Estaba frÃo y llovÃa, pero aquella madrugada de Año Nuevo corrà como nunca lo habÃa hecho en mi vida. Al bajarme del tren y enfilar la calle donde vivo oà por primera vez sus pasos tras de mÃ. No me preocupé porque esas cosas les pasan a otras. Van demasiado borrachas o llevan la falda demasiado corta. Yo regresaba a casa después de mi turno de noche. Estaba cansada, no borracha. Llevaba mi uniforme sucio tras un mal turno en el hospital. No iba pidiéndolo. Hoy es 31 de diciembre. También está frÃo y llueve, pero esta vez no quiero escapar. No tengo miedo ni me siento débil. Diez meses entrenando han hecho que recupere las fuerzas. Me muevo ágilmente entre mujeres cuyas historias desconozco y entre hombres a los que ya no miro con temor. Corro entre mis compañeros porque sobrevivÃ. Soy una más.