En cuanto dieron la salida en la San Silvestre, comencé a correr en la dirección contraria.
Muy pronto atravesé el manto de hojas secas del otoño. Crucé el verano sin problemas, y recorrà después los cuatro lustros anodinos de mi último trabajo. A continuación vinieron el divorcio, la familia, el matrimonio. Al llegar a mi etapa de mochilero por Europa empecé a notar que las fuerzas me fallaban, y cuando tomé la curva hacia los dÃas universitarios, los únicos realmente felices de mi vida, ya tenÃa todo un batallón de alfileres adueñándose de cada uno de mis músculos. Traté de acelerar el paso pero fue imposible y, de nuevo, sólo pude ver en la distancia cómo te subÃas en aquel tren que nos alejarÃa para siempre.
La carrera ha terminado. Tendré que esperar a la del año que viene.