Cuando creà que no podrÃa dar un paso más, levanté la vista y la vi. Era la lÃnea de meta. Y entonces, de repente, ocurrió algo mágico. Fue como si el tiempo se ralentizase y todo a mi alrededor se moviese a cámara súper lenta, también yo. No se lo he contado a nadie porque me tacharÃan de loco. Pero en aquel instante -fue sólo un instante-, ni lo pensé. SeguÃa asombrado por el hecho de que el final estuviese tan cerca. Pensaba que quedaba algo más. “¿Cuánto quedaba?â€. Miré el pulsómetro. “¡Claro, eso es! Por eso está ocurriendo este fenómeno extrañoâ€. Mi cerebro necesitaba recrearse en el momento. Recordar cada detalle. Cada aplauso. Cada gota de sudor. Volvà a mirar mi muñeca. 9967. Sólo me quedaban 33 metros para ser el ganador de la XXXIII San Silvestre Salmantina. Era como para que el mundo se parase.