Pocas veces habÃa visto tan angustiado a un hombre. Estábamos los dos en medio de la carrera. Me miró y su rostro era un pozo de angustia. Sentà que algo tenÃa que hacer con él, decirle algo. Pero no sabÃa el qué. Entre los suspiros propios tras llevar varios kilómetros corriendo, le pregunté: ¿Qué te pasa?, ¿Estás bien?, ¿Necesitas algo? Me respondió: Solo quiero llegar a la meta. Le miré fijamente como pude y le dije: No te ofusques, el correr es como la vida misma. Podemos vivir esperando una felicidad siempre futura, o vivir la misma felicidad con la vida misma, con quienes nos rodean. Sonrió y me ganó en la carrera.