27 DE DICIEMBRE DE 2026

Víctor siempre tuvo su agenda saturada. Al salir del trabajo debía ir al gimnasio, a clases de inglés, al club de cine y a otros lugares que lo mantenían ocupado de lunes a domingo. El dinero nunca fue problema, pero hubiera sido feliz si el día tuviera más de veinticuatro horas para llevar una vida más tranquila.
Se inscribió en la San Silvestre Salmantina con pocas posibilidades de tener una participación destacada, pero en cuanto la carrera comenzó, tomó la punta. Corría con una velocidad que ni él sabía que poseía; corría como alma que lleva el diablo. Dirían en mi pueblo: corría como si fuera a recibir herencia. El triunfo fue para él.
Al cruzar la meta no se detuvo, siguió corriendo porque tenía cosas por hacer, no pudo quedarse a la ceremonia de premiación. Es una lástima que el día sólo tenga veinticuatro horas.