Iba en cabeza, concentrado, con dos minutos de ventaja. Después de dos horas corriendo los músculos se resienten, las piernas ya no obedecen igual.
Sé que nacà para competir. Y conozco de sobra el precio que hay que pagar: el sudor, las privaciones, las horas de entrenamiento, la disciplina. También sé que la recompensa tarde o temprano llega. Necesito sentir la adrenalina dentro, esa euforia de “llegar un poco más lejosâ€, los brazos en alto al cruzar la meta. El triunfo es lo único que da sentido a esto.
No fue culpa mÃa. La moto surgió de la nada. Él cruzaba como siempre, a la misma hora, en dirección a su casa. Ni yo le vi, ni él pudo esquivarme. El golpe fue brutal, yo fallecà en el acto, en cambio él salvó la vida. Lleva mi corazón y mis riñones dentro.