Le sorprendió el poco peso de la pistola, mientras contemplaba absorto el brillo del oscuro metal del arma. Luego miró al cielo. Era una mañana soleada. Una mañana perfecta para correr.
Apenas habÃa pasado un año de aquél maldito accidente que no sólo habÃa sesgado una de sus piernas, sino muchas ilusiones y proyectos. Sin embargo, allà estaba, en el Paseo de San Antonio…De una forma u otra iba a ser partÃcipe de la “San Silvestre†…
Introdujo la bala de 9 milÃmetros de una forma casi ceremoniosa, observando cómo ésta se deslizaba suavemente al fondo del cargador.
Antes habÃa sido corredor y la San Silvestre su carrera favorita. HabÃa derramado mucho sudor y dolor sobre aquel asfalto. Ahora el desafÃo era más duro…pero se sabÃa sobrado de fuerza.
Alzó la pistola, apuntando al cielo salmantino, emocionado.
…le habÃan concedido el gran honor de dar la salida a SU carrera…