Al jubilarse, mi padre se enganchó a internet como un auténtico yonki. La única manera que mi madre tenÃa de sacarlo de Facebook era encajándole las zapatillas de atletismo. Ahà se iban los dos, una vez más, a entrenar para la San Silvestre. Y qué contentos volvÃan, las manos sudadas de mi padre buscando las caderas de mi madre, que se revolvÃa, riendo, fingiendo querer escapar de él. Ella hizo una incursión en las redes hace años, solo para entender qué era lo que absorbÃa a su marido; pero enseguida volvió a la lectura. Por eso hoy me he quedado helado. Papá me dio su contraseña cuando enfermó para que pudiera despedirme de todos sus contactos. Mi madre le ha enviado un mensaje como si estuviera escribiendo a alguien vivo. Le decÃa que se habÃa comprado zapatillas para la carrera de este año. No he podido evitar contestarle: “Allà estaréâ€.