La tele está apagada. La enciendo. Se vuelve a apagar. Estará estropeada. NO. Es el mando a distancia que está debajo de mi culo. Todos tenemos una habilidad, y si no podemos usar el culo. Me sobresalta una muchedumbre y desde el cristal la miro con desazón primero, luego con incertidumbre. A dónde irán con tanta prisa, si ya cansado estoy de levantarme del sofá. El miedo pasa por mi cabeza como las zapatillas por el asfalto, y bajo a la calle expirando y rezando. Temiendo la maldad decido ponerme a caminar, luego a trotar y cuando quiero darme cuenta estoy en medio de ese mar. Vuelvo a ser gota que rebota y a la que la gente toca, y explota cuando pasas por su lado. Alentado por los corredores, las ovaciones de los señores, descubro que somos los mejores.