena.
Sí. Ahora soy una sirena, un pez fuera del agua, boqueando en un mundo hostil en el que mi vida anterior ya no tiene sentido. ¿Dónde voy yo, infeliz reina de los siete mares, arrojada a una playa desconocida, entre los restos de mi naufragio: destartaladas ilusiones, sueños rotos, las zapatillas de running que calzaba aquel fatídico día, cuando las ruedas de un coche despistado me convirtieron en sirena…?
Te niegas a dejarte atraer por mis lastimeros cantos; no, no te estrellarás contra los arrecifes de mi pesimismo. En lugar de eso, el treinta y uno de diciembre me sitúas en la línea de salida, triste soberana en mi trono de ruedas:
―Aprende a respirar fuera de tu elemento ―ordenas―. Conquista nuevos océanos. Conquista una nueva meta…
María Monge Hermida
“¿Estoy loca? No, no creo; no puedo estarlo. Llevo soñando con el pistoletazo de salida suficiente tiempo como para saber que no estoy loca. Bueno, a lo mejor sí lo estoy, pero ya no hay vuelta atrás…¿o sí?¿Queda mucho? Dime que más de cinco minutos; necesito ir al baño antes de empezar a correr, que ya verás si no. ¿Tengo las zapatillas bien atadas? ¡Ay, no lo sé! ¿Quién me mandó apuntarme a esto? Mírales a todos, tan profesionales. Y yo... yo seguro que me caigo, o me tuerzo un tobillo, o mis piernas se paran a mit…”
(Suena el pistoletazo y, a pesar de mi locura, corro entre los nervios y la multitud).
GLORIA FERNÁNDEZ SÁNCHEZ
ME LLAMAN MINOTAURO
Me llaman Minotauro y hoy vivo en un laberinto, no en Creta, sino entre las calles de Salamanca. Sus piedras ambarinas sustituyen la confusión de Cnosos. Hay dolor en mi pecho, por el desdén del mundo ante mi doble naturaleza. Por eso corrí entre pasillos, rotondas y lucernarios.
Hoy he salido a la calle, ya que Teseo me busca (o eso dicen en la Facultad de Clásicas). Lo que nunca esperé es esa masa enfervorecida, ni el afán de gloria que brota en mí. Jamás sacrifiqué a efebos y doncellas, como se cuenta, pues tengo compasión. Entre todos construimos una palestra y entrenamos con ahínco.
Quizá el día sea testigo de esta victoria, tras el esfuerzo de miles de años. Pues, aun viejo, los vítores me elevan infinitamente, bajo el sol que tanto extrañé.
**
Raúl Clavero Blázquez
El hombre, casi anciano, alza los brazos. Está a punto de ganar la San Silvestre salmantina, pero justo en ese instante su propia sombra le abandona, toma unos metros de ventaja y atraviesa la meta en primera posición. El hombre, desconcertado, frena en seco. Los jueces murmuran. Por el público se extiende un silencio sepulcral, sólo roto por los gritos de una mujer. -Te lo advertí. Esto te pasa por no asumir tu edad. A quién se le ocurre ponerse a hacer carreritas, como si tuvieras veinte años. Venga, para casa – le dice, arrastrándolo por el dorsal. El hombre llora. El público ríe. La sombra reclama su medalla ante las miradas recelosas del resto de corredores. Yo, desde mi ventana, observo la escena, pienso en que, por fin, mi venganza es inminente y afilo con mucho, mucho cuidado, mi garfio.
Mari Carmen González Calvo
Como cada año, desde su posición elevada, el verraco de piedra espera a los participantes de la San Silvestre salmantina. Ojalá pudiera él arrancar a correr con ellos, piensa, llenarse los pulmones de aire y trotar hasta caer rendido. Embravecido, se dice a sí mismo que la roca desgastada por los siglos que es su cuerpo no será a la vez su lápida y en cuanto aparecen los primeros corredores él, que poco sabe de leyes naturales pero mucho de terquedades, se libera de su quietud, salta del pedestal y como uno más enfila hacia el puente romano. Desde entonces corre a sus anchas por toda la ciudad. Los residentes, acostumbrados ya a su presencia, le han puesto chip y GPS, para no extraviarlo. Puedes seguirle los pasos en su cuenta de Instagram.
Maria Andreea Pinzari
La fatiga me mataba, pero debía seguir corriendo. Ya no quedaba nada para llegar al final de esto y poder decir finalmente que lo había logrado por ella. Su sueño siempre fue hacer esto juntas, pero ahora que ya no está. Yo haré esto, yo correré la San Silvestre Salamantina, la que celebraba su pueblo.
Ya no quedaba nada. Solo había que correr un poco más. Solo un poco más.
Nuria Chicote Mendarozqueta
Salió con lo puesto, bajando las escaleras de tres en tres. El legado rojo que le había dejado el último bofetón en la mejilla le sirvió de impulso. Al llegar al portal, se fundió con una multitud que también corría. Los gritos del hombre que la perseguía embistieron inútilmente la muralla movediza que avanzaba calle abajo.
«Qué extraño atuendo para correr», pensó el octogenario mientras contemplaba cómo la mujer de mejillas encendidas le adelantaba. Él llevaba un año preparándose para aquello. Con cada zancada, el recuerdo del día que salió del hospital quedaba más lejano.
─¡Un último esfuerzo, que ya llegamos! ─se escuchó una voz desde atrás. Aquel joven celebraba cada paso que le había llevado a superar su adicción y a correr, por fin, la San Silvestre salmantina.
Al terminar la carrera, todos llegaron al mismo lugar. Sin embargo, cada uno había alcanzado una meta distinta.
Mayte Blasco Bermejo
He ganado la San Silvestre salmantina, le pese a quien le pese, pero no han querido darme la medalla. Resulta muy frustrante ser el más rápido y ver cómo entregan los premios a otros corredores mucho más lentos que yo. Es una injusticia. Por fin veo aparecer a Jorge. Entrenamos juntos todos los días, pero le he sacado casi treinta minutos de ventaja. Se acerca a mí jadeando con el ceño fruncido. En lugar de felicitarme, me dice: “Pero qué mal te has portado, Toby”. Y después encaja la correa en mi collar. Cabizbajos, regresamos a casa mientras fantaseo con la posibilidad de poner una queja para que organicen una San Silvestre canina.
Fernando Robles Arzú
Como rayo, llega “algo fulminante”, unos chispeantes ojos de lince entrecruzando los míos. Brillantes esmeraldas, tras una mascarilla que cubre parcialmente el rostro, insinuantes y soñadores. Deseo abrazarle, acariciar ese divino cuerpo, escuchar los latidos del corazón, más contengo mis emociones, cataratas desbordantes, porque va acompañado y él, diligente apoya su andar. ¿Estás sonrojado o pálido?, vas frente a mí una y otra vez, con pensamientos de amar y ser amado, juego de esgrima y estocada en el alma, con la mirada. Quiero decir: Te amo, oír de tus labios yo también, más una lágrima furtiva emerge detrás de la mascarilla, quisiera besar tus bellos ojos, alma de mi alma. Sudoroso, temblando, tienes fiebre, sí, Covid, vas al hospital y es nuestro triste adiós, sin conocernos; es la ruleta hospitalaria, calle de la incertidumbre, del brazo amoroso de él, ¿Te besará ella, la muerte?
Seudónimo: Triste
Maximiliano González
Enarbolaba sus sólidos argumentos ante un auditorio hipnotizado frente a la sutil ilación de sus ideas. Se veía que ya no dudaba. Sus ojos brillaban en cada frase, sus silencios desbordaban de intenciones y gestos que todo el mundo entendía. Era tal el sortilegio que hubiera podido pedir cualquier cosa.
Cuando concluyó, un joven que lo seguía con atención, le hizo una sola pregunta. El orador lo miró con el entrecejo fruncido, sudó, observó el entorno. La expectativa de su respuesta llenaba un silencio que lo apuntaba con su dedo firme. Se aflojó la corbata, tuvo una leve convulsión y cayó desmayado. El estupor del auditorio modeló un nuevo silencio dudoso y nuevas certezas que iban y venían por el aire.
Al día siguiente, el orador murió sin haber dudado una sola vez de todo lo que había afirmado con tanta seguridad.
Miguel Martin
Lágrimas de agua levitan sobre el puente romano.
Me susurran salta! salta! Vuela con nosotras.
Tapono fuertemente mis oídos para ignorar sus palabras.
Comienzo a correr.
Desbocado el corazón,
mis pulsaciones golpean mis sienes como un martillo.
Tras un largo sprint, escapo del puente borrado por la niebla.
Corro rápido, sin destino, sin rumbo.
Huyendo del pasado, disfrutando el presente,
sin imaginar el futuro.
Acompasado por el martilleo en mi sien,
con el sonido rítmico de mis zapatillas golpeando el suelo,
mi respiración fluye, mi cuerpo se relaja.
Logro fijarme en el camino.
Liberados de la niebla oscura mis ojos vuelven a la vida.
Levanto la mirada, diviso una luz tenue,
una diminuta llama incandescente,
libre tras disiparse la niebla espesa.
Esa luz penetra en mí,
me invade, me llena.
Y corro, como un loco,
hacia esa pequeña llama que baila y brilla
en tus ojos de gata. Mi meta.
JOSÉ LUIS BARROS JUSTO
El escritor leyó algunos relatos, presentes y pasados, con el único propósito de inspirarse. El último mes las musas habían estado ocupadas en otros paraderos y a él no se le ocurría nada, al menos nada merecedor de un premio. Aguantó casi una hora, hasta que, desesperado, abandonó la empresa. Todos los escritos le parecieron insulsos, o ñoños, o flojos. Algunos incluso estaban mal escritos, algo que él no podía perdonar en un concurso literario. Abundaban los enfermos, las sillas de ruedas, los iluminados a los que le cambiaba la vida después de participar en la carrera. Totalmente desmotivado decidió abandonar. Miró hacia la cama cercana, contemplo el dorsal que habría de usar al día siguiente en la famosa San Silvestre Salmantina y sonrió, al imaginarse que, una vez vivida la experiencia, quizá el próximo año podría escribir el relato ganador.
Javier Sánchez Bernal
Mi padre amó siempre la San Silvestre Salmantina. Desde que tengo memoria, la imagen de aquellas mañanas junto a mi madre animando la salida y, tras el duro esfuerzo, abrazando su llegada me acompañan como uno de los más valiosos tesoros de mi infancia y adolescencia. Él ya no está… aunque hasta el último de sus días me animó a seguir sus pasos:
—Lydia, querida hija, sé que, si persigues tu sueño con tesón, llegarás lejos —me arengaba cariñosamente, mientras ponía a punto sus zapatillas.
Hoy, tras el Campeonato de España y con la vista puesta en los Juegos Olímpicos, regreso a la ciudad universitaria del Tormes tomando el testigo de aquellas palabras que lo son todo en mi vida.
“Esta San Silvestre 2022 va por ti”, pienso mientras tomo posición en la salida. Reviso mi dorsal: 1920, el año de su nacimiento; no hay mejor presagio. Te quiero, papá.
Miguel Ángel Moreno Cañizares
Sonaba ‘Carros de Fuego’ desde un lugar desconocido y eso me indujo a avivar la marcha. Fatigada, sudorosa, casi sin aliento, me hallé ante la tienda. Toqué el timbre, pero el dependiente, desde el mostrador, me indicó implacable con gestos que estaba cerrado. Por momentos pensé qué necesidad tenía, en mi estado. Entonces sentí una mano en el hombro. “Precisas una equipación para la San Silvestre, si no me equivoco”. Un viejito de aspecto bondadoso me ofrecía su ayuda. Crédula, asentí y juntos caminamos hasta un pequeño almacén. Entramos y allí había docenas de cajas. “Elige una”, me dijo. “¿Pero cuál?, son iguales y no sé si contienen lo mismo”, aduje con voz temblorosa. “Confía en tu intuición”. Tras unos segundos, opté por la más cercana. “Bien”, oí a mis espaldas. Me giré enseguida y el viejito no estaba, pero yo tenía la ropa para correr mi primera Salmantina embarazada.
Concepción Peña Cárdenas
CORRER HACIA UN SUEÑO
¡Socorro!¡Fuego! Alguien pide auxilio en la lejanía...Juan intenta correr pero sus
pies están anclados al suelo, algo se lo impide...¡Despierta agitado! Observa a sus
hijas que duermen plácidamente ; se enfunda unas zapatillas para correr sus quince kilómetros diarios por las proximidades de un parque de bomberos. Su última maratón años antes , en Sevilla, no fue muy placentera, des del kilómetro veintidós comenzó a sufrir un intenso dolor en su rodilla derecha pero, no desistió y consiguió entrar en la meta a pesar de su sufrimiento. Varios
diagnósticos le aconsejaban dejar de correr, por fin uno le dio esperanzas y este año se desplazará para correr la "San Silvestre Salmantina".
Los valores del atletismo, le dan el ánimo necesario para esforzarse cada día en
hacer la mejor carrera, la mejor marca, esa, que le permita apagar a su mayor
enemigo "EL FUEGO".
PILAR SÁNCHEZ GÓMEZ
—Date prisa, mamá, la San Silvestre salmantina es mañana.
Lucho, apresurada, contra los ojales del disfraz; siento, reprobatoria, la mirada de mi suegra ante la chapuza que estoy cosiendo: despacito y buena letra, hija, que parece que la única doctrina que suscribes es la del espacio partido tiempo.
—¿En qué quedamos? Replico.
—La abuela tiene razón, las prisas no son buenas y encima ya no se llevan: slow fashion, slow food, cittaslow…
—O sea, soy una madre irresponsable, ambientalmente insostenible y anacrónica para más inri. Pues mira, mientras terminaba tu disfraz iba a pedir una pizza, pero ya me da miedo que junto al repartidor vengan también los servicios sociales, así que voy a dejarlo. Me marcho al mercado para comprar los ingredientes de la slow dinner.
—¿Y el disfraz?
—Así queda y como vayas a un hipertextil para comprarte otro, llamo a los de Green Peace. Tú verás.
Agustín
Ambiente de gala en las calles, se palpa la fiesta. La nueva edición de la San Silvestre Salmantina atrae a una gran multitud. La serpiente multicolor se deja ver y oir. Comienza la carrera, mi salida es perfecta, pronto me despego de todos los rivales, miro hacia atrás y no veo a nadie, estoy volando, voy primero, ya nada me puede parar. Atisbo la meta a lo lejos y escucho al público enfervorecido, llego destacado, levanto los brazos, gano con autoridad, la gente me aclama, no noto el cansancio, estoy henchido de gloria … . Me arrellano en el sofá, aún con la pierna en alto, la rotura del tendón de Aquiles en la edición del año pasado aún me tiene postrado. Prometo volver pronto, algún año conseguiré la victoria.
Judit Oliva Blázquez
¿Cómo podría explicar con palabras lo que sentí cuando crucé la línea de meta? Aún empapada de sudor, con calambres en las piernas y fuego en los pulmones, me sentí más fuerte y más viva que nunca. Cuando me senté para recuperar un poco el aliento y beber agua, no pude evitar recordar lo que me dijeron los médicos dos años antes: "es muy probable que no vuelvas a caminar, lo sentimos". Pero yo no me resigné a que una probabilidad me sentenciara definitivamente, y no sólo volví a andar, también volví a correr. Y ahora me pregunto, ¿cuánto tardaré en echar a volar?
Elena Hormigo Algarín
Amanece y se despierta, se ducha y se pone la ropa deportiva. Le queda más chica de lo que esperaba, él nunca entrena pero siempre intenta acabar la carrera. Este año le costará más, acaba de cumplir 68 y aun así sigue corriendo. ÉL no lo ve una competición, sino un paseo rápido por la ciudad para ver los grandiosos monumentos y edificios de Salamanca. Le encanta el respaldo de la gente, como todos le animan con sus aplausos.
Cuando por fin acaba, llora de alegría, siente sus lagrimas caer por sus mejillas rosadas del esfuerzo y arrugadas por el tiempo. Se siente imparable a pesar de los años que le arrastran.
MARIA NIEVES SORIA SOMOLINOS
Al llegar al Puente de Piedra se ha quedado paralizado, hipnotizado, con la carencia del paso alegre de los corredores. ¡Cuántos! ¡Qué marcha!
En su refugio la gata parda espera pacientemente el regreso de su pareja: « ¡Otro año más que se ha quedado obnubilado con la San Silvestre! ».
Marina Salas Mantaras
- Señor director, ya tenemos preparada la edición especial de mañana: "El diario de San Silvestre". Primero, primera plana con la noticia más importante: "Récord histórico de participación en la San Silvestre Salmantina". Luego, entrevista con uno de los ganadores del año pasado. Recopilatorio de fotos de los momentos más emotivos de la carrera en la última década. Sección "Horóscopo. ¿Ganaré mañana?" Ya sabe, para los más supersticiosos. Unas viñetas graciosas de runners ganando el trofeo pero perdiendo el aliento. Tenemos también publicidad de equipamiento fosforito y una sección de moda con la vestimenta deportiva de este año. Y, finalmente, una sección del tiempo: ¿Lloverá el día de la carrera?
- ¡Buen trabajo, equipo! Este año no seréis atletas, pero vaya sprint final habéis hecho todos para acabar esta edición. Así que, si ganamos a la edición Behobia-San Sebastián, ¡os invito a unos churros mañana después de la carrera!
IRIA DOMINGUEZ POSADA
Se lo había prometido, en el mismo instante en el que le tocó debatirse entre el sufrimiento infinito y la calma eterna, le aseguré que lo haría por él y con él.
Juntos lograríamos cruzar la meta de su San Silvestre del alma, atravesaríamos el puente romano donde tantas veces vimos ponerse al sol sobre la catedral, recorreríamos la plaza mayor en la que despedimos el que creíamos el peor año de nuestra vida, y llegaríamos al paseo de San Antonio que había sido testigo de su esfuerzo y afán de superación a lo largo de los años.
Se lo había prometido... y aunque su cuerpo se había ido, su alma siempre volará conmigo.
Pablo Javier Prati
Al ver la meta repasé mentalmente las extenuantes horas entrenando.
Músculos de piernas inflamados, largos y rítmicos pasos que empoderan y agigantan tu figura, el recorrido es cómplice silencioso de tus pensamientos.
Con la última bocanada de aire en mis pulmones, estiré la pierna derecha, el pie parecía alargarse, con esfuerzo mi cuello se estiraba formando pliegues en la piel a la altura de la garganta como si esos pocos milímetros de epidermis me darían la ventaja, al mismo tiempo que el pecho inflado sobresalía de forma antinatural arrastrando la cinta de llegada. Seguí unos metros por la inercia, al fin me detuve, doblé el cuerpo hacia adelante, abrí la boca, aspiré agitado todo el aire que pude, las manos apoyadas en los cuádriceps, mirando el empedrado reí … y también lloré.
En ese preciso momento oí la voz de Julia decir: “despierta, comienza la SanSil”.
CRISTÓBAL MARTÍNEZ HARO
Debes terminar lo que empieces, cueste lo que cueste y sin excusas ni moratorias, le decía su padre cada tres días. De manera intercalada le apremiaba a superar límites, reventar fatigas y perseguir el éxito que se escapa siempre delante del exhausto aliento. Que nunca tengas que pedir perdón a tu orgullo. Mírate con honra todas las mañanas que te encuentres con el reflejo de tu alma. Le obligó a tatuar en el cabezal de su cama la leyenda “prohibido rendirse”.
Tres meses le duró el entrenamiento y durante ese tiempo veía en cada segundo y zancada la cara de su padre gritándole espíritu de lucha en el cogote sudado.
Llegó el día y corrió, cayó, sufrió y lloró hasta terminar último la carrera.
Al llegar a casa su madre le estaba esperando. Tu padre nunca pudo con la San Silvestre hijo mío. De hecho no pudo con ninguna.
Esther Ligero Luis
Cumplió los 18. Lo primero que hizo fue inscribirse en la San Silvestre Salmantina, al recorrido “D”.
Había participado otros años, pero éste era especial, sus hermanos que vivían fuera, la correrían con él.
Ya solo quedaban pocos días. Una noche tuvo un sueño; comenzaba la carrera y cuando llevaba parte del recorrido, un pinchazo le paralizó, doblado en el suelo, llorando, se daba masajes en su pierna, sus dos hermanos lo cogieron uno de cada brazo y como si fuera en volandas consiguió llegar a meta.
Por la mañana, al despertar, cogía su teléfono y leía las noticias comarcales.
La primera noticia que saltó fue:
«Accidente de tráfico en la A 50, viajaban tres vecinos de la ciudad, dos de ellos fallecieron al instante y un tercero grave lo trasladaron al hospital».
Se le cayó el teléfono, retiró la sábana y es cuando vio que le faltaba una pierna.
MARIA PILAR PRADO ALONSO
¿Me esperas qui, en el Paseo, y cuando vuelva me das un beso? Reza a San Silvestre para que no llegue el último, pero tampoco el primero, aunque correré veloz y las piernas me levarán ligero. Hoy no espero manjares, vino espumoso, doce uvas, ni buenos deseos de amigos que nunca veo. Sólo quiero la calle, el gentío, los vítores, los aplausos y un millar de rostros nuevos. Necesito sentir los latidos, el pulso acelerado, la falta de aliento y el sudor por mi frente mientras pienso “la suerte está de mi lado y me sonríe, otro año más con los cordones bien puestos”. Pronto termina el año y con cada bocanada de aire me emocionaré porque me sentiré vivo de nuevo. Este es mi gran día y el de todos aquellos con quienes participo en este reto, donde la meta no es el fin, es el principio del comienzo.
Joimar Coromoto Rivero Meza
Alzo mi mirada al cielo y empiezo a buscar una señal de que me estás viendo, este año a mi lado no vas, pero sé que conmigo estas. Los recuerdos llegan a mi cabeza sin parar, el correr me ayuda a procesar tu inesperada partida de este mundo terrenal. Con tus zapatos favoritos pienso esta carrera terminar.
Soy consciente que entre un mar de personas estoy y que tu rostro no está por el lugar, así que me enfoco en el camino tratando de avanzar. Cada paso que doy me acerca a la meta, mis pulmones de aire se llenan para poder continuar y el siguiente paso dar. No creo que en esta ocasión tu partida pueda superar, pero te dedico cada pisada que doy mamá.
Rebeca Reol Rodríguez
Tan solo quedaban unas horas para acabar aquel maldito año. Nunca había corrido. Tan solo la idea de sudar antes de la última noche del año le generaba escalofríos. ¿Cómo conseguiría su look perfecto para esa noche si se iba antes a la San Silvestre? ¿Cómo lo hacía el resto de la gente? ¿Acaso no tenían agujetas al finalizar? Siempre renegaba de inscribirse porque prefería estar deslumbrante en la cena de Nochevieja. Siempre, salvo ese año. El problema con Hacienda, los millones de papeles que tenía que entregar y la huelga de transportes habían truncado su vuelta a casa. Suspiró. Frente al espejo su reflejo le devolvía su imagen con su chándal y sus zapatillas nuevas. Se veía ridícula, pero este año nadie la esperaría en casa. Se puso el dorsal y salió por la puerta. Volvió sudando, el pelo alborotado. Pero feliz, muy feliz.
Jesús Navarro Lahera
Era tarde y no había entrenado, así que se calzó las zapatillas de correr y salió de casa a toda prisa. Bajó las escaleras de dos en dos en vez de esperar al ascensor, y luego, ya en la calle, aceleró el ritmo mientras repasaba en el móvil los mensajes de los amigos y los correos del trabajo. Frunció el ceño al comprobar las series previstas, aunque después sonrió al ver que le había escrito su madre. Entonces recordó que al día siguiente era su cumpleaños, pero se olvidó de lo más importante.
RAÚL GARCÉS REDONDO
Tardó varios kilómetros en darse cuenta de que le seguía. Nada extraño a priori teniendo en cuenta que se trataba de la San Silvestre. Pero había constatado que, si aceleraba el paso, aquel también y si lo reducida, el otro hacía lo propio. No importaba el ritmo que imprimiese pues se mantenía pegado a sus talones. En un momento dado de la carrera, le pareció que su perseguidor se inclinaba hacia delante, como si estuviera a punto de trastabillar y darse de bruces contra el suelo. Pero para su sorpresa, no cayó, sino que, apoyado también en sus manos, continuó corriendo como si tal cosa. El miedo le sobrevino cuando poco antes de la llegada, pudo escuchar con total nitidez unos ladridos. Ya no quedaba duda alguna, había sido elegido como liebre.
César Ariza
Llegar a lo más alto, ser el primero, ser mejor que los demás. Un metro más, un segundo, otro paso, un último sprint antes de levantar los puños.
Ganar. La gloria. Ver que tu esfuerzo, quizá de años, tiene recompensa. Llueven las alabanzas, el confeti, las palmadas en la espalda, las palabras que te elogian.
Perder. El fracaso. Quedarte pensando en lo que falló: si acelerara más en aquella curva; si me hubiese hidratado mejor; si hubiese dosificado mejor mis fuerzas... si... si... Ni la plata ni el bronce te consuelan.
Solo una razón por la cual volverás a participar en la próxima carrera: porque no te cabe en la cabeza otra cosa más que competir.
Rosa Mateos García
¡Bang!
Comienza la carrera. Avanzo por el Paseo de San Antonio. Llego al Puente Romano. Salgo de la ciudad. Corro hacia La Alberca. Tras las huellas de Buñuel, desciendo hasta Las Hurdes. Sigo el vuelo de una mariposa y recorro la Ruta de la Seda, cruzo Samarcanda, acelero hacia Damasco, atravieso Kandahar, corono el Annapurna, salto hasta la luna, mi corazón cabalga desbocado en el Mar de la Tranquilidad, regreso a Salamanca, veo la línea de meta y...
No.
No volveré a ver "Forrest Gump" la noche antes de correr la San Silvestre.
Son agotadoras sus posteriores pesadillas.
Javier López Vaquero
Después del trasplante de corazón y de unos meses duros, jamás imaginó encontrarse algún día allí, en la salida de la San Silvestre. Era de naturaleza perezosa, alérgico al deporte y amante de la mala vida. Pero algo súbitamente cambió y empezó a tener ilusiones, motivaciones y algún sueño por cumplir.
Tras el pistoletazo arrancó con un trote suave y enseguida encontró acomodo junto a un atleta veterano. Hablaron y éste entre respiraciones le contó que también debutaba, por una promesa.
Hicieron el recorrido por las calles salmantinas a la par compartiendo el esfuerzo. Al llegar a meta a pesar de su carácter adusto, poco dado a las muestras de afecto, un impulso le llevó a abrazarse con su compañero de fatigas. Un abrazo sincero, de corazón. Ellos no sabían que algo muy especial los unía.
Este narrador se lo desvelaria años más tarde.
Luis San José López
He sorprendido a mi propia sombra calzarse las viejas zapatillas de deporte, arrinconadas desde hace mucho tiempo. Todavía faltan casi dos meses para la San Silvestre y la he visto con un no sé qué de tristeza en sus ojos, sin terminar de digerir nuestro destino. Acariciaba en silencio aquella foto de 1984, cruzando la meta. Ha llovido mucho desde entonces. Me ha mirado luego con sus ojos empapados de recuerdos y yo he necesitado esconder los míos detrás de los párpados. Quisiera ofrecerle, una vez más, la libertad que necesita, pero no quiere separarse de mi silla de ruedas.
Israel Cordero Moya
Los atletas de la competición de San Silvestre Salmantina, sólo sintieron una brisa de viento pasar junto a ellos. Había pasado ante ellos un misterioso atleta que ganó la competición con récord mundial. Incluso los atletas jamaiquinos que estaban participando, quedaron sorprendidos frente a tal atleta, que escribió su nombre en los registros de la competencia como Hermes, sintiéndose como tortugas frente a él. Hermes, no esperó a recibir la premiación, sólo siguió hasta su casa, pues tenía que preparar el almuerzo, algo que disfrutaba mucho de este mundo. Al parecer estaba poseído, porque después de comer, continuó corriendo, sin parar, hasta morir. En la vida después de la muerte, siguió corriendo, incluso triunfando sobre los ángeles más rápidos. Había nacido para triunfar en lo que más le apasionaba, correr. Al ganar sobre todos los seres más rápidos del universo, pensó en otros competir con otros seres de otros universos.
Moisés Morán Vega
Estoy tranquilo. Mi primera diez mil Salmantina. Quiero correr, correr y correr. Solo quiero llegar a la meta.
¡Pum!
Las pulsaciones se me disparan. Me tropiezo, pero me recompongo.
¡Coge tu ritmo!
Mi cuerpo responde. Estoy solo con mi cuerpo y mi cerebro. En las Carmelitas noto una molestia en el tobillo izquierdo. Entro en la Avenida de Portugal y la molestia ya es dolor. Intento no pensar, pero mi cabeza no hace otra cosa que concentrarse en el sufrimiento. En Comuneros quiero parar, pero pienso que correr es resistir. La vida es resistencia. Me quedan mil metros. Corro a trote cochinero y el dolor disminuye. Me siento mejor. Me pasan muchos corredores. No importa. Sé que terminaré. Vuelvo a correr. Nada más importa. Llego a meta y a lo lejos veo a mi hija que me sonríe satisfecha. Su viejo terminó la Salmantina a los setenta años.
JAVIER BRAVO SÁNCHEZ
28 de diciembre de 2014. Salida. Advertencia del presidente: “control antipodaje para los primeros en llegar y algunos más, elegidos al azar”. La concentración y el nerviosismo dificulta la correcta traducción para la mayoría. Una excepción significativa: el corredor Inocencio Armstrong advierte súbitamente la excesiva aceleración de su pulso, una sudoración fría y una repentina lluvia de ideas (eso que llaman “brainstorming”) ofuscan su cabeza. Había desayunado muy bien, con algún complemento “extra” y se consideraba uno de los favoritos. A mitad de carrera, sin saber muy bien cuándo, cómo ni por qué, decide reducir el ritmo y alejarse considerablemente de los primeros. Una vez cruzada la meta, se percata de la inocentada y se queda mudo tras exhalar un ¡menos mal! entre dientes. Semanas después, es pillado “in fraganti” recogiendo sustancias dopantes que recibía por correo y, posteriormente, distribuía. Condena, retirada de la licencia federativa durante varios años…
José Manuel Dorrego Sáenz
Que la meta no es el final, le había dicho su padre. Se lo repetía siempre, como una taladradora. Y venga y venga con que si la meta no es el final. Vaya desconcierto de frase, pensaba. Y por eso, el día de la maratón no se conformó con cruzar la línea de llegada. Ni siquiera alzó los brazos ni dibujó en el aire con los dedos el signo de la victoria. Cruzó la meta el primero, salió del estadio, de la ciudad e incluso del país. Y ahí sigue, corriendo y corriendo: que la meta no es el final, eh. Y ha llegado a ese punto en el que resulta difícil, casi imposible, volver la vista atrás.
Roberto Crespo Ramos
-¡Papá, no consigo dormir!, cuéntame otra vez cuando tú y el abuelo corristeis la Sansil y ganasteis.
-Vale, pero por última vez, que mañana tienes que tener fuerzas. Ya sabes lo que ha dicho el abuelo: si los dos llegáis al final, entrenareis juntos el próximo domingo en el Parque de los Jesuitas. Además, mañana por la tarde iréis a tomar chocolate con churros.
-¡María!¡no consigo dormir! ¡El canijo de tu nieto me ha prometido que llegará hasta la meta “como hace siempre su abuelo”! Si conseguimos acabar los dos, le llevo a la churrería.
-¡Déjate de cháchara, si no descansas alguien se va a quedar sin churros por tu culpa!
-¡Qué bien voy a dormir hoy! El abuelito dijo que estaba muy orgulloso de mí. Me ha pedido una taza gigante de chocolate ¡con 6 churros!,tantos como mis años...¡Menos mal que él no se tomó 66!
Yolanda Nava Miguélez
Extraño lugar para una cita a ciegas: la Sansil, pero ella ya advertía en su perfil que le gustaba lo original y diferente. Debía descubrirla corriendo más que nadie porque aseguraba que iba a ser la primera en llegar a la meta y él, para no incurrir en trampa esperándola allí, tendría que llegar justo detrás. Aprovechó los días que faltaban para la carrera entrenando sin descanso; contrató un entrenador personal, se entregó como nunca lo había hecho para otra causa en su vida, no en vano su perfil rezaba: “amante de los retos”. Pero cuando llegó a la meta nadie había delante de él. Le sacó de su estupor el sonido del móvil. Tenía un mensaje de ella: olvidó decirle que era etérea. Le prometía amor incondicional, nadie hasta entonces había creído en ella ni la había seguido con tanta entrega, así, a ciegas.
CARLOS BUISÁN GIL
Los utiliza para hacer su carrera. De cada atleta toma lo mejor. De Rafael, un par de rutinas mentales; de Osman, sus cuarenta latidos por minuto; de Hafid, su umbral de sufrimiento; de Nuria, una pizca de masoquismo; de David, el estilo; de Tere, el método; de Estela, su sprint de felina eléctrica; de Irene, su respiración; del Tormes, la fluidez y la calma; del verraco, su dureza con la vida; de la rana, su desparpajo con la muerte. Aprovecha el tirón de los que persiguen y el rebufo del que va delante. Año tras año llega el primero, el segundo, de los últimos si se le meten bayas de acebo en las zapatillas. A veces ni siquiera termina la prueba; mientras el atleta vomita y recupera el aliento, se lleva lo mejor de su huésped: la esperanza de una futura victoria.
Silvia Asensio García
Se había estado preparando con Juanma desde hacía meses por el parque y las calles menos transitadas. Por fin llegó el día de “La San Silvestre”. Y corrió como no lo había hecho nunca antes.
El pelo sudoroso, la camiseta chorreando y las extremidades echando humo; en la boca la mejor de sus sonrisas. Notó que todo el mundo los miraba y los animaba a continuar. El corazón le latía muy deprisa. Entraron juntos en la meta y mientras su dueño buscaba el final de la correa, para darle un abrazo, él consiguió emitir un sonoro ladrido.
Fernando Israel Morales Fabela
No debí tomarme esas copas ayer por la noche. Estos días siempre se las arreglan para que nunca falte un trago, pero al parecer no soy el único. En algunas caras puedo apreciar la misma resaca que en mí, en otros la cara de indigestión es notable. Algunas caras ocultan todo gesto y se plantan serenas, otras no pueden disimular ese nerviosismo que momentos antes irriga, nerviosismo que en otros se presentó antes, sembrando cizaña con el insomnio. 1501, 2704,5311...y así cada uno, con su número, con su cara e historia nos juntamos hoy en la San Silvestre, donde todas nuestras historias se hacen una en la pista al escuchar el bamm! Inicial.
Nuria Hernández García
Los nervios no le dejaban concentrarse en la carrera. Se tocaba constantemente la mano izquierda para comprobar que la cajita siguiese allí, bien atada a la muñeca. Al pasar por la Glorieta de Los Milagros rezó un Ave María y se encomendó, por supuesto, a San Silvestre. Sus piernas musculadas aguantaban bien el peso de sus sesenta años. No así los temblores. Nunca en sus años de corredor había sentido en ellas tanta flojera. Al fin se decidió a acelerar el ritmo, no quería decepcionarla llegando el último. Tenía que demostrarle que aún era un buen partido.
Cuando llegó a la meta, vio su sonrisa. Pese a estar exhausto, se arrodilló y desatando la cajita sacó el bello anillo de esmeraldas. "¿Te casarías conmigo?", le preguntó. Ella comenzó a reir y a llorar: "¡Sí!". Se besaron. Los dos se sentían ganadores.
Ignacio Capapé de Cendra
Él siempre había corrido, le apasionaban esas carreras de fin de año. Pero la vida había sido "demasiado dura" y "repleta de dolor", y se había decidido a llevarla a término pronto.
Así que su última San Silvestre. Ya dan la salida y echa a correr. Junto a él, un hombre rellenito. Le cuesta correr. No tardan mucho en empatizar. Nuestro protagonista se explaya en sus dolores y tristezas. Al terminar, su compañero le cuenta despreocupadamente algo de su vida: Orfandad, embargos, algunos hijos fallecidos, cáncer terminal... Su tranquilidad y alegría asombran al oyente.
Pero el corredor más grueso anda renqueante. El atleta le pasa y continúa la carrera solo, meditando la conversación. Ya en la meta, le vuelve a ver y oye que se despide de él y le grita en la distancia: "¡Hasta la siguiente!", a lo que responde inmediatamente: "¡Igualmente!". Comenzaba su nueva vida en ese momento.
Melisa Antonella Escobar Cano
Una niña le llamo la atención el atletismo, entusiasmada participo en su primera competencia a los 10 años, pero en esa competencia perdió y aun mas motivada al saber los resultados se propuso ganar en la siguiente y de esa forma volvió a participar pero volvió a perder una y otra vez hasta que cuando cumplió 30 años y gano, no solamente la competencia, resulto ser que supero varios records, ella se ganó el respeto y la admiración de todo el mundo, dio un discurso y explico que para ella ganar es cuando no te rindes contigo mismo, buscas superarte y ser mucho mejor que el día anterior, yo me enfoque en mi misma no buscaba superar a nadie que no fuera yo misma y sorprendentemente supere records, nada importa más que lo que tú quieres creer y crear si quieres algo ve por ello no te detengas.
Candi Bujalance Sánchez
Yo te veo entonces entre algas de rio y pequeños peces joya con barbas que se remolinan y se dejan llevar. Te veo con la barba y la cara hinchada, de cortisona que no es cortisona sino noches de speed y cerveza. Mucha angustia y depresión. Entonces te dejo de ver y miro a mi alrededor. Todo está en paz, la valla seguramente se colocó tras tu fallecimiento por precaución. Tu padre está a unos pasos detrás de mí y se ha quitado la gorra en el lugar dónde te encontraron. Es la mitad de hombre que yo conocí, el hombre león con tu cabeza y tu pelo rizado, su ancho pecho y los ojos brillantes. Ahora camina con bastón y balbucea. Nadie sale indemne de la pérdida de un hijo.
Saúl Martín Paz
Juan es un joven que tiene parálisis cerebral. Todos los años acude en su silla de ruedas a la Plaza Mayor, se pone frente al reloj con sus padres. Allí, anima a cada uno de los corredores y esperan expectantes pasar a su hermana Vega, mientras ven un sinfín de participantes disfrazados. Al cabo de un tiempo dice a su padre:
- “Me gustaría correr la San Silvestre Salmantina”.
Al principio, su padre se estremeció y dijo: -Pero ¡si no puedes!
Vega “que lo escuchó”; dijo a su hermano:
- Esta carrera la correremos juntos.
Al año siguiente, Vega consiguió una silla adaptada para Juan y junto a sus amigos recorrieron las calles de la ciudad, sonriendo a las cámaras, saludando al público y animando a cada participante. A Juan, se le pusieron los pelos de punta, para él, fue un día inolvidable. Ahora, espera ansioso la próxima carrera.
MARÍA SOLEDAD GARCÍA GARRIDO
En el paseo de Canalejas, nos sonreímos. En la calle Zamora, dejó caer la cinta que sujetaba su pelo. Olía a hierbabuena. Al entrar en la plaza Mayor, la invité a un zumo de naranja. De los soportales, como de la nada, aparecieron sus padres animándonos. Acelerando en San Pablo, le pedí matrimonio. Sobre las aguas del Tormes, me dijo que sí. Esprintamos y pasamos el Palacio de Congresos. La quise invitar a un hornazo, pero era vegana. Me habló de tener hijos. Siete u ocho. A la altura de la Facultad de Físicas, sugirió que sus padres vivieran con nosotros para cuidar a nuestra prole. El resto del recorrido lo hice en silencio. Ella seguía con los planes. En la meta, entre aplausos, le pedí el divorcio y eché a correr. Con un poco de suerte, llegaba a tiempo a la San Silvestre de Madrid.
Carlos Miguel Herrera Molpeceres
¡ Miles de zapatillas de todos los colores corren por la Plaza Mayor de Salamanca, al son de la música !. ¡ Aspiración, expiración ...... !. ¡ Sus dueños están agotados y las camisetas en un mar de sudor; todos quieren llegar a meta !. ¡ Sí o si !. ¡ El público entusiasmado anima fervientemente a los corredores !. ¡ Les aplaude !. ¡ En sus medallones, los reyes de otra época también ....... !. ¡ Es la San Silvestre, el mayor acontecimiento galáctico de la ciudad charra !. ¡ Y la Plaza Mayor es testigo de ello !. ¡ Notaria Mayor del Reino !. ¡ Qué gozada !. ¡ Y larga vida a la San Silvestre de Salamanca por muchos años más ..... !.
ANTONIO BELIZÓN REINA
LA NOVATA
Este año ha decidido que pueda participar.
¡Ya era hora!
Estoy preparada para la prueba, algo nerviosa, pero ilusionada, creo que participo en la sub18.
Entre hoy y mañana se abre la inscripción y espero con ansias el 26 de Diciembre.
Mis compañeras me han hablado mucho de esta carrera, apasionante, dura y sacrificada.
¡Cómo debe ser!
Voy a poner todo de mi parte para que mi primera “Sansil” sea un éxito, que ya lo es el poder correr cerca de la Catedral, junto a chicos y chicas al mismo tiempo, que puedan verse seniors y veteranos por la calle Méjico y esprintando por el paseo de San Antonio.
Supongo que hará frio pero no me importa, me abrigaré, además estoy hecha de material resistente.
Sé que él se ha preparado a conciencia para hacer un gran tiempo y confía en mí, sus zapatillas.
Juntos hacemos una buena pareja.
J.A. del Olmo
Era mi primera vez. Tenía dudas de si sería capaz de llegar a meta.
Pero como pensé que correr no era de cobardes, me atreví a aceptar el reto.
Y ya en la salida me impresionó el ambiente. Alegría y ánimos por doquier.
Salí como alma que lleva el diablo. Craso error de novato.
Cuando atravesaba el arco de la Plaza Mayor, resoplando, me animó entrar ahí, aún sin resuello.
Correr también era vivir de forma diferente espacios cotidianos.
Llegó el Puente Romano. Y pensé que el Tormes nunca paró.
Así haría yo.
Y trabé conversación con otra corredora, en similares condiciones de dificultad.
Y la meta se acercaba. Mi compañera me esperaba.
Descubrí la solidaridad en carrera.
Y crucé la meta con los brazos levantados. No me había rendido.
Me sentí como un ganador.
Solo pude pensar en una cosa en ese momento: en la próxima meta. Una ilusión.
Mariano Arranz Medina
Llegó el día señalado en el calendario como todos los años. En el restaurante habitual y a la hora de siempre se reunieron Pedro, Luis y Chema. Se veían todos los años para rencontrarse, rememorar su amistad y celebrarlo con su pasión: el atletismo. Primero por la mañana la carrera de 10 kilómetros, luego la comida y una larga sobremesa llena de recuerdos, risas y vivencias de su época de juventud, cuando estaban todos juntos.
Cada año reservaba uno de ellos y se encargaba de elegir el menú. Pero este año era especial. Le tocaba reservar a Félix el cuarto mosquetero como ellos mismos se llamaban. Pero no podía hacerlo. Un accidente de tráfico reciente había terminado con su vida. En homenaje a él decidieron seguir con el mismo plan de siempre, para recordar al amigo ausente pero siempre presente, eterno en la prueba atlética y en sus corazones.
Carlos Segura Ochoa
Siglos de historia pasan a mi alrededor el último día del año. Mis zancadas me llevan hasta la Plaza Mayor, de la que quedo prendado enseguida; aunque a ella no le intereso pues me escupe por otro lado. Entristecido, continúo corriendo hasta que otra más hermosa fija sus ojos en mí. La catedral, a mi diestra, parece sonreírme mientras corro… Siento la necesidad de parar y deleitarme, pero sé que no puedo detenerme. El Toro de Salamanca muge, urgiéndome a llegar a él. A su espalda, el puente milenario, que ha soportado millones de pisadas, hoy aguantará las nuestras. Algo insignificante para él pero grandioso para mí. No tardo en buscar otro camino por donde cruzar el Tormes de nuevo. Sé que allá me esperan la Universidad, la Casa de las Conchas, la clerecía y un sinfín de monumentos más que guiarán mis pasos el último día del año.
Javier Rodríguez Calero
Como el agua que avanza por los cauces de un río, o mejor, como la sangre oxigenada fluyendo por las arterias del cuerpo, así renacen en las calles de la ciudad los corredores de la competición. Estampida de anhelos, intereses, promesas… avalancha de gente con particulares metas. Los acompasados contrastes de las piernas en movimiento y el vaivén de camisetas de llamativos colores, parecen fundirse desde la proximidad en una argamasa común de ruido y sudor. Poco a poco aflora el cansancio como inseparable complemento del sano ejercicio, motivo que convierte en reto cada próximo paso y ensancha la risa ante los límites trascendidos. Hay vida en el aire. El suelo despierta, retumba y avisa a la concurrencia de la inminente llegada de aquella avalancha, aquella estampida, aquella agua de río, aquella sangre oxigenada, aquella tradición que hoy anda.
NURIA PEREZ BACHILLER
Presa del pánico, me coloqué disimuladamente junto a él esperando el pistoletazo de salida. Ni siquiera sabía su nombre, pero me había apuntado a la carrera presumiendo que él también lo haría. Entrenaba por donde él lo hacía, pero nunca se percató de mi presencia. ¿Qué más tenía que hacer? Unos chavales nerviosos y un pequeño empujón hicieron que mi cabeza terminara chocando con su hombro izquierdo. Se giró súbitamente y le pedí perdón muerta de vergüenza. Al minuto volvió a girarse para mirarme de arriba abajo. Me pareció que esbozaba una leve sonrisa. Me observó atónito cuando al empezar la carrera le seguí el ritmo y me silbó cuando le adelanté a la altura del Puente Romano. Crucé la meta a escasos metros de él. Se me acercó y estrechándome la mano me felicitó por la marca realizada. ¿Gané la carrera? Pues yo diría que sí.
DAVID BENAVENT PIERA
Respira con dificultad. Cabeza caída. Mirada al suelo, a las puntas de las zapatillas que avanzan lentamente, que se arrastran. Boquea, las pulsaciones se le salen del pecho, del cuello, de la cabeza. Acelera porque ve la luz, la línea, oye a la gente, sus gritos. Sus ánimos. Empieza a sentirse ganador. Nadie por delante, nadie por detrás y a penas treinta metros para llegar. Varias personas esperan en la línea y, por fin, se le vislumbra una pequeña sonrisa. Diez metros, levanta los brazos cómicamente, no le llegan ni a la altura de los hombros. Cinco metros. Tres. Uno. Siente el abrazo conjunto de su mujer e hijo. Trata de recuperar el aliento. Tose. Siente una felicidad inmensa. No se lo cree. Sonríe. Es una gran victoria. Un ORGULLO. Nunca pensó que la acabaría.
Se oye el chirriar de las vallas. Es hora de ir a comer.
DAVID BENAVENT PIERA
Respira con dificultad. Cabeza caída. Mirada al suelo, a las puntas de las zapatillas que avanzan lentamente, que se arrastran. Boquea, las pulsaciones se le salen del pecho, del cuello, de la cabeza. Acelera porque ve la luz, la línea, oye a la gente, sus gritos. Sus ánimos. Empieza a sentirse ganador. Nadie por delante, nadie por detrás y a penas treinta metros para llegar. Varias personas esperan en la línea y, por fin, se le vislumbra una pequeña sonrisa. Diez metros, levanta los brazos cómicamente, no le llegan ni a la altura de los hombros. Cinco metros. Tres. Uno. Siente el abrazo conjunto de su mujer e hijo. Trata de recuperar el aliento. Tose. Siente una felicidad inmensa. No se lo cree. Sonríe. Es una gran victoria. Un ORGULLO. Nunca pensó que la acabaría.
Se oye el chirriar de las vallas. Es hora de ir a comer.
Fernando Poeta
Tenía 8 años cuando vi mi primera carrera de atletismo en vivo. Mi hermana diez años mayor corría hace tiempo, pero nunca la había visto. Desde ese día me enamoré perdidamente de este deporte…para mí es más que eso, es una forma de vida. Mi obsesión por el atletismo fue tan gran y tan espontánea que mis padres le dijeron a mi hermana que me entrene. Ya pasaron quince años de aquel día y hoy sigo amando el atletismo. Soy parte del equipo olímpico de mi país, gané 4 medallas de plata y una dorada. Mi hermana sigue siendo mi entrenadora, a pesar de tener cáncer. Mi objetivo hoy en día es hacer más visible el cáncer de mama y que se puedan hacer mamografías sin costo en mi país y de ser posible en otros.
María de la Paz Valero Uceda
Aún puedo recordar tu última carrera, te despediste de mí con un beso y un abrazo inmenso, eras mi gran amor.
Cada año esperabas con ilusión la carrera de San Silvestre, para ti era mucho más que una carrera, era un reto personal, un encuentro con todas esas amistades que te adoraban.
Pero un después de esa última carrera todo cambió, un pequeño bulto apareció en tu pecho, y todo paso muy rápido, fue tu peor reto y soñabas con llegar a la meta, soñabas con curarte
En los largos días de hospital apoyabas a otras mujeres, diciéndole que está carrera la ganaban.
Mas no pudo ser, mi niña no ganó la San Silvestre, pero nos dejó a todos el sabor de su amor, sus ganas de vivir, y su eterna sonrisa.
Este año la correré por ti, mientras te oigo bajito: “tú puedes mamá”…
Ese día fui él, aunque no fuera lo mismo, y corrí las calles como si llevara sus piernas, y sudé lo mismo que si tuviera su frente, hasta caer exhausto al atravesar la meta en el Paseo de San Antonio. Ese día fui él, aunque no llegué el primero, ni el segundo, ni el décimo; aunque jamás estuve entre los de cabeza ni batí ningún récord personal. Ese día fui él aunque jamás había corrido la San Silvestre Salmantina, ni me gustaban las carreras, ni pasaba los domingos pateando junto al Tormes para superarme a mí mismo. Ese día, lo sé, él también estuvo allí y me dio sus fuerzas para atravesar las avenidas, porque yo solo jamás lo hubiera conseguido. Y ahora sabe que no dejó de vivir tras el accidente, porque aunque ya no esté entre nosotros vivirá siempre en mi memoria.