No supe en qué momento me estrellé contra el muro. Quizás pisé alguna piedra, quizás mis pulmones quedaron paralizados sin llevar el precioso oxÃgeno a mi corazón, quizás me hicieron zancadilla…
¡Perdà el equilibrio!
Me levanté con la cabeza hecha estrellitas.
He estado entrenando desde al año anterior y cruzado esta ruta más de 360 veces. ¡Se me han formado callos en las extremidades y hasta en el alma!
Los músculos, las venas, las arterias, los tendones, los nervios, mejor dicho, todo mi cuerpo está excelentemente entrenado, asà que no puedo perder la SAN SILVESTRE SALMANTINA.
¡Este fue mi propósito y este será mi destino!
Me impulso de nuevo. Debo demostrarme a mà mismo que no hay imposibles por más largas y lejanas que se vean las metas…
¡Oh! ¡Milagro! Con el último aliento de vida he recobrado el conocimiento:
¡Estoy en el podio recibiendo la medalla del primer puesto!