10000 metros por delante. Los relojes y los pulsómetros de los runners más expertos ya están coordinados. El público, situado en las orillas de la carretera, murmulla y calienta sus manos en los bolsillos, reservándolas para aplaudir más tarde. Entre los participantes no corre el aire, apenas tienen espacio para moverse. Tampoco corre el tiempo, pues los corredores están abstraÃdos, fuera de él. Todo está listo. Entonces suena el disparo y empieza la carrera. Los corredores se olvidan de todo salvo de correr: no pueden hacer nada más que lo que están haciendo. Entonces, el encargado de hacer el disparo inicial guarda, un año más, la pistola ya descargada en el estuche. ‘Solo se centran en la meta’, piensa. ‘Se olvidan del inicio, de las raÃces. Llevo desde 1984 disparando la nada, pues cuando algo empieza ha de acabar. El nacimiento del final es la muerte del principio’.