Corro porque me gusta el silencio, y la soledad que persigue mis pasos, uno a uno, sin descanso. Especialmente en invierno, cuando la nieve recién caÃda amortigua el golpe de la suela de las zapatillas sobre la carretera. Esos dÃas invernales, frÃos, y desangelados me levanto tan temprano como mis huesos ya envejecidos lo permiten. En esas cuestas de la Sierra de Béjar soy inalcanzable. Hoy, 26 de diciembre, estoy aquÃ, inmóvil, debajo de la pancarta con el rótulo “salida†en grande. ¿En qué momento pensé que mi lugar era este, entre la multitud que inundaba hace unos instantes la avenida? ¿Cómo me dejé convencer sin ninguna oposición? TodavÃa oigo el retumbar de miles de pies que golpean rÃtmicamente el asfalto de la ciudad. Son titanes que tienen una misión que cumplir en la ciudad, la unión hace la fuerza. Yo regreso a mi montaña querida.