Como cada año, se prepara para la carrera. Esta vez le pide ayuda a sus nietos para atarse los cordones. Es lo que tiene la edad. Se apoya en su hijo para llegar a la salida y recuerda la primera carrera en Prosperidad, Delicias, San Isidro y el Rollo. Hace casi cuarenta años. Nada que ver con la de gente que hay ahora. Se da la salida y el anciano se pone en marcha. Los demás son más ágiles, pero él al correr trota sobre sobre la historia. Por eso que cada zancada es un trueno. Cada gota de sudor, un rincón de Salamanca. Los suspiros contienen los gritos los que alguna vez animaron. Al cruzar la llegada, se agitan los edificios de la ciudad. Y desde el espacio, un punto luminoso ilumina por unos instantes todo el universo. Levanta los brazos.