ABDUL.
Comenzaba la San Silvestre Salmantina, inclinado ligeramente; Abdul, con el estómago vacío, pies descalzos; pensaba en sus hijos, oyó el disparo de salida. ¡Se asustó! Bagdad muy reciente, cercano. Una meta por delante, detrás un mar asesino, delante esperanzas y quilómetros pasando, pies sangrando sobre el asfalto, rodeados de corredores iba solo.
Ellos querían ganar; él, ganar esa y muchas carreras, corría al futuro, se adelantó a todos, en la soledad del cercano triunfo sus fuerzas comenzaron a flaquear, el aire faltaba y la fatiga sobraba, recordó a la esposa muriendo ahogada, sacó fuerzas del dolor y corrió a la tela que en otro idioma anunciaba el fin de la carrera. Abdul; pasó victorioso, se inclinó y besó la tierra sin pensar en su religión. Quería besar y besó en ese gesto al país; agradecer lo recibido, aún con sus pies ensangrentados, era un ser humano, los salmantinos aplaudían.