Participar en la San Silvestre Salmantina era la ilusión perseguida desde hacÃa tiempo y… ahà estaba. SentÃa una especie de emoción en el pecho que se le antojaba pura felicidad.
Recordó los momentos de esfuerzo, tesón, incertidumbre, querer rendirse, tomar aire y regresar la confianza empeñada en sus posibilidades.
Sin previo aviso, alguien acompasó el paso a su ritmo. Aquel rostro le resultaba familiar. El extraño dibujó una tÃmida sonrisa y él, supo quién era.
Evocó la noche de fiesta, velocidad excesiva, el vehÃculo precipitándose al vacÃo. Luego, el profundo rencor hacÃa el amigo que conducÃa.
El duro entrenamiento se llevó la amargura que ¡tanto le habÃa consumido! Ahora, la pierna biónica le permitÃa realizar lo que imaginó imposible.
Le devolvió la sonrisa y siguieron corriendo.
Uno al lado del otro, alcanzaron la meta Se abrazaron eufóricos y tuvieron la certeza de haber cerrado las heridas del corazón.