27 DE DICIEMBRE DE 2026

Sacar al “Tío Pablo” de Salamanca había sido todo un logro de mi hija Luciana, que lo extrañaba con locura desde la última vez que lo fuimos a visitar. Sin embargo, no pudimos convencerlo de alargar su estadía en Argentina.

—Te vuelves por una tradición absurda, por una carrera que no vas a ganar, ¡encima a tu edad! En vez de quedarte con nosotros —le recriminó ella, con el enojo típico de una adolescente.

Con una media sonrisa, de esas que tanto vamos a extrañar, se despidió diciendo:

—Luciana, era bastante mayor que tú cuando corrí aquella primera San Silvestre Salmantina. Los que seguimos aquí volvemos con orgullo año tras año; es un pacto nunca escrito. Aunque miles nos rodeen, reconocernos con una simple mirada no es un problema. Cuando llegues a nuestra edad, comprenderás que la meta no es terminar la carrera, sino estar ahí para compartir esas miradas.