Otto se dirigió, como todos los años desde que fuera la primera vez con su padre , a participar en la San Silvestre. Al decidirse en el último momento, le dieron el último dorsal. Este año no tenÃa pensado inscribirse, no le apetecÃa mucho correr sin él pero la insistencia de Ana le habÃa hecho cambiar de opinión. La conoció en el hospital donde su padre luchó contra el cáncer hasta que, finalmente, éste le devoró. Fue su enfermera y se hicieron amigos…más que amigos pero todavÃa no estaba preparado para declararse; esperaba alguna señal que le indicara el momento y lugar.
Estaba colocado en la salida, buscándola entre los demás corredores. Unos metros más adelante la divisó y sonrió; su dorsal era 7667, capicúa como el suyo, como sus nombres. Al cabo de unos segundos sonó la señal , comenzaba la carrera.