Suena el disparo de salida y de inmediato las piernas se aceleran, el calor es sofocante, el sudor cae gota a gota y noto en la boca el corazón palpitante.
El esfuerzo se pone al máximo, la motivación es excitante y mientras va pasando el tiempo, yo continúo hacia adelante.
Ya veo la meta al fondo, asà como una luz brillante y entonces la emoción me invade el cuerpo, el alma… Experimento una sensación impresionante.
-¡No mueras, sigue, corre! – oigo que me dice un ángel.