27 DE DICIEMBRE DE 2026

Cruzo la meta y paro mi cronómetro por debajo de treinta, algo peor que el año pasado. Una nube de vaho me rodea de inmediato y me acompaña mientras estiro hasta que logro recobrar el aliento. Tras guardar cuidadosamente el dorsal en la mochila, me abrigo bien antes de regresar a casa bajo la amarillenta luz de las farolas. Después de la reparadora ducha pongo el despertador a las ocho para que me dé tiempo a tomar un chocolate con churros antes de coger un buen sitio en el Paseo de San Antonio y animar a los corredores, como cada último día del año.