27 DE DICIEMBRE DE 2026

Quince años son toda una vida para mí, aunque quizá no sean demasiados para quien ya no es tan joven. Quince años de San Silvestre es sin duda una cifra considerable, pero no deja de ser un número. El 30 de diciembre de 2018 iba a ser para él una de tantas. No más especial que la quinta, la novena o la decimocuarta. Así que allí estaba, de nuevo en Salamanca dispuesto a correr el último domingo del año. No sabía que el itinerario cambiaría por completo en un instante, de madrugada. Porque fui más rápida y llegué a la meta cuando los corredores apenas tomaban la salida.

Desde que nací no volvió a faltar. Ni siquiera en 2020 cuando, en plena pandemia, completó en solitario el clásico recorrido desde el Paseo de San Antonio. Pero sé que la mejor San Silvestre de mi padre es aquella que no corrió.