¡Corre abuela! ¡Corre!
Grité desesperado, estábamos a punto de llegar a la meta. Y entonces recordé…
Hijito, ¿te pusiste la cebolla de huevo en la planta del pie?, me preguntó mi abue.
ClarÃn, Abuela. ¿Tú también?
Si mijito, ¡sÃ! . Qué bueno Abuela. Eso fue anoche, antes de acostarnos.
Desde que mis padres murieron en un accidente de carretera , quedé a cargo de mi abuelita. Me salvé de milagro. Somos muy unidos, con setenta años, siempre ha apoyado mi deseo de ser un gran atleta… La San Silvestre era mi sueño. Este año lo lograremos, estoy seguro.
¡Y acá voy! La adrenalina recorre mi cuerpo. ¡Por fin, estoy en ella!, los participantes corren a mi lado presurosos. Me miran y me regalan su sonrisa.
¡Si! Lo logramos, pase la meta. ¡No sé cómo hizo mi abuela ella sola, para arrastrar tantos kilómetros mi silla de ruedas! Seguramente la cebolla ayudó.