Once de la mañana del gran dÃa. No habÃamos podido dormir en toda la noche; el nudo que sentÃamos en el estómago nos lo habÃa impedido. Sin embargo, lejos de paralizarnos cuando sonó la señal de salida todos esos sentimientos se disiparon y solo pudimos sentir felicidad. El viento acariciaba nuestras mejillas enrojecidas por el esfuerzo, los aplausos resonaban como una melodÃa constante en mis oÃdos, pero yo solo podÃa pensar en mirarte al ver que estábamos a unos metros de cumplir nuestro gran sueño, ganar la “San Silvestreâ€. ¿De verdad, no recuerdas esa satisfacción al atravesar juntos la lÃnea de meta?
-¿Perdone, pero quién es usted?, preguntó mi padre dejándome completamente desolada.
Justo en ese instante, comprendà que el alzhéimer me habÃa borrado completamente de su mente y ya no habÃa forma de volver a esos momentos tan felices…. Ni siquiera en un recuerdo.