El asfalto me llama, es mi compañero, mi amante; el más exigente que hay. Me pide siempre un paso más, una respiración más, un último metro, un último aliento antes de acabar. Aunque los pies duelan, aunque los pulmones quemen, aunque el sudor escueza en los ojos y el cuerpo me pida parar. Él Siempre exige y solo me da una cosa a cambio: satisfacción.