Érase una zapatilla que se enamoró de otra. Cuando sabÃa que se iban a encontrar, comÃa pasta, no bebÃa alcohol y, si conseguÃa dormir, lo hacÃa con la sensación de que cientos de mariposas revoloteaban en su interior.
Suspiraba sin cesar mientras fantaseaba con un zapateo al son de sus latidos. Fuertes. Rápidos. Enérgicos. Impregnados de pasión disfrutada. Imaginaba como unos reÃan, otros lloraban y los más pequeños aplaudÃan al ritmo de sus zancadas. Juntas. Al compás. Soñaba con ese momento en el que a nadie podrÃa atrapar la indiferencia. OÃa, en sus fantasÃas, los ánimos de grandes y pequeños.
Soñaba y soñaba… Y todos los dÃas ensayaba su baile para que el ritmo de su corazón acompañase a la melodÃa de sus cordones enamorados, mientras disfrutaban de su cita sobre el asfalto de aquella enigmática ciudad.