Sacar al “TÃo Pablo†de Salamanca habÃa sido todo un logro de mi hija Luciana, que lo extrañaba con locura desde la última vez que lo fuimos a visitar. Sin embargo, no pudimos convencerlo de alargar su estadÃa en Argentina.
—Te vuelves por una tradición absurda, por una carrera que no vas a ganar, ¡encima a tu edad! En vez de quedarte con nosotros —le recriminó ella, con el enojo tÃpico de una adolescente.
Con una media sonrisa, de esas que tanto vamos a extrañar, se despidió diciendo:
—Luciana, era bastante mayor que tú cuando corrà aquella primera San Silvestre Salmantina. Los que seguimos aquà volvemos con orgullo año tras año; es un pacto nunca escrito. Aunque miles nos rodeen, reconocernos con una simple mirada no es un problema. Cuando llegues a nuestra edad, comprenderás que la meta no es terminar la carrera, sino estar ahà para compartir esas miradas.