APRENDER
Mi vida ha sido aprender y transmitir conocimientos. Una lucha feroz por ocupar el lugar que creÃ, me correspondÃa en la alta disciplina de la enseñanza.
Al cabo de tanto tiempo, he contemplado el devenir de esta ciudad y sus gentes. Ahora, se me antojan más sinceras, leales. Más buenas. Cada año, miden fuerzas en justa competición. Corren y no ansÃan recompensa alguna. Riqueza, prebendas. La glorÃa efÃmera de la alabanza ajena.
El triunfo reside en ejercitar los nobles valores del esfuerzo, el compañerismo. La ilusión compartida por llegar a la meta.
En este dÃa de del año de gracia de mil y novecientos diecinueve, decido participar en lo que llaman La San Silvestre. Desciendo del pedestal. Dejo atrás el Patio de las Escuelas y… Al fin, corro… Y tengo la certeza de que, esta competición, es la enseñanza más hermosa que mi espÃritu puede alcanzar.