Llevaba meses tras él, desde que leí su libro se había convertido en un rayo de esperanza para mí, yo había caído en una profunda depresión, Benjamín Sandoval había escrito un ensayo sobre como curar la depresión, descubrí que vendría a Salamanca a correr la San Silvestre, le seguí hasta la salida, tenía la intención de marcarle durante todo el recorrido y al final con la excusa de la carrera confraternizar. Arrancamos con fuerza, yo iba detrás de Benjamín, su ritmo era tremebundo, cada vez estábamos más cerca de la cabeza, al entrar en el último kilómetro la mente se me nubló y dejé de pensar en Benjamín, tenía la posibilidad de luchar por la victoria, hice unos metros finales impresionantes, sólo un corredor me aguantó, pero en el sprint le gané, acabé desfallecido, cuando me recuperé me acordé de Benjamín, pero ya no había ni rastro de él.