27 DE DICIEMBRE DE 2026

Sólo necesitaba 3 euros. 3 euros y la fuerza para inscribirse. 3 euros y un trébol de la buena suerte colgado en las pestañas.
Consiguió el dinero y se apuntó en la San Silvestre Salmantina. Justo ella que se había pasado 16 años quieta. Quieta ante los gritos, la violencia, los golpes.
El día de la carrera corrió tan fuerte que llegó primera a la línea. Pero no se detuvo. Siguió y siguió corriendo, alejándose cada vez más de su vida, de su dolor y de su padre, mientras su madre muerta de miedo, de angustia y de quietud, le gritaba: “¡Corre, hija! ¡Corre!”