Roberto, que ya habÃa cumplido siete años, estaba de los nervios por participar otra vez en la San Silvestre Salmantina, desde el accidente.
—¿Vamos a llevar a mamá a la carrera?
—¿Por qué lo preguntas? Claro que sà —le contestó su padre, José.
—Como no puede correr…
—Anda, vÃstete y vamos a desayunar.
—Papá, papá no encuentro las deportivas.
—Estarán debajo de la cama, como siempre —le dijo sonriéndole.
El niño miró de reojo a su madre mientras desayunaban. Se le acercó y la besó.
—Me da igual llegar el último, mamá.
—¿Y eso, cariño?
—Papá me ha dicho que lo importante es acabar la carrera y que ganar es lo de menos.
—Voy a animarte mucho.
—No, quiero que corras con nosotros.
—¿Cómo voy a correr con la silla de ruedas?
—Sin prisa, mamá. Vamos a divertirnos los tres, juntos.