27 DE DICIEMBRE DE 2026

Silvestre, mira lo que está pasando ahí abajo, le dijo. No puedo estar en todas, contestó. Tú, mira, y Silvestre miró abajo. Salamanca era un hervidero de luciérnagas pululando por todas partes, consultando sus cronómetros a la luz de la luna, buscando a alguien en algún sitio. Y fueron a encontrarlo a él entre las nubes. Cuando lo vieron, se armó un jaleo impresionante y una deportista flaca, agitando los brazos, gritó: ¡Eh, San Silvestre, el de la pistola no ha venido! ¿Qué?, preguntó el santo sin creerse lo que estaba oyendo. ¡El de la pistola, que no ha venido! San Silvestre hizo un gesto de calma urbi et orbi y asiendo una bandera les indicó que a sus puestos. El gentío aplaudió eufórico y tomó posición a la voz de listos. San Silvestre acabó de levantar la bandera y la bajó de golpe, gritando al tiempo: ¡ya!