27 DE DICIEMBRE DE 2026

Después de aquel fatídico 12 de marzo, nunca pensé que volvería a correr. En casa se prohibió hablar de maratones y mejores marcas personales. Tiré todos mis trofeos, queme las fotos, me deshice de mis zapatillas. El amor de mi vida murió entrenando y mi yo del pasado, mi yo que también corría murió con ella. Cuando Eva llegó un domingo con el panfleto de la San Silvestre y la ilusión en su mirada, no sé si ella también sintió la tensión en el ambiente. Nadie se hubiera extrañado si le hubiera pegado un grito a mi nieta. Su madre casi se ahoga con la paella cuando la propuse que entrenáramos juntos. “¿Tú corres, abuelo?”, me preguntó sorprendida.

Y aquí estamos los dos ahora, compartiendo carrera. Miles de personas nos acompañan. Salamanca está preciosa, toda iluminada. El año se acaba… Siento a mi mujer cerca, nos observa orgullosa.