XII - 2024

Edición - Año

XIII CONCURSO DE MICRORRELATOS "SAN SILVESTRE SALMANTINA"

El jurado del XIII concurso de microrrelatos San Silvestre Salmantina estuvo integrado por:

  • Daniel Escandell Montiel. Profesor de la Facultad de Filología de la Universidad de Salamanca. Presidente del Jurado.
  • Sigifredro Crego Martín, Profesor de Secundaria de Lengua y Literatura.
  • Alberto Marcos Guillén. Responsable de redes sociales institucionales de la Universidad de Salamanca.
  • Sofía Vicente Fiz. Bibliotecaria de la Universidad de Salamanca.
  • Jerónimo Hernández de Castro. Corredor veterano y funcionario de la Universidad de Salamanca, que actuó como secretario.

El jurado reconoció la excelente participación en esta XIII edición, en que no solo se mantiene la tendencia al alza de los relatos presentados cada año, sino que su número se ha incrementado de manera extraordinaria pasando de los 369 relatos de 2024, a los 611 de esta edición.
Otro aspecto significativo fue lo ajustado de las votaciones pues, en los puestos con derecho a premio en metálico, se produjo un triple empate entre los votos obtenidos y el número de jueces que los votaron, que tuvo que resolverse por el voto de calidad del profesor Escandell, presidente del jurado. Una muestra más de la igualdad en los relatos más valorados es el texto que merece la mención especial, que no consiguió entrar en el podio final por un solo voto de diferencia.
Se indican a continuación, los relatos destacados y la relación de otros que también obtuvieron votos del jurado. Su publicación en la revista, como se establece en las bases, queda condicionada al espacio disponible y que en esta edición se realizará exclusivamente en formato digital.

Primer premio

Una vez más
Alberto Palacios Santos

Nadie lo sabe, pero soy un atleta de élite.
Entre abril y junio logré cruzar el desierto recorriendo la distancia de doce maratones. En julio me hice especialista en salto de altura y traté de saltar la valla, pero fracasé. Fue entonces cuando me hice nadador en aguas abiertas para cruzar hasta Melilla.
En otoño conseguí llegar a la península donde me convertí en atleta de marcha para recorrer a buen ritmo la distancia entre Algeciras y Madrid. En la capital me hice velocista de 100, 200 y 400 metros, dependiendo de lo insistentes que fueran los agentes de policía.
Por fin, en diciembre he llegado a Salamanca y, como lo único que sé hacer es correr, me he apuntado a esta carrera, la llaman la San Silvestre y parece que hay premios importantes. No creo que gane, pero estoy seguro de que, una vez más, llegaré a la meta.

Segundo premio

UNA HISTORIA CONTADA A LA CARRERA
Margarita del Brezo

Lo primero que hago es ponerme el dorsal. Luego me recoloco la hoja de parra y, con ayuda de una pequeña rama de alcornoque, sujeto mi melena en un moño, arranco una manzana del árbol prohibido y la mordisqueo mientras me dirijo con parsimonia a la línea de salida. Adán ya está allí, haciendo ejercicios de calentamiento que solo interrumpe para lanzarme una afilada sonrisa de superioridad en cuanto me sitúo a su lado. Al oír la señal divina, echamos a correr. Desde el puente romano, la serpiente, puesta en pie, sostiene una pancarta con frases motivadoras; parece una señal de tráfico vista de lejos. A medida que me acerco a su posición, la balancea. Es la señal acordada para que yo baje el ritmo y él pueda ganarme otra vez. Pero este año no pienso caer en la tentación. Ya es hora de cambiar el argumento de esta historia.

Tercer premio

San Silvestre plateresca
Beatriz García Sánchez

No sé ya cuántos años hace que viene ocurriendo el prodigio, siempre la misma noche. Se resquebrajan los cuartos traseros del lince, las plumas de la cigüeña y la escafandra del astronauta. Agita las pinzas el cangrejo y se relame el dragón fabuloso. Estiran, impacientes, sus miembros agarrotados y una nube de polvillo áspero se eleva en el aire. Se desprenden las garras de la hojarasca pétrea. Palpitan los corazones hasta que la liebre sacude una oreja y el resto asume la derrota. El gallo, en su torre, alza la quilla y ensancha el pecho para anunciar la salida.
Pero este año hay novedad. Se ha cansado la ranita de ser mera espectadora. Salta del cráneo pulido, de un brinco se planta en la Plaza y de otro en la línea de meta.
―Dichosos advenedizos ―croa altiva la batracia, mientras le llueven vítores de alabanza y laureles platerescos.

MENCIÓN ESPECIAL DEL JURADO

PATITAS DE ALAMBRE
María Nieves Angulo Salazar

Don Pío se calzó las zapatillas bajo la mirada crítica de todos ellos y salió a la calle entre murmullos reprobadores. “¿Dónde va, alfeñique, con esas patitas de alambre?”, se burlaba la patrona de la pensión. “Hijo, correr tú… Siquiera tu hermano…”, argüía su anciana madre. “Deja que haga el ridículo, mujer, así aprenderá”, refunfuñaba el padre, ya difunto. Y su antiguo profesor de gimnasia: “Un fracasado: en el deporte y en la vida”. Palabras coreadas por las risas de los compañeros.
Con semejantes moscardones flanqueándolo, nuestro hombre tomó la salida ―su primera San Silvestre―. Dio esquinazo a la patrona en la Plaza Mayor; sus progenitores quedaron rezagados en La Palma. En cuanto a profesor y secuaces, confundieron su camino en el Paseo de la Estación.
En fin: sin resuello, pero pundonoroso, don Pío cruzó la meta aclamado por el público. Volvió la cabeza y suspiró, feliz: nadie lo seguía.

Relatos participantes

Carrera pensativa

Luis Uriarte Montero

Mientras corro en la San Silvestre, recuerdo tu sonrisa, esa que miraban los niños en el borde de tus labios, era contagiosa, el bar donde nos conocimos en Salamanca lo cerraron, la estatua de la plaza por la que corro se te parece, no estás y no caben más nostalgias, al llegar a la meta me siento mejor pensando de nuevo en ti al correr a mi lado para siempre.

Gusanillo

Jesús Marcos Martin

Habita en ti desde que te iniciaste en el arte de correr. A pesar de que su nombre pudiera indicar lo contrario se ha hecho muy grande a medida que han pasado los años y has ido gastando zapatillas por asfalto, caminos y montañas. Compañero de fatigas incansable es quien mejor conoce tus anhelos y futuros retos y también quién te ha llegado a corroer por dentro cuando no podías disfrutar de lo que más te gusta. Si eres corredor sabes que ese gusanillo que hay en ti te acompañará siempre y que la única forma de apaciguarlo es hacer lo que mejor sabes.

CARRERA ANIMAL SALMANTINA.

victor bailon lorenzo

LLegó el día. Los animales del bosque se levantaron temprano , era el día de la San silvestre Salmantina . Reunidos junto a la meta. La jirafa, la mas alta del bosque, vestia zapatillas amarillas. El zorro zapatillas a cuadros, la cebra rosadas , y el mono, unas verdes . Cuando la carrera iba a comenzar, la tortuga, con zapatillas blancas, se acercó al grupo. Todos se rieron , pero ella dijo: “No importa si soy la más lenta, lo importante es participar”. Y , con alegría , comenzó la carrera. La tortuga, con paso lento , comenzó adelantar a los demás. Los animales se sorprendieron al verla avanzar y se esforzaron aún más, pero la tortuga seguía ganando . Cruzó la línea de meta el primero . Todos aplaudieron y aprendieron una valiosa lección: la perseverancia y la amistad son más importantes que la velocidad
FIN

ALICIA EN LA CIUDAD DE LAS MARAVILLAS

GLORIA FERNÁNDEZ SÁNCHEZ

Alicia corre detrás del conejo blanco. Observa, a través de la bruma, al Rey, Fray Luis de León, y a su Dama, la Universidad. El escaque es siempre caótico con las dos torres (la Catedral y San Isidoro), caballos, obispos y cientos de peones como ella. La niña lucha por una victoria pues es su única salida de este mundo.
Pronto comenzará la Nochevieja: “Es tarde. Es tarde”, grita el conejo. Ojalá no vistiese ese almidonado trajecito y los zapatos de charol, murmura Alicia. Ve una casilla desocupada al fin del tablero. Allí se convierte en Dama y su velocidad crece.
Le es concedida una medalla y los vítores se expanden. La jovencita ensaya una reverencia cortés. Entonces una mínima puerta se descubre. Se agacha Alicia y baja por un túnel casi infinito hasta el jardín de su casa y centuria, donde una gran fiesta despide al Año.

La carrera de Enrique

Eduardo Duro

Desde aquí intento atrapar el alma de los viandantes. Recuerdo cuando los niños llegaban con chanclas hechas con los neumáticos de los automóviles. San José me dio la fuerza necesaria para restaurar una Prosperidad que se hundía en el pasado de sus nostalgias. Mi naturaleza no fusionaba bien con dogmas que se disfrazaban en reglas absolutas y con radicalismos que enmascaraban iras individuales no resueltas. Me quedé atrapado en esta casa del Paseo de San Antonio al rebelarme contra el sistema decimonónico y porque lo temporal nunca me interesó. Cada 31 de diciembre me asomó al alféizar y veo a centenares de corredores. Se ayudan, si uno cae alguien le ofrece una mano amiga, esbozan sonrisas cómplices al llegar a la meta. Yo les lanzo onzas de chocolate para animarles y les doy ánimos. En latín y en griego, faltaría más, que el deporte no está reñido con el intelecto.

TRAMPA

Raúl Garcés Redondo

Soy un tramposo. Lo he sido toda mi vida. En la escuela me servía de chuletas durante los exámenes. En casa, culpaba de los destrozos a mi hermano pequeño o a Canelo, nuestro perro. Por eso cuando anuncié para impresionar a aquella estudiante griega de intercambio, que participaría en la San Silvestre, tenía claro que utilizaría algún atajo. Ya me veía, recibiendo las felicitaciones de Ariadna en forma de beso de tornillo, entre los aplausos del público arremolinado en la línea de llegada cuando abandoné el recorrido para adentrarme en las calles salmantinas. Y aquí sigo todavía, perdido en un laberinto de callejuelas, sintiendo por momentos un bramido aterrador a mis espaldas.

EPITAFIO EN EL CIELO

Gonzalo Prieto Barrera

» Aquí yace el extraterrestre atleta al que llamaron; E L H I

J O D E L

V I E

N T………………

. . . . . . . .

UN DESEO HECHO REALIDAD

LUCIA ALCAZAR LARA

UN DESEO HECHO REALIDAD
Todas las noches, Manuel soñaba con correr la San Silvestre Salmantina. Sentía el frío en su rostro, el ritmo de sus pies golpeando el asfalto, y los gritos de ánimo a su alrededor. En la vida real, sin embargo, estaba atrapado en una silla de ruedas desde hacía años.
Una noche, el sueño fue tan vívido que, al despertar, sus piernas seguían moviéndose. Asombrado, se levantó, tambaleante, y salió a la calle. El cielo aún estaba oscuro, pero las luces de la ciudad brillaban. Comenzó a correr. Sus pies, antes inmóviles, ahora lo impulsaban con fuerza.
Corrió sin detenerse, cruzando la meta mientras la gente aplaudía. Pero cuando el eco de las palmas se desvaneció, la duda lo envolvió: ¿seguía soñando o era todo real? Miró sus manos temblorosas, y la respuesta nunca llegó.
Quizás, en el fondo, no importaba.

Mi carrera

Álvaro A. Yáñez

El aire frío de diciembre golpea mi rostro, pero no me detiene. Es la primera edición de la San Silvestre, 1984. ¡Qué emoción! A mi lado, una chica corre en silencio. No la conozco, pero su presencia es cálida, como si siempre hubiera estado allí.
Los edificios antiguos se deslizan como sombras. Los detalles son borrosos, como si estuviera corriendo en un sueño. Intento recordar por qué esta carrera es tan importante, pero los pensamientos se me escurren.
Estoy cansado. No sé qué hago corriendo. Sin pensarlo, me detengo y la chica se para conmigo.
—¿Por qué corremos? —pregunto, con un nudo en la garganta.
Veo cómo sus ojos se encharcan y me acaricia la mejilla con ternura.
—Estamos en la trigésimo novena edición de tu carrera, abuelo.
No entiendo nada. La miro confuso, dudo de todo, respiro y me pongo a correr… como siempre.

CON ALIENTO

Carmen Blanes Valdeiglesias

Corría y corría, y a lo largo de Gómez Ulloa avanzaba ingrávido y medio en volandas como se avanza en los sueños, pletórico porque su mente de corredor de fondo rechazaba todo lo que no fuera ese movimiento propulsado por una íntima convicción, y si al llegar al Paseo de San Antonio rompió la cinta fue porque en ningún momento pensó en la meta sino en el camino.

Qué sí, pero que no

Juanma Velasco Centelles

Crujo.
Pero no me rasgo. El frío resultante de la persistencia de la niebla finidecembrina no ayuda a paliar un endurecimiento articular fruto de mis años.
No aspiro a ocupar posición alguna. Solo correr. Llegar. Sentir. Sentirme salmantino. Quizá solo sentirme vivo.
Los míos me han advertido que esta debería ser la última edición. Advierten los quejidos de mi rodilla derecha y de mi cadera izquierda.
–No tienes edad de prótesis –apostillan.
Aunque les he contemporizado que sí, solo yo sé que quiero cantarme y contarme las cuarenta San Silvestres salmantinas.
Las he corrido todas. Sin una solo vacío en el contador. Las 38 anteriores y la inminente actual. Desde mis 25 hasta mis 64. Incluso con buenos registros en los años soleados de mis cuádriceps.
Suena el disparo y dejo de percibir cualquier molestia fisiológica. Muchos delante de mí. Otros tantos detrás.
Me falta una.
O quizá más.

UN DESAFÍO

Joaquín Rodríguez Fernández

La luz del sol se divide en las almenas. Sus planos cenitales se ordenan al compás de secretas enumeraciones, formando contraluces que se abrazan a las paredes de las catedrales como líquenes resecos tratando de sobrevivir en la metamorfosis callada de la luz sobre las vetas de oro de la piedra. El río Tormes se desplaza como una lengua de plata siguiendo el sol hacia Poniente, cruza en silencio bajo los arcos del Puente Romano y los pájaros sobrevuelan la ciudad como estrellas fugaces. El silencio que reina en las calles de la ciudad sigue de cerca nuestros pasos, escucha cómo jadeamos y sudamos corriendo sobre el pavimento. La San Silvestre Salmantina es como la vida, un desafío solidario, una carrera hacia la eternidad.

DOS POR UNO

VERDI

En horario laboral entreno a fondo para la San Silvestre Salmantina. Tengo tanta faena que no paro de correr. Lejos de desfondarme, me tomo con deportividad ese “dos por uno” que me permite ahorrarme lo del gimnasio a fin de mes. Eso sí, en cuanto salgo del curro, camino a paso de burra por San Antonio, el Bulevar y casi no me llevan las piernas para llegar a Gómez Ulla. Para cuando llego al club, se han agotado los dorsales. Y no creo que pueda inscribirme nunca salvo que la salida esté en mi Oficina o encuentre de una vez la meta para poder descansar un poco.

Huida

Miguel Angel Sousa Crego

San Antonio estaba engalonado como siempre por estas fechas.He invertido segundos,minutos, horas, días e incluso meses. Y aquí estoy, preparado sin saber cómo lo voy a hacer, y me da igual.No está en mi mano, sólo puedo hacer el máximo,dar lo mejor de mi.Tengo 85 años y mi meta está cerca. Me pongo las zapatillas. Ya están aquí, la pequeña de tres años dice que está preparada. Yo también.

La carrera de mi vida

Jorge Juan Codina Ripoll

—¡Ay, Dios! Estoy agobiada; hay mucho gentío empujando… ¡Vamos, cariño! ¡Continúa!… ¿Qué? ¿Te duele el costado? Eso es flato. ¡Respira hondo y pisa fuerte! ¡No pares! ¡Queda poco!… ¡No te oigo bien! ¡Gritan como locos!… Sí, pasada la pancarta de llegada, a la derecha… No sé, a unos cincuenta metros… ¡No! ¡Estoy bien! ¡Tú sigue corriendo!… ¡Uf! ¡Qué calor hace aquí! ¡Necesito aire!… ¡Venga, el último esfuerzo! ¡La meta está ahí!… ¿Cómo que no has llegado todavía a la plaza de San Antonio?… ¡Ay, no! ¡Tienes que subir el ritmo o nos darán las uvas!… ¿Que si estoy segura? Es la tercera vez que rompo aguas, ¿recuerdas?… No, no cuelgo.
Escucho sus palabras agitadas, siento sus latidos y esas dichosas contracciones… ¡No me queda espacio para girar…!
Aun así, creo que hoy ganaré mi primera carrera. Y mamá será estupenda: ya me está animando incluso antes de nacer.

Patrocinadores

Colaboradores destacados

Colaboradores

27 DE DICIEMBRE DE 2026