Recuerdo que su rostro
cuando se encontraba a unos pasos de mÃ,
era tan hermoso como el arrullo de un suave viento de verano
la primera vez que la vi.
Recuerdo que esa vez cuando la vi
al mirarme ella con complicidad en el trayecto
sus pies no tocaban el suelo,
sino que cuando pasaba unas flores y rosas salÃan del sendero.
Un espectáculo angelical
que solo mis ojos la podÃan contemplar tan ávidos de su belleza
porque, aunque ella siempre estaba por en medio de los corredores,
solo yo podÃa ver lo linda que era.
Por eso, tratando de buscar con mis ojos prendados
participo todos los años como hoy en el “SanSÃl†anual
a la mujer que solo veo cuando estoy en competencia,
pero que nunca logro alcanzar.