La ilusión de mi vida era estrenar unos tenis de marca. El dÃa de mi cumpleaños mi padre me dio esa gran sorpresa.
Los acariciaba. Evitaba usarlos. Mi padre me enfatizó que pronto crecerÃa y no los podrÃa usar.
El profesor de educación fÃsica me dijo que yo servÃa para el atletismo. Con ese ánimo, empecé a madrugar para ir al estadio. Entrené todos los dÃas.
Se me acabaron los tenis. Los pies ya no aguantaban los callos ni los apretones.
Mi padre, con gran sacrificio, me compró otros.
Estoy recibiendo mi primera medalla de oro en los intercolegiados. Las lágrimas hacen un nudo en todo mi ser. Mis padres se abrazan y también lloran de emoción. Mis compañeros y todo el barrio brindan de inmensa felicidad.
Mañana me levantaré a seguir estrenando…Correr es la clave. Ya me visualizo en el podio número uno de la San Silvestre Salmantina.