No me lo puedo creer. Meses esperando, familia y amigos pendientes de este día desde el año pasado. Esto tiene que ser una pesadilla. No es que si me diera prisa llegaría, es que hace ya un rato que ha empezado.
Después de muchos minutos pensando se levantó de la cama y dejó el móvil, cuya alarma había apagado varias veces después de una noche en vela por los nervios. Se vistió y salió de casa en dirección a su camino salmantino favorito. El mismo de su entrenamiento de los últimos 364 días. Comenzó a correr. A pesar de estar concentrado, enfadado, triste y frustrado, siguió avanzando y pudo disfrutar de las flores de invierno, del aroma de frío y campo, de los arbustos salvajes a su paso. Y pensó que a su manera… esto también era Silvestre.