27 DE DICIEMBRE DE 2026

Apenas habían pasado unos días desde que una multinacional alemana absorbió nuestra empresa, cuando la nueva dirección propuso que los empleados participásemos en la San Silvestre Salmantina. Ante los rumores sobre una reducción de plantilla nadie faltó, tampoco el fastidioso Martínez, que tuvo ocasión de burlarse de mis carnes bamboleantes bajo la camiseta.
Solo sobre el asfalto, aún me quedaba un buen trecho cuando todos habían terminado el recorrido. Mis compañeros comenzaron a animarme en la avenida de Comuneros. Tanto gritaron: “¡Tú puedes!”, que casi llegué a olvidar que estaba exhausto.
El paso por meta fue algo heroico, en especial cuando el sobrepeso y yo caímos desplomados. Aunque fui el último, los ejecutivos germanos, muy atentos a las actitudes individuales, quedaron muy impresionados de mi esfuerzo y de la solidaridad de todos. También les impactó Martínez al llegar el primero. Fue el único despedido por haber tomado un atajo.