He aquí un par de corredores que sentían un gran respeto uno por el otro. Era tan sincera la admiración que ambos se profesaban que en cierta ocasión, se encontraron en la San Silvestre salmantina, empeñados en el afán de compartir la alegría de entrar juntos en la meta, anteponiendo el valor de la camaradería y generosidad a la competitividad actual, frenaron el ritmo del sprint final hasta que otro runner aguafiestas les rebasó en la misma línea de llegada con una sonrisa bobalicona en los labios. Aquel deseo, basado en lazos de amistad, se fue al garete y ambos quedaron con un palmo de narices. La ironía parecía una burla del destino o un recordatorio de que a veces el azar puede ser caprichoso y retorcido. Los anhelos, por muy altruistas que sean, si están mal ejecutados, no siempre acaban con un desenlace feliz.

27 DE DICIEMBRE DE 2026