27 DE DICIEMBRE DE 2026

Al jubilarse, mi padre se enganchó a internet como un auténtico yonki. La única manera que mi madre tenía de sacarlo de Facebook era encajándole las zapatillas de atletismo. Ahí se iban los dos, una vez más, a entrenar para la San Silvestre. Y qué contentos volvían, las manos sudadas de mi padre buscando las caderas de mi madre, que se revolvía, riendo, fingiendo querer escapar de él. Ella hizo una incursión en las redes hace años, solo para entender qué era lo que absorbía a su marido; pero enseguida volvió a la lectura. Por eso hoy me he quedado helado. Papá me dio su contraseña cuando enfermó para que pudiera despedirme de todos sus contactos. Mi madre le ha enviado un mensaje como si estuviera escribiendo a alguien vivo. Le decía que se había comprado zapatillas para la carrera de este año. No he podido evitar contestarle: “Allí estaré”.