La idea era prepararnos para correr en la San Silvestre Salmantina, asà que motivé a los amigos para correr diez vueltas a las cinco manzanas del barrio y alistar nuestros músculos.
Con quince años nos creÃamos invencibles y empezamos el entrenamiento.
La sorpresa fue cuando las adolescentes se asomaron a las ventanas a mirar a estos imberbes dando vueltas por las infinitas cuadras. Las más animadoras eran mis vecinas del edificio del frente de mi casa.
Estábamos supremamente emocionados.
Apenas llevábamos dos vueltas cuando me dio tremendo malestar estomacal que me obligó meterme directamente al baño.
Cuando salà de nuevo, ya habÃa terminado la prueba. Cada cual disfrutaba la charla con los vecinos. Me miraban con sorna y quedé como el hazmerreÃr del barrio por mucho tiempo porque yo fui el de la iniciativa pero… ¡no aguanté!
¡Ese mismo dÃa terminó mi sueño de ser atleta!