La carrera comenzó con el alboroto de siempre, los que solo iban a divertirse obstaculizaban el paso a los atletas profesionales que debían buscar hueco para ponerse en cabeza; él consiguió escabullirse del grupo y enseguida estaba corriendo con facilidad en los primeros puestos, este año nadie podría bajarle del podio. Se sabía el trazado de memoria, no solo por no faltar nunca a esta cita sino porque, charro de nacimiento, no había rincón salmantino que no conociera. Le gustaba el tramo de subida a la catedral que era donde podía desmarcarse, allí estaba ahora corriendo al ritmo de la música de su auricular. En ese instante, tras el tono de la llamada, se paró, sintió un temblor recorriéndole todo el cuerpo, giró sobre sus pies y echó a correr a contracorriente en dirección al hospital. Tendría que acabar el próximo año la carrera empujando la sillita de paseo.