27 DE DICIEMBRE DE 2026

Tengo que confesarlo: odio correr. Mi padre intentó que me gustara, “calienta conmigo” solía decirme en el Barrio de las Delicias cuando yo tenía ocho años. Luego me quedaba a esperarlo en la meta, llegaba empapado y rojo como un tomate y nos dábamos un abrazo gordo. La San Silvestre, su carrera favorita, la que lo rejuvenecía. Desde que se murió intento participar en ella siempre que puedo.

Tengo que confesarlo: odio correr… menos en la San Silvestre, porque aquí, cuando veo a mi hijo esperándome en la meta y sus bracitos me rodean al acabar, siento que hay unos grandes brazos que nos dan un abrazo gordo a ambos. Sé que eres tú, papá.